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Asesinato en el Orient Express

Murder on the Orient Express (2017) * USA / Malta

          También conocida como:
                    - "Asesinato en el Expreso de Oriente" (Hispanoamérica)

Duración: 116 min.

Música: Patrick Doyle

Fotografía: Haris Zambarloukos

Guion: Michael Green (Novela: Agatha Christie)

Dirección: Kenneth Branagh

Intérpretes: Kenneth Branagh (Hercule Poirot), Penélope Cruz (Pilar Estravados), Tom Bateman (Bouc), Johnny Depp (Edward Ratchett), Daisy Ridley (Mary Debenham), Judi Dench (Princesa Dragomiroff), Leslie Odom Jr. (Dr. Arbuthnot), Michelle Pfeiffer (Caroline Hubbard), Willem Dafoe (Gerhard Hardman), Josh Gad (Hector MacQueen), Derek Jacobi (Edward Henry Masterman), Olivia Colman (Hildegarde Schmidt), Marwan Kenzari (Pierre Michel), Manuel Garcia-Rulfo (Biniamino Marquez), Lucy Boynton (Condesa Elena Andrenyi).

Muro de las lamentaciones. Jerusalén. 1934.

Un niño lleva a Poirot dos huevos hervidos, que observa que no son iguales, aunque le dice, es por culpa del ave. Le dice también que hay tres religiones agitadas, y si hay que hacer un milagro, es el momento.

Se acerca tras ello hasta el muro, a donde llevan a tres personas, un cura, un rabino y un imán, que son rodeados por centenares de personas ante los que Poirot debe dilucidar cuál de ellos robó una valiosa reliquia en la iglesia del Santo Sepulcro.

El detective descubrió una pequeña pisada en la pared de un fresco, de un zapato de suela dura o una bota.

Se pregunta quién se beneficia más del robo, ya que los tres hombres viven humildemente y sus zapatos son de humilde suela delgada y lucir de pronto riquezas llamaría demasiado la atención y que ha descubierto que el autor fue otra persona, un hombre cuyo despacho registró esa mañana mientras esperaba su desayuno, un hombre que afirma mantener el orden en Jerusalén, el inspector jefe de la policía que no quiere perder su puesto y que lleva botas.

El policía le pregunta cómo se atreve a acusarle, apareciendo entonces un sargento al que Poirot encargó un registro, y que encontró la reliquia, ante lo que el jefe de policía trata de huir, tropezando con el bastón que Poirot colocó en el muro.

Resuelto el caso, un militar le pregunta cómo pudo hacerlo por solo una pequeña grieta, comentando que él ve el mundo como debería ser y para él la imperfección destaca.

Coge luego un barco que le llevará hasta Estambul, coincidiendo con un médico negro, el Doctor Arbuthnot que teme que el barco se retrase y no poder coger el tren que le debe llevar a Inglaterra, donde tiene un paciente.

Va con ellos también Mary Debenham, que dice que le conoce de los periódicos, viendo él de inmediato, que ella viene de Bagdad, y que ha trabajado como institutriz, por la tiza de la manga y su manual de geografía.

Ya en el mar, Arbuthnot dice que allí se siente libre y le dice a Mary que deberían salir de eso, diciendo ella que allí no, que cuando todo haya acabado, oyéndolos Poirot.

Cuando llegan a Estambul, Poirot asegura que comenzarán sus vacaciones, yendo a uno de los restaurantes donde observa unos estupendos panes recién hechos, y donde coincide con un antiguo conocido, Bouc que le cuenta a la prostituta con la que va, que son amigos porque es el único que no le pregunta por sus casos porque no le importan.

Les invita a tomar una copa, diciéndole Bouc de que tiene solo una hora, pues debe coger el Orient Express que dirige porque su tío le paga una fortuna por hacerlo.

Pero justo en ese momento entra un hombre del consulado británico buscando a Poirot, al que necesitan por el caso "Kassner", indicando Poirot que ha interrumpido sus ansias de descanso, por lo que deberá ir a Inglaterra, diciéndole a Bouc que viajará con él, asegurándole este que le encantará pasar tres días sin preocupaciones y sin crímenes.

Pero cuando llegan al tren, les dicen que no queda ningún compartimento libre, aunque consiguen acomodarle en uno al no haberse presentado el viajero que lo reservó, debiendo compartir su compartimento con MacQueen.

Antes, habla con la señora Hubbard, una dama de cierta edad, pero muy frívola que reconoce que la acusaron de ir a la caza de maridos en el extranjero.

En el tren viaja también Edward Ratchett, un hombre de negocios para el que MacQueen trabaja como contable y que se encuentra con un escrito amenazante hecho con letras de periódico, en que le dicen que vaya con cuidado.

Poco después Poirot tiene ocasión de conocer al resto de viajeros de su categoría, mientras Bouc, les sirve champán en el vagón comedor, como la princesa Dragomiroff, poseedora de una gran fortuna, que lleva con ella a su asistenta Hildegarde Schmidt, o a un profesor austriaco, Gerhard Hardman, que pide que no le sienten con Arbuthnot, ya que no es de su raza, algo que le recrimina la señorita Debenham.

Tiene ocasión de hablar también con Ratchett, que se sienta con él y que le dice estar encantado de conocer a un famoso, aunque Poirot rechaza sus halagos, pues sabe que tras estos le hablarán de trabajo, confesándole Ratchett que, en efecto, desea contratarle, pues es marchante y tiene problemas con los tasadores, pues, como no es experto, se fía de ellos y a veces vende originales que no lo son, por lo que se ha ganado algunos enemigos, como unos clientes de Milán a los que vendió unas alfombras persas que no lo eran y están enfadados, necesitando alguien que le proteja.

Poirot rechaza el encargo pese a que le ofrece hasta 15.000 por una semana, señalando que él localiza delincuentes, no los protege, y además le dice que no le gusta su cara.

Al retirarse a su compartimento, en el que ahora está solo, coloca una foto de su querida Katherine, pero cuando espera descansar sin problemas, empieza a escuchar ruidos.

Se asoma a la puerta viendo a Pierre Michel, el revisor, llamando a la puerta de Ratchett para preguntar si le sucede algo, respondiendo este que no le ocurre nada.

Poco después le despierta un timbre, que Pierre le dice, es el de la señora Hubbard, y nada más volver a la cama, oye un ruido y se asoma, viendo cómo corre por el pasillo una persona con un kimono rojo.

Y de pronto, y debido a una avalancha, el tren descarrila, haciendo caer a todos, y quedando buena parte del tren sobre un puente.

Cuando logra salir de su compartimento, Poirot ve a Mastermann llevándole el desayuno a su jefe, aunque este no le abre, por lo que avisan a Bouc y al Doctor Arbuthnot, abriendo Poirot la puerta con su bastón, y descubriendo al hacerlo que Ratchett fue asesinado, por alguien que le apuñaló repetidamente, calculando el doctor que murió entre medianoche y las dos, aunque el mozo asegura que habría visto a alguien si hubieran pasado y no fue así.

Bouc le pide a Poirot que averigüe quién lo hizo, pues desea dar el caso resuelto a la policía, pues si estos investigan decidirán un culpable y lo ahorcarán y probablemente culparán al señor Márquez, o al doctor por el color de su piel.

Reúnen al resto de pasajeros en el comedor y les informan del suceso, asegurando la señora Hubbard que alguien hurgó la noche anterior en su compartimento, señalando Poirot que tratará de descubrir al asesino, que está entre ellos, ya que no encontraron a ningún extraño escondido en el tren y las puertas entre vagones estaban cerradas.

El primero en ser interrogado es MacQueen, su secretario que, dice, se encargaba de los asuntos de Ratchett desde casi un año atrás, aunque no le apreciaba, pues era rudo, ofensivo, y un malhechor, y que habló con él por última vez antes de las 10, cuando le pidió revisar sus cuentas de Italia y le muestra algunos de los anónimos que recibía y les dice que investiguen a Márquez, el hispano, pues sospecha de él.

El examen del cadáver les indica que tiene 12 heridas de arma blanca que no tienen ninguna pauta, y que su reloj se paró a la 1'30, observando que fue drogado con Barbital para que no pudiera defenderse, apareciendo en la escena del crimen un pañuelo exclusivo con una H bordada, un limpiapipas y un fragmento carbonizado de una nota.

Descubre que Ratchett en realidad se llamaba Cassetti, que estaba relacionado con el caso Armstrong. La historia de una pareja, el coronel Armstrong y su mujer, Sonia, a cuya hija Daisy secuestraron, y, aunque pagaron el rescate, la niña apareció asesinada por Cassetti.

Rota por el dolor, Sonia, que estaba encinta, tuvo un parto prematuro.

El propio Armstrong se lo contó a Poirot en una carta, aunque cuando la recibió el coronel ya había muerto, ya que se suicidó.

Con los datos obtenidos de la nota concluye que esta decía: la sangre de Daisy Armstrong está en tus manos. Morirás por eso.

Mientras hablan, la señora Hubbard le reclama, pues asegura que el asesino estuvo en su compartimento y escapó por la puerta que lo comunicaba con el de Ratchett, habiendo encontrado un botón de revisor junto a su cama.

Habla tras ello con Masterman, que recuerda haber visto a Ratchett a las 9, cuando le llevó café y recogió su ropa, extrañándole a Poirot que le hubiera contestado de forma poco adecuada, algo impensable en un ayuda de cámara como él, por lo que cree que si lo hizo es porque le quedaba poco tiempo, debiendo reconocer que padece de un tumor inoperable de tiroides.

Poirot le pregunta dónde pidió el café, ya que piensa que contenía el Barbital, señalando que lo encargó en la cocina.

Habla con la señorita Estravados, ahora misionera, pero que antes fue enfermera, y que dice haber salido a buscar una aspirina al compartimento de Hubbard, aunque se equivocó de compartimento y llamó al de Ratchett, que le apuntó con su arma. Eran las 10'40, por lo que fue la última en verlo con vida, no creyendo posible que la señorita Debenham saliera sin que ella la escuchara.

También habla con Gerhard Hardman, austriaco y profesor de ingeniería, que tiene la idea de que los ciudadanos de los demás países no están a la altura de los del suyo.

Biniamino Márquez, que les cuenta tiene tres puntos de venta de automóviles, le asegura que nunca miente, pues descubrió que los americanos, cuando confían en alguien compran más, y le cuenta que estuvo encerrado en el compartimento que comparte con Masterman. Poirot adivina por una foto, que su padre era chófer.

Habla luego con Mary Debenham, a la que pregunta si conocía al Doctor Arbuthnot, diciendo ella que no, aunque él le dice que sabe que están enamorados, negándose ella a contestar a su pregunta por el significado de sus palabras con el doctor en el barco.

La Princesa Dragomiroff le dice que sufre dolores de espalda por lo que a las 12'45 llamó a su asistenta, la señorita Schmidt, que le dio un masaje y le estuvo leyendo.

Le pregunta si conocía a la familia Armstrong, diciendo ella que admiraba a la madre de Sonia, la actriz Linda Arden, que iba convertirse en la primera mujer directora, y no llegó a serlo debido a la tragedia, viviendo desde entonces encerrada, reconociendo que Daisy era su ahijada, comprendiendo, cuando Poirot le dice que Ratchett era en realidad Cassetti, el asesino de Daisy, que la coincidencia es llamativa.

Habla luego con la doncella, la señorita Schmidt en alemán para que la condesa no les entienda, y le muestra un pañuelo con una H, que lleva la inicial de su nombre, Hildegarde, aunque señala que es demasiado valioso para ser de ella.

Cuenta que cuando le fueron a buscar por orden de la señora vio a un tercer revisor, un hombre menudo con barba corta y voz aguda, aunque le dicen que allí no hay otro.

Poirot decide examinar el equipaje de todos los pasajeros para encontrar el traje de revisor al que le falta el botón y el kimono rojo, aunque no los encuentra.

Finalmente encuentra el kimono rojo en su propia maleta, y luego el uniforme al que le faltaba un botón, en el compartimento de la señorita Schmidt, y en él, la llave maestra que le permitió atravesar puertas cerradas y además huele a Bourbon.

Dicha pista les lleva a MacQueen, que trata de huir, persiguiéndole hasta conseguir derribarlo, comprobando que trataba de quemar unos papeles, dándose cuenta Poirot de que estuvo falseando las cuentas de Ratchett para que no supieran que le robaba, algo que reconoce que hacía, excusándose en que no era dinero limpio, aunque niega que le matara, pues era quien le proporcionaba sus ingresos, apareciendo entonces Arbuthnot. que dice MacQueen estuvo bebiendo con él a la hora del asesinato.

Interroga a este, uno de los escasos médicos de color, señalando que en medicina admitían a una persona de color por clase y él lo consiguió en 1924, gracias a las recomendaciones de algunos de sus superiores cuando estuvo en el ejército.

Le pregunta cuándo conoció a Debenham, señalando que compartieron tren de Kirkuk a Nissibin.

Poirot continúa su interrogatorio a MacQueen, que, dice, tiene ahora una coartada, respaldad por el doctor, aunque Poirot indica que pudo poner el Barbital, teniendo un motivo para asesinar a Ratchett, su padre, que fue fiscal de distrito y que perdió su reputación tras ser responsable de la acusación en el caso Armstrong, ya que, debido a las presiones, acusó falsamente a Susanne, la criada francesa de la niña, cuya coartada era muy floja, de la muerte de Daisy, porque no tenían a ningún sospechoso, y ella a raíz de aquel suceso se suicidó, y cuando las pruebas llevaron hasta Cassetti, este ya había desaparecido, destrozando a su padre aquel asunto.

Pero MacQueen le asegura que desconocía que Ratchett era Cassetti.

Interrumpe el interrogatorio un grito de la señora Hubbard, que asegura que alguien la atacó y le tapó la cara tras reventar la puerta, habiéndole clavado un cuchillo en su espalda, aunque no afectó al pulmón ni a la arteria.

Bouc les informa entonces que la vía quedará despejada por la mañana y les pide que regresen a sus cabinas, aunque Mary y los otros prefieren seguir juntos, donde todos puedan verse, pues llegan a la conclusión de que el asesino está entre ellos y temen que vuelva a actuar, aconsejándole lo mismo Poirot.

Acude tras ello, y a pesar de que gozan de inmunidad diplomática a hablar con los condes, diciéndole la condesa Andrenyi que ella duerme de día, porque toma mucho Barbital, no pudiendo salir ni dormir sin tomarlo, pues le ayuda a controlar sus miedos.

Ella tiene en su pasaporte el nombre de soltera, Goldenberg, diciendo que es bailarina, pero no como su marido. Ella forma parte del cuerpo de baile y él es protagonista.

Poirot la acusa de ser una embustera, pues su nombre no es Elena, sino Helena, señalando ella que su marido escuchó que encontraron un pañuelo con una H bordada, y, para no verse implicada borraron la H en el pasaporte y en el equipaje.

Ve que tiene una foto firmada por Linda Arden, cuyo verdadero apellido era Goldenberg, como ella, que adivina, es la hermana desaparecida de Sonia Armstrong.

Al verse descubiertos, el conde lo expulsa de su compartimento, saliendo en su defensa, con su arma Hardman, que enseguida acusa al conde del asesinato, aunque Poirot le dice que el conde solo la protege y la condesa es incapaz de acabar con nadie, pidiéndole además a Hardman que desista de su falsa, pues, le dice, no es austriaco, ni alemán ni profesor aunque la imitación es buena, reconociendo que imitaba a un carnicero de su barrio, pese a lo cual, al oírle pronunciar mal Turín, llamó su atención.

Hardman confiesa que se buscó esa tapadera, haciéndose pasar por racista, porque es detective, y Ratchett le pidió que fuera su guardaespaldas, encargándole que buscara a un hombre menudo, con piel oscura y voz aguda, y aunque vigiló el pasillo desde una rendija, no vio a nadie.

Poirot le dice que no es cierto que lleve tantos años en Pinkerton, pues su arma delata que antes fue policía, y de hecho le pide que se la entregue, pero que, en efecto, era imposible que si alguien pasaba por allí él no lo viera, a no ser que estuviera abierta la puerta de Ratchett, algo que sucedió ya que Pilar Estravados dijo haberlo hecho, pese a lo cual se lamenta ante el retrato de su querida Katherine de no conseguir encontrar la grieta en la pared que le permita descubrir al asesino.

Al día siguiente, los técnicos se disponen a encarrilar el tren, pidiéndoles a los viajeros que, por motivos de seguridad vayan hasta el túnel cercano.

Poirot aprovecha para volver a hablar con Mary, que cree podría aportar otras perspectiva a las 10 preguntas que tiene sin resolver y referidas al pañuelo, un limpiapipas, el kimono escarlata, el uniforme de revisor, la hora en el reloj, aunque Mary le dice no tener respuesta.

Él indica que podría fácilmente acusar a la condesa, ya que la fallecida era su hermana, aunque hay otros muchos pasajeros que le mintieron, como ella misma cuando dijo que no había estado en Estados Unidos y no contó que fue institutriz en casa de los Armstrong en el momento en que ocurrieron los hechos.

De pronto la acusa de haber planeado el asesinato invitando a la condesa a presenciarlo, pues cree que si lo veía muerto volvería a ser la Helena de antes.

Para ello antes durmió a su compañera de cabina con Barbital, aunque solo le dio jaqueca y por eso fue a pedir una aspirina, y, aprovechando que ella no estaba y no podía verla, mató a Cassetti.

Mary le dice que Cassetti era un puerco y se merecía morir.

Pero no puede detenerla, pues recibe un disparo en el brazo de Arbuthnot, que, mientras le apunta, le dice que no fue ella la asesina, sino él, y le pide a Mary que se marche, pues, asegura, no dejará que asuma la culpa de lo que hizo él.

Arbuthnot le cuenta, una vez que se va Mary, que John Armstrong era su mejor amigo y su comandante. Él fue quien creyó en él y le ayudó a estudiar.

Encontró apoyo en Mary y al ver a Ratchett decidieron que debían entregarlo a la policía, siendo ese su plan, pero al verlo pensó que no se merecía un juicio.

Poirot concluye que drogó a McQueen y cambió la hora del reloj para poder mentir sobre la hora de la muerte, pues no quería que acusaran ni a MacQueen ni a Mary.

El tren se mueve entonces y Poirot consigue con su bastón desarmar al doctor y comienzan a pelearse, consiguiendo Bouc salvar a Poirot.

Poirot no permite que suban todavía los pasajeros al tren, y armado, se dirige al túnel, donde esperan todos tras una gran mesa.

Les dice entonces que el doctor falló a propósito, pues es un gran tirador y su disparo fue quirúrgico, porque en realidad no es un asesino. Nadie de ellos lo es, añade, señalando que solo encuentra dos explicaciones posibles.

La primera, es que Ratchett tenía enemigos y un mafioso subió al tren cuando paró y mientras el doctor y MacQueen fumaban fuera, aquel, disfrazado con un uniforme de revisor y con la llave maestra, subió al tren, atravesando la cabina de la señora Hubbard apuñaló a Ratchett y huyó.

Pero Bouc dice que eso no cuadra, pues no explica por qué escondió el uniforme, o quién lo drogó o quién apuñaló a la señora Hubbard.

Poirot se pregunta a quién beneficiaba el asesinato del asesino, concluyendo que a alguien que lograba acallar así su sufrimiento.

Empieza hablando del Dr. Arbuthnot, amigo de Armstrong, y que encontró consuelo en la institutriz Mary Debenham, que era casi como una madre para la muchacha y muy cercana a la hermana menor de la Sra. Armstrong, Helena Goldenberg, casada con un hombre poderoso y propenso a la furia y a la violencia.

También viaja la madrina de Daisy a la que pertenece el pañuelo hallado en el lugar del crimen, ya que la H, en el alfabeto ruso se corresponde con la N de Natalia Dragomiroff, y su criada, que fue cocinera de los Armstrong.

Viaja también la que fue la niñera de Daisy, la señorita Estravados, que descubrió el fervor religioso tras no poder impedir que raptaran a la niña debido a que había tomado una copa de más aquella noche.

Masterman indica que con él no necesita hacer conjeturas, pues sabe que fue ordenanza de Armstrong durante la guerra y después su ayuda de cámara en Nueva York y era un gran hombre.

Le pregunta a Biniamino Márquez, que fue su "chófer", siendo un préstamo avalado por Armstrong lo que le permitió levantar su imperio automovilístico.

Por su parte, Gerhard Hardman, fue el policía que en su día estuvo a cargo del caso Armstrong y que estaba enamorado de la criada falsamente acusada del secuestro y abandonó la policía tras aquella farsa de juicio en que el padre de MacQueen ejerció la acusación contra ella, que se suicidó.

Hardman reconoce que Susanne era todo ternura y se enamoró de él pese a su edad.

Señala Poirot que era raro de que en pleno invierno el tren fuera lleno, que hubiera tantas heridas en el cadáver y tan irregulares, y tantas pruebas.

Se dirige luego al revisor, Pierre Michel, que es hermano de la criada acusada.

Solo una persona había perdido más que ellos. Linda Arden, la madre de Sonia, y abuela de Daisy, ya retirada de los escenarios, pero lista para una última representación.

Hubbard muestra su pelo real, castaño y reconoce que es Linda.

Poirot dice que hubo doce vidas que quedaron truncadas por el asesinato de una inocente y se pregunta quién de ellos empuño el cuchillo, pero concluye que fue obra de todos ellos junto, señalando Hubbard que ella lo planeó y los reunió a todos.

Consiguió que MacQueen y Masterman trabajaran para Ratchett y organizó el viaje coincidiendo con el momento en que Michel estuviera de servicio.

Tuvieron que improvisar algunas cosas, pero todos se reunieron y clavaron, uno tras otro el cuchillo sobre el asesino, vengando así la muerte de la pequeña, aunque Hubbard insiste en que solo ella debe pagar por ello, pues fue quien lo planeó y ya no volvió a vivir tras el suceso, pero los demás todavía pueden tener una vida, pues son buenas personas y volverán a serlo, pues no son asesinos y tienen otra oportunidad.

Poirot se declara incapaz de juzgarlos, e indica que deben decidirlo ellos, y que si desean quedar en libertad solo les queda cometer un crimen más, acabar con él, que deja su arma sobre la mesa, ya que él no sabe mentir.

Hubbard indica que no lo harán y amenaza con suicidarse ella, ya que, indica, murió con Daisy, aunque no se atreve a apretar el gatillo.

Pilar se acerca a él y le recuerda que si su función es repartir justicia debe decidir qué justicia cabía en ese caso, pues a veces las leyes de los hombres no bastan, pues no tienen en cuenta la conciencia, que en ese caso quedó enterrada con Daisy.

El tren consigue por fin reanudar su marcha, bajando el cadáver de Ratchett en la siguiente estación.

Poirot escribe una carta de respuesta al coronel Armstrong en la seguridad de que en algún lugar podrá leerlo, explicándole que ya descubrió la verdad del caso en que un crimen se convirtió en muchos.

Que siempre creyó que el hombre es racional y civilizado y su propia existencia, indica, depende de ello, y se le exige ahora que escuche su corazón.

Antes de bajar del tren se despide de todos los pasajeros en el restaurante y les dice que ha comprendido en ese caso, que no siempre la balanza de la justicia sostiene un peso equilibrado y por una vez debe aprender a sostener ese desequilibrio, pues allí no hay asesinos, sino personas que merecen poder cerrar heridas y que la policía aceptó su explicación del crimen. La de un asesino solitario que consiguió escapar.

Se apeará en la siguiente estación para concluir las formalidades, aunque, les dice, tienen libertad para seguir e intentar encontrar la paz, que espera hallar él también.

Cuando baja en la siguiente estación, en Brod, un soldado pregunta por él, pues lo necesitan para un asunto urgente, preguntando si se trata del caso Kassner, aunque, le dicen, es algo peor y debe llevarlo a Egipto, pues hubo un asesinato en el Nilo.

Calificación: 2