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La doncella
La doncella

Ah-ga-ssi (2016) * Corea del Sur

Duración: 145 min.

Música: Jo Yeong-wook

Fotografía: Chung Chung-hoon

Guion: Park Chan-wook, Jeong Seo-Gyeong (Novela: Sarah Waters)

Dirección: Park Chan-wook

Intérpretes: Kim Min-hee (Izumi Hideko), Kim Tae-ri (Nam Sook-hee), Ha Jung-woo (Conde Fujiwara), Cho Jin-woong (Kouzuki), Kim Hae-sook (Madame Sasaki), Moon So-ri (Tía de Hideko), Lee Yong-nyeo (Bok-soon), Lee Dong-hwi (Goo-gai).

Mientras un destacamento de soldados japoneses desfila por las calles de una población, bajo la lluvia, una joven se despide de su tía, a la que le entrega a un bebé que sujetaba en sus brazos, entre las protestas de otra joven que reniega diciendo que debería haber sido ella la que fuera a la casa del japonés.

Primera parte

Tras un viaje en tren, es recogida por un chófer, realizando con este un largo viaje, por lo que debe comer en el coche, llegando de noche y ya dormida hasta el muro que delimita los límites de la mansión Kouzuki, aunque, pasado el muro, el chófer le indica que puede seguir durmiendo, pues todavía queda bastante camino por recorrer.

Recibida por Madame Sasaki, la mujer encargada del servicio, esta le explica que la propiedad tiene tres edificios, el ala de estilo occidental, obra de un arquitecto inglés, que forma junto con el ala japonesa la casa principal, y un anexo que el señor convirtió en biblioteca, estando aparte la zona de los sirvientes, aunque ella, como doncella de la señora no dormirá allí y podrá comer sus sobras, excepto las hojas de té, que son para las chicas de la cocina.

El jabón usado se lo dará al administrador, advirtiéndole que quien hurte es expulsado, indicándole que a partir de ese momento la llamarán Tamako, el equivalente japonés de Ok-ju.

Queda fascinada al llegar al salón y ante la magnificencia de la casa, explicándole Madame Sasaki que la señora suele pasear o leer para el señor, y el vínculo de este con el gobierno colonial les permite tener electricidad, aunque hay apagones.

Ella dormirá junto al cuarto de la señora Hideko, que, le explica, se despierta fácilmente.

La sobresaltan los gritos de la señora con una pesadilla, corriendo ella para calmarla, explicándole que es la nueva doncella, pues despidieron a la anterior, enviándola la señora hasta la ventana para que observe un cerezo en que se colgó su tía, asegurando que en las noches sin luna, el fantasma de su tía cuelga de esa rama.

Tamako le da una cucharadita de sake, pues dice, su tía se la da a los bebés cuando lloran y se acuesta junto a ella tratando de calmarla.

La nueva doncella reflexiona indicando que, aunque se hace pasar por Tamako, una pobre criada coreana, su nombre real es Nam Sook-hee y fue educada por la señorita Bok-soon, proveedora de bienes robados, y que a los 5 años podía distinguir una moneda real de una falsa, aprendiendo más tarde a falsificar sellos y estudió carterismo.

Antes de conseguir ese trabajo se dedicaban a recoger bebés abandonados de recién nacidos a los que lavan y alimentan para luego venderlos en Japón.

Recuerda también cómo llegó hasta la mansión Kouzuki.

Un día llegó otro estafador contándoles la historia de un intérprete que consiguió ser traductor de oficiales de alto rango, lo que hizo que los japoneses le concedieran una mina de oro, tras lo que quiso convertirse en japonés él también y, para nacionalizarse, se casó con la hija de un noble japonés caído en la batalla y adoptó el apellido de su esposa, Kouzuki.

Construyó una mansión que llenó de libros y antigüedades e invita a coleccionistas japoneses a su biblioteca y hace lecturas de libros raros y acude a subastas.

Pero como no quiere deshacerse de su colección vende falsificaciones, habiéndolo contratado a él para realizarlas, habiéndolo tomado además por un auténtico japonés de cuna noble, el conde Fujiwara de Nagoya.

La esposa de Kouzuki murió años atrás y no tuvieron hijos, pero la hermana de la esposa muerta se encarga de las lecturas, y él desea seducirla. Está convencido de que se enamorará de él y se fugarán a Japón, donde se casarán, y tras obtener su fortuna, de un millón y medio en metálico y 300.000 en bonos, hará que la declaren loca y la encerrará en un manicomio. Y para conseguirlo quiere que Sook-hee se infiltre como doncella, debiendo persuadirla para que se enamore de él.

El tío es su tutor y piensa en casarse con ella para poder conseguir su fortuna.

Él les ofrece 50.000 por su colaboración y Sook-hee podrá quedarse su ropa y las joyas, pidiendo Sook-hee además otros 100.000 para ella.

Las demás criadas le gastan una broma haciendo desaparecer una de sus zapatillas.

Cuando conoce a la señora Izumi Hideko y se la presentan oficialmente, se sorprende por su belleza y queda desconcertada.

Le entrega una carta de presentación, mientras Hideko le cuenta que está en un sitio deprimente donde su tío no deja que entre el sol para que no estropee los libros, y le cuenta que antes de cada lectura le duele la cabeza, por lo que le pide que lea ella misma la carta de presentación, tratando ella de simular que sabe hacerlo, aunque finalmente debe confesar que no sabe leer.

Hideko le muestra una fotografía de su madre, una mujer bella y le dice que todos le dicen que no puede compararse a ella.

Ella le dice que el conde dijo que cada noche en su cama piensa en su cara, preguntándose ella por qué piensa en ella cuando está en la cama.

Se percata entonces de que su doncella va descalza, mostrándole su ingente colección de zapatos pese a que, le explica, no tiene dónde ir, pues no ha salido de casa desde que llegó a Corea con 5 años, regalándole unos.

Tiene que ir a la lectura, pero le hace prometer que llamará a la puerta al mediodía.

Mientras está sola, puede ver todas sus cosas y luego recorre sus jardines, pudiendo ver luego la inmensa biblioteca cuando va a buscar a Hideko, como le pidió, aunque no le permiten pasar adentro,

Ayuda luego a la señora a bañarse, pues, le indica, recibirá una visita del conde, ayudándole a limar con el dedal una muela un poco rota, para lo que debe meter su dedo en la boca de ella.

Cuando llega el conde Fujiwara, reclama los servicios de Tamako, a la que, una vez en su aposento, y mientras se arregla le dice que comentan que será mejor ladrona que su madre, para luego explicarle que debe arreglárselas para dejarlos solos cuando él diga la palabra maduro, aunque le dice que ella es tan inocente que si un hombre le pellizca los pezones no sabría lo que quiere, explicándole él que su trabajo es que ella lo tenga siempre presente diciéndole cosas como que, desde que llegó el conde le crecen más las uñas, dándole un regalo para que se lo entregue a Hideko, viendo esta que se trata de unos pendientes de zafiros, aunque ella enseguida le aclara que, aunque buenos, son una espinela azul, pensando Sook-hee que serán suyos cuando vaya al manicomio.

Cuando Hideko baja a cenar, el conde deja caer su silla admirado, recordando Sook-hee cómo él le explicó en su momento que si tartamudeaba y se ruborizada, ellas, que son muy vanidosas, se sienten superiores y se abren.

Tras la cena, Hideko recuerda que el conde no dejó de servirle vino en toda la noche y decide, como si fuera un juego, vestir a la doncella como una dama y le dice que ya entendió lo que quería decir el conde, pues cada noche, en la cama, piensa en su cara.

Mientras desviste a la señora, piensa que las señoras son como las muñecas de las doncellas, a las que visten y desvisten, haciendo Hideko luego lo mismo con ella, que le pregunta si se casará con su tío, diciendo ella que por eso la crio, porque conoce su fortuna y hay un importante coleccionista francés que sacara toda su biblioteca a subasta y los beneficios de la mina de oro no cubren todo su coste.

El conde empezará a darle lecciones de pintura, y a falsificar libros en la biblioteca, lo que permite a Hideko no tener que ir a leer, lamentando Sook-hee que vaya a perder su corazón por un falsificador, viendo luego cómo alaba su forma de pintar.

Pasea luego con la señora a la que alaba diciéndole a su señora que desde que llegó el conde tiene las mejillas más sonrosadas.

Hideko le pregunta por su madre, contándole que la colgaron, aunque rectifica y dice que se colgó, como su tía.

Hideko le cuenta que su madre murió durante el parto y lamenta haber nacido, diciéndole Tamako que ningún bebé es culpable de nacer y seguro que su madre no se arrepintió, recordando luego que su tía le decía esas mismas palabras a ella tras indicarle que su madre robó muchas veces, pero solo la cogieron una vez y la colgaron, pero no lloró, se rio y dijo que tuvo suerte de haberla tenido.

A petición del conde pretexta ir a buscar champiñones para dejarlos solos, observando cómo él se muestra cada vez más atrevido con la señora.

Sook-hee se enfada al verlo y piensa que ojalá que no hubiera ido nunca.

Otro día salen a pintar al campo y él la envía a buscar óleos para poder quedarse a solas con Hideko, aunque ella regresa corriendo para evitar que pueda abusar de ella, aunque cuando llega, los ve besándose, sintiéndose tan mal que piensa en cómo hacerse rica y huir a un puerto lejano y no pensar en Hideko.

Esta la reclama desde su habitación, aunque ella tarda en acudir y le reprocha que no fuera a verla cuando regresó ni la ayudara a desmaquillarse y desvestirse, asegurando que tendrá pesadillas, por lo que le pide que duerma junto a ella.

Le cuenta entonces que el conde se le declaró y quiere que en la siguiente luna llena, cuando su tío vaya a visitar su mina, se fuguen a Japón, aunque ella no está segura, pues le asusta el conde, aunque Sook-hee le dice que es un hombre muy amable.

Hideko le pregunta qué quieren los hombres, pues teme lo que sucederá cuando se case y llegue el momento de ir a la cama, pues nadie se lo explicó, accediendo Sook-hee a enseñárselo, mostrándole cómo se besa, mostrándose Hideko como una alumna aventajada deseosa de ensayar más cuando se besan.

Le dice luego que teme parecerle un cadáver, pues tiene siempre las manos muy frías, y para demostrárselo las coloca sobre sus senos, indicando Sook-hee que es una sensación muy agradable, por lo que Hideko le pide que le haga lo mismo para ver que se siente, preguntándose si el conde será tan tierno, empezando Sook-hee a acariciar y besar su cuerpo y a lamer su sexo.

Al día siguiente Hideko sigue con sus clases, mientras ella hace ejercicios de escritura, observando cómo Hideko se siente molesta con las atenciones del conde, por lo que, cuando este le da dinero para que busque algo que hacer, ella se niega a dejarla sola, alegando que su trabajo es cuidar de la señorita y le devuelve el dinero.

Él se regaña luego, diciendo que si el plan falla será por culpa suya, pues está madura y debe aprovechar esas dos semanas, pues de lo contrario estará acabado. Que lleva años tratando de escapar de su mierda de vida y no puede dejar que ella lo fastidie todo, amenazándola con contarle a Hideko que es solo una ratera de pueblo, mostrándole lo excitado que está llevando su mano a su entrepierna mientras le dice que piense en su familia, diciendo ella que si él habla ella contará que es el hijo de un granjero coreano.

Ella le pide que no presione tanto a Hideko, pues la asusta y se cerrará.

Tras su charla trata de hacer que Hideko se ilusione, diciéndole que si se casa con el conde podrá salir de allí y viajar, pese a que ella le dice que podría sentirse satisfecha allí si la tiene a su lado, aunque Sook-hee le asegura que lo ama, pues se pasa el día mirando por la ventana y da vueltas mientras duerme.

Ella le pregunta si seguiría queriendo que se casara con él si le dijese que ama a otra persona, insistiendo Sook-hee en que lo amará, abofeteándole Hideko y echándola.

Al final Hideko aceptó la propuesta con la condición de que ella los acompañara a Japón, llevando a cabo el plan tal como lo planearon cuando su tío se fue a visitar la mina.

El conde fingió antes que regresaba a Japón, aunque se ocultó cerca y las recogió luego en una barca cuando huyeron.

Cogen luego un ferry hasta Japón y una vez allí un tren y se casan, en efecto en secreto, tras lo que les espera su primera noche juntos, escuchando Sook-hee desde su cuarto los jadeos de Hideko, y aunque trata de no escucharlos le es imposible.

Ve al día siguiente, de hecho, la sábana, manchada de sangre.

El conde, temiendo que huyeran las dos, pagó a la dueña para que las espiara y Tamako empezó a temer que Hideko enloqueciera de verdad, pues ya no quiere ni vestirse, ya que no va a ir a ningún lugar y solo le gusta jugar con ella a las criadas, vistiéndola nuevamente a ella como una señora.

No veían al conde en todo el día, pues decía que certificar el matrimonio y traspasar la herencia requería mucho trabajo, preguntándole ella cómo puede ser tan cruel, pidiéndole que se dé prisa en enviarla al manicomio.

Finalmente, una semana después, llegó él con una bolsa enorme con el dinero.

Lleva luego a dos doctores que la interrogan a ella, como persona que más tiempo pasa con la señora y le preguntan qué clase de tratamiento cree que necesita, diciendo ella que cree que debería estar internada en un lugar seguro donde no pudiera hacerse daño ni hacer daño a nadie.

Van tras ello en efecto hasta el sanatorio, explicándole a Hideko que van a hacerle unas pruebas, abrazándola Sook-hee al llegar para despedirla, mientras se escuchan gritos de otras internas, lo que asusta a Hideko, viendo cómo los doctores la llaman a ella condesa y le dicen que estará allí muy bien, diciendo ella que están en un error, que la condesa es Hideko, aunque entonces ellos dicen que desgraciadamente sigue creyendo que es solo una doncella coreana, diciendo el conde que probablemente es debido a que su niñera era coreana.

Ella lo llama sinvergüenza al entender que le tendieron una trampa, diciéndole Hideko que lamenta mucho que se haya vuelto loca, dando a los doctores por si le ayuda, algo que dice, fue de su madre. La foto que le mostró de esta, viendo cómo sonríe mientras se la llevan a ella que dice que desde el principio Hideko fue una mala puta.

SEGUNDA PARTE

Una mujer retiene a una niña que grita que no es una mala puta.

Lo gritaba Hideko frente a su tío, que le golpea la mano y le dice que le dice que la próxima vez que tenga ganas de contestar recuerde esos golpes.

Madame Sasaki le dice que desde esa noche dormirá sola y sin luz, aunque le advierte que hay un gigante tras la puerta que la aplastará si grita.

Aparece entonces su tía, que dice que no se puede asustar así a una niña.

Le cuenta que todos dicen que ella no puede compararse a su hermana mayor en belleza, mostrándole la foto de su madre.

Su tía le da clases, y un día empieza a darse cuenta de que se está volviendo un poco loca, algo hereditario en la familia de su madre, tal como le recuerda su tío, que le dice que la educan tratando de evitarlo, aunque si no lo logra, la llevarán a un establecimiento especializado.

La enseñan a leer, debiendo hacerlo como su tía, que observa cómo lee textos eróticos ante los grupos de hombres que su tío lleva a su casa.

Su tía, ya un poco loca, se colgó del cerezo que habían llevado desde el Monte Fuji, de Japón y su tío no dejó que nadie la descolgara y las flores del cerezo se volvieron más brillantes y lucían desde más tiempo.

Ella creció y ocupó el lugar de su tía en las lecturas, apareciendo un día, mientras lo hacía, un rostro nuevo, el del conde Fujiwara, y se imagina que son ella y el conde quienes protagonizan esas historias de sadomasoquismo que ella interpreta apasionadamente.

Su tío subasta luego el libro, un libro único y exclusivo, aunque para hacerlo más atractivo hace que Hideko represente las escenas del libro sensualmente.

Un muñeco, colgado por el cuello, como describe el libro, hace el amor mientras muere, con la princesa.

Contratado como falsificador de libros, el conde le pregunta a Kouzuki por qué abandonó a su mujer, la señora Sasaki, que sigue allí y con la que, de hecho, se sigue acostando, respondiéndole que para casarse con una mujer japonesa y así conseguir la nacionalidad, señalando que lo quiso hacer porque Corea es fea y Japón es precioso.

El conde presume de que ninguna mujer puede resistirse a sus encantos, existiendo solo una que le rechazaría, Hideko, en cuyos ojos no ve deseo y es casi como un cadáver aunque sabe que desea casarse con ella.

Le pregunta si cree que puede darle lecciones de pintura a Hideko, señalando él que, en Inglaterra, todas las mujeres lo estudian.

Mientras cenan, Kouzuki recibe una llamada, aprovechando que se quedan solos, para decirle a Hideko que es fascinante, algo que según ella dicen los hombres cuando quieren tocarle el pecho a una mujer, asegurándole él que no lo dijo con intención alguna, diciéndole ella que es fría como un ave acuática, que son las palabras que él empleó antes con su tío, comprendiendo que los escuchó.

Él le confiesa entonces que llamaron a su tío por indicación suya para poder quedarse con ella a solas y decirle que hay un problema con su futuro que cree debería conocer, y la esperará esa noche en el jardín junto a la lámpara de piedra.

Pero como no comparece debe subir él a su habitación, diciéndole ella que su doncella duerme al lado y no quiere verse envuelta en rumores escandalosos, diciéndole él que su doncella se fue a la habitación de los criados.

Él le confiesa que no es noble ni japonés, solo un jornalero coreano, pero pasó 15 años en Japón antes de saber de ella y luego tuvo otres 3 años de preparación y estudió para falsificar libros y pinturas para conocerla, seducirla, conseguir la herencia de su padre y librarse de ella, aunque al conocerla se dio cuenta de que era imposible que un hombre la sedujera y por ello desea proponerle un trato.

Le propone que se case con él, aunque su matrimonio no será una cárcel, sino que con él la liberará y la sacará de allí y se repartirán a cambio el dinero.

Ella dice que no se casará con nadie, diciendo él que no puede matarse, pues sus esfuerzos le darían al pervertido de su tío todo su dinero y con él podría comprarse 10 chiquillas a las que enseñaría a leer como ella.

Pero ella dice que el tío acabará encontrándolos y llevándolos al sótano, recordando que de niña su tío la llevó al sótano, para explicarle lo que le hizo a su tía cuando la pilló huyendo, diciéndole que le contará detalladamente lo que le hizo a su tía cuando pensó en huir, y que será lo que le espere a ella si lo hace, mostrándole que esconde allí algún animal, por lo que no desea acabar allí.

El conde le dice que no le ocurrirá. Le muestra una pastilla de opio concentrado. Con solo tres gotas dormirá todo el día, con 5 gotas le tumbaría y, si desea morir en 5 minutos debe bebérselo todo. Ese será su regalo de boda. Con él nunca acabará en el sótano.

Ella le pide que le lleve a una nueva doncella, mejor si es un poco tonta, con el objetivo de encerrarla en un manicomio con su nombre.

Para deshacerse de la que tiene en ese momento, Junko, el conde la seduce y se acuesta con ella y le pide que se vaya a vivir con él, consiguiendo que la despidan y contraten a Tamako.

Cuando la ve, piensa que le llevó lo que pidió, una chica sencilla y un poco tonta.

En la supuesta carta de recomendación, el conde le pedía a Hideko que le mostrara a la muchacha en cuanto pudiera su ropa y sus joyas, pues la avaricia heredada de su madre la haría más crédula, y, como no sabe leer no debe preocuparse por la carta.

Cuando vio que le habían robado el zapato, abofeteó a las otras criadas hasta que consiguió saber quién lo hizo asegurándoles que si la abandonaba por culpa de ellas les arrancaría la ropa y las echaría.

Él le entrega a la doncella los pendientes que la propia Hideko le prestó para que simulara que eran un regalo.

Le pide también que haga que Sook-hee gaste toda su energía tratando de lograr que se enamore de él para tenerla ocupada y que no sospeche nada, por lo que debe simular no enamorarse de él tan fácilmente.

Cuando ella lo sorprendió manoseándola en realidad le estaba diciendo que de ella solo quería su dinero, no su cuerpo.

Recordando la lujuriosa noche que pasaron juntas, le extrañó que una mujer tan inocente hiciera esas cosas.

De hecho, tras aquel suceso, Hideko le dijo al conde que deseaba abandonar el trato, aunque este le recuerda que Sook-hee dice de ella que es tonta y que era buena porque le daba pena y era una crédula.

Luego, la propia Sook-hee le dijo que debía casarse con él pese a saber lo que sentía, por lo que la abofeteó y la echó de su cuarto, tras lo que buscó una caja en que guardaba una soga y fue hasta el cerezo en que se colgó su tía, pensando que ojalá no hubiera nacido, tras lo que se cuelga, aunque cuando lo hace, la sujeta Sook-hee, que le dice que lo siente, negándose a soltarla y confesándole que ha intentado engañarla para que se case con el conde, pero que este quiere encerrarla en un manicomio y huir, tras lo que le pide que no se muera ni se case.

Hideko le pregunta, ¿Te preocupes por mí, Sook-hee?, diciéndole ella que sí, tras lo que le extraña que Hideko conozca su verdadero nombre.

Ella le explica que creía que la estaba engañando, pero que en realidad es ella la engañada y la que iba a ir al manicomio con su nombre, mientras que ella se convertiría en Sook-hee, pudiendo así huir libre con él, aunque no va a disculparse, puesto que ella también ha intentado engañarla.

Rabiosa tras escuchar su confesión, suelta a Hideko, que está a punto de morir, aunque luego vuelve a sujetarla.

Escribe una carta a su familia, mostrando que sabe ya hacerlo, indicando que hay un cambio de planes. Tras aliarse con Hideko, por lo que necesita su ayuda.

Cuando el tío se marcha dejándole una semana de libertad, la lleva hasta la biblioteca, donde le muestra el libro que leía a los hombres, y, aunque no sabe leer japonés le parecen asquerosos los dibujos, por lo que empieza a romper libros y a destrozarlos o lanza tinta sobre las colecciones, tirando luego un montón de libros a la piscina que hay debajo, con la aquiescencia de Hideko, que la ayuda, saliendo luego las dos juntas cargadas con las maletas, huyendo.

TERCERA PARTE

Tras dejar a Sook-hee en el manicomio, se fue con el conde a comer a un restaurante.

Allí el conde le cuenta que se compró un traje caro con el dinero que ganó en el burdel en que trabajaba, y, aunque era solo un chico de la colonia, fue a cenar al hotel imperial.

Algunos de los ingleses que frecuentaban el burdel lo reconocieron, pero no lo echaron. Les encantó que se gastara el sueldo de un mes en una comida de lujo y empezaron a llamarlo conde y le enseñaron modales.

Asegura que le importa menos el dinero que la posibilidad de poder pedir un vino sin tener que mirar el precio.

Le muestra tras ello unas fotos de la casa de veraneo de una familia rusa noble, cercana a Vladivostok donde, le dice, se casarán de nuevo, cuando reciban la información de que su esposa murió en el manicomio.

Ella le pregunta si no bastaba simplemente con retenerla, diciendo él que duda que quiera vivir allí mucho tiempo.

Reemplazarán en el pasaporte de Sook-hee su fotografía por la de Hideko, y le pide que vuelva a casarse con él, ahora como Nam Sook-hee, preguntándole ella si desea otra noche de bodas, diciendo él que cree que le gustó un poco.

Le pregunta si no le da pena haber dejado a Sook-hee y si ha pensado en cómo se siente, asegurando él que no.

Entretanto a Sook-hee, le dan comida con bichos.

Pero se declara fuego en el hospital, consiguiendo Sook-hee escapar gracias a la ayuda de su familia, que entran con mascarillas a buscarla para evitar la intoxicación.

En el hotel, Hideko prepara una copa de vino para su marido, poniendo unas gotas del opio concentrado que le regaló él, que se ha lanzado por encima los billetes.

Le dice tras ello que deben brindar por que ha renacido gracias a él e incluso se permitirá un beso, aunque él le dice que no puede conformarse con un beso, pues no sabe parar a medio camino y debería seguir, diciéndole ella que lo haga, aunque ella le dice que no ve en sus ojos deseo.

Ella le pregunta si pudiera ser suya durante 10 minutos qué daría a cambio, diciendo que lo que ella quiere, pues desea enseñarle muchas cosas.

Comienza tras ello a besarla, aunque sin beber su copa, simulando ella sentirse excitada mientras él lame sus pezones, aunque, como él no bebe su copa, da ella un trago a la misma y, al besarlo le pasa el líquido repetidamente hasta apurar toda la copa.

Él continúa tratando de penetrarla, estando convencido de que las mujeres sienten el mayor placer cuando las fuerzan, tal como reflejan los libros del tío, aunque mientras trata de arrancarle la ropa interior cae al suelo sin sentido.

Ella se marcha tras ello, yendo a reencontrarse con Sook-hee, con la que se abraza.

Cuando el conde despierta ve que le esperan dos hombres que se lo llevan con ellos de regreso a la mansión Kouzuki.

En esta, el tío lee la carta que le envió Hideko en la que le explica lo ocurrido, indicándole que el hombre al que tomó por un conde japonés es en realidad el hijo de un vulgar granjero coreano, preguntándole si su regalo llegó bien, pidiéndole que le diga a su regalo, el propio conde, que, por mucho que lo haya leído en los libros, ninguna mujer siente placer al ser tomada por la fuerza, aunque se siente agradecida por haberle llevado a Sook-hee de entre todas las chicas del mundo.

Gracias a la habilidad de esta falsificando sellos, sustituyen en el pasaporte del conde la fotografía de este por una de Hideko disfrazada de hombre.

A él se dispone a mostrarle cómo funcionan las herramientas para fabricar libros.

Con la guillotina le va cortando un dedo tras otro mientras le pregunta cómo dejó que una chiquilla le engañara, asegurando que las pillará pronto, pues en Kobe vigilan para que no consigan salir, buscando la policía a dos chicas que traten de viajar juntas.

Pasando después de la guillotina al taladro, pidiéndole el conde que le permita fumar.

Entretanto, las dos mujeres van al puerto, donde pese a que las buscan consiguen burlar a sus perseguidores, al ir Hideko disfrazada de hombre, consiguiendo cambiar sin problemas el destino, de Vladivostok a Shanghái, figurando Hideko por Gao Phan Shou.

El conde insiste en que le dé un cigarrillo, accedido a ello a cambio de que le explica cómo era Hideko en la cama, pidiéndole que le cuente cómo fue su noche de bodas y por la textura de su sexo.

Aquella noche, él le dijo que debían hacerlo bien, pues Sook-hee estaría escuchando, y aunque le va contando todo como muy sensual, recuerda que las cosas no fueron así.

Hideko se desnudó, pero no permitió que él la tocara, amenazándolo con un cuchillo, debiendo ver él cómo ella se masturbaba bajo las sábanas, escuchando al otro lado Sook-hee sus gritos de placer.

Luego se hizo un corte en la mano y así manchó las sábanas de sangre.

Él insiste en que le cuente los detalles de aquella noche, mientras él fuma un segundo cigarrillo, diciendo que no va a alardear de su noche de bodas con su esposa.

Las dos mujeres viajan rumbo a Shanghái y se deshacen del anillo de compromiso y del disfraz de Hideko.

Kouzuki empieza a darse cuenta de que el humo que inunda la sala es azulado, y como no hay ventanas no sale, explicándole el conde que es mercurio, que es más mortal en su estado gaseoso y que con un cigarrillo habría sido suficiente y ha fumado dos, consolándole que al menos morirá con su pene intacto, pues Kouzuki se disponía a cortárselo con unas enormes tijeras.

Por su parte, Hideko y Sook-hee en su camarote dan rienda suelta a su amor de nuevo.

Calificación: 4
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