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La enfermedad del domingo

España (2017) *

Duración: 113 min.

Música: Nico Casal

Fotografía: Ricardo de Gracia

Guion y Dirección: Ramón Salazar

Intérpretes: Bárbara Lennie (Chiara), Susi Sánchez (Anabel), Greta Fernández (Greta), Miguel Ángel Solá (Bernabé), Richard Bohringer (Matthieu), Bruna González (Chiara Niña), David Kammenos (Matthieu Joven).

Chiara camina por el bosque hasta llegar a una roca enorme en forma de hongo y se asoma a una gruta.

Anabel se encarga de organizar una cena de alto standing en una lujosísima mansión, dando precisas instrucciones a los camareros que servirán, pidiéndoles que actúen discretamente, y prohibiéndoles llevar cualquier tipo adornos.

Pero una de las camareras ignora las normas y no se quita el pendiente, y cuando sirve a la anfitriona, en vez del vino blanco que había pedido, le sirve vino tinto, aunque no dice nada y se lo bebe para no llamar la atención.

Rompe el protocolo el ladrido de unos enormes perros que se cuelan en el salón, seguidos de Greta, hija de Anabel, la anfitriona y de Bernabé, aunque los invitados se lo toman bien.

Acabada la fiesta, y cuando se queda sola la anfitriona, le pide a la camarera que le lleve una botella. Solo entonces se fija en ella y ve que lleva un pendiente y se levanta para observarla, aunque ninguna de las dos habla.

La chica saca un papel arrugado del bolsillo y lo deposita en la mesa.

Anabel y Chiara se reúnen en una lujosa cafetería, donde la joven fuma pese a la prohibición, preguntándole a Anabel si su familia lo sabe, lo que ella niega, reconociendo que nunca se lo dijo a nadie, ante lo que Chiara dice que es raro no existir.

Anabel le pregunta cómo dio con ella, respondiéndole la muchacha que es fácil encontrar a un vanidoso, tras lo que le pregunta cómo se coló en su casa, diciendo que fue fácil, aunque no le dice gracias a quién pudo hacerlo.

Le pregunta qué quiere y Chiara le responde que necesita que pase 10 días con ella, aunque le dice que se lo puede pensar, pues no es una amenaza, asegurándole que no quiere dinero.

Cuando se lo cuenta a Bernabé, este le dice que no debería haber quedado con ella sin avisarlo antes, pues podría haber sido peligroso, diciéndole Anabel que quería solucionarlo, aunque reconoce que no lo hizo, pues se fue antes de que la chica pudiera decirle dónde deseaba reunirse y pasar esos 10 días.

Reconoce ante su marido que Chiara es hija suya y que la abandonó cuando tenía 8 años, que debe tener entre 42 y 43, y ante la duda de Bernabé, dice que está segura de que es su hija porque se ve en ella.

Finalmente se reúnen con ella, acudiendo a la reunión también Bernabé y su abogado, el cuál le pregunta qué agenda tiene para esos 10 días, respondiendo la muchacha que no tiene ninguna agenda.

Le preguntan si no pueden solucionarlo de otra manera, por ejemplo, con una compensación económica o de otro tipo, señalando Chiara que no desea dinero, preguntándole Bernabé qué espera, pues indica, es raro haber aparecido, después de más de 30 años, asegurando Chiara que si hubiera sabido como encontrarla antes no habría dejado pasar tanto tiempo.

Bernabé le pregunta qué ocurriría si su mujer se negara, diciendo ella que no se lo ha planteado y pensó que aceptaría por lo que son.

Le dicen que han preparado un contrato en que acuerdan que si su madre acepta pasar esos 10 días con ella, no habrá ninguna reclamación de parentesco o de otro tipo en el futuro, firmando Chiara sin pensárselo.

El matrimonio se reúne tras ello con su hija Greta para explicarle que su madre se ausentará 10 días, preguntándose ella por qué se lo cuentan si nunca le cuentan nada, atreviéndose Anabel a contarle que tiene otra hija con la que va a pasar esos días.

Greta le pregunta si querrá estar con ella para matarla y le pregunta si pensaba contárselo alguna vez si ella no hubiera aparecido.

Tras ello Greta sale para fumar y su madre la sigue afuera, preguntándole su hija por qué no se volvieron a ver, a lo que le responde que se crio con su padre, reconociendo que la abandonó cuando le pregunta Greta si lo hizo, tras lo que le pide que la trate bien.

Unos días después se reúnen en efecto madre e hija y se internan a través de una carretera boscosa del sur de Francia.

Hablan poco. Anabel le pregunta por su padre, contándole Chiara que murió ya, pues fumaba mucho.

Llegan ya casi anocheciendo al caserío donde vive Chiara, que le pone una copa de vino a su madre, a la que le dice que ella no bebe, pues se lo tiene prohibido a sí misma.

Chiara comienza a hacer la cena y le propone a su madre repartirse las tareas, por lo que le pide que se encargue de la chimenea, advirtiéndole que allí no hay cobertura, pero que funciona el fijo por si desea llamar a su marido para tranquilizarlo y decirle que su hija parece normal y no tiene pinta de querer matarla.

Chiara le pregunta cómo se volvió tan popular, señalando que la carrera de su marido le llevó a ello, y le pregunta si esperaba que se hubiera olvidado de ella.

Mientras cenan le pregunta cómo conoció a Bernabé, contándole que cuando ella retomó su carrera él fue a dar una clase de Economía a la universidad y poco después comenzaron a salir.

Le cuenta que él es empresario y que a su otra hija, las marcas le dan dinero para que exponga sus fotos con sus productos, y le dice que la van a enviar a Estados Unidos.

Ella, por su parte, ahora es experta en protocolo.

Chiara le dice que ella no llegó a nada ni tiene nada de que sentirse orgullosa y se retira a dormir dejándole a su madre los platos para fregar.

Al día siguiente, Chiara pasea por el bosque, donde encuentra una gaviota a punto de morir al haber quedado atrapada. La recoge y trata de darle calor, acabando luego con ella para evitar sufrimiento.

A su regreso, para en casa de un vecino para recoger a su perra Natasha, que dejó con él durante esos días pretextando que iba a hacer un curso de hostelería, extrañándole a su vecino que el perro gruña cada vez que se sirve vino, contándole ella que odia a los borrachos.

Anabel sale a correr por el bosque y unos vecinos le advierten que el camino es peligroso si no se conoce la zona y que mucha gente se pierde, aunque ella no le da importancia, pues ella sí conoce la zona.

Chiara por su parte lleva a la perra hasta un charco y la hace rebozarse y mancharse, llegando tanto el animal como ella llenos de barro a casa.

Le cuenta a su madre que la perra se había caído en un pozo y la sacó bajando con cuerdas, pues llevaba varios días oyéndola y le pide ayuda para lavarla, cogiendo Anabel la manguera, que luego Chiara le pide que le enchufe a ella.

Le pide luego que coja ella a la perra, cogiendo la manguera con la que empapa a su madre, primero con disimulo y luego claramente, sin atender las quejas de aquella, que llevaba un traje muy elegante, aunque lo que más la irrita es que le moje la cara.

Le pregunta si va a seguir así con los jueguecitos para ver si aguanta, mientras su hija simula buscar un nombre para la perra.

Anabel observa que cada vez que descuelga el teléfono la perra ladra.

Baja por ello al pueblo para llamar desde una cabina a su marido, que le confiesa que sabía desde hacía algún tiempo que tenía una hija, pero que no supo gestionarlo y no le dijo nada, aunque le asegura que la perdonó hace mucho tiempo.

Cuando regresa del pueblo la casa está sola y Anabel coge uno de sus antiguos discos y se pone a bailar, siendo sorprendida por su hija que le dice alegrarse de ver que se divierte, tras lo que le dice que ella va a salir y que no la espere para dormir, aunque una vez en el coche se arrepiente y la llama, yendo juntas al pueblo.

Son las fiestas de la localidad y Chiara se sube en un tiovivo como si fuera una niña.

Caminando por el pueblo, le pregunta por qué le pusieron ese nombre, diciendo su madre que les gustaba Marcello Mastroianni, y este tuvo una hija a la que le puso ese nombre y lo eligieron por eso.

Ve que ahora lleva una petaca y le dice que pensaba que no bebía, diciendo que lo hará solo esa noche, por las fiestas.

Le pregunta a su madre si es feliz y si le gusta su trabajo y ser popular por ayudar a la gente de forma altruista.

Anabel la recuerda como una niña tranquila, pero ella dice que luego no lo fue y que además suspendía, se subía a los árboles y perdía juguetes aposta.

Anabel le cuenta que su marido conocía su existencia desde hacía varios años y no le había dicho nada.

Chiara le dice que le puede hacer la pregunta que desee y se compromete a contestarla, preguntándole Anabel si sabe alguien más lo de su trato y de que está allí, y Chiara no le contesta, por el contrario, le dice que se tiene que ir a bailar.

La orquesta toca y Chiara, se lanza a la pista y busca a un joven al que saca a bailar y besa de forma apasionada mientras comparte su petaca con él.

Anabel trata de llevársela, aunque ella la rechaza y le dice al chico que no la conoce porque no conoce a gente importante.

Acabado el baile, y con la pareja muy borracha, Anabel vuelve a acercarse a ella, apenas se tienen en pie y Anabel empuja al joven, que cae y ya es incapaz de levantarse, tras lo que carga con su hija a la que lleva a casa.

Una vez allí, Chiara vomita y le dice a su madre que se va a morir, aunque esta le dice que es solo el alcohol, pero ella solloza e insiste en que no se quiere morir, tras lo que llama puta a su madre.

A la mañana siguiente, cuando se despierta, ve que su madre le ha preparado un estupendo desayuno, pero tras comer algo vuelve a vomitar y siente fuertes dolores, por lo que va hasta su habitación y tras coger una jeringuilla, se la inyecta en la tripa.

Entretanto Anabel acude al cementerio en busca de la tumba del padre de su hija, y como no la encuentra le pregunta a un obrero que está haciendo una reducción de cadáveres, el mismo que cuidó de la perra de Chiara, el cual, le dice que conoce a Mathieu y que no ha muerto, que vive en París con su mujer, y que antes solía ir a menudo a ver a su hija, ofreciéndose a presentársela, aunque Anabel lo rechaza, diciendo que solo conocía a su padre.

Cuando regresa su madre, la ve despierta y se toma un té que había preparado, diciéndole a su hija que ha estado dos días seguidos durmiendo.

Ven luego juntas dispositivas de cuando Chiara era una niña y todavía estaban juntas y Anabel le pregunta si quiere saber por qué se fue, diciendo ella que tiene más la curiosidad de qué sintió al hacerlo, recordando Chiara que aquel día se maquilló y dejó sus pinturas sin recoger.

Le cuenta que durante un tiempo estuvo enganchada a la heroína, durante la adolescencia, cuando se enamoró de un chico y lo hizo por él.

Anabel le pide perdón y Chiara le dice que no quiere que lo haga.

De pronto Anabel nota que no se encuentra bien, pareciéndole que cobran vida las fotos, comprendiendo que el té llevaba alguna sustancia alucinógena, saliendo entonces varias fotos de Woodstock, donde dice estuvo con su padre, algo que Chiara dice no es cierto, diciendo ella que tuvieron que engañar a todos.

Chiara le cuenta que unos meses antes le dijeron que las cosas podían no ir bien.

Pero Anabel está ida. Mira hacia el cielo, viéndose frente a la roca en forma de hongo y escucha gritos y pregunta si hay alguien ahí y se asoma como antes lo hizo Chiara, cuando alguien la sorprende por detrás y le pone la mano en la boca.

Parece regresar tras la alucinación y le pregunta a su hija si está enferma y la necesita y por eso la hizo ir allí, respondiéndole Chiara que solo quería que le ayudara con la decoración.

Anabel insiste en preguntarle qué le ocurre y si es grave, y si se va a morir y si quiere que la cuide, a lo que Chiara le dice que no quiere que se ponga babosa.

Anabel le dice que entiende que esté enfadada, a lo que su hija le dice que no entiende nada, pues alguien que deja a su hija de 8 años pegada a la ventana esperando que regrese, no entiende nada y le lanza un cenicero a la cabeza, haciendo que sangre.

Se asusta entonces de lo que hizo, asegurándole que no quiere hacerle daño.

Al día siguiente suben a un vehículo que recorre la montaña en un monorraíl, yendo Chiara delante y apoyada en su madre, hasta marearse y perder el conocimiento, por lo que debe llevarla al hospital, donde habla con un médico.

De regreso a la casa, Anabel comienza a cavar y su hija la fotografía. Le cuenta su madre que está plantando unas semillas, diciéndole su hija que es mejor que vuelva a su vida. Que ha estado perfecta, pero ya se acabó, aunque Anabel le dice que lleva allí una semana y no sabe a qué ha ido.

Chiara le asegura que la perdonó hace mucho y que no la hizo ir por rencor e insiste en que se vaya, diciéndole Anabel que en el hospital le contaron todo lo de su enfermedad y el tiempo que le queda.

Chiara le propone hacer una barbacoa de despedida y le pide que cuando se levante al día siguiente ya no esté.

Anabel insiste en preguntarle qué quiere de ella, diciéndole Chiara algo al oído, aunque, si no quiere hacerlo, deberá irse.

Poco después, Chiara la ve salir con su bolso.

Anabel sube a un avión en que llega a París, reuniéndose en una cafetería con el padre de Chiara, Mathieu.

Recuerdan que Anabel de joven era rebelde. Un culo inquieto.

Ella le pregunta si le guarda rencor. Él dice que lo transformó en memoria inmóvil.

Él sabe que alguien como ella no aparece así como así después de 35 años, y cuando le va a contar lo que su hija le ha pedido, él le dice que no quiso que lo hiciera él, aunque se lo propuso. Ella solo lo invitó a cenar y se dijeron buenas noches como si se fueran a ver al día siguiente, en que se marchó sin despedirse, lo que él dice es mejor y ella lo sabe muy bien, a lo que replica Anabel que no se fue por cobardía.

Mathieu le dice que se fue porque ya había tomado una decisión y no pensaba volver atrás, igual que Chiara.

Ella dice que se fue porque quería más, y confiesa que lo consiguió, pero que nunca es suficiente y es agotador

Le dice Mathieu que por eso debe comprender que todos se merecen descansar.

Regresa, encontrando a Chiara tirada en el suelo, y en muy mal estado, diciéndole que está cansada.

Poco después la sube en una carretilla y la lleva hasta el bosque, donde enciende un pequeño fuego antes de desnudarse.

Le pide entonces a su hija un último esfuerzo, ayudándola a levantarse y a quitarse también la ropa, tras lo que se abrazan, diciéndole Chiara que lo entiende todo.

Se sumergen tras ello juntas en el agua sin dejar de abrazarse, diciendo Chiara que no tiene miedo, tras lo que se recuesta y le dice a su madre que no la mire, empujando entonces esta su cabeza bajo el agua no dejando que salga, hasta que muere.

Regresa luego sola hasta la casa, viendo que hay una luz encendida.

Calificación: 2