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Ciudadano Kane

Citizen Kane (1941) * USA

Duración: 119 min.

Música: Bernard Herrmann

Fotografía: Gregg Toland

Guion: Herman J. Mankiewicz, Orson Welles

Dirección: Orson Welles

Intérpretes: Orson Welles (Charles Foster Kane), Joseph Cotten (Jedediah Leland), Dorothy Comingore (Susan Alexander Kane), Everett Sloane (Mr Bernstein), William Alland (Jerry Thompson), Ray Collins (James W. Gettys), George Coulouris (Walter Parks Thatcher), Agnes Moorehead (Mary Kane), Paul Stewart (Raymond), Ruth Warrick (Emily Monroe Norton Kane).

El cartel de una valla indica la prohibición de pasar a una propiedad particular.

Tras ella hay una gran mansión construida sobre una montaña artificial una mansión que asemeja un castillo que miran desde la lejanía dos monos en una jaula que en su tiempo, según el cartel indicador, debió acoger un tigre de Bengala.

Todo parece muy descuidado dentro. En el semidestruido embarcadero hay dos góndolas, un puente levadizo sobre un foso.

Unos carteles en mal estado y alguna bandera indican que estamos en lo que en pasado fue un campo de golf.

En la mansión hay solo una ventana iluminada donde se ve la silueta de un hombre tendido en una cama.

La nieve cae sobre una casa. Vemos que en realidad es una bola de nieve que sujeta un anciano en la cama, que pronuncia la palabra "Rosebud", cayéndosele entonces la bola de nieve al suelo y se rompe.

Entra entonces una enfermera, que dobla sus brazos sobre el pecho y cubre al anciano con una sábana.

Un noticiario informa de la muerte del propietario de Xanadú.

Kubla Khan había construido en Xanadú un majestuoso palacio, pero el Xanadú de Florida no se quedaba atrás, pues es el mayor parque de recreo privado del mundo

Construido en los desiertos de la costa del Golfo, se construyó sobre una montaña artificial en que se emplearon 100.000 toneladas de pino y 20.000 toneladas de mármol.

El palacio alberga cuadros, estatuas e incluso piedras de otros palacios formando una colección tan grande que jamás podrá ser catalogada o tasada, pues llenarían 10 museos en todo el mundo.

Tenía enormes cuadras, animales exóticos, aves, peces y una pareja de fieras de cada clase forman el mayor zoo privado desde Noé.

Después de las pirámides es el monumento más costoso edificado por el hombre para sí mismo.

Se informa sobre el funeral más grande y extraño de 1941, en que se dio sepultura al Kubla Khan de América, Charles Foster Kane, siendo la noticia de su muerte portada en periódicos de todo el mundo, aunque algunos para afirmar que pocos llorarán por él. Kane fue el hombre más osado de cualquier generación, pues partiendo de un periódico en un mísero edificio en ruinas creó un imperio con 37 periódicos, dos agencias de prensa, una red de radio. Un imperio dentro de otro imperio.

Cadenas de tiendas, fábricas de papel, edificios de apartamentos, fábricas, bosques, transatlánticas… un imperio por el que durante 50 años corría un caudal interminable de oro de la tercera mina de oro más importante del mundo.

Famoso y legendario es el origen de la fortuna de Kane.

En 1868 a Mary Kane, su madre, que regentaba una pensión, recibió como pago de un huésped moroso en pago la escritura de una mina abandonada y que carecía de valor, la Colorado Lode.

57 años más tarde y ante una comisión del Congreso, Walter Thatcher, decano de Wall Street a quien venían atacando desde hacía años los periódicos de Kane, recordó un viaje que hizo de joven en 1870 a la pensión de la señora Kane cuando se le asignó a su compañía la administración de la fortuna que acababa de heredar, deseando que se ocupara de su hijo.

Le pregunta un congresista si es cierto que el niño le golpeó entonces en el estómago con un trineo, negándose a contestar esa y cualquier otra pregunta, decidiendo leer una declaración en la que indica que Kane atacó las tradiciones americanas sobre la propiedad privada y la iniciativa como oportunidad de mejorar, concluyendo que es un comunista.

Ese mismo mes una reunión sindical en Union Square declaraba que Kane representaba una amenaza para todos los trabajadores de su país, en el que le acusaban de fascista.

Él por su parte declaró que era solo un americano.

1895 a 1941. En todos esos años actuó, en la mayoría, dominó.

En 1898 Kane incitó a su país a entrar en una guerra, con México

En 1919 se opuso a participar en otra, la I Guerra Mundial.

Hizo ganar las elecciones por lo menos a un presidente.

Luchó por millones de americanos y fue odiado por otros tantos.

No hubo ninguna cuestión sobre la que sus periódicos no opinaran durante 40 años, ni persona pública a quien no apoyara o denunciara o primero apoyara y luego denunciara.

Pocas vidas privadas han sido más públicas

Se casó y divorció dos veces, primero con la sobrina de un presidente, Emily Norton, que lo dejó en 1916 y murió en 1918 con su hijo en un accidente.

16 años después de su primer divorcio se casó con la cantante de ópera Susan Alexander en el ayuntamiento de Trenton, New Jersey.

Para ella Kane construyó el Teatro de la Ópera de Chicago.

Concibió Xanadú para ella, y lo tenía medio terminado cuando se divorciaron, y sigue sin terminar, no sabiendo nadie cuánto costó.

Se señala que en política fue siempre novio, nunca esposo

Aunque forjó la opinión pública, nunca fue elegido para un cargo político, pero sus periódicos tenían mucha fuerza y en una ocasión estuvo a punto de salir victorioso.

En 1916 se presentaba como candidato independiente a gobernador.

Apoyado por los mejores elementos del estado y la Casa Blanca, parecía ser este el próximo paso en su brillante carrera política, pero una semana antes de la elección fue sorprendido por su esposa en su nido de amor con una cantante.

Su derrota retrasó 20 años las reformas en Estados Unidos y anuló para siempre su vida política.

Luego, en 1929, tras la Gran Depresión, al igual que otras muchas industrias, tuvieron que cerrar los periódicos de Kane, pero en tan solo 4 años resurgieron 11 periódicos con tanta pujanza como antes.

En 1935 América seguía leyendo los periódicos de Kane, el cual era en sí mismo siempre noticia.

A su regreso de Europa le entrevistó un reportero al que le dijo que tras haber hablado con los grandes líderes europeos de Alemania, Francia, Inglaterra e Italia podía asegurar que no habría guerra, pues ninguno de ellos deseaba destruir la civilización.

Kane vivió para ver su propia decadencia, en su castillo en ruinas, dirigiendo un imperio que se derrumbaba, prácticamente solo y casi sin visitas y sin fotografías.

Intentaba cambiar los destinos de una nación que ya no le escuchaba ni confiaba en él, hasta que una semana atrás sobrevino su muerte.

Acaba así el documental.

Los montadores preguntan qué tal quedó, ya que, señalan, resumir 70 años en 10 minutos es difícil y Rawlston, el productor no está satisfecho, pues, indica, solo pueden contar lo que hizo, pero no saben quién era realmente.

Piensan que quizá sus últimas palabras resumieron su vida.

Se le ocurre a uno de los asistentes una idea. Quiere saber cuáles fueron sus últimas palabras, pues quizás en ellas resumió su vida.

Recuerda que solo dijo Rosebud, y se preguntan qué significa en boca de un hombre que fue tan amado como odiado, y que en su lecho de muerte dijo esa palabra.

Rawlston se plantea retrasar el estreno del documental un par de semanas hasta averiguar qué se escondía tras esa palabra, encargando a Jerry Thompson que hable con Bernstein, su representante, o con su segunda esposa, Susan Alexander Kane, que aún vive y regenta un cabaret en Atlantic City y con todos cuantos le conocieron, tanto los que le quisieron como quienes le odiaron.

El primer lugar al que acude es "El Rancho", el salón de espectáculos de Susan Alexander Kane, donde es recibido por las parpadeantes luces de neón, mientras fuera llueve a mares.

Un camarero anuncia a Susan la llegada del señor Thompson, aunque ella, evidentemente borracha y reclinada sobre la mesa, pide una copa más, negándose a hablar, diciéndole el camarero a Thompson que ya se le pasará, asegurando que hasta que murió el Sr. Kane, solo hablaba de él.

Thompson llama a Rawlston para decirle que no consiguió nada de Susan, por lo que irá antes a Filadelfia a la Fundación Thatcher, y que también consiguió una cita en Nueva York con Bernstein, el apoderado de Kane y luego regresará.

Antes de marcharse le pregunta al camarero si alguna vez la oyó hablar de Rosebud, señalando este que cuando los periódicos hablaron de ello él le preguntó, pero Susan le dijo que jamás lo había oído.

En Filadelfia, Thompson acude a la Fundación Thatcher, recordándole la recepcionista las condiciones bajo las que le permitieron consultar las memorias inéditas de Walter Parks Thatcher, recordándole que no podrá citar frases concretas del manuscrito ni podrá mencionar su origen.

Le pasan a una gran sala donde le acercan el manuscrito, advirtiéndole que saldrá de la sala antes de las 4'30 y solo podrá leer los capítulos del manuscrito relativos a Kane.

Busca el capítulo dedicado a este, que comienza con su primer encuentro con Kane en 1871 en Salem, Colorado.

Allí Charles, que tenía solo 8 años jugaba con su trineo y lanzaba una bola contra el cartel en que se anuncia la pensión de la señora Kane (Mrs. Kane boarding house).

Luego, y mientras él jugaba con un muñeco de nieve, dentro, el Sr. Thatcher apremiaba a su madre para que firmara los papeles mientras su padre, el señor Kane les dice que parecen olvidar que él es el padre del niño, señalando la señora Kane que se hará lo que ella decida.

Pero Kane insiste. Piensa que Colorado es un buen sitio y no entiende por qué no pueden educar ellos al niño solo por haberse hecho ricos, amenazando con ir a los tribunales, pues, dice, los papeles de la mina son tan suyos como de ella, y que si hubiera sabido lo que iba a pasar, el huésped hubiera puesto las escrituras a nombre de los dos, recordándole Thatcher que no lo hizo y se la dejó a la señora Kane.

Kane insiste en sus derechos, pues la deuda era de los dos, y no está conforme en dejar a su hijo bajo la tutela de un banco.

El banco del señor Thatcher se encargará de administrar la mina de El Filón de Colorado de la que la señora Kane es la única propietaria.

Thatcher indica al matrimonio Kane que recibirán 50.000 dólares al año mientras vivan, y cuando muera alguno, los recibirá el superviviente, señalando Kane al escucharlo que espera que sea para bien la decisión, firmando el acuerdo.

Todo lo demás, el capital y los beneficios los administrará el banco en representación de su hijo hasta el momento en que cumpla 25 años, cuando tomará plena posesión de todos sus bienes.

La señora Kane le dice que tiene el baúl del pequeño preparado desde una semana atrás, explicándoles Thatcher que les estará esperando en Chicago un preceptor.

Salen tras ello fuera, presentándole su madre al señor Thatcher, contándole que le llevará de viaje esa noche, aunque al niño le extraña que no vaya con él su madre.

Su padre le dice que a partir de ese momento vivirá con el señor Thatcher, al haber decidido su madre y él que aquel no es un lugar adecuado para él, augurándole que algún día será el hombre más rico de América.

Pero Charles se enfada y empuja con su trineo a Thatcher, tras lo que sale corriendo.

Kane se excusa y dice que lo que el niño necesita son unos azotes, señalando su madre que dado que piensa así es mejor que su hijo se eduque en un lugar lejos de él.

Cuando se acerca su 25 cumpleaños Thatcher le recuerda en una carta frente al árbol de Navidad, donde hay un nuevo trineo, que pronto pasará a administrar la sexta fortuna individual del mundo, adjuntándole una lista completa de sus bienes.

Charles contesta asegurando que no le interesan las minas de oro ni los pozos de petróleo, habiendo solo una cosa de su lista que llame su atención, el Inquirer, un periódico adquirido en una quiebra, que le pide que no venda, pues regresa a Estados Unidos para hacerse cargo de él, pues cree que será divertido dirigir un periódico.

Poco a poco empieza a hacerse cada vez más influyente, llegando a aplastar al trust del transporte y conseguirá además adecentar los suburbios y acabar con las chabolas.

Sacarán también la noticia de que Wall Street fue estafado por el cobre.

Informan de la presencia de galeones españoles amenazando la costa de Jersey.

Cada noticia es un dolor de cabeza para Thatcher, que le pregunta al joven Kane si cree que esa es manera de dirigir un periódico, a lo que le responde que él no sabe dirigir un periódico y hace lo que se le ocurre.

Thatcher le indica que sabe que no hay pruebas de que esté la Armada frente a Jersey.

Llega en ese momento Bernstein, que le informa que Wheeler ha informado de que no hay guerra en Cuba, diciéndole Kane que Wheeler debe dedicarse a hacer poemas y que él le proporcionará las guerras.

Thatcher se queja tras ello de la campaña de su periódico contra una de sus compañías de transportes y le reprocha que se siga comportando como un colegial, recordando Kane que le expulsaron de varios colegios, recordándole Thatcher que es uno de los principales accionistas de esa compañía.

Kane sabe que tiene más de 82.000 acciones de esa compañía, pero como editor del Inquirer lo considera un deber y además un placer trabajar para impedir que roben a la gente decente de esa comarca una pandilla de ladrones contra los que no tienen quién les defienda más que él, que es quien tiene dinero para hacerlo.

Thatcher le dice que el Inquirer le está costando casi un millón de dólares al año, pero Kane considera que a un millón por año tendrá que cerrar el periódico en 60 años.

En el invierno de 1929 Kane tuvo que ceder el control sobre todos sus periódicos, sus agencias de prensa y cualquier otro negocio editorial a Thatcher, al estar en la ruina, acordando pagarle Thatcher y Cia en compensación y mientras viva, una suma.

Thatcher le dice que continuará ejerciendo un control amplio sobre sus periódicos y se le pedirá asesoramiento, convencido de que la depresión es temporal y todavía podrá morir más rico que él, señalando Kane, que en todo caso morirá más rico de lo que nació, recordando Bernstein que no han perdido tanto como llegaron a ganar, aunque Thatcher le reprocha sus métodos, pues nunca hizo una inversión y utilizó el dinero para comprar cosas y asegura que si no hubiera sido tan rico hubiera llegado a ser un gran hombre, y cuando Thatcher le preguntan qué le gustaría haber sido, le responde que todo lo que él odia.

La encargada de la biblioteca avisa a Thompson de que ha llegado la hora de abandonarla sin haber encontrado lo que buscaba.

Va a ver tras ello a Bernstein, presidente del Consejo en su oficina de Nueva York.

Le aclara enseguida que no sabe qué era Rosebud, especulando con que pudo ser alguna mujer, pues él mismo recuerda un hecho que ocurrió en 1896, cuando iba en el transbordador y al bajar se cruzó con una joven que iba de vuelta. Ella ni siquiera la vio, pero él pensó en ella desde entonces.

Bernstein, que estuvo con él desde el principio, señala que Thatcher era idiota y nunca entendió a Kane, pues solo pensaba en ganar dinero, sugiriéndole que hable con Leland, que fue el mejor amigo de Kane, ya que estudiaron juntos.

Recuerda que Leland no tenía ni un dólar debido a que cuando su padre se suicidó vieron que todo eran deudas.

Bernstein recuerda el día en que Charles y Jedediah se hicieron cargo del Inquirer.

Allí fueron recibidos por el viejo redactor jefe, Herbert Carter, que confunde a Leland con Kane, el cual, tras aclarar las cosas le dice que no tiene más plan que sacar adelante el periódico, del que Leland será el crítico teatral.

Kane se dirige tras ello al despacho de Carter, donde, le dice, piensa vivir, llevando incluso su cama, asegurándole que dejarán de ser un periódico matinal, pues las noticias suceden durante las 24 horas del día.

Le pregunta a Carter por qué su periódico no da noticias sobre asesinatos como otros, señalando Carter que el suyo es un periódico decente y no sensacionalista.

Pide también titulares grandes, pues piensa que si el titular es grande lo será también la noticia.

Carter insiste en que su misión no es publicar cotilleos y rumores, pues con ellos podrían hacer tres ediciones, señalándole Kane que esas son las noticias que publicarán.

Kane, apoyado en la ventana escribe algo en un papel, señalando Leland que pronto estará lista la edición, señalando Bernstein que con casi 4 horas de retraso y después de haber rehecho 4 veces la portada, indicando Kane que aspira a que su periódico sea algún día tan importante como el gas para la luz.

Kane lee entonces lo que estuvo escribiendo, que indica, es su Declaración de Principios, que les lee, y en la que señala que luchará por los derechos de los ciudadanos con imparcialidad y honestidad, pidiendo que rehagan de nuevo la portada, pues quiere incluir en ella esos principios, pidiéndole Leland al operario que tras su inclusión le devuelvan el papel donde lo escribió, pues cree que llegará a ser algo importante.

Minutos después Leland, Bernstein y Kane observan desde la ventana del Inquirer cómo este sale a la calle, llegando a vender 26.000 ejemplares.

Estaban muy lejos de su principal competidor, el Chronicle, que vendía 495.000, aunque Bernstein le hace ver que tienen la mejor plantilla, que tardaron en reunir 20 años.

La foto cobra vida. Aquellos periodistas se hacen una nueva foto, ahora para el Inquirer, señalando Kane que 6 años atrás estaba mirando la foto con los mejores periodistas, los del Chronicle como un niño frente a una tienda de caramelos y después de ese tiempo los tiene a todos con él en el Inquirer.

Tras hacer la foto con ellos y pide que manden una copia al Chronicle, consiguiendo que su tirada sea la mayor de Nueva York, con 684.000 ejemplares, por lo que, ya satisfecho señala que irá de vacaciones a Europa, recordándole Bernstein que aún quedan muchas estatuas y pinturas en Europa que no ha adquirido, señalando Kane que llevan 2.000 años haciéndolas y él solo lleva 5 años comprándolas.

Pide tras ello que pase un cuerpo de bailarinas vestidas como rusas y un gran coro y mientras todos disfrutan él habla de declarar la guerra a España.

Mientras Kane es sacado a bailar por las chicas, Leland le dice a Bernstein que no entiende cómo podrán trabajar con los periodistas del Chronicle, señalándole Bernstein que son trabajadores como otros cualquiera, aunque en lo suyo son los mejores, aunque Leland le insiste en que la ideología del Inquirer no es la misma que la del Chronicle, señalando Bernstein que Kane los habrá transformado en una semana, aunque Leland teme que sean ellos los que transformen a Kane.

Unos días más tarde Bernstein le lleva a Leland un telegrama enviado por Kane desde París diciendo que quiere comprarse el mayor diamante del mundo, lo que les hace pensar que no solo colecciona estatuas, sino que colecciona personas que coleccionan diamantes.

Bernstein se queja ahora del número de estatuas que abarrotan ya la redacción.

Los 467 trabajadores del Inquirer le reciben con una enorme copa.

Nada más llegar, todos observan desde la ventana el coche descapotable en que aparecen Kane y una mujer, pidiendo él al entrar, que le lleven a la encargada de las notas de sociedad, entregándole a este una para que la publique, no haciendo apenas caso a sus empleados que le esperaban expectantes.

La periodista lee la nota ante todos en la que se indica que el señor y la señora Monroe Norton anuncian el compromiso de su hija Emily Monroe Norton con el Sr. Charles Foster Kane.

Emily era hija de un senador y sobrina del presidente de los Estados Unidos, pensando entonces Bernstein que pronto pasaría de ser sobrina de un presidente a ser su esposa, aunque, ahora, Bernstein le recuerda al periodista, que las cosas no acabaron como pensaban, y le asegura que Emily Norton no era Rosebud, y cree que debía ser algo que perdió, pues lo perdió casi todo.

Le sugiere que hable con Leland, que no siempre estaba de acuerdo con Kane, como sucedió con la guerra con España, pues Leland no entendía la necesidad de combatir, pero fue la guerra de Kane. No tenían nada por lo que pelear, aunque sin esa guerra no tendrían el canal de Panamá.

Bernstein señala que hace mucho tiempo que no sabe nada de Leland, indicándole el periodista que está vivo, aunque ingresado en un geriátrico debido a su edad.

Visita a Leland en el Huntington Memorial Hospital, en Manhattan. Es ya muy mayor y está en una silla de ruedas, pero le dice a Thompson que lo recuerda todo, aunque dice, eso es una maldición.

Indica que, si Kane tuvo un amigo, fue él, pesa a lo cual lo trataba de forma cruel, no entregándose del todo a nadie, pues solo creía en sí mismo.

Thompson le pregunta por Rosebud, señalando Leland que lo leyó en el periódico, aunque nunca creyó nada de lo que decía el Inquirer.

Recuerda que Kane conoció a Emily en las clases de baile. Le dice que era una chica muy agradable, aunque tras los dos primeros meses, ella y Charles ya casi ni se veían más que en el desayuno, siendo un matrimonio como cualquier otro.

Al principio eran una pareja feliz. Desayunan todavía elegantemente vestidos y les preocupa lo que piense el servicio, pues no han dormido, lamentando de que tenga que ir tan pronto al periódico, consiguiendo convencerle para que llame a Bernstein y posponga sus citas hasta después del mediodía.

Algún tiempo después ella sigue quejándose de sus horarios. Ahora desayuna cada uno a un lado de la mesa, separados por un florero y le recuerda que la noche anterior dijo que iba al periódico 10 minutos y tardó horas, no sabiendo qué hacía a media noche.

Pasa el tiempo y ella le dice que preferiría una rival de carne y hueso que el periódico, aunque no solo por el tiempo que le dedica, sino por sus ataques al presidente, su tío, diciéndole él que debe criticarlo porque deja que un grupo de delincuentes controle su administración, recordándole ella que su tío es el presidente, y no él, a lo que Charles le responde que ese es un error que se corregirá pronto.

Seis años más tarde ella se queja del dudoso gusto de Bernstein con el regalo que le hizo a su hijo, aunque Kane indica que Bernstein puede ir a ver cuando quiera a su hijo.

En otra ocasión, ella se queja de lo que pueda pensar la gente de algo, indicando ella que pensarán lo que él les diga que piensen.

A los 9 años de su matrimonio, ya ni se hablan, observando él mientras desayunan cómo ella lee ostentosamente el Chronicle.

Leland cree, a pesar de todo, que se casó por amor y si se metió en política fue para conseguir el amor de los electores, aunque él solo se amaba a sí mismo y a su madre.

Respecto de su segunda esposa, Kane señalaba que era la representación genuina del público americano, no creyendo que llegara a estar enamorado realmente.

La conoció cuando ella salía de la farmacia con un fuerte dolor de muelas, pese a lo cual se rió de él porque estaba lleno de barro por el paso de un carruaje, decidiendo ella compensarlo invitándolo a subir a su casa para poder lavarse.

Al ver su problema con el dolor de muelas él trata de hacerla reír para que lo olvide, para lo cual primero mueve ambas orejas a la vez y luego hace sombras chinescas.

Se sienten atraídos, agradándole a él de ver que le gusta a la chica pese a que ignora quién es, gustándole su simpleza, por ser tan distinta a él, pues ella reconoce que conoce a muy poca gente al contrario que él, aunque en el fondo los dos están solos.

Charles le cuenta que esa noche iba hacia un almacén de Manhattan en busca de su juventud, pues cuando murió su madre dejaron sus cosas en el Oeste y acababan de llegar a un almacén e iba a verlos.

Ella le cuenta que tiene 22 años y trabaja en la casa Seligman's en la sección de partituras, aunque lo que le gustaría es ser cantante, pues su madre quería que cantase óperas, aunque ella cree que no tiene condiciones.

Kane le pide que cante para él, poniéndose al piano del salón y lo hace.

Kane se presenta como candidato a Gobernador del estado para desenmascarar a Gettys en las elecciones de 1916, dándole todos los sondeos como ganador.

Da un mitin en el Madison Square Garden en que promete que dedicará sus esfuerzos a los indefensos, los trabajadores y los que pasan hambre, asegurando que lo primero que hará será nombrar un fiscal especial para que juzgue y condene a Gettys.

Al final del mitin observa que Emily envía a Junior, su hijo, en el coche a casa y ella coge un taxi y le pregunta por qué actúa así, señalando ella que ha recibido una carta y quiere averiguar si es cierto lo que indica, y por ello va a ir al 185 de la calle 174, pidiéndole que la acompañe.

Al llegar allí son recibidos por Susan Alexander, que muestra su confianza con Charles al que le dice que ella no quería enviar esa carta a su mujer, pero que la amenazaron con hacerle cosas horribles.

Ven entonces que Susan está con otro hombre, que se presenta como Jim Gettys, que le explica a Emily que hizo que Susan escribiera esa nota, en la que indica que habría graves consecuencias para ella y para su hijo si no iban.

Gettys les dice que si él tuviera un periódico también combatiría a su rival con todas sus armas, pero no lo presentaría vestido de presidiario para que puedan verlo su mujer y su hijo.

Le indica tras ello a Kane que si no dice que está enfermo y debe retirarse durante un par de años, el lunes por la mañana todos los periódicos menos el suyo, publicarán la noticia de que tiene una amante, pues tienen fotografías de ambos.

Emily le hace ver a su marido que ya sabe lo que debe hacer por su hijo, asegurándole a la asustada Susan que no se publicará nada sobre ella.

Pero Charles prefiere quedarse con Susan que ir con ella, diciendo que prefiere luchar solo, no escuchando a su mujer.

Gettys le indica que a cualquier otro lo sucedido le serviría de lección, pero que él necesita más de una.

Pero él insiste en que le enviará a Sing pues es un corrupto y un estafador capaz de valerse de cualquier medio para lograr sus propósitos.

El lunes, tal como Gettys había indicado la primera página del Chronicle publica las fotografías de Kane sorprendido en su nido de amor con una "cantante".

Llegadas las elecciones, le informan que pierde ya por un millón de votos cuando quedan aún los de los distritos religiosos.

Bernstein tenía preparadas dos portadas alternativas, una proclamando el triunfo de Kane y otra denunciando la existencia de fraude en las elecciones, optando por sacar la segunda, mientras los barrenderos deben recoger todos los restos de la campaña.

Todos se retiran, excepto Leland, que va muy borracho, diciéndole Kane que si se ha emborrachado para atreverse a hablarle de la señorita Alexander pierde el tiempo, pues no le interesa el tema.

Señala que al no ser elegido se retrasará la reforma, pero si eso es lo que quieren los electores es lo que tendrán, recordándole Leland que él siempre habla de los trabajadores como si fueran suyos, y de darles sus derechos como si pudiera regalarles su libertad en recompensa por servirle, hablando de ellos solo mientras sirven a sus intereses, pero algún día descubrirá que los trabajadores reclaman lo que les pertenece por derecho y no como un regalo, y que cuando se unan serán más poderosos de lo que se imagina y entonces él decidirá irse a una isla desierta para poder reinar sobre los monos.

Kane le responde que también allí habrá algún mono que le diga que lo hace mal.

Leland le dice que no le importa nada excepto él y que desea es persuadir a la gente de que los quiere tanto que no les queda más remedio que quererlo a él.

Termina pidiéndole que lo traslade a su periódico de Chicago, pues necesitan un crítico teatral, aunque Kane le dice que es más útil allí, aunque al ver que está decidido a dimitir deja que se vaya a Chicago, aunque advirtiéndole que no le gustará.

Poco después se anuncia que Kane se casará con la cantante, como en efecto sucede.

Tras la ceremonia un joven periodista del Inquirer le preguntan a Kane si ha dejado la política, respondiendo él que es la política la que le abandonó a él y que ahora va a crear una cantante de ópera, asegurando que si esta no consigue cantar en el Metropolitan, construirá una ópera para ella.

Y aunque asegura que no será necesario, poco después se anuncia que Kane construye un teatro de ópera en Chicago.

Pero justo antes del estreno su profesor le da las últimas instrucciones desesperado, pues no consigue que entre cuando debe.

Leland escribirá la crítica teatral, pidiendo Bernstein que salga la noticia en la sección de música y en los ecos de sociedad.

Tras la función Kane se acerca al periódico y pregunta si la reseña del estreno está en primera página, estando todo controlado, faltando tan solo la crítica teatral, que le dicen, está escribiendo Leland, a cuyo despacho se dirige Kane.

Mientras lo hace, Bernstein explica a los demás periodistas que están con ellos que Leland y Kane llevan varios años sin hablarse.

Se dirige tras ello él también al despacho, observando que Leland está totalmente borracho y sin sentido con la cabeza apoyada en la máquina.

Bernstein le dice a Kane que desde que regresó no había bebido nunca, preguntándole Kane qué dice la crítica.

Bernstein lee lo escrito, donde destaca observa que escribió que la señorita Alexander es una preciosa, aunque incompetente cantante, que inauguró la nueva ópera de Chicago, indicando que por fortuna no debe juzgar su voz, aunque en cuanto a representación es un rotundo…

Fracaso, concluye Kane donde Leland lo dejó, sin hacer caso de Bernstein que le dice que no dice eso, aunque sabe que es lo que deseaba decir, por lo que le pide que le deje una máquina para terminar él mismo la crítica donde señala que el resultado de la actuación fue patético al faltarle pureza tonal y matices.

Cuando se despierta Leland le pregunta a Bernstein dónde está su crítica, comentándole este que la está terminando Kane, asegurando Leland que sabía que lo censurarían, aunque Bernstein le asegura que la está continuando tal como él la empezó porque quiere darle una lección.

Sale y ve en efecto a Kane a la máquina y este lo saluda.

Leland le dice que creía que no se hablaban, diciéndole Kane que sí lo hacen, para decirle a continuación que está despedido.

Thompson le dice que todo el mundo conoce esa historia, pero le pregunta por qué lo hizo, respondiéndole Leland que Charles pensó que terminando la crítica como él la comenzó le demostraba que era justo, pues siempre quería demostrar algo, como el pensar que podría hacer de Susan una cantante de ópera, para quitarle las comillas al titular donde decían que lo sorprendieron en su nido de amor con una "cantante".

Le cuenta también que 5 años antes recibió una carta suya desde Xanadú, aunque no le contestó, aventurando que debió sentirse muy solo en aquel palacio que nunca terminó, asegurando que nunca terminó nada en su vida, excepto su reseña.

Cree que el mundo lo defraudó y por ello construyó su propia monarquía absoluta.

Antes de despedirse, Leland le pide que le compre un par de buenos puros.

Va de nuevo a ver a Susan que en su entrevista lamenta haber cantado para él la primera vez que se vieron, tras lo que no dejó de cantar a 50 dólares por hora.

Y que construyó la ópera porque quiso sin importarle la opinión de ella.

Recuerda sus desastrosas clases de canto con Matisti, que le indicaba que había personas, como ella, que no podía cantar, pues carece de talento, asegurando que es imposible, diciéndole Kane, que lo observaba que no se le paga por opinar sobre las condiciones de su mujer, sino para ejercitar su voz

Pero el profesor teme ser el hazmerreír del mundo musical, diciéndole que no debe importarle lo que piensen.

En efecto, y como Matisti temía, el debut en "Salammbo" es un desastre, ya que la cantante desafina.

Mientras Bernstein se duermen, Leland juguetea haciendo tiras el libreto y tras terminar hay solo unos débiles aplausos. Solo Kane se pone de pie y aplaude con fuerza

En su hotel Susan se queja de la crítica, pidiéndole que deje de decirle que Leland es su amigo, pudiendo entender las críticas de los demás periódicos, pero no la del Inquirer.

Mientras discuten llega un mensajero con una carta de Leland, quejándose ella de que lo despidiera adjuntándole un talón de 25.000 dólares.

Este, hecho pedazos se adjunta a la declaración de principios del propio Leland, en el sobre del mensajero, rompiendo él mismo su declaración de principios donde indicaba que ningún interés interferiría con la verdad.

Susan le dice tras ello que no piensa volver a cantar, asegurándole él que lo hará, pues no tiene ninguna intención de quedar en ridículo, quejándose Susan de que le importe más no hacer el ridículo que la situación de ella, pese a lo cual él le dice amenazante que continuará cantando.

El Inquirer informa del éxito de Susan en Washington, San Francisco, San Luis, Detroit o Nueva York, donde informan que causó furor.

Pero tras esto él la encuentra un día en su habitación a punto de morir, negándose a creer, pese a las evidencias, que se trata de un intento de suicidio, asegurando que por error tomó un sedante debido a los nervios que le producía el preparar una nueva ópera.

Cuando vuelve en sí Susan le dice que no conseguía que él entendiera cómo se sentía y no deseaba pasar nuevamente por eso tras comprender que ya no le quiere el público.

Charles le pide que se enfrente a él, aunque luego le dice que si no quiere no lo haga más, pues son idiotas.

Construyó para ella un castillo privado en Florida, Xanadú, donde a partir de ese momento vivirán aislados.

Allí, y frente a una enorme chimenea Susan se dedica a hacer enormes puzles, quejándose ante su marido porque, aunque viven en un palacio no tiene nadie con quien hablar ni divertirse, recordándole él que hasta el día anterior tuvieron allí hasta 20 amigos de ella, asegurando que en el ala oeste deben quedar todavía alguno.

Ella le dice que quiere ir a Nueva York y divertirse, pues está harta de ser anfitriona, diciéndole él que su hogar es ese y no le interesa Nueva York.

Susan ensambla un puzle tras otro, algo que él no entiende, diciéndole ella que es peor coleccionar estatuas.

Él le propone salir de picnic e invitar a sus amigos, asegurando ella que a nadie le interesa dormir en tiendas de campaña.

Y en efecto al día siguiente salen de excursión seguidos de una procesión de coches hacia el parque de Everglades, pese a lo cual Susan no se muestra satisfecha y le acusa de que nunca le conceda nada de lo que desea de verdad.

Esa noche hay un gran espectáculo. Un cantante ameniza la fiesta mientras un equipo de cocineros asa un cerdo completo en un enorme asador, pero en su enorme tienda Susan sigue quejándose a su marido de que le regala muchas cosas que no significan nada para él.

Charles le recuerda que no están en su casa, sino en una tienda y le pide que deje de chillar, aunque ella continúa diciéndole que para él regalarle a ella una pulsera es como pagar por una de esas estatuas que luego ni siquiera saca de sus cajas, insistiendo en que no le ofrece nunca algo que de verdad le importe.

Kane le dice que todo lo que hace es porque la quiere, aunque ella le dice que no es así, que él quiere que lo ame por ser Charles Foster Kane y que le da lo que quiera a cambio de que lo ame, acabando él por abofetearla, tras lo que Susan le pide que no le diga que lo siente, asegurando él que no sería cierto.

Unos días después el mayordomo avisa a Kane de que Susan está haciendo las maletas, por lo que va a verla y le suplica que no se vaya, y además no desea que sus invitados se enteren, aunque ella insiste en que lo deja.

Charles asegura que no la dejará marcharse, pero ella le dice adiós y se va pese a todo sin hacerle caso cuando le pide por favor que no lo haga y que en adelante harán lo que ella quiera y le dice que no puede hacerle eso.

Ella le dice que él se muestra como el ofendido, y que no cambiará en su vida.

Susan le cuenta a Thompson que en pocos años perdió todo el dinero que consiguió de Charles, pese a que era mucho y le recomienda que hable con Raymond, el mayordomo, pues conocía todos sus secretos.

Al día siguiente Thompson acudió en efecto a Xanadú y se entrevistó con Raymond, que le dice que le hablará de Rosebud a cambio de 1.000 dólares.

Le cuenta que durante 11 años él dirigió ese palacio, asegurando que aunque Kane era exigente, él sabía manejarlo.

Este le cuenta que se quedó mal cuando lo abandonó Susan, tras cuya marcha tiró varias maletas que quedaron allí y destrozó toda la habitación hasta llegar a la bola de nieve que cogió antes de salir de la habitación, viendo cómo afuera lo esperaba todo el servicio mientras se mete la bola de nieve en el bolsillo. Pronunció entonces la palabra Rosebud, palabra que repitió cuando antes de morir, soltó la bola de cristal y se rompió.

Thompson le dice que esa información no vale 1.000 dólares y que se marcharán en cuanto sus compañeros gráficos hagan unas fotos.

Raymond le muestra a Thompson y a otros periodistas, algunos de los tesoros de Kane, algunos muy caros y otros sin gran valor, como los puzles de Susan, pues coleccionaba todo lo que encontraba, como una hurraca.

Sus compañeros le preguntan si adivinó qué significaba Rosebud, diciendo que no y que no ha averiguado mucho sobre Kane.

Especulan con que pudo ser algo que no pudo conseguir o algo que perdió, pero Thompson no cree que hubiera explicado toda una vida, es solo una pieza perdida del puzle, aunque quizá la más importante.

Se marchan tras ello para no perder el tren.

En el sótano, debajo de Xanadú varios operarios están quemando las cosas carentes de valor, diciéndole Raymond a uno de ellos que tire el trineo al horno, observándose mientras se quema que hay escrita en él una palabra escrita: Rosebud, aunque arde de inmediato, viéndose la columna de humo de la hoguera desde detrás de la valla.

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