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El verano que vivimos
El verano que vivimos

España (2020) *

Duración: 119 min.

Música: Federico Jusid

Fotografía: Jacobo Martínez

Guion: Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, Javier Chacártegui, David Orea

Dirección: Carlos Sedes

Intérpretes: Blanca Suárez (Lucía Vega), Javier Rey (Gonzalo Medina), Pablo Molinero (Hernán Ibáñez), Guiomar Puerta (Isabel Guirao), Carlos Cuevas (Carlos Medina), María Pedraza (Adela Ibáñez), Adelfa Calvo (Mercedes), Manuel Morón (Evaristo).

Galicia. Agosto de 1998

Isabel Guirao señala, mientras espera el autobús, que no va a contar la historia de su vida, sino una historia de amor que comenzó en 1958 y que se extiende durante casi 40 años, desde el verano de 1958.

Llega poco después a la redacción del Faro de Cantaloa, donde debe realizar sus prácticas quejándose de que nadie fuera a recogerla a la estación, preguntándole Mauricio, el director cómo acabó en su periódico, reconociendo que fue la última en elegir las prácticas, necesarias para terminar su carrera.

La lleva hasta el archivo, una sala donde está todo patas arriba y donde, le dice, deberá ocuparse del obituario, señalando ella que debe demostrar al final de las prácticas que ha redactado noticias, aunque luego Laura le indica que lo del despacho es solo una novatada para los becarios, llevándole la primera esquela.

En ella lee: "Querida Lucía, han pasado casi 40 años desde que se cruzaron nuestras vidas y aún sigues colándote en mis sueños recordándome que otra vida es posible, una más feliz, contigo. Sigo varado en aquel verano de 1958, el mismo en el que nos conocimos y en el que te perdí. ¿Cómo olvidar para siempre lo que ya es eterno? Ya falta menos para encontrarnos".

Mauricio le comenta que ya conoces esas esquelas, pues todas terminan igual, ya que lleva 10 años enviándolas cada 15 de septiembre, aunque esta vez la envió antes.

Busca las anteriores, y lee una de 1986 en la que recuerda: "aquella fue la primera vez que pisaba la tierra del sol. Toda esa gente trabajando en los campos. Sentí su calor. Necesito ver el polvo manchándome los zapatos. Sigo varado en aquel verano de 1958".

En otra recuerda que eran como una gran familia, la familia Vega-Ibáñez y comienza a escribir en su cuaderno, titulando "El verano que vivimos".

El autor de las esquelas, Gonzalo Medina, llegaba a una viña de Jerez en 1958, cuando su coche acabó pinchando y chocando contra una cepa e hiriéndose en la cabeza.

Mientras trata de cambiar la rueda llega una mujer que se interesa por lo que le ocurrió, dejándole su pañuelo para que se quite la sangre de la ceja.

Le dice que busca el cortijo de la familia Ibáñez y pregunta por Menato, corrigiéndolo ella, "Meinato", el nombre de la viña y le pide que le lleve en su camioneta.

Durante el trayecto le cuenta que es arquitecto y va a diseñar la nueva bodega de Hernán Ibáñez.

Cuando ve que se sacude el polvo al llegar, ella le dice que tendrá que acostumbrarse a tener polvo en los zapatos.

Allí es recibido por Hernán, que, dice, no lo esperaba hasta el día siguiente tras lo que le muestra sus viñas, cuya especialidad se debe a la tierra, que es Albariza y le pide que la huela, pues huele a la brisa del Atlántico, mostrándole la linde que separa sus tierras de las de su futura esposa, que unificarán en una sola bodega cuando se produzca la unión de las familias Vega e Ibáñez.

Le presenta tras ello a Lucía Vega, su prometida, que es la mujer que lo llevó y que ríe y se excusa por no haberle dicho nada, pues quería que se lo contara Hernán.

Le dice luego que deben tener lista la bodega para la fiesta de la vendimia, el 15 de septiembre, 6 meses más tarde, aunque él le dice que no se puede hacer en ese tiempo.

Le enseña luego la bodega, que, le dice, fundó más de 100 años atrás su abuelo, que empezó con un pedacito de tierra y acabó llevando hasta allí una cúpula de Gustavo Eiffel, de uno de los quioscos de los bulevares y la construyó, pero ahora, dice, él tiene sus propios sueños, pues desea abrir Jerez al mundo.

Esa noche cenan con la familia de Lucía, no entendiendo el padre de este la necesidad de una nueva bodega, si ya tienen dos, preguntándole todos a Gonzalo por sus viajes por diferentes países.

Adela, la hermana menor de Hernán, que se siente atraída por él le dice que podría llevarle en su próximo viaje, prometiéndole él llevarla a Roma cuando termine la bodega, aunque luego ve a la muchacha desde su ventana con otro chico, Curro, que llega con una motocicleta.

Cuando les muestra su primer boceto, Lucía propone hacer algo más grande, añadiendo una planta más, pensando él, tras escucharla que pueden cambiar el tejado por dos cúpulas de hormigón para conseguir mayor estabilidad térmica.

Hace una foto a la pareja frente al solar y, en ese momento, hizo de aquel verano su momento eterno.

Isabel escribe la historia y se la presenta al director, que le dice que le gusta la historia, pero no le parece rentable y no hay ningún nombre, y son periodistas, no novelistas.

Pero le da una pista. Santa Coimbra, pues en una de sus esquelas decía "cada atardecer me trae a ti como un recuerdo fugaz un sueño que se desvanece cada vez que el sol se oculta en el horizonte y la marea me separa de la tierra. Espérame cuando baje la marea", y por esa zona hay solo una casa a la que se puede llegar cuando baja la marea.

Va, en efecto, a visitar esa casa, donde se encuentra a un joven de su edad que la toma por la de la inmobiliaria, a la que está esperando, diciéndole ella que va por las esquelas, diciendo él que no van a publicar ninguna, pues prefieren llevar la muerte de su padre, que murió una semana antes, con discreción.

Le cuenta que su padre llevaba años escribiendo esquelas a su difunta esposa, diciéndole él que su madre no se llama Lucía, cuando le muestra las esquelas y que además habló con ella media hora antes y sigue viva y esa mujer murió en el 58 y él nació muchos años después, por lo que, le dice, se ha equivocado de persona.

Antes de irse, ella le pregunta cómo se llamaba su padre, diciéndole que Gonzalo Medina, recordando ella que firmaba con G.M. las esquelas en que habla de esa casa.

Su hijo Carlos, le cuenta que van a tasar la casa, por lo que debe irse, dejándole ella antes de hacerlo el artículo que escribió sobre él.

Pero una vez a solas encuentra la foto que Gonzalo hizo a Lucía y a Hernán y lee la historia que le dejó Isabel.

Durante una capea les hace fotos y le preguntan por las obras.

Lucía habla con su amiga Rocío, que pues murió una semana antes señala que el arquitecto es guapo y además "estudiado y viajado", aunque Lucía dice que solo vive para su trabajo, observando que Adela no le quita ojo.

Luego Rocío le confiesa que está embarazada, dándole Lucía la enhorabuena.

Se celebra una carrera a caballo en la playa que Lucía ve junto a Gonzalo y trata de convencerle para que se quede allí, pues no le va a faltar trabajo.

La carrera la gana Hernán y lo celebran hasta acabar borrachos, por lo que Hernán debe llevar a Lucía en brazos hasta su casa, comentándole Adela a Gonzalo mientras lo esperan que a ella le encantaría que la llevaran así, diciéndole Gonzalo que es muy joven, aunque ella dice que no tanto y que no desea quedarse allí, por lo que cualquier día se marchará, preguntándole él si con Curro, diciendo ella que no cree que su hermano lo consienta, aunque él no cree que su hermano le niegue nada.

Cuando este regresa se va con Gonzalo a seguir la juerga.

Hernán le cuenta que conoció a Lucía antes de irse a la residencia, pero era una chiquilla, y cuando la volvió a ver supo que iba a pasar el resto de su vida con ella.

Carlos va a ver a Isabel a la redacción y le dice que tiene su permiso para escribir sobre su padre y publicarlo, aunque le gustaría antes saber quién era ella, mostrándole la foto que encontró y le dice que le gustaría saber también quién era su padre, pues antes de retirarse allí vivió muchos años fuera y puede que publicara más esquelas.

Isabel le pide a Don Mauricio permiso para seguir investigando y consigue que le dejen un coche viejo que usaban para cubrir la vuelta ciclista y va a recoger a Carlos.

De pronto observan que las rosas se marchitaron, amenazando un hongo la cosecha, lo que puede suponer las de los próximos 10 años, aunque Hernán insiste en seguir adelante con las obras, decidiendo viajar hasta Burdeos, donde erradicaron un brote similar, pidiéndole a Lucía que se quede para supervisarlo todo, haciéndole prometer a Gonzalo que la cuidará.

Durante su marcha los albañiles dejan de trabajar, por lo que van a hablar con Curro, el capataz, que les dice que dio el día libre a los trabajadores, pues si no se cobra no se trabaja, decidiendo Lucía entregarle su alianza como prenda, diciéndole que le pagarán y si no se le paga, podrá venderlo, consiguiendo así que regresen al trabajo.

A la vuelta lleva a Gonzalo hasta las marismas, donde puede contemplar un paisaje idílico y sus aves, donde, Lucía le dice que suele ir cuando quiere estar tranquila.

Le pregunta qué hará cuando termine la bodega, diciendo él que ha solicitado una beca en un estudio en Barcelona.

Le hace allí algunas fotos, diciéndole luego ella, mientras las rebela, que al día siguiente comienza la feria y no quiere ir sola.

Valencia

Siguiendo los pasos de Gonzalo, Isabel y Carlos van hasta Valencia, contándole él que se dio cuenta de que la arquitectura no era lo suyo y no necesitaba cinco años en Manchester para acabar en la constructora de su suegro.

Le cuenta tras ello que tuvo que retrasar la boda por lo de su padre.

Este no le habló nunca de Lucía. Dice que no tuvieron mucha relación y que siempre estaba en su mundo.

Allí van a la hemeroteca, logrando encontrar algunas esquelas más, recordando cuando la marcha de Hernán les llevó a recorrer el camino que tantas veces desanduvo en su memoria.

Fueron, en efecto a la feria, con ella vestida de faralaes y con ganas de bailar.

De pronto ella desapareció.

La encontró con otro hombre, que trataba de llegar más allá de lo que ella deseaba, por lo que se enfrentó a él, aunque acabó siendo él el golpeado.

De regreso paran en medio camino y él no puede parar de reír, diciendo que le rompieron la cara por ir de valiente, haciendo que también ella ría.

Comienza a llover y corren a refugiarse en la casa donde finalmente se besan y acaban en la cama.

Puerto de Sagunto

Le muestra la primera esquela que publicó cuando empezó a vivir allí.

Le decía que no llegaba a acostumbrarse a esas calles y recuerda que hay placeres que duran un instante, pero que serán eternos.

Consigue gracias a una llamada localizar su siguiente esquela, contándole por teléfono que en ella dice que alguien murió aquel verano, aunque no era Lucía.

Un día Lucía va a buscarlo mientras supervisa las obras y le dice que quiere enseñarle algo, llevándolo hasta el faro, desde donde tiene una magnífica vista, pero le indica que no quiere hacerle daño a Hernán, pues es su amigo, pero vuelven a hacer el amor.

Lo hacen luego en la playa desnudos.

Cuando regresa Hernán, este celebra una fiesta en la que baila con Lucía,

Adela, a la que le lleva un bonito vestido francés, se queja de que Gonzalo no quiso dar trabajo a Curro, diciéndole Hernán que él elige a sus hombres y tampoco él quiere contratarlo, pues se merece algo mejor que un Ojeda y le propone hablar con Gonzalo.

Este, entretanto persigue a Lucía por la casa, que teme que los vean, por lo que lo cita esa noche a las 10 en la viña donde se encontraron por primera vez.

Hernán le regala luego una cadena con una rosa de Francia, una amatista, contándole que el que se la vendió le dijo llevaba calma y estabilidad, y le devuelve la alianza, que le entregó a Romeo, dándole las gracias por haber salvado la bodega.

Cuando Gonzalo y Lucía se ven en la viña, él le pide que se marche con él, aunque mientras se besan, escucha un ruido, corriendo Gonzalo tras quien lo hizo, viendo que se trata de Adela, que los descubrió.

La persigue por la viña, diciéndole que se lo quiere explicar y que no es lo que cree y mientras corre, la muchacha acaba cayendo pozo oculto.

Gonzalo llega con la muchacha muerta en brazos. Le dice a Hernán que no podía dormir, fue a las viñas y escuchó un grito y la encontró en el pozo, no sabiendo qué podía estar haciendo allí.

Gonzalo le dice tras el funeral que terminará la bodega y se marchará para no seguir siendo una molestia para la familia.

Varios de los hombres de Hernán van a buscar Curro y se lo llevan a su jefe, que le pide que le cuente qué pasó, asegurando el muchacho, aterrorizado, que no hizo nada.

Al ver Gonzalo lo que sucede, que trata de evitar que sigan con el muchacho, pidiéndole Hernán que se marche de allí, pues es el culpable de la muerte de Adela.

Curro insiste en que él no la mató y también la quería, diciéndole Hernán que le dejará marchar, pero que si le vuelve a ver por allí le matará.

Salamanca

La siguiente parada de Isabel y Carlos les lleva hasta Salamanca, donde otro arquitecto les explica, frente a un enorme edificio, que su padre proyectó allí varias viviendas, siendo las del edificio, viviendas sociales, que se crearon como una comunidad autosuficiente para cubrir todas las necesidades básicas, aunque en su estructura recuerda a una prisión, pareciendo su padre obsesionado por la seguridad, habiendo incluso lavandería y economato.

El hombre les cuenta que fue compañero de Gonzalo en Alicante y compartieron influencias e inquietudes.

Tras la muerte de la hermana, rebautizaron la propiedad como "Viña Adela".

Llegado el tiempo de la vendimia, Hernán, Lucía y Gonzalo pisan las primeras uvas con los demás, pudiendo contemplar poco después Gonzalo, su obra terminada.

El padre de Lucía le pregunta cuándo se va el arquitecto, diciendo ella que al día siguiente, y le dice que fue un acierto adelantar la boda, aunque ella dice que fue idea de Hernán sin consultarla.

Al día siguiente ella va a ver a Gonzalo para pedirle que se vayan juntos muy lejos y le dice que le quiere, diciendo él que irá a buscar un coche, quedando una hora más tarde en la bodega.

Él recoge sus cosas y escribe una nota para Hernán explicándole que lamenta que las cosas sucedieran así. Que a veces la vida nos sorprende y que cualquier explicación que pueda darle será inútil. Que ojalá pudiera controlar sus sentimientos y que ojalá pudiera amar a otra persona que no fuera Lucía.

Que no cree que llegue a compensarle esa herida y entendería que no quisiera perdonarle, aunque espera que algún día comprenda sus motivos.

Y que, respecto a Adela, debió tener el coraje de contárselo, aunque fue un accidente.

Él y Lucía estaban juntos y ella los vio, se asustó y salió corriendo.

Gonzalo le pide a Romeo su coche y va hasta la bodega, viendo que está ardiendo, mientras le pregunta a Hernán, que sale de ella, qué ha hecho, mientras corre hacia la bodega, donde dice que está Lucía, aunque Hernán no reacciona.

Él entra en la bodega y grita el nombre de Lucía, habiendo una explosión que lo lanza hacia atrás y pierde el sentido.

Despierta en un coche del que le saca uno de los hombres de Hernán, que lo tira en medio de la carretera y le pide que se marche, pues su nombre allí está maldito y si vuelve le matarán, recordándole que Lucía murió.

El hombre le dice que prometió a Hernán que le dejaría ir de una pieza, pero él no le habría perdonado.

Gonzalo llora desesperadamente al enterarse de la muerte de Lucía, diciéndole el hombre que lo llevó que Hernán le dijo que no hay peor castigo que vivir con esa pena hasta el fin de los días.

Alicante

En su nuevo destino recaban allí la información que existe sobre Gonzalo Medina, estando allí sus planos, y entre ellos el de la bodega, su primera gran obra, aunque como se quemó, solo quedan los diseños.

Viajan tras ello a Jerez de la Frontera y observan desde el lugar de la mítica foto de Gonzalo y Lucía desde donde pueden ver el lugar en estuvo la bodega.

Ven luego una placa con todos los nombres de los muertos en el incendio de 1958, dándose cuenta de que entre ellos figura Gonzalo Medina.

Les informan de que la dueña de la bodega ya no vive allí, pues se trasladó años atrás a la casa que tienen en las viñas, yendo a visitarla, comprobando que se trata de Lucía, ante la que se presentan, indicándole Isabel que su acompañante es Carlos Medina, hijo de Gonzalo, dejándola desconcertada.

Debe explicarle que su padre no murió en el incendio y le muestran todas las esquelas, tras explicarle que su padre no murió en el incendio.

Le preguntan también a ella qué ocurrió, pues Gonzalo también la creía muerta a ella.

Recuerda que su madre le dijo que tenía un compromiso con Hernán y que no se iba a marchar con ese desgraciado, diciendo ella que el compromiso lo tiene la familia, no ella, decidiendo su madre encerrarla en su habitación, diciéndole que lo hacía por su bien y que algún día se lo agradecería.

Luego le contaron que Gonzalo había muerto en el incendio de la bodega y les creyó.

Se casó con Hernán, que, dice, fue un buen marido, y no volvió a mencionar el nombre de Gonzalo.

Reconstruyó la bodega, pero no fue igual ni tuvieron hijos, y, aunque intentó ser feliz, nunca lo consiguió del todo, pues aquellos días siempre volvían a su cabeza, ya que Gonzalo fue el amor de su vida.

Isabel le dice que, ahora que tiene toda la información desea centrarse en terminar la novela, señalando Carlos que no venderá la casa y le pregunta si ya sabe cómo terminará la novela.

Terminadas sus prácticas, Mauricio va a despedirle al autobús, pidiéndole que le envíe una copia de su libro.

Cuando se sienta en el mismo escucha cómo desde detrás alguien le habla, reconociendo a Carlos, que le dice que no le respondió y que le pregunta si sabe ya cómo va a terminar la novela, diciendo ella que no, porque el final que quiere no puede funcionar, preguntándole él si está segura.

Algún tiempo después Lucía recibe la novela terminada. "El verano que vivimos" y recuerda su historia de amor con Gonzalo.

Calificación: 2
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