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El tesoro de Sierra Madre
El tesoro de Sierra Madre

The treasure of the Sierra Madre (1947) * USA

          También conocida como:
                    - "El tesoro de la Sierra Madre" (Hispanoamérica)

Duración: 126 min.

Música: Max Steiner

Fotografía: Ted McCord

Guión: John Huston (N: B. Traven)

Dirección: John Huston

Intérpretes: Humphrey Bogart (Fred C. Dobbs), Walter Huston (Howard), Tim Holt (Bob Curtin), Bruce Bennett (James Cody), Barton MacLane (Pat McCormick), Alfonso Bedoya (Sombrero Dorado), Arturo Soto Rangel (El Presidente), Manuel Dondé (El Jefe), José Torvay (Pablo), Margarito Luna (Pancho).

Febrero de 1925. Un norteamericano, Fred C. Dobbs comprueba el listado de premios de la lotería en Tampico, México, rompiendo el boleto tras ello.

Sin dinero, pide limosna, estando tentado de coger el cigarrillo que un hombre tira a medias, aunque no lo hace porque se le adelanta un niño.

Un americano le entrega dos monedas con las que puede comprar tabaco y tomarse una copa, regañando a un niño que insiste en venderle un boleto de lotería, accediendo finalmente ante la insistencia del pequeño que no se va pese al maltrato, a comprar una vigésima parte de boleto.

Se sienta luego en un banco del parque donde invita a tabaco a otro gringo sin recursos como él, que sueña con marcharse, quejándose Dobbs de que en México los estadounidenses no pueden trabajar ni como limpiabotas, quedándole solo la posibilidad de pedir en la calle.

Poco después Dobbs sigue pidiendo limosna, pidiéndosela a un hombre al que le están limpiando los zapatos, sin darse cuenta de que es el mismo hombre que ya se la dio antes, pese a lo cual le da otra moneda con la que Dobbs va a una barbería donde se corta el pelo y se afeita.

Unas horas después vuelve a pedir limosna sin darse cuenta de que lo hace al mismo tipo, que le dice estar cansado de darle limosnas, pese a lo cual le da otra, y una más para pedirle que no le moleste.

Y al siguiente hombre al que le pide limosna le dice que no le dará nada, pero le ofrece un trabajo, que le asegura será duro, pero bien pagado, pues le dan 8 pesos por día en el montaje de un campamento donde vuelve a reencontrarse con el otro gringo con el que coincidió en Tampico, Bob Curtin.

El trabajo es agotador, pues están de 16 a 18 horas trabajando a 40 grados, aunque el hombre que le contrató, Pat McCormick les promete que les dará un plus si terminan el trabajo en dos semanas.

Acabado el trabajo, son devueltos a Tampico, aunque cuando llegan al muelle McCormick les dice que no ha llegado el agente con el dinero, decidiendo ir a recogerlo, aunque Curtin y Dobbs le dicen que no se fían, entregándoles él 10 dólares para que se tomen unas copas mientras lo esperan en una cantina.

Pero una vez allí les dicen que McCormick se aprovecha de hombres como ellos y nunca paga, por lo que deciden marcharse con los dos pesos que les quedan a un dormitorio colectivo llamado "El oso negro", donde oyen hablar a un hombre mayor de unas montañas que hay a varios días de ferrocarril donde afirma que hay oro.

El hombre les dice que el oro vale tanto por su escasez y porque de cada 1.000 hombres que lo buscan solo uno lo encuentra, aunque dice, engancha como la ruleta y si lo encuentras siempre querrás más, afirmando Dobbs al oírlo que a él no le pasaría, pues se conformaría con lo que fuera a buscar aunque supiera que había más.

Pero el hombre, Howard, les dice que ha trabajado en diversas partes del mundo y sabe que el oro destruye las almas de los hombres, afirmando no conocer a ningún buscador que haya muerto rico, asegurando que cuando consiguen dinero con el oro se lo gastan para buscar más, y él es uno de los enganchados, afirmando que si encuentra a alguien que quiera compartir gastos seguirá cavando.

Al día siguiente Dobbs y su amigo Curtin hablan en la calle del asunto que surgió la noche anterior cuando ven salir de un hotel a McCormick con una chica, por lo que se dirigen a él dispuestos a darle un escarmiento.

McCormick se muestra como si nada hubiera ocurrido y los invita a unos tragos mientras le pide a su acompañante que le espere en el hotel, diciéndoles a los dos trabajadores que los buscó y no los encontró, afirmando que a él tampoco le pagaron, pero que les incluirá en su siguiente contrata, lo cual no sirve para consolarlos, exigiéndoles ellos su dinero, diciéndoles el patrón que les dará el 25%, y el resto la semana siguiente, exigiéndole ellos el dinero en ese momento, decidiendo entonces McCormick atacarlos, estando a punto de vencerlos debido a su debilidad, aunque finalmente las fuerzas unidas de ambos sirven para vencerlo y darle una paliza, tras lo cual cogen de su cartera los 300 dólares que les debía.

Pero saben que eso les durará poco, proponiendo Dobbs hacerle caso a Howard, estando Curtin de acuerdo, pues además si se dedican a buscar oro dormirán al aire libre, por lo que podrá durarles más el dinero.

Como carecen de experiencia hablan con Howard, viendo que entre los tres reúnen 500 dólares, pero que necesitarán al menos 600 para poder comprar las herramientas y armas para poder defenderse de los bandidos.

Aparece entonces el niño que le vendió la lotería a Dobbs que le pide que le dé un 10 por ciento de su premio, pues le han tocado 200 pesos en la lotería, decidiendo poner ese dinero para poder seguir adelante, poniendo la parte de Curtin.

Parten hacia la montaña, haciendo caso a Howard que les indica que los mejores sitios para buscar oro son los más alejados y donde no haya caminos, viendo mientras hablan cómo el tren es atacado por un grupo de bandidos, debiendo ellos mismos colaborar en la defensa del tren con sus armas, consiguiendo así evitar el ataque.

Llegados a su destino compran unos asnos, tras lo que deciden empezar a escalar la montaña internándose en una región salvaje y peligrosa donde deben abrirse paso a golpe de machete, viendo cómo mientras Howard trepa ágilmente ellos no pueden seguir su rastro, estando agotados.

Y mientras paran a descansar se fijan en una roca que brilla y piensan que se trata de oro, por lo que llaman a Howard, el cual les dice que se trata de pirita, el oro de los tontos, afirmando que han pasado por un sitio muy prometedor, pero que estaba alejado 17 kilómetros del agua necesaria para lavar la arena.

Atraviesan una espesa selva, acabando agotados y planteando Dobbs volver a la civilización mientras el viejo se ríe de lo flojos que son, amenazando Dobbs con golpearlo, ante lo que Howard le reta asegurándoles que si faltara él morirían allí como ratas, pues desconocen el terreno, disponiéndose Dobbs a lanzarse contra él cuando Curtin lo sujeta y le dice que no lo haga, pues el viejo está loco, ante lo que este les dice que él está loco y ellos son más burros que los asnos que llevan, pues no son capaces de darse cuenta de la riqueza que tienen bajo sus pies, bailando el anciano sobre la arena, mezclada con oro.

El viejo les enseña que el oro es como arena y les dice que dormirán en la parte baja de la montaña por si pasa alguien por allí que los tome por cazadores, señalando que no conviene registrar las tierras, pues de inmediato se les echaría encima alguna compañía minera reclamando la explotación.

Dobbs reconoce que creía que lo de buscar oro era más sencillo, mostrándoles el modo de trabajar con la tierra para extraer el metal, logrando unos días después haber reunido oro por valor de unos 5.000 dólares.

Dobbs propone entonces que cada uno tenga su parte y se haga responsable de ella mientras Curtin cree que pueden esperar, decidiendo finalmente que cada uno tenga su parte, debiendo hacerse cada uno responsable de sus sacas, afirmando Howard que cabe que alguno de ellos se aproveche del despiste de los otros para hacerse con el oro y marcharse, asegurando el viejo que él es el más fiable, debido a su edad.

Trabajan duro, pues tienen ganas de conseguir mucho oro cuanto antes, sufriendo Dobbs un día el derrumbe de una galería mientras trabaja.

Curtin, al verlo duda, aunque finalmente entra para rescatarlo, sintiéndose Dobbs agradecido de que le salvara la vida.

Una noche hablan, contando el viejo que con su dinero montará un negocio y ya no volverá a trabajar en una mina, pues ya no tiene tanta fuerza como para continuar, mientras Curtin dice que comprará un terreno de melocotoneros, pues recuerda que lo pasó muy bien en un lugar así en su pasado.

El viejo dice que deberían plantearse cuánto quieren conseguir para poner un límite a su estancia, señalando el viejo que a él le parece bastante con 25.000 dólares, aunque Dobbs dice que eso es poco y propone 50.000, aunque eso les lleve al menos un año, señalando Curtin que 25.000 dólares es más de lo que había soñado tener.

Dobbs se siente ofendido de que le llamen avaricioso, recordando a Curtin que él invirtió más dinero y lo lógico es que quien invirtió más reciba más.

Curtin decide entregarle entonces lo que le debía con sus intereses, aunque Dobbs lo tira y dice que lo único que pasa es que no le gusta que lo llamen egoísta.

Esa noche se despierta y al ver que no está el viejo sale a investigar, levantándose Curtin tras ello al no fiarse tampoco de Dobbs, yendo cada uno de ellos a comprobar que su parte está bien, no fiándose ninguno de ellos de los otros dos, afirmando Dobbs que no se dormirá para que no lo pillen por sorpresa.

Deben bajar a comprar víveres al pueblo, quejándose Dobbs de que le hagan ir a él, pues mientras falte ellos pueden buscar su parte, diciéndole Howard que se la lleve, temiendo ser víctima de los bandidos, ocurriéndosele entonces que quizá eso es lo que quieran, que lo maten los bandidos y así poder quedarse con su parte.

Poco después Curtin descubre un heloderma y decide acabar con él, apareciendo entonces Dobbs que casualmente escondía su tesoro bajo la roca en la que se ocultó el animal, pensando que Curtin trata de quedarse con su oro al ver que intenta apartar la roca, animándole Curtin si no lo cree a meter su mano bajo la roca, asegurándole que si le muerde morirá.

Sujetan a Dobbs y le quitan su arma, haciendo que Howard levante la roca para ver que en efecto se había ocultado allí el peligroso lagarto, con el que Curtin acaba.

Será finalmente este, Curtin, quien baje al pueblo, viendo al llegar cómo los federales detuvieron a varios bandoleros que llevan hasta el cementerio para acabar con ellos.

Mientras realiza la compra de provisiones se fija en él otro gringo que entabla conversación con él hablándole de los bandidos y diciéndole que es el primer americano que ve por allí en mucho tiempo.

Su compatriota, James Cody le pregunta qué hacen allí, respondiendo él que son cazadores y que cazan jaguares, diciéndole Cody que ha visto que hay indicios de que hay oro cerca pese a que Curtin dice que no hay nada, y cuando se ofrece a acompañarle, ya que tiene sus burros listos, Curtin insiste en ir solo, debiendo dar un rodeo yendo por terreno duro para no dejar huellas aunque sabe que le siguió.

Piensan qué hacer, y cómo echarle, aunque el viejo les dice que si lo hacen los denunciará y no les permitirán llevarse lo que recogieron, sugiriendo Dobbs matarlo en cuanto aparezca, diciendo que podrían descubrirlos.

Y Cody aparece en efecto poco después, asegurando que tenía ganas de hablar con americanos y en su propio idioma, pidiéndole Dobbs que se marche al día siguiente.

Cody les dice que no hay caza que merezca la pena allí cuando empiezan a comentar lo que han cazado, diciendo el viejo que tiene razón y por ello piensan en marcharse.

Cody les dice que no hay caza, pero sí oro, aunque ellos lo niegan, y aunque le dejan dormir con ellos, se turnan para vigilarlo.

Por la mañana es Cody el primero en levantarse y ven que ha hecho café, diciéndole Dobbs que tendría que haberles pedido agua y lo golpea cuando el hombre les dice que esperaba estar entre gente civilizada.

Le aconsejan que se marche y él dice que lo hará, pero que se quedará en la montaña buscando oro, pues, si no han registrado el terreno, es de todos y les asegura que empezará a buscar oro por allí corriendo el riesgo de que le eliminen, aunque les dice que si lo hacen aparecerán otros hombres y no podrán matarlos a todos, y además el que mate estaría en manos de los otros dos a no ser que disparen los tres, y si lo echan los denunciará, pues le darían una recompensa del 25% de lo conseguido.

Por el contrario, si le hacen socio no tendrán que darle nada y solo tendrá la parte que le corresponda de lo que saquen a partir de ese momento.

Deciden debatir el asunto, siendo Dobbs partidario de matarlo, pues piensa que si aceptan a uno tendrán que aceptar a todos los que lleguen en el futuro, decidiendo por unanimidad acabar con él los tres juntos, aunque cuando van a hacerlo Cody les pide que miren hacia abajo, viendo que se adentra en la montaña un grupo de jinetes, dándose cuenta de que son bandoleros que buscan armas y municiones, debiendo prepararse para hacerles frente escondiendo y recogiendo sus cosas, reconociendo en los bandidos a los hombres que intentaron el asalto al tren, que se detienen junto a ellos, dispuestos a pasar allí la noche, e incluso montar allí su refugio.

Deciden darles el alto, diciendo los bandidos que son policías y que si les dan el rifle se irán, ofreciéndoles a cambio un reloj, siendo la respuesta de Howard disparar acabando con el reloj, comenzando tras ello un tiroteo, en que, al estar ya parapetados, cobran cierta ventaja por lo que consiguen hacer que se vayan, aunque saben que volverán y con más furia al saber que disponen de cuatro armas.

Tras comprobar que durante la refriega ha muerto Cody por un tiro en la garganta, se preparan para esperar el segundo ataque, que piensan será con barreras móviles, aunque en contra de lo esperado les escuchan marcharse, descubriendo que tuvieron que huir al ser perseguidos por los federales.

Entre las cosas de Cody encuentran una carta que leen, viendo que se la envió una mujer que le habla de su hijo y que le dice que ni los tesoros no merecen las largas separaciones que tienen, hablándole de que ya están los frutales en flor y de lo bello que está todo a la llegada de la primavera.

Tras enterrar a Cody continúan con su trabajo, aunque comprueban que el oro es cada vez más escaso y que tienen alrededor de 35.000 dólares, y, aunque es menos de lo que esperaban deciden marcharse para poder aprovechar lo ganado y poder tener una familia y no perderla como Cody por buscar oro.

Tras dejar la montaña como la encontraron recogen sus ganancias dispuestos a regresar, cargando sus asnos con el oro y dando gracias a la montaña.

Mientras descansan Curtin dice estar pensando en la viuda de Cody y dice que deberían darle a esta una cuarta parte como si hubiera trabajado con ellos, pues les ayudó y le deben la vida, y aunque Dobbs no parece dispuesto a ello, Curtin afirma que le dará una parte de todos modos, afirmando Howard que con la mitad de lo conseguido le sobra para vivir, por lo que también acepta.

Aparecen entonces cuatro indígenas que les piden hospitalidad, invitándolos a café e intercambiando tabaco, diciéndoles tras ello que necesitan ayuda, pues el hijo de uno de ellos cayó al agua y no parece querer revivir, aunque piensan que tampoco está muerto, decidiendo Howard acompañarlos para tratar de ayudarlos.

Howard realiza maniobras de reanimación al niño consiguiendo con ellas que el niño recupere el conocimiento, lo que toda la aldea ve como un milagro, retirándose el anciano entre el reconocimiento de la gente.

Al día siguiente reanudan su camino hacia Durango, viendo cómo los indígenas los siguen y les piden que sigan en la comarca una semana más, pues el padre del muchacho le dice que si no paga su deuda los santos se enfadarán.

Dobbs se enfada e incluso saca su arma, debiendo calmarlo Howard, que comprende que no tiene más remedio que quedarse unos días allí, aunque Curtin y Dobbs sigan su camino, ya que ellos no les importan, decidiendo que estos se lleven su oro, acordando encontrarse en Durango.

Pero durante el camino, Dobbs se queja de haberse ofrecido a ayudarle, pues es demasiada responsabilidad y le molestan los burros de Howard.

Pronto comienzan las discusiones entre Dobbs y Curtin porque el primero quiere descansar, mientras que el segundo prefiere continuar, discutiendo por ello sobre quién manda.

Más tarde Dobbs le dice a Curtin que deben abandonar su idea de ir a Durango, pudiendo repartirse el oro del viejo, a lo que Curtin se niega, concluyendo Dobbs que lo que desea es quedárselo todo, diciendo Curtin que es leal con el viejo como lo sería con él.

Pero Dobbs asegura que sabe que piensa matarlo y quedarse con todo, por lo que saca su arma y le dice que suba sus brazos, empezando una pelea entre ellos, consiguiendo Curtin arrebatarle su pistola, proponiéndole llegados a ese punto seguir cada uno por su camino, lo que tampoco le parece bien a Dobbs que piensa que entonces se ocultará y se abalanzará sobre él en cualquier momento.

Continúan su camino, pero sin dormir, porque no se fían el uno del otro, escondiéndose Dobbs para tenderle una emboscada, aunque no logra sorprenderlo.

Finalmente Curtin cae rendido por el sueño y es sorprendido por Dobbs.

Curtin le dice que si lo mata el viejo lo encontrará, asegurando Dobbs que le contará que él lo ató a un árbol y se llevó él todo, llevándolo entonces hacia el bosque donde le dispara, regresando poco después para cerciorarse de que acabó con él.

Dobbs trata tras ello de dormirse, aunque los remordimientos le impiden descansar.

Ignora que Curtin no murió y es encontrado por dos indígenas que lo auxilian.

Dobbs piensa en enterrarlo, pero prefiere marcharse pensando que acabarán con él los cuervos y las hormigas, aunque tras reanudar su camino piensa que si alguien ve a los buitres haciendo círculos descubrirán el cadáver, por lo que decide dar marcha atrás para enterrarlo, comprobando que no está allí, pensando que debió llevárselo el jaguar, congratulándose de su buena suerte.

Howard entretanto disfruta de la hospitalidad de los indígenas y bebe tequila y es agasajado por varias muchachas, recibiendo numerosos regalos, siendo interrumpido su descanso cuando le dicen que el carbonero descubrió entre la maleza cubierto de sangre a uno de sus compañeros.

Curtin le cuenta a Howard lo ocurrido, asegurando que lo encontrarán, aunque le dice que no es extraño lo ocurrido, pues la tentación era muy grande y era casi lógico, pidiéndolo que se quede allí hasta que se recupere mientras él sale a buscar a Dobbs, aunque Curtin insiste en ir.

Escoltado por varios indígenas salen a caballo al encuentro de Dobbs, viendo por el camino muerto a uno de los burros.

Dobbs camina exhausto cuando de pronto llega a un riachuelo y corre hasta él, donde hunde su cabeza, viendo al levantarla el reflejo en el agua del bandido del sombrero dorado que intentó asaltar su tren y que les atacó en la montaña, que le pide tabaco.

Dobbs le dice que los contrata como arrieros y les pagará en Durango, cayendo entonces el hombre en que es el hombre del rifle de las montañas, tratando él de defenderse diciendo que lo siguen dos hombres a caballo.

Tras comprobar que miente le preguntan qué lleva en el burro, diciendo él que son pieles y que les pagará cuando las venda si le acompañan como arrieros.

Amenaza tras ello a los delincuente con su pistola, aunque ellos saben que solo podrá matar a uno, pese a lo cual Dobbs dispara, comprobando entonces que no tiene balas, por lo que lo que los bandidos le golpean y le quitan el arma, peleándose tras ello por conseguir las botas de Dobbs.

Luego buscan su carga, viendo las sacas que ellos creen son de arena, por lo que la tiran, llevando los burros hasta la ciudad para tratar de venderlos.

Pero una vez allí un niño que ve la marca que llevan los asnos avisa al hombre que se los vendió a los buscadores deteniéndoles por ladrones, y reconociendo en ellos a los hombres que asaltaron al tren y los detienen, haciendo poco después que excaven sus propias tumbas antes de ser ejecutados por un pelotón.

Curtin y Howard, que llegan entonces a la ciudad escuchan los disparos, contándoles el hombre que les vendió los asnos que los bandidos ejecutados acabaron con Dobbs, aunque tienen sus cosas y las pieles en su oficina, aunque no las sacas.

Pero un niño les dice que los bandidos hablaron de esos saquitos que pensaban que llevaban para que pesaran más las pieles cuando las vendieran y que los abandonaron en el convento, hacia el que salen tratando de recuperarlos.

Llegan hasta el lugar en medio de un vendaval que hace volar el oro mezclado con la arena, encontrando las bolsas, pero vacías, no pudiendo evitar el viejo romper a reír diciéndole a Curtin que ría también, pues Dios o la naturaleza les ha gastado una gran broma llevándose el oro al sitio donde lo encontraron.

Finalmente Curtin ríe también, como los indios que les acompañan al ver que sus 10 meses de trabajo y sufrimiento acaba en nada.

Hablan tras ello, asegurando Howard que se dedicará a la medicina y vivir bien con los indios que lo veneran,

Curtin afirma que lo malo, cuando sucede, no parece tan horrible como cuando se pensaba que le ocurriría. De nuevo está como cuando estaba en Tampico, pensando que ha perdido solo 200 dólares, mucho menos que Dobbs, aunque no sabe dónde ir, pues afirma que para él todos los sitios son iguales.

Howard le sugiere entonces que venda los burros y las pieles y con lo que consiga se vaya a Dallas para buscar a la viuda de Cody, diciéndole que están en julio y es la época de cosecha de la fruta, lo que a Curtin le parece una magnífica idea.

Se despiden tras ello deseándose mutuamente suerte.

Calificación: 4