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El Florido Pensil

España (2002) *

Duración: 80 min.

Música: Jesús Gluck

Fotografía: Fernando Arribas

Guión: Juan José Porto, Roberto Oltrá, Roberto Vera (N.: Andrés Sopeña)

Dirección: Juan José Porto

Intérpretes: Daniel Rubio (Sopeña niño), El Gran Wyoming (Don Secundino), Fernando Guillén (Don Julián), Natalia Dicenta (madre de Sopeña), Emilio Gutiérrez Caba (Sopeña), María Isbert (Doña Paquita), Chus Lampreave (Sra. Pepa), Francis Lorenzo (Roberto Alcázar), Jorge Sanz (Pedrín), Ana Turpin (Musa), Jorge Grau (Obispo), Ángel Blanco (Don Aniano).

Sopeña, ya adulto evoca, desde el presente, sus recuerdos de la escuela nacional católica de los años 60, donde se enseñaba que España era el centro del mundo y el catecismo a golpe de palmeta.

Recuerda las sesiones de cine, en las que, desde el gallinero escupían o tiraban las cáscaras de las pipas.

Y al cura, Don Secundino, que desde el púlpito bramaba contra las mujeres que se atrevían a llevar pantalones.

Dentro de la escuela Don Julián tenía sus favoritos, que siempre se sabían la lección al dedillo, su chivato, que apuntaba a los que hablaban cuando él salía, o los burros, entre los que siempre destacaba el gordito Briones, que lo sacaba de sus casillas.

Sopeña era un caso singular, pues aunque estudiaba, siempre tenía extraños razonamientos.

Otro de sus compañeros era Fernandito Serrano, el niño rico, del que todos querían ser amigos y al que le dejaban ganar en todos los juegos para que les dejara jugar con su balón de reglamento o ver la televisión en su casa, que era la única del pueblo.

Otra de sus diversiones eran los TBO, que alquilaban en la tienda de la señora Pepa, disfrutando especialmente con los Roberto Alcázar y Pedrín.

También eran típicos de la época los concursos de la radio, a los que los niños iban a cantar, a recitar o a hacer lo que mejor se les diera, pero sobre todo a saludar a su familia.

Sopeña recuerda también su primera decepción amorosa cuando Ana, una chica mayor que él de la que él estaba prendado mostró su enamoramiento por otro muchacho en un corazón dibujado en un árbol.

En una ocasión fueron invitados por el Frente de Juventudes para realizar una excursión al Valle de los Caídos, tratando de adoctrinarlos y de captarlos.

Lamentablemente el autobús se les estropeó y no llegaron hasta su destino, debiendo conformarse con ver el mausoleo desde lejos después de una parada previa para que Briones vomitara debido al mareo.

La actitud autoritaria del muchacho a cargo de los chicos de la OJE y su poco respeto por él, hacen que Don Julián se alegre de ver que su adoctrinamiento no cala en los muchachos.

Con cariño y nostalgia Sopeña recuerda aquellos años ante un atento auditorio en el que se encuentra Dª. Paquita, maestra de entonces.

Calificación: 1