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La Emperatriz Yang Kwei Fei
La Emperatriz Yang Kwei-Fei

Yôkihi (1955) Japón / Hong Kong

          También conocida como:
                    - "Princesa Yang Kwei-Fei" (Argentina)

Duración: 98 min.

Música: Fumio Hayasaka

Fotografía: Kohei Sugiyama

Guión: Yoshikata Yoda, Matsutaro Kagawuchi, Masashige Narusawa, Tao Qin

Dirección: Kenji Mizoguchi

Intérpretes: Machiko Kyô (Yang Kwei-Fei / Yang Yu-Huan) Masayuki Mori (Emperador Xuan Zong), Sô Yamamura (An Lushan), Eitarô Shindô (Kao Li-Hsi), Eitarô Ozawa (Yang Kuo-Chung), Yoko Minamida (Hung-Tao), Bontarô Miyake (Chen-Hsuan-Li), Tatsuya Ishiguro (Li Lin-Fu), Isao Yamagata (Yang Hsien), Michiko Ai (Honghua), Osamu Maruyama (Li Kuei-Nien), Sacguji Nysase (Chengfei).

China. Siglo VIII. En Changan el Emperador Xuan Zong, tras perder a su amada esposa se desentiende de los asuntos de gobierno haciendo que en la capital crezcan las intrigas y los complots, comenzando el declive de la dinastía Tang.

Algunos años más tarde dos sirvientes vienen a recoger al anciano Xuan Zong con el encargo de llevarlo al palacio del oeste, a lo que el anciano se niega, pese a que la orden de traslado viene del propio emperador, señalando que al menos desde allí oye los ruidos de la ciudad y no se siente tan solo.

Cuando los funcionarios se retiran el anciano se pregunta, mientras mira una figura tallada en madera dónde está su amada, lamentando que no sirvan ya de nada los logros que obtuvo en su vida.

El emperador se acuerda de aquellos tiempos en que la nostalgia de la fallecida emperatriz Wu-Hui lo impregnaba todo, componiendo obras en su honor que los cortesanos le dicen que es demasiado triste, a lo que él responde que no puede componer una obra alegre en el estado de ánimo en que está y la música es para homenajear a la difunta emperatriz.

Mientras toca, llega el primer ministro que le recuerda que tiene la agenda de la tarde completa y debe atender los asuntos de estado, haciendo que el emperador se enfade y le eche en cara que le impidan gozar y que le obliguen a realizar absurdas obligaciones.

Se fija entonces en una mujer que no conocía y que le dicen que han llevado para que se ocupe de sus necesidades, comprendiendo él que tratan de hacerle olvidar a Wu-Hui, aunque él asegura que su difunta esposa es insustituible y la rechaza.

Poco después la muchacha llora en el restaurante de la familia Yang, a la que pertenece debido al rechazo de que fue objeto por parte del emperador, diciéndole una de sus hermanas que ellas triunfaban en la ciudad, pero que no es tan guapa como para que el emperador se fije en ella.

Llega también al restaurante el general An Lushan, que lamenta ante Chao que no le gustara al emperador su prima, pues de haberla elegido les hubiera sido más fácil llegar al gobierno a ambos, por lo que le sugiere al general que vuelva al pueblo, donde es más fácil ser rico y famoso, pues podrá ser funcionario y aceptar sobornos.

Pero el general se fija entonces en una muchacha que trabaja en la cocina del restaurante, señalando Chao que es otra prima, hija de otra madre que acaba de llegar de la montaña y que es un poco salvaje, aunque el general la sigue hasta la cocina y le limpia un poco la cara, que tiene negra de carbón, observando que es muy guapa, diciéndole que no debería estar trabajando en la cocina, pues es una joya.

Entretanto los hermanos Yang discuten entre ellos, pues Hsien le echa en cara a Chao que no se preocupa de sus primas más que como una mercancía para medrar, a lo que aquel lo dice que lo hace por la familia.

An Lushan pide que vistan a la muchacha con buenos vestidos pese a la negativa de ella, que se considera una campesina

Está en su casa también Kao Li-Hsi, hombre de confianza del emperador, el cual afirma que sin apoyos no conseguirán nada, y que en ese momento solo la familia del primer ministro Li Lin-Fu, los Li tienen influencia en palacio, lamentando que no le gustara su prima al emperador, afirmando que no hay ninguna mujer como Wu-Hui para él, afirmando An Lushan que si hay otra Wu-Hui, presentándoles a Yu-Huan vestida con ropa de lujo, limpia y bien peinada, sorprendiendo a todos por su belleza.

El general decide llevarla al palacio Mont -Li, donde la abadesa se encargará de prepararla para presentársela al emperador, esperando el general que gracias a sus servicios puedan nombrarle incluso ministro, aunque no entiende que la chica no diga nada, pues debería estar agradecida porque su belleza puede suponer un gran beneficio para sus primos, quejándose ella de que la traten solo como una herramienta para sus primos, como cuando era una criada de estos en la cocina.

En efecto, una vez en palacio, Chao se la encomienda a la abadesa, que acepta el encargo de ser su institutriz, asegurando que el emperador la adorará.

Un día, mientras el emperador pasea por el jardín entre los ciruelos, la sirvienta de Yu-Huan la avisa, surgiendo en ella el miedo de no llamar la atención del emperador, lo que supondría ser enviada a su harén, preguntándole por ello cómo lo conquistó la fallecida emperatriz, respondiéndole la sirvienta que el emperador tiene un gran corazón y busca a alguien que le corresponda con el mismo cariño, y que lo que más le gusta es la sinceridad y lo entenderá cuando escuche la música que este compone.

El emperador pasea en efecto acompañado por su séquito entre los ciruelos en flor cuando le interrumpe Kao para decirle que es la hora de tomar el té, tal como recomendó el doctor, siendo regañado por el emperador, que afirma no tener en ese momento deseo de tomarlo, pese a lo cual le convencen para que detenga su paseo, siendo Yu-Huan la encargada de servírselo, aunque el emperador ni repara en ella, no haciendo caso tampoco de Kao cuando trata de mostrársela, estando tan fascinado por los árboles que decide componer en ese momento una melodía que refleje el color y el aroma de las flores de los ciruelos.

Por la noche despide a todo su séquito afirmando desear estar solo, diciéndole a Kao que no desea que le dé sermones, pues le apetece pensar en su esposa, viendo entonces que está Yu-Huan en sus aposentos, sorprendiéndose de su estancia y preguntándole quién le dio permiso para entrar en sus aposentos, comprendiendo que es cosa de Kao que está siempre buscando a una mujer que se parezca a su esposa y reconociendo que, en efecto, se parece a la emperatriz, aunque él busca su corazón, no su figura, pidiéndole a la muchacha que no estropee su sueño y que se retire.

La muchacha lo hace, pero poco después escucha cómo la muchacha toca la música que él compuso esa misma tarde y afirma que toca muy bien y tiene buena memoria, pero que ha tratado de mostrarle su talento musical para acercarla a él.

Ella le dice que lo ha hecho para aliviar su corazón, contándole tras ello que no fue al palacio por su voluntad. Que está allí porque hay mucha gente interesada en que lo haga, aunque ella no tiene ningún interés y la han utilizado para medrar, afirmando sentirse avergonzada tras haber comprobado los sentimientos que conserva por su esposa, que está segura fue muy feliz, pues no podía imaginarse que un hombre amase tan profundamente a una mujer incluso después de su muerte.

Tras escucharla el emperador le pide que se quede y le dice que la única persona que le hizo feliz fue su esposa, pero que ella recordó y tocó su composición sin que se lo pidiera y así lo consoló sin pedir nada a cambio y tratándolo como un ser humano, siendo sincera, algo que él valora mucho, preguntándole si le gustaría estar a su lado aunque sea como amigos, lo que ella acepta, ordenando que al día siguiente abran los baños de Loto para ella, que puede disfrutarlos, servida por varias sirvientas.

En efecto al día siguiente se baña contándole las sirvientas que es la primera vez que se abren los baños desde el fallecimiento de la emperatriz.

An Lushan, por su parte debe regresar a su puesto sin haber logrado sus aspiraciones de llegar a ser ministro, asegurando que un general de caballería, si no es de la capital no es tan importante, mientras que Chao se muestra feliz de vivir en palacio, aunque el general le dice que lo que debe conseguir es que su prima sea la preferida del emperador para que cambie definitivamente su suerte.

El primer ministro informa al emperador de la ejecución de una mujer de su harén, ante la sorpresa del emperador, recordándole el primer ministro que lo han hecho en cumplimiento de las leyes dictadas por él mismo que ordenan que sea ejecutada toda mujer que interfiera en asuntos de gobierno, recordando el emperador que ella solo deseaba trabajar en palacio para ayudar a su familia, quejándose de que sean tan estrictos, cuando las leyes deben evitar conflictos, pero deben dejar vivir a la gente.

La ahora llamada Kwei-Fei vuelve a servirle el té y le dice que creía que el emperador podía hacer lo que quisiera, diciendo él que antes era así, pero que las leyes que estableció en aquella época son ahora ataduras.

Al verlo tan preocupada ella le invita a pasear con ella por la ciudad para poder olvidar sus problemas, pues es la fiesta de la ciudad y esta estará muy animada.

Consigue convencerlo y salen ambos a la calla, donde la gente toca música, baila, bebe y se divierte, disfrazados muchos de ellos con máscaras, saliendo también ellos disfrazados para pasar desapercibidos evitando a las trabajadoras de palacio.

Kwei-Fei le dice que debe hacer esa noche todo lo que le diga, haciendo que coma una galleta que les regalan, ven las danzas y beben del sake que un grupo de hombres le ofrecen, animándose ella a bailar mientras el emperador toca acompañado por otros músicos, manifestando más tarde haber quedado fascinado con su baile, sintiéndose feliz de haber vivido esa fiesta tan alegre, habiendo podido sentirse como un hombre del pueblo, afirmando ella sentirse contenta como si fuera todavía una campesina antes de tomar un té, afirmando él tener la sensación de que ambos viven juntos desde hace mucho tiempo en esa ciudad.

Chao, ya convertido en ministro y con en nombre de Yang Kuo-Chung se dirige a los militares a los que el emperador ha invitado a una cena haciéndoles ver la necesidad de acabar con la guerra que el país libra en la frontera y ganarla a través de la vía diplomática, para lo que le pide que se esfuercen, estando entre los invitados An Lushan que felicita a su amigo por haber conseguido llegar al gobierno.

Entretanto en las calles de la capital se evidencia el enfado del pueblo con el nuevo ministro, cuando la gente se abalanza sobre una de sus primas cuando paseaba por la ciudad, debiendo intervenir sus escoltas contra el tumulto, del que deben huir mientras son increpados por los abusos de la familia Yang.

La muchacha llega al palacio al borde de un ataque de nervios y se queja de que los agitadores consiguieran escapar.

Ajeno al suceso Kuo-Chung sigue con el general al que le recuerda que él también ha prosperado, siendo ahora gobernador de tres ciudades importantes, algo que no satisface sus ambiciones, recordándole a su amigo que llegó al cargo gracias a él, anhelando que le ofrezcan también a él un cargo como ministro, asegurándole que le conviene tener buenas relaciones con él, ya que controla todo el norte del país.

Mientras el emperador toca para sus invitados An Lushan aborda a la propia Kwei-Fei a la que le recuerda que es la preferida del emperador gracias a él y que ya que ha colocado a toda su familia debe colocarlo a él.

Ella le recuerda que ya ha tenido un importante ascenso, haciéndole ver él que el pueblo maldice a su familia porque su hermano ahoga al pueblo con impuestos abusivos apoyando a los ricos y dejando que los pobres mueran de hambre mientras sus primas se enriquecen también a costa del erario público por lo que la ira del pueblo explotará, y acabará corriendo peligro la vida del propio emperador, pidiéndole por ello que vaya con él y así se salvará cuando caiga el emperador, pues, le asegura que desde que la vio por vez primera deseó tenerla en sus brazos.

Esa noche Kwei-Fei cuando se reúne con el emperador le pide que les eche de palacio a ella y a su familia, respondiéndole el emperador que no es tan tonto como para mezclar el amor con el gobierno del país, y que nombró a su hermano por motivos que no tienen que ver con ella, aunque ella le hace ver que su hermano está perjudicando al país

Él le dice que sabe que una mujer no debe hablar de política, pese a lo cual, y sabiendo a lo que se expone, prefiere que la haga salir de palacio, pues en esas condiciones no puede seguir siendo dama de honor, optando el emperador, enfadado por obedecer sus ruegos y dejar que se retire al harén.

Comparece Li Lin-Fu ante el emperador y le dice que ha tomado una buena decisión alejando a Kwe-Fei del palacio, tras lo cual se dirige a su primo al que le dice que se ha estado aprovechando de que él está enfermo para asumir responsabilidades de primer ministro que no le corresponden, a lo que Kuo-Chung le responde pidiéndole que se jubile y deje el puesto a alguien más joven como él.

Aparece entonces Kao Li-Hsi que les anuncia de Kwei-Fei no ha querido quedarse en el palacio interior y ha preferido irse a la casa de su familia, con su primo Hsien.

Este le dice al verla que se alegra de que haya vuelto y que le ha dado una lección a su hermano mayor y a sus primas y que él la protegerá, aunque no sabe cómo tratarla, pues ya no son de la misma clase, aunque ella pide que la trate igual que antes.

Ella se fija en la muchacha que ocupa ahora su puesto en la cocina, que canta mientras trabaja y que parece feliz.

No tarda mucho el llegar Kuo-Chung junto con Kao para buscarla, preguntando qué hace en un sitio tan oscuro y sucio, diciendo que el emperador ha dado orden de que regrese a palacio, diciendo ella que es mejor para todos que se quede allí.

Kuo le pregunta a Hsien si ha sido él el que la convenció para que se quedara, ante lo que este le recrimina que en el pueblo nadie está conforme con lo que hace y todo el mundo odia a su familia por sus abusos de poder, empezando a pelearse entre ellos haciendo el ministro que sus guardias detengan a Hsien.

Entretanto, y aprovechando el descontento existente, el general An Lushan se dirige al ejército, harto de una guerra que los políticos parecen no querer que termine, y les conmina a levantarse en armas contra la familia Yang, pensando en apartar del poder al emperador para que un nuevo líder - él mismo - gobierne el país, para lo que se proponen tomar la capital y apartar al emperador del poder.

De vuelta en el palacio Kwei-Fei cuida del emperador, muy cansado, aunque ajeno al malestar existente entre los soldados de su propia guardia, un grupo de los cuales acaba con la vida de las tres primas de Kwei-Fei, abogando por unirse al ejército de An Lushan, que se acerca a la ciudad, aunque otros abogan por permanecer fieles al emperador aunque apartando a la familia Yang del poder y con Kao Li-Hsi.

Cuando llega la noticia del avance del ejército rebelde Kuo-Chung planea salir de la ciudad en dirección contraria, ordenando a sus tropas que se preparen para partir, aunque estos no le obedecen, prefiriendo a unirse a An Lushan, acabando con él.

Ignorante de lo ocurrido, el emperador habla con Kwei-Fei a la que le dice que le está causando muchos problemas, recordando con cariño la noche en que salieron de incógnito y lo pasaron tan bien.

Escuchan entonces el alboroto del ejército, entrando Kao que les informa del asesinato de Kuo-Chung y de sus primas, mientras que el capitán de los ejércitos afirma ser incapaz de controlar a sus soldados, por lo que pide que le releve del mando.

Los soldados le dicen que no desean traicionarlo, y que todo va contra Kwei-Fei, y que no se conformarán con las muertes de su familia pese a que ella no tenga nada que ver con el gobierno, insistiendo Kao en que la entregue por el bien del país, afirmando el emperador que solo piensa en sus intereses y no en los del país.

El capitán del ejército mata a Kao, afirmando que es a él al que quieren matar.

Sale tras ello el emperador en persona a hablar con los soldados para explicarles que Kwei-Fei no tiene ninguna responsabilidad de gobierno, pese a lo cual todos insisten en matarla por haberlo perjudicado, insistiendo en que se la entreguen por ser de la familia Yang.

Previendo su final, Kwei-Fei se reúne con sus sirvientas para darles las gracias por su lealtad afirmando que solo espera la paz y que los ciruelos vuelvan a florecer y la gente vuelva a disfrutar de la fiesta del Año Nuevo.

Tras ello le entrega a una de las sirvientas una pinza de su pelo para que se la entregue al emperador diciéndole que siempre estará con él antes de que entren los soldados dispuestos a llevársela, sin que ella oponga resistencia alguna, yendo con ellos serenamente.

Estos improvisan una horca y la llevan hasta la misma, entregándoles ella uno de sus lujosos pañuelos para que lo utilicen en vez de la soga, desprendiéndose de todas sus joyas y sus ropajes antes de ser ejecutada.

Una vez fallecida, los guardias la llevan ante el emperador, que llora ante su cadáver mientras les pregunta a los soldados si creen que así se arreglarán las cosas del país.

Todos estos recuerdos vienen a la mente del ahora anciano emperador, que se pregunta qué le quedó tras la muerte de Kwei-Fei, recordando que a los pocos días de la muerte de esta murió también An Lushan, aunque para entonces el príncipe se había proclamado ya emperador sin tenerle el más mínimo respeto, asegurando que no hay ninguna diferencia entre An Lushan y su hijo.

Tumbado en el suelo y mientras llora quejándose lo cruel que es la vida empieza a escuchar la voz de su amada Kwei-Fei diciéndole que ha ido a buscarlo, pues le ha esperado mucho tiempo y no se ha cansado de hacerlo habiendo llegado ya el momento.

Él afirma que vuelve a estar alegre porque volverá a estar con ella, pudiendo encontrar por fin la auténtica felicidad, la felicidad eterna, volviendo por fin él a sonreír.

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