Haz clic aquí para volver a la página de inicio




Bienvenido a mi página de cine

El año del diluvio

España - Italia (2004)

Duración: 100 Min.

Música: Carles Casas

Fotografía: Jaume Peracula

Guión: Eduardo Mendoza y Jaime Chávarri (N.: Eduardo Mendoza)

Dirección: Jaime Chávarri

Intérpretes: Fanny Ardant (Sor Consuelo), Darío Grandinetti (Aixelá), Ginés García Millán (Balaguer), Eloy Azorín (Bartolo), Pepa López (María), Francesc Orella (Cabo Lastre), Sandra De Falco (Ecónoma), Rosa Novell (Hermana Lectora), Francis Lorenzo (Moisés), Miquel Gelabert (Boix).

Años 50. Tras ser nombrada Superiora del convento de las hermanas de la Caridad de San Ubaldo de Bassora, de las que depende el ruinoso hospital de la localidad, Sor Consuelo, decide transformarlo, ante la inminente construcción de otro hospital en la región, en un asilo de ancianos, para lo que acude a solicitar la colaboración del terrateniente local Augusto Aixelá.

Los contactos con el, en principio poco receptivo Aixelá se irán repitiendo a lo largo del caluroso verano, haciendo que nazca entre la monja y el terrateniente una atracción que lleva a Sor Consuelo (a la que él llama por su nombre real, Constanza) a plantearse solicitar a sus superioras que la trasladen a un nuevo destino, en un centro de clausura.

Entretanto la situación ya precaria del hospital se complica debido a una fuerte tormenta, tras la que todo quede inundado, debiendo atender a los enfermos en medio del agua, muriendo en esas circunstancias una mujer al dar a luz a un niño, que pese a todo sobrevivirá y al que pondrán el nombre de Moisés (salvado de las aguas).

Decidida a abandonar el convento para ir a su nuevo destino, Sor Consuelo va a despedirse de Aixelá, no pudiendo evitar caer en sus brazos, tras lo cual decide fugarse con él.

No podrá hacerlo. Abordada por Bartolo, jardinero y tonto del pueblo, se ve obligada a atender al jefe de los maquis de la región, herido en un enfrentamiento con la guardia civil.

En precarias condiciones, y apremiados por la próxima llegada de los guardias locales, reforzados con otras fuerzas de la provincia y falangistas, Sor Consuelo debe atender al malherido Balaguer, del que ignoraba su condición de fugitivo.

Balaguer le confiesa que interceptó la carta que envió a su superiora, y por ello no obtuvo respuesta. Le manifiesta también su aprecio por su labor recomendándole que se olvide de Aixelá, un mujeriego que la olvidará tal como hizo con tantas otras mujeres antes.

Finalmente la llegada de la guardia civil le impedirá escapar, siendo ejecutados los miembros del grupo, incluido Bartolo, allí mismo, salvando su vida Sor Consuelo, que trató de ayudarlos a escapar disparando al aire, al identificarse ante el Cabo Lastre.

Pero no podrá volver, como esperaba, con su amado, pues este ya se marchó.

De vuelta al convento reciben una gran noticia. Un donante anónimo les ha ingresado los cuatro millones de pesetas que necesitaban para transformar el hospital en asilo. Y Sor Consuelo, que sabe que ese dinero proviene de los maquis y no de Aixelá no dice nada.

Muchos años después, ya anciana, Sor Consuelo llega al asilo, donde es recibida con gran alegría por haber sido ella la que consiguió que este se llevara a cabo. Ha viajado mucho y gracias a su tesón ha inaugurado nuevas instalaciones en muchas provincias.

Le atiende el médico del asilo, que es Moisés, el bebé nacido durante las inundaciones. Y este, miembro de la familia de los Pelones, como Balaguer, le cuenta algunas cosas.

El dinero, fue donado, como ella sabía por los maquis, fruto de sus robos, y no, como todos daban por hecho, por Aixelá, al que erigieron un busto en la entrada. Pero sí procedía de Aixelá, al que se lo robaron los guerrilleros.

Finalmente arruinado, Aixelá se vio obligado a recurrir a la caridad del asilo para terminar en él sus días, tal como le pasa a la propia Constanza, que reconoce que jamás olvidó aquel amor.

Calificación: 2