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La casa del tejado rojo

Chiisai Ouchi (2014) * Japón

Duración: 136 min.

Música: Joe Hisaishi

Fotografía: Masashi Chikamori

Guion: Yôji Yamada, Emiko Hiramatsu (Novela: Kyoko Nakajima)

Dirección: Yôji Yamada

Intérpretes: Takako Matsu (Tokiko Hirai), Haru Kuroki (Taki Nunomiya Joven), Hidetaka Yoshioka (Shouji Itakura), Satoshi Tsumabuki (Takeshi Arai), Chieko Baishô (Taki Anciana), Takatarô Kataoka (Masaki Hirai), Kazuko Yoshiyuki (Señora Konaka), Satoshi Akiyama (Kyoichi Hirai), Shigeru Muroi (Sadako), Yui Natsukawa (Yasuko Arai), Isao Hashizume (Profesor Konaka).

Los tres sobrinos de la tía abuela Taki Nunomiya acuden a su entierro, lamentando que muriera sola, aunque recuerdan que siempre se negó a dejar de vivir sola, habiéndola encontrado Takeshi cuando lo mandó su madre porque no respondía al teléfono.

Recuerdan que a veces tenía mal genio, pero creen que tenía derecho a un final feliz.

Recogen sus cosas, encontrando una caja que pone que es para Takeshi. En ella encuentran un cuaderno con su biografía y algunas fotos.

En su biografía recordaba que tras acabar la educación básica, en la primavera de 1935 se trasladó a Tokio.

De sus 6 hermanos, 4 habían acabado de criados, por lo que pensó que ella correría la misma suerte en un tiempo en que muchas jóvenes campesinas eran vendidas y acababan prostituidas.

De las casa de geishas iba a buscar a las más bonitas, pero como ella no lo era no se interesaron por ella, encontrándole un pariente trabajo en una casa.

Recién escrito esto, Takeshi la animó a seguir escribiendo, pues le gustó la historia, y vio que solo tenía leves faltas de ortografía.

Recordaba el día en que se fue del pueblo con 18 años y con muchas ganas de descubrir la nueva vida de la ciudad aunque le apenaba dejar a sus padres.

Salió en medio de una fuerte ventisca de nieve, animándole su madre a aprender lo primero a hablar como la gente de Tokio, aprendiendo a pronunciar bien.

Siempre había querido ir a Tokio, y como nunca había salido del campo, la ciudad le sorprendió por la cantidad de gente que había, y las innumerables tiendas, coches de caballos, automóviles y tranvías.

En la primera época Showa, casi todos los ejecutivos de la ciudad tenían una criada, lo que ahora se llama asistenta y era un trabajo honorable y un aprendizaje para la vida de casada, no una esclavitud.

Takeshi le pregunta por qué nunca se casó y le pide que lo escriba en sus memorias.

Su primer trabajo lo realizó en la mansión principesca del señor Konaka, un escritor que vivía en Hongo, que ya tenía a dos criadas mayores a su servicio, el cual tenía el cuarto donde escribía muy revuelto, pero no quería que desaparecieran cosas.

Este le contó que cinco años atrás tenía una criada que escondió una carta que le envió una geisha con la que se relacionó para que no la viera su esposa. Un gran trabajo, por lo que le dice que el trabajo de criada no es tan sencillo, pues en buena parte de él depende la felicidad de su matrimonio, le dice riendo.

Al año siguiente, cuando caían las flores del cerezo, la señora Konaka se empeñó en presentársela a su sobrina, Tokiko Hirai.

La señora Konaka y Sadako, hermana de Tokiko hablan mientras esta y Taki están en la cocina, comentando Sadako que es absurdo que su hermana se construyera esa casa en Tokio, donde el último terremoto de Kantó lo destruyó todo, preguntándole la tía si siente celos de su hermana, lo que ella niega.

Cuando se les une, Tokiko les dice que ahora viene lo peor, pues para construir la casa tuvieron que pedir un crédito que ahora tienen que pagar, diciéndole su hermana que haría mucho mejor en gastar ese dinero en la educación de su hijo.

Taki recuerda que la casa era muy bonita y el mejor de los hogares, atendiendo en ella también a Kyoichi, el hijo de la pareja.

Por entonces se rumoreaba que los juegos olímpicos podrías celebrarse en Tokio, lo que supondría muchas mejoras, asegurando el señor Masaki, marido de Tokiko que su empresa de juguetes conseguiría vender más, por lo que están contratando más gente, si bien la guerra acabó con aquel sueño olímpico, pero no con la felicidad de la pareja.

Takeshi no cree que la gente fuera tan feliz en aquella época, pues hubo una intentona golpista y la guerra con China, diciéndole su tía, que según la cronología que le pasó, esta fue en 1937, diciéndole su sobrino que todo comenzó en 1931 por la guerra de Manchuria y le recuerda que se llamó la guerra de los 15 años.

Pero Taki recuerda que era muy feliz, diciéndole su sobrino que es demasiado subjetiva y que debe tratar de ser más objetiva, señalando ella que si la sermonea no seguirá.

A finales de año Kyoichi se puso enfermo y tuvo mucha fiebre durante una semana, y cuando remitió le diagnosticaron poliomielitis, recomendándoles el médico hacerle masajes cada día, que pagarían gracias a una gratificación que recibiría el señor Hirai, pero el problema es que había que ir cada día hasta Nihonbashi, para lo que había que cambiar de tren y andar mucho, proponiendo Taki llevarlo ella a cuestas cada día, como hacía de niña con su hermanita, pues entonces debía caminar 4 kilómetros cada día para ir al colegio incluso si llovía o nevaba.

Y así, lloviese o hiciese sol, cada día llevaba a Kyoichi a la clínica, lo que no le importaba, pues pensaba que gracias a su esfuerzo el pequeño volvería a andar, mostrándole además el médico cómo hacerlo para que pudiera hacérselos en casa y que no fuera necesario ir hasta allí, indicando el niño decía que le gustaba más que se los diese ella.

Pero también le daba masajes a Tokiko, a la que le gustaba mucho que se los hiciera, siguiendo dando masajes durante un año a su joven amo.

Tras ello debía incorporarse al colegio, recriminándole su hermana que no se ocupara de buscarle un buen colegio antes, pues le asegura que sin este no tendrá futuro.

Cuando cayó Nanjing, estalló la alegría en el país. Todos esperaban que la guerra acabara pronto, y había mucha alegría. Fue la última Nochevieja en la que Tokio fue verdaderamente feliz, y hubo rebajas y soltaban globos.

Takeshi le pide que hable de sus novios y se olvide de la guerra.

Ella le pregunta por la chica que le gustaba y él le cuenta que se acabó, deseándole ella que encuentre otra que le haga feliz pronto.

Recuerda que el fin de año fue una época de mucho trabajo. Limpiaron toda la casa y pusieron las mesas en el salón para recibir a los invitados de Nochevieja, recibiendo un regalo de su señora, una pieza de seda.

Durante las vacaciones de principio de año apareció Shouji Itakura por vez primera. Pertenecía al departamento de diseño y era11 de los primeros de su promoción en arte.

Mientras estaban reunidos los hombres de la oficina de Masaki, Tokiko le dijo a Taki que fuera para ver a Shouji, que era más guapo que el resto de los compañeros.

Los hombres sueñan con que se calme todo y poder acceder al mercado chino, ya que no pueden competir con los juguetes de América.

Mientras las dos mujeres atienden al niño llega Shouji, que dice está viendo la casa con permiso de su marido, porque no aguanta las charlas bélicas.

Les cuenta que se especializó en la pintura al óleo, aunque durante un tiempo estuvo interesado en la arquitectura y le llamó la atención desde que la vio aquella casa tan bonita del tejado rojo y tenía ganas de saber quién viviría allí.

Les cuenta también que cuando llegó a Tokio le sorprendió que pese a ser invierno el cielo estuviera tan azul, algo típico de los norteños, a los que le pasaba lo mismo.

Itakura le lee al niño unas historietas para niños donde narran el hundimiento del Titanic, durmiendo al niño y durmiéndose él mismo, por lo que cuando se marchan el resto de invitados, ya muy borrachos, Tokiko debe despertarlo a él, invitándolo a una sopa.

Le pone además la banda sonora de "Loca por la música" con la orquesta de Stokowski, descubriendo en él a un enamorado de la música clásica, que, a partir de ese día fue a la casa para escuchar sus discos, haciéndolo a veces solo, si la señora había salido, pues su habitación estaba a solo dos estaciones.

El jefe de su marido, el señor Yanagi, les regaló unas entradas para un concierto de música clásica, pero el propio director les puso ese día una reunión, por lo que Masaki sugiere que las devuelvan, algo que a ella le parece muy feo - Taki recordaba que aquella fue la primera vez que la vio verdaderamente enfadada - ya que era un regalo, diciéndole su marido que podría ir ella sola o con su hermana, decidiendo finalmente el señor Hirai devolver su entrada y que ella fuera sola tras comunicárselo al señor Yanagi.

Una vez comenzado el concierto, al que también había ido sola la señora Yanagi, apareció Itakura, al que el señor Yanagi le dio la otra entrada, afirmando al verla que se alegraba de haber ido, por tenerla a ella de compañera.

A la vuelta, les cuenta a su hijo y a Taki, que fue maravilloso y le lleva un libro al niño de parte de Itakura, contándole que tras el concierto la invitó a tomar café en el Sisheido y camino a casa pasaron por la librería y compró el libro.

Un día, en plena tormenta, llegó el señor Itakura para avisar a Tokiko, que estaba preocupada, de que su marido, que había ido a Fujisawa, se había quedado atrapado debido a la tormenta en Yokohama y llamó a la empresa para avisar.

Les dice que la tormenta empeorará a medianoche y como al llegar vio que sus contraventanas estaban batiendo, pide una escalera y unas tablas para fijarla con la ayuda de Taki.

Tras ello le preparan comida y le piden que se quede y duerma en el sofá.

También se va la luz esa noche y la puerta delantera comienza a golpear, por lo que Tokiko despierta a Shouji para que vaya a ver de qué se trata, observando que se rompió el pestillo, por lo que pone un zapatero delante para que la puerta aguante.

Tokiko le dice a Shouji que se alegra de que se quedara para poder ayudarles y le besa antes de retirarse.

Al leerlo, Takeshi le dice a su tía que por fin hay algo de amor, planteándose si se trataba de un trío, aunque la anciana le dice que no entiende nada.

Pero fue por entonces, a los 5 años de haber salido de la aldea, cuando la pidió en matrimonio un profesor de instituto y un supuesto intelectual de 50 años que tenía tres hijos y un nieto y para el cual sería su tercer matrimonio.

El hombre fue a visitarlos con una tía, señalando el profesor que veía que era fuerte y que eso era lo importante para poder tener muchos hijos.

Pero por la noche Taki lloraba, adivinando Tokiko que no le gustaba su pretendiente y calmándola diciéndole que le rechazaría por ella, pese a que su marido fue el que lo había arreglado todo, al pensar que era mejor un hombre mayor, ya que los jóvenes estaban siendo llamados a filas, asegurando Taki que no le importaba no casarse, pues le gustaría cuidar de ellos y de su hijo toda la vida.

Al escasear el acero chino debido al incidente con aquel país la empresa de juguetes tuvo que dedicarse a los juguetes de madera y papel, confiando el señor Yanagi, el señor Hirai e Itakura en que el conflicto acabara pronto.

Y es en esa reunión, en casa de los Hirai cuando el señor Yanagi se enteró de que Itakura seguía soltero, pese a su edad, e indicándole que debe casarse cuanto antes, y más en su caso, en que por sus problemas de vista y de bronquios, no le llaman al ejército, por lo que le dice que debe casarse y traer un montón de hijos para el imperio, aunque cuando se marcha y Tokiko sale a despedirlo, le asegura que no le obedecerá.

Tokiko le dice a Taki que Itakura no puede casarse tan pronto.

Pero el señor Yanagi ha visto a dos chicas de buena familia y le entrega sus fotos a Masaki, que le pide a Tokiko que se encargue del asunto, afirmando que la boda con cualquiera de las dos mujeres le vendría muy bien a la empresa, pues carece de padre y dice que como su superior él debe ocupar tal lugar y Tokiko el de su madre, señalando que le invitará a comer para que hable con él.

Hacía mucho calor aquel día. Tokiko habló con Shouji, mostrándole las fotografías de sus posibles esposas, y cuando le dice que sigue sin estar interesado, ella le insiste en que elija una, señalando él que le sorprende mucho que sea ella la que le diga eso, a lo que le responde que fue una petición del señor Yanagi, entregándole las fotos, aunque él se niega a mirarlas, ante lo que ella le pellizca, viéndolo Taki.

Cuando no los ven, Tokiko ojea el cuaderno de él, viendo que la ha dibujado a ella.

Para entonces ya ha comenzado la guerra con Alemania, opinando Masaki que América apoyará a otros países europeos contra Alemania y no se preocupará del Pacífico, y además saben que no les conviene pelear con Japón y están convencidos de que no habrá guerra, aunque América exige que Japón se retire de China.

Viendo que Shouji no cede, y temiendo por el futuro de la empresa, Masaki le pide a Tokiko que vaya a su casa y le deje las cosas claras.

Por ello, el domingo siguiente fue ella a ver a Shouji a la residencia, acompañada de Taki, a la que, una vez allí envió de regreso a su casa, subiendo ella al cuarto de él.

Al regresar llevaba de nuevo las manos vacías, pues Itakura insistía en que no le interesaba el matrimonio, ante lo que Masaki monta en cólera, asegurando que le entregará él las fotos y le ordenará que se case.

Tokiko le pide que le deje intentarlo una vez más, enviando una postal a Itakura, diciéndole que debe decidirse antes del domingo.

Ese día, Tokiko volvió a ir a la residencia de Itakura, esta vez sin Taki.

El casero de Shouji, junto con el vendedor de licor del barrio ven que Tokiko sube a la habitación y concluyen que son amantes y que deberían denunciarlos por adulterio, pues se dedican a divertirse mientras sus jóvenes mueren en el frente chino, aunque la mujer del casero le disuade de ello.

Cuando Tokiko regresó, Taki se fijó en que el obi de su kimono estaba colocado al revés.

Visitó al señor Itakura en dos ocasiones más y en ambas se vistió a la occidental.

En una de esas ocasiones fue a visitar a Tokiko, Chikako Matsuoka, su mejor amiga, que tenía cierto aire masculino, contándole Taki que su señora tiene un comportamiento extraño y no sabe qué hacer.

Chikako le pregunta si es que a Itakura le gusta Tokiko, llorando Taki al reconocerlo.

Le recuerda también que cuando estudiaban, Tokiko era la chica más guapa que había visto y todos se enamoraban de ella, y cuando decidió casarse con Masaki, hubo una persona que intentó incluso suicidarse, pero le pide que no se lo cuente a Tokiko.

Cuando regresa, dice que no puede seguir y que le ha dicho a Itakura que era la última vez y que no volvería a su casa, contándole a su amiga que sabe que está haciendo algo que está mal y no quiere seguir intentando hacer de casamentera.

Regaña a Taki porque le puso muy caliente el té, y Taki llora desconsolada.

Durante el mes siguiente, la señora Hirai adelgazó mucho

Un sábado de noviembre por la noche, el señor Itakura regresó después de mucho tiempo, contando que han llamado al frente todos los hombres, incluso los no aptos, y por ello no quiere casarse, pues no desea tener una familia que llore su marcha, diciendo que se casará cuando regrese tras haber servido a su país, y devuelve las fotos.

El señor Masaki lamenta lo que ocurre, pues debido al bloqueo americano no importan hierro ni petróleo y nada de lo que importa su país se dedica a los juguetes y Europa y América boicotean sus productos y China carece de recursos, estando a punto de entrar en guerra con América.

Y, en efecto, estalló la guerra con el ataque a Pearl Harbour del 8 de diciembre de 1941. Ella se enteró por el hombre de la tienda de licores cuando fue a su casa, asegurando que darán una buena paliza a los engreídos americanos.

Le preguntó en aquella ocasión si su señora iba mucho a Nagahara, diciéndole que tuvo suerte de que la viera solo él, pero que puede verla otra persona.

Los exaltados titulares del periódico de la mañana indicaban que había empezado una nueva era y todos estaban alegres, aunque al recordarlo, se llena de amargura.

Yasuko, otra de las sobrinas, visita a la tía Taki, y le dice que Takeshi leyó ya hasta lo de Pearl Harbour, y quiere que siga escribiendo durante su ausencia.

La tía le pregunta si estará ingresado mucho tiempo, diciéndole que dos semanas, pero que la culpa es suya por conducir su moto como un loco y por ello está escayolado, mostrándole una foto donde se le ve en la cama con la escayola diciendo que se siente solo, aunque su hermana le cuenta que es mentira, pues hay un desfile constante de compañeras de clase que le llevan flores y cosas de comer.

Llegó 1943. La comida estaba racionada y había asociaciones vecinales como "Lucha sin Tregua", "Ganar o morir" y el país empezó a cambiar.

También la madre habla con Tokiko y le pregunta si tomó el té en Nakamuraya, pues alguien le contó que la acompañaba un joven.

Le dice que era Itakura, con el que se encontró y fueron a tomar un té, algo que no sería por sí solo reprochable, pero sí que se sentara frente a él y susurraran, mientras el resto de jóvenes mueren de hambre mientras luchan y su comportamiento es muy descarado y la acusarán de falta de patriotismo.

Antes de marcharse le pidió a Tokiko que la vigilara y la avisara si notaba algo raro.

Sadako se lo contó al señor Konaka, su tío para que le regañara, aunque este no entiende que le parezca escandaloso que tome el té con un hombre.

El hombre le dice a Taki que se arrepiente de haberla mandado con Tokiko, señalando ella que le dará si lo desea un masaje en los pies, encontrándolo él muy agradable.

Su tío les invitó a chuletas de cerdo, algo que Takeshi, que ya está recuperado, cree idealizado, pues la carne estaba racionada, contándole su tía que existía un mercado negro, señalando que se entraba a las tiendas por la parte de atrás.

Y entonces llegó el aciago día.

En medio de la tormenta les visita Itakura mientras Masaki estaba en Fujisawa.

Les va a anunciar que le avisaron y debe irse al frente en dos días, hasta Hirosaki desde donde le mandarán a China o al Pacífico, diciéndole Tokiko que él no está hecho para ser un soldado.

Le dice que dudó mucho ir a verla para que no le doliera tanto y acabar destrozado, aunque ella le dice que si no hubiera ido a despedirse le hubiera odiado y se abrazan.

Llega entonces Masaki y le cuentan lo de que llamaron a filas a Itakura, opinando Masaki que sería más útil en Japón, haciendo diseños y tebeos, pero los tiempos son así.

Shouji les agradece lo amables que fueron con él antes de marcharse, quejándose Masaki de que no brindara con ellos pese a todo lo que hicieron por él.

Taki sale a entregarle una linterna y se despiden, diciéndole él que no la olvidará y si muere en el campo de batalla será para defenderlas a Tokiko y a ella.

Al día siguiente vio que Tokiko iba a salir y algo le decía que debía detenerla, pero otra parte de ella le decía que debía dejarla, pues debían verse por última vez, diciéndole finalmente a su señora que no debería ir, diciendo ella que le lleva un regalo de despedida a Shouji, diciendo Taki que se lo llevará ella con una carta.

Le cuenta que el vendedor de licores la vio en casa del casero de Itakura, ya que juega con él y si va allí podría llegar a enterarse su marido, por lo que le pide que le escriba una nota diciendo que le esperará en su casa, algo que a nadie extrañaría.

Pero Itakura no fue en todo el día, esperándolo todo el día Tokiko nerviosa y afligida.

Así acabó aquel apasionado romance, escribe Taki mientras llora al recordarlo, mojando el papel.

Cuando Takeshi le pregunta por qué llora, le dice que ha vivido demasiado tiempo.

Después de ese día la señora Hirai parecía haber perdido las ganas de vivir, mientras las cosas iban también cada vez peor en Japón.

Ya no podía la familia tener una criada y tuvo que regresar a Yamagata, asegurando que regresaría cuando finalizara la guerra.

El 25 de mayo de 1945 Tokio fue bombardeado pero no podía saber si los Hirai habrían sobrevivido.

El 6 de agosto cayó la bomba sobre Hiroshima y el 9 sobre Nagasaki, dando el día 15 el Emperador un discurso. Se acercaba el fin de la guerra.

A finales de año, con la ayuda de otras personas de su pueblo compró un billete para regresar a Tokio, comprobando que la casa del tejado rojo había sido arrasada.

Había un refugio en el jardín donde los señores murieron abrazados.

Taki nunca contó nada del niño, pues cuando hablaban de cómo murieron los Hirai lloraba, aunque se comentaba que nunca encontraron el cuerpo del niño.

Los sobrinos encuentran una carta cerrada entre sus cosas que no se atreven a abrir.

Takeshi se graduó en la universidad al año siguiente y encontró trabajo en una pequeña constructora.

Un día, al visitar una librería con Yuki, su novia, esta le regaló La casita, de Virginia Burton, fijándose él en un libro el nombre de cuyo autor le sonaba. Era el libro del famoso artista Shouji Itakura, recordando que ese era el nombre del amante de la señora Hirai.

Takeshi cree que es una coincidencia, pues el diseñador fue enviado al frente, si bien en Internet ven que, en efecto, estuvo en Nueva Guinea, pero sobrevivió.

A la mañana siguiente fueron a visitar el museo dedicado a Shouji Itakura, viendo en él un dibujo donde se refleja la casa del tejado rojo, que la guía les cuenta fue pintado de memoria por el señor Itakura, comentándose que para él tenía un significado especial, pues lo tenía en su habitación.

Les cuenta también que localizaron al hijo de los Hirai, pero dijo que apenas recordaba algo de aquella época, aunque consiguen su dirección y van a visitarlo a Ishikawa.

Kyoichi es ya un anciano y perdió la vista.

Takeshi le entrega a él la carta que tenía su tía, escrita por Tokiko y aún cerrada, pidiéndole el anciano que la abran y se la lean, viendo que en ella Tokiko le pedía a Shouji que fuera a verla después de comer, alrededor de la 1, porque necesitaba verla desesperadamente.

Comprenden que es la carta que Tokiko escribió, y que su tía no llegó a entregar nunca, llorando Kyoichi, que no se esperaba que le dirían que su madre tuvo un amante.

Se acordaba de Taki mucho y pensaba en lo que debió sufrir durante todos esos años por no haber entregado aquella carta.

Les dice que siempre soñó vivir cerca del mar desde que de pequeño Taki le llevaba a la playa de Enoshima y a veces les acompañaba el señor Itakura y pensaba que estaban hechos el uno para el otro.

Taki tampoco se casó nunca. Se esforzó en buscarla, pero no logró encontrarla, y le hubiera gustado verla para decirle que se dejara de culpar, pues su pequeño pecado fue perdonado hace mucho tiempo, llorando Takeshi al escucharla, recordando que aquella fue una época horrible en que todos los japoneses debieron escoger en contra de su voluntad.

Takeshi recuerda aquel día de otoño en que fue a verla al salir de la universidad y la vio llorar y decir que había vivido demasiado tiempo y se preguntaba por la verdadera razón por la que su tía abuela sufrió tanto.

Calificación: 3