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El arreglo
El arreglo

España (1983)

Duración: 103 min.

Música: Francisco Esteve

Fotografía: Andrés Berenguer

Guion y Dirección: José Antonnio Zorrilla

Intérpretes: Eusebio Poncela (Crisanto Perales), Isabel Mestres (Maricruz), Pedro Díez del Corral (Leopoldo Brihuega / "Leo"), Mamen del Valle (Ana Gascón), Francisco Portes (Alberto Toledano), José Luis Barceló (Comisario Rufino), Pilar Alcón (Magdalena), Carmen Rossi (Parisina).

Crisanto Perales llega a la pensión de Doña Modesta, viendo, que tras su ausencia le han cambiado la habitación, señalando la patrona que le gustaría coger al que le abrió la cabeza.

Va a tras ello a comisaría, donde es recibido por el Subcomisario González.

Perales, al que todos conocen como Sultán, se reincorpora obteniendo para empezar el caso de la desaparición de un confidente al que llaman el Malayo, que piensan debió morir por un ajuste de cuentas.

Antes de salir se encuentra en el aparcamiento con un compañero y amigo, Leo, al que le cuenta que consiguió salir de la clínica después de 26 meses, afirmando encontrarse bien, trabajando ahora para el "Tigre", adivinando Leo que le han asignado lo del Malayo, que le dice no es algo para él, pues lo suyo es los estupefacientes, recordando los viejos tiempos cuando trabajaban como "los Intocables".

Cris le dice que oyó en televisión que va camino de ser el comisario más joven de España.

Como llevan la misma dirección van juntos en el coche hacia la cafetería VIPS de la calle Velázquez, donde había quedado con el Subcomisario, escuchando de pronto por la radio que ha habido un atentado en el VIPS de Velázquez, por lo que ponen la sirena temiéndose lo peor, identificando de inmediato al llegar a la víctima, el Subcomisario, al ver las suelas desgastadas de sus zapatos.

Se despierta en la pensión, asustado.

Recibido por el Comisario, ve cómo este recibe los efectos personales del Subcomisario, recordando que estaba a punto de jubilarse, lamentando Perales haber tenido que vivir la muerte de los dos primeros de su promoción en el Norte, y ahora el del Tigre, conminándole su jefe a seguir trabajando, aunque piensa disolver el grupo del Subcomisario, pues no sabe cómo encajarlo sin él.

Mientras el Comisario habla por teléfono él repara en que sobre la mesa tiene un ejemplar de "El País" donde hablan precisamente de él, recordando sus amoríos con una chica de coro, ahora primera actriz de revista, no entendiendo Cris cómo están tan enterados de su vida, informando que es el encargando del asunto Malayo, lo que, indican, servirá para dar carpetazo a un asunto que parecía oscuro desde el principio, sugiriendo que tras este hay algo más que un crimen, indignándose al leerlo.

Baja tras ello a los archivos, y le informan sobre Alberto Toledano, que estuvo en el Felipe y en el PC en el pasado.

En el archivo ve a una compañera, Maricruz, extrañándose que prefiera estar allí que en la calle, diciendo ella que ya estaba harta de que la disfrazaran de puta cada noche, aunque le conoce y sabe que en el 71, cuando tras una actuación en Tarragona le regalaron el turbante, lo que le supuso el apodo de Sultán.

Le informan que no tienen nada sobre quién pagaba a Malayo ni cuánto, pues el pago a confidentes se hace con cargo a fondos reservados.

Va hasta una zona de prostitutas y habla con un travesti y le pregunta por la Kaoba, contándole que se mató en la M-30.

Va tras ello a un prostíbulo y habla con la encargada, que se queja de que todo le va mal ahora pese a la clientela que tuvieron en el pasado, diciéndole que de las prostitutas de su tiempo ya no queda ninguna, pues ahora ya no va gente con posibles.

Va tras ello hasta "El País" abordando a Alberto Toledano cuando sale, presentándose como el franquista degenerado del que hablaba en su artículo.

Van a un bar y le pide explicaciones, sugiriendo el periodista que lo del Subcomisario González puede ser algo más complicado que una simple muerte.

Pero él no está de acuerdo con las sugerencias de que le dieran el caso a él para enterrarlo, pues lo lógico es que un tío con sus antecedentes, por el contrario trate de esforzarse para resolver el caso y poder sacar su carrera adelante, asegurándole que durante los dos años de hospital ni tomó un trago ni ha jugado al póker, asegurando que va a encontrar al Malayo o al que lo mató, asegurándole que sigue siendo el mejor policía de calle del escalafón y que no lo es de despacho porque no quiere.

Cuando se despierta al día siguiente tiene una pesadilla y se despierta con convulsiones, escuchando cómo Doña Modesta le cuenta a su empleada que Crisanto se jugó hasta la camisa y que por culpa del juego le dejó su mujer y le embargaron el sueldo, teniendo aún una parte de este embargada para pasarle la pensión a su mujer.

Acude a recoger una fe de vida, coincidiendo allí con una chica que le echa una mano, pues es de una gestoría y gracias a ella se la entregan, pues no estaba el encargado. A la salida se presenta a Ana Gascón, administrativa de la gestoría, que se ofrece a llevarlo en su Dos Caballos, pero está tan cascado que no arranca.

Va a hablar con uno de sus confidentes, Macario, que le da la pista de la Parisina, la compañera del Malayo, a la que dice no le falta el dinero desde que este desapareció.

Va a verla y le pregunta si antes de que desapareciera notó algo raro, viendo que ella lo conoce, pidiéndole ayuda para que le devuelvan la ropa de su marido.

Cuando se marcha ve fuera a dos golfillos, el Polilla y Fittipaldi que llevan uno de los pañuelos del Malayo, y se lo compra.

En Comisaría solicita el expediente de la Parisina, pero este no figura en el archivo.

Acude tras ello a ver al "Piernas", organizador de peleas de gallos, que se asusta al verlo, diciéndole él que esté tranquilo, pues no ha ido a vengarse por el botellazo, aunque a cambio le da una hora para buscar algún dato que le permita cerrar el caso.

Mientras espera recuerda aquellas peleas de gallos a las que acudía y donde apostaba, y donde le dieron el botellazo.

Le dan tras ello el chivatazo de que el Malayo está enterrado en el basurero de Alcobendas junto a una chabola, asegurándole que hay gente importante en el ajo.

Gracias al chivatazo poco después la policía desentierra en efecto un cadáver, y el comisario lo felicita, pues le asegura que incluso dentro de la casa había gente que dudaba de él, que sin embargo ha conseguido resolverlo en muy poco tiempo y le anima a seguir así para poder relanzar su carrera.

Pero luego ven por las huellas que el muerto no es el Malayo, y que de hecho son las de un tipo cuyas huellas no están en el archivo y los del gabinete de prensa quieren saber antes del telediario quién es el muerto, diciéndole Crisanto que diga que es el Malayo hasta el día siguiente, pudiendo echarle a él la culpa.

Crisanto regresa a ver a la Parisina, a la que le entrega el pañuelo que le dieron los chavales, y le dice que estaba entre los efectos personales del muerto, viendo cómo ella por primera vez parece venirse abajo y llora mientras dice "ellos me lo han matado", reconociendo que ella le decía que no podía fiarse de ellos, que no eran buena gente, pero que él insistía en que eran buena gente y que ella estaría como una reina.

Él le pregunta quiénes le habían asegurado que no le iba a pasar nada, pero ella reacciona mandándole marcharse y echándole una maldición.

A la salida ve a uno de los golfillos al Polilla espiando a la vieja y le dice que estará a la una en los billares.

Vuelve al depósito, donde coincide nuevamente con Leo, al que le cuentan que la Asociación de Derechos Humanos identificó ya al cadáver como Camilo Aguado, un terrorista buscado internacionalmente por secuestro de aviones, raptos, asesinatos, asalto a embajadas, etc.

Pero Leo le muestra un artículo de Toledano, que no se tragó que el muerto fuera el Malayo, temiendo Crisanto que eso le cree problemas con Rufino, el Comisario.

Le muestra también un artículo en que sale Sebastián Guzmán, un mafioso, antiguo traficante a quien no pudieron capturar, y al que ven de crucero con un ministro, aunque Crisanto le recuerda que si no pudieron en su día detenerlo fue porque tenía detrás también a un ex ministro.

En los billares el chaval le cuenta que en cuanto se fue él salió la Parisina hacia un chalet del Viso, donde había una empresa: la Americana de Exportaciones.

A las 6 va a la gestoría a esperar a Ana, a la que invita a pastel de manzana después de acompañarla a comprar una muñeca para su sobrina, contándole la chica que echa de menos su pueblo, y en especial a su gato y a los animales.

Va tras ello al teatro donde actúa como vedette Magdalena Sastre, yendo a su camerino, donde le regala un mechero, aunque ella se muestra fría pese a interesarse por su salud, tras lo que le dice que piensa que deben dejarlo. Que dos años atrás necesitaba de alguien que le echara una mano y él la ayudó mucho, pero que aquello se acabó aunque entonces le ayudara.

Tras ello Crisanto vuelve a beber y se emborracha, cayendo al suelo sin sentido en el canódromo, donde volvió a apostar.

Despierta en la pensión, echándole la bronca Doña Modesta por el estado en que llegó y asegurándole que si no cambia lo echará, diciéndole tras ello que ha tenido 5 llamadas de Don Rufino.

Cuando va a verlo este se muestra indignado, pues su falsa información le ha supuesto quejas de la prensa, de Televisión Española, una interpelación parlamentaria y un escrito de un juez donde hablan de la posibilidad de procesarlo por abuso de autoridad y difusión de falsos rumores, y le dice que por su culpa se le ha echado encima todo el mundo, pues en vez de encontrar al Malayo o a su asesino, que es lo que tenía que hacer, encontró al terrorista internacional, lo cual era competencia de Leo, por lo que le da 48 horas para acabar con esa historia, debiendo dar las gracias de que no le abra un expediente.

A la salida, y tras haber aguantado la bronca se para para tomar aire frente a las secretarias, viendo un teletipo donde hablan de la Parisina, yendo hasta su casa, donde encuentra a la policía y a la gente expectante frente a su casa. Especulando con que murió por un estallido de gas.

Le cuentan una vez allí que atropellaron también a un crío, observando que el cuerpo de este es el de "el Polilla".

Va tras ello a un bar donde pide varios coñacs con los que se moja la boca y la ropa, simulando estar muy borracho, pidiéndole a un compañero que lo lleve a casa, observando que los sigue un furgón.

Le hace bajarle en un lugar donde puede escabullirse y despistar a sus posibles perseguidores, tras lo que visita a algunos amigos, un perista, un cerrajero y a un mecánico para pedirles ayuda.

Va luego a la clase de baile de Ana a verla.

Con sus amigos y con Maricruz, que de nuevo debe vestirse de prostituta van hasta la Americana de Exportaciones, colándose en la misma Cris con el viejo Atanasio y otro de sus compañeros, mientras el tercero espera fuera con el coche y mientras Maricruz entretiene al guardia.

Atanasio que tiene una gran experiencia con todo tipo de cerraduras, incluidas las de las cajas fuertes, debiendo abrir la puerta de una sala que tiene ese tipo de apertura mientras el perista busca entre los archivos documentación.

Tras la misteriosa puerta Crisanto encuentra una auténtica sala de tortura.

Luego el perista fotografía los documentos y fotos que había entre ellos antes de tener que salir a toda prisa para no ser vistos.

Analizan luego la documentación ayudados por Maricruz, viendo todo tipo de subvenciones a la prensa, las conexiones de las Fuerzas Armadas y el 23 F, simpatizantes de diversos Ministerios, etc.

Ven también la foto de Camilo, que en realidad era director de un diario, y no un terrorista, dudando que Leo hubiera sido capaz de dar con alguien tan importante, aunque lo que ahora deben investigar son quiénes son Rio Grande y D -1.

Simulando estar borracho llama a Alberto Toledano y lo insulta por haber descubierto su engaño respecto al cadáver aparecido.

Va luego a una bodega y le entrega al camarero un sobre diciéndole que si no vuelve en una semana lo eche al correo, yendo dirigida a Toledano, recogiendo allí unas fotos hechas por su amigo con una Polaroid frente a la empresa esa mañana.

Va luego a ver a Ana en su oficina, llevándole una falda y diciéndole que pronto la llamará e irán juntos al campo y a ver animales.

Va luego a ver a Tristán, un sudamericano, que al mostrarle su placa le dice que ya les dijo mil veces que no es un terrorista y que no ha hecho nada, ni robar bancos, ni matar a una chica ni falsificar dólares, como tampoco lo era Camilo, asegurando que él es solo un actor.

Cristanto le dice que solo quiere preguntarle por quiénes son Rio Grande y D-1, mostrándole las fotos de Polaroid, pero al verlas Tristán sale corriendo y se encierra en el baño, de donde Crisanto ve que sale sangre, viendo al abrir que el hombre se ha suicidado.

Muy enfadado, Crisanto comienza a destrozarlo todo cuando regresa a la pensión, yendo de nuevo a ver a Toledano al que le cuenta que le llamó por la mañana simulando estar borracho para salvarle la vida, pues le van siguiendo desde que salió de la clínica, advirtiéndole que si enteran de que le ayuda es hombre muerto.

Le cuenta tras ello sus pesquisas, diciéndole que todo partió de una embajada sudamericana en Madrid donde recibieron instrucciones por telegrama con la consigna de arrestar e interrogar a Camilo Aguado.

El agregado militar de la embajada contactó con un policía de servicios especiales, Leo, el cual reclutó a uno de sus confidentes, Malayo para ocuparse de Camilo, al que detuvo valiéndose de la placa de Leo.

Camilo fue interrogado bajo tortura en la sede de Americana de Importaciones por los conocidos como Río Grande y D-1, pero no resistió la tortura y murió, debiendo Leo y Malayo enterrar el cadáver.

A Malayo le ofrecieron a cambio de su actuación una hacienda en América, pero cuando llegó allí acabaron con él y con todos los que estuvieron a punto de descubrir el tema.

Crisanto le dice que obtendrá todas las pruebas si le matan, aunque le falta saber quiénes son Rio Grande y D-1, entregándole las fotos para que averigüe si son ellos, pidiéndole que le haga una llamada a una cabina a las 12, debiendo dar dos toques si no son ellos y tres si lo son, sonando en efecto 3.

Maricruz se empeña en ayudarlo, pese a que él no quiere que lo haga, pero ella piensa que Leo, como coautor y encubridor de un asesinato merece un castigo.

Pero Cris le dice que no pueden demostrar que el autor fue Rio Grande y que Leo lo sabía, diciendo ella que al menos a Leo lo tienen por lo de Camilo, lo que Cris dice, no es nada. Con eso solo lo trasladarán a una comisaría de segunda y Rio Grande podrá regresar a su país sin ningún problema.

Pero Maricruz dice que no pueden ser policías y asesinos a la vez, y que si no los meten en la cárcel deberían ellos darle un tiro, diciéndole Cris que tampoco ellos pueden ser policías y asesinos. Una cosa u otra, no las dos.

Le dice que no tienen fuerza para meterle en la cárcel, pero si para acabar con su brillante carrera, por lo que tratará de llegar a un arreglo entre compañeros.

Va para ello a verlo a su despacho, donde le espera con una pistola que dice lleva para evitar que se le dispare a él la suya mientras la limpia. Una de esas cosas que a veces suceden en las comisarías.

Le dice que sabe que echó una mano a Rio Grande para deshacerse de Camilo Aguado y de que acabaron con el Polilla, habiendo obtenido a cambio una paga extra de 10.000 dólares.

Leo le pregunta si puede demostrarlo, aportándole los papeles y fotos.

Le pide tras ello que desactiven la vigilancia a que le tienen sometido en la pensión por parte de su patrona y de Floren y elimine a rio Grande y a su jefe D-1 para pararles los pies y hacer justicia.

Leo dice que se limitó a cumplir con su deber e incluso evitó varias muertes, incluida la suya y que lo demás ocurrió sin su consentimiento.

Cris le asegura que si acaba con Rio Grande y su jefe, él no dirá nada y podrá ser el Comisario más joven de la democracia, pese a que Cris es el primero de su promoción tras la muerte de sus dos compañeros en el Norte, dándole para ello 24 horas, y diciéndole que podrá si lo desea utilizar la Goma 2 que reciben por valija diplomática.

Leo le dice que es mejor no perjudicar al cuerpo. Pues no le cree capaz de denunciar el asunto, y a pesar de todo él seguirá con su fama de borracho y así no podrá volver a estupefacientes como quería, pues él no le echará una mano aunque sea Comisario.

Crisanto vuelve a tener convulsiones mientras duerme, esta vez en la habitación de un hotel junto a las vías del tren.

Al despertarse pone la radio escuchando una información en que hablan de un atentado que sucedió esa mañana a las 8'30 cuando voló por los aires en su coche el Sr. González Sordo de Americana de Exportaciones, muriendo además de él su chófer.

Tras un desayuno americano atraviesa las vías mientras va escuchando la radio, cuando de pronto surgen, saliendo de un túnel dos personas con pasamontañas y armadas con metralletas que disparan contra él, que logra salvarse al tirarse al suelo.

Sabiéndose objetivo de Leo debe ocultarse, viéndose con Maricruz cerca del río, lamentando que su compañero, al que creía un amigo, en vez de aceptar el arreglo haya intentado acabar con él.

Maricruz le pregunta cómo lo van a hacer, preguntándose él por qué tiene que acabar él así, como un verdugo, aunque reconoce que tenía un plan por si acaso, señalando que deben acabar con él donde más seguro se crea y cuando menos se lo espere.

Ella le pregunta si tiene una coartada, señalando Cris que las coartadas son para crímenes de segunda y ellos van a montar otra cosa.

Va a buscar a Fittipaldi, y le pide ayuda para vengar al Polilla.

Tras ello acude a casa de Sebastián Guzmán, aquel antiguo narcotraficante y ahora hombre de negocios, para un asunto personal.

Le dice que necesita de su ayuda para saldar las cuentas que ambos tienen pendientes con Leopoldo Brihuega, algo que Guzmán en principio niega, asegurando que considera a Leo un excelente policía.

Perales coge entonces la fotografía de un muchacho que tiene sobre la mesa y le recuerda que murió en comisaría, y le recuerda que entonces se le abrió un expediente a Leo aunque no se pudo probar nada.

Cris le dice que él podría ponerle en contacto con otra persona que tiene una cuenta pendiente con Leo y podrían llegar a un acuerdo del que todos saldrían ganando. A cambio, ese "amigo", le dice, necesitaría un sitio seguro donde pasar la noche, dos cargadores, un silenciador y una metralleta.

El hombre teme que se trate de una trampa, pero Crisanto le dice que no lo es, pues él ya pagó su deuda con la muerte de Miguel, el muchacho de la fotografía.

Unos días más tarde Maricruz acude a la Dirección General de Seguridad con Fittipaldi, ahora bien vestido, de su mano, como si fuera su hijo, al que deja en la entrada, llegando Perales poco después.

Ambos se dirigen al sótano, donde están las instalaciones eléctricas, dejando allí a Maricruz mientras él sube arriba, hasta un cuarto con cosas abandonadas del antiguo régimen.

Cuando llega Leo, Fittipaldi emite una señal de aviso a Mari Cruz, que hace que el ascensor se detenga, inhabilitando el timbre de aviso.

Crisanto, armado con la metralleta espera a Leo arriba, y cuando el ascensor llega al piso abandonado, le está esperando Crisanto, que le dispara con la metralleta sin darle tiempo a reaccionar.

Tras ello sale a la calle, donde se limpia los zapatos antes de alejarse.

En plena carretera espera a Ana, que lleva su pequeña tartana, con la que irán a salir al campo como le prometió.

Calificación: 3