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Bajo los techos de París
Bajo los techos de París

Sous les toits de paris (1930) Francia

Duración: 96 min.

Música: Raoul Moretti, René Nazelles

Fotografía: Georges Périnal, Georges Raulet

Guión y Dirección: René Clair

Intérpretes: Albert Préjean (Albert), Pola Illéry (Pola), Edmond T. Gréville (Louis), Gaston Modot (Fred), Bill Bocket (Bill), Raymond Aimos (Niño), Thomy Bourdelle (François), Paul Ollivier (Cliente del café).

Albert, un cantante callejero parisino anima a la gente que le rodea, de un barrio obrero de París a que canten con él acompañados por un acordeonista una canción popular de amor titulada "Bajo los techos de París" mientras los vecinos de las viviendas cercanas observan al coro de gente, unos con fastidio y otros con gusto.

Y para que puedan seguir la canción, Albert les vende la partitura con la letra, aunque entre los presentes hay una atractiva muchacha a la que se lo regala.

Luego, mientras todos se concentran en la canción un carterista aprovecha la ocasión para actuar, y aunque Albert lo ve hace la vista gorda.

Pero no ocurrirá lo mismo cuando ve que el carterista se acerca a la muchacha a la que le regaló el folleto, y mediante gestos la avisa para que cierre su bolso, aunque el carterista insiste, sin que la muchacha haga caso de los signos que le hace Albert.

Acabada la actuación Albert habla con el carterista al que le pide que no robe a sus clientes, comenzando una pelea entre ellos.

Poco después la muchacha se encuentra con otro hombre, observando este que lleva su bolso abierto, descubriendo que le han robado, por lo que su novio se dispone a buscar al ladrón, cruzándose con el cantante, que recuperado lo que le robó a la chica le hace ver a esta que se le había caído al suelo el dinero y se lo devuelve.

Pero el novio de la muchacha, ignorante de esto encuentra al carterista y descubre en el sombrero de este un monedero que le quita para volver junto a su novia que le dice que el monedero no es suyo, contándole que su dinero apareció ya, procediendo su novio sin darle importancia a guardarse el monedero y a llevárselo.

Albert ve que su galantería no le ha dado el resultado esperado y además vuelve a buscarlo el carterista con el que comienza una nueva pelea que interrumpen cuando llega la policía ante la que se muestran como amigos.

Por la noche, Albert ya borracho canturrea la canción que sus amigos le dicen están hartos de escuchar, pero la canción es pegadiza y muchas de las personas que la cantaron con él en la calle la canturrean posteriormente en su casa haciendo que sus vecinos les llamen la atención, estando entre los que la canturrean la mujer a la que el carterista le robó el monedero, que sin hacer caso de las protestas de su vecino solo deja de cantar al darse cuenta del robo.

Pero cuando ella se calla el vecino protestón escucha cómo empieza a canturrear otro de sus vecinos

En una buhardilla cercana la chica de la plaza, Pola, canturrea también la canción cuando recibe la visita de su novio que la va a buscar para llevarla a bailar, y aunque ella le dice que no tiene ganas de hacerlo poco después se prepara para salir.

Por su parte Albert, y su amigo Louis se despiden del carterista con el que han estado bebiendo en el bar antes de dirigirse al salón de baile, donde deben compartir un cigarrillo, comenzando una pelea entre ellos por culpa de otro hombre que les tiró algo a la cara. Salen a pelearse a la calle, aunque finalmente se ríen y abandonan la pelea.

Por su parte Pola y Fred salen de la buhardilla, tratando él de besarla, aunque ella lo rechaza con una sonrisa, yendo al mismo salón de baile donde Fred, que es delincuente se encuentra con sus colegas.

Albert y Louis ven entonces a la chica, sola, dirigiéndose ambos a la vez hacia ella, aunque, para no pelearse deciden jugársela a los dados y quien gane la invitará y quien pierda se olvidará de ella., aunque tras empezar el juego ven cómo la chica está ya acompañada por Fred, aunque Pola se queda mirándolos mientras se marchan.

Y poco después discute con Fred porque este le quita la llave del bolso, algo que a ella le sienta mal, enfadándose más cuando ve que entra otra mujer en el salón que se sienta junto a Fred y lo besa, ante lo que Pola se marcha llorando.

La ve entonces Albert, que se dirige a ella, que, apurada, trata de ocultar sus lágrimas y le saca la lengua al músico, que le responde sacándole la suya, dejando tras ello que la acompañe hasta su casa, aunque una vez allí él trata de convencerla de que se vaya con él a su casa a lo que ella se niega.

Pero poco después recuerda que no tiene la llave - de hecho en ese momento Fred presume ante sus amigos de tenerla - y le confiesa a Albert que no puede entrar, aceptando su invitación anterior.

Sube a casa de Albert, aunque con reticencias, por lo que se acuesta sin quitarse la ropa, asegurándole Albert que no debe tener miedo y que puede quitársela, viendo cómo tras hacerlo ella ocupa toda su cama.

Él trata de besarla mientras duerme, pero entonces ella se enfada y lo golpea, diciéndole él que si no está contenta puede marcharse, aunque cuando la ve llorar la perdona y la deja continuar allí.

Por su parte Fred, aprovechando que tiene la llave va hasta la casa, observando que Pola no está allí, quedándose a esperarla hasta que, cansado de esperar se amrcha.

Esta se queja cuando Albert que se acuesta a su lado, y le pide que no la toque abofeteándolo y encendiendo la luz para evitar que él haga nada.

En su casa Albert pasea mientras Pola duerme, y cuando finalmente se sienta en la cama, ella se tumba en el suelo, decidiendo él dormir en el suelo, aunque Pola le dice que él es el dueño y se tumba ella en el suelo, acabando cada uno de ellos a un lado de la cama.

Cuando a la mañana siguiente suena el despertador, Pola está en la cama y Albert sigue en el suelo, llamando entonces alguien a la puerta, afirmando que es la policía, aunque él no lo cree, pero sí tapa a Pola con las mantas antes de abrir, observando al hacerlo que se trata del carterista, que le dice va a salir de viaje y le pide que le haga el favor de guardarle una maleta.

Mientras hablan, el ratero se sienta en la cama y Pola chilla, dándose cuenta el hombre de que Albert tiene allí a una mujer, por lo que se despide dejándolos solos.

Tras levantarse ella se despide de él dándole las gracias, aunque sin dejar que él la bese en la boca.

Pero tras unos minutos él vuelve a abrir la puerta y ve que ella sigue allí, y le dice que no puede volver a su casa, permitiéndole él que se quede en la suya, dándole ella dos besos en la mejilla agradecida.

Salen tras ello a la calle para cantar de nuevo y conseguir dinero. Albert anuncia que vende letra y música a un franco, y que se encargará de repartirlos y cobrarlos Pola, que lo acompaña.

Aparece entonces entre los congregados Fred, que le pide una de las partituras, poniendo nervioso a Albert y a Pola.

Por ello aprovechan cuando un vecino molesto con la música lanza agua desde su balcón para marcharse y esconderse en un portal, lo que a Pola no le gusta mucho, preguntándole a Albert si es que tiene miedo mientras este se asoma a la ventana y ve que Fred está interrogando de forma intimidatoria al ciego del acordeón y a un hombre que le recriminaba por ello.

Pero los comentarios de ella le hacen mella y decide mostrarle su valentía bajando, aunque es entonces ella la que le pide que no lo haga, pese a lo cual baja, aunque para entonces Fred se ha marchado ya.

Está en un bar cercano donde se topa con el carterista al que le pide que le diga dónde vive Albert.

Este por su parte, feliz, le cuenta a Bill, el músico que va a casarse para desconcierto de la muchacha que no entiende su alegría y tanta precipitación sin haberlo hablado antes con ella ni habérselo consultado.

Sabiendo la dirección de Albert Fred escribe una carta intimidatoria diciéndole a Albert que no le gusta que se entrometa en su relación con las mujeres que le gustan, entregándosela al carterista para que se la haga llegar, aunque este, a su vez se la entrega a un niño para que sea él quien la entregue a cambio de una propina.

Mientras Pola hace la maleta para mudarse a casa de Albert este regresa a su casa tras haber hecho la compra llevando un ramo de flores y unas bonitas zapatillas de regalo para Pola.

Escucha entonces Albert cómo llaman insistentemente a su puerta como esa mañana, diciendo que son la policía, por lo que piensa que es de nuevo su amigo, aunque por la forma de hablar pronto comprenderá que no es así y se asusta, ya que tiene en su casa la maleta que le dejó el carterista, que oculta encima del armario.

Y cuando abre observa que en efecto es un policía - el mismo al que la vecina a la que robaron el monedero lo denunció sospechando que estaba compinchado con el ladrón - el cual ordena al agente que le acompaña que registre la casa, cayendo sobre su cabeza, al forcejear con la puerta del armario, la maleta del carterista donde descubren una cubertería de plata, contando él que no es suya y que alguien se la dejó, aunque no dice quién.

Mientras tanto Pola sale con su maleta y se dirige a casa de Albert, el cual se cruza, mientras es escoltado por los policías con el niño que va a llevarle la nota, que, al no ser contestado por nadie echa la carta por debajo de la puerta.

Al llegar al portal de Albert, Pola ve cómo se lo llevan los policías, corriendo a buscar a Louis, su amigo, para contárselo.

El carterista se encuentra entonces con Fred y le cuenta que tenía la maleta en casa de Albert y su detención, decidiendo abandonar la ciudad por un tiempo para evitar ser detenidos si aquel canta.

Pola halla consuelo en Louis, con el que come, mientras Fred se marcha en tren de la ciudad ajenos al sufrimiento de Albert en el calabozo, donde escribe el nombre de Pola en la pared mientras en su casa, los ratones se comen el pan que se quedó tirado en el suelo de su buhardilla cuando lo detuvieron.

Louis fracasa en su intento de ver a su amigo al que se le deniegan las visitas pese a llevar 15 días ya en la cárcel.

Poco después los agentes detienen al carterista a la salida de un bar.

Durante su estancia en la cárcel Louis y Pola se han hecho pareja, estando las calles menos animadas, tocando solo el acordeonista ciego.

Llevado ante el juez, el carterista exculpa a Albert contándole que él no sabía qué había en la maleta que le dejó, por lo que el cantante es puesto en libertad.

Cuando por fin Albert regresa a su casa, lo primero que encuentra al abrir es la carta amenazante de Fred, que estruja en sus manos con rabia, tras lo que observa todo aquello que compró con tanta ilusión para Pola, y se entristece.

Ajenos a la buena nueva, Pola y Louis están en un bar donde ella se enfada al ver que mira a otras chicas cuando estas le hacen gestos insinuantes, acabando por marcharse del bar indignada.

En la calle se encuentra con Fred, tras su reciente regreso a la capital, que le dice al ver su gesto de desagrado que debería alegrarse de verlo, tras lo que le pide que vaya al baile con él, aceptando ella por despecho la invitación.

Recién liberado, Albert camina sin rumbo por la calle y escucha la música del salón de baile, decidiendo entrar.

Dentro Fred baila con Pola a la que trata de besar, y aunque ella se resiste luego sonríe, siendo vista por Albert.

Al verlo, Pola corre hacia él, feliz de ver que está libre, aunque él, enfadado tras verla con Fred la ignora cuando ella le pregunta si desea bailar con ella.

Se acerca entonces Fred hasta él para decirle que no vuelva siquiera a mirarla.

Pero esas palabras hacen que Albert cambie de actitud y decida dirigirse a Pola y la saque a baila, provocando la ira de Fred, que debe reprimirse en ese momento ya que hay un gendarme en el salón.

Pero tras la pieza de baile y cuando Albert vuelve a la barra, Fred se dirige a él y le dice que salga fuera si es hombre.

Salen, seguidos por todos los secuaces de Fred, deseosos de ver la pelea mientras Pola corre al bar donde dejó a Louis para advertirle del peligro que corre su amigo, decidiendo este salir para ayudarlo, no permitiendo que ella lo acompañe.

Una vez a salvo de la mirada del gendarme, Fred se prepara para la pelea sacando su enorme navaja, ante lo cual Albert le muestra la suya, que es muy pequeñita e inofensiva, haciendo Fred que sus secuaces le ofrezcan las suyas, aunque él las rechaza, pensando Fred que lo que ocurre es que tiene miedo, por lo que decide perdonarlo, aunque diciéndole que no desea volver a verlo.

Pero cuando se dispone a alejarse, Albert lo llama de nuevo y le dice que no le ha dicho adiós y lo abofetea, iniciándose entonces una pelea, en la que Fred trata de usar su navaja, aunque Albert le obliga a soltarla mordiéndole la mano, y, aunque Albert es menos fuerte la pelea es dura.

Llega entonces Louis con una pistola que le dejó un amigo y dispara contra la farola, dejando la calle a oscuras y sin ventaja para Fred y sus amigos, que salen corriendo al escuchar la llegada de los coches policiales.

Pese a su intento de huir los policías consiguen arrestar a Fred y a sus amigos, a los que, una vez en comisaría, descubren cargados de navajas y pistolas.

Louis y Albert son también perseguidos, ocultándose en el bar donde estaba Pola, donde se hacen pasar por camareros, evitando ser detenidos.

Tras la marcha de los policías, Albert se dirige a Pola y trata de besarla, aunque ella lo rechaza y se acerca a Louis haciéndole ver que está enamorada de él, lo que hace que se inicie una pelea entre ellos, debiendo mediar para separarlos el dueño del bar.

Albert acepta su destino y decide irse, diciéndole entonces Louis que no sabía que la quería. Albert dice entonces que no la quiere y Louis dice que él tampoco.

Louis le propone jugársela a los dados, lo que Albert rechaza, diciendo que él nunca quiso a Pola y deseándoles felicidad, tras lo que pone un disco para ellos, saliendo los tres juntos del bar, momento en que, tras darles la mano, Albert se despide de ellos.

Albert vuelve con sus canciones a la calle y a su vida anterior, regalando a otra muchacha la partitura…

Calificación: 3