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Asesinato en el Comité Central

España (1982) *

Duración: 111 min.

Música: Manuel Camp

Fotografía: José Luis Alcaine

Guión: Vicente Aranda (N.: Manuel Vázquez Montalbán

Dirección: Vicente Aranda

Intérpretes: Patxi Patxi Andión (Carvalho), Victoria Abril (Carmela), Conrado San Martín (Santos), José Cerro (Félix Esparza Julvé), José Vivó (Fonseca), Héctor Alterio (Sepúlveda), José Carlos Plaza (Pérez Montesa), Miguel Rellán (Leveder), Alfonso Godá (Jaime Siurell), Juan José Otegui (Lecumberri), María Rubio (Agente soviética), Jack Taylor (Agente CIA), Juan Jesús Valverde (Escapa).

Los dirigentes del Partido Comunista se preparan para entrar a una reunión del Comité Central.

Antes de entrar, su secretario general, Fernando Garrido, recibe el homenaje de un grupo de dulzaineros, que tocan la internacional tras imponerle una insignia con la dulzaina de oro.

Una vez dentro de la sala se va la luz durante un momento, comprobando cuando se enciende que alguien asesinó a Fernando Garrido.

La noticia causará una gran conmoción, designado el gobierno para la resolución del caso al comisario Fonseca, antiguo represor comunista del que los miembros del partido no se fían, decidiendo por ello realizar una investigación paralela a cargo del detective Carvalho, que al llegar a Madrid observa un impresionante despliegue policial, ante el suceso, que será cubierto por corresponsales de prensa de todo el mundo, debiendo desmentir el gobierno la existencia de movimientos tácticos de la División Acorazada Brunete.

Su enlace con el partido y su chófer en la ciudad es Carmela una joven militante que le llevará a la DGS, donde le espera Santos, a cargo del Partido tras la muerte de Garrido, junto con Francisco Pérez Montesa de la Inestrilla, que le servirá como intermediario con el Ministro del Interior, y que le presentará a Fonseca, del que Carvalho fue en el pasado una de sus víctimas, acompañado siempre por Sánchez Ariño, más conocido como "Dillinger".

La tesis de Fonseca es que el asesinato es un ajuste de cuentas de la KGB, ya que para él Garrido era un agente de dicha organización, sosteniendo Sánchez Ariño, que se conoce al dedillo el historial de Carvalho, que el eurocomunismo esgrimido por Garrido no es más que una maniobra de confusión para hacer que la derecha se confíe y poder infiltrarse mejor, señalando que matando a Garrido los soviéticos dejan al partido tan tocado que pueden manipularlo mejor.

Las primeras investigaciones realizadas en el lugar del crimen revelan que, dado que no existe ninguna puerta secreta en la sala donde se celebraba la reunión, el autor del crimen debe ser uno de los miembros del partido de las dos primeras filas.

Carvalho, seguro de que los servicios secretos americanos no pueden ignorar lo que había tras el asesinato va a visitar a un antiguo compañero de la CIA, Jaime Siurell, al que encuentra paralítico y sin manos, el cual le confirma que se hablaba de la posibilidad de que hubiera algún tipo de actuación de ese tipo, aunque no directamente contra Garrido, no dándole pistas sobre quién pudo ser el asesino.

Carvalho comienza a visitar con Carmela los ambientes del partido, acudiendo a la presentación del libro de Cerdán, un militante contrario a la ortodoxia de Garrido, donde vuelve a coincidir con Paco Leveder, profesor de Derecho Político y miembro del Comité, el cual les invita a cenar, coincidiendo con Gladys, una periodista chilena, con la que se irá a dormir, aunque mientras hacen el amor un hombre que les observaba sale de su escondite y le clava una jeringuilla, que lo deja inconsciente.

Cuando se despierta ve cómo una muchacha desnuda se abalanza sobre él mientras otra persona los fotografía, a la vez que la muchacha grita que la quieren violar.

Tras ello lo dejan atado y desnudo en la habitación y le piden que colabore informándoles de lo que sabe, siendo fuertemente golpeado cuando se niega a ello pese a las amenazas de abuso de una menor que le hacen.

Cuando vuelve en sí tiene toda su ropa y sus pertenencias, incluida su arma y puede marcharse a su hotel, donde le espera otra mujer, esta del este de Europa, que dice haber aprendido español en Cuba y que tiene las mismas intenciones que sus anteriores atacantes, de que Carvalho le informe de sus investigaciones.

Se ve tras ello obligado a informar a Fonseca de lo ocurrido, y de que los servicios secretos americanos y soviéticos buscan la misma información. Intercambiándose sus "culpables", siendo para Fonseca Ordóñez, pese a ser mayor de 70 años, por ser especialista en el manejo de machetes y estar resentido debido a que los del partido lo dejaron solo y sin apoyo en Checoslovaquia, lo que le llevó a perder a su familia, mientras que Carvalho propone a Leveder, porque no tenía nada que perder.

Ambos descartan de inmediato al propuesto por el otro, por lo que, de los 5 principales sospechosos, solo le quedan 3, que, por su posición en la sala pudieron ser los asesinos, aunque debe resolver cómo pudo orientarse en la oscuridad, tras rechazar que fuera por la llama del cigarrillo de Garrido, ya que le aseguran que no fumaban pese a que todos los que estaban en una de las filas vieron una luz que asemejaba a la de un cigarrillo.

Tras ello el detective comienza a interrogar a todos los que considera pudieron ser los autores del atentado comenzando por Sepúlveda, ingeniero industrial que estudió como él el escenario, llegando a la misma conclusión, pese a que le parece contradictorio que milite en el Partido pese a su buena posición social, al estar casado con una aristócrata.

Cuando Carvalho está a punto de acostarse con Carmela después de una discusión de esta con su Paco, su marido, la llegada de la agente soviética se lo impide, aunque la aparición de Paco, imposibilitará a los agentes su propósito, pues al ver a su mujer amenazada reacciona atacando al matón que va con la comunista pese a que este llevaba pistola, permitiendo así que Carvalho y Carmela puedan escapar

Tras ello se entrevista con Esparza Julvé, o "Julvito" como lo conoce todo el mundo, protegido de Santos, que trabaja en el negocio del pescado. Un antiguo militante que estuvo exiliado en Alemania y que acusa a la trilateral de querer hacer fracasar al eurocomunismo.

Habla después con Lecumberri, antiguo etarra reconvertido al comunismo y que trabaja en labores administrativas para el partido, siendo extraño para Carvalho que pese a que le encarcelaron cuando era etarra le liberaran enseguida.

En su despacho ve una fotografía en color tomada por un fotógrafo de Mundo Obrero poco antes de que Garrido entrara en la sede en que acabaron con él.

Su siguiente interrogado Roberto Escapa, alcalde del pueblo manchego que le condecoró como dulzainero de honor, el cual encargó la insignia que le impusieron a Garrido y que asegura le llegó justo unos minutos antes de que comenzara el pleno, comprendiendo Carvalho que ese fue el objeto que emitió la luz para guiar al asesino.

Carvalho le solicita a Perez Montesa que le entregue los informes policiales confidenciales relativos a los 5 sospechosos, pidiéndole este a cambio el nombre del sospechoso principal, aunque Carvalho solo accede a dárselo al presidente.

Comienza a examinar la documentación cuando observa que le está grabando una cámara, por lo que renuncia a ver las carpetas.

Acude tras ello a visitar nuevamente a Siurell, debiendo deshacerse previamente del hombre que le tendió la encerrona con Gladys, y que pertenece también a la CIA, para, a continuación, y valiéndose de la invalidez de Siurell llevarlo en su silla de ruedas hasta la calle, soltándolo cuesta abajo por un paso de peatones abierto para los coches, que están a punto de acabar con él, asustándolo tanto que finalmente le da el nombre que deseaba.

La primera en saberlo es Carmela, a la que le explica que el responsable fue Julvé, que tuvo un negocio de frutas que quebró, razón por la que emigró a Alemania, si bien la quiebra fue fraudulenta y sus socios le amenazaban con contarlo todo.

Se separó de su mujer porque se lió con una austriaca que trabajaba para servicios secretos y en Alemania recibió entrenamiento especial para realizar una misión especial.

Terminado su trabajo Carvalho pasa a cobrar siendo testigo del inicio de la reunión del Comité Central, observando cómo todos sus miembros, ya al tanto de las investigaciones dan la espalda a Esparza, que se ve obligado a abandonar la sala entre gritos de apoyo a Garrido, siendo testigo Carvalho de cómo al salir del hotel un coche tirotea al traidor.

Acabado su trabajo, Carvalho regresará a Barcelona lamentando no haberse acostado con Carmela, aparentemente porque no se acuesta con mujeres que pesen menos de 50 kilos, lamentándolo ella también, ya que, según le dice, pesa 53.

Calificación: 2