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El cochecito
El cochecito

España (1960) *

Duración: 85 min.

Música: Miguel Asins Arbó

Fotografía: Juan Julio Baena

Guion: Rafael Azcona, Marco Ferreri (Novela: Rafael Azcona)

Dirección: Marco Ferreri

Intérpretes: José Isbert (Don Anselmo Proharán), Pedro Porcel (Carlos), José Luis López Vázquez (Alvarito), María Luisa Ponte (Matilde), Lepe (Don Lucas), Ángel Álvarez (Álvarez), Chus Lampreave (Yolanda), Antonio Gavilán (Don Hilario), Carmen Santonja (Julita).

Un anciano, Don Anselmo avanza con un ramo de flores hasta la tienda de su amigo, Don Lucas, encontrando a toda la familia de este enfadada y asustada, pues va a estrenar el cochecito que se ha comprado para poder ser autónomo.

Van a ir juntos al cementerio para llevar unas flores a sus respectivas esposas, estando feliz Don Lucas por poder llevarle las flores a su mujer después de año y medio sin poder apenas salir, asegurándole a su amigo que es casi mejor que unas piernas de verdad.

Don Anselmo va hasta el cementerio en un taxi y Don Lucas en su cochecito.

Una vez en el cementerio, Don Lucas reza por su mujer y dice que se alegra de que no le haya visto así, inútil, parando luego en el nicho de la mujer de Don Anselmo.

A la salida, Don Anselmo piensa en lo difícil que le será conseguir un taxi, diciéndole su amigo que vaya despacito, llamándolo egoísta, pues fue allí para acompañarlo, concluyendo Don Lucas en pedirle que suba con él, regresando así a casa.

Yolanda, su nieta, estudia francés, aunque como no tiene habitación propia, debe hacerlo en la de su abuelo, que se queja de que no le deje descansar.

En el mismo piso familiar, Carlos, el hijo de Don Anselmo tiene un bufete de procurador, en el que trabaja el novio de Yolanda, Alvarito como ayudante, que espera terminar la carrera de Derecho para poder casarse.

Don Anselmo queda con Lucas y sus nuevos amigos para ir al campo. Iba a llevar a su amigo, pero el coche se le calaba, y finalmente Don Anselmo tuvo que ir en autobús.

Tiene oportunidad de conocer a Julita y a Faustino, dos inválidos, que lleva cada uno su cochecito, aunque como Faustino no tiene brazos debe llevarlo ella a remolque.

Finalmente lo llevara Perico porque tiene un asiento detrás, al negarse a hacerlo el cascarrabias de Don Arsenio, pese a tener el coche con motor más potente.

En el campo comen, cantan y beben, asegurando Don Anselmo que lo está pasando muy bien, diciéndole Lucas que ahora comprenderá por qué no quiere quedarse en casa hablando con él, animándole todos a que se compre también él un cochecito.

Cantan al ritmo del violín que toca uno de ellos, siendo Don Anselmo el director del coro.

Cuando se le acaba el vino, deciden ir a comprar más al merendero y le piden a Don Anselmo que se quede allí hasta que regresen, pues no pueden llevarle, ya que la carretera está en mal estado, quedándose allí solo y triste.

Por eso, a partir de ese momento comienza a quejarse en su casa constantemente de que le duelen las piernas.

Una tarde les dice a sus familiares que va a un entierro, pero en realidad va a la ortopedia de Don Hilario para ver los modelos de sillas con motor.

Llega entonces una marquesa que tiene a un hijo, Vicente, impedido, y cuyo criado, Álvarez, que es el que empuja la silla del señorito es quien más prisa tiene en que les den el cochecito que tienen encargado y que es de dos plazas, por lo que deciden ir a la fábrica para reclamarlo, llevándose a Don Anselmo.

Llegado el fin de semana, la familia Proharán se dispone a pasar un día en la sierra, quedándose Don Anselmo en su casa arguyendo estar mal de las piernas, dándole su hijo un bastón que le prestaron y que su padre desprecia y tira cuando se marchan todos, quedándose él hojeando el nuevo el catálogo de cochecitos.

Va luego a la cocina, donde Asunción, la criada, se queja de que se quedara, dejándola sin su día libre, aunque Don Anselmo le dice que puede marcharse, pues va a salir, aunque le pide que no se lo cuente a nadie, diciéndole ella que como no iba a haber nadie le dijo a un primo que subiera a comer con ella, debiendo transigir y guardar su secreto para que ella guarde el suyo.

Va tras ello al Museo del Prado donde Faustino vende postales y mapas para los turistas, y allí Julita le hace un retrato mientras él habla con Álvarez, que le muestra el enfado de Don Hilario, pues no está bien que encargue un cochecito y no vaya ni a verlo.

Él le dice que su hijo no quiere saber nada, diciéndole Álvarez que él ha visto su cochecito y es el último modelo, diciendo que se acercará para dar una explicación.

Álvarez le insiste luego para que los acompañe al banquete que van a dar en casa de los marqueses, y aunque Don Anselmo muestra sus reservas, Álvarez insiste en que Don Vicente, le invita y nadie dirá nada, pues donde comen 300, comen 301.

Ha habido una cacería y realizan una fiesta tras ella, comiendo Don Anselmo con Álvarez y con Don Vicente en la cocina, acabando Don Anselmo tan lleno que no puede tomar ni el postre ni el estupendo jamón, saliendo tras ello a pasear al señorito, al que antes deben quitarle una langosta que quería llevarse, insistiendo Álvarez en que es como un niño, y que, aunque es anormal, se chiva de todo a su madre.

Anselmo está contento con su nuevo amigo, aunque está seguro de que en cuanto les entreguen el cochecito, se irá con los demás y se volverá a quedar solo.

Se realiza en el Retiro una competición de motorismo para inválidos, acudiendo Don Anselmo, ya que están allí todos sus amigos, e incluso su amigo Lucas compite, encontrándose con Don Hilario, que le ha llevado el cochecito, debiendo reconocer que no es para su hermano, sino para él, pero que su hijo no le permite comprarlo porque su médico le dice que si usa el cochecito se va a anquilosar, ofreciéndose Don Hilario a examinar sus piernas, diagnosticándole necrosis, tejido seco y falta de circulación, lo que le puede producir una gangrena y que si se le anquilosan las piernas mejor, pues en el año 2000 solo las utilizarán los futbolistas.

Le lleva luego a probar su coche, con un chico de la ortopedia detrás para mostrárselo y le explica que con pagar una entrada y luego unas letras, tendrá el coche y que lo mejor es darle a su hijo el hecho consumado.

Cuando llega a su casa se tira en el descansillo, y comienza a pedir socorro, por lo que deben llamar a Don Julio, el médico de la familia, que lo examina, y, aunque él insiste en que tiene las piernas muertas, el médico le dice que en las piernas no tiene nada, y cuando habla del coche el médico le dice que tiene unas piernas de ciclista, pero su hijo se da cuenta de su estrategia. Le explica al médico que se le ha metido en la cabeza comprarse un coche de paralítico, indicando el anciano que no se moverá de la cama hasta que tenga el coche, mientras el médico le insiste que si se compra el coche se anquilosará y dice que los viejos son como los niños y no se les debe hacer caso.

Su hijo le pide que se levante a cenar y no le haga enfadar, aunque Don Anselmo insiste en que lo que desea es no darle el dinero pese a que él le dio una carrera y vuelve a decirle gritando sin importarle que le oigan los vecinos que no se moverá de la cama hasta que se muera, diciéndole Carlos que si no se levanta se quedará sin cena.

Por la mañana Carlos y Alvarito van a llevarle el desayuno, pero él sigue enfadado y acaba tirándole el café encima a su hijo, que necesita el traje para una vista.

Accede a levantarse, pero amenazando con lo que le pueda pasar y asegurando que ya se las arreglará él con el coche.

Decide vender las alhajas de su mujer, que debía entregar a su nieta cuando se casara, consiguiendo así las 5.000 pesetas que necesita como entrada para el coche.

Cuando llega a casa, está ya allí el coche ya, llevándolo Carlos a su despacho, donde le pregunta de dónde llevaron el coche, diciendo él que de la caridad pública.

Carlos le pregunta por las alhajas de su madre, diciéndole que ha cometido un delito, y lo llama pródigo y ladrón, diciendo que le puede declarar irresponsable, aunque a Yolanda le da pena e intercede por él.

Carlos le dice que van a recuperar las alhajas y a devolver el cochecito.

Van por ello hasta la joyería, recuperando las joyas, aunque por 3.000 pesetas más.

Llevan luego el coche a la ortopedia, acusando al propietario de engañar a un hombre caprichoso, tratando Alvarito de llegar a un acuerdo amigable, advirtiéndole que son abogados, aunque Don Anselmo dice que Alvarito no terminó y su hijo es procurador.

Don Hilario se aviene a devolver las letras firmadas por Don Anselmo, pero no el dinero de la entrada, pues le ampara el código de comercio, por lo que perderán 8.000 pesetas.

Cuando se van, Don Anselmo le pide que le retenga el coche unos días hasta que consiga el dinero que le darán unos amigos, dándole el hombre tres días para ello.

Decide ir a hablar con sus nuevos amigos, viendo que Faustino está solo, explicándole que Julita lo dejó, y, aunque le da pena, él está obsesionado con el dinero para el coche, por lo que, tras sonarle a Faustino los mocos se marcha para ir a ver a Álvarez.

Este le dice que tiene ahorros, pero que los necesita para cuando se retire para irse a vivir a Pozuelo con una tía, sugiriéndole que se lo pida a su amigo Lucas.

Pero este, a pesar de tener la lechería se niega a ayudarle y le dice que le parece absurdo que quiera un cochecito con las piernas que tiene.

Alvarito, vestido de tuno, reclama su sueldo a Don Carlos, que se queja de que, al tener un sueldo fijo, tiene abandonada la carrera y quiere que se case ya con Yolanda.

Escuchan entonces a un empleado de Don Hilario que habla con su padre al que le dice, de parte de su patrón, que si no paga esa misma tarde perderá su derecho.

Al escucharlo, Carlos sale y lo echa, amenazando tras ello a su padre con llevarlo a un asilo, lo que le da mucha pena a Yolanda hasta que cae en la cuenta de que si lo llevan a un asilo, ella podrá heredar su habitación, pues está cansada de dormir en el comedor.

En el baño, Don Anselmo repara en una botella con veneno y, mientras está distraída la criada echa el contenido de la botella en la cazuela.

Va luego hasta el bufete de su hijo y descerraja el cajón donde tiene la caja con el dinero.

Con el cochecito recuperado va a ver a su amigo Lucas, preguntándole este quién le dio el dinero, diciéndole Don Anselmo que eso no importa, que lo importante es que pueden salir juntos, observando uno de los trabajadores de la lechería que es mejor que el de Don Lucas, pues tiene tres velocidades, aunque Don Lucas le dice que el suyo tiene mejor motor, pues quedó tercero en la carrera, compitiendo entre ambos.

Ahora está ya integrado en el grupo, aunque cuando se marchan, él prefiere quedarse con Faustino, pues le da pena, y le dice que él le ayudará a hacer las paces con Julita.

Van a verla, consiguiendo Don Anselmo convencer a Julita para que vaya con ellos, aunque no puede ocultar su resentimiento, pues, le dice a Faustino que ella quiere casarse y hacerlo cuanto antes, pues no desea perder más tiempo, diciéndole él que no quiere sacrificarla.

Reconciliados, regresan al Museo del Prado, para seguir vendiendo.

Realizada esa buena acción, Don Anselmo regresa hacia su casa, viendo cómo en su portal se arremolinan los curiosos, observando cómo se llevan a toda su familia, habiéndose salvado solo Alvarito, que lo observa todo, todavía vestido de tuno.

Don Anselmo no puede evitar llorar mientras suenan las sirenas de las ambulancias.

Se marcha apenado, dándole el alto dos guardias civiles que patrullan en bicicleta, a los que les dice que va hacia Navalcarnero, y los cuales, tras identificarlo le piden que se dé la vuelta y los siga.

Él les pregunta si le dejarán tener el cochecito en la cárcel, mientras los guardias que le escoltaban acaban agarrándose al cochecito para no tener que dar pedales.

Calificación: 4
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