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Emma
Emma

Emma (2020) * Gran Bretaña

Duración: 124 min.

Música: Isobel Waller-Bridge, David Schweitzer

Fotografía: Christopher Blauvelt

Guion: Eleanor Catton (Novela: Jane Austen)

Dirección: Autumn De Wilde

Intérpretes: Anya Taylor-Joy (Emma Woodhouse), Johnny Flynn (George Knightley), Mia Goth (Harriet Smith), Miranda Hart (Miss Bates), Bill Nighy (Mr. Woodhouse), Josh O'Connor (Reverendo Elton), Callum Turner (Frank Churchill), Amber Anderson (Jane Fairfax), Rupert Graves (Mr. Weston), Gemma Whelan (Señora Weston / Señorita Taylor), Tanya Reynolds (Augusta Elton), Connor Swindells (Robert Martin), Oliver Chris (John Knightley), Chloe Pirrie (Isabella Knightley).

Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica llevaba viviendo casi 21 años en este mundo sin apenas nada que la agitara o la molestara.

Sale de madrugada al invernadero con dos sirvientes para escoger las mejores flores que llevará a la señorita Taylor, que va a casarse, diciéndole que no sabe cómo soportará su ausencia, aunque le dice que se muda a menos de un kilómetro, diciéndole Emma que hay mucha diferencia entre una señora y una señorita a un kilómetro.

Le dice que ha sido una buena amiga y compañera aunque solo sea una institutriz, y casi una madre en el trato, por lo que le desea la mejor de las suertes en su boda.

Mientras ayuda a vestirse a su padre para la boda este recuerda con amargura la marcha de su hija Isabella para casarse, recordándole Emma que su hermana se casó 7 años atrás, por lo que ya debería estar hecho a la idea.

Camino de la boda, ella le dice que le alegra saber que fue ella quien les emparejó pese a que decían que el señor Weston no se volvería a casar, diciéndole su padre que no debería hacer de casamentera, aunque le tranquiliza y le dice que no se la buscará a él, pero que es la mayor diversión del mundo.

Ya en la iglesia, le dice a su padre que está deseando conocer a Frank, el hijo de Weston, que adoptó el apellido de su tío, Churchill, ya que será su heredero, aunque este no va a la boda.

Unos días más tarde acude a casa de los Woodhouse, George Knightley, que va paseando desde su gran mansión, poniéndose Emma a tocar al ver que va a llegar.

Le pregunta por los detalles de la boda y pregunta también si Frank Churchill es tan apuesto como dijo su padre, diciéndole ella que no asistió, no entendiendo Knightley la descortesía de no acudir a la boda de su padre pese a que Emma trata de disculparlo pues se quedó cuidando de su tía enferma.

Otoño

Emma le cuenta a su padre que hay una nueva alumna en la escuela de la señora Goddard, la señorita Harriet Smith, que es hija ilegítima y no sabe quién es su padre.

La recibe unos días más tarde en su casa y le dice que pese al infortunio de su nacimiento está claro que es hija de un caballero y debe hacer valer ese estatus.

Ella le habla de los Martin, que alquilan sus tierras a Knightley, que fueron muy amables con ella ese verano y de un día Robert Martin recorrió 5 kilómetros para llevarle nueces.

Harriet trata de imitar a Emma y aprender cómo comportarse en sociedad, llevándola ella luego a casa de los Weston.

Encuentran allí al pastor que ofició la boda, el señor Elton, que sonríe a Harriet al verla.

Allí admiran un cuadro que representa Enscombe, una de las mejores casas de Yorkshire, que pintó Frank Churchill y que heredará pronto de sus tíos.

Emma dice que hay simetría entre ellos, pues Frank y ella perdieron a sus madres muy jóvenes y él cuida de su tía y ella de su padre.

De regreso le alaba a Harriet del pastor Elton, que parece gentil, alegre y atento.

Harriet le dice que le extraña que ella no se vaya a casar, diciéndole que no lo necesita, pues tiene fortuna, ocupación y posición social y pocas casadas son tan dueñas de la casa de su esposo como lo es ella de la suya.

Al día siguiente se encuentran con la señora Bates en la tienda de tejidos donde les habla de que recibió una carta de su sobrina Jane Fairfax, y lo que le contó.

Cuando se marcha le dice a Harriet que está harta de escuchar a la señora Bates y sus historias sobre Jane Fairfax.

Luego, paseando, ven a Robert Martin y Harriet corre a saludarlo, preguntándole luego a Emma qué le ha parecido, diciéndole que no esperaba demasiado, pero que lo había imaginado más refinado.

En su siguiente encuentro le dice a Harriet que Elton dijo de ella que era la belleza personificada y que parece que ha suavizado sus modales, propiciando sus encuentros.

Organiza además una sesión para pintarla a la que acudirá Elton, vistiendo de forma elegante a Harriet, diciendo Elton que tiene mucho mérito, pues Harriet era ya hermosa cuando llegó, pero ella le ha añadido otros atractivos.

Emma le dice luego a Harriet que Elton está enamorado de ella.

Knightley critica en casa de los Weston la inesperada amistad de Emma con la señorita Smith, que le parece mal, opinando la señora Weston que educar a Harriet es un aliciente para Emma, pues puede a la vez educarse a sí misma y aprender.

Él dice que le gustaría ver a Emma enamorada y sin la certeza de ser correspondida.

Knightley va a ver a su aparcero, Robert Martin para hablar de sus negocios, pidiéndole Robert consejo sobre su amor.

Harriet va a hablar con Emma tras ello y le cuenta que Robert Martin le escribió para pedirle su mano y le pide consejo, diciéndole que debe decidir ella, aunque le indica que tiene por principio que si alguien duda si debe aceptar o rechazar, procede el rechazo, decidiendo Harriet rechazarlo, mostrando Emma su satisfacción.

Pero Knightley, que fue quien escribió la carta no entiende tal rechazo, y comprende que fue Emma quien la persuadió, diciendo ella que Robert no está a la altura de Harriet, diciéndole Knightley que en efecto, pues Robert es muy superior tanto en sensatez como en posición, no poseyendo Harriet por nacimiento, temperamento o educación nada que le permita aspirar a alguien superior a Robert Martin y le dice luego que es mejor no tener juicio a aplicarlo tan mal como hace ella.

Le dice que los hombres inteligentes no desean esposas estúpidas, y los más prudentes tendrán miedo a que se llegue a desvelar el misterio de su origen y les pueda causar inconvenientes, por lo que le pide que le deje casarse con Robert Martin para estar segura y ser respetable, pues si sigue alimentando su ego, no encontrará a nadie a su alcance lo suficientemente bueno para ella y que si pretende casarla con Elton, su labor será en vano, pues se sabe apuesto y gusta donde va y solo se casará con alguien de buena posición social.

Ella dice que no quiere ser casamentera, que solo desea conservar a Harriet con ella.

Elton va a su casa y le muestra cómo ha encargado, sin reparar en gastos un gran marco, con puerta incluida, para el cuadro que Emma pintó de Harriet.

Invierno

Isabella va a visitar a su padre y a su hermana con su marido, John Knightley y sus hijos, quejándose su padre de que en otoño prefiriera ir al mar en vez de ir a verlos.

Knightley aprovecha la visita a su hermano y sus sobrinos para pedirle a Emma volver a ser amigos.

Le pregunta si el señor Martin se llevó una gran decepción, diciéndole él que enorme.

Emma va a visitar el internado, donde encuentra a Harriet en la cama y desgreñada, pues está muy enferma, lamentando ella que se pierda la fiesta de Navidad en Randalls, donde estará el señor Elton y donde se espera que aparezca Frank Churchill.

Harriet le cuenta que transcribe cada domingo los sermones del señor Elton, ofreciéndose Emma a transcribirle el del día de Navidad.

En la fiesta, es recibida por el señor Weston y por Elton, que dice lamentar la ausencia de Harriet, contándole luego el señor Weston que Frank no pudo dejar Enscombe.

Knightley le dice que Frank no va porque piensa que la señora Weston no es nadie de importancia, reprochándole ella que piensa mal de él y que ambos tienen prejuicios, él en contra y ella a favor.

En la cena la sientan al lado de Elton, contando Weston que la señora Churchill es quien gobierna Enscombe y ha decidido que si Frank no se casa con una mujer de fortuna considerable, le excluirá del testamento, aunque Emma dice que sin embargo tiene mucho cariño a su sobrino, diciéndole la señora Weston que no debe tratar de entender con su buen corazón algo que carece de él.

La cena de Navidad se ve interrumpida por la llegada de la nieve, decidiendo todos regresar a sus casas antes de que esta pueda impedirles hacerlo.

Emma comparte su carro con Elton, que cae sobre ella debido a un bache, diciéndole tras ello que debe aprovechar ese momento único para declarar sus sentimientos, diciéndole ella que ha bebido demasiado, aunque él continúa y le asegura estar dispuesto a morir si le rechaza.

Ella dice que la confunde con su amiga, ofreciéndose a transmitirle a Harriet lo que desee, a lo que Elton le responde riendo que no ha pensado en la señorita Smith en toda su existencia y que solo le ha prestado su atención debido a que es amiga suya y que todo lo que ha hecho o dicho durante los últimos días y semanas fue con la única intención de expresarle su admiración.

Solo en ese momento Emma comprende su error, y cuando él le pregunta si siente lo mismo, ella le responde que no. Que esperaba que su interés por Harriet fuera sincero y tuviera éxito, diciéndole él que sus visitas a Hartfield fueron por ella, no por Harriet y él cree que lo animó, asegurándole ella que el matrimonio no entra en sus planes.

Enfadado y decepcionado, Elton hace que paren el coche y continúa su camino a pie.

Al día siguiente Emma va al internado a ver a Harriet, a la que encuentra jugando con sus compañeras y a la que le cuenta todo, comprendiendo Harriet que nunca la quiso, diciendo Emma que lo que deseaba era mejorar su posición y enriquecerse.

Emma le dice que si no hubiera sido por ella jamás se habría fijado en Elton, pues fue ella la que le convenció de su interés y organizó las visitas, aunque Harriet le dice que no la culpa y reconoce que nunca estuvo a su alcance y solo una amiga tan amable como ella podía pensar que era posible.

Decide quemar el cuadro, pidiéndole Emma que destruya el marco, pero no el dibujo.

Isabella y su marido regresan a su casa y abandonan Hartfield, por lo que el señor Woodhouse le pide a Emma que no lo deje nunca.

Primavera

Emma le pide a Harriet que deje de hablar del señor Elton y lo olvide, decidiendo esta lanzar el cuaderno donde anotaba sus sermones al agua.

La señora Bates les informa de que su sobrina Jane Fairfax ha ido a visitarlos, pidiéndole que vaya esa tarde a tomar el té y a conocerla.

Van en efecto a verla, pues le recomendó el médico ir a respirar el aire campestre ya que sigue resfriada, no parando de hablar la señora Bates, que les cuenta que planea quedarse tres meses, decidiendo Emma invitarlas a Hartfield.

Acuden en efecto a cenar, junto con otros amigos, contando la señora Bates que Frank Churchill coincidió con Jane en Weymouth, diciendo Jane que apenas se conocen, y gracias a ello se dan cuenta de que Frank estuvo en Weymouth en octubre, justamente el mes en que se casó su padre.

Emma toca y canta luego para los asistentes, haciendo luego lo propio Jane, que, pese a no llevar partituras se muestra como una prodigiosa música.

Knightley se acerca a la sorprendida Emma, que se alegra de que invitase a Jane a tocar, aunque a él le parece obvio que no la soporta, diciendo ella que, como son de la misma edad, todos dan por hecho que deben ser amigas y, desde que tiene memoria le han repetido en innumerables ocasiones que no encontraría mejor compañía que la de Jane Fairfax que está tan dotada y es tan superior.

George le dice que en efecto es muy dotada. Tanto como le gustaría a ella que la gente pensara de ella.

Se siente mal y así se lo manifiesta a Harriet, en la tienda de tejidos, donde coinciden con Robert Martin y sus hermanas, que le dicen que la han echado de menos y que su madre preguntó por ella y le preguntan si volverá a visitarlos.

Se marcha deprisa, saliendo a la carrera tras ella Robert, aunque cuando la alcanza, bajo la lluvia, solo se atreve a decirle que el camino más corto está anegado por lo que le conviene coger otro.

Ya con Emma, esta le dice que no puede repetir el reencuentro. Que no debe estar con él más de un cuarto de hora y debe evitar volver al pasado y los dolorosos recuerdos.

Cuando deja a Harriet ve que se acerca un jinete que pregunta por Highbury, indicándole el camino su cochero.

Poco después recibe la visita de los Weston, con el desconocido, que es Frank Churchill.

Lo interroga sobre su amistad con Jane, aunque es tan discreto que no cuenta nada.

Ella le dice que allí se sentirá aburrido, pues hay poca vida social, aunque entonces pasan por una posada y él dice que tendrá un salón de baile, decidiendo que deben organizar uno, pidiéndole Frank a Emma que le reserve los dos primeros bailes.

Le cuentan que los Cole darán una cena en honor a Frank y que quizá haya baile allí.

George ve que acepto la invitación de los Cole y que Frank fue hasta Londres para cortarse el pelo, por lo que lo considera un vanidoso.

En la fiesta se enteran de que alguien anónimo envió un pianoforte a Jane.

Cuando entra Jane, Emma ve a Frank sonriendo y le pregunta por qué lo hizo, comentándole que un pianoforte es un regalo muy generoso, aunque otros apuntan al coronel Campbell o los Dixon.

La señora Weston le dice que idearon unir a Knightley con Jane para hacer un dúo y le dice que sospecha que fue él quien le envió el instrumento, pues tiene debilidad por ella y esa noche le envió su coche y él fue andando.

Jane y George tocan juntos, ella el piano y él el violín, y cantan, mostrándose Emma confusa.

Un día, al acudir a la iglesia, ven que hay una mujer en primera fila, la reservada normalmente a la familia de Emma, viendo que es la nueva esposa del señor Elton, que estuvo fuera 6 semanas y regresó casado con ella, que se la presenta como Augusta.

Los Woodhouse les invitan a su casa, que ella comenta al verla, que se parece mucho a la de su hermano.

Reciben unos días más tarde la visita del señor Weston, que les informa que Frank va a regresar y podrán tener por ello su baile.

Emma ensaya con Harriet el baile.

Cuando este se celebra, la señora Weston le indica a Emma que creen adecuado que abra el baile la señora Elton, y que Fran debe pedírselo, aunque tercia el señor Weston, que recuerda que Frank le prometió los dos primeros bailes, por lo que se ofrece a pedirle el baile él como organizador de la fiesta a la señora Elton, aunque ella debe resignarse al segundo baile.

Harriet se sienta al lado de Elton, que al darse cuenta se levanta, pidiéndole baile a la señora Weston, que le muestra su tripa de embarazada y le indica que Harriet está libre, diciendo él entonces que sus días de bailar se acabaron, pues ya es un hombre casado.

Al ver el desplante, Knightley se acerca y saca a Harriet a bailar, sonriendo Emma contenta al ver el gesto de su amigo, al que le da luego las gracias, diciendo él que fue muy grosero Elton, en el que ella ve una mezquindad que no supo apreciar y él sí, diciéndole George que su elección de esposa es mejor que la que hizo él, pues Harriet tiene cualidades de las que carece la señora Elton.

Le pregunta luego con quién bailará, diciéndole ella que con él si se lo pide, pues, aunque son casi hermanos, no sería impropio, notando ambos al hacerlo una atracción especial, fijándose ella por vez primera en él como hombre.

Acabado el baile él corre tras el carro de ella hasta llegar a su casa, viéndola desde abajo sentada sobre el alfeizar de su ventana, bajando ella al verlo, quedándose frente a frente, aunque les interrumpe la llegada de Frank Churchill, que lleva a Harriet en brazos, pues la asaltaron unos gitanos de camino a casa y cuando intentó escapar se cayó y le dio un calambre.

Mientras la atienden, Frank le pregunta a Knightley qué hace allí, diciendo él que su caballo perdió una herradura, preguntándole Frank si llevó el coche al baile.

Harriet le confiesa a Emma que vuelve a estar enamorada, pensando Emma que se trata de Frank, que la rescató, asegurándole que no volverá a interferir.

La señora Elton desea que Knighlety les invite a su mansión, aunque Emma le dice que sus salones y galerías están cerrados, aunque entonces él indica que abrirá Donwell para que pueda conocerlo.

Verano

Knightley abre las puertas de su mansión para sus invitados, viendo Emma, cómo su amigo se muestra más considerado con Harriet que con ella, invitándola a ver la casa.

Jane por su parte le pide a Emma que la disculpe ante los demás, pues tiene que marcharse, confesándole que su espíritu se siente agotado.

Mientras pasea luego por los impresionantes pasillos llenos de bustos, llega Frank Churchill, quejándose del fuerte calor y que le cuenta que en cuanto mejore su tía se irá al extranjero, pues está cansado de no hacer nada, diciéndole Emma que está cansado de su prosperidad, diciéndole él que no se considera ni prospero ni malcriado.

Le dice que si le invitan a la excursión del día siguiente se quedará.

En efecto al día siguiente harán un picnic en el campo y Frank le da las gracias por pedirle que fuera, pues estaba decidido a marcharse, aunque se queja de la insulsez de sus acompañantes, por lo que le pregunta qué pueden hacer para animarlos.

Proponen un juego, Piden que cada uno cuente algo entretenido, una cosa ingeniosa, dos medianas, o tres aburridas.

La señora Bates dice que ella contará tres cosas aburridas en cuanto abra la boca, diciéndole Emma que esa es la dificultad, pues, se pregunta, cuándo se ha quedado solo en tres, lo que provoca un silencio incómodo en los demás.

La mujer le dice a Knightley que ha debido ser muy desagradable para que le digan algo así a una amiga, aunque dice, no se imagina qué pudo ser lo que dijo.

Ponen fin al juego, decidiendo los Elton dar un paseo al que se unen la señora Bates y su sobrina.

Cuando Emma está en su carro, de vuelta, se acerca Knightley para preguntarle cómo pudo ser tan desconsiderada con una mujer del carácter, edad y educación de la señora Bates, afirmando ella que no es para tanto y cree que ni la entendió, asegurándole George que la entendió y habló de ello con candor y generosidad.

Ella le dice que la bondad y el ridículo se mezclan en esa mujer.

Knightley le dice que si fuera rica y de buena posición no discutiría con ella por esas libertades, pero es pobre y ha perdido las comodidades con que nació y la ha visto crecer desde que la respetaba a ese momento en que se ha reído y la ha humillado delante de su sobrina y de los demás, que siguen su ejemplo sobre la forma de tratarla.

Cuando él se marcha, indignado, ella rompe a llorar.

Ya en su casa, le dice a su padre que ha sido imperdonablemente vanidosa, arrogante, desconsiderada, irracional e insensible.

Acude por ello con una cesta con flores a casa de la señora Bates, que, pensando que va a ver a Jane, le dice que no se encuentra bien, que tiene una fuerte jaqueca.

Ella le dice que lo lamenta y le entrega la cesta con las flores y la señora Bates le dice que es muy amable, como siempre.

Visita a los Weston, que le cuenta que murió la señora Churchill, pese a que ellos creían que su enfermedad era imaginaria y que Frank estuvo esa mañana allí para contarles una noticia que les dejó estupefactos.

Les dijo que estaba prometido con Jane y que existía un compromiso formal entre ellos desde octubre, aunque no pudieron contarlo porque su tía lo habría desheredado.

Comprende que estaban prometidos antes de su llegada a Highbury y que fue él quien le envió el pianoforte.

Le muestran su descontento, pues su deseo era que se comprometiera con ella, aunque ella les aclara que ese no era su deseo.

Va a ver a Harriet, a la que le cuenta la noticia y le dice que lo lamenta mucho, algo que sorprende a Harriet, que asegura no haber estado interesada en Churchill en ningún momento, y que la malinterpretó, pues de quien se enamoró fue de Knightley.

Emma le pregunta si cree que Knightley le corresponde, diciendo ella que le ha mostrado dulzura y gentileza y que, aunque les interrumpieron, estuvo a punto de preguntarle si alguien ocupaba su corazón, aunque Emma le indica que a lo mejor hacía alusión a Martin.

Al hablarle así, Harriet le dice que lo hace porque piensa en Knightley para ella, que asegura que no se permite a sí mismo la idea de tener una relación con él.

Emma le dice que sabe que él jamás querría dar falsas esperanzas a una mujer, por lo que, le dice, si de verdad cree que la quiere, recordándole Harriet que rechazó al señor Martin por ella.

Enterado también de la noticia, Knightley sale al encuentro de Emma mientras pasea.

Ella confiesa que no supo ver el compromiso y reconoce que está ciega.

Él le dice que el tiempo curará la herida y que olvidará a Frank cuando se vaya, respondiéndole Emma que su ceguera la llevó a comportarse de una forma que siempre le avergonzará, pero que no hay nada más con Frank.

Él dice que Churchill es vergonzoso y se lleva como regalo a una criatura como Jane, a la que augura, será una desgraciada. Pero a él todo le sale bien, pues la tía le estorbaba y murió y él se aprovecha de todo el mundo y todos están encantados de perdonarle.

Ella le dice que habla de él con envidia, diciendo él que así es, pero en un sentido objetivo, y viendo que ella no le pregunta en cuál él decide hablar, pidiéndole ella que no lo haga, que puede hablarle como amigo o pedirle su opinión como amiga.

Pero él le confiesa que no la quiere solo como amiga y le pregunta si no tiene ninguna posibilidad de éxito, pues siempre la querrá.

Dice que ha sido un amante indiferente, pero sabe que ella comprende sus sentimientos y le pregunta si se casará con él, viendo cómo a ella empieza a sangrarle la nariz.

Él le pregunta por qué no, diciendo ella que por Harriet, que está enamorada de él y cree que él puede estarlo de ella desde que bailó y fue amable con ella, y sabe que no puede volver a romperle el corazón.

Él dice que visitará a Robert Martin para que vuelva a repetir su propuesta para Harriet, aunque esta vez no por escrito, sino en persona, aunque Emma le dice que debe ir ella.

Acude en efecto hasta su granja, llevando un presente y le dice que sabe que les ha causado gran sufrimiento a él y a su amiga y le entrega el dibujo que hizo de ella.

Recibe al día siguiente la visita de Harriet, que le cuenta que Robert Martin pidió su mano y aceptó, diciéndole Emma que es el hombre más afortunado que conoce.

Harriet le cuenta además que recibió una carta de su padre, que se dio a conocer al alcanzar ella la mayoría de edad. Que es comerciante en Bristol y fabrica botas de agua e irá a Highbury a conocerla en una semana, diciéndole Emma que espera que lo lleve a Hartfield.

Tras escucharla, finalmente Harriet sonríe y ve al salir que fuera le espera Robert, y se esconden para besarse furtivamente.

Knightley visita Hartfield como suele hacer y el señor Woodhouse, pretextando que hay corrientes de aire pide un biombo, dejando a la pareja a solas, cogiendo Knightley la mano de ella, que le dice que no puede dejar a su padre solo.

Él le dice que puede llevarlo con ellos a Donwell, aunque ella dice que no lo soportaría, diciendo él que entonces irá él a Hartfield, mostrándose dispuesto a dejar su casa.

Se besan luego apasionadamente.

Poco tiempo después Emma vestida de novia va con su padre como padrino a casarse con Knightley, y ante todos sus amigos, celebrando la ceremonia el señor Elton.

Calificación: 3
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