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El mundo sigue
El mundo sigue

España (1963) *

Duración: 115 min.

Música: Daniel J. White

Fotografía: Emilio Foriscot

Guión: Fernando Fernán-Gómez (N.: Juan Antonio de Zunzunegui)

Dirección: Fernando Fernán-Gómez

Intérpretes: Lina Canalejas (Eloísa), Fernando Fernán Gómez (Faustino), Gemma Cuervo (Luisita), Milagros Leal (Eloísa madre), Agustín González (Don Andrés), Francisco Pierrá (Agapito), José Morales (Rodolfo), Fernando Guillén (Rafa), José Calvo (Dueño del bar), María Luisa Ponte (La Alpujarreña), Jacinto San Emeterio (Guillermo), José María Caffarel (Julito).

Doña Eloísa, una mujer ya mayor, regresa de la compra agotada y desde la calle mira con desesperanza hacia el último piso del edificio de enfrente, su casa.

Se cruza con ella un vecino, Don Andrés que la saluda y que le cuenta que ha estado unos días de vacaciones en Soria con su tía y que va al periódico para entregar la crítica del día anterior, aunque antes le pregunta por su hija Elo, recordando Doña Eloísa que se casó nueve años antes, coincidiendo con el momento en que él estrenó su obra que Doña Eloísa recuerda le gustó mucho, no habiendo podido sin embargo estrenar la última porque la actriz que debía hacerla formó compañía y se fue a provincias.

Una chica le ayuda con la compra, debiendo acostarse Doña Eloísa al llegar a su casa.

Luisa, una de sus hijas que trabaja como dependienta, recibe la propuesta de matrimonio, de broma, de un compañero diciendo ella que solo se puede casar una vez en la vida y todavía no ha pensado en ello.

Su hermana Elo llega a casa de sus padres cargada con sus hijos, una niña y un niño a los que envía a la terraza a jugar mientras habla con su madre, que le dice que tiene que ir a la policía a dar parte de la desaparición de su marido, ya que han pasado tres días sin que haya vuelto a casa y la noche anterior los niños no pudieron ya cenar, diciéndole su madre que lo más seguro es que se fuera siguiendo a su equipo de fútbol.

Llega Agapito, su padre, que es guardia urbano que decide que entre todos tienen que darle a Elo lo que puedan para que puedan comer ella y los niños, dándoles ellos algo de dinero y haciendo que Rodolfo, su hermano le dé también algo.

Ignorante de todo llega feliz Luisa, que cuando se entera de lo que sucede le dice a Elo que su marido se marchó a París a ver la semifinal de la Copa de Europa.

Ante dichas palabras Elo se enfada y le dice que lo que le pasa es que tiene envidia de su hombre, a lo que Luisa le responde que ella pica más alto y a hombres como Faustino tiene que apartarlos cada día con la punta del zapato, diciéndole que si no los necesita por qué va a mendigar, diciendo Elo que lo hace por los hijos, tras lo que coge a su hermana por los pelos y comienzan a pegarse, debiendo separarlas entre los padres y Rodolfo, un meapilas que solo habla de rezar y de conservar una familia cristiana.

Antes de irse, su padre le da el dinero que su hermana le entregó y que ella tira diciendo que no quiere nada de ella, aunque el padre lo recoge y se lo vuelve a dar diciendo que no es de su hermana, sino de él para conseguir que lo coja.

Luisa dice que le da asco ser su hermana, debiendo recriminarla su padre y su hermano, al que le echa en cara su devoción y que debía haberse hecho cura, recordando que dejó el seminario porque se puso enfermo.

Elo acude al bar donde trabaja Faustino de camarero que le cuenta que tuvo que ir derecho al trabajo tras regresar del viaje y le recuerda que le dijo que no quería que fuera por allí, y que no tiene nada de dinero para darle cuando ella le dice que tiene que devolver a su familia lo que le entregaron por caridad, diciendo él que intentará llevar algo esa noche.

La ve allí el jefe de su marido que le pregunta qué necesita, contestándole ella que dinero para la ropa de sus hijos, abriendo él la caja y dándole un billete que dice se lo cobrará a su marido, viendo Faustino cuando Elo se marcha cómo todos en el bar alaban su belleza y le dicen que no debe dejarla salir sola.

Cuando por la noche aparece Faustino por fin en su casa abraza a su mujer, que le dice que solo cuando los demás la desean él la quiere, y aunque se resiste, acaba dejando que la bese y acostándose con él, tras lo que ella, que no consigue dormirse recuerda el concurso de Miss Maravillas 1950 cuando Andrés Fernández Coello, su vecino el escritor, periodista y crítico teatral fue el encargado de imponerle la banda de ganadora.

Le dice tras ello a Faustino que no se opone a que haga quinielas, pero no quiere que se gaste el dinero solo en juegos, y él le dice que ella y los niños son lo primero, pero sueña con ganar una quiniela, comprendiendo Eloísa que no tiene arreglo.

Un día, al salir del trabajo, Luisa regresa a buscar su paraguas, ofreciéndose su jefe a llevarla en su coche, diciendo ella que si los ven los demás empleados pueden pensar que hay algo entre ellos, lo que a él no le importa aunque ella le deja claro que tiene novio.

Esa noche Don Guillermo la invita a cenar a un restaurante al aire libre y luego bailan, preguntándole ella si no se cansará de ella, pegando él su cara a la suya mientras ella le dice que tiene miedo de que se canse de ella.

Elo corre al día siguiente a casa de sus padres para contarles que Luisita se ha liado con el dueño de la tienda y los ha deshonrado, a lo que su padre reacciona señalando que puede tolerarlo todo menos una hija así, y cuando poco después llega esta empieza a abofetearla por haber puesto en entredicho el honor de la familia mientras Elo la llama golfa, a lo que Luisa le responde llamándola a ella fracasada.

Su padre le dice que si no va a cambiar de vida puede marcharse de casa.

A la mañana siguiente Doña Eloísa llama a Luisa para que vaya a trabajar, pero ella dice que no se encuentra bien y no irá, aunque cuando su madre sale para ir a la compra coge su maleta y se marcha de casa.

Llegada la hora de la comida y viendo que definitivamente Luisa no aparece el padre pide que pongan la comida, mientras su hermano propone rezar un Padrenuestro por la ausente mientras Doña Eloísa llora.

Mientras tanto Elo vuelve a quejarse a Faustino de que no lleve a casa todo lo que gana pese a que no tiene dinero ni para vestir a los niños.

Luisa entretanto va a la piscina con Rafa, al que le dice que cree que va a tener un hijo, preguntando este si es suyo, diciendo él tras recibir la confirmación que quiere pensar un poco y que al día siguiente la esperará en el bar por la noche.

En su casa Luisa piensa que Rafael es demasiado bueno y se pregunta si no habrá ido demasiado lejos con lo del embarazo, aunque concluye que le pedirá dinero para que se lo hagan desaparecer y que tras sacarle 3.000 duros se lo quitará de encima, porque los hombres delicados y escrupulosos a la larga son un engorro.

Teme por otra parte que le proponga casarse, y piensa en cómo podrá salir del enredo.

Cuando se encuentran en el bar ella trata de convencerle de que es el mejor momento para deshacerse del bebé, aunque él dice que no consentirá que se haga eso con un hijo suyo, ante lo que Luisa le dice que él como hombre no tiene problemas, pero que hará lo que considere y que si le ocurre algo será culpa suya, porque de hacerlo mal a hacerlo bien hay un abismo y aunque ella llora él le dice que prefiere ver a un especialista que les asegure que está embarazada, mostrándose ofendida de que no la crea y asegurándole que si no le da el dinero para hacer lo que quiere ya encontrará a alguien que se lo dé, insistiendo él en que no puede hacerle eso a un hijo y que quiere tener la certeza de que es verdad y una vez la tenga la mata si intenta destrozarlo, insistiendo en que la matará, saliendo ella corriendo pidiendo socorro.

Ya en su habitación piensa que ha tenido mala suerte en que no fuera todo verdad, pues está segura de que Rafael se casaría con ella y la haría feliz y se pregunta por qué no tiene un hijo de él de verdad, entrando entonces una sirvienta que la encuentra llorando histéricamente en el suelo y trata de tranquilizarla, tumbándola en la cama.

Mientras camina por la calle Elo es observada por los hombres con los que se cruza, habiendo uno que incluso la sigue, debiendo ella pedir ayuda y llamar a un guardia al ver que el hombre quiere propasarse con ella.

En el bar le dicen que su marido se fue, preguntando ella por el dueño, que le hace pasar a su despacho y le explica que no le descontó a su marido las 500 pesetas que le dio, tras lo que se asegura que le dará lo que quiera comenzando a besarla y manosearla y a decirle que le dará lo que quiere si es suave con él, llegando ella a besarlo, aunque luego dice que no puede y sale corriendo.

Un día Don Andrés, el escritor sube a hablar con Doña Eloísa para contarle que ha visto a Luisita y que está muy bien.

Doña Eloísa dice que desde que se echó a la vida fácil la quiere más si cabe, pero su padre, como autoridad habla de un honor que ya no se lleva y es más intransigente, siendo lo peor que su hermana la odie, aunque le pide a Don Andrés que le diga que puede ir cuando quiera pues la recibirá con cariño.

Don Andrés le cuenta que viste bien y con joyas y dice que se alegra porque la quiere, aunque Eloísa sabe que no como a la otra, a Elo.

Don Andrés le dice que estuvo con un transportista que trabajaba para los americanos y que tenía muchos camiones, aunque cuando le habló de casarse él dio la espantada.

Cuando se marcha el escritor, Doña Eloísa mira por la ventana y ve cómo su hija sale de un coche muy elegante, subiendo a ver a su padre tras transmitirle Don Andrés el beneplácito de su madre para verla, recordando su madre mientras sube, cómo subía de niña cuando la llamaba para que fuera a por la merienda.

La madre la recibe emocionada viéndola muy arreglada, llevándoles regalos, un reloj para ella y una sortija para su padre, dándole también dinero para Elo para que se lo vaya dando poco a poco como si fuera cosa suya.

Se marcha antes de que la vean, dándole a su madre un número de teléfono.

Luisa se reúne en una cafetería con su nuevo amante, un banquero mayor, que le dice que tienen que formar una familia, recordándole ella que él ya tiene otra y diciéndole que se contenta con pequeños caprichos, pidiéndole un visón de 30.000 duros.

Cuando Agapito llega a su casa encuentra a su mujer en la cama, preguntándole si está enferma, diciendo ella que de alegría, contándole que estuvo Luisa porque le habían dicho que él estaba enfermo y fue echa un mar de lágrimas a verlo, y que como se acordaba de que era un cumpleaños le llevó un regalo, dándole el anillo con sus iniciales, que asegura es mejor que la de su comandante incluso, señalando que con esa hija se han equivocado.

Su mujer le dice que Luisa quiere hacer las paces, diciendo Agapito que la dignidad es la dignidad y no puede perdonarla tan rápido por un anillo.

Elo acude a la boutique Lina, donde trabajó de más joven de maniquí, diciéndole a la dueña que necesita un sueldo de lo que sea para sacar a sus hijos adelante, recordándole Lina que menos a ella a todos le parecía ya de novio un golfo.

Lina le recuerda a un cliente de Córdoba, Don Julián, que bebía los vientos por ella y le pregunta si quiere que lo llame, dándole un adelanto que ella dice no podrá devolverle, asegurando Lina que podrá, pues va a llamar a Don Julián.

Pero cuando se marcha Elo se asegura a sí misma que no volverá a casa de Lina aunque su hijo se muera de hambre.

En el bar Faustino parece eufórico asegurando haber acertado los 14, lo que él calcula podría suponerle hasta 2 millones, por lo que va corriendo a contárselo a Elo, a la que le asegura que son millonarios, aunque ella no termina de creérselo asegurando que ellos nacieron para pobres.

Deciden ir darle la buena nueva a los padres de Elo, yendo por el camino meditando Faustino que le puede tocar al menos un millón.

En casa de sus suegros Faustino asegura que se comprará un coche, no haciendo caso de Rodolfo que les dice que el dinero del juego es dinero sucio y pide a Dios que haya innumerables acertantes, volviendo las discusiones pese a la alegría del momento con Luisa, que cuando se despide dice "adiós millonaria", ante lo que Elo reacciona diciéndole que es dinero ganado limpiamente y no como el que gana ella, diciéndole que no sabe cómo se atreve a ir a su casa siendo una golfa asegurándole que ella podría haber hecho lo mismo y mejor pagada si hubiera querido, pero que es decente, aunque mientras se marchan Luisa le grita que le tiene envidia porque para ella es ya tarde.

Piensa luego que se hará rica solo para vengarse.

Entretanto y ya en la calle, Faustino y Elo van pensando en qué gastarán el dinero, asegurando Elo que para ella bastaría con poder sentarse en una terraza y poder tomar algo y dejar una propina, aunque una vez en casa piensan en comprar un nuevo colchón e incluso dos camas, pues una sola ya no se lleva.

Faustino comienza a darle vueltas a la cabeza y no consigue dormirse pensando en que quizá no le toque tanto dinero como pensaba.

Al día siguiente compra el periódico donde dice que se calcula de 90 a 100 acertantes de la quiniela, pese a lo cual está convencido de que conseguirá ser millonario la próxima vez, pues ya tiene acorralada a la suerte y que en todo caso le caerán unos miles de pesetas con los que podrá seguir jugando.

Sus amigos le dicen que hay ya más de 300 acertantes que tocarían a 5.000 pesetas.

Cuando vuelve a casa y lo cuenta, Elo le dice que eso debería servirle de lección, insistiendo él en que tiene a la suerte cogida por los cuernos y que no quiere dejarlo ahora que lo tiene cerca, pidiéndole ella que le lleve el dinero para tapar agujeros.

En el bar, Don Gervasio, un cliente se burla de él, y se mete con su mujer, estando a punto de golpearlo, aunque prefiere marcharse preguntándose después ya en la calle por qué no le dio con la bandeja en la cabeza, arrepintiéndose de no haberlo hecho, mostrándose al llegar a su casa rabioso y diciendo que debería haberlo matado y renegando, asegurando que lo matará, debiendo ella consolarlo.

Le dice tras ello que su padre le dijo que había unos 500 acertantes que tocarían a 5.000 pesetas, diciéndole él que no tiene que decirle lo que hacer con su dinero, tras lo que la abofetea, quejándose ella de que le dé lo que no se atrevió a darle a Don Gervasio, siguiendo él pegándole mientras ella lo llama cobarde, ante lo que se enfada más y aprieta su cuello hasta que pierde el conocimiento y se asusta, diciéndole ella al recuperarse que si no le da 4.000 de las 5.000 pesetas para la casa y los hijos le pondrá los cuernos.

Él le dice que no tiene valor para irse con otro y que no vale para eso, diciendo ella que lo hará con todos sus amigos para que se rían de él, pues todos se lo piden, diciéndole él que si no se calla la matará, diciéndole ella que para eso se necesitan agallas y él no las tiene.

Él decide marcharse y compra el diario donde ve que hay 485 acertantes que tocan a 5.069,50 pesetas cada uno que va a cobrar tras lo que comienza a rellenar decenas de quinielas, con métodos diversos, como los dados, mientras bebe y bebe.

La mañana le sorprende borracho deambulando de un lado a otro mientras piensa que en esta ocasión no se le escapará la suerte y cuenta el poco dinero que le queda sin darse cuenta de que viene un motocarro que lo arrolla, y aunque afirma que no le ha pasado nada al ver que tiene sangre se marea, siendo recogido por varios hombres, uno de los cuales aprovecha el momento para robarle el dinero que llevaba en la mano.

Don Andrés ve cómo unos niños se ríe del hijo de Elo por la ropa que lleva puesta y que le compró su tía Luisa, diciéndole Don Andrés que no les haga caso, pues va muy elegante.

Poco después Don Andrés habla con el director de su periódico que le pide que se tome unos días libres recordándole que se ensañó en una de sus últimas críticas con la obra del hijo de uno de sus consejeros, diciéndole que lo que le pasa es que está muy solo y debe hacer como el crítico de cine que va a ver las películas con una amiga y todas le parecen muy buenas, recomendándole que se vaya a Benidorm con alguna y que recuerde que debe respetar una norma: los consejeros, los hijos de los consejeros y sus amigos y su familia tienen muchísimo talento.

Don Andrés va a casa de Doña Eloísa, donde está Elo con cara larga, y sin importarle lo que opine su vecino le quita la ropa "de payaso" al niño y dice que no quiere que se ponga lo que le regala la guarra de su tía con el dinero que les saca a los hombres.

Don Andrés, al verla tan ofuscada le trata de quitar el pelo de la cara y al hacerlo la recuerda de jovencita cuando se la encontraba por la escalera y tocaba su mano, o cuando pudo besarla al darle el título como belleza del barrio.

Elo le cuenta a su vecino que está harta y que su marido le dice que está harto de ella y que se busque el dinero donde quiera, asegurando que hace un mes que no lo ve, recordándole Don Andrés que eso lo veían venir todos menos ella.

Elo lamenta que tendrá que ponerse a servir, algo que a Don Andrés no le parece apropiado, pero ella dice que necesita el dinero y no sirve para venderse, ni su cuerpo sirve ya como antes, por culpa de los sufrimientos que le trajo Faustino, tomando Don Andrés su mano que ella aparta.

Poco después Elo comienza en efecto a servir como asistenta, recordándole a sus compañeras sus momentos de gloria pasados como cuando fue Miss Maravillas no entendiendo sus compañeras cómo no acabó siendo una estrella de cine.

Cuando llega la Elo de trabajar Luisa se dispone a marcharse, pues no quiere encontrarse con ella, aunque su madre le hace ver que si sale se topará con ella, asegurando Luisa estar dispuesta a darle a su hermana el dinero que gana trabajando para que no tenga que hacerlo, no por ello, sino para que los niños no pasen hambre, ya que ella está viviendo con un hombre con dinero como si estuvieran casados y con el que asegura acabará casándose,

Una amiga le cuenta a Elo que Faustino está con la Alpujarreña, que es la encargada de un grupo de limpiadoras que trabajan en varias oficinas, un cine y un banco, yendo Elo a ver a la mujer al cine donde están limpiando, pidiéndole la mujer que la perdone, y que está arrepentida asegurándole que le queda una cruz para toda la vida.

Va tras ello al bar a ver a su marido y a pedirle que vuelva, aunque él le dice que lo deje en paz, pues estaba contento y feliz con la Alpujarreña hasta que ella la fue a verla y a llorarle y lo deshizo todo, insistiendo ella en que vuelva por sus hijos para darles ejemplo, asegurando él que no lo hará y que no lo pide por los hijos, sino porque ha visto que ahora hay otras y lo que le molesta es su orgullo herido de ex guapa oficial.

Las trampas de Faustino le llevan a estar varias semanas sin cobrar y una noche al despedirse se fija en que hay mucho dinero por ser fin de semana, por lo que regresa sin que se den cuenta y se esconde en la trastienda mientras fuera los últimos borrachos se resisten a marcharse y cantan hasta que finalmente el dueño los echa.

Cuando todo queda en silencio y tras fumar varios pitillos sale y, muy nervioso y sudoroso abre la caja registradora y coge el dinero, antes de marcharse de nuevo a la trastienda de la que sale por una ventana que da a un portal cuyas escaleras sube hasta el rellano del último piso hasta que a la mañana siguiente el portero abre el portal y él sale corriendo en un momento en que no puede verlo.

Con parte del dinero robado le paga a su casera algo de los atrasos, encontrándose al salir con Miguel, uno de sus compañeros, que le cuenta que robaron en el bar, del que se llevaron todo lo que tenían, que son 22.000 pesetas, acercándose al bar para ofrecerse a su jefe pese a que es su día libre, viendo que su jefe está hablando con la policía.

Ese día come una estupenda comida con un puro y va a ver el fútbol.

Los policías le dicen a su jefe que debió ser un pinche, la mujer de la limpieza, un camarero o algún cliente que se escondiera en el bar, hablándole Don Paco de Faustino, que le dice es un hombre con muchas trampas, aunque lo cree improbable, pese a lo cual los policías le detienen al salir del aseo sin que él imponga resistencia alguna.

En el calabozo hace trocitos con un periódico que recuenta como si de dinero se tratase, como poco antes de ser detenido hacía con el dinero robado.

Anselmo, el marido de Luisa la lleva en un vehículo enorme y ostentoso que a ella le chifla, aunque él teme que con tanta ostentación los de impuestos se fijen en él.

Tras dejar a Anselmo, el chófer la lleva a ella hasta su casa, llamando la atención de todo el barrio, subiendo una vecina a contarle a su madre que ha llegado su hija con un coche que no cabe en Madrid, y que luego Luisa le cuenta es un regalo de aniversario de su marido.

Elo, que está en casa se pone furiosa y asegura que no quiere verla, lanzándose por el balcón y cayendo sobre el coche entre los gritos angustiosos de su madre y la expectación de todo el vecindario, mientras Luisa también llora y grita pidiendo que la perdone, teniendo que llevársela en medio de un ataque de nervios.

Calificación: 3