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Irrational man
Irrational man

Irrational man (2015) * USA

          También conocida como:
                    - "Hombre irracional" (Hispanoamérica)

Duración: 95 min.

Música: Varios

Fotografía: Darius Khondji

Guión y Dirección: Woody Allen

Intérpretes: Joaquin Phoenix (Abe Lucas), Emma Stone (Jill Pollard), Parker Posey (Rita Richards), Jamie Blackley (Roy), Ethan Phillips (Padre de Jill), Betsy Aidem (Madre de Jill), Robert Petkoff (Paul), Sophie von Haselberg (April), Tom Kemp (Juez Spangler), Kate McGonigle (Ellie).

Abe Lucas, profesor de Filosofía reflexiona mientras conduce hacia la universidad de Brailyn, donde va a comenzar a dar clases pensando en que la raza humana se atormenta por cuestiones que no puede obviar ni tampoco resolver.

Entretanto Jill Pollard, alumna de la universidad reflexiona sobre Abe Lucas recordando que él siempre estuvo un poco loco, aunque, por otra parte eso lo hacía interesante y diferente, además de ser un buen orador.

Abe bebe alcohol pese a ir conduciendo y pensando que los Existencialistas defendían que no pasa nada hasta que se toca fondo, y él, cuando empezó a dar clases en Brailyn estaba en ese estado, ya que además le precedía su reputación.

Y, en efecto, tanto alumnos como profesores lo esperaban expectantes, comentándose que incluso se lía con sus alumnas.

Jill les comenta a sus padres, también profesores que Lucas va a darle clase de Estrategias Éticas durante el verano, habiendo leído ya sus ensayos, muy originales por su radicalidad lo que hace que la gente le ame o le odie, comentando su madre que se comenta que sufrió una depresión cuando su mujer lo dejó para irse con su mejor amigo, comentando Jill que lo que ella ha oído es que esa depresión se produjo cuando asesinaron a su mejor amigo en Irán decapitado.

Roy, el novio de Jill le dice que sin conocerlo está ya celoso.

Lucas es recibido por la rectora, tras lo cual una auxiliar lo lleva hasta la que será su casa, cercana al campus, diciéndole que le encantará estar allí, estando el departamento de Filosofía en la zona más bonita y antigua del campus y a solo tres cuartos de hora de Providence.

Esa tarde celebran un cóctel para darle la bienvenida a la que acuden todos los profesores que le hablan de su ensayo sobre ética situacional, y donde entre otros conoce a Rita Richards y a su marido Paul, diciéndole ella que si se aburre ella le pondrá al día de los cotilleos de la universidad.

Comenzadas las clases, habla a sus alumnos de Kant, y de su tesis de que en un mundo verdaderamente moral no hay sitio para la mentira. Y en ese mundo perfecto no se podría mentir ni siquiera para salvar a alguien, aunque él asegura que no es lo mismo el mundo real que un mundo teórico, y que nadie normal, si los nazis llamaran y preguntaran si había alguien en casa, confesaría que estaba oculta Ana Frank, indicando que en la vida real tiene cabida el odio, la codicia, e incluso el genocidio.

Los profesores notan que es una persona poco comunicativa que prefiere comer solo y no estar con ellos, diciéndole Rita que los alumnos le adoran, aunque entre los profesores no hay tanta unanimidad.

Él por su parte le pregunta si nunca le desmotiva la docencia y dar clases a alumnos, la mayoría mediocres, que en el futuro serán los que dirijan el mundo, algo que a ella no le ocurre, invitándolo a su casa aprovechando que Paul está en Aspen, aunque él declina la invitación.

Al final de una de sus clases, Lucas habla con Jill diciéndole que su trabajo es muy bueno y original, señalando ella que le han influido sus ideas sobre la aleatoriedad, aunque él le dice que a él le interesa más cuando discrepa de sus ideas y le rebate.

Le dice que en su libro la visión de la existencia es demasiado lúgubre explicándole él que fue un idealista y estuvo en Darfur, donde cogió una meningitis, habiendo estado también en Bangladesh, pues quería cambiar el mundo y salvarlo

Jill recuerda que Abe era fascinante y vulnerable, e incluso atractivo.

Tanto que Roy le pide que deje de hablar de él, pues se pasa el día halagando su trabajo y su forma de ser y de haber conseguido salir adelante pese a que sufrió mucho con la muerte de su mejor amigo en Irak tras una explosión habiendo sufrido con solo 12 años el suicidio de su madre bebiendo lejía.

Pese a ello pasa cada vez más tiempo con el profesor con el que habla acerca de los rumores sobre sus múltiples relaciones, reconociendo él, que en efecto fue así durante un tiempo, pero que se cansó, planteándole ella que quizá lo que le faltó fue comprometerse, y para que no se quede solo en su casa y amargado le pide que la acompañe a una fiesta el viernes siguiente.

Una tarde Abe recibe en su casa la visita de Rita Richards que le lleva una botella de whisky de regalo, contándole que está tratando de escribir algo sobre Heidegger y el fascismo, pero que está bloqueado y no puede escribir, a lo que Rita le replica que necesita una musa, tras lo que le dice que espera que no le haga salir de allí con esa lluvia sin acostarse con ella, que le ayudará a desbloquearse, besándolo tras ello.

En su casa Jill cena con su novio y con sus padres, contando que Abe estuvo en New Orleans cuando el huracán azotó la ciudad y se quedó 6 semanas intentando hacer algo, momento en que su mujer se enamoró de su mejor amigo.

Roy se queja de que lo invitara a la fiesta sin contar con él.

Abe le cuenta a Rita que lleva casi un año sin poder acostarse con nadie, diciéndole que siente haberla defraudado, explicándole que no es por ella, pues no es algo físico.

El viernes siguiente, Abe acude con Jill a la fiesta que celebran en casa de su amiga April, observando todos que sus adinerados padres coleccionan cuadros de grandes autores, aunque lo que más le fascina a su novio es el revólver que el padre de la chica esconde y con el que juguetea, explicándoles a los demás en qué consiste la ruleta rusa, viendo cómo Abe coge la pistola, se apunta a la cabeza y dispara para desconcierto de todos y en especial de Jill, volviendo a hacerlo una segunda vez pese a las críticas, debiendo quitarle el novio de April la pistola, tras lo cual Jill se lo lleva de la fiesta mientras le dice que ha bebido demasiado.

Su padre le dice al día siguiente que se comenta que Lucas tiene problemas con la bebida, lo que ella le confirma, lamentando que sea tan autodestructivo pese a ser tan inteligente, a lo que su madre le replica que tiene un discurso ágil, pero en el fondo poco consistente, diciéndole que espera que no se encariñe con él más de lo debido.

Pero ella se siente cada vez mas atraída por él, gustándole ir a ver museos y películas con él, pues tenía una mente original, aunque le faltaba ilusión por la vida, lo que le lleva a comentar que su libro no va a cambiar nada y que ha pasado de ser un revolucionario activo a ser un intelectual pasivo incapaz de follar, preguntándose Jill si podría ella lograr lo que no pudo conseguir Rita Richards, diciéndole que esperaba que viera lo que siente por él, algo evidente para todos los demás, ante lo que él se plantea que no debería acapararla tanto.

El rechazo provoca un malhumor en Jill, que Roy nota, viendo cómo cuando le pregunta si ha pensado en su propuesta de irse a vivir juntos a Londres a final de curso para hacer el postgrado en Oxford, ella le dice no estar segura.

Rita lleva a Abe hasta un lugar de la playa al que dice va cuando quiere estar sola, notando en baja forma a Abe, contándole que cuando se enteró de que iba a ir a la universidad fantaseó con que lo conocería y pasaría algo especial, diciéndole él que debe dejar a Paul, aunque ella dice que necesita el apoyo de alguien con quien irse.

Abe y JIll hablan en una cafetería, contando él que se nota al borde de una crisis nerviosa, diciéndole ella que sufre de desesperación, tal como señalaba Kierkegaard, aunque de pronto dejan de hablar de ellos cuando escuchan la conversación de las personas de detrás, escuchando cómo una mujer cuenta que está desesperada por culpa de un juez que le va a dar la custodia de sus hijos a su ex marido que no los cuida ni quiere tenerlos, no queriendo tampoco ellos ir con él, llevándolos su padre al taller donde trabaja, contando que le van a dar la custodia solo porque Spangle, el juez encargado del caso, es amigo del abogado de su marido, no habiendo podido recusarlo ni poder seguir pagando costas, pues rechaza todas sus mociones, llorando porque va a perder a sus hijos, habiéndose planteado marcharse a Europa, aunque eso le supondría vivir el resto de su vida como una fugitiva, basando sus únicas expectativas en que el juez tenga un cáncer.

Pero Abe sabe que pedir un deseo no sirve de nada y si deseas que alguien muera debes hacer que ocurra, aunque sabe que si lo hiciera sería la principal sospechosa, aunque él podría ser una salvación para esa mujer, pues podría matar al juez sin que nadie lo relacionara con su asesinato al no tener conexión alguna con él.

Y esa idea de librar al mundo de las alimañas que lo convierten en un infierno empieza a obsesionarle, pensando en ello mientras escucha el recital de Jill al piano. Y esa idea de poder perpetrar el crimen perfecto, pese a su riesgo, le hace sentirse vivo.

Tras el concierto Abe y Jill vuelven a hablar, comentando ella que no puede quitarse de la cabeza a la mujer de la cafetería, lo mismo que le ocurre a él, asegurando ella que no se siente mal por desear que le ocurra algo al juez, señalando él que hay personas que al morir hacen que el mundo se convierta en un sitio un poco mejor, aunque ella le dice que todo es más complejo, pues puede ser un mal juez pero un estupendo padre de familia, diciéndole Abe que no lo es, pues lo investigó ya en Internet, asegurándole que aunque lo fuera, eso no lo haría mejor, pues los mafiosos son buena gente con su familia, pero eso no invalida que sean malas personas.

La excitación por el asunto hace que desaparezcan en él los mareos y la ansiedad, empezando a barajar ideas para matarlo, consiguiendo por fin dormir y descansar, observando también Rita ese cambio, diciéndole él que ha decidido dejar de lamentarse y tomar cartas en el asunto, no dando tantas vueltas a todo y dejándose guiar por las corazonadas.

Visitando el faro con Jill disfruta del aire limpio, recordándole ella que le había contado que de joven coqueteó con la poesía, contándole él que rompió sus poesía en un arrebato de furia cuando su amigo pisó una mina en Irak, aunque se plantea volver a intentarlo por ella, que no puede ya ocultarle que está enamorada de él, respondiendo él que de lo que está enamorada es del concepto romántico de estar enamorada de un profesor y que debe seguir con su novio, aunque siempre le tendrá como amigo.

Por fin vuelve a poder hacer el amor, esta vez con Rita, que alaba su salvajismo y que le pide que se escape con ella a España, aunque le pregunta si se ha acostado con Jill, algo que, dice, todo el mundo comenta en la universidad.

Recuperada la ilusión de vivir, decide prestar un servicio a una madre de dos niños, por lo que empieza a vigilar los movimientos del juez Thomas Augustus Spangler, observando que vive cerca del juzgado y que una vez a la semana juega al bridge con sus amigos, saliendo a correr cada sábado por un parque de la ciudad, viendo que, aunque tiene mala fama y alguna vez lo reprobaron, nunca revocaron sus fallos.

Va con Jill a un parque de atracciones, notándole ella más desenfadado y animado y más optimista, consiguiéndole en la ruleta una linterna como regalo tras lo que van a la sala de los espejos donde ella se lanza a besarlo pese a las protestas de él, ante lo que ella le dice que querer a Roy no puede suponerle renunciar a otras experiencias, diciéndole él que aunque se han dejado llevar deben olvidarse del beso.

Pese a ello Jill estaba convencida de que Abe sentía algo por ella y cuanto más se empeñaba él en que no pasara nada más excitada se sentía.

Pero a él lo que le obsesionaba era el asesinato, que siente como un acto creativo, llegando a la conclusión tras estudiar las diferentes opciones de que el mejor modo era envenenarlo sin dejar rastro alguno, y que el mejor de los venenos sería el cianuro al ser rápido e indoloro y él sabía cómo obtenerlo pese a ser ilegal.

Accede al depósito químico del laboratorio de la universidad y tras enfundarse unos guantes, coge el producto, siendo sorprendido allí por April a la que le dice se está documentando para un libro.

Roy por su parte se queja de su irritabilidad y de que no quiera ir con él a un concierto pese a que él sacó las entradas porque ella comentó que le apetecía ir y que no le hace caso por culpa de Abe Lucas, acusándole ella de paranoico.

Abe vigila al juez Spangler, dándole su hábito de correr una idea.

Jill celebra su cumpleaños con sus padres y con su novio, recibiendo su tarta y un jersey que le regala Roy, aunque se siente dolida por el olvido de Abe.

Este, concentrado en su objetivo se levanta muy temprano y prepara un zumo de naranja al que le echa cianuro yendo luego hasta el parque en que corre Spangler, observando cómo este realiza su ritual, poniéndose tras correr a leer la prensa mientras se toma su zumo, colocándose él a su lado en el banco e intercambiando los vasos sin que Spangler advierta nada.

Se marcha tras ello sin volverse y sin ver si el juez se toma el veneno, no pudiendo concentrarse en la siguiente reunión del claustro de profesores pensando en ello, oyendo luego en la radio local la noticia del fallecimiento del juez a sus 61 años, corriendo a la mañana siguiente a comprar el periódico, sintiéndose realizado.

Al enterarse de la noticia Jill lo llama, sorprendida y sintiéndose un poco culpable por haber deseado su muerte, quedando para cenar y comentarlo.

En la cena él dice sentirse feliz, comentando que a veces un pequeño detalle hace que se disipen los nubarrones de la vida mientras que Jill le comenta que es su segunda celebración en tres días, recordándole que fue su cumpleaños, diciéndole él que lo sabía, y reconociendo ella que le molestó que no le felicitara, aunque él le dice que lo hizo porque no quería que se hiciera ilusiones ya que cree que puede aspirar a alguien mejor, entregándole un regalo que le había comprado, un libro de poesías.

Emocionada, ella le dice que no le apetece cenar, sino ir a su casa, acabando juntos en la cama pese a las reticencias iniciales de Abe, que afirma sentirse como si hubiera hecho algo valioso, tomándoselo Jill como un piropo hacia ella.

Esa plenitud le impulsa a escribir de nuevo de forma fluida, mientras se deja llevar en su aventura con Jill, pese a haber pensado que no lo haría.

Un día, y mientras habla con Rita, que le propone volver a acostarse juntos les interrumpe Jill que aparece muy alterada tras haber leído en la prensa la noticia de que Spangler fue asesinado con un veneno que alguien puso en su zumo, mostrándose Abe sorprendido, preguntándose por qué le hicieron la autopsia, aunque no le inquieta demasiado siendo para él, tras todas sus experiencias vividas, la del asesinato algo único, lo que supone quitar una vida humana no en combate ni en defensa propia.

Jill siente que Abe se desbloqueó de lo que reprimía sus sentimientos más profundos, pareciendo ahora verdaderamente feliz.

Le comenta a Jill un día que salen al campo que ha notado que cambió de perfume, afirmando que se ha vuelto más receptivo a los placeres sensoriales del mundo imágenes sonidos, olor o el sabor de la comida o del vino.

Ella le confiesa que por un momento pensó que podría haber sido él quien matara a Spangler, respondiéndole él que él lo habría hecho con una pistola o atropellándolo, y no con cianuro, diciendo ella que en ningún sitio dijeron que fue con cianuro

Le cuenta luego que ha discutido con Roy al que le contó que aunque lo quería también sentía algo por Abe.

Y de hecho en su siguiente conversación con Roy, este afirma no estar dispuesto a esperar a que finalice lo suyo con Lucas y que prefiere pasar página, reconociendo ella que es culpa suya por no querer comprometerse con una sola persona.

Abe va a cenar a casa de los padres de Jill, surgiendo de nuevo la conversación sobre Spangler, confirmando el padre que fue envenenado con cianuro, señalando que investigaron a quienes tenían relación con él y los descartaron, dedicándose tras ello a especular cómo pudo alguien acercarse y echarle el cianuro o cambiarle el vaso.

La noticia siguió saliendo en la prensa sensacionalista durante un tiempo, aunque ella no volvió a darle importancia hasta un día que se encontró con su amiga Ellie, con la que tiempo antes montaba a caballo, la cual le cuenta que Rita Richards tiene la teoría de que Abe Lucas sería un buen sospechoso en el caso del asesinato de Spangler, pues habló en una barbacoa de la estética de cometer el crimen perfecto.

A Jill no le parecía que tal teoría tuviera fundamento, pero le inquietó

En su siguiente encuentro Abe le entrega dos poemas que escribió para ella, y aunque le dice que la nota rara ella dice que es por la emoción de recibir los poemas.

Una semana más tarde, Jill pudo escuchar la teoría de Rita de primera mano al encontrársela un poco borracha en un bar.

Le cuenta entonces Rita que estaban disfrutando de un momento de intimidad tras acostarse cuando él le dijo que había experimentado muchas cosas, pero no la de matar a alguien, dándose la circunstancia de que el día en que se produjo el asesinato su marido vio a Abe salir a las 6'30 de la madrugada, pese a que él nunca madruga y además un par de semanas antes a Rita le desaparecieron las llaves del laboratorio de su bolso, pese a que ella es muy cuidadosa con ellas.

La teoría de Rita perturbó a Jill, aunque reconoce que se acomodó en la negación.

Vuelve a salir con él y van hasta un embarcadero donde le cuenta que el marido de Rita lo vio que salía a las 6'30 un sábado, contándole que tuvo que ir a Providence a hacerse una resonancia por algo benigno.

A Jill le costaba concentrarse en los estudios y seguía creciendo en ella la sensación de ansiedad, de modo que un día, cuando pasaba por delante de la casa de Abe, y sabiendo que este estaba en clase se coló por su ventana y, aunque una vez dentro se empezó a sentir culpable al pensar que le estaba traicionando revisó sus cosas, viendo que tenía un ejemplar de "Crimen y castigo" con anotaciones, como el apellido Spangler y "la banalidad del mal".

Se encuentra otro día Jill con su compañera April, a la que le pregunta cómo va su trabajo, contándole ella que va muy bien gracias al profesor Lucas que le dijo dónde podía buscar las aclaraciones a los puntos confusos un día que se lo encontró en el laboratorio documentándose sobre venenos, y cuando ella le pregunta si estos no estaban bajo llave April le dice que sí, pero que él tenía una.

Esto hace que en su siguiente encuentro con Abe lo acuse de haber matado a Spangler, pues sabe además que no se hizo ninguna resonancia en Providence, confesándole él que lo hizo para ayudar a aquella mujer, y que fue el acto significativo que estaba buscando.

Jill le dice que no es moral, diciendo él que toda su vida ha sido una persona moral y que ha actuado moralmente para ayudar a una persona víctima de una injusticia, ante lo que Jill le dice que irá a la cárcel, afirmando él que la policía no puede relacionarle con el juez y el crimen será como tantos otros que quedan sin resolver.

Ella dice que le quiere mucho, pero que no puede verlo nunca más, preguntándole él si está pensando en delatarlo, diciendo ella que sí, aunque no puede hacerlo.

Abe le dice que gracias a ese acto encontró una razón para vivir, diciéndole Jill que no dirá nada porque le quiere, pero que no puede volver a verlo.

Las siguientes semanas fueron difíciles para ella, con su cabeza debatiéndose entre la moral convencional y la de Abe, al que a veces justificaba.

Vuelve a salir con Ellie a montar a caballo y le cuenta que Abe va a dejar la universidad y que lleva mal la ruptura, pensando que encajaba mejor con Roy, al que antes creía demasiado insulso para ella.

En otro encuentro con Rita le pregunta si es cierto que Abe está pensando en marcharse a Europa, diciendo Rita que ojalá se fuera a España y la llevara con él, y vuelven a hablar de su teoría sobre el asesinato, diciendo Rita que si fuera cierta le sorprendería, pero no demasiado y seguiría dejando que la llevara a España.

Acabadas sus clases, Abe comienza a preparar su futuro, creyendo justificado lo que hizo, pues fue más enriquecedor que el resto de sus obras de caridad y protestas, habiendo ayudado a una familia y dañado a quien se lo merecía, estando seguro de que Jill no lo traicionaría.

Pero entonces las cosas dieron un vuelco, informándole el padre de Jill a esta que la policía detuvo como autor del asesinato, al empleado de un laboratorio que tenía acceso al veneno, y que un par de años antes montó en cólera en el juzgado cuando, tras declarar ante Spangler este dictó sentencia contra su hermano, esperándole a ese hombre la cadena perpetua si es condenado.

Va a ver a Abe y le pregunta qué es lo que piensa hacer, respondiendo él que no lo sabe, y que está dándole vueltas, haciéndole ver ella que va a arruinar la vida de un inocente, pidiéndole él que espere unos días para ver si se aclara la cosa y sueltan al hombre, y si no lo hacen, entonces se entregará, aunque le hace ver que si lo encierran se morirá dentro, por lo que le pide que le dé unos días, dándole ella plazo hasta el lunes, amenazándolo con denunciarlo ella si no lo hace.

Pero Abe no tenía intención de entregarse. Unos meses antes su vida no tenía sentido y lo hubiera hecho, pero ahora su vida tiene un nuevo rumbo y ama la vida.

Esa noche se acostó con Rita y se planteó irse con ella a Europa, viendo que la detención del otro sospechoso deshacía, de cara a Rita, su culpabilidad y su teoría, y aunque se planteara la moralidad de dejar que otro cargara con sus culpas, su ansia de libertad era más fuerte, empezando a ilusionarle su viaje con Rita.

Jill vuelve a reunirse con Roy, que le dice que nunca dejó de quererla, diciendo ella que fue estúpida y que si no quiere volver a verla se lo merece. Roy le dice que la ama, pero que le parece que le oculta algo, diciéndole ella que se lo contará el lunes.

Rita por su parte le comunica a Paul mientras están en el coche bajo la lluvia su deseo de separarse, algo que este no se esperaba en absoluto.

El sábado siguiente, Jill acude a clase de piano, y Abe, convencido ya de que debe acabar con ella, decide simular un accidente aprovechando su breve experiencia como mozo de ascensor cuando era estudiante universitario.

Acude para ello al edificio donde ella tiene a su profesora de música, habiendo muy poco movimiento en el mismo al estar las oficinas cerradas por ser sábado, lo que le facilitó llegar hasta la maquinaria del ascensor sin ser visto, donde debía conseguir que el ascensor pareciera averiado, pero no manipulado, para lo cual él accede a la sala de máquinas con guantes y lo prepara para sus propósitos.

Cuando Jill sale de clase se lo encuentra en el descansillo esperándola, y le dice que solo quería hablar con ella antes de entregarse a la policía, diciendo que quiere disculparse por todo lo que le ha hecho.

Ella le dice que estará a su lado como amiga, aunque él dice que al ser un asesinato, con su premeditación le encerrarán de por vida.

Mientras hablan suena la puerta del ascensor y cuando se abre él trata de empujarla, aunque ella se resiste, entablándose una pelea entre ambos, de modo hasta que él pisa accidentalmente la linterna que consiguió Abe para ella en el parque de atracciones y que se le había caído del bolso en la reyerta, cayendo al pisarla él, por el hueco del ascensor y muriendo.

Con el tiempo aquella experiencia se fue haciendo menos traumática para Jill gracias a su cariñoso y comprensivo novio, señalando que fue una lección dolorosa de las que no enseñan los libros.

Calificación: 3