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Carta de amor de un asesino
Carta de amor de un asesino

España (1972) *

Duración: 98 min.

Fotografía: Luis Cuadrado

Guion y Dirección: Francisco Regueiro

Intérpretes: Serena Vergano (Blanca Álvarez), José Luis López Vázquez (Antonio Gómez Díaz), Rosa María Mateo (Charo), José Calvo (Ramón), Marisa Porcel (Luisa), Manuel Tejada (Luis), Alejandro López (Hijo de Antonio).

Blanca está inquieta en su cama.

En un bar de la ciudad cuatro amigos charlan mientras toman una copa, cuando se acerca un hombre por detrás y les dispara, acabando con ellos.

Mira al pececillo de color naranja que tiene en su bañera, estando vacía la pecera.

Tras dejar un paquete en el torno de un convento, recibe una llave con la que puede entrar dentro para hablar con una de las monjas, prima suya, tras una verja.

La monja se muestra contenta, pues le ha enviado bombones de licor, que dice esta vez esconderá aunque tenga que confesarse.

La religiosa le habla del asesinato, del que han oído hablar, pese a la clausura.

La religiosa trata de hacer que su prima se desahogue con ella, aunque prefiere no hablar del asunto para no escandalizarla y porque si se lo contara no podría volver.

Se muestra preocupada, pues está sola y no tiene amigas en la ciudad.

Blanca camina inquieta por su casa mientras se escuchan las campanas de una iglesia cercana cuando llaman a su puerta apareciendo una mujer, Charo, cargada de cosas.

Le dice que quería una casa antigua y la tiene, señalando Blanca que le parece todo demasiado.

Charo le dice que sabe que fue a ver a su prima al convento.

Le sirve vino del que le ha llevado y le pide brindar por su futura infelicidad, aunque Blanca no quiere comer y le dice que se ha dado cuenta de que lo sabe, reconociendo Charo que sí, por lo que Blanca le pide que la deje sola, pues se siente ridícula y se da asco, pero Charo le dice que no deben hacer como él, esconderse, y le dice que es mejor que hablen, pues se trata de su matrimonio y le pide que le dé las razones suficientes para dejarlos, asegurándole que si pudiera les dejaría a los dos y que lo sentiría más por ella que por él.

Pero Blanca le dice que necesita estar sola y no puede hablar, que lo harán más adelante.

Acude tras ello a la librería, de la que es directora, entregándole Luisa, una de sus empleadas el correo y preguntándole si se ha enterado de lo del asesino, contándole que era socio de esa biblioteca desde hacía mucho tiempo y era de las personas que más iban y además se quedaba hasta que cerraban, sobre todo últimamente y que además era conocidísimo en la ciudad y muy culto, habiendo regalado a la biblioteca un libro de poesía que él mismo había escrito.

Pero Blanca insiste en que no sabe quién es, señalando Luisa que era muy amigo de la anterior directora de la biblioteca.

Pero cuando examina el correo encuentra una carta enviada por Antonio Gómez el asesino, en la que le confiesa que ha esperado tantas horas a que se fijara en él que ha decidido por fin ponerse en comunicación con ella y que ella le dará fuerzas para resolver lo que debió solucionar en su momento.

Indica que desde que la vio presintió que algo fatal le iba a ocurrir.

La mayor justificación de la vida es, según él, el amor que siente por ella y necesita por ello su ayuda, pues la ve en cada sombra, tras lo que indica que no desea que culpen a otro de lo que va a hacer, y no recuerda cómo se encadenaron las cosas para que acabaran así, señalando que es él su único asesino.

Le pregunta a Ramón, el otro trabajador de la biblioteca por Antonio, señalando que tenía cierta amistad con él, pues parece el único en la ciudad interesado por todo lo que hay allí en la biblioteca, diciéndole que hablaban de los libros, de nada más.

Ve que tiene allí en efecto su libro, "Noche de mis sueños".

Luego, en el parque, lee otra carta, en la que le indica que al verla llegar y marchar todos los días, por la lejanía del ser amado su vida se convertía en anodina.

Le dice que contarle sus sentimientos es motivo de desesperación, pero también de alegría, al poder comunicarse con ella, en la que ha encontrado una gran tranquilidad.

Señala que cuando pasaba ante él, no se atrevía a mirarla y que el amor es la más importante justificación de la vida.

Al día siguiente tira el libro de poesías de Antonio por una alcantarilla.

Se baña luego, mientras el pececillo juguetea entre sus piernas.

Cuando sale del baño, llega Charo, que dice que parece que le tiene miedo y que le cuenta que ha ido porque está buscando a Luis, pues sabe que lleva tres días en la ciudad.

Bllanca le dice que esa historia se acabó y que hace 20 días que no lo ha vuelto a ver.

Le dice que está harta de sus peleas y de sus historias y que el suyo ha sido el papel de tonta y cree que sin embargo a ella esa situación en el fondo le divierte, pidiéndole que se marche.

Luego, ya en la biblioteca observa el carnet de socio de Antonio Gómez y su fotografía en el periódico, donde recuerdan que el asesino no ha aparecido aún.

Vuelve a preguntarle a Luisa, aunque esta dice que no trató con él más que lo imprescindible, aunque le cuenta que toda la ciudad está conmocionada por el suceso y esa mañana acudió toda la ciudad al entierro, pues de los cuatro muertos dos eran abogados muy prestigiosos.

Le pide tras ello que regañe a Ramón, su compañero, pues mientras coloca los libros aprovecha para mirarle las piernas y el día ante4rior la tocó como otras veces.

Llama tras ello a Ramón y le pregunta si no ha pensado en ir a la policía para contar lo que sabe de Antonio, diciendo que solo hablaban de las cosas de allí, pero observó que no apartaba los ojos de ella cuando se marchaba.

Tras cerrar las puertas quema una de sus cartas.

Pero al salir esa noche ve que el asesino la mira desde enfrente y ella se asusta, y cuando se acerca a ella sale corriendo.

Al día siguiente, mientras pasea junto al río, observa a un joven entre los árboles.

En la biblioteca ojea el libro de su admirador, viendo que alguien escribió entre sus páginas, algunas arrancadas, que ese tío ya estaba loco y que por qué no lo metieron en un manicomio.

Le pide tras ello a Ramón que averigüe quién pidió el libro y que lo expulse y que retire el libro y la ficha de este.

Le pregunta tras ello qué le pasa con Luisa y le pide que allí se abstenga de molestarla y menos delante de los lectores.

Antes de marcharse, Ramón le cuenta dónde se sentaba Don Antonio, a veces con su hijo, cuando iba a buscarlo, asegurando que no lo encontrarán, pues debió pensar mucho lo que hizo y durante mucho tiempo.

Aunque la invita a que coma con él, ella rechaza la invitación.

Cuando llega a su casa se asusta, pues hay piezas de animales descuartizados colgadas por toda la casa, como si se tratara de un matadero, incluso en su cama.

Pero es todo imaginación suya, pues cuando enciende la luz no hay nada.

Paseando junto al río ve a Ramón buscando lombrices para pescar y le cuenta que a veces Don Antonio lo acompañaba mientras pescaba y a veces le leía sus versos.

Le dice que ella es como Don Antonio en mujer. Que este era muy culto, pero no entendía la vida, y que él con su caña de pescar es más feliz que cualquiera de los dos.

Al día siguiente aparecen en el periódico las fotografías del entierro de las víctimas.

Ve entonces, y a través de un cristal esmerilado de su despacho, a Don Antonio, que entra, para terror de ella, que casi no puede moverse, no diciendo nada ninguno de los dos, marchándose él de pronto como si temiera que lo viera alguien.

A la salida le espera el joven que vio junto al río, que le explica que es el hijo de Antonio, el cual le pregunta a qué va al río.

Él le cuenta tras ello que su padre está allí, en el río, donde lo ha escondido y le dice que él no ha hizo nada, pidiéndole que vaya allí al día siguiente y lo verá.

Va tras ello a casa de Ramón, que la invita a cenar, preparando las truchas que pescó.

Este le dice que no cree que Don Antonio matara a nadie, pues es un cursi y le confiesa que igual que Don Antonio, él tampoco le quitaba la mirada. Que ambos la miraban, pero ella no miraba a nadie.

Al día siguiente vuelve al río, tal como le dijo el hijo de Antonio, viendo bajo unas ramas el cuerpo de Don Antonio muerto, por lo que se asusta y sale corriendo.

Sale entonces su hijo a su encuentro y ella lo lleva a su casa y este le pregunta qué tenía con su padre, pues vio una carta que le escribió, respondiendo ella que nada.

Ella e pregunta a su vez por qué no ha ido a la policía, asegurando él que a nadie le interesa su muerte, pero él dice que no lo descubrirán, pues aunque todos lo buscan antes nadie se interesó por él, ni siquiera su familia, pero está seguro de que no fue él.

Ella le dice que no vio nunca a su padre, diciendo él que supo que su padre estaba allí el lunes, cuando se suicidó.

Cuando se va saca al pececillo de la pecera y lo deja morir, abriéndolo luego con un cuchillo por la mitad.

Al día siguiente Ramón no va por la tarde a trabajar, diciéndole Luisa que es la primera vez que sucede.

Blanca cena en un bar y ve de nuevo, sentado frente a ella a Antonio, que le habla a través de su primera carta, mientras toca su mano, imaginaria.

Ve entonces que ha entrado al bar Luis, que se acerca a ella y le pregunta si no le ha escrito Charo, contándole que se ha ido el día anterior.

Ella, sorprendida, dice que no le contó nada.

Mientras hablan ve fuera a Ramón esperando mientras fuma.

Continúan con Luis su conversación en el coche, diciéndole que ella también siente lo ocurrido, pero él le asegura que quiere a Charo y que ella lo ha estropeado todo.

Cuando se marcha lleva a Ramón a su casa y lo invita a un vino.

Suena entonces el timbre, pero decide no abrir y, por el contrario, se va directamente a su habitación y se sienta en la cama, yendo tras ella ramón, que se quita la chaqueta mientras ella se recuesta.

Aún con los ojos cerrados, a la mañana siguiente Blanca alarga sus manos hasta una pieza de carne que hay en la cama, que desgarra con sus manos, aunque cuando se despierta no hay restos de nada.

Va a la cocina y coge un cuchillo.

Mientras Ramón se lava en su baño ella llega por detrás y le clava el cuchillo, que luego deja caer.

Cuando está en la cama al día siguiente suena el timbre, aunque en vez de abrir cierra todos los cerrojos y pone la cadena antes de volver a la cama.

Vuelve a escuchar en su cabeza las palabras de Antonio, mientras ve cómo se mueve un pestillo. Ve luego en la habitación de al lado nuevamente a Antonio mientras termina diciendo en su carta que solamente una vez al año los muertos viven un día.

Se dirige a él y lo guía hacia su cama donde se tumba mientras él se acerca y la besa.

Calificación: 2