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La decisión de Sophie

Sophie's choice (1982) * USA / G.B.

Duración: 157 min.

Música: Marvin Hamlisch

Fotografía: Néstor Almendros

Guion: Alan J. Pakula (Novela: William Styron)

Dirección: Alan J. Pakula

Intérpretes: Meryl Streep (Zofia Zawistowski / "Sophie"), Kevin Kline (Nathan Landau), Peter MacNicol (Stingo), Rita Karin (Yetta Zimmerman), Stephen D. Newman (Larry Landau), Josh Mostel (Morris Fink), Marcell Rosenblatt (Astrid Weinstein).

En 1947, dos años después de la Guerra, Stingo emprendió su viaje hacia lo que su padre llamaba la Sodoma del norte, Nueva York, con lo poco que había conseguido ahorrar para mantenerse mientras escribía su novela, pues soñaba con ser escritor, pues incluso entonces era difícil encontrar apartamentos baratos en Manhattan.

Alquiló una habitación a Yetta Zimmerman, en Brooklyn, donde predominaba el rosa porque el marido de Yetta consiguió una ganga de pintura excedente de la marina.

Un día encuentra en su puerta un libro de Walt Whitman y una carta donde le dicen que Yetta les anunció la llegada del joven novelista del Sur y le invitan a cenar en el piso de arriba, en la habitación de Sophie, esa noche a las 8, firmando Sophie y Nathan.

Ve más tarde cómo se mueve la lámpara mientras hacen el amor, aunque algo más tarde les escucha discutir fuertemente. Él dice que se va y ella le ruega que no lo haga, pues se necesitan mutuamente, asegurando ella que no miente, viéndolos luego en la escalera donde Nathan le dice a ella que la necesita tanto como a una enfermedad o una triquinosis o como a la muerte, pidiéndole de malos modos que vuelva a Cracovia.

Cuando se marcha repara en Stingo al que le pregunta si le da morbo escuchar a escondidas y lamenta no haber podido compartir conversaciones sobre los deportes del sur, como el linchamiento de negros.

Cuando se va, Stingo le pregunta a Sophie, que llora desconsoladamente, si se encuentra bien, disculpándose ella y excusando a Nathan del que dice, no es así.

Él le dice que no debe disculparse y se ofrece a ayudarle.

Mientras escribe, llaman a la puerta, viendo que es Sophie, que le lleva la cena.

Él le pide disculpas por el ruido de la máquina, pero ella le dice que su padre escribía y se acostumbró a dormir con ese ruido, pues era profesor de Derecho y hacía artículos advirtiendo a los judíos de la amenaza nazi, observando él mientras hablan, que ella lleva tatuado en su brazo el número de los presos de campos de concentración.

Cuando le sube los platos, ve, tras la puerta entreabierta, a Sophie dormida en una silla.

Justo en ese momento llega Nathan y se esconde, viendo cómo se besan, mientras él se excusa y le dice que se están muriendo.

A la mañana siguiente Nathan entra por la ventana de Stingo, y lo despierta, apareciendo tras él Sophie, que le dice que quieren ser sus amigos y sacarlo a pasear y que desayune con ellos e ir a Coney Island.

Nathan se disculpa por lo de la noche anterior y le da la mano.

Cuando sube, la pareja está ya vestida con trajes antiguos y bailando y le invitan a unirse a ellos que le cuentan que los domingos les gusta vestir de forma diferente y salir.

Nathan le dice que él es un judío que se enamoró de una shiksa polaca, una gentil, de familia católica, aunque ella le dice que ya no lo es.

La conoció un año después de que los rusos la liberaran del campo de concentración y tenía escorbuto, y anemia y gracias al sulfato de hierro lograron hacerla florecer.

Le cuenta que él es biólogo de Harvard, licenciado en biología celular y trabaja en un gran laboratorio, Pfizer.

Sophie le cuenta que su padre era lingüista y le enseñó alemán, francés, ruso, húngaro e inglés, comentando que era un hombre civilizado y esos fueron los primeros en morir y que su madre era una gran pianista y Nathan por eso le regaló el piano que ve, y al que Nathan toca una pieza, que acaban tocando a cinco manos.

Van a Coney Island y suben a varias de las atracciones, divirtiéndose mucho.

Stingo se quedó en casa de Yetta y contribuyó a que se cumpliese la profecía de Sophie sobre los tres, y se hicieron los mejores amigos del mundo.

Pasaban sus ratos de ocio juntos y él escribía entre tanto y era testigo de amor de ellos.

Tras llegar a Estados Unidos, acudía, junto a otros emigrantes, a clase de inglés, donde el profesor les leía poemas, muy complejos, para ellos.

Ella, muy débil entonces, acudió, tras la clase, a la biblioteca para coger el libro del autor que les dijo el profesor, preguntando al bibliotecario por Emily Dickens, asegurándole el bibliotecario que tal autor no existe, de malos modos, perdiendo ella el conocimiento.

Fue a auxiliarla Nathan y ella le dijo que iba a morir, pero él le dijo que su pulso era bueno y que viviría hasta los 100 años, llevándoselo a casa de Yetta, y observando el número tatuado en su brazo.

Ella no entendía su debilidad, pues llevaba 6 meses allí y comía mejor que nunca, diciéndole Nathan que debía faltarle hierro, lo que consultaron a su hermano médico.

Le hizo gracia ver que tenía un libro de Thomas Wolfe en polaco, y viendo ella que él tenía un libro de Emily Dickinson, riendo al comprender que era una mujer.

Nathan le presentó a Stingo a la que parecía la respuesta a su ansiedad sexual, a Leslie Lapidus, que le contó en la playa que antes de empezar con su psicoanálisis era frígida y ahora sólo pensaba en hacer el amor.

Recuerda que fue a su casa estando solos ese fin de semana, repitiendo ella constantemente que solo piensa en follar, y cuando comienzan a besarse y él trata de ir más allá y hace que ella toque su miembro, Leslie se levantó asustada y le dijo que no podía llegar al final, pues había llegado a ese punto en el psicoanálisis de poder pronunciar esa palabra, pero no de practicarla.

De regreso a casa Sophie cree que es Nathan y lo invita a subir.

Observa que cambió los muebles de sitio, diciendo ella que lo hace cuando no puede dormir, pues así no piensa en nada.

Él le pregunta por qué no serán todas las mujeres como ella, diciéndole Sophie que ve muchas mujeres hermosas en su vida que le adorarán y le harán el amor, respondiéndole él que a veces se ve a sí mismo solo toda su vida.

Le cuenta que su novela es sobre un chico de 12 años y sucede todo durante un año, el de la muerte de su madre, confesando que su madre murió cuando él tenía esa edad.

Ella dice que le entiende y comprende lo duro que es sobrevivir tras la muerte de un ser querido, pues le ocurrió con su padre, su madre y su marido, que era un ayudante de su padre en la universidad.

Le cuenta que un día, mientras estaba en misa, tuvo un presentimiento y corrió a la universidad, encontrando las puertas cerradas y todo lleno de soldados, viendo cómo subían a todos los profesores a un camión y entre ellos a su padre y a su marido, a los que no volvió a ver nunca, pues, llevados a Sachenhausen, los fusilaron al día siguiente.

Su madre enfermó de tuberculosis y ella fue al campo para comprar jamón para ella, algo prohibido, pues la carne buena era para los alemanes, por lo que de vuelta en el tren lo escondió bajo el vestido como si estuviera embarazada. Un alemán se acercó a ella, le sacó el jamón y la enviaron a Auschwitz.

Le muestra las muñecas. Él comprende que se intentó suicidar, aunque después de la liberación, en un campamento de refugiados en Suecia, pues perdió la fe. No comprendía que Cristo permitiera que muriera toda su familia dejándola a ella viva para verlo, con su vergüenza, por lo que fue a una iglesia y se cortó las venas con un cristal.

Mientras llora y le dice que hay muchas cosas que no puede contarle, él la consuela y le pide que confíe en él.

Oyen la puerta y ella corre feliz a buscar a Nathan, aunque no es él, sino Astrid, que trabaja como enfermera y llega a dormir.

Él sugiere que le llame al laboratorio y ella le dice que no le gusta que lo llame al trabajo y además lo hizo una hora antes y no se lo cogieron.

Piensa en llamar a la policía, pero él le sugiere esperar un par de horas. Entonces habrá alguien en la centralita del laboratorio y si se quedó allí dormido, avisarle.

Van al cuarto de Nathan a buscar una bebida y ve que él está obsesionado con los nazis, pues pese a ser unos asesinos, muchos lograron escapar de la justicia.

Llega finalmente Nathan al que le dice que estaba muy asustada, diciendo él que no la llamó para no despertarla, pues están a punto de descubrir algo muy importante.

No parece contento de ver a Stingo, en su despacho. Dice que los nazis aniquilaron a 6 millones de judíos y el mundo les dejó escapar, tras lo que le pregunta si le acompañaría en un linchamiento, ya que él, siendo del sur debe saber de eso.

Stingo dice que se va a dormir, diciéndole Sophie a Nathan que no debe decirle eso, pues es su mejor amigo y deben darle las gracias, pues estaba asustada y no sabría qué habría hecho sin él.

Nathan se disculpa diciendo que el trabajo le está afectando y le da las gracias.

Días después aparece Nathan muy contento y le lleva una cerveza y le pregunta si puede echarle un vistazo a su escrito, diciendo Stingo que no se lo enseñará a nadie hasta haberlo terminado, aunque ante su insistencia le deja una hoja para que se haga una idea, aunque de pronto le quita todas, tras despistarlo.

Baja entonces Sophie, que dice que Nathan le ordenó llevarlo al cine mientras él lee.

Regresan tras ver la película, y cuando suben, con cierto temor, encuentran a Nathan simulando ser director de orquesta , pidiendo cuando los ve que le sigan.

Con Sophie de un brazo y Stingo del otro, van hasta el puente de Brooklyn, donde saca copas y champán y allí grita dando la bienvenida a Stingo al panteón de los dioses como Walt Whitman, Tom Wolfe o Hart Crane y lanza su copa al mar gritando, "por Stingo".

Un día, mientras Sophie y Stingo le esperan en el parque con la comida, aparece Nathan muy contento y gritando que lo han conseguido en el laboratorio, aunque dice no puede contárselo hasta esa noche, contándoles que es uno de los mayores adelantos médicos de todos los tiempos y les lleva regalos, un bonito vestido, pendientes y zapatos a juego para Sophie y una chaqueta para Stingo, aunque no se puede quedar a comer con ellos, pues debe regresar al trabajo, afirmando que lo celebrarán esa noche.

Vestidos con la ropa que les regaló, le esperan por la noche, habiendo comprado a su vez Sophie para él un reloj de bolsillo de oro que grabaron, y cuando escuchan la puerta apagan las luces y abren otra botella de champán, aunque Nathan no parece estar tan bien como al mediodía.

Le dice a Sophie que el vestido le sienta muy bien, pero que le sentaría mejor la fidelidad, que es lo único que le exige y que no quería que volviera a verse con Kats y ve que estuvo con él en su coche.

Stingo le pregunta si ha tratado de averiguar por qué estuvo con Kats, asegurándole que se sentirá ridículo cuando se entere de la razón, que fue por comprarle el reloj.

Sophie le pide que regrese a su habitación, pero él se niega a dejarla sola con Nathan.

Este se sirve champán y dice que no sabe qué le ha pasado y brinda por su mejor amigo y por su mejor chica, que entonces le entrega el reloj.

Él dice que es muy bonito, pero tras ello dice que ese brindis es por su ruptura con dos indeseables, echando el reloj a la copa de champán y diciendo que rompe con la ramera quiromasajista y con Stingo y le dice que su novela es una lastimosa e inmadura obra de autocompasión por su difunta madre muerta, y que ha inventado el cómic del sur.

Le pregunta luego a Sophie la razón por la que está allí regodeándose con relaciones lujuriosas con dos quiromasajistas mientras en Auschwitz millones de fantasmas de muertos siguen esperando una respuesta y le pregunta si el antisemitismo polaco es el mismo que tiene ella y la protegió y le ayudó a sobrevivir, tras lo que le pregunta por qué ella vive, y qué trucos utilizó para conseguirlo.

Stingo trata de evitar que siga, pero le echan, primero Nathan y luego Sophie

Yetta le dice al día siguiente que se encontró con las dos habitaciones de Sophie y Nathan vacías. Le contaron que él la metió en un taxi y se marchó en dirección contraria.

Stingo llama al Doctor Blackstock, con el que trabaja y le pregunta por Sophie, contándole que ella le llamó esa mañana para decirle que no se encontraba bien.

Le pregunta si sabe cómo localizarla, dándole el nombre de una amiga polaca, Sonja Wajinska, que trabajaba para un profesor del Brooklyn College,

Va a ver al profesor, pero este le dice que Sonia regresó a Polonia seis meses atrás, aunque conoce a Sophie, hija del profesor Bieganski, al que dice, escuchó en una conferencia y no necesitó más, pues estaba loco por los nazis porque estos odiaban a los judíos tanto como él.

Stingo le recuerda que lo mataron los nazis, diciéndole el profesor que los nazis se llevaron a todos los profesores sin pararse a comprobar sus convicciones políticas.

Stingo está convencido de que se equivoca de persona, pero el profesor le muestra un libro donde viene reflejado el profesor, conocido por sus escritos antisemitas y principal promulgador de la norma del banco, que prohibía a los estudiantes judíos sentarse en los bancos con los polacos.

Le comunicó a Yetta que se iba, tras recibir una carta de su padre.

Había heredado una pequeña granja, y como sabía que andaba corto de dinero le propuso regresar al sur y hacerse cargo de ella, y, como ya no soportaba vivir en Brooklyn, hizo su maleta.

Pero mientras recogía todo escuchó la voz de Sophie diciendo que iba a recoger algunas cosas, indicando Yetta que un camión se había llevado esa mañana las de Nathan.

Entra a ver a Stingo, borracha y con una botella de alcohol y le dice que siente mucho lo que ocurrió, aunque Nathan no dijo en serio lo de su libro.

Le dice que supone que seguirán siendo amigos, diciéndole él que regresa a su casa para seguir escribiendo, lamentando ella haberlo echado, diciendo él que no es por ellos.

Le cuenta que habló con el doctor Blackstock, lamentando ella no haberle dejado una nota de dónde iba.

Le dice que fue también a la universidad de Broklyn y el profesor conocía a su padre, comprendiendo ella que le contó la realidad sobre este, preguntándole Stingo por qué le mintió, diciéndole ella que por miedo de quedarse sola.

Él sube más tarde a su habitación y le dice que quiere entenderlo y saber la verdad, diciéndole ella que la verdad no hará que lo entienda mejor y le perdone sus mentiras, prometiéndole él que no la dejará nunca, y ella le dice que no debe prometer eso.

Ella le dice que ni siquiera sabe cuál es la verdad, pues han dicho muchas mentiras.

Le cuenta que quería mucho a su padre y que creía que la perfección humana era posible y ella rogaba cada noche a Dios que le perdonase por decepcionarlo y le pedía que la hiciera digna de un hombre tan admirable.

Al alcanzar la mayoría de edad se casó y se dio cuenta de que odiaba a su padre.

En el invierno del 38, su padre llevaba semanas preparando una conferencia sobre el problema judío en Polonia. Ella transcribía sus discursos de forma mecánica y sin analizarlos, pero esa vez se topó con una palabra que se repetía varias veces y llamó su atención porque nunca la había oído, y decía que la solución para el problema judío en Polonia, "die Vernichtung", el exterminio.

Fue al gueto y observó a las personas a las que su padre había condenado a muerte.

Volvió a casa para terminar de mecanografiar el discurso, aunque por las prisas cometió muchos errores y su padre la llevó a la universidad sin repasarla, por lo que la leyó con todos los errores y enfureció, por lo que cuando acabó se dirigió a ella y delante de todos sus colegas le dijo "Zosia, tu inteligencia es nula" y ella le preguntó por los judíos.

Después de aquel día no confiaban en ella ni él ni su marido.

En Varsovia tuvo un amante que fue muy bueno con ella, Jozef, que vivía con su hermanastra Wanda, una cabecilla de la resistencia, que le pedía ayuda.

Esta le mostró fotos con niños expulsados del programa de germanización. Pequeños robados a padres polacos porque creían que tenían características de la raza aria y que se llevaron a Alemania y criaron como alemanes hasta que decidieron que eran racialmente inadecuados y mandaron eliminarlos.

Wanda le pidió que tradujera unos documentos robados a la Gestapo, pero ella se negó para no poner en peligro a sus hijos, diciéndole Wanda que ellos podrían ser los siguientes, pese a lo cual se negó a involucrarse.

Dos semanas más tarde la Gestapo mató a Jozef cortándole el cuello.

Poco después la detuvieron y los enviaron a ella y a sus hijos a Auschwitz y, nada más llegar allí, los alemanes hicieron la selección de quiénes vivirían y quiénes morirían.

Su pequeño Jan fue enviado al Kinderlager, el campo infantil, pero Eva fue enviada al crematorio número 2 y exterminada.

Gracias a que sabía alemán y a su experiencia como secretaria, trabajó para Rudolf Hoess, comandante de Auschwitz-Birkenau.

Mientras la llevaban a su casa, pasó por delante del Bloque 25, donde estaban los prisioneros destinados para el exterminio, que estaban desnudos y carecían de agua y lloraban y suplicaban, si bien, y tras cruzar la verja le esperaba un hermoso jardín con niños muy bien vestidos y una lujosa mansión.

La hicieron ducharse, pidiendo ella que no le quitaran los zapatos, pues fueron un regalo de su padre que logró esconder, y que dice limpiará.

Mientras se ducha se acerca un hombre para pedir su ayuda. Quieren que coja la radio de Emmi Hoess, hija del comandante, aprovechando que tiene su habitación bajo el despacho de su padre, donde ella trabajará, debiendo para ello, ganarse la confianza de Hoess, que no es más que un hombre y ella una mujer y que parece alemana, pidiendo ella a cambio que busquen a Jan y le informen si está bien.

Hoess toma un vino con un doctor de las SS, que afirma practicar la medicina de Dios, decidiendo quién debe vivir y quién morir.

Sophie le escucha decir que hay una epidemia en el campo infantil, donde mueren a cientos, diciéndole Hoess que no se deje llevar por la sensibilidad.

Escucha también a la mujer del comandante, quejándose ante este de la decisión de Himmler y le pide que hable con él para hacerle cambiar de parecer, aunque él dice que no hay marcha atrás, y que los trasladan.

De pronto Hoess sufre un fuerte dolor de cabeza y ella debe darle unas pastillas y le aplica una compresa en la frente.

El militar le pregunta cómo llegó hasta allí, diciendo ella que fue cosa del destino, pues él es el único que podría comprender que se cometió un error, entregándole un documento de su padre, que guardaba en su zapato y en que sugería una solución final para el problema judío y le dice que ella ayudó a su padre a escribirlo, declarándose simpatizante del nacionalsocialismo y participante activa en la guerra contra los judíos.

Él le dice que olvida que es polaca, y, por ello enemiga del Reich y aunque no cometiera ningún delito siempre lo será.

Le dice que ha notado que ha flirteado con él y le dice, cuesta creer que sea polaca por su perfecto alemán, su tez pálida y su estructura facial tan típicamente arias, que es muy atractiva y él idolatra la belleza aria, tras lo que la besa, aunque lo interrumpe de seguir adelante una llamada a la puerta de un soldado por un asunto familiar.

Tras ello le dice que correría un grave riesgo si mantuviera relaciones con ella y, si no tuviera que irse se arriesgaría, pero debe irse y ella también y le dice que la enviará al día siguiente de regreso al Bloque 3.

Ella le pide que no haga nada por ella, pero que lo haga por su hijo de 10 años y que lo libere a él, aunque Hoess le dice que le da asco por pedir por haber visto una pequeña debilidad en él, recordándole que puede hacerlo con el programa Lebensborn, de forma legal para que crezca como un buen alemán, prometiéndole él que hará que lo traigan al día siguiente, lo verá y hará que lo saquen.

Al salir del despacho ve la habitación de la hija del comandante y decide entrar y coger la radio, aunque es sorprendida por esta, que dice, se lo contará a su padre.

Ella le dice que solo quería mirarla, pero la niña le dice que miente, ante lo que ella simula desmayarse, aunque la niña no pide ayuda, pues dio clases de primeros auxilios y la reanima, tras lo que le dice que parece sueca, pues es muy guapa.

Sophie le pregunta por su medalla de campeona de natación en Dachau, donde tenían una piscina climatizada para los oficiales y le muestra su álbum con sus trofeos.

Su padre llama a la puerta, pero ella no la delata y le dice que se está desvistiendo.

No logró la radio, pero estaba feliz por haber podido salvar a su hijo, aunque enseguida comprobó que Hoess no mantuvo su palabra y nunca supo qué fue de su hijo.

Por eso ya no quería seguir viviendo hasta que apareció Nathan.

Stingo la abraza y le pide que viva para él, quedándose dormida en sus brazos.

Pero cuando se despierta ella ve desde la ventana a Nathan sentado en la acera y corre hacia él a besarse y se abrazan.

Vuelven a instalarse en casa de Yetta y a recuperar su amistad.

Un día Stingo recibe una llamada de Larry Landau, hermano de Nathan, que le pide que vaya a verlo.

Durante el encuentro, le cuenta que Nathan le tiene en muy alta estima y está convencido de que llegará a ser un gran escritor.

Sabe que les ha contado que es biólogo investigador en Pfizer, lo que Larry le dice, es una farsa, pues carece de título y está loco, y, aunque su estado tarda semanas, meses e incluso años en manifestarse, de pronto aparece.

Nathan trabaja en efecto en Pfizer, pero en la biblioteca de la compañía, un empleo cómodo que él le consiguió en que puede leer mucho e incluso hacer trabajos de investigación para alguno de los biólogos.

Destacaba en todo cuando era niño, pero al cumplir 10 años les dijeron que sufría una esquizofrenia paranoide y desde entonces a los únicos colegios que fue fueron psiquiátricos.

Stingo le pregunta qué puede hacer, diciéndole Larry que alejarle de las drogas, pues toma anfetaminas y cocaína, por lo que le pide que le controle y le tenga al corriente.

Cuando regresa a casa encuentra a sus amigos vestidos como si salieran de una plantación sureña de Lo que el viento se llevó y le cuentan que su libro despertó en ellos el interés por conocer el sur, e incluso han pensado en hacer un viaje al sur en octubre, pudiendo ser además su viaje de novios, pidiéndole que sea él su padrino.

Le ve arrodillarse y pide la mano de Sophie, a la que entrega un anillo de compromiso y le hace un regalo a él como padrino mientras cenan al aire libre, viendo que se trata de dinero para que no tenga que abandonar la escritura, diciéndole él que no puede aceptarlo, pidiéndole Nathan que no lo rechace ni desperdicie su talento.

Luego los novios bailan a la luz de la luna un vals con sus elegantes vestidos.

Yetta le cuenta al día siguiente, cuando no los encuentra, que Nathan dijo que él y su equipo descubrieron un remedio para la polio y Moishe le pregunta qué le dijo Nathan al verlo, pues la tarde anterior les oyó decir que iban a buscarlo para aclarar las cosas, pues Sophie le repetía que eran imaginaciones suyas, ignorando qué se le habría metido esa vez en la cabeza como otras que se pone así.

Suena el teléfono y al cogerlo ve que es Nathan que le dice que Dios le maldiga.

Llega entonces Sophie con el brazo dolorido y diciendo que casi se lo rompe. Se asustó y huyó, porque tenía una pistola.

Vuelve a sonar el teléfono y se pone Sophie, pero le pide que suelte el teléfono y la insulta, para decirle luego a Stingo que no volverá a dirigirles la palabra, diciéndole Stingo que ellos le quieren y nunca le harían daño, y le pregunta dónde está, aunque él le maldice por haberle traicionado a sus espaldas pese a que confiaba en él y que le dejó su novela, pero 15 minutos antes estaba acostándose con la mujer con la que él se iba a casar, asegurando ahora que ya no piensa casarse, amenazándole con ir a por los dos y dispara para demostrar lo que va a hacer con ellos.

Sophie y Stingo huyen en tren, pues Nathan nunca había estado tan mal y está seguro que les había matado de verdad, no logrando localizar a Larry, que estaba en Toronto.

Sophie le dice que no le hubiera importado morir, aunque teme que él se muera sin ella.

Se instalan en un hotel en Washington, y Stingo le dice que le mostrará sus monumentos y la Casa Blanca, aunque ella le pregunta adónde van realmente, diciendo él que la llevará a su granja de Virginia del Sur y se instalarán allí.

Le confiesa tras ello que la quiere y que quiere casarse con ella y que viva con él en la granja formando una familia y espera que ella llegue a quererle, aunque ella le recuerda que tiene más de 30 años y él es muy joven.

Ella le dice que pueden ir allí e instalarse durante algún tiempo, pero que no se casarán, aunque él le dice que en el lugar donde le dice que van a vivir, deberán casarse para poder vivir juntos, pues todos son muy religiosos.

Ella le dice que no es solo la diferencia de edad. Cree que él necesita otra madre para sus hijos y le cuenta algo que dice nunca le contó a nadie.

El día que llegaron a Auschwitz, era primavera. Llegaron por la noche y hacía calor.

Al bajar iba con su hija en brazos cuando se acercó a ella Hoess y le dijo que era muy hermosa y le gustaría acostarse con ella., preguntándole si era polaca y una comunista.

Ella dice que es polaca, pero que sus hijos no son judíos, que son racialmente puros y ella católica.

Él volvió a preguntarle si era comunista, respondiendo ella que no, que cree en Cristo, recordando que fue él quien dijo "dejad que los niños se acerquen a mí", y le dice que puede quedarse con uno de sus hijos, pero que el otro debe irse y tiene ese privilegio por no ser judía, aunque ella dice que no puede hacerlo, diciéndole él que elija o irán los dos al crematorio.

Y solo cuando ven que se los van a llevar a los dos pide que se lleven a su hija, viendo desconsolada cómo lo hacen y llora amargamente.

Tras contárselo, ella acepta ir a la granja, pero no casarse ni tener hijos.

Duermen luego juntos y podrá él por vez primera hacer el amor con ella.

Él tenía 22 años y era virgen y tenía entre sus brazos a la diosa de sus sueños. Dice que era un intento desesperado de ella de escapar a la muerte.

Pero a la mañana siguiente se encontró una nota de ella en que le decía que era un amante maravilloso, pero tenía que irse y le pide perdón por no despedirse, pero debe volver con Nathan, asegurándole que encontrará la mujer que se merece y le hará feliz.

Al despertarse se sintió mal por él y se sintió culpable pensando en la muerte y por eso decidió regresar junto a Nathan.

Le dice también que es probable que no vuelvan a verse, pero conocerlo fue muy importante para ella, insistiendo en que es un amante maravilloso.

Regresa también Stingo a Brooklyn, encontrando la casa de Yetta rodeada de policía y de gente al llegar.

Escucha a un policía contando que, como trabajaba en un laboratorio farmacéutico, él debió conseguir allí el cianuro y los encontraron juntos en la cama.

Entra en la casa, donde ve a Larry, que le lleva hasta el cuarto donde yacen juntos, aún abrazados, y con los trajes extravagantes de los domingos.

Lee uno de los poemas de Emily Dickinson

Así acabó su viaje de descubrimiento en Brooklyn.

Lloró para liberar la rabia y el dolor que sentía por sus amigos.

Caminaba por el puente de Brooklyn cuando vio los primeros rayos del amanecer reflejados en la aguas del río. No era el día del juicio final, solo una mañana serena y perfecta.

Calificación: 3