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La escafandra y la mariposa
La escafandra y la mariposa

Le scaphandre et le papillon (2007) * Francia / USA

          También conocida como:
                    - "El llanto de la mariposa" (México / Perú)

Duración: 112 min.

Música: Paul Cantelon

Fotografía: Janusz Kaminski

Guión: Ronald Harwood (Libro: Jean-Dominique Bauby)

Dirección: Julian Schnabel

Intérpretes: Mathieu Amalric (Jean-Dominique Bauby), Emmanuelle Seigner (Céline), Marie-Josée Croze (Henriette Roi), Anne Consigny (Claude Mendibil), Olatz López Garmendia (Marie Lopez), Patrick Chesnais (Doctor Lepage), Niels Arestrup (Roussin), Jean-Pierre Cassel (Padre Lucien / Vendedor), Marina Hands (Joséphine), Max von Sydow (Papinou).

Un grupo de sanitarios habla en voz baja en una habitación. El paciente empieza a ver algo borroso, y al ver que ha despertado le piden que mantenga los ojos abiertos mientras van a avisar al doctor.

Este le explica que ha estado dormido mucho tiempo.

Aún confuso, pregunta qué está pasando, dándose cuenta de que está en el hospital.

El Doctor Cocheton, que es quien le atiende le pregunta si recuerda qué le pasó, diciendo él que vagamente, explicándole el doctor que está en el hospital Naval de Berck sur Mer cerca del paso de Calais.

Le explica que primero le ingresaron en París y luego le llevaron allí porque sufrió un infarto que le ha llevado a estar en coma casi 3 semanas, pero ahora se está despertando y todo irá bien.

Le hacen pruebas, como seguir el dedo con la mirada o parpadear, tras lo que le piden que diga su nombre, repitiendo dos veces que es Jean Dominique Bauby tras lo que le preguntan los nombres de sus hijos, recordando que son Théophile, Hortense y Céleste.

Pero pese a que lo repite dos veces se da cuenta de que no le escuchan y se pregunta qué le ocurre.

El doctor le dice que recuperará el habla y la memoria, debiendo ser paciente.

Ve que hay rosas en la habitación y se pregunta quién se las llevaría.

Al día siguiente le visita el Dr. Lepage, un prestigioso neurólogo que trata de ganarse su confianza llamándolo Jean-Do como sus amigos, el cual le explica que ha padecido un accidente cerebrovascular que dañó su tronco cerebral impidiendo que funcione, siendo este preciso para conectar el cerebro con la columna cerebral, algo que antes habría definido como un infarto cerebral y gracias a las técnicas de resucitación cerebral han podido prolongar su vida. Preguntándose él si eso es vida.

Le dicen que está paralizado de pies a cabeza y no puede hablar por lo que padece el "síndrome de cautiverio", algo muy raro en su caso ya que no fumaba ni bebía, aunque todo lo demás es normal, pues le funciona el cerebro, por lo que hay esperanzas, excepto en un ojo que le dice tendrán que ocluir.

Le dice también que cuando reponga fuerzas recibirá la visita de dos mujeres muy guapas que son unas excelentes terapeutas.

Recibe en efecto la visita de dos mujeres, Henriette y Marie, una logopeda y una fisioterapeuta que le ayudarán a estar lo mejor posible, diciéndole la primera que su misión es la de enseñarle a comunicarse entre ellos aprovechando que puede parpadear, pidiéndole para empezar que parpadee una vez para decir sí y dos para decir no, empezando por preguntarle cosas que le parecen muy obvias, como si era el redactor jefe de la revista Elle.

Se recuerda a sí mismo colándose en una sesión de fotos de la revista.

Deciden coserle el ojo derecho para evitar que se le ulcere la córnea, no teniendo ningún éxito sus ruegos de que no lo hagan, de los que el doctor ni se entera.

Le visten porque dicen es bueno para el ánimo y le sientan en una silla de ruedas mientras lo ven los alumnos del doctor.

Ven que es apto para moverse en la silla de ruedas, pudiendo sacarle así de la habitación, aunque la primera vez que lo hacen siente cierta depresión al verse en un pasillo lleno de gente en silla de ruedas, aunque le sacan finalmente hasta una terraza donde está Céline, que no es su mujer como dice el doctor, sino la madre de sus hijos, a la que le explican cómo comunicarse con él.

Ella le dice que todos rezan por él y les mandan sus oraciones y que quería verle a solas antes de llevar a los niños, aunque él le dice que no desea que los lleve, aunque sí acepta la visita de su amigo Laurent.

Céline le pregunta si ha ido a verle "ella", a lo que responde que no.

Jean Dominique recuerda la estación de Berk de cuando era un niño e iba de vacaciones con su padre, recordando que era un lugar muy deprimente y triste.

Recuerda también haberse portado mal con ella y con los niños, aunque ahora ya no podrá arreglarlo.

La logopeda le muestra una pizarra con un alfabeto ordenado según la frecuencia de uso de cada letra y le dice que cuando diga la primera letra de la palabra que quiere decir debe parpadear y así tras cada letra, y si se equivoca parpadeará muy deprisa.

Pero cuando ella dice las letras no se le ocurre nada y piensa que el sistema es demasiado lento y no puede pasar tanto tiempo sin parpadear.

Se siente deprimido, pues tiene 42 años y ve que deben bañarle como a un bebé entre varios auxiliares.

La fisioterapeuta le pide que intente lanzar un beso frente a un espejo, aunque él no quiere verse. Ella le pide que intente mover la lengua hacia la parte trasera del paladar para aprender a tragar, consiguiendo que abra un poco la boca y mueva la lengua.

Le dice también que le ayudará a mover la cabeza, aunque él nota que se la mueve ella.

Le cuenta que está suscrita a Elle aunque le parece que las modelos parecen chicos y son cada vez más delgadas. Él piensa que ella no lo parece y que es muy guapa.

Ella le dice que es muy creyente y reza por él cada noche.

Recibe una visita inesperada, la de Pierre Sousin, recordando él que nunca le devolvió la llamada, preguntándose por qué no le llamó nunca.

Pierre le dice que ha ido por lo que le ocurrió, pues él fue secuestrado y es algo muy parecido a lo que le ocurre a él.

Jean Dominique le cedió su asiento en un vuelo que fue secuestrado, permaneciendo como rehén más de 4 años en Beirut en un sótano a oscuras que él llamaba su tumba.

Le dice que como entendía mucho de vinos se repetía la clasificación de vinos de Burdeos cada día, lo que le ayudó a no volverse loco, pese a que pasó malos momentos en que pensó en suicidarse, pues lo más duro era esperar, aunque sobrevivió, aconsejándole que se aferre a lo humano que lleva dentro.

Jean-Do se pregunta por qué no lo llamó cuando regresó de Beirut, llegando a la conclusión de que quizá porque se sentía culpable, y estaba avergonzado.

En su siguiente sesión le dice a la logopeda que quiere morir, ante lo que ella le regaña diciéndole que hay gente que le quiere y a la que le importa y no debe decir eso, negándose a continuar con la sesión enfadada, aunque nada más marcharse regresa diciendo que lo siente y reconociendo haberse pasado.

La siguiente persona en visitarlo es su amigo Laurent, que le lleva un gorro que a él le parece ridículo, pensando que parece un conejo, costándoles comunicarse, reconociendo Laurent que no se le dan bien las visitas a los hospitales.

Jean Dominique piensa que su vida ha sido una sucesión de pequeñas catástrofes, como las mujeres a las que no supo amar o las oportunidades y los momentos de felicidad que no supo aprovechar y su incapacidad para saber apostar por el ganador.

Vuelve la logopeda dispuesta a empezar de nuevo y él le da las gracias.

Salen tras ello para seguir con sus sesiones en la terraza, al aire libre, decidiendo él no volver a quejarse.

Se da cuenta de que además de su ojo tiene otras dos cosas no paralizadas, su imaginación y su memoria, las únicas vías para escapar de su escafandra. Imaginando lo que desee, como la metamorfosis de la mariposa.

Con su imaginación puede visitar Martinica, amar a la mujer que le gusta o cualquier otra cosa, viviendo sus sueños infantiles o sus aficiones adultas.

Se recuerda también esquiando y divirtiéndose.

Henriette llama de parte de Jean Dominique a Betty Mialet en relación con el contrato que firmó con él para un libro, pues le dice que desea escribirlo, aunque necesitaría a alguien que le escribiera al dictado. Alguien muy especial y paciente que esté disponible cada día, recomendándoles ella a Claude Mendibil.

Esta practica con Henriette, haciéndolo cada vez más de prisa.

Jean Dominique es despertado cada día a las 5 de la mañana y dice que memorizará lo que quiere escribir antes de que llegue Claude a las 8 a la que le dictará lo que ha preparado.

Empiezan así a escribir su libro, una especie de diario de viajes inmóviles de un náufrago encallado en las orillas de la soledad en el que señala sentirse como en una escafandra que rodea su cuerpo.

Recuerda que en un principio el hospital naval se creó para atender a niños tuberculosos y fue fundado por la Emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, siendo el lugar en que Nijinski realizó el salto que le elevó 3 metros, pero que ahora acoge a ancianos casi sin movilidad. Un batallón de tullidos.

A él le gusta ir a la terraza, a la que ella llama Cinecitta, que está siempre desierta y desde la que ve las montañas, los suburbios de Berk, y el faro

Trabajan durante 5 horas cada día, y recibe a menudo las visitas de Laurent que le lee novelas de Balzac o Graham Green.

Le instalan un teléfono con altavoz para poder escuchar llamadas.

Tratando de espantar una mosca consigue mover la cabeza, algo que, dicen es un milagro, logrando mover también un poco la lengua, lo cual le da esperanzas.

Recuerda que visitó a su padre la semana anterior al accidente y le afeitó aunque su padre decía que tenía miedo a que le cortara.

Hablaron nuevamente de su madre, de la que Jean Dominique apenas se acuerda.

Le cuenta que quiere hacer una adaptación femenina y actual del Conde de Montecristo, habiendo firmado ya un contrato con una editorial.

Su padre le cuenta que el médico le dijo que viviría hasta los 100 años, y dice que quién quiere vivir hasta los 100 y que echa de menos a su madre.

Le dice que tras ello que debió casarse con Céline, y así no la hubiera dejado tan fácilmente, volviendo a pedirle que le lleve a los niños.

Antes de marcharse le dijo que estaba muy orgulloso de él, reconociendo ahora que le reconfortó el reconocimiento de su padre del que se despidió hasta la semana siguiente.

El día del padre aparece Céline con sus hijos y van hasta la playa, donde los ve jugar, aunque Théophile no puede evitar dejar escapar unas lágrimas al quitarle la baba.

Céline le dice que está muy contenta de que esté escribiendo, tras lo que vuelve a preguntarle si "ella" ha ido a verle, al observar el directorio donde figuran todos los visitantes, viendo que no figura el de "ella".

Él dice que cuando se puso a régimen no esperaba un resultado tan espectacular y que sus hijos saben ahora lo que es tener un padre zombi.

Juega toda la familia al ahorcado mientras él observa las piernas de Céline y se quedó muy triste cuando se fueron al no poder volver a abrazarlos y tocarlos, aunque es feliz al verlos reír y moverse.

Con su imaginación se evada y piensa que esa noche cenará en Le Duc, donde piensa que se encuentra casualmente con Claude, con la que comen marisco en abundancia para acabar besándose entre los manjares.

Durante su estancia le aterraban los domingos, pues no quedaba nadie, ni logopeda, ni psicóloga, ni fisios, rogando porque acertaran con el canal de televisión adecuado, pues en caso contrario la tarde podía ser horrible.

Pero un domingo Marie lo lleva a misa pese a que él trata de explicarle que no es creyente, pese a lo cual ella decide llevarlo.

Sabe que hay diversas personas a lo largo del mundo, y con diversas religiones que oran por él pese a que él no es creyente.

El sacerdote le pregunta si quiere recibir la comunión y que le bendiga, y aunque él dice que no Marie dice que sí, contándole él que hay unos monjes en Burdeos que rezan por él, aunque no han tenido grandes progresos, diciéndole el sacerdote que él y Marie han pensado en llevarle a Lourdes, algo que él cree una emboscada.

Él recuerda que ya fue con Josephine, una novia a Lourdes años atrás porque ella quería ir a ver a la Virgen y beber el agua bendita, yendo él porque creía que iban a pasar un fin de semana de sexo y diversión.

Allí observan las largas colas de gente esperando, diciendo él que al no ser creyente podría acabar minusválido.

Le compra una figura de la Virgen a un vendedor con la misma cara del sacerdote y que tiene lucecitas en su corona, aunque por la noche y ya en la habitación él le dice que no puede hacer el amor con la imagen de la Virgen allí y con las luces encendiéndose, pese a lo cual ella no desea apagarlas, diciéndole él que cuando regresen a París cree que deberán separarse.

Al no poder acostarse con su novia salió a pasear por la población, ahora ya con las calles vacías en las que destacan las tiendas llenas de artículos relacionados con la Virgen, viendo en un escaparate otra Virgen exactamente igual a la que le compró a Josephine y que se suponía era única.

Henriette trata de hacerle pronunciar la "l", pues si lo hace será capaz de poder tragar.

Se plantea escribir una obra de teatro sobre sus experiencias en el hospital que acabaría con él levantándose tras descubrir que estaba soñando.

De hecho ve a la emperatriz, que se dirige a él y le dice que se levante. Una ensoñación que tiene frente al busto de la propia emperatriz.

Su padre le llama y él puede escucharle, sirviéndole Claude como intérprete.

El padre le pregunta cómo está, aunque inmediatamente le pregunta si es una pregunta idiota, y él le dice que sí.

El hombre le dice que le echa de menos y que le ha enviado un regalo. Le dice tras ello que piensa que están en el mismo barco, pues está atrapado en su piso y no puede ni siquiera bajar la escalera.

Le explica también que ha dejado una carta con sus últimas voluntades en un cajón de su habitación mientras llora y antes de colgarle diciendo que le llamará para su cumpleaños.

Un día le suben a un barco, diciéndole la logopeda que pensó que le vendría bien cambiar de aire, llevándole una edición de "El Conde de Montecristo" en dos tomos. Pidiéndole él que le lea el capítulo 59, donde habla de Nortier, una persona que está como él en una silla de ruedas y que solo puede oír y ver, señalando que no debió jugar con una obra maestra, pues es como una venganza, diciéndole a Claude que su escafandra le arrastrará con él al fondo del océano, diciéndole ella que le da igual, pues también es su mariposa, lo que cree él es toda una declaración de amor.

Céline le lee el correo, viendo entre las cartas una del padre de él en que le envía una foto suya con 8 años en Berk.

Finalmente llama Inés, siendo Céline quien coge el teléfono, y aunque le dice que no desea hablar con ella delante, Céline le responde que no le queda más remedio, pues no está la logopeda y tendrá que hacer ella de intérprete.

Le dice que aunque dijo que iría a verle llegó a la estación y se marchó, pidiéndole perdón, tras lo que le pide a Céline que salga un momento de la habitación, pues quiere decirle algo personal, pidiéndole Jean-Do que salga un minuto.

Ella le dice entonces que quiere pensar en él como era antes y espera que se recupere señalando que le echa mucho de menos y se siente sola sin él, pensando en él todo el tiempo y le pregunta si quiere que vaya.

Céline vuelve y le traduce cuando dice "cada día te espero", tras lo que Céline cuelga.

Sueña con el momento en que estando ya sentado en el avión Pierre Sousin se dirigió a él y le dijo que si no cogía ese vuelo perdería su conexión a Hong Kong y él le cedió su asiento, y le dijo que él cogería el siguiente, aunque lo ve en un avión vacío y le dice que no va a Hong Kong, sino a Beirut.

Dice no recordar a menudo sus sueños y que quienes los cuentan suelen aburrir a todo el mundo, pero ese sueño le persigue y le asusta.

El día de su cumpleaños le llevan una tarta y todo el personal del hospital le canta el Cumpleaños feliz, escuchando todos cómo "canta", todo un progreso.

Pero pese a todo su vida allí es una eterna repetición.

Laurent lo visita y escucha los pequeños ruidos que hace con la voz, y le dicen que incluso canta, pidiéndole Claude que se lo demuestre, pidiéndole que cante para ella, escuchando sus pequeños ruidos, aunque al hacerlos de pronto comienza a ahogarse.

Le diagnostican una neumonía.

Se recuerda a sí mismo en su flamante descapotable nuevo recorriendo París canturreando feliz, yendo a las afueras para recoger a Theophile, que va muy contento con él, pues irán al teatro.

Van hacia casa de su tía Diane, cuando de pronto empieza a sentirse mal y decide parar el coche, perdiendo el conocimiento, por lo que su hijo corre asustado a pedir ayuda en una casa cercana.

Tras decirle a su hijo que habría que cancelar el teatro y que irían la noche siguiente cayó en coma.

Acaba finalmente el libro La escafandra y la mariposa que dedica a Theophile, Hortense y Céleste deseándoles que tengan muchas mariposas y con un profundo agradecimiento a Claude por su papel esencial.

Se suceden tras ello las visitas de Laurent, de Inés que le dice que siempre estuvo allí y de Céline que le lee las excelentes críticas a su libro.

Jean Dominique murió el 9 de marzo de 1997, diez días después de la publicación de su libro "La escafandra y la mariposa".

Calificación: 3