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El tambor de hojalata
El tambor de hojalata

Die Blechtrommel (1979) * Alemania / Francia / Polonia / Yugoslavia

          También conocida como:
                    - "El tambor" (Argentina)

Duración: 142 min.

Música: Maurice Jarre

Fotografía: Igor Luther

Guión: Jean-Claude Carrière, Franz Seitz, Volker Schlöndorff (Novela: Günter Grass)

Dirección: Volker Schlöndorff

Intérpretes: Mario Adorf (Alfred Matzerath), Angela Winkler (Agnes Matzerath), David Bennent (Oskar Matzerath), Katharina Thalbach (María Matzerath), Daniel Olbrychski (Jan Bronski), Tina Engel (Anna Koljaiczek joven), Berta Drews (Anna Koljaiczek anciana), Roland Teubner (Joseph Koljaiczek), Charles Aznavour (Sigismund Markus), Tadeusz Kunikowski (Tío Vinzenz), Andréa Ferréol (Lina Greff), Heinz Bennent (Greff), Fritz Hakl (Bebra), Mariella Oliveri (Roswitha).

Oskar Matzerath cuenta su historia remontándose al momento en que su madre estaba a punto de ser engendrada por su joven e ingenua abuela Anna Bronski.

Era en 1899 cuando Anna estaba en un campo de patatas en el corazón de Casubia cuando vio movimiento en el horizonte, llegando poco después hasta donde ella estaba un hombre pidiéndole que lo escondiera, accediendo la mujer a ocultarlo bajo sus cuatro faldas mientras comía las patatas que estaba asando.

Llegaron poco después unos policías que perseguían al hombre, que le dicen es Koljaiczek, un pirómano, diciéndoles ella que lo vio correr en otra dirección.

Cuando los policías se marchan el hombre se presenta como Joseph mientras se abrocha la bragueta abierta tras haber hecho el amor mientras se ocultaba.

Nueve meses después nació Agnes, la madre de Oskar en la Prusia en que se gestaba la revolución, viviendo la pareja durante cerca de un año acogidos por unos balseros con los que permanecieron hasta que los alguaciles dieron con él, debiendo saltar al agua mientras huía de ellos, tras lo que no volvieron a verle nunca más, por lo que pensaban que murió ahogado, aunque había quienes decían que había huido a América y se había establecido en Chicago, donde con el nombre de Joe Colchic se hizo millonario gracias a la industria maderera y con la venta de cerillas, así como con sus participaciones en las aseguradoras contra incendios.

A partir de ese momento su abuela tuvo que sobrevivir vendiendo gansos en el mercado, o nabos cuando se hizo más vieja.

También Agnes, su madre se hacía mayor y estaba preocupada por el destino de su primo Jan, que fue llamado a filas pese a que prefería quedarse con ella, poniéndose muy contenta cuando lo declararon no apto, quedando libre por un año.

Agnes estuvo muy enamorada de él hasta que apareció Alfred Matzerath, un joven renano que trabajaba en el hospital como cocinero y que era el preferido de todas las enfermeras por su alegría.

Cuando acabó la guerra Danzig fue declarada ciudad libre y Polonia tuvo su propio servicio postal donde consiguió trabajo Jan Bronski, aficionado a la filatelia.

Jan y Alfred discutían, defendiendo el primero que los casubios estaban allí antes que los polacos y los alemanes, mientras Alfred defendía que todos ellos debían convivir en paz, no terminando Agnes de decidirse por ninguno de los dos.

Los tres se profesaban gran cariño y de ese trío acabó naciendo, en septiembre de 1924, Oskar Matzerath, al ser Alfred con quien se casó por ser Jan su primo.

Oskar asegura que ya escuchaba a sus padres y a su madre nada más nacer y solo la promesa de esta de que cuando cumpliera 3 años tendría un tambor de hojalata le hizo evitar su deseo de volver al útero.

Oskar estaba impaciente por la llegada de su tercer cumpleaños, y cuando llegó ese día, y mientras todos se divertían y bebían él comenzó a reflexionar, tras comprender que su madre mantenía relaciones con Jan, y desilusionado decidió que no iba a crecer más y que se quedaría siempre con la estatura de un gnomo.

Y para justificar su decisión y aprovechando que estaba abierta la trampilla de la bodega, tiró el estante con las botellas y se lanzó desde las escaleras, simulando haber caído desde lo alto de la trampilla, provocando así el enfado de la preocupada Agnes con Alfred por haberla dejado abierta.

El doctor apreció solo la existencia de una pequeña conmoción, pero a partir de ese día él dejó de crecer, pasándose todo el día tocando su tambor de hojalata, lo que pone nervioso a Alfred, que cuando trata de quitárselo, porque estaba ya roto, ve cómo Oskar se pone a chillar tanto que se rompió el cristal del carillón.

Fue así como Oskar descubrió que con sus gritos podía alcanzar tonos tan agudos que nadie se atrevería a tratar de quitarle de nuevo su tambor.

Siempre con este jugaba con los otros niños que lo seguían con curiosidad para ver cómo con sus gritos lograba romper las farolas u otros cristales.

Para entonces ya los nazis comenzaban a desfilar por las calles, insultados por algunos vecinos que les lanzaban piedras indignados.

No dejó su tambor tampoco cuando le tocaba ir al colegio, y cuando su profesora le pidió que guardara el tambor en el armario hasta después de clase él se negó a hacerlo, haciendo que la profesora se enfadara, poniéndose él a gritar y logrando romper sus gafas.

Cumplidos los 6 años, su madre, preocupada lo lleva al médico para que le examine, debiendo para ello desnudarlo, siendo preciso quitarle el tambor, ante lo que rompe a gritar de nuevo rompiendo varios recipientes que contenían desde un feto a varios animales, en líquidos, quedando tan impresionado el doctor que le pide permiso a su madre para escribir sobre ese fenómeno en una revista científica, leyendo algún tiempo después su artículo con gran admiración.

En un descampado los niños aprovechan un fuego para preparar una sopa de broma, en la que además de agua echan pis, ranas y hacen que escupa un hombre, obligando tras ello a Oskar a probarla.

Por ello Oskar es feliz cuando cada jueves puede ir con su madre al centro, yendo a buscar a Jan a correos, tras lo que visitan la tienda de juguetes de Sigismund Markus, donde le compran a Oskar los tambores cuando se le rompen, viendo como el señor Markus corteja a su madre, a la que le ofrece unas bonitas medias por un precio casi regalado, aunque ella no se deja tentar por él y además le pide que se quede con su hijo durante media hora mientras, como cada jueves, ella va a hacer un "recado".

Oskar la sigue hasta una pensión de mala reputación, comprobando que allí la espera Jan, con el que se acuesta, pudiendo él escuchar cómo grita el nombre de Jan mientras hacen el amor.

Oskar sube entonces hasta una torre cercana y chilla tan fuerte que hace que revienten buena parte de los cristales de los edificios cercanos, poniéndose a tocar su tambor fuertemente cuando ve que su madre se asoma medio desnuda a la ventana.

Un día acude con sus padres al circo, interesándole mucho los enanos, muchos de ellos payasos, aunque quien más le impresiona es Bebra, un enano que hace música acariciando las copas, lo que le fascina tanto, que durante un descanso sale hacia las caravanas, dirigiéndose Bebra a él al verlo.

Bebra afirma descender del Príncipe Eugenio, hijo de Luis XIV y que cuando cumplió 10 años detuvo su crecimiento, un poco tarde según él, calculando que Oskar tendrá unos 14, contándole él que solo tiene 12 y medio, contándole Bebra que él tiene 53.

Oskar le demuestra sus poderes haciendo estallar varias bombillas con sus gritos, ante lo que Bebra le dice que debe unirse a ellos, lo que Oskar rechaza diciéndole que prefiere formar parte de los espectadores y desarrollar su arte por su cuenta.

Sus padres lo recogen, preocupándoles la perspectiva de que su hijo se convierta en un payaso o en una atracción de circo.

Para entonces los nazis comienzan a ser ya una gran fuerza, convirtiéndose Alfred en uno de ellos, acudiendo a un desfile mientras asegura que están viviendo días que pasarán a la historia, echándole en cara a Jan que haya optado por Polonia.

Mientras Alfred acude a ver a un alto cargo nazi que anima a los polacos a volver a formar parte de Alemania, Agnes se queda con Jan, acudiendo también Oskar al mitin, donde, escondido bajo las escaleras observa a la orquesta juvenil, poniéndose también él a tocar su tambor, haciendo que se distraigan los que están más cerca de él y pierdan el ritmo, contagiando a su vez a los demás músicos, que acaban tocando el Danubio azul, haciendo que la gente empiece a moverse a su ritmo, para empezar algunos a bailar, contagiando a los demás, acabando bailando todos los asistentes hasta que una persistente y fortísima lluvia les hace marcharse a sus casas.

Durante el Viernes Santo de 1939, los Matzerath y Jan van hasta la playa, viendo a un hombre que ha tirado una cuerda de tender al agua y se burlan de él de que piense que va a pescar algo con ella, viendo entonces cómo el hombre, al tirar de la cuerda saca una cabeza de caballo muerta cargada de anguilas, vomitando Agnes al verlas.

El hombre le vende algunas baratas, que Alfred cocina, pero que Agnes se niega a probar pese al empeño de Alfred en que lo haga.

Enfadada se retira a su habitación, acudiendo Jan a calmarla, viendo Oskar que se había escondido en el armario como Jan la acaricia, para confundirse sus gritos de enfado con los de placer, cuando se acuesta con Jan.

Agnes sale poco después, coge el plato con las anguilas y se las come sin protestar.

Durante su siguiente visita a la tienda de Markus este aconseja a Agnes que rechace a Bronski y se quede con su marido, favorable a los alemanes, tras lo que le pide que se escape con él a Inglaterra, tras decirle que le han bautizado, lo que ella rechaza.

Un día, mientras Agnes se confiesa Oskar se acerca al altar donde está la virgen con el niño Jesús y le cuelga a este su tambor, poniendo en sus manos los palillos mientras le pide que toque, si es verdad que lo puede todo, y mientras su madre confiesa su aventura con Bronski su hijo comienza a tocar el tambor colgado del niño Jesús, preguntándole al cura qué puede hacer con él, que ya tiene 14 años y sigue igual que cuando tenía 3.

En los siguientes días Agnes comienza a comer pescado crudo ansiosamente, por lo que Alfred, asustado tras tres semanas así llama a Anna, la madre de Agnes, pudiendo esta ver cómo engulle el pescado para luego vomitar, comprendiendo Anna que su hija no quiere seguir viviendo, aunque tampoco quiere morir, lo mismo que ella sintió tras la desaparición de su padre, comunicándole a Alfred que está embarazada, pero que no quiere tener el niño, ante lo que Alfred le pide que lo tenga y que no le importa que sea suyo o de Jan.

Pero Agnes fallece debido a la intoxicación alimentaria.

Durante el entierro Oskar toca su tambor mientras los demás cantan, siendo expulsado del cementerio Markus al que acusan de ser judío, aunque este regresa cuando ya no hay nadie para rezar por ella en hebreo.

Tras la comida Oskar va junto a su abuela, que está atizando el fuego en el campo y le deja que se esconda bajo sus faldas mientras su padre y su tío juegan a las cartas tratando de olvidar su disgusto.

Oskar cuenta la historia de ese pueblo crédulo que creía en Papa Noel, aunque Papa Noel era un pirómano.

Llega la Noche de los cristales rotos, ardiendo casas, vienen y sinagogas judías.

Oskar acude a la tienda de Sigismund Markus donde ya los nazis irrumpieron destrozándolo todo y donde descubre a Markus muerto, tras haberse suicidado, llevándose, según Oskar todos los juguetes del mundo, siendo él quien cierra sus ojos.

El 1 de septiembre de 1939, Oskar provocó un hecho del que se consideraba responsable asegurando que no solo acabó con su madre por culpa de su tambor, sino que también arrastró a su tío a la oficina de correos, lo que provocó su muerte.

A Oskar se le había roto su tambor y ya no podía ir a reemplazarlo a la tienda de Markus, por lo que necesitaba la ayuda de Kobyella, uno de los compañeros de la oficina de correos de su tío, que sabía repararlo, por lo que le pidió a Jan que lo llevara hasta allí, y, aunque la oficina de correos había sido acordonada por los nazis, Oskar se coló dentro y Jan corrió tras él, recibiendo nada más entrar un arma, viéndose así unido a quienes se habían hecho fuertes dentro defendiendo su condición de polacos.

Comienzan los disparos y el bombardeo del edificio, que comienza a arder, viendo entonces Oskar un tambor nuevo que trata de coger.

Kobyella lo coge para evitar que lo maten, siendo él quien caiga herido, como antes lo fue Jan, que recoge a Oskar y su tambor con los que baja hasta el sótano junto con Kobyella, jugando ambos a las cartas mientras esperan su final, a la vez que los alemanes entran en el edificio, insistiendo Jan a Kobyella, ya muerto en que siga jugando, poniéndose a gritar el nombre de Agnes, siendo sorprendido por los soldados alemanes mientras hacía una torre de cartas.

Detenido Jan en ese acto, Oskar recuerda que los alemanes grabaron esas imágenes que proyectaron en todos los cines, viviendo él en primera persona lo ocurrido en la oficina de correos en lo que pasó a la historia como el inicio de la II Guerra Mundial, recibiendo con vítores los ciudadanos de Danzig la anexión al Reich.

Un hombre le cuenta Jan Bronski fue fusilado junto con otra treintena de hombres.

Como Alfred tiene demasiado trabajo, un día la abuela Anna les lleva a María, una joven de 16 años prima de Oskar para que le ayude en la tienda y se ocupe de Oskar, que inevitablemente se acaba enamorando de ella.

María también le lleva a la playa, donde Oskar la observa en bañador, siendo esa muchacha, de su misma edad, su primer amor, que siempre olía a vainilla.

En la playa se cambian en la misma caseta, pudiendo ver así Oskar a Maria desnuda, no pudiendo evitar ir hacia ella, pegando su boca a su sexo, lo que a ella en un principio le hace gracia, pero luego lo golpea y le pide que se aparte, aunque cuando el niño se pone a llorar trata de consolarlo, comprendiendo que ella lo atrae, aunque no entiende lo que le ocurre, por lo que lo abraza.

Maria y Oskar deben compartir cama un día que Alfred se marcha, y sabiendo que a ella le gusta el refresco efervescente en polvo, le echa un poco sobre su mano y escupe, tomándolo ella, haciendo luego lo mismo sobre el ombligo de ella, que se deja hacer, haciendo finalmente el amor con ella.

Pero un día cuando vuelve de casa la escucha gritar, descubriendo que Alfred está haciendo el amor con ella, sintiéndose decepcionado, viendo luego cómo María se queja de que Alfred no tiene consideración con ella, que va a satisfacer sus deseos y no trata de satisfacerla a ella que necesita más tiempo.

Oskar la ve llorando y le pone música en la radio para animarla mientras ella se lava, y luego trata de consolarla dándole de nuevo un poco de refresco efervescente, ante lo que ella lo llama gnomo chiflado afirmando que debería estar en el manicomio, y que es un enano de mierda. Luego le pide perdón, pero Oskar la golpea en sus partes.

Poco después María aparece embarazada viendo cómo un día Oskar trata de clavarle unas tijeras en la tripa, aunque María logra evitarlo.

Cuando nace el niño, Kurt, todos lo celebran, pareciendo muy contentos con los avances del ejército alemán en el este, asegurando que pronto caerá Leningrado.

Entonces Oskar se lleva a Kurt y le dice que como hijo suyo que es, el día que cumpla tres años le regalará un tambor y le enseñará cómo no crecer si lo desea.

Un día vuelve a ver a Bebra, vestido con un uniforme del ejército alemán, mientras es saludado por los verdaderos soldados. Bebra Saluda a Oskar y le presenta a Roswitha Raguna, la gran sonámbula italiana que, asegura, alegra la vida a los soldados.

Mientras toman una copa le cuentan que los contrató el Ministerio de Propaganda que les dio la oportunidad de actuar ante los más altos dirigentes del partido y las tropas.

Impresionado por Roswitha, Oskar le muestra su arte grabando gracias a su chillido en el cristal de la copa un corazón, regalándole la copa a Roswitha, que le pida que se una a ellos, pues así podrá conocer París, donde actuarán ante las tropas nazis.

Oskar se une a ellos, y poco después actúan bajo la torre Eiffel, que a Oskar le recuerda las faldas de su abuela.

Debuta en el teatro esa noche rompiendo copas con sus chillidos, siendo un grupo muy popular entre las tropas alemanas, actuando en un búnker para estos, lo que les permite disfrutar de los más sabrosos manjares del mundo, mientras fructifica su relación con Roswitha.

Hasta que una noche, mientras duerme con ella los despierta Bebra, pues están llegando los americanos y deben marcharse deprisa, subiendo a un camión que ha de evacuarlos, aunque Roswitha baja afirmando que no puede marcharse sin haber tomado café, viendo Oskar desde el camión cómo una bomba acaba con su vida.

Oskar recuerda que no sabía cuando años tenía ella, solo que olía a canela y a nuez moscada y que sabía leer el corazón de las personas.

El camión lo lleva hasta Danzig, una ciudad ahora destruida por los ataques rusos, llegando de nuevo a la casa Matzerath justo el día del cumpleaños de Kurt al que le lleva como regalo un tambor igual que el suyo.

Maria le pregunta dónde se metió, pues se fue sin avisar y lo estuvieron buscando, incluso con la policía, pensando que había muerto.

Con los rusos a punto de entrar en la ciudad, sus habitantes tratan de deshacerse de cualquier símbolo que los pueda relacionar con los nazis.

Y cuando finalmente llegan a la ciudad entran en el sótano donde se escondían, siendo Oskar cogido en brazos por uno de los soldados que lo toma por un niño, clavándole entonces la insignia nazi en la mano de Alfred, que tenía sus manos levantadas, viéndose obligado a quitársela con la boca para que no le descubran con ella, y tragándosela, sufriendo unos dolores terribles al estar el pasador abierto, por lo que corre de un lado a otro haciendo que los soldados se sientan amenazados, disparando uno de ellos contra él y acabando con su vida ante el llanto de María y del propio Oskar, que fue el responsable.

Entierran a su padre en un improvisado ataúd hecho de cajas de madera de su colmado, preguntándose Oskar entonces, cuando está a punto de cumplir 21 años si debe o no enterrar su tambor junto a su padre, al haberse quedado huérfano, decidiendo lanzar su tambor a la tumba afirmando que quiere volver a crecer, recibiendo justo en ese momento una pedrada lanzada por Kurt, que hace que él mimo caiga también a la fosa inconsciente, observando cuando le sacan que ha comenzado a crecer.

Herido y sin poder moverse, recibe la visita de su abuela Anna, que le dice que esa es la historia de los casubios, siempre recibiendo golpes en la cabeza.

María ha decidido irse con él y con Kurt a Alemania buscando una vida mejor, pero Anna se queda, pues a los casubios no se les puede convencer de que vivan en otra parte para que les puedan golpear la cabeza, pues no son del todo polacos ni del todo alemanes.

Unos días después les despide en la estación, viendo cómo Oskar debe ir en un cochecito herido aun y sin poder moverse.

Calificación: 3