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El festín de Babette
El festín de Babette

Babettes gaestebud (1987) * Dinamarca

Duración: 102 min.

Música: Per Nørgård

Fotografía: Henning Kristiansen

Guión: Gabriel Axel (Novela: Karen Blixen)

Dirección: Gabriel Axel

Intérpretes: Stephane Audran (Babette Hersant), Bodil Kjer (Filippa), Birgitte Federspiel (Martine), Jarl Kulle (General Lorens Löwenhielm), Jean-Philippe Lafont (Achille Papin), Pouel Kern (Pastor), Bibi Andersson (Cortesana sueca), Asta Esper Hagen Andersen (Anna), Thomas Antoni (Teniente sueco), Gert Bastian (Pobre), Vibeke Hastrup (Martine joven), Hanne Setensgaard (Filippa joven), Therese Hojgaard Christensen (Martha).

Siglo XIX. En una remota aldea de la costa de Jutlandia, en Dinamarca, vivían dos hermanas solteras, Martine y Filippa, dos ancianas que empleaban todo su tiempo y su renta en obras de caridad.

Su padre, ya fallecido fue pastor y profeta, fundador de una secta cristina, que, tras su muerte fue debilitándose, aunque de cuando en cuando sus feligreses, ya ancianos, se reunían para rezar en su honor.

En casa de las dos puritanas hermanas vivía además una criada francesa, Babette.

49 años antes, las dos hermanas eran muy hermosas, aunque nunca iban a bailes ni a fiestas, teniendo que ir los jóvenes a la iglesia para poder verlas, ya que para la secta de su padre el amor terrenal era solo una vana ilusión que no valoraban.

Por entonces llegó a la población Lorens Löwenhielm, un oficial lleno de deudas por el juego al que su padre hace envíen allí con una tía para que reflexionara sobre su conducta y tratara de mejorarla, el cual se quedó fascinado desde que la vio, de Martine, teniendo acceso a la casa del pastor gracias a su piadosa tía, aunque tras comprobar que es imposible conseguir conquistarla decide regresar a su cuartel, acabando por casarse con una dama de compañía de la reina Sofía, triunfando en la sociedad gracias a las frases que aprendió del padre de Martine.

Algún tiempo después llegó al pueblo Achile Papin, un tenor de la ópera de París durante una época de descanso que pensó que le gustaría pasar en la costa, si bien al llegar allí cayó en una honda melancolía, al verse a sí mismo como un hombre viejo al final de su carrera.

Hasta que un día, y mientras paseaba escuchó los cantos que provenían de la iglesia, descubriendo al llegar a la misma que, entre todas las voces destacaba la de Filippa, quedándose tan prendado de la misma que decidió acudir a casa del pastor y ofrecerse para darle clases de canto a su hija.

Las clases dan su fruto y Achile acaba fascinado por la voz y por la propia muchacha, hasta que esta le pide a su padre que le diga al tenor que no desea continuar con sus clases de canto, decidiendo entonces el tenor regresar a París.

35 años más tarde, en una noche de septiembre de 1871 llegó, en medio de la tormenta Babette Hersant a casa de las dos hermanas llevando una carta de Achile Papin que les pide a las dos hermanas ayuda para salvarla, pues en París, en medio de la guerra civil asesinaron a su marido y a su hijo y perdió todo lo que tenía.

Le cuenta también Achile haber lamentado durante los 35 años transcurridos que la voz de Filippa no llenara la ópera de París, aunque ahora en su vejez, y perdida ya la fama de que disfrutó piensa que es ella quien mejor supo elegir, ya que la fama es efímera.

Pero las hermanas se muestran remisas a acogerla, ya que carecen de ingresos para poder mantener a una criada, ofreciéndose la mujer a trabajar gratis, pues les asegura que de lo contrario morirá, ante lo cual, las hermanas aceptan que se quede.

La instruirán en su forma de cocinar pese a que ella era una cocinera con experiencia, aprendiendo a realizar sus sosas comidas observando las mujeres tras 14 años con ella en casa, que desde que está con ellas tienen más dinero gracias a su habilidad en el regateo, no pensando en ningún momento en regresar a Francia, donde el único vínculo que le queda es un billete de lotería que un amigo le renueva cada año.

Con el tiempo, los discípulos del pastor, ya ancianos se volvieron irritables y malhumorados, olvidándose de su caridad y recordando sus viejas rencillas.

Un día llega una carta de Francia en la que le comunican que le tocaron 10.000 francos en la lotería.

Como las hermanas habían preparado una fiesta en honor al pastor, para celebrar que cumpliría los 100 años, Babette les pide que le permitan a ella preparar la cena, pensando en que les hará una comida típica francesa que pagará con su propio dinero, recibiendo el permiso de las dos hermanas.

Para ello les pide unos días de vacaciones, ya que desea preparar cuidadosamente la cena, debiendo darle a su sobrino instrucciones para preparar la cena, notando los ancianos a los que auxilian su ausencia, al bajar la calidad de la comida.

Cuando llegan las viandas, los vecinos y las dos hermanas observan con curiosidad todo lo que llega, desde codornices o tortugas vivas, a una cabeza de ternera, o hielo, así como diversos vinos y licores, lo que provoca la preocupación de las dos hermanas que comienzan a temer que pueda haber pecado en la comida y que puedan disfrutar de ella de forma sensual y ello les pueda llevar todo tipo de desgracias, por lo que, temiendo que les pueda ocurrir algo, ya que temen que la cena se convierta en un aquelarre, se reúnen en secreto con los demás ancianos a los que les transmiten sus temores, acordando que no despreciarán el regalo de Babette, pero que no comentarán nada de la comida durante la cena.

Durante esos días una de las parroquianas les pide que permitan acudir a la cena a su sobrino, el ahora ya general Lorens Löwenhielm, llegado desde la corte sueca, el cual piensa que logró sus objetivos, aunque no sabe si su elección de años atrás fue la adecuada.

Durante la cena, los ancianos recuerdan que no deben paladear ni saborear nada, aunque el general, ajeno al pacto del resto de los miembros de la congregación alaba la sopa de tortuga y el vino amontillado que les sirven y que asegura es el mejor que probó nunca, aunque el resto de comensales tratan de hablar de otros temas, recordando al pastor.

El general, hombre de mundo, recuerda al ver las codornices que ya las comió en París, en el Café Anglais, con motivo de un homenaje, teniendo la chef de dicho restaurante fama de ser el mayor genio culinario de su época, siendo ella quien inventó dicho plato, y asegurando que lograba convertir cada comida en algo casi espiritual.

Los comensales no dicen nada como habían pactado, pero las rencillas surgidas en los últimos años parecen diluirse y se perdonan sus pasadas desavenencias.

Tras la soberbia cena toman café y champán mientras Filippa canta mientras todos se muestran felices.

Antes de retirarse el general le confiesa a Martine que ha estado con ella en su cabeza todos los días de su vida y que seguirá haciéndolo hasta que se muera.

Tras la cena, y ya en la calle los ancianos unen sus manos y cantan felices.

Las ancianas hermanas alaban a Babette pensando que esta, ahora ya con dinero regresará a París, diciéndoles ella que no tiene ninguna intención de regresar a París, donde ya no le queda nadie, y que tampoco tiene ya dinero, pues se gastó los 10.000 francos en la cena de esa noche para horror de las dos hermanas.

Babette les cuenta entonces que cuando vivía en París era una gran chef y que una gran cena en el Café Anglais, donde trabajaba, para 12 personas tenía ese precio.

Martine le hace ver que tras gastarse ese dinero será pobre el resto de su vida, a lo que Babette le responde que un artista nunca es pobre, pues hace felices a los demás, a lo que Filippa le responde que en el paraíso seguirá siendo una artista y que hará muy felices a los ángeles.

Calificación: 3