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Ladrón de bicicletas
Ladrón de bicicletas

Ladri di biciclette (1948) Italia

          También conocida como:
                    - "Ladrones de bicicletas" (Argentina)

Duración: 89 min.

Música: Alessandro Cicognini

Fotografía: Carlo Montuori

Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica, Gherardo Gherardi, Suso Cecchi D'Amico, Oreste Biancoli, Adolfo Franci, Gerardo Guerrieri (Novela: Luigi Bartolini / Adaptación: Cesare Zavattini)

Dirección: Vittorio De Sica

Intérpretes: Lamberto Maggionari (Antonio Ricci), Enzo Staiola (Bruno Ricci), Lianella Carell (Maria Ricci), Gino Saltamerenda (Baiocco), Vittorio Antonucci (Ladrón), Giulio Chiari (Mendigo).

Un grupo de desempleados espera en la cola de la oficina de empleo, donde el encargado llama a Ricci, debiendo otra persona ir a buscarlo, pues no se encontraba cerca, diciéndole el encargado que tienen un trabajo para él como fijador de carteles, aunque le recuerda que necesita la bicicleta asegurando él que se presentará sea como sea, pues no va a esperar otros dos años a conseguir otro trabajo.

Pero cuando se encuentra con María, su mujer, le cuenta que tiene un buen empleo municipal pero no puede aceptarlo por no tener bicicleta, recordando que la empeñaron para poder comer, por lo que se sienta derrotado en la cama.

María quita entonces las sábanas de la cama y coge otras de los cajones afirmando que pueden dormir sin ellas, yendo con 6 piezas a la casa de empeño y consiguiendo por ellas 7.500 liras.

Gracias a ello pueden recuperar la bicicleta, mientras observan desde la ventanilla cómo suben sus sábanas trepando hasta unas altísimas estanterías.

Con la bicicleta en brazos se presenta en la oficina para realizar el trabajo que empezará a hacer al día siguiente, enviándolo desde allí al almacén a por el uniforme.

Cuando sale le espera María, feliz, contándole él que cobrará 6.000 liras quincenales más el subsidio familiar y los extraordinarios.

Vuelven juntos en la bicicleta, pidiéndole María que la lleve a ver a una persona, viendo mientras la espera en el portal que llegan otras tres mujeres que preguntan si vive allí la adivina, observando que entran en un piso del que sale otra mujer llorando, por lo que sube él, que al entrar escucha a la adivina diciéndole a otra mujer que su hijo se levantará a la primera caída de la hoja.

Antonio llama a su mujer y le pide que se marche, pero ella se niega, pues asegura que la mujer le dijo que encontraría un empleo y le debe 50 liras, pues acertó, diciéndole él que es tonta y no puede entender que crea en esas cosas, haciéndole marcharse, aunque ella le deja antes el dinero.

A las 6'30 del día siguiente su hijo Bruno le ayuda a limpiar la bicicleta, estando muy felices todos, saliendo poco después con el muchacho tras despedirse de María y de la bebé, a las que dejan en casa.

Poco después deja a Bruno en una gasolinera, donde el muchacho trabaja y sigue su camino hacia su trabajo, cargando en la bicicleta con los carteles, el engrudo y una escalera.

Para el primer cartel recibe las explicaciones de un compañero, que luego le deja solo enviándole a su zona.

Coloca un cartel de Gilda, no dándosele tan bien como a su compañero el veterano, no fijándose en que mientras trabaja le rondan varios hombres, aprovechando uno de ellos que está ocupado para robarle la bicicleta.

Corre tras él, subiendo a un coche con el que lo persiguen, aunque otro compinche los despista y van tras otro, por lo que finalmente lo pierde de vista.

Comienza a deambular por los alrededores y a buscarlo por todas partes sin éxito.

Debe regresar al lugar donde estaba trabajando y seguir pegando los carteles, aunque desesperado.

Acude a comisaría para poner la denuncia, aunque no le dan ninguna esperanza, pues la denuncia servirá solo para el caso de que él mismo la encuentra a la venta o en algún lugar y en ese caso le ayudarán a recuperarla.

Aguanta una larga cola para subir al autobús de regreso, encontrando a Bruno esperándolo, tras lo que regresan a casa andando, contándole al niño que se le rompió.

Cuando llegan a su casa deja a Bruno allí y él se marcha.

Acude al local del partido, donde un grupo de trabajadores escucha el mitin de uno de los líderes y donde encuentra a su amigo Baiocco ensayando una obra, y al que le expresa su angustia por lo ocurrido, diciéndole que necesita su ayuda, diciéndole su amigo que irán al día siguiente, domingo, a la plaza Vittorio donde los ladrones venden las bicicletas robadas, quedando a primera hora.

Llega entonces María, a la que le dice que no quiere escuchar lamentos, asegurando que no fue a casa antes para no escucharlos, tratando Baiocco de tranquilizarlos diciéndoles que encontrarán la bici.

A la mañana siguiente temprano, Antonio y su hijo van al encuentro de Baiocco, tras terminar su trabajo en la recogida de basuras, disponiéndose este y varios de sus compañeros a ayudarle a encontrar la bicicleta, pidiendo que unos busquen los cuadros, otros las ruedas y el niño el timbre, ya que en algunos casos desmontan las bicicletas y venden las piezas por separado buscando una Fides del 35, aunque mientras recorren la plaza ven decenas de bicicletas siendo muy complicado encontrar la suya.

Uno de los compañeros de Baiocco vea a un hombre pintando el cuadro de una bicicleta y avisa a los demás, que le piden al hombre que les deje ver la matrícula de la bicicleta, a lo que el hombre se niega, por lo que avisan a un policía que le obliga a mostrarle la matrícula, observando que no se trata de la suya.

Entretanto un hombre que ve a Bruno mirando timbres trata de conquistarlo proponiéndole comprarle uno, siendo sorprendido por el padre que se lo lleva.

Al no tener allí ningún resultado Baiocco le propone que vaya a Porta Portese, adonde les lleva uno de los compañeros de aquel en su camión.

Pero mientras se dirigen a su nuevo destino comienza a llover y cuando llegan ven cómo están recogiendo ya el mercadillo, por lo que apenas pueden mirar unas decenas de bicicletas, debiendo finalmente refugiarse bajo una repisa.

Pero mientras están allí y cuando ya deja de llover ven a un muchacho que se acerca en su bici a un mendigo al que le da 100 liras, diciéndole al anciano que debe contentarse con eso.

Antonio sale corriendo tras el muchacho, pidiendo que lo detengan, aunque con la bici corre más que él y no consiguen alcanzarlo, por lo que regresan para buscar al viejo con el que lo vieron hablando que asegura que no sabe nada del muchacho y al que siguen hasta un comedor social donde también les afeitan y cortan el pelo, obligándolos a cambio a ir a misa, siguiendo al anciano, debiendo esperar a que le afeiten, hasta la capilla, donde Antonio se sienta a su lado y le pregunta de nuevo por el muchacho, insistiendo el anciano en su silencio amenazando Antonio entonces en denunciarlo a la policía si no le da la información, diciéndole entonces el mendigo que vive en la calle de la Campanella, pidiéndole Antonio que lo acompañe hasta allí, y aunque el viejo se resiste, él le obliga a levantarse, si bien al ver que van a salir les retienen y les dicen que no se puede salir hasta que acabe la misa, aprovechando el viejo la confusión para escabullirse.

Bruno le dice a su padre que la culpa es suya por haberle dejado ir a por la sopa, ante lo que su padre, enfadado le da una bofetada, haciendo que el chico se enfade y le diga que es malo y que se lo dirá a su madre.

Tratan de encontrar al anciano, dejando al niño en el puente mientras él baja hacia el río tratando de encontrarlo.

Escucha entonces voces de la gente gritando, pues hay alguien ahogándose, corriendo Antonio ante el temor de que se trate de Bruno, aunque enseguida comprueba que se trata de otro muchacho al que logran rescatar, viendo arriba a Bruno bien.

Para disculparse Antonio decide llevar a Bruno a un restaurante donde piden vino y comida, diciéndole al pequeño que coma sin pensar, aunque él mismo lamenta que justo cuando les empezaba a ir bien les ocurriera eso, calculando lo que ganaría, 800 liras al día y sabiendo que no puede renunciar a ellas.

Tras comer van a casa de la adivina, que está rodeada de gente, viendo al llegar que se dirige a un joven al que le pide que deje su novia y busque otra, colándose Antonio ante el enfado de todos los demás clientes, pese a lo cual la mujer decide atenderle, diciéndole tan solo que o encuentra la bici enseguida o no la encontrará jamás.

Cuando llegan a la calle ven al chico que creen es el ladrón y le siguen hasta un prostíbulo en que tratan de impedirle la entrada diciéndole que está cerrado y que las chicas están comiendo, pidiéndole al chico que le devuelva la bicicleta, echándolos la madame a la calle.

Allí insiste en que le devuelva lo que le robó, y el chico en que no es un ladrón, llegando así hasta la casa del muchacho, viendo cómo mientras discuten la gente empieza a rodearlos, saliendo algunos vecinos en defensa del muchacho diciendo que no es el ladrón, pues estaba el día anterior en el mercado de las flores y que si está tan seguro que vaya a buscar a la policía, pues ya sabe dónde vive.

Y además de pronto el chico comienza a convulsionar, por lo que el resto de la gente le pide a Antonio que se marche, recordándole que no tiene pruebas, empezando todos a acosarle, por lo que debe hacerse con un palo para defenderse, llegando por fortuna para él un policía al que había ido a buscar el niño.

Ricci le dice al agente que el chico está haciendo comedia, aunque la madre del muchacho hace pasar al policía a su casa para que busque y vea que no hay ni rastro de la bicicleta en el diminuto piso donde duermen cuatro personas, mientras la gente grita fuera que dejen de difamar al chico y que este debería denunciarlo a él por acusarlo falsamente.

El policía le pregunta a Antonio si tiene a alguien que pueda servir de testigo, pues el chico sí los tiene, todos los que están fuera, y él tiene que reconocer que ni siquiera le vio la cara, por lo que sin el artículo robado y sin haberle pillado in fraganti no hay nada que hacer, diciendo Antonio que al menos puede romperle la cara, diciéndole el policía que entonces tendría que detenerle a él.

Fuera, el chico cambia de opinión y dice que está dispuesto a ir a comisaría, preguntándole el policía a Antonio si presentará la denuncia, decidiendo marcharse al ver que será inútil, mientras todos lo miran con gesto hostil.

Desesperado, Antonio camina sin rumbo y sin hacer caso de Bruno que está a punto de ser atropellado varias veces.

Acaban frente al estadio junto al cual hay centenares de bicicletas aparcadas y vigiladas por un policía, observando de pronto una que está junto a un portal.

Aturdido y desesperado se sienta en la acera junto al niño, viendo cómo pasan numerosas bicicletas frente a ellos.

Acabado el partido, la gente sale en masa hacia sus bicicletas mientras él los observa, rondando por su desesperada cabeza una idea. Le pide a su hijo que coja el tranvía y lo espere en Monte Sacro mientras él se acerca a la bicicleta solitaria decidiéndose finalmente a robarla, aunque justo entonces sale su dueño que empieza a gritar, por lo que varias personas comienzan a perseguirlo hasta alcanzarlo, siendo rodeado y golpeado por los perseguidores.

Bruno, que había perdido el tranvía ve a su padre rodeado, escuchando cómo lo llaman ladrón y lo golpean, abriéndose paso hasta él y gritando mientras le coge la mano.

Los que lo detuvieron se plantean llevarlo a la comisaria de Flaminio, aunque el dueño de la bicicleta se apiada al ver al niño y les pide que lo dejen, diciéndole algunos de los que le detuvieron que menudo ejemplo es para su hijo y que ha tenido suerte de dar con una buena persona.

Ya libre, pero con la mirada perdida y con desesperación camina junto a su hijo sin rumbo, saltándosele las lágrimas mientras coge la mano consoladora de su hijo y camina junto a él perdiéndose entre la multitud.

Calificación: 4