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Johnny cogió su fusil
Johnny cogió su fusil

Johnny got his gus (1971) * USA

Duración: 111 min.

Música: Jerry Fielding

Fotografía: Jules Brennen

Guión: Dalton Trumbo (sobre su novela)

Dirección: Dalton Trumbo

Intérpretes: Timothy Bottoms (Joe Bonham), Kathy Fields (Kareen), Marsha Hunt (Madre de Joe), Jason Robards (Padre de Joe), Charles McGraw (Mike Burkeman), Donald Sutherland (Jesucristo), Diane Varsi (Enfermera última), David Soul (Soldado sueco), Sandy Brown Wyeth (Prostituta Lucky), Don Barry (Jody Simmons).

Washington, abril de 1917. Estados Unidos entra en guerra contra Alemania y el presidente Wilson pide voluntarios.

En medio de la oscuridad se escucha una fuerte respiración.

Tres médicos militares hablan. Uno de ellos pregunta cómo le llevaron tan deprisa, indicando que trabajaba con el equipo médico y estos oyeron caer la bomba.

Observan que tiene bien tórax y vientre debido a que se colocó en posición fetal.

El Coronel Tillery señala que merece la pena observar un caso así y dedicarle un año, ya que pese a todo lo que le ocurrió sigue bien una parte de su cerebro, la médula oblongada y por eso el corazón funciona junto con el sistema vascular y el centro respiratorio, y por ello vive, aunque, explica, los movimientos que aún tiene son espasmos musculares reflejos, pues el cerebro ha sufrido daños irreparables y solo por eso le permite seguir viviendo, tras lo que pide que le curen como si sintiera, aunque lo único que desea es poder estudiarlo.

Les insiste en que es un sujeto sin cerebro que no puede tener emociones ni ideas, ni recuerdos, dolor o placer como si fuera un muerto.

Pero ignora que el herido que tiene delante sí piensa y se pregunta qué pasa y dónde está, pues todo está oscuro.

Joe recuerda a Kareen, su novia a la que le dice que no debió apagar la luz, pues su padre se enfadará, preguntándole su novia por qué se ofreció voluntario, diciendo él que le iban a llamar en 6 meses, y que la patria le necesita, no debiendo preocuparse porque sabe cuidar de sí mismo y además la mayoría vuelve asegurando ella que si le pasara algo ella se moriría, tras lo que se besan apasionadamente, aunque entonces llega el padre de ella y enciende la luz y les pide que se comporten como Dios manda, recordándole ella que se va al día siguiente al frente, por lo que su padre les pide que vayan a la habitación mientras se queja de que tras haber trabajado toda la vida en las minas ha acabado como un simple empleado de ferrocarril.

Una vez en la habitación de ella le pide que la consuele, pero que no la trate como a una mujer de la calle, pues está asustada, tras lo que le dice que se quite los zapatos mientras ella, bajo las sábanas se quita el vestido y el resto de la ropa, aunque tras ello le pide que le acerque una bata para levantarse, pues no desea que la vea desnuda.

Va a buscar unas flores y tras ello se quita la bata para que él pueda verla, antes de regresar a la cama, donde lo espera a él, apagando esta vez la luz.

También él se desnuda y corre a la cama, aunque se mantiene alejado hasta que poco a poco comienza a cercarse, pidiéndole ella que se escape.

Al día siguiente insiste en que lo haga, pues prefiere que sea un desertor a que se vaya, asegurando que sabe que lo matarán, tras lo que pide que la abrace antes de partir, diciéndole que ella no reza como los demás, solo le pide a Dios que no deje que se vaya y que no permita que lo maten.

Él le pide que no le diga adiós ni se acerque al tren, pues desea recordarla así, aunque al subir al tren no puede evitar un pequeño gesto de adiós.

Algún tiempo después escucha las bombas alrededor y una grave explosión.

De nuevo en su cama, Joe se da cuenta de que no escucha sus pulsaciones, por lo que entiende que está sordo, aunque siente correr el sudor por la piel cubierta por vendas hasta la cabeza, pensando que debe tener una herida grave.

Se da cuenta de que lo miran y nota la mano del doctor en el pecho, pidiendo este que supriman el oxígeno si no es preciso.

El Doctor indica que le harán un injerto de piel en la cara, ordenando su traslado hasta el hospital número 3 de las fuerzas de ocupación en Jeanville, St. Clears.

Recuerda los tiempos en que trabajaba en la panadería y recibió la llamada de su madre, y cuando encontró a su padre muerto al llegar a su casa.

Nota que le quitan las vendas del brazo y le pica. Le quitan también algunos puntos de sutura y piensa que le gustaría que le quitaran las vendas de la cara para poder ver.

Mientras le quitan los puntos de pronto se da cuenta de que le falta un brazo y piensa que le van a cortar el otro y grita desesperado sin que nadie lo oiga.

De hecho el doctor ordena que lo aíslen llevándolo al almacén para que esté solo y lejos de la mirada de los curiosos.

Tiene un sueño en el que está jugando a las cartas con un grupo de soldados, y que saben cómo van a morir a otra persona del grupo que no es otro que el propio Jesucristo, que hace que sus vasos se llenen de whisky, algo que dice solía hacer en las bodas.

Uno de los soldados cuenta que morirá por la gripe en el barco, otro sepultado en una trinchera muriendo por asfixia, preguntando uno de ellos qué hace Joe allí, pues no va a morir, respondiendo Jesucristo que él es otra cosa.

De vuelta a la realidad se da cuenta de que también le van a cortar las piernas y grita de nuevo en su cabeza pidiendo que no se las corten, preguntándose qué médico le ha hecho eso y le ha dejado seguir viviendo, preguntándose si será un experimento, aunque piensa que nadie le haría eso a un ser humano.

Pide ayuda a su madre, pero esta le responde que no sabe dónde está y que recuerde que está hecho a imagen y semejanza de Dios. Él insiste en que debe ser un sueño.

Él recuerda cuando se fueron de Colorado a Los Angeles y debía bañarse en un barreño. Entonces su madre les leía la Biblia y recuerda que tenían pollitos en casa.

Iba entonces con su padre al lago, y recuerda cuando en la iglesia el pastor contaba que el hombre estaba hecho a imagen y semejanza de Dios, y al recordarlo empieza a moverse y a agitarse por lo que le ponen un calmante, pidiendo él mentalmente que no le inyecten drogas, pues quiere seguir pensando.

Recuerda a su padre quejándose de que todo lo que le rodeaba era pequeño excepto su caña de pescar a la que mimaba asegurando que nadie en el pueblo tenía una caña como esa y que sin esa caña no se diferenciaría en nada de otros hombres, al ser su vida vulgar.

Le dice que le quiere incluso más que a él, aunque Joe le asegura que él será alguien extraordinario algún día, diciéndole su padre que salvará al mundo para la democracia, y cuando él, niño, le pregunta qué es la democracia le dice que tiene que ver con que los jóvenes se maten unos a otros, preguntándose el niño por qué no lo hacen los viejos, diciéndole su padre que los viejos tienen que cuidar las casas, no pudiendo hacerlo los jóvenes porque ellos no tienen hogares y deben matarse por ello unos a otros.

Le pregunta si cree que él también debe luchar diciéndole su padre que por la democracia todos deben entregar a sus hijos, diciendo su padre que él no estará para impedirlo.

Su padre le pide que le abrace, pero él se niega a hacerlo.

El doctor pide que le den los mejores cuidados a partir de ese momento, pidiendo que le quiten ya los vendajes, pues las heridas cicatrizan bien, sintiéndose él aliviado al sentir el aire, notando cómo le limpian el tubo respiratorio, aunque no se lo quitan, ni el de alimentación, preguntándose cuándo podrá comer normalmente.

Empieza a pensar e intenta mover las mandíbulas, dándose cuenta de que no las tiene, dándose cuenta de que tampoco tiene lengua ni dientes y empieza a sentirse dominado por el pánico, dándose cuenta que no tiene tampoco ojos ni nariz.

Piensa que no puede vivir así y al verle agitado vuelven a inyectarle un tranquilizante.

Quiere creer que vive en una pesadilla y le pide a su madre que rece por él.

Trata de pensar en otras cosas para no desesperarse, aunque sueña que se le acerca una rata y es incapaz de distinguir qué es un sueño y qué real.

Jesucristo le dice que cuando él tiene un sueño grita, y le pide que lo haga, aunque él dice que no puede gritar. Le dice que abra los ojos, señalando él que no tiene ojos, por lo que le dice que debe autodisciplinarse pensando que quiere dormirse y no va a tener pesadillas, pero él dice que no tiene nada para sentirse adormecer.

Le dice que si la rata fuera real la habría espantado, aunque tampoco podría haberla espantado, pues carece de brazos, una pesadilla peor que sus sueños y que lo que necesita es un milagro, pues es un hombre con muy mala suerte.

Le pregunta a su madre si es real o también un sueño, y le dice que es también un sueño tan irreal como cualquier otro sueño.

Se pregunta si le visitarán o si estará en casa con su familia, diciendo que aunque añora a su madre piensa que prefiere que no lo vea así, pensando que debe estar en un hospital.

Una nueva monja, enfermera jefe, pide que dejen que entre la luz del sol, pues no podría verlo nadie a no ser que midiera dos metros.

Cuando se marchan, él asegura notar algo nuevo, concluyendo que es calor, dándose cuenta de que siente el sol, algo que le pone muy feliz, dando gracias por poder sentirlo, pudiendo gracias a ello diferenciar el día de la noche.

Decide imaginarse una gran pizarra en su cabeza para hacer la cuenta de días, semanas y meses, pasando así un año, por lo que mentalmente felicita el Año Nuevo a Kareen, aunque luego piensa que no sabe cuándo empezó a contar, y no puede saber si es el Año Nuevo, ni siquiera sabe qué edad tiene, sabe que tenía 20 años cuando ocurrió la explosión, aunque ignora el tiempo transcurrido desde esta.

Estaba entonces escribiendo una carta a Kareen, cuando el coronel se quejó del mal olor que producía el cadáver de un bávaro muerto junto a la trinchera, ordenando a varios soldados, Joe entre ellos, que lo entierren por la noche y digan unas palabras por él, y aunque tratan de regresar a las trincheras cuando comienzan los bombardeos debe refugiarse lanzándose a una hondonada en la que cae junto a otro soldado muerto, justo cuando una bomba explosiona junto a él.

Ahora piensa que si su padre lo hubiera visto así se habría reído de él y lo habría exhibido.

Un día nota la presencia de una nueva enfermera no vibrando el suelo a su paso porque es más ligera, una mujer que se siente impresionada al verlo y llora, sintiendo él su lágrima sobre la piel, notando sus manos suaves, y viendo que no le da asco ni miedo.

Vuelve a recordar a Kareen, preguntándose dónde estará y recordando que solo hicieron el amor una vez.

De pronto se ve a sí mismo nuevamente vestido de soldado, contándole Kareen que tuvo que casarse y pertenece a otro porque cuando lo llamó no acudió.

Le pregunta cuánto tiempo hace que no se ven, pues ha perdido la noción del tiempo, que es en lo único que él piensa aunque para él nunca será vieja, porque la lleva en su corazón tal como la vio la última vez y la tendrá siempre joven y bella en su cabeza.

Vuelven a besarse y entonces el padre de ella le dice que la dejó embarazada y se fue, diciendo él que no lo sabía.

Se va Kareen, desapareciendo de su sueño mientras le pide que huya y no deje que lo lleven, mientras él insiste en preguntarle cuánto tiempo ha pasado y dónde está, pues no sabe siquiera en qué país está.

Le llevan una nueva cama que la enfermera lleva hasta cerca de la ventana para que pueda darle el sol, poniéndole una rosa en la mesa y le besa en la frente observando cómo él se mueve pareciendo contento.

Él piensa y dice que espera que sea americana, pues desde que salió de su casa solo vio a una mujer, que era una prostituta que le contaba que estaba en San Francisco cuando ocurrió el terremoto y que tiene un hijo de 5 años en un colegio particular en Long Island al que van jugadores de polo y que ella le paga con el dinero que gana allí, unos 100 dólares a la semana.

Vuelve a pensar en Kareen y se mueve inquieto y excitado, ante lo que, conmovida, la enfermera besa su pecho y le toca.

Él recuerda cuando se bañaba con su amigo Bill en el río, al que fueron con su padre de pesca, pasando varios días juntos en una tienda de campaña.

Le tuvo que pedir a su padre que le prestara su caña pues tuvo que prestarle la suya a Bill que no tenía.

Por la noche regresó al campamento cuando su padre dormía, y al acostarse empezó a hablarle contándole sin mirarle que perdió su caña luchando contra una trucha, y que aunque estuvieron buscándola no consiguieron encontrarla.

Su padre le dijo entonces que no importaba y que no iban a amargarse su último día de excursión por una vieja caña de pescar.

Es invierno. Los enfermeros se van a ir a la ciudad y le dicen a la enfermera de Joe que la esperan. Ella antes se despide de él comenzando a escribir letras sobre su pecho, comprendiendo él que ha escrito "MERRY CHRISTMATS".

Joe se pone contento, pues ahora podrá empezar a contar el tiempo y saber si es primavera o invierno.

Recuerda entonces una Navidad en su empresa y le habla a Kareen de salvar al mundo para la democracia mientras baila con ella, un sueño en realidad, en la que él, al salir fuera ve a su padre comiendo miel con una joven bajo un árbol, contándole que estaba pescando y la chica se coló entre sus brazos.

Le pregunta dónde están los jóvenes, contándole él que han desaparecido.

Su padre lamenta que sabía hacer muchas cosas, pero no supo hacer dinero, señalando que lo malo de la vida es que te esfuerzas tanto trabajando que no disfrutas de ella, y ahora está mejor muerto, aunque echa de menos a su madre, preguntándole cómo está, a lo que él le responde que hace tiempo que no la ve.

Le dice luego que ha recuperado su caña y debe irse a pescar.

Entonces lo llama Kareen que quiere jugar al escondite con él y que le pregunta por qué la dejó y por qué no la escribió, diciendo él que no podía hacerlo.

Ella dice que no la quiere, pero ella insiste en que nunca la quiso y se marcha, mientras él le pide que no se marche otra vez y llora.

Su padre le pregunta si necesita ayuda, diciendo él que no puede pedirla, pues no puede hablar, sugiriéndole su padre que envíe un telegrama como cuando era pequeño y jugaba con su vecino, preguntándole si recuerda el Morse, diciéndole su padre que use la cabeza, lo que le hace pensar que en efecto puede usar su cabeza.

Comienza así a moverla frente a la atenta mirada de la enfermera que llama al doctor y le dice que no entiende lo que intenta decir, decidiendo el doctor al ver su historial que deben tratarlo con tranquilizantes, aunque la enfermera está convencida de que no es un movimiento reflejo, diciéndole el doctor que se lo plantee al General Tillery, que irá pronto a hacer su revisión anual y que es quien dio las órdenes que le obliga a cumplir, volviendo a inyectarle un calmante para desesperación de él, que ve no le escuchan y que siente que se hunde.

Vuelve a tener pesadillas, esta vez con esqueletos hundidos y con la caña de pescar de su padre.

La enfermera sigue observándolo y se da cuenta de que quiere comunicarse. Y cuando los visita Tillery junto con otros militares, al verlo, uno de ellos comprende que se comunica por Morse y que está diciendo SOS.

El general se siente culpable, pues fue él el quien dijo que estaba descerebrado y le quedaba solo una parte del cerebro residual, por lo que se marcha desolado.

Con golpes en la frente le preguntan qué quiere.

Él piensa que le gustaría salir, aunque en su estado lo mejor sería exhibirlo en ferias anunciándolo como un trozo de carne que habla con la cabeza, siendo el único monstruo que no nació como tal, sino que es obra de los hombres tras haber creído que en el ejército lo tratarían como un hombre, aunque cuando expresa su deseo le dicen que su estado no permite que se le traslade.

Él les dice que si no quiere que le vean que lo maten, lo que repite una y otra vez.

El oficial al mando ordena cerrar los postigos de nuevo y que nadie comente lo que han visto, pidiéndole al capellán militar que le hable, aunque este se ve incapaz de decirle nada, asegurando no querer poner en prueba su fe, diciéndole al general que ese es un producto de su profesión, no de la suya.

La enfermera en vez de obedecer las órdenes y ponerle el calmante, pide perdón a Dios y dice confiar en su gracia ya que es todo bondad, tras lo que pinza el tubo por el que respira, dándole él las gracias y pidiendo a Dios que la haga feliz y la perdone.

Pero entonces entra el general y lo ve y le impide hacerlo echándola de la habitación y pidiendo que le entregue la llave.

Joe se da cuenta de lo ocurrido y de que la enfermera se va, comprendiendo que es un secreto y renegando al ver que el general le pone el calmante.

Se da cuenta de que pasa a ser un secreto y de que nunca lo sacarán de allí hasta que muera cuando sea un anciano y lamenta no poder matarse al carecer de brazos y piernas, careciendo además de lengua para gritar, por lo que se pregunta cómo podrá seguir viviendo así mientras repite una y otra vez "SOS, ayúdenme".

Se nos recuerda que ha habido alrededor de 80 millones de muertos en guerra desde 1914 y alrededor de 150 millones de desaparecidos o mutilados.

Y un lema: "Dulce et decorum est pro patria mori" "Dulce y honorable es morir por la patria.

Calificación: 3