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El crepúsculo de los dioses

Sunset Boulevard (1950) USA

          También conocida como:
                    - "El ocaso de una vida" (Hispanoamérica)

Duración: 110 min.

Música: Franz Waxman

Fotografía: John F. Seitz

Guion: Charles Brackett, Billy Wilder, D. M. Marshman Jr.

Dirección: Billy Wilder

Intérpretes: William Holden (Joe Gillis), Gloria Swanson (Norma Desmond), Erich von Stroheim (Max von Mayerling), Nancy Olson (Betty Schaefer), Jack Webb (Artie Green), Fred Clark (Sheldrake), Lloyd Gough (Morino), Cecil B. DeMille (Él mismo).

Suenan varias sirenas en Sunset Bulevard, en Los ángeles California.

El narrador informa que se trata de la Brigada de Homicidios acompañada por los periodistas, atendiendo al aviso de un asesinato en una mansión en la manzana 10.000.

La noticia saldrá en la prensa, radio y televisión porque está implicada una vieja estrella, aunque antes de que los columnistas de Hollywod la tergiversen y manipulen, el narrador quiere que conozcamos los verdaderos hechos.

Hay el cadáver de un hombre flotando en la piscina de la mansión con dos tiros en la espalda y uno en el estómago. Nadie importante, aclara el narrador, un simple escritor de guiones con un par de películas de segunda en su haber. El pobre imbécil siempre quiso tener una piscina y al final la consiguió. Sólo que aun precio un poco alto.

Explica que todo comenzó 6 meses antes.

Entonces el joven guionista vivía en un apartamento en la esquina de Franklin e Ivar y las cosas iban mal, pues hacía tiempo que no trabajaba para un estudio y aunque escribía dos guiones por semana, había perdido la imaginación y no se vendían.

Un día, mientras escribía llamaron a su puerta. Al abrir se encontró con dos tipos que preguntan por Joe Gillis, diciéndoles que están allí para llevarse su coche, un Plymouth convertible con matrícula de California.

Él les pregunta por qué habría de darles las llaves, respondiéndole uno de ellos que porque vencieron ya tres plazos y tienen una orden del juez, aunque él les dice que no lo tiene allí porque se lo dejó a un amigo para ir a Palm Springs, por lo que le dicen que si no está el coche allí al día siguiente tendrá problemas.

Necesitaba 290 dólares para no perder su coche, que tenía aparcado cerca, pero no en el garaje, porque temía que ocurriera eso. Estaba tras el negocio de limpiabotas de Rudy, el cual nunca preguntaba cómo te iba, pues le bastaba con ver tus zapatos.

Había entregado un guion a la Paramount y su representante le había dicho que no servía, pero conocía a un pez gordo llamado Sheldrake que era productor.

Este llama a supervisión de guiones para preguntar por el guion que les hizo llegar y relativo a un jugador de baseball, asegurando Joe que en la Fox están muy interesados en él, y que podrían rodarla por menos de un millón, pues tiene muchos exteriores.

Poco después llega Betty Schaefer, la supervisora de guiones con un resumen de dos páginas y asegura que no vale mucho, pues es un refrito de una obra de segunda.

Cuando Sheldrake le dice que está ante su autor, ella afirma que desearía que se la tragase la tierra, aunque le dice que es simple y muy vulgar, pues ella piensa que las películas deben querer decir algo, aunque luego dice que quizá no le gustó su guion porque vio su nombre y había oído de él que tenía talento, señalando él que eso era antes, pero que ahora tiene que trabajar para comer, recomendándole ella que entonces se dedique a otra cosa.

Sheldrake le propone hacerlo sobre un equipo femenino y añadir números musicales, aunque Joe no se toma bien la broma, proponiendo cambiar algo o añadir diálogos, pues necesita dinero, aunque su amigo le dice que no puede hacer nada.

Le pide entonces que le deje 300 dólares, pero Shaldrake le dice que compró un rancho y tuvo que hipotecarlo para pagar un seguro de vida con el que poder pedir otro préstamo, por lo que no puede dejarle el dinero.

Tras la conversación se fue al "cuartel general", como muchos conocían el establecimiento de Schwab, una especie de cafetería, local de tertulias y sala de espera, donde esperaban el milagro que hiciera caer el dinero del cielo.

Desde allí comenzó a hacer llamadas de socorro, primero a su representante, al que no localizó, luego a su amigo Artie Green, un ayudante de dirección que podría prestarle 20 dólares, aunque no eran suficientes en absoluto.

Llamó también a varios de la Metro, pero sin éxito, logrando localizar finalmente a su representante, que estaba sudando mucho, pero no por buscarle un empleo, sino porque estaba jugando al golf en Bel Air, y al que le pidió el préstamo, que este le niega,

asegurándole que las mejores obras del mundo se escribieron con el estómago vacío, y que si se deja llevar por la rutina estará acabado.

Él insiste en que necesita ese dinero para no perder el coche, diciéndole su agente que lo que necesita es otro agente.

De vuelta a la ciudad pensó que no le quedaba ninguna posibilidad y había llegado el momento de renunciar a su sueño y volver a casa.

Quizá vendiendo todos sus trastos conseguiría el dinero suficiente para un billete a Ohio. Allí quizá podría conseguir volver a la redacción del Dayton Evening Post y a su empleo de 35 dólares a la semana si aun existía, para regocijo de todo el personal.

Y mientras iba pensando en sus cosas, al parar en un semáforo vio que en el del sentido contrario estaban en un coche los hombres que fueron por la mañana a por las llaves de su coche, y que, al reparar en él giran y comienzan a perseguirle.

El reventón de una rueda le obliga a desviarse, llegando así a la entrada de una gran mansión decadente y que parecía desierta, viendo al final del camino un gran garaje vacío, un buen lugar donde esconder su coche embargado, aunque al entrar en él se dio cuenta de que había otro enorme coche importado con matrícula del año 32.

Pero no podía volver a su apartamento, por lo que pensaba ir a casa de Artie hasta que pudiera conseguir el billete de autobús para Ohio, y una vez en Dayton escribiría a la compañía diciéndoles dónde podían encontrar el coche.

Estaba pensando que era una casa enorme de la que construía la gente rica del cine de los años 20, cuando escuchó la voz de una mujer que desde detrás de una cortina le pregunta por qué se ha retrasado.

Sale entonces un mayordomo, Max, que le pide que entre, no queriendo escuchar su historia, y recriminándole por ir mal vestido para la ocasión, tras lo que le dice que si necesita ayuda con el ataúd él puede ayudarlo.

Se da cuenta de que se trata de una confusión, pese a lo cual continuó, siendo recibido por una dama vestida de negro y con gafas de sol que le dice que lo colocaron en la mesa de masajes junto al fuego y que lo enterrarán en el jardín si ninguna ley lo prohíbe, queriendo para él un ataúd blanco y completamente forrado de seda blanca, rosa o roa escarlata, un color alegre, viendo él que le habla de un chimpancé muerto.

Cuando la mujer le pregunta cuánto le costará, advirtiéndole que no le pagará un disparate solo por que sea rica, él le explica que se equivoca de persona, pues él está allí porque sufrió un pinchazo.

Al darse cuenta de la confusión ella le pide que se marche y él le da el pésame por su amigo, y le dice que no cree que el rojo sea una buena idea, dándose cuenta antes de salir que conoce a la mujer, pues es la estrella del cine mudo Norma Desmond.

Ella le dice que entonces el cine era grande de verdad y tenían los ojos de todo el mundo, aunque eso era poco para ellos y querían también los oídos y los directores y los ejecutivos, que se creen artistas y mataron a los ídolos, a lo que Joe le replica que no debe culparle a él, pues él no dirige, solo escribe.

Ella le vuelve a pedir que se marche, aunque de pronto cambia de opinión y le pide que espere, pues desee que repase su guion.

Él se fija en su enorme salón con un piano que el viento hace sonar.

Ella le pregunta cuántas páginas tiene un guion en la actualidad, pues ha escrito un guion con la historia de Salomé que quiere que dirija DeMille, con el que trabajó en varias películas.

Para ella no es un retorno, dice enojada cuando se lo dice él, sino una reaparición ante sus millones de admiradores que no le perdonaron que les abandonara.

Norma le pide que lea su guion y él decidió aceptar, aun estando seguro que iba a ser muy malo, estando escrito además con muy mala caligrafía, aunque mientras empezaba a ojearlo Max les llevó caviar y champán.

Comenzó su trabajo bajo la molesta mirada de Norma, que no le quitaba ojo mientras fumaba sus cigarrillos con una extraña boquilla.

Poco después llegó el hombre que esperaban con el ataúd, haciéndose todo de forma muy solemne, pensando Joe, burlón que debió ser un chimpancé importante, tal vez el bisnieto de King Kong.

Sobre las 11 de la noche empezó a sentir algo en el estómago, por el champán y por lo que estaba leyendo, un absurdo batiburrillo de tramas melodramáticas, aunque para entonces él ya empezaba a idear una estrategia, diciéndole a Norma que es fascinante, aunque un poco largo y con repeticiones debido a que no es una escritora profesional.

Ella dice que lo escribió con el corazón, y él le dice, adulador, que se nota y por eso es tan bueno, aunque le sugiere que tenga algo más de diálogo, diciendo ella que no es necesario, pues sus ojos lo dicen todo y no dejará que se lo estropeen, diciendo él que debe adaptarlo alguien experto, diciendo ella que tendría que ser alguien de confianza.

Le pregunta de qué signo es, y cuando le dice que Sagitario, ella le dice que le gusta y cree que puede confiar en él, encargándole el trabajo, aunque él le dice que no puede, pues acaba de terminar un guion y tiene otro encargo.

Él le dice que es muy cotizado y gana 500 dólares por semana, diciendo ella que le pagará lo que quiera, pero deberá terminarlo allí, pues no le dejará sacarlo de allí, por lo que le pide que se quede en la habitación que tienen encima del garaje.

Joe estaba contento de cómo había lanzado el anzuelo.

Max lo acompaña a su habitación y le dice que cambió la cama esa tarde, preguntándole él cómo sabía que se iba a quedar, aunque no le responde.

Al hablarle de Norma Desmond, Max le dice que ella fue la mejor y recibía 17.000 cartas en una semana y acosaban a su peluquero por conseguir un mechón de su pelo, habiendo ido un marajá expresamente de la India a pedirle una de sus medidas y después se estranguló con ella.

Joe reflexiona y piensa que toda la casa parecía haberse detenido. No había seguido el ritmo del mundo exterior y se desmoronaba a cámara lenta.

Desde su ventana vio una antigua pista de tenis ya medio destrozada y una piscina vacía donde ahora anidaban las ratas.

Ve también desde allí cómo con gran ceremonia sacan el ataúd con el mono para enterrarlo como si de un hijo se tratara, preguntándose si era debido a una vida vacía.

Esa noche tuvo una pesadilla con un organillero y un mono que bailaba y pedía.

Al despertarse vio que la habitación ya no estaba vacía. Alguien había llevado todas las cosas de su apartamento, sus libros, su máquina de escribir y su ropa.

Corrió hacia la casa, desde donde salía la música del órgano que vio tocaba Max, al que le pregunta qué hacen sus cosas allí, diciendo Max que él mismo las llevó, diciendo Norma, sentada en un sofá al lado, que se lo ordenó ella.

Él se enfada. Le dice que se ha comprometido a ayudarle con su guion, pero que eso no le obliga a quedarse allí, respondiéndole Norma que le gustará, respondiéndole él que tiene su propio apartamento, pero Norma le dice que debía tres meses de alquiler, aunque, le dice, ya lo ha pagado ella.

Él le dice que se lo descuente de su sueldo, aunque ella le dice que no quiere detenerse a hablar de esas pequeñeces.

Joe se resiste aún, preguntándole ella si quiere el trabajo, debiendo aceptar.

Pensó que si se daba prisa podría terminar el trabajo en un par de semanas, pero no era fácil dar coherencia a aquellas alucinaciones desenfrenadas y además ella estaba siempre rondándole vigilante, temiendo que estropeara su producto y cuando cortaba alguna escena, diciendo él que debía salir menos para que no se cansaran de ella, algo que ella cree no sucederá, pues recibe cartas cada día rogándole fotos o autógrafos.

Ciertamente la casa estaba abarrotada de "Normas Desmond", pues había cientos de fotografías por todas partes y además varios días a la semana Max levantaba una cortina tras la que había una pantalla y veían una película muda de ella.

Norma se sentaba entonces a su lado, obligándole a oler un perfume que no le agradaba, y a veces le cogía del brazo y se emocionaba al verse a sí misma en pantalla, señalando que en el cine contemporáneo, con las palabras, se olvidan de los gestos y dice que ella volverá a la gran pantalla y mostrará al mundo lo que es una estrella.

A veces jugaban al bridge con amigos actores del cine mudo como Buster Keaton, H.B. Warner y Anna Q. Nilsson, con los que se jugaban algunos céntimos.

Durante una de esas partidas, llegaron un día a la casa dos personas, observando Joe cómo Max hablaba con él.

Le informa que esos hombres habían ido a llevarse su coche, pidiéndole a Norma dinero para evitar que se lo lleven, aunque ella no está dispuesta a interrumpir su partida por algo tan trivial, por lo que Joe debe resignarse a ver cómo se lo lleva la grúa.

Sale entonces Norma, a la que no le parece importante, recordando él que fue por ese coche a su casa, diciéndole ella que no lo necesita, pues tienen un Isotta Fraschini, que dice le costó 25.000 dólares.

De hecho, tras darle brillo, Max lo puso en marcha y empezaron a dar paseos por los alrededores con Max como chófer con un coche que llamaba la atención, por su tamaño, porque estaba tapizado con piel de leopardo y tenía un teléfono chapado en oro.

Durante uno de esos paseos Norma le dijo a Joe que estaba harta de verle con la misma ropa de mala calidad, pidiéndole a Max que los llevara a la mejor tienda de ropa de la ciudad, aunque él se muestra orgulloso y dice que no necesita que le compre la ropa.

Pero ella le compra trajes caros, incluyendo un smoking y un abrigo de piel de camello, sugiriéndole el dependiente que ya que lo paga la señora debía comprarse el de vicuña, pues era mejor y más caro, haciéndole caso pese a sentirse al principio ofendido.

La última semana de diciembre comenzó a llover desmesuradamente. Había goteras en el techo de su habitación y tuvo que trasladarse a la casa pese a su negativa inicial, pues en su cuarto se sentía libre.

Se instaló en la habitación de sus ex maridos, pues Norma estuvo casada tres veces, observando que la puerta non tiene cerradura, haciéndole ver Max que no hay ninguna cerradura en toda la casa porque así lo sugirió el médico de Norma, ya que pasa etapas de melancolía e incluyo algún intentó de suicidarse.

Joe no entiende su estado, ya que ganó mucho dinero y aún recibe muchas cartas, diciéndole Max que ella no se fija de dónde son los matasellos, haciéndole entender que es el propio Max quien las envía.

Fue unos días más tarde, en su fiesta de Fin de Año, cuando descubrió lo que sentía por él, que se pregunta cómo no se dio cuenta antes.

Cuando llegó al salón entonces con su smoking, Norma bailaba al son de una orquesta contratada para la ocasión.

Le da una copa de champán, preguntando él si no esperan a los demás.

Ella brinda y lo saca a bailar, inclinando su cabeza sobre el hombro con los ojos cerrados, y cuando él le pregunta a qué hora llegarán los demás invitados, ella dice que no los habrá, pues no quiere compartir esa noche con otros, que es solo para los dos.

El tiempo pasaba lentamente y Joe se sentía preso mientras ella le decía que se avecinaba un gran año. Que podrían abrir la piscina o ir a su casa de Malibú y para cuando acabara la película le compraría un gran barco e irían a Hawái.

Le entrega tras ello un regalo, una pitillera de oro macizo que él rechaza, diciéndole ella que es rica, y tiene más dinero que los nuevos actores, pues tiene un millón de dólares, tres bloques en el centro y un pozo de petróleo e Bakersfield para que puedan comprar lo que quieran, estallando él y pidiéndole que deje de hablar en plural y le pregunta por qué lo considera suyo, preguntándole si nunca se ha planteado que pudiera gustarle otro tipo de vida o incluso que podría estar enamorado de una chica y que él no sirve para ella, que quiere a un Valentino con carrera y dinero.

Norma concluye que lo que desea decirle es que no quiere que lo ame y lo abofetea, tras lo que sube a su habitación, indignada, mientras abajo la orquesta sigue tocando y Max sigue preparado para servirles cuanto champán deseen.

Joe decide marcharse, aun no sabiendo dónde ir. Solo sabía que necesitaba tratar con gente de su edad y volver a escuchar risas.

Fuera llovía copiosamente y comenzó a hacer autostop, consiguiendo que finalmente lo cogieran, pensando entonces en Artie Green, que seguramente daría una fiesta de fin de año en su casa, como así es en efecto, encontrando la casa de su amigo llena de gente que canta feliz, alegrándose Artie de verlo, diciéndole que ya le echaba de menos y había estado a punto de preguntar en personas desaparecidas.

Le pregunta si podría quedarse allí unos días, diciéndole Artie que tienen un sofá libre.

Artie le presenta a su novia, que descubre que no es otra que Betty Schaefer, la encargada de repasar los guiones para Sheldrake.

También ella se alegra de verlo y le dice que tras su conversación se sintió un poco culpable y leyó algunos de sus guiones y que hubo una parte de uno de ellos, "Ventanas oscuras", que le gustó mucho, una parte que trataba sobre una maestra, sugiriéndole que utilice ese personaje.

Joe no puede evitar sentirse atraído por la muchacha, estando a punto de besarla cuando les interrumpen unas muchachas para decirle que ya puede utilizar el teléfono por el que había preguntado antes.

Llama a Max y le pide que meta toda su ropa vieja y su máquina de escribir en una maleta porque enviará a alguien a recogerla, aunque Max le dice que no puede atenderle, pues está allí el médico, pues Norma cogió una cuchilla y se cortó las venas.

Sintiéndose culpable por lo sucedido decide marcharse de nuevo hacia la mansión, donde al llegar ve que se marcha el doctor, corriendo él al cuarto de ella mientras abajo siguen los músicos tocando sin inmutarse e ignorantes de lo ocurrido.

Cuando llega arriba ve que tiene vendadas las muñecas y le quita los zapatos, pues estaba acostada con ellos mientras le pregunta qué tontería hizo, diciendo ella que enamorarse, tras lo que le pide que se vaya, pues su chica le espera.

Él se excusa y le dice que no quiso herirla, pues fue la única persona de la ciudad que fue buena con él, diciéndole ella que le dé las gracias y se vaya, diciendo él que solo si le promete que no volverá a hacer tonterías, aunque ella asegura que volverá a hacerlo, mientras llora.

Él se siente conmovido y se acerca a ella y le desea Feliz Año Nuevo. Ella le desea también Feliz año nuevo y lo atrae hacia ella, no poniendo él ahora ninguna resistencia.

Betty le llama repetidamente a la mansión, pero Max le dice que no puede darle información alguna sobre él y le pide que no vuelva a llamar.

Finalment Norma le pide a Max que lleve el guion a la Paramount y se lo entregue a DeMille en mano mientras Joe se baña en la piscina, ya recuperada, como ella le dijo, diciendo que ese es el día ideal entre DeMille y ella, y además el director le dijo que era su mayor estrella, preguntándole Joe cuándo se lo dijo. Ella reconoce que hace años que sucedió, pero que está mejor que nunca gracias a la felicidad.

Ella le enseñó también a bailar el tango, y a saber qué vino maridaba con cada pescado, así como a jugar al bridge.

Y un día, cuando iban a casa de uno de los amigos de ella a jugar, Norma se dio cuenta de que no tenía cigarrillos, por lo que pararon para comprarlos, encontrándose por casualidad al entrar en Schwab's con sus amigos Artie y Betty, excusándose ante ellos por su marcha el día de Fin de Año, diciendo que estuvo con un amigo enfermo.

Betty le pregunta dónde se escondió, pues tiene buenas noticias.

Le explica que llamó a su agencia y a la asociación de guionistas y al final le dieron un número de Crest Wiew en su apartamento, aunque siempre le contestaba un señor con un acento raro que le decía que no estaba allí.

Betty le dice que le mostró a Sheldrake su guion que esbozó con algunas ideas suyas y le gustó y tiene materia prima para trabajar, pues escribió 20 páginas con un personaje masculino muy bueno y que si pudieran dedicar un par de semanas al guion podrían sacar algo, diciéndole Joe que no escribe para ver si sale algo sin contrato, y aunque ella le dice que ya está medio vendido, él reconoce que en realidad ya no escribe nada.

Aparece entonces Max para buscarlo, sorprendiéndose sus amigos al ver que tiene chófer y que va tan bien vestido.

Betty le dice que esperaba conseguir algo con el guion, pues no quiere seguir leyendo guiones de otros y espera escribir los suyos propios, diciendo él que siente haberla decepcionado.

Ya en el coche le dice a Norma que se encontró con unos conocidos, dándose cuenta de que se le olvidó coger los cigarrillos.

Cuando Norma sospechaba que se aburría le preparaba una representación en directo que empezaba por el baño de espuma de Mack Sennett, imitando también a Chaplin, aunque no podía olvidarse de Betty, que era una mujer llena de ambición como todos ellos al llegar a Hollywood.

Un día, Max anuncia que ha llamado Gordon Cole de la Paramount, aunque como no es DeMille en persona, ella le pide que cuelgue, pues piensa que quiere regatear.

Pero tres días después, ya se mostró dispuesta, tras varias llamadas urgentes más de la Paramount, decidiendo ir a ver a DeMille.

Al llegar a la Paramount, un guardia les impide entrar sin cita, diciendo además que DeMille está rodando, pero ella conoce a otro de los guardias de seguridad de sus tiempos como estrella, pidiéndole que enseñe modales a su amigo y que le explique que sin ella no existirían los estudios Paramount.

Cuando DeMille recibe la noticia de la visita de Norma, piensa que debe ser por su horrible guion, señalando que no sabe qué decirle, recordándola cuando tenía 17 años y tenía más valor, ingenio y corazón que cualquier otra joven, aunque al final también fue un suplicio trabajar con ella por culpa del acoso de los admiradores.

Cuando se ven, ella se muestra molesta de que no la llamara personalmente y que lo hiciera a través de Gordon Cole, mostrándose él extrañado y sin saber de qué le habla, aunque disimula ante ella a la que sienta en su silla para que vea el rodaje, alejándose él un momento para llamar por teléfono preguntando por Gordon Cole.

También Hog Hey, el iluminador la reconoce y dirige un foco hacia ella, haciendo que todos los que estaban en el rodaje de Salomón se dirijan a ella mostrándole su admiración, siendo algunos de ellos conocidos de los viejos tiempos.

Entretanto DeMille habla con Cole, que le dice que ha estado llamando a Norma Desmond por su Isotta Fraschini que cree les vendría muy bien para una película de Crosby, estando interesados en alquilarlo varias semanas.

DeMille va a hablar con ella y la encuentra llorando, diciendo que no se imaginaba que se sentiría así al volver al estudio, dándose cuenta de lo mucho que lo echaba de menos y le dice que volverán a trabajar juntos y harán juntos esa gran película.

DeMille le dice que sería una película muy cara, diciendo ella que no le importa el dinero, pues lo único que desea es volver a trabajar, y aunque DeMille trata de decirle que no es posible, ella no quiere escucharlo.

DeMille le pide que se quede mirando mientras ruedan una escena, diciéndole que el cine ha cambiado mucho.

Fuera, la esperan Joe y Max, que le recuerda al primero que lo que son en esos momentos las oficinas, eran en su tiempo el camerino de Norma y que él estaba en la planta superior, donde ahora están los correctores de guiones, viendo Joe al alzar su vista hacia allí a Betty, de la que se esconde para que no lo vea, aunque luego se escusa con Max y sube hasta su oficina.

Una vez allí le dice que si hay algo que sirva en su guion se lo regala, lo que ella acepta, aunque le indica que sola no puede hacerlo.

Le habla de sus ideas, diciéndole que deben descartar el tema psicológico, debiendo centrarse según ella en la historia de la profesora y el profesor que da clases nocturnas.

Ella le propone trabajar juntos por las noches o a las 6 de la mañana, pero él tiene mucha prisa, pues Max comenzó a tocar el claxon.

Betty le cuenta que se ha prometido con Artie, que el mes próximo estará rodando una película del Oeste en Arizona.

Él le da una idea. La profesora trabaja de día y el profesor de noche. No se conocen, pero comparten la misma habitación, compartiendo incluso la misma cama.

Cuando baja, Max le cuenta que acaba de descubrir el motivo de las llamadas de la Paramount, pues varios operarios se acercaron y no la quieren a ella, sino a su coche.

Cuando se despide de DeMille y regresa al coche se muestra feliz, asegurándole a Joe que está todo arreglado y que tras la película que está rodando DeMille harán la suya.

Pero entretanto DeMille da la orden de que digan a Cole que se olvide de ese coche.

Tras aquello, un ejército de expertos en belleza invadió la casa y Norma se sometió a una serie de crueles tratamientos de belleza, empeñándose en estar preparada, para lo que contaba además las calorías y se acostaba cada día a las 9, y, como debido a sus tratamientos, no se veía muy favorecida, no le dejaba que la viera al irse a dormir.

Pero un día le preguntó si había salido la noche anterior, diciéndole que se enteró por casualidad, ya que tuvo una pesadilla y lo llamó y no contestó, debiendo él decir que salió a caminar, algo que ella no se cree, pues sabe que cogió el coche, diciendo él que se acercó a la playa, tras lo que le dice que no querrá que se sienta encerrado.

Ella se excusa y le dice que no, pero que está muy nerviosa y solo desea que sea paciente y atento con ella.

Pero no había estado en la playa. Se había estado escapando todas las noches, lo que le recordaba los tiempos en que siendo niño se escapaba para ver películas de gangsters, solo que ahora lo hacía para escribir una, pues la historia que Betty desenterró le recorría la cabeza y empezó a trabajar con ella por las noches, cuando el estudio estaba vacío, diciéndole que le gustaba escribir con ella

Ella se fija en su pitillera de oro macizo y en una dedicatoria de Norma y le pregunta quién es, diciéndole él que una amiga muy generosa de mediana edad a la que le dio unos consejos sobre un guion.

A veces, cuando se cansaban, daban un paseo por los estudios vacíos casi sin hablar entre los escenarios preparados para el día siguiente.

Un día, Betty le contó, al llegar a una de esas calles, que ella solía corretear por allí cuando era niña, pues nació a dos calles del estudio, en el que su padre trabajaba como electricista y su madre en vestuario, habiendo trabajado ya su abuela como doble de Pearl White.

Sus padres esperaban que fuera una gran estrella y estudió por ello arte dramático durante 10 años, dicción y baile. Se presentó en el estudio, pero no les gustó su nariz porque la tenía un poco torcida, por lo que fue a un médico y se la operó y entonces les encantó su nariz, pero no su interpretación.

A él le parece una historia muy triste, pero ella dice que eso le enseñó a tener sentido común y gracias a ello consiguió su trabajo como correctora, pese a tener solo 22 años.

Él le besa la nariz y luego le aconseja, por el bien de su guion, mantenerse a mas de medio metro de distancia de él y si se acerca deberá darle con el zapato en la cabeza.

Esa noche, cuando regresa con su guion, observa que está esperándole Max en el garaje y le pide que tenga cuidado al atravesar el patio para que Norma no le vea, asegurándole que no quiere preguntarle dónde ha estado, pese a lo cual él le explica que está escribiendo un guion que piensa terminar.

Max le dice que está preocupado por Norma, diciéndole Joe que están haciéndole un flaco favor alimentando sus falsas esperanzas y se pregunta qué ocurrirá cuando se entere de que todo es una gran farsa, asegurando Max que no se enterará, pues de eso se ocupará él como se ha estado ocupando durante mucho tiempo.

Le cuenta entonces que fue él quien la descubrió con 16 años y la convirtió en estrella y no permitirá que la hundan, habiendo sido él quien dirigió sus primeras películas, pues era uno de los tres directores emergentes, Griffith, DemIlle, y él, Max Von Mayerling.

Joe no entiende que ahora sea su criando, diciendo que fue él quien se lo pidió. Pudo continuar su carrera, pero todo le parecía insoportable tras ser dejado por ella, ya que, le confiesa también, él fue su primer marido.

Poco después Norma entra en su dormitorio y lo encuentra durmiendo, mientras se pregunta dónde estuvo, llorando mientras afirma que sabe que es con alguna mujer.

Buscando entre sus cosas encuentra el guion, descubriendo que se trata de una historia de amor, aun sin título escrita por Joe y por Betty Schaefer.

Pero él vuelve a trabajar con ella, viendo que está distraída, diciéndole que es debido a que estaba recordando, aunque le dice, no quiere hablar de ello pese a su insistencia.

Le dice que no tiene sentido eludir los problemas, contándole ella entonces que recibió un telegrama de Artie pidiéndole que se vaya a Arizona, pues allí solo les costará dos dólares casarse y se ahorrarían la luna de miel.

Joe la felicita y la anima a ir, pues el guion estará listo el jueves y le pide que no llore, pues se va a casar que es lo que deseaba, diciendo ella que ya no, pues ya no está enamorada de Artie por culpa de él, tras lo que se besan.

De regreso a Sunset Boulevard, su "extraña prisión", empezó a darse cuenta de los hechos. Tenía en la palma de su mano el futuro de Betty Schaefer, que era la prometida de Artie, un gran muchacho, pero que se había enamorado de él.

No entendía cómo ella no se había dado cuenta de que había algo raro en su vida y él había sido un sinvergüenza por no decírselo, aunque tenía la esperanza de librarse de Norma sin que Betty llegara a enterarse del embrollo en que estaba metido.

Escuchó entonces cómo Norma marcaba un número de teléfono al otro lado de la puerta, diciendo que desea hablar con Betty Schaefer.

Será Connie, su compañera de piso quien coja el teléfono y quien le dice a Betty que quien la llama es de nuevo esa mujer misteriosa, diciéndole Norma cuando se pone que desea hablarle de Joe, preguntándole si sabe realmente quién es, o dónde vive, de qué vive y de quién, diciéndole que trata de hacerle un favor y de ahorrarle sufrimientos.

Le dice que Joe no vive con su familia ni con amigos.

Entra Joe en ese momento en el dormitorio y le arranca el teléfono de la mano, diciéndole a Betty que sí, que le pregunte, mostrándose ella muy extrañada preguntando qué significa todo eso, respondiéndole Joe que es mejor que vaya ella y lo compruebe personalmente, dándole la dirección en Sunset Boulevard 10.086.

Cuando cuelga, Norma le pide que no la odie, pues lo ha hecho porque lo necesita y se pregunta cómo podrá volver a trabajar si se está consumiendo por el tormento.

Él permanece impasible mientras ella le cuenta que compró una pistola, pero no tuvo el valor de dispararse, y tras ello le pide que le grite, pero que no la odie y le pide que le diga que no la odia, aunque Joe no responde.

Poco después llega Betty acompañada por Connie, mientras dentro Norma repite una y otra vez que lo quiere.

Cuando llaman, baja Joe a abrirle, preguntándole ella si pasa algo malo, pues está asustada.

Joe le pregunta si ha visto una mansión semejante, pues es de cuando las estrellas ganaban 18.000 dólares por semana, diciendo que en ese salón bailó Valentino.

Betty no parece interesada en la casa aunque le pregunta si vive allí y de quién es la casa, diciéndole que de la mujer que aparece en las decenas de fotos y cuadros que hay por toda la casa y le dice que si no recuerda la cara sí recordará su nombre, el de Norma Desmond.

Le pregunta por qué la llamó, respondiéndole él que por celos.

Él le muestra el artesonado del techo, que hizo llevar de Portugal y su cine privado, diciéndole Betty que no ha ido a ver la casa, preguntándole qué pasa con Norma, continuando él diciéndole que la mansión es enorme, pues cuenta con 8 dormitorios principales, una bañera en cada servicio y una bolera en el sótano.

Le dice que Norma se sentía sola y necesitaba compañía, una historia simple: una mujer madura y con dinero y un joven que necesita tenerlo.

Betty le dice que no ha oído nada de lo que dijo, que nadie la llamó y que no ha estado nunca en esa casa, tras lo que le pide que recoja sus cosas para marcharse con ella.

Él le hace ver que todo lo que tiene, sus 18 trajes caros, sus gemelos de platino y su pitillera de oro es todo regalo de ella, y cuando ella insiste en que se vaya con ella, él le pregunta si a un apartamento que no puede pagar y a un guion que puede venderse o que puede no gustar

Ella le dice que si le quiere sí, pidiéndole él que sea realista, pues allí tiene un empleo y un contrato fijo y le gusta pese a que reconoce, no es muy digno y no merece ser feliz, pero ella y Artie sí, tras lo que le pide que se marche, acompañándola a la puerta y deseándole suerte, diciéndole que puede terminar su guion en Arizona, y que cuando vuelvan Artie y ella podrán darse un chapuzón en la piscina, cuyas luces enciende para que vea con qué lujo vive y al que no está dispuesto a renunciar.

Ella sale corriendo hacia el coche mientras Norma lo observa todo desde arriba.

Joe sube más tarde, aunque no hace caso alguno a Norma cuando le da las gracias.

Cuando Joe entra en su cuarto, Norma se queda tras su puerta pidiéndole que le diga que no está enfadado y que todo sigue igual, aunque cuando finalmente abre la puerta, observa que él está haciendo las maletas.

Ella le pregunta si la va a dejar, diciendo él que así es.

Le da tras ello las gracias por todo lo que hizo por él y por la ropa elegante y las joyas que le regaló que dice dejará en el cajón de arriba, aunque ella le dice que son suyas, diciendo él que son demasiado elegantes para la redacción del Dayton de Ohio.

Ella le dice que eso no es nada y que puede tener lo que desee, preguntándole qué quiere, preguntándole si quiere dinero, a lo que le responde que sería malgastarlo, diciéndole que ya no está capacitado para ese trabajo.

Ella le grita que no se vaya y luego le dice que ya sabe que no le importa morir, a lo que Joe le responde que ese no es su problema, diciéndole ella que no la cree capaz y que piensa que se inventó lo del revólver, yendo a su habitación y volviendo con él, preguntándole si cree que no sería capaz de hacerlo, diciéndole él que sería una bonita escena.

Ella le dice que ya ve que no le importa, pero que le importará a cientos de miles de admiradores, ante lo que Joe le dice que debe despertar, pues se va a matar en una sala vacía, pues el público se fue 20 años atrás.

Ella le dice que miente y que aún le quieren, respondiéndole él que se engaña.

Ella le pregunta cómo se explica lo del estudio y lo de DeMille, respondiéndole él que no quiso herir sus sentimientos, pues el estudio solo quería alquilar su coche y ni DeMille ni ninguno de ellos tuvo valor para decírselo.

Llega entonces Max mientras ella dice que la quieren y recibe cartas cada día.

Joe le pide que la desengañe y que le diga que no habrá más películas ni más cartas que las que él escribe.

Pero Max dice que Norma es la mejor actriz del mundo, disponiéndose a llevar las maletas de Joe al coche.

Cuando Max sale, ella repite sus palabras. Dice que es la mejor, replicándole Joe diciéndole que tiene 50 años y debe despertar, lo cual no es ninguna tragedia si no pretende tener 25.

Pero ella parece ida, y con los ojos desencajados sigue repitiendo que es la mejor actriz del mundo, sin escucharlo.

Él no insiste y se marcha, diciendo ella entonces que nadie abandona a una estrella, pues para eso es una estrella y sale tras él gritando su nombre, aunque él no se detiene y sigue hacia la puerta, disparándole ella tres veces, cayendo él finalmente a la piscina muerto.

Max corre al escuchar los disparos y ve lo ocurrido, mientras Norma, con la mirada perdida dice que las estrellas no tienen edad.

El propio Joe, muerto, prosigue con su historia desde la piscina, rodeada de policías y periodistas

Era ya de madrugada y le habían fotografiado unas mil veces antes de que con un par de palos del jardín le sacaran con cuidado, reflexionando en lo amable que es la gente cuando estás muerto.

Luego tomaron nota de los hechos para llenar la ficha.

La casa se llenó por policías, periodistas, vecinos y curiosos. Todos se apelotonaban a la puerta de la mansión, llegando incluso las cámaras.

El suceso, reflexiona Joe, serviría de distracción a mucha gente mientras se pregunta qué sería de Norma, pues aunque se salvara de la cárcel por trastorno transitorio, al ser un crimen pasional, los titulares la matarían: "actriz olvidada", "Vieja actriz!, "Ex reina del glamour"…

Un policía trata de llamar al forense, pero encuentra el teléfono ocupado por Hedda Hopper que, desde el cuarto de Norma llama a su redacción dictando su artículo desde allí, señalando el estado de shock de Norma Desmond.

Los policías tratan de interrogarla mientras ella se retoca, no contestando a nada, preocupada solo por su aspecto.

Un hombre entra entonces e informa de que llegaron ya los de las cámaras, diciendo el policía al mando que les diga que se vayan.

Pero Norma, al escuchar hablar de las cámaras, le pregunta a Max si es cierto, a lo que el criado le dice que sí, que ya están allí, diciéndole ella que le pida a DeMille que la espere, que enseguida baja.

Comprenden por una mirada de Max que esa será la única forma en que consigan hacerla bajar pacíficamente.

Max baja delante de ella y les pregunta a los cámaras si lo tienen todo listo mientras Norma, elegantemente ataviada para su debut sale de su cuarto viendo cómo decenas de cámaras fotográficas apuntan hacia ella.

Max hace que las luces se dirijan hacia ella que pregunta qué escena es y dónde está, respondiéndole Max que está en la escalera del palacio, recordando ella que abajo están esperando a la princesa.

Max grita a los cámaras ¡Acción!

Joe hace una reflexión fina. Habían vuelto esas cámaras para rodar. La vida, que puede ser compasiva, había tenido piedad de Norma, que baja las escaleras actuando, y señala que el sueño al que se había aferrado se había hecho realidad, observándola todos cuando baja sobreactuando como los actores trágicos del cine mudo, entre divertidos y compasivos.

Al llegar abajo Norma dice que no puede continuar con la escena, pues es muy feliz, dirigiéndose a Max como si fuera DeMille para preguntarle si le importa que diga unas palabras.

Dice que está muy contenta de haber vuelto al estudio y de rodar otra película, pues no saben cuánto les echaba de menos, asegurando que no volverá a abandonarlos, pues después de Salomé harán otra película y otra más, pues su vida es solo eso y no hay nada más, las luces, las cámaras y la gente que mira en la oscuridad.

Tras ello le dice a Max: "Cuando quiera, señor DeMille, estoy lista para rodar mi primer plano!" acercándose hacia las cámaras con la mirada alocada.

Calificación: 5