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Cuando dejes de quererme

España / Argentina (2017) *

Duración: 101 min.

Música: Lucio Godoy

Fotografía: Imanol Nabea

Guion: Asier Guerricaechevarría, Jon Iriarte, Javier Félix Echániz

Dirección: Igor Legarreta

Intérpretes: Florencia Torrente (Laura Careaga), Eduardo Blanco (Fredo), Miki Esparbé (Javier Egoskue), Joaquín Climent (Antonio), Antonio Dechent (Camacho), Eneko Sagardoy (Félix Careaga), Kandido Uranga (Martín), Josean Bengoetxea (Ángel Zorita), Miguel Oyarzun (Antonio joven), Itziar Aizpuru (Encarna), Mario Pardo (Esteban)

Buenos Aires en la actualidad.


Laura duerme sentada a los pies de la cama de un hospital, donde está su padre.

De pronto se despierta y ve que este no respira y llama a la enfermera.

Al día siguiente, mientras recoge sus cosas una mujer le da el pésame y le sugiere que les entregue el abrigo del fallecido para los más necesitados, haciéndolo esta, tras sacar de su bolsillo un sobre donde el fallecido escribió: "para Laura".

En ella, su padre, Fredo, le dice que necesitaba contarle algo.


Cercanías de Durango. Año 2002


La policía descubre un zulo con armas de ETA y alguna documentación.


Buenos Aires 2002


Mientras trabaja en su laboratorio, Laura recibe una llamada de su tío Martín, que le recuerda que va a hacer 5 años de su última visita y le llama para decirle que apareció su padre enterrado cerca de Durango.

Le explica que aparecieron sus huesos en un bosque, a 10 kilómetros de lo que era su casa, por lo que piensan que nunca llegó a marcharse. Murió de un disparo en la cabeza 33 años atrás.

Invita a comer a su padre, con el que charlan sobre la cocina, asegurando él que ella siempre tuvo una alimentación muy equilibrada por la cocina vasca de su madre y la italiana de él, tras lo que vuelve a hablarle de su vida sentimental, lamentando ser el único hombre al que le permite repetir visita.

Luego le pregunta qué va a hacer, asegurando ella no saber qué siente, pues siempre creyó que su padre la había abandonado y es como si hubiera muerto un desconocido.

Tras la cena rebuscan entre las cosas de su madre, encontrando un amuleto.

Le pregunta si irá al funeral de su padre, e incluso la anima a hacerlo, porque su madre siempre quiso que sus cenizas descansaran en su tierra y así, podrán cumplir su deseo.


Estación de tren de Abando. Bilbao


Padre e hija son recibidos por Martín.

Ya en el coche repara en el amuleto y le dice que ya algún antepasado suyo lo llevó en la colonización de América.

En casa de su tío ve una foto de ella con su madre de niña, y, al sacarla ve que, cogiéndola de la otra mano estaba su padre, aunque doblaran la foto, asegurando ella que aunque lo intenta no recuerda su cara, recordándole su padre que tenía solo 3 años.

Van a la oficina de la Ertzaintza, donde son atendidos por Ángel Zorita, que les cuenta que el cuerpo de su padre apareció cuando, mientras desmantelaban un zulo, de pronto un perro encontró la pista de su padre, que encontraron por casualidad.

Les dice también que el crimen prescribió, pues sucedió en 1968, y es muy difícil saber qué ocurrió. Lo único que tienen claro es que en la mañana del 3 de febrero de aquel año, Félix sacó las 20.000 pesetas que tenían en la cuenta familiar, con la intención de desaparecer.

Su teoría es que alguien le vio sacar el dinero y acabó con él para robarle.

Acuden tras ello al funeral, observando cómo todos los miran.

A la salida saluda a su tía Encarna, que es monja, y quien cedió su ADN para que lo identificaran, y a sus tíos Esteban y Antonio, aunque el primero ni la besa, afirmando Antonio que se parece mucho a Elvira, su madre.

Ella les presenta a Fredo como su padre.

Cuando van a marcharse se acerca un hombre a su coche y se presenta como Javier Egoskue, representante de una compañía de seguros para decirle a Laura que Félix dejó un seguro a favor de su mujer y su hija por valor de 300.000 pesetas.

Luego, mientras hablan, y por una expresión, se dan cuenta de que Javier tiene relación con Argentina, contándoles que nació en Buenos Aires, pero vino a España con dos años, justo lo contrario de lo que le ocurrió a Laura.

Esta va a visitar a su tía Encarna al convento, que le asegura que nunca se creyó la historia de que los había abandonado.

Félix no tenía el apoyo familiar desde que se casó con su madre por cuestiones políticas, pero poco antes de morir le envió una carta a ella, que entonces estaba de misiones en África, y que le muestra, y donde ve lo que parece una despedida para siempre, por lo que le cuenta a Fredo que su padre sabía que lo iban a matar.

Vuelven a ver a Javier, tratando de averiguar quién contrató el seguro, pues dice, creen que el conocía a su asesino, y, aunque en un principio les dice que esa información es confidencial, lo mira, viendo que el agente que lo gestionó fue Revilla, ya fallecido, por lo que deciden mirar en el archivo físico, observando que Félix lo contrató dos semanas antes de que le asesinaran.

Fredo propone ir a hablar con sus hermanos, comenzando por Antonio el menor, aunque Javier no cree que quiera ayudarles, pues cuando vieron el seguro trató de hablar con él y no le abrió pese a que estaba en casa porque oyó su fuerte respiración.

Consiguen convencer a Javier para que los lleve en su coche, acercándose Laura a la casa sola.

Ella le dice que su padre pensaba que podría morir y le pregunta si le contó algo, contándole este que no hablaban mucho, porque su matrimonio enfrió las relaciones.

Ella no entiende por qué no hicieron nada cuando desapareció, diciendo él que solo le preocupó que su madre y ella estuvieran bien, aunque él era invisible para Elvira y en vez de dejarse ayudar prefirió marcharse, reconociendo que estaba enamorado de ella, pero no recibió ni una carta.

Laura debe reconocer que su madre no le contó nada de eso.

Le pregunta por qué no le abrió al agente de seguros, pues este le escuchó, mostrándole su tío Antonio a su perro, que respira muy fuerte y que es lo que Javier debió escuchar.

Fuera, Fredo anima a Javi a salir con Laura diciendo que esa noche se quedará sola porque él debe salir con su cuñado.

Pero en ese momento llega ella y acusa a Javier de haber quedado como una paranoica por su culpa ante su tío.

Esa noche Fredo canta "La stagione dell'amore" de Battiato en un bar al que le llevó Martín, y triunfa, besándolo una mujer mayor que le asegura haberla emocionado.

Entretanto Laura está en otro bar con Javier, al que le cuenta que su madre murió 5 años atrás, pero no le hablaba de Félix, y siempre creyó que los había abandonado.

Al principio preguntaba por él, pero reconoce que a los 15 años dejó de preguntar.

En el baño de su restaurante, Alfredo coincide con un tipo que se presenta como Santiago, que le dice que era muy amigo de Félix y le dice que siempre estuvo enfadado con él al pensar que se había marchado con Miren.

Laura le cuenta a Javier que se enamoró y tiró 7 años a la basura y por eso no desea seguir probando.

Javier le dice que es una careta. Que él también lo pasó mal, pero no deja de buscar. Él dice que como comercial llama a muchas puertas y nunca sabe qué se va a encontrar tras ella hasta cruzar una primera mirada.

Ella le dice que no se van a acostar (a "coger"), pese a que él tiene un cartel luminoso en la frente pidiéndolo, asegurando él que también le cierran muchas puertas, pero que es un buen encajador, y persistente.

Aparece entonces Alfredo, un poco borracho, que les dice que los buscó por media ciudad, pues Martín tuvo que irse y él se enteró de que Félix tenía una amante.

Van a hablar del asunto. Proponiendo Fredo como sospechoso a Revilla, el agente de seguros, algo que descarta Javier, ya que Revilla era muy feo.

Según le contó Santiago, tuvo varios negocios ruinosos con Félix, y le contó que a la vez que Félix, desapareció Miren Juaristi, su primera novia, una peluquera rubia, por lo que pensaba que se fugaron juntos, aunque quien lo hizo fue ella, que se llevó su dinero.

Ya solos, Alfredo le pregunta por qué piensa que Javier la invitó por sugerencia suya, diciéndole Laura que se lo contó él mismo y le pide que no se meta en su vida, a lo que Alfredo le replica cuántas posibilidades cree que existen de que se crucen en la vida una durangueña-argentina y un argentino-durangués. Le asegura que son nulas, y sin embargo se han dado, lo que dice es un "predestinamiento".

Llega entonces Javier, que estuvo investigando peluquerías donde figurase alguna Miren Juaristi y la encontró en Vitoria, adonde les llevará, dándole Laura las gracias, por ayudarles dejando su trabajo, contando él que trabaja por objetivos y tiene cubiertos ya los de ese mes.

En un piso de Vitoria, ven el cartel de "Peluquería Estilo's", y otro cartel en la puerta que pone "Cerrado por vacaciones", saliendo los vecinos de enfrente que preguntan si vienen del ayuntamiento, diciendo Javier que sí, diciéndole ella que llevan más de un año llamando por lo de los pisos vacíos y la mujer esa se fue hace más de 3 años, y que, aunque era una peluquería de señoras, ella siempre veía entrar hombres.

Javier les dice que van a certificar el abandono efectivo de la vivienda como agente catastral y les pide sus nombres como testigos del acto administrativo y les dice que si no encuentran a los herederos cualquier persona puede solicitar la propiedad por una cantidad, tras lo que les pide un taladro con el que quitan el cerrojo y entran.

Observan un cuaderno donde, en uno de los lados hay nombres de mujeres, y en el otro, de hombres, triplicando estos los de mujeres.

Fredo, entretanto sube a la parte superior del dúplex, donde hay un cuarto de color rosa y donde evidentemente se ejercía la prostitución, encontrando incluso una fusta.

Cuando baja su padre y Laura y Javier estaban a punto de besarse, les interrumpe el crujir de la madera, descubriendo en un pequeño hueco de la pared algo que Laura observa, es pelo.

Poco después la Ertzaintza descubre el cadáver de una mujer emparedada.

Les acusan de allanamiento de morada, alteración del escenario de un crimen y suplantación de funcionario, aunque Zorita dice que tratará de evitar que acaben encarcelados.

Ella aprovecha para preguntar por la bala que mató a su padre y él le dice que en los 60 esos asuntos los llevaba la guardia civil.

Tratan de averiguar quién estaba entonces al mando del cuartel de Durango, buscando Javier algún guardia todavía no retirado, en su base de datos.

Fredo pone entonces el contestador automático de Javier, donde un compañero le dice que el jefe está muy enfadado de que se cogiera vacaciones sin avisar justo en la temporada más fuerte, comprendiendo Laura que le mintió, aunque él le dice que le debían días.

Van a ver a un tipo del que consiguieron la dirección y que estaba en Durango entonces, y ante el que fingirán que Laura será una becaria y él su tutor.

El hombre, Aranda, ahora un anciano ya, al que le dan un cheque.

Él les dice que habla de oídas, pues quienes se lo contaron murieron.

Él llegó allí a finales del 67 a Durango, donde entonces mandaba Camacho y enseguida comenzó a ver cómo torturaban a un tipo, enviándolo a él, pese a ser un recién llegado, a buscar a Félix Careaga.

Querían que este viera al torturado, aunque cuando llegó dijo que no lo conocía, a lo que Camacho le replica que sí conoce a su socio, José María, hermano de su mujer, a los que investigan por el robo al Banco Hipotecario de Tolosa, y le dice que el torturado y su cuñado se llevaron más de 100.000 pesetas para sus socios de ETA.

Camacho le pregunta a Aranda, que dice que no cree que el hijo del Gobernador Civil oculte en su casa a un delincuente, aunque Camacho indica que ese hijo del Gobernador ya tiene una separatista en casa y le amenaza con contarle a esta su lío con la peluquera.

Ante la amenaza, Félix pregunta qué le pasará a su cuñado, diciendo Camacho que él hablará en su favor y pasará como mucho 3 años en el Dueso, pidiéndole que se entere dónde se oculta y le ofrezca llevarlo a un lugar mejor.

Así lo hacen, y durante el traslado, se ven interceptados por la guardia civil, que descubren a José María con el dinero en el maletero.

Tras detenerlo a él le dejan marcharse, pero a José María lo llevan al centro del bosque y le sueltan y le dicen que es libre, pidiendo él que no le maten.

Camacho le cuenta antes de dispararle por la espalda que le ha entregado su cuñado Félix, tras lo que Camacho dice que al lobo hay que matarlo de cachorro, pidiéndole tras ello al cabo que se encargue de que los suyos se enteren de quién lo entregó.

Unos días después Camacho interceptó el coche de Félix, y mientras hablan, Félix le acusa de haber matado a su cuñado por el dinero, aunque Camacho, le dice que si leyó La Gaceta, vio que el dinero no apareció.

Camacho le aconseja tras ello que desaparezca de allí, pero no por ellos, sino por los amigos de José María.

De regreso, Fredo y Javier tratan el tema de forma ligera, y comentan que Aranda sabía que el cheque era falso, pidiendo Elvira que paren el coche, del que sale, pese a la lluvia y lamenta que su padre traicionara a su tío solo para ocultar a su madre que le había puesto los cuernos, por lo que lo acusa de cobarde.

Le pregunta entonces a su padre por qué le dejó indagar en todo eso y le pregunta si su madre nunca le dijo nada durante los 20 años que estuvieron casados.

Al día siguiente, Fredo, Laura y Martín van a aventar las cenizas de Elvira.

Va a despedirse de su tía Encarna al convento, que recoge ropa para los pobres, ayudada por su hermano Esteban y le dice que regresa a Buenos Aires y que la carta que le dio no la llevó a ninguna parte.

Al marcharse, Esteban sale a su encuentro y le pregunta si fue ETA la que mató a su hermano. Le dice que siempre creyó que se había marchado, pero cuando apareció el cadáver dio por sentado que había sido su tío Martín, que era quien más razones tenía para matarlo y un arma, pues era uno de ellos.

Cuando regresa a casa, aprovechando que está sola, busca en el despecho de su tío, donde encuentra un cajón cerrado con llave.

Recibe entonces una llamada del inspector Zorita que dice tiene algo que explicarle y, de paso, devolverle su colgante, que piensa perdió en el piso de la peluquera. Aunque ella lleva puesto el suyo.

Vuelve al cajón de su tío y consigue abrirlo, encontrándolo lleno de libros y folletos propagandísticos de ETA y una carpeta llena de cartas.

Mientras lee uno de los documentos llega su tío, que la descubre allí, diciéndole ella que encontró el acta de una asamblea de ETA.

Él le dice que estuvo con ellos al principio, pero que luego lo dejó, aunque ella no le cree, le dice que él mató a su padre porque supo que había entregado a su hermano y le acusa también de haber matado a Miren porque le chantajeaba, pues perdió su amuleto, que encontraron en la casa de esta.

Pero Martín le muestra que no es cierto, pues este estaba justamente en el cajón que ella abrió, diciéndole que es muy probable que se lo diera a Miren la propia Elvira, pues de niña eran muy amigas.

Le dice luego que sí tuvo ganas de matar a Félix, pero no lo hizo por Elvira y por ella.

El inspector Zorita la recibe en un restaurante, aunque ella dice, ya comió.

Le cuenta que tras su conversación sobre la bala, regresó al escenario del crimen y al final encontró el casquillo y la guardia civil pudo asociarlo a un arma concreta y a un nombre, Germán Francisco Romero, expulsado del ejército a finales de los 50 y condenado un año después de la muerte de su padre por herir a una persona en el atraco a un banco.

Piensa por ello que su primera versión fue la correcta y no cree que la muerte de Miren tenga nada que ver.

Ella, al notar que el inspector trata de conquistarla le aconseja que busque también su anillo, que parece que lo perdió, antes de marcharse.

Va a ver a Javier a la oficina, diciendo este que creía que se habían marchado ya, diciendo ella que lo harán la semana siguiente.

Le cuenta que encontraron al asesino de su padre en un asilo a 15 kilómetros de allí.

Ella se disculpa por lo que le dijo, concluyendo él que siguen siendo amigos, y se ofrece a llevarla hasta la residencia de Romero.

Cuando llegan, ven que el hombre está en muy malas condiciones y ni siquiera puede hablar, mostrándole Alfredo la fotografía de Félix, rascando el viejo con su uña la cabeza de Félix, entendiendo ellos que confiesa su crimen.

Cuando se levanta, Fredo ve que su hija cambió los billetes de regreso, apareciendo entonces Martín, que les dice que la noche anterior detuvieron a Antonio Careaga por el asesinato de Miren.

Acuden al cuartel de la Ertzaintza, pero esta vez el inspector no se muestra tan colaborador, pese a lo cual les dice que detuvieron a Antonio por los registros telefónicos, que mostraron un importante número de llamadas de Antonio a Miren, por el retrato robot de los vecinos, y por su propia declaración.

Les dice que tenían una aventura y Miren comenzó a chantajearle, pues Antonio estaba entonces casado, y en una de las discusiones le dio un empujón.

Pero Fredo no lo ve claro, pues no cree que una prostituta chantajee a sus clientes, ya que son su fuente de ingresos.

Ve entonces en el ascensor a un hombre calvo y tiene una revelación. Cree que Germán no indicaba que había matado a Félix, sino que al rascar su cabello, y no su cara, se refería a un hombre calvo, o sea, Antonio, que Fredo piensa pudo contratar al asesino.

Les dejan hablar con él y le dicen que saben que contrató a Romero para matar a su hermano, exponiéndole Fredo su teoría.

Según él. no fue Félix, sino él quien sacó el dinero del banco con un carnet falso y le dio parte del dinero a Miren para que desapareciera, pues con Félix fuera, tendría que ser él quien salvara de la indigencia a las pobres abandonadas, conquistando así a Elvira.

Le dice, además, que no contó las verdaderas razones del chantaje de Miren.

No consiguen hacerle confesar, aunque tampoco lo niega, diciéndole Laura que no importa, pues su padre pensaba irse de todas formas.

Cuando ya tienen todo listo para su vuelta reciben una llamada y Fredo explica que la mujer del pub le llamó para despedirse, diciéndoles que él irá por su cuenta a la estación.

Diez minutos antes de la hora, Martín y ella se desesperan porque no llega Fredo.

Cuando llaman para subir al tren llega Javier, que le dice que le llamó Fredo, diciéndole Laura que quería despedirse, pero no se atreve a seguir. Se da la vuelta y avanza hacia el tren sin decir nada más.

Mientras la ve avanzar él la llama y le da las gracias.

Cuando ella finalmente se gira, él se cuela pese a no tener billete y avanza hacia ella, que también comienza a andar hacia él. Se abrazan, y, finalmente, se besan.

Llega finalmente Fredo, que al verlos dice: "predestinamiento".


Buenos Aires en la actualidad


Laura lee la carta de su padre en el hospital, viendo que ella le dice que sabe que en el viaje de vuelta su cabeza debía estar ocupada con Javier y por eso no le pareció extraña su desaparición de aquel día, en que no fue a ver a una mujer, sino a Antonio, a la cárcel.

Este le dijo entonces que era muy listo, pero solo a medias, pues si bien era cierto que pagó a Miren para que se fuera y que contactó a Germán para que matara a Félix, lo hizo porque otra persona se lo había encargado a él, el propio Félix, que le pidió que acabara con él y que debía parecer un asesinato.

Había encontrado una bala en el buzón de su casa y supo que iban a por él y no podía vivir pensando que podrían matarlo en cualquier momento, o que, no le mataran y tener que vivir toda una vida despreciado por Elvira y sin poder tocar a Laura, pues sabía que ellas nunca le perdonarían.

Antonio le recomendó que se marchara, pero Félix sabía que si se iba las dejaría sin nada y perdería la casa y pensó en contratar un seguro de vida para poder dejarles algo, aunque para que pudieran cobrar el seguro no podrían matarle y hacer desaparecer su cuerpo, pues en ese caso no cobrarían el seguro.

Félix no sabía lo que él sentía por Elvira.

El dinero lo sacó el propio Félix y con él pagaron a Germán.

Antes de morir le pidió que les dijera que le perdonaran y que las quería mucho.

No sabía que su hermano haría desaparecer su cuerpo, y que, por el contrario, si lo hubieran ejecutado sus enemigos lo habrían exhibido como un trofeo.

Antonio le pidió a Fredo que hiciera saber a Laura que su padre la quería hasta el punto de llegar a hacer lo que hizo.

Pero Fredo no se lo contó antes por miedo de repartir su amor con su padre, pues hiciera lo que hiciera nunca llegaría a estar a su altura, y cree que su percepción sobre él cambiará al enterarse de la verdad, pero que, para cuando deje de quererle, él ya estará muerto.

Llaman a la puerta de la habitación. Es Javier, visiblemente más mayor que le dice que deben irse ya, haciéndolo cogidos de la mano.

Calificación: 3