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En la playa de Chesil
En la playa de Chesil

On Chesil Beach (2017) * Gran Bretaña

Duración: 110 min.

Música: Dan Jones

Fotografía: Sean Bobbitt

Guion: Ian McEwan (Novela: Ian McEwan)

Dirección: Dominic Cooke

Intérpretes: Saoirse Ronan (Florence Ponting), Billy Howle (Edward Mayhew), Emily Watson (Violet Ponting), Anne-Marie Duff (Marjorie Mayhew), Samuel West (Geoffrey Ponting), Adrian Scarborough (Lionel Mayhew), Bebe Cave (Ruth Ponting), Anton Lesser (Reverendo Woollett), Mark Donald (Charles Morrell), Anna Burgess (Anne Mayhew), Mia Burgess (Harriet Mayhew).

Una pareja, Florence y Edward pasea por la playa de Chesil, en Dorset, hablando de música y acordes.

1962

De regreso a la habitación del hotel, él trata de encontrar una emisora con música moderna, aunque fracasa, recordando que le gusta es Chuck Berry, mientras que ella le gusta solo la música clásica.

Sus maletas están aún sobre la cama, comentando Edward que fue todo precioso y que hasta su madre se comportó durante la boda.

Les sirven la cena en la propia habitación, aunque él esperaba que se la llevaran más tarde, sirviéndoles dos camareros que no se marchan hasta servirles la carne.

Cuando lo hacen, les escucha reír al otro lado de la puerta, recordando él al oírlos otras risas en su casa, totalmente desordenada y a su madre, totalmente desnuda en el jardín llamando a Harriet, una de sus gemelas, debiendo salir su gemela y cubrirla.

Antes de terminar de cenar, ella le sugiere salir de nuevo a la playa llevando el vino y la fruta, pues aún falta tiempo para que oscurezca.

Recuerda en ese momento una conversación mientras comía, esta vez con su madre y su hermana. Le preguntaba su madre qué opinaban sus amigos izquierdistas del muro de Berlín que bendice la Unión Soviética, asegurando ella que todos lo odian, concluyendo la madre que si los comunistas no ocupan el resto de Alemania es por miedo a la bomba que los progresistas tanto critican.

Ella trata de cambiar de tema contándole a ella y a su padre, que llega en ese momento, que ha quedado para tomar el té con un chico que conoció en la reunión de la CND.

Les cuenta que el chico hizo su carrera en la universidad pública londinense, la que, dice su madre, es para los hijos de los obreros, aunque su padre tercia diciendo que salen muy buenos ingenieros de ella.

Cuenta que el padre de él es director de una escuela infantil en Henley.

Los recién casados hablan del momento en que se sintieron adultos, comentando Florence que a ella le sucedió cuando compró sola un billete para viajar a Londres.

Él recuerda que fue cuando se enteró de lo que le sucedía a su madre.

Hablaba esta de pintura con su padre en la estación, muy pegada a la vía, cuando, de pronto le golpeó una puerta abierta del tren que entraba en la estación.

Él creció conociéndola así y no le daba importancia hasta que escuchó hablar de daño cerebral y de pronto la vio como los demás, aunque fue una liberación, pues él no era ella y sintió que su vida acababa de empezar.

Recuerda cuándo la conoció.

Él estaba muy satisfecho de sacar una Matrícula de Honor en Historia, aunque ni su madre ni sus hermanas parecían apreciarlo, por lo que decidió ir a la ciudad, donde se tomó una cerveza y fue luego paseando hasta llegar a un local donde tenía lugar una reunión de la CND (Campaña por el Desarme Nuclear), y entró, siendo a Florence a la primera persona que vio, y se fijó de inmediato en ella, que fue a saludarlo al verlo, dejando con la palabra a otro chico.

Él le cuenta a ella que ha sacado Matrícula de Honor en Historia, paseando luego, a la salida, con ella.

Ella le cuenta por su parte que lo que más le apetece es tocar con su cuarteto, dos violines, una viola y un chelo, el Cuarteto Ennismore, pues también sacó Matrícula de Honor en música, agachándose él a recoger una flor silvestre que le regala por su logro.

En el hotel, Edward está nervioso y ansioso por acostarse con ella, pareciendo también ella nerviosa. Se besan y él aprovecha para acariciar su trasero, no sintiéndose ella cómoda.

Recuerda, mientras se quita los zapatos cómo le contaba a su hermana que Edward le gustaba porque no era como los demás, pues siempre lleva un libro de historia y un lápiz en el bolsillo, y conoce el nombre de los árboles y de las constelaciones y siempre lleva playeras en vez de zapatos, aunque su madre decía que parecía un poco pueblerino.

Recuerda también una conversación, sentados junto al río, en que ella rememoraba cómo la primera vez que le miró vio a un hombre que no llevaba chaqueta, la camisa suelta e iba arremangado, gustándole cómo se paró en la puerta y lo miró todo y luego le clavó la mirada.

Se recuerda también ensayando con su cuarteto una pieza muy exigente, aunque cuando acaban todos parecen más satisfechos que ella que les muestra la siguiente pieza que no es para cuarteto, sino para un quinteto, por lo que les presenta a la nueva viola, que es una alumna de tercero, entre las críticas de sus compañeros que dicen que eso lo cambia todo.

Debe ir más tarde a trabajar a la Sala Wigmore, ayudando con la partitura al pianista, recordándose en el barco con su padre, de niña, pareciendo perturbada al recordarlo.

Tras esos recuerdos le confiesa a Edward que tiene miedo.

Él trata de bajar la cremallera de su vestido torpemente, por lo que se maldice, cuando le pide ella que no se lo rompa.

Al ver su arranque de ira, ella le dice que a veces se enfada demasiado y parece que le quiere pegar a alguien, y eso la asusta, tras lo que le pide que le cuente su última pelea porque desea conocer su peor cara.

Recuerda él que en su último año en la universidad fue una noche al Club 100 y estaba con Harold, el más inteligente de su curso, algo muy raro, pues odiaba la música alta.

Poco después, Harold dijo que tenía que irse a su reunión nocturna del club de Filosofía, y, como él le admiraba y quería que lo tomara en serio, por lo que decidió irse con él.

Un hombre se cruzó con ellos mientras hablaban y golpeó a su amigo insultándolo y llamándolo judío, por lo que él salió en su defensa y le dio una paliza al hombre, algo que no le gustó a Harold, que no volvió a hablarle.

Él reconoce que se peleaba mucho y la gente creía que se le daba bien y se sentía orgulloso, hasta que llegó un momento en que quiso dejar de ser un palurdo y quiso ser interesante, como Harold.

Ella le pide que le diga que se acabaron las peleas para siempre, lo que él promete.

Le pide tras ello que le permita quitarle las medias, aunque ella prefiere hacerlo sola, comentando él que la ve muy morena, diciendo ella que es del día que caminó desde Henley, recordando que anduvo once kilómetros desde el tren para ir a verlo al campo de cricket que estaba alisando.

Al verla llegar corrió hacia ella, viendo los demás jugadores cómo se abrazaban.

Regresaron juntos por el bosque tratando de identificar a los pájaros que veían hasta la casa de él, advirtiéndole que seguramente su madre no se acordaría de ella.

La encuentran enfrascada en la pintura y desnuda de cintura para arriba y cuando Florence le dice que ha ido a verla, ella se defiende diciendo que no ha hecho nada malo, ayudándole a ponerse el vestido y mostrándole una reproducción de un Ucello, un autor que a la mujer le encantaba y del que conoce todas sus pinturas.

Poco más tarde, y mientras ella y Edward preparan la cena, las hermanas de este la llaman y le muestran que han pintado una reproducción del Ucello.

Viendo el cariño con que trata a su mujer, su padre le pide que se case con ella.

En la habitación, Edward empieza a acariciarle las piernas, preguntándole Florence con cuántas mujeres se ha acostado, diciendo él, que con pocas, pidiéndole ella sus nombres, para reconocer él finalmente que ella es la primera.

Recuerda de nuevo una sesión de cine a la que fue con ella, viendo a su alrededor a un montón de parejas besándose y tocándose y recuerda haber comenzado a tocarle a ella las piernas y cómo ella se oponía.

Recuerda haber asistido también a uno de los ensayos con el quinteto.

Ella le muestra la Sala Wigmore, donde trabajaba como auxiliar, saliendo al escenario, diciendo ella que está segura de que algún día los Ennismore actuarán allí, asegurando él que estará en el centro de la tercera fila y les aplaudirá y gritará.

En la cama, se besan, aunque ella se muestra inquieta y asustada.

Aún con el vestido puesto y él con el traje, e incluso los zapatos, le quita las bragas.

Ella recuerda haberse puesto antes esa bonita ropa interior antes de vestirse y una conversación con el pastor, que le dice que no la ve demasiado feliz con su decisión de casarse, aunque ella le dice que le inquieta el cuarteto, pues el chelista le habla de salir, aunque finalmente debe reconocer que no es ese el problema.

No se atreve a hablar con su madre, diciéndole el pastor que si quiere puede echarse atrás, aunque ella nerviosa prefiere irse y no seguir hablando.

En vez de hablar con su madre, lee un libro sobre sexualidad, pero a ella le asusta todo lo que lee.

Recuerda haber ido con él a ver los vestidos de novia pese a que él no debería verlo.

Edward se desnuda mientras Florence permanece en la cama, aun con su vestido puesto, tumbándose sobre ella, que le pide que le hable de algo estúpido.

Luego intenta la penetración de forma torpe, tratando ella de guiarlo como leyó, aunque él tiene enseguida el orgasmo y ella se asusta al ver cómo él se levanta.

Empieza a mostrarse muy inquieta, viniendo a su cabeza el recuerdo de cuando era pequeña con su padre en el barco, y, al ver el semen entre sus piernas le pide que no la mire y se siente violenta y se marcha corriendo de la habitación.

Él recuerda cuando se instaló en casa de Florence.

El padre de esta lo llevó a conocer su fábrica, comentándole que le iba a dar 2.000 Libras a su hija para que pudieran ir tirando.

Le comenta que su fábrica fue antes del Ministerio de Defensa y pudo comprar muy barata, fabricando productos para los laboratorios y universidades.

Le explica que tendrá que pasar varios meses en la planta de fabricación para familiarizarse con la electrónica básica y luego deberá viajar por las universidades explicando sus servicios.

Van más tarde a jugar al tenis, donde Edward casi no acierta, hasta que le hace un juego, y pese a que solo fue ese se descompone, sobre todo al ver que llegó Florence y lo vio.

Ella sale, aun descalza, del hotel, corriendo hacia la playa, que recorre a toda prisa mientras Edward se siente fatal en la cama.

Finalmente se viste también y sale a buscarla, encontrándola sentada sobre una barca a casi 3 km. del hotel.

Le dice que fue muy desagradable que se fuera así, diciéndole ella que fue absolutamente repugnante.

Él le dice que no tiene ni idea de cómo estar con un hombre, y que en todo ese tiempo no permitió que se acercara a ella. Que ha sido muy estirada y le avergonzaba incluso que le diera la mano.

Ella dice que quiere hacerle feliz, pero cree que siempre es una decepción, pues mientras él avanza ella se echa atrás y no hablan de ello pues él siempre quiere más y le hace infeliz.

Él cree que el problema es por el dinero y le dice que nunca exigió ese trabajo de su padre, pues no le gusta y fue idea de ella.

Vuelve a decirle que cuando se marchó así de la habitación solo quería humillarlo, asegurando ella que no sabe explicarlo, que solo sintió vergüenza y le echa en cara que no pudiera controlarse, lo que él se toma mal.

Ella le dice que le quiere y pueden hacerse felices entre sí, pero que no tiene remedio en cuanto al sexo y no lo necesita como otra gente y no cree que cambie, por lo que, dice, podrán vivir con sus propias reglas y vivir juntos y libres y él podría tener su propia vida y ser libre y ella no tendrá celos.

Él le dice que esa idea es repugnante y ridícula, además de un insulto y le dice que le ha engañado y es un fraude y que es una frígida que pensó que necesitaba un marido y él fue el primer idiota en pasar por delante.

De regreso a su habitación bebe hasta emborracharse y se queda dormido antes de marcharse de regreso a Londres.

Al hacerlo, deja una carta en casa de Florence y regresa a la suya para sorpresa de su familia, no entendiendo sus hermanas qué pudo pasar, diciéndole él que lo entenderán cuando crezcan, aunque les pide que no vuelvan a pronunciar su nombre ni le vuelvan a preguntar por ella.

Reciben también una carta de la madre de ella, que se niega a leer, aunque su padre le dice que tienen decidida la anulación por falta de consumación.

1975

13 años más tarde, Eddie tiene una tienda de discos.

Un día aparece en esta una niña que le pregunta si tiene discos de Chuck Berry, proponiéndole él un recopilatorio.

La niña le cuenta que es para el cumpleaños de su madre, que, dice, es bastante mayor, pues va a cumplir 36 años y solo escucha música clásica, aunque le gusta Chuck Berry porque dice, es alegre y dinámico.

Reconoce en esas palabras las de Florence en el pasado, y, al observar su violín, observa que en su funda lleva una pegatina donde pone "Ennismore quartet".

Decide regalarle el disco y le pregunta cómo se llama, diciendo ella que Chloe, recordando que era el nombre que siempre decía Florence que pondría a su hija.

Va con su pareja actual a una reunión de amigos donde cuenta su experiencia como casado durante 6 horas, como si fuera de otro.

2007

Tras un partido de cricket, y al regresar a su casa, Edward escucha en la radio la noticia de la actuación del Cuarteto Ennismore en la sala Wigmore para celebrar el 45 aniversario, con un programa de Mozart, Beethoven y Britten en lo que será su concierto de despedida, entrevistando además en su casa de Primrose Hill, a Florence Morell y su marido Charles, el chelista, señalando que tienen tres hijos y cinco nietos.

Tras la primera pieza, y al mirar al patio de butacas, de pronto ella repara que, en la tercera fila, y en el centro, está el que fue su marido durante unas horas, que llora al escucharla, levantándose al final y gritando bravo como le dijo que haría, llorando también ella.

Recuerdan sus últimos momentos juntos, en la playa, cuando ella, tras pedirle perdón, le propuso regresar juntos.

Él no respondió, pero cuando ella empezó a caminar de regreso no la siguió.

Calificación: 3
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