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Entre dos aguas

España (2018) *

Duración: 136 min.

Música: Raül Refree, Kiko Veneno

Fotografía: Diego Dussuel

Guion: Isaki Lacuesta, Isa Campo y Fran Araújo

Dirección: Isaki Lacuesta

Intérpretes: Israel Gómez Romero, Francisco José Gómez Romero, Rocío Rendón, Yolanda Carmona, Lorrein Galea, Manuel González del Tanago

Israel Gómez es apenas un chaval atormentado por la muerte de su padre, al que su amiga Saray trata de animar, pero, aunque ha pasado ya más de un año, no quiere todavía volver a cantar y sigue pasándolo mal.

Unos años más tarde, y ya casado, asiste al parto de su última hija, esperándolo a la salida del paritorio dos policías que lo esposan y lo llevan de regreso a su celda.

Algún tiempo más tarde, recibe a unos hermanos, evangelistas, que le dicen que saben que intentó suicidarse, y le dicen que ellos también estuvieron presos y tuvieron problemas de drogadicción y alguno de ellos intentó suicidarse, pero que encontraron en la religión y en la Biblia su salvación.

Él reconoce que está mal y que su familia no volvió a verle desde que ingresó en prisión, teniendo mujer y tres hijas, por lo que ellos le animan a seguir su mismo camino, asegurándole que tiene un futuro, tras lo que rezan con él.

Israel acepta su Biblia, aunque la utiliza para liarse sus cigarrillos.

Ya en la cama recuerda cuando de chico se hizo su primer tatuaje con el nombre de su padre, José y un pájaro y recuerda luego a su bebé.

Cheíto, su hermano, sirve entretanto en un buque acorazado de la Armada, y de vez en cuando llama a su mujer.

Él también tiene varios tatuajes en su espalda. El de Aitana en grande y otros varios.

Cheíto es el panadero en el barco y les sirve los bocadillos de los soldados.

Cuando Israel sale finalmente del penal del Puerto y coge el autobús, recordando mientras va en él, cuando jugaba con sus amigos de niño a lanzarse nieve.

Puede volver a ver a su mujer y a sus hijas, contentas las mayores de volverlo a ver, y jugando con ellas, aunque la pequeña apenas lo conoce.

Cuando ve que no están sus cosas, su mujer le dice están en casa de su madre, por lo que le pregunta si no quiere que vuelva, diciéndole ella que quiere que se vaya, mp deseando él ir a casa de su madre, pues ella fue la que lo denunció.

Debe regresar por ello a una cabaña que tiene junto al mar, donde debe comer el contenido de una lata y se alumbra con una linterna de gas.

Cheíto por su parte dice piensa en regresar a la Armada, pues piensa que si se va seis meses podrá hacer mucho dinero, aunque también piensa que se le hará una eternidad, aunque lo hará por la familia.

De pequeño, Israel decía que quería ser albañil o guardia civil, algo, lo primero, muy raro para un gitano, mientras Cheito decía que quería ser bombero o policía.

Cuando el barco de Cheíto llega a tierra, Israel le está esperando y van juntos a bañarse y juegan en el agua y se pelean como niños.

Ya luego, en su casa y tras ver también a sus tres hijas, Cheíto le habla de todos los sitios donde estuvo como Dubái, o las Seychelles, o de Somalia, donde había piratas y ellos trataban de apoyar a los mercantes y petroleros para evitar que los asaltaran.

Israel piensa que su mujer podría estar con otro hombre, porque le echó, diciéndole la mujer de Cheíto que lo que su mujer quiere es ver que cambió, diciéndole su hermano que lo que tiene que hacer es trabajar e ir cada día a verlas.

Van a bañarse de nuevo, ahora, con su hermano pequeño, lanzándose desde lo algo del puente al agua.

Comienza a buscar trabajo en la lonja, pero como carece de experiencia y no conoce el pescado no consigue trabajo, por lo que decide salir a mariscar en el barro de la orilla.

Debido a ello se hace una tremenda herida en el pie que debe curarle su amigo Manuel.

Israel vuelve a ver al tatuador, un antiguo amigo de su padre, que fue quien le hizo aquel primer tatuaje, y al que le pide que le tatúe en la espalda toda la historia de su padre.

Regresa a casa de su madre cuando ella no está para recoger sus cosas, que están en la azotea, llevándose estas, incluida una pistola que guardaba en un bote de garbanzos.

Recuerda que de niño, y hablando con Saray, le dijo que quiere vengarse de los asesinos de su padre al enterarse de que salieron ya de la cárcel.

Sale a chatarrear con su amigo, el Cabeza, que le acoge en su casa, haciéndose con el cobre de unos antiguos polvorines.

Cheíto se plantea montar una panadería, pero no tiene dinero y tiene miedo de que la relación con su mujer se resienta si vuelve a enrolarse.

Cuando Rocío enferma, Israel debe regresar a su casa para hacerse cargo de las niñas.

Consigue un trabajo de vigilante gracias a un amigo de su hermano.

Deberá vigilar un depósito judicial de 9 de la noche a 9 de la maña, estando allí todo tipo de vehículos incautados a narcotraficantes.

Gracias a ellos puede comprarse un coche, llevando a sus hijas a la playa de Camposoto, donde juegan y se bañan, pasando un día muy divertido.

Regresa de nuevo a recoger coquinas, que luego venden.

Pero regresa también al trapicheo con droga, haciéndose con 15 kilos, dproponiéndole otro hombre hacerlo más a lo grande, con 50 cajas.

Cheíto se enfada al enterarse y le pregunta si quiere volver a la cárcel, echándole en cara que además haya metido en el negocio a Pepillo, su hermano pequeño, recordándole que su padre era un buen trabajador y no le gustaría que estuviera metido en la droga, aunque él le dice que no tiene trabajo y tiene que hacer lo que pueda y lo que sabe.

Cheíto habla con su mujer. Dice que quiere estar más desahogado, pues a los pocos días de cobrar ya no le queda dinero, y quiere montar una panadería, pues si no asciende, a los 45 años le echan de la armada y necesita haber montado algo, por lo que desearía volver para hacerse con el dinero que necesita.

Israel por su parte, de nuevo en el mundo de la droga, sale de copas con sus amigos y acaba con una chica en la playa al amanecer.

Allí recuerda por la mañana a Saray, cuando la besó de adolescente.

La mujer del Cabeza le recrimina su actitud. Le dice que así no va a reconquistar a Rocío, regañándole también el Cabeza al ver que lleva una pistola encima, en su situación, diciéndole la mujer de su amigo que debe volver a mariscar, algo que a Israel le parece demasiado duro, diciéndole ella que parece que quiere coger el dinero fácil y no volver a ver a sus hijas.

Él piensa en irse de allí a Barcelona u otro sitio donde pueda trabajar, pues allí, dice, solo hay drogas, muertes o cárcel.

Ella le pone el ejemplo de Manuel, que cambió de vida y ahora son más felices, pues antes, cada vez que salía, no sabía si iba a volver, a pesar de que trabaje con la chatarra.

Israel reconoce que incluso ha pensado en quitarse la vida, aunque su amiga le da esperanzas y le dice que Rocío siempre le pregunta por él.

Acaban llorando los dos.

Decide ir a la iglesia evangélica, volviendo a ver a los hombres que le fueron a ver a la cárcel, explicándoles el pastor que cuando se bauticen dejarán bajo el agua su antigua personalidad y nacerá una nueva.

Van luego hasta un lugar en la playa donde, con vestidos blancos, se sumergen enteros en el agua como bautizo, aunque cuando le preguntan a Israel si está listo, él niega con la cabeza.

Vuelve al tatuador, que ya hizo un esbozo con lo que quiere llevar en su espalda. Una mujer con lágrimas de sangre, el coche en que llegaron los asesinos y la calavera que supondrá que hubo una muerte.

Cheíto vuelve a regañarle por ser incapaz de durar en un trabajo, diciendo Israel que no le gusta que le manden.

Él le recuerda que ya intentó suicidarse dos veces, una lanzándose a un taxi que se dio a la fuga y otra por sobredosis, con 14 años el primero, y le dice que lo hizo porque se vio solo y nadie lo apoyó y luego él y su madre lo denunciaron.

Cheíto le dice que lo hicieron por su bien, porque se iba a volver loco.

Recuerda lo duro que fue ver la muerte de su padre, y que intentó matar entonces a los asesinos, pero se le encasquilló la escopeta.

Cheíto dice que deben mirar hacia delante por sus hijos y con los buenos recuerdos de su padre.

Israel acude al cementerio para colocar unas flores en el nicho de su padre, que está en la fila de más arriba, donde llora y le pregunta por qué lo dejó solo.

Cheíto hace el amor con su mujer antes de partir de nuevo en el barco de la Armada.

Israel vuelve a mariscar.

Recibe a sus hijas y las saca de nuevo para ir al árbol donde él de niño se medía con Saray, estando todavía las marcas con sus alturas.

Coloca a sus hijas en el árbol y hace nuevas marcas con sus alturas, y les dice que volverán para comparar cuánto han crecido.

Las mira desde lejos mientras juega y piensa en su futuro.

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