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El fotógrafo de Mauthausen
El fotógrafo de Mauthausen

España (2018) *

Duración: 110 min.

Música: Diego Navarro

Fotografía: Aitor Mantxoli

Guion: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas

Dirección: Mar Targarona

Intérpretes: Mario Casas (Francesc Boix), Richard van Weyden (Paul Ricken), Alain Hernández (Valbuena), Adrià Salazar (Anselmo Galván), Eduard Buch (Fonseca), Stefan Weinert (Franz Ziereis), Rubén Yuste (Rosales), Nikola Stojanovic (Bonarewitz), Frank Feys (Popeye), Macarena Gómez (Dolores), Joan Negrié (Lejías), Rainer Reniers (Poschacher), Marta Hallan (Anna Pointner).

Por los muros de Mauthausen pasaron más de 7.000 españoles.

Venían de luchar contra Hitler con los soldados franceses, venían de la miseria y el hambre de los campos de refugiados, venían de perder una guerra civil…

Tras ser capturados por las tropas alemanas, Serrano Suñer, ministro franquista, les arrebató incluso su patria. Para los franquistas no eran españoles. Los nazis podían hacer con ellos lo que quisieran…

Francesc Boix reflexiona sobre Mauthausen, donde, señala, todo está preparado para impresionarte. Puro teatro con actores que se creen sus propios personajes, pues si le das una porra a un preso común se convertirá en carcelero.

Con triángulos verdes estaban los primeros en llegar: delincuentes, violadores, asesinos.

Cuando llegaban, y tras raparles y confiscar sus pertenencias, les fotografiaban desnudos pese a la nieve para Paul Ricken, jefe del Erkennungsdienst, el Servicio de Identificación al que le interesaba la escenografía y los colocaba para que resaltaran sus fotografías, siempre valiéndose de su Leica.

El Erkennungsdienst, donde estaba destinado Francesc Boix, poseía dos cámaras oscuras y 210 metros dedicados a documentar y fotografiar todo lo del campo.

Francesc pensó que necesitaban fotógrafos, y él lo era y como no quería dar golpes ni que le golpearan, se dedicaba a hacer las fotos de los que ingresaban.

Cuando llegaban los nuevos prisioneros, se llevaban en un furgón a los más débiles.

Tras ver cómo separan a un chaval, Anselmo, de su padre, Francesc trata de consolarlo.

Le dice que ellos son prisioneros de guerra y no les pueden hacer nada y le explica que en el campo hay gente de toda Europa y que los españoles fueron los primeros en llegar y llevan triángulos azules, lo que significa que para los alemanes no tienen patria.

Le dice luego que a su padre lo llevaron a Gusen, a 5 kilómetros de allí y que estará mejor que ellos, pues es una enfermería y estará muy bien cuidado por las enfermeras.

Le recuerdan cuando se marcha Anselmo que nadie sale con vida de Gusen, diciendo Francesc que sin un poco de esperanza el niño no duraría allí nada.

Ricken le pregunta quién le enseñó la fotografía, contando él que su padre, que era sastre, pero que los fines de semana montaban un laboratorio en su casa, diciéndole Ricken que debe mejorar, pues un buen fotógrafo debe saber pintar con la luz. Que en algunas se retoca la fotografía y en otras la escenografía, aunque Francesc le dice que él prefiere retratar la realidad.

Ricken fotografía a los presos jugando al ajedrez e incluso cambia a algunos presos por otros que queden mejor en cámara.

Uno de sus compañeros, Valbuena le informa que en unos días les visitará Himmler, viendo luego por la noche cómo esconde unos zapatos que le consiguió en un agujero bajo las tablas del suelo.

Al día siguiente Ricken se lo lleva para fotografiar a unos presos muertos en mitad del campo, de los que dicen que intentaron escapar pero consiguieron abatirlos a tiempo.

Ricken lo prepara todo como si de un escenario se tratara.

Los fotografían e identifican, viendo él que es imposible que fuera un intento de fuga, pues estaban muy débiles, faltándole de hecho a uno le faltaba una pierna, y además les dispararon de frente, viendo que otro de los muertos es el padre de Anselmo.

Francesc se percata además de que los números de identificación no coinciden con el número de la foto, por lo que va a hablar con otro español y comunista como él, Fonseca, que trabaja en las oficinas, y le dice que no entiende los cambios de numeración.

Mientras está con él llegan unos oficiales para pedir que redacten el acta de defunción de un grupo de polacos y les pide que envíe una carta de condolencias a sus familiares, ofreciéndose él para hacerle al oficial una fotografía de familia como regalo de familia para su mujer.

Su compañero Fonseca le recuerda que es comunista y no debería ofrecerse así.

Le explica luego que son ellos quienes cambian los números porque los muertos ya no los usarán y los "Noche y Niebla" necesitan cambiar de nombre para salvar sus vidas.

Francesc le pregunta si puede hacer un cambio con un preso de Gusen, diciéndole que a cambio de que le consigue un trabajo a un Noche y Niebla.

Francesc indica que hay 35 formas de morir allí: cámara de gas, inyección letal, despedazados por los perros, duchas heladas en invierno, aunque la peor es morir por agotamiento en la Escalera de la Muerte que construyen con sus manos.

El oficial Schulz, al que Francesc fotografió con su familia ve un error, ya que un hombre que estaba oficialmente muerto, incluso para su familia, está vivo, sugiriendo Francesc que envíen una carta de disculpas a su familia, aunque en vez de ellos, Schulz le dispara en la cabeza asegurando que un SS nunca se equivoca.

Como siempre, avisan a Ricken para que documente su muerte, y como no pueden alegar que intentaba escapar, deben simular que intentaba trepar por la alambrada, debiendo colgarlo de esta otros presos para la fotografía.

Francesc cuida de Anselmo y le entrega la armónica de su padre, que recuperó al hacer las fotografías y le cuenta que se la envió este y le mandó recuerdos.

Observa también cómo Franz Ziereis, el jefe supremo de Mauthausen supervisa con satisfacción un nuevo furgón con tuberías con gas, en que, comenta, en pocos minutos se soluciona el problema, siendo rápido, eficaz e higiénico, aunque pide que enciendan una luz al hacerlos funcionar, pues en oscuridad los presos se muestran imprevisibles, viendo poco después a los que los estrenarán, a los que hacen subir directamente desnudos, al furgón nuevo.

Unos días más tarde llega Himmler a visitar el campo, documentándose su llegada.

Hay un grupo de presos que tienen una radio para escuchar las noticias, enterándose así de la pérdida de Stalingrado por los alemanes, lo que les hace ponerse muy contentos, aunque Fonseca es cauto y le dice que si saben que pueden perder se pondrán peor.

Francesc se explica así por qué les pidieron destruir todas las copias de las fotos, diciéndole de hecho Ricken cuando llega al estudio, que Ziereis ordenó quemarlo todo, excepto las fotos de propaganda, debiendo desaparecer incluso las de Himmler para que no quede rastro de su visita al campo.

Valbuena descubre el compartimento secreto en los archivos, pero Francesc no le deja destruir las pruebas de lo ocurrido allí, amenazándolo incluso, debiendo amenazarlo, teniendo Valbuena la idea de destruir negativos virgen para que no noten la diferencia.

Al llevar los archivadores a quemar ven cómo están incinerando también a personas tras quedarse con sus dientes de oro.

Ricken le lleva tras ello a un pabellón donde hay prostitutas, para que pueda disfrutar, haciéndolo él con Dolores, aunque lo que vio, le impide hacerlo.

Ve un libro de "La vida es sueño" y comprende que la mujer es española, que le dice que es puta, alcohólica y anarquista, viendo cómo Ricken les graba.

Habla con Fonseca para indicarle que deben salvar las fotografías, pues son pruebas para incriminar a los alemanes, y, aunque le dice que lo que tienen que hacer es salvar vidas, comprende que tiene razón y empiezan a buscar gente en la que creen pueden confiar, aunque algunos dicen que no sacrificarán sus vidas por unos negativos.

Dolores le cuenta que la llevaron a Ravensbrüch y le dijeron que si se hacía puta en seis meses estaría libre y lleva ya casi un año, proponiéndole él hacer algo contra los alemanes, escondiendo algunos negativos.

Cuando Popeye, uno de los kapos les escucha cantar entra a ver qué sucede, contándole ellos que estaban ensayando una obra.

Cuando Popeye se lo cuenta a Ricken, este les dice que les irá bien un poco de entretenimiento.

Se entera de que llevaron a Anselmo a Gusen, lo que supone que sabrá lo de su padre.

Un día, al fumigar los pabellones descubren el escondite de Valbuena y en él la radio que escondió Francesc allí, por lo que se llevan a Valbuena a una celda de castigo.

Planean cómo sacar afuera los negativos, pensando que lo harán en las cajas de granito, debiendo desviar una de ellas, ofreciéndose Francesc a viajar con los negativos para poder contar lo que está pasando y además con pruebas, por lo que le preparan documentos oficiales, ropa y comida.

Finalmente acuerdan que irá en una caja a la frontera de Polonia con la URSS.

Francesc podrá salir aprovechando la representación de sus compañeros, a la que acuden también algunos de los oficiales alemanes, aprovechando ese momento para escapar, debiendo entretener al kapo encargado de la ronda nocturna para evitar que lo descubran, para lo que uno de los presos, el Lejía, se burla de él, aunque Fonseca le cuenta a Popeye que lo que dijo es que los rusos le temían más a él que a los tanques.

Popeye, se lleva al Lejía de paseo y lo lanza por un precipicio que llama el Muro de los Paracaidistas y lo remata abajo pisándole la cabeza.

Francesc se dispone a entrar en la caja en que le sacarán del campo, viendo cómo Hans Bonarewitz, que es quien iba a ayudarle le dice que será él quien ocupe su lugar, pues su hijo está en Polonia y tiene casi cinco años y quiere verlo, amenazando con descubrirlo todo si no le permite ir a él, debiendo acceder, pues está a punto de descubrirlos Popeye.

Bonarewitz se ofrece a llevar los negativos, debiendo explicarle Francesc que antes debe publicar una esquela en Der Angriff a nombre de Fritz von Stroheim para que sepan que está bien y poder enviarle el resto.

Cuando poco después de terminado el espectáculo hacen recuento, Fonseca y los demás se sorprenden al ver de nuevo a Francesc, aunque los oficiales notan que les falta uno. Lejía.

No ven la esquela de Bonarewitz, por lo que temen que todo vaya mal.

Llega un enano, al que Ricken fotografía, pidiéndole a Francesc que se ponga a su lado.

Ve que el hombre, sobre el que bromeó, entendía el alemán y el español indicando que es un judío austriaco y profesor de lenguas y que le viene bien ser diferente, pues incluso le llevaron al prostíbulo.

Un día le llevan a casa de Ziereis, y, una vez allí le explica que es el décimo cumpleaños de su hijo y le hablaron muy bien de sus fotos y quiere un recuerdo para su hijo.

Le hacen cambiarse para hacer las fotos en una fiesta, donde los camareros son presos, estando entre ellos Anselmo.

Le dice luego a Poschacher, el propietario de la cantera que le hará una foto con su familia, pidiéndole a cambio que se lleve a Anselmo a trabajar con él.

Le dice a Anselmo que ha conseguido que salga del campo y que tiene unos negativos que necesita que esconda, aunque el chico se muestra enfadado y se va.

Entre los regalos del hijo de Ziereis hay una pistola con la que amenaza a Anselmo, dejando su padre que lo haga, simulando el muchacho disparar, diciéndole su padre que el arma no es un juguete y que lo enseñará a usarla, cargándosela, tras lo que le hace tirar a una diana, aunque da a una farola.

Gracias a su ayuda da en la diana, pero luego su padre le dice que un cazador debe saber dar a animales en movimiento, apuntando a los camareros, acabando con uno de ellos delante de todos los invitados.

Le dice luego a su hijo que un mono puede parecer una persona, pero no lo es y le entrega la pistola para que dispare, ahora de verdad a Anselmo.

Francesc le dice que el chico puede ser útil en la cantera de Poschacher para tratar de conseguir que no acaben con él, aunque Ziereis le dice que si no desea ser el siguiente, debe apartarse

Poschacher, viendo tal crueldad intercede también y le dice que se gasta mucho dinero en mantener a los presos y aun así se le mueren, y el joven es un prisionero útil.

El niño comienza a temblar con la pistola mientras el padre le pide que dispare.

Finalmente el padre le coge la pistola y dispara contra otro de los camareros, diciéndole a Poschacher que puede llevarse al chico si tanto le interesa.

Francesc le mete al chico los negativos en el bolsillo y le pide que lo haga por su padre, tras lo que Poschacher se lo lleva.

Le dice que aunque no le paguen tendrá una cama y documentación como trabajador extranjero, llevándolo a un dormitorio donde después de mucho tiempo dispondrá de una cama de verdad junto a otros trabajadores.

La señora Pointner, encargada del alojamiento le ve esconder los negativos bajo la almohada, aunque no dice nada.

En el campo, sacan a todos fuera del barracón y se preguntan a qué se debe que Ziereis les movilice.

Este les dice que espera que todos comprendan que nadie puede escapar de Mauthausen, apareciendo una banda bufa y tras esta Bonarewitz subido en una plataforma junto a una casita de cartón donde pone que todos los pájaros están en la jaula y con una soga al cuello.

Le bajan del carrito para subirle a un patíbulo real, ahorcándolo ante todos, siendo fotografiado todo por Ricken, aunque la cuerda se rompe, aunque enseguida repiten la ejecución, esta vez con éxito, haciendo que desfilen todos luego ante él, colgado.

Ricken observa luego las fotos como si se trataran de una obra de arte, pidiéndole a Francesc que vuelva a revelar dos de ellas que salieron un poco desenfocadas, diciéndole el español, muy enfadado que es un hijo de puta y que es peor que ellos, pues le gusta ver cómo los otros asesinan.

Ricken le dice que no le permitirá ninguna insubordinación, pero Francesc insiste en que es solo un mirón que observa cómo los demás asesinan o follan, porque no tiene cojones de hacer nada.

Ricken saca su arma y le apunta mientras le exige que se calle, aunque Francesc le muestra que no le tiene miedo acercándose el cañón a la frente y le pide que le dispare, aunque le dice, solo sabe hacerlo con su cámara, tras lo que se pelean, hasta que entran dos soldados que lo golpean y se lo llevan, pidiéndoles Ricken mientras lo hacen que lo golpeen fuerte, pero no en la cara.

Es llevado a una celda de castigo, escuchando a Valbuena, que está al lado que le pregunta si sabe lo que es el hambre y ver pasar cada día con el estómago vacío sin nadie con quien hablar.

Le dice que al menos tiene a los gusanos a los que les habla y luego se los come.

Le reprocha luego que él y sus amigos pensaran que era un traidor y le dice que es un héroe porque no les contó nada.

Francesc descubre que pueden verse por un pequeño agujero bajo el radiador, diciéndole que no podía contarles nada porque no sabía nada.

Valbuena le dice que su amigo Hans también comió gusanos y tiras de negativos que se metió por detrás y por eso no los encontraron en la caja y le muestra que tiene él ahora los negativos, pidiéndole que reconozca que es un héroe, y cuando lo hace, recibe, a cambio, los negativos.

Se llevan a Francesc, que atado del techo para que no se caiga es golpeado con saña por el propio Ziereis mientras le pregunta dónde están los negativos, diciéndole a Ricken, mientras otro soldado golpea a Francesc que si no aparecen los negativos le hará responsable a él, pues desconfía de los que no quieren ensuciarse las manos.

Cuando el propio Ricken lo golpea Francesc se ríe en su cara.

Mientras sigue colgado escucha una explosión y piensa que no sabe si es americana o rusa, pero le suena celestial, antes de perder el conocimiento y quedar colgado así.

Le despierta el ruido de otra explosión, seguida de disparos.

Lo recogen dos soldados que lo meten en un camión junto a otra docena de prisioneros entre los que está Valbuena, dándose cuenta, cuando se enciende la luz, de que los van a gasear, aunque Valbuena no se inmuta, aunque poco después se da cuenta de que no está saliendo el gas, observando Schulz, que es quien les lleva, que alguien cortó el tubo, preguntándose qué hará con ellos, mientras fuera se escuchan bombardeos.

Los obliga a salir y a ponerse de rodillas, y cuando uno de los presos le dice que es inútil matarlos ya, recibe un disparo en la cabeza, haciendo lo mismo con otro que trata de huir, apuntándole luego a Francesc, aunque una explosión le hace desistir y decide marcharse, diciéndoles que recuerden que les perdonó la vida.

En el campo, Popeye observa cómo los alemanes se marchan dejándolo allí, y, aunque trata de defenderse, los prisioneros, hartos de sus malos tratos se abalanzan sobre él.

Francesc regresa al campo donde los prisioneros, libres ya de sus verdugos sacian su hambre y comen.

Él va hasta la celda donde le retuvieron y rescata del radiador los negativos que dejó atados con un cordón de su traje.

Ve a Fonseca y a otros compañeros que le muestra que se han hecho con las armas que los nazis dejaron y le entrega una.

En uno de los almacenes puede ver al enano, que destriparon y metieron en formol para su estudio y luego, en el laboratorio, encuentra a Ricken, que le dice que él sabe que no mató a nadie, que solo hacía las fotografías y que es inocente, pues solo cumplía órdenes y le pide que le diga que su obra está a salvo, mientras Francesc se hace con su máquina.

Con esta, recorre el campo, fotografiándolo todo, y entre ellos a Dolores, que le entrega los negativos que ella escondió en su libro.

Observa también a Ziereis colgado de la alambrad desnudo y al que pintaron cruces gamadas o el nombre de Hitler o de la SS.

Poco después, un grupo de presos derribaron el águila nazi de la puerta del campo de concentración, colocando los republicanos españoles una pancarta donde se podía leer "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras".

Van luego a recoger a Anselmo, entregándoles la señora Pointner los negativos que escondió en una tapia.

Francesc hace una fotografía al grupo, con los Pointner, Anselmo, Valbuena y Fonseca.

Francesc Boix fue el único español que prestó testimonio en los juicios de Núremberg.

Calificación: 3
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