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El baile de los vampiros


Dance of the vampires / The feasless vampire killers (1966) * USA / Gran Bretaña

          También conocida como:
                    - "La danza de los vampiros" (Hispanoamérica)

Duración: 124 min.

Música: Christopher Komeda

Fotografía: Douglas Slocombe

Guión: Gerard Brach, Roman Polanski

Dirección: Roman Polanski

Intérpretes: Jack MacGowran (Profesor Abronsius), Roman Polanski (Alfred), Sharon Tate (Sarah Shagal), Ferdy Mayne (Conde von Krolock), Iain Quarrier (Herbert von Krolock), Alfie Bass (Yoine Shagal), Terry Downes (Koukol), Jessie Robins (Rebecca Shagal), Fiona Lewis (Magda).

El profesor Abronsius, estudioso de los murciélagos, y Alfred, su discípulo viajan hasta Transilvania donde aquel espera poder probar la existencia de los vampiros, pese a que sus compañeros de la universidad le tildan de loco.

Tras librarse de los lobos, y a punto de congelarse llegan a una posada, donde el profesor observa que tienen gran cantidad de ajos colgados, lo que le lleva a sospechar que están sobre la buena pista, pese a que los parroquianos niegan la existencia de vampiros.

La llegada de un jorobado a la posada para comprar montones de velas, hace sospechar a Abronsius, que le pide a Alfred que lo siga, seguro de que les llevará hasta el castillo.

Subido en el trineo del extraño personaje, observa cómo este se enfrenta a los lobos, que huyen de él, regresando de la persecución con la boca llena de sangre, y, aunque se cae por el camino y no llega hasta el castillo, están seguros de que lo hay.

Cuando encuentran a Sara, la hija de Shagal, el posadero dándose un baño en su bañera Alfred se queda prendado de ella, tanto que, aunque Shagal le prohíbe volver a hacerlo, ella, que adora el baño le pide permiso para hacerlo de nuevo a Alfred, que no puede negarse.

Tampoco puede evitar espiarla por la cerradura, viendo cómo entra por la claraboya un vampiro, que, tras morderla en el cuello se la lleva con él, ante la desesperación de Shagal que sale a buscarla, apareciendo al día siguiente él mismo muerto y con varios orificios.

Convencido de que lo han convertido en vampiro, Abronsius decide clavarle una estaca en el corazón para destruirlo, aunque antes de llegar a hacerlo Shagal vuelve a la vida y huye, aunque regresa por la noche para colarse en el cuarto de la sirvienta a la que acosaba.

Tras hacerse con unos rudimentarios esquíes, el profesor y Alfred van hasta el castillo en el que se cuelan esperando poder rescatar a Sara, siendo sorprendidos y encerrados.

Por la noche los visita el dueño del castillo, el conde von Krolock, indignado por su intrusión, hasta que Abronsius se presenta. El conde conoce su tratado sobre los murciélagos por lo que charlan sobre el tema. Invitándolos a pasar la noche en el castillo.

Al día siguiente, y mientras el conde duerme Alfred se cuela en la cripta, no pudiendo hacerlo el profesor que se queda encajado en la ventana, siendo Alfred incapaz de cumplir la misión de clavarle una estaca en el corazón, debiendo desistir de su empeño.

Buscando a Sara, a la que poco antes encontró como siempre en el baño, y que le contó que estaba preparándose para el gran baile de esa noche, se topará con Herbert, el hijo gay del conde, que parece muy interesado en Alfred al que está a punto de clavarle sus colmillos, lo que evita interponiendo un libro y luego siendo él quien le muerda.

Poco después observan cómo las lápidas del cementerio se abren y comienzan a salir sus moradores, recibiendo de nuevo la visita del conde que les asegura que ellos serán sus próximos adeptos, encerrándolos en un torreón, si bien conseguirán escapar gracias a un viejo cañón, tras lo cual acudirán disfrazados al gran baile de los vampiros.

Mientras bailan le explican a Sara que la salvarán, aunque cuando se disponen a hacerlo llegan ante un gran espejo, en el que solo se reflejan ellos tres, quedando al descubierto, debiendo huir en el carro de Shagal.

Ya a salvo, y lejos del castillo Alfred observa que Sara tiene la mano helada, no pudiendo evitar que esta, ya convertida en vampiro le muerda, consiguiendo de ese modo Abronsius al alejarse de Transilvania expandir por todo el mundo el mal que deseaba combatir.

Calificación: 2