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The favourite (2018) * Irlanda / Gran Bretaña / USA

Duración: 121 min.

Fotografía: Robbie Ryan

Guion: Deborah Davis, Tony McNamara

Dirección: Yorgos Lanthimos

Intérpretes: Olivia Colman (Reina Anne), Rachel Weisz (Sarah Churchill Marlborough), Emma Stone (Abigail Hill), Nicholas Hoult (Robert Harley), Joe Alwyn (Samuel Masham), James Smith (Sidney Godolphin), Mark Gatiss (John Churchill / Lord Marlborough), Jenny Rainsford (Mae).

1708. Gran Bretaña. La reina Anne recibe a Sarah Churchill, duquesa de Marlborough, a la que le pide que salude a sus conejos, quejándose esta de que le obligue a hacerlo, aunque luego le venda los ojos y le lleva hasta la maqueta de un palacio, que le dice le regala para celebrar la victoria de su marido, debiendo recordarle Sarah que están en guerra y, aunque la reina le dice que ganaron, ella le dice que no acabó aún.

I. Este barro apesta

Abigail Hill se dirige al palacio en una carroza donde ve cómo uno de sus ocupantes, un soldado, se masturba mirándola, empujándola al llegar a su destino, y haciendo que caiga sobre un charco, por lo que llega a su destino llena de barro, como una pordiosera, enviándola las otras sirvientas al baño, aunque en realidad se trata de una broma, encontrándose de pronto en una sala donde se topa con Lady Marlborough, que es prima suya, y a la que lleva una carta de su tía y que se queja de su espantoso olor.

Le cuenta que su padre perdió el dinero jugando a las cartas y quiere conseguir trabajo.

Entretanto, los cortesanos participan en una carrera de patos que gana el del primer ministro, el señor Godolphin, que lleva por ello al pato a todas partes.

El líder de la oposición, Robert Harley, reprocha a Sarah el dispendio que supone que le construyan un palacio, ya que las arcas están vacías.

Le muestra también su preocupación por la guerra, y la conveniencia de firmar un tratado de paz con los franceses, aunque Sarah cree que están en retirada y se rendirán, aunque Harley se queja de que los terratenientes han estado pagando por la guerra mientras que los comerciantes se enriquecieron con ella, debiendo contener a los miembros de su partido, los tories, aunque ella insiste en que es mejor destruir a los franceses y que supliquen la rendición.

Abigail duerme con los demás sirvientes en el suelo y la lavan con ellos al día siguiente.

La reina se dispone a recibir a una delegación rusa, pero Sarah le dice que la han maquillado como a un tejón, por lo que le pide que se retire, y los recibirá ella.

Abigail debe realizar los trabajos más duros, gastándole sus compañeras una nueva broma, al hacer que friegue el suelo con lejía, por lo que se le queman las manos.

Será requerida luego por su prima para ayudarle a calmar las heridas que la reina tiene en sus piernas, colocándole filetes sobre estas, que luego le vendan.

Abigail coge luego un caballo y va hasta el bosque, donde se cura las heridas de la mano con unas hierbas, viendo mientras las recoge a un joven que pasea también a caballo, por lo que, asustada, huye, de vuelta a palacio.

Una vez allí, y con una crema hecha con las hierbas recogidas, acude a la habitación de la reina, y se la pone en las heridas sin despertarla, aunque es sorprendida por Sarah, a la que le explica que se trata de peleatis, una hierba que ayuda a reducir la hinchazón.

Sarah ordena que le den 6 azotes con una vara de abedul por su intrusión en el cuarto de la reina, a la que despiertan para explicarle una estrategia de guerra que no le interesa nada, aunque comenta que lo que le pusieron en las piernas le alivia.

Sarah baja a la cocina y detiene los azotes tras los tres primeros y le dice que sus hierbas calmaron a la reina, por lo que le pide que lleve más, pero sin entrometerse.

Ella le cuenta que su padre la perdió a las cartas cuando tenía 15 años ante un alemán gordo y con un pene enano, al que consiguió convencer de las mujeres sangraban 28 días al mes.

Tras su logro, consigue un cuarto para ella sola y con cama.

II. Miedo me dan la confusión y los accidentes

El Primer Ministro y el líder de la oposición acuden para hablar con la reina, aunque es Sarah quien les atiende y les dice que han decidido continuar con la guerra, pues cree que otra victoria les daría ventajas para negociar un tratado.

Harley pregunta cómo lo financiarán, y les indica que doblando los impuestos por las tierras, algo que Harley, indica, sublevará a los propietarios, apelando Sarah a su amor por Inglaterra, recordándole que ella misma enviará a su propio marido a luchar.

Harley, indica que un acuerdo ahorraría dinero y vidas y solicita una audiencia con la reina para exponérselo, insistiendo Sarah en que les conviene una victoria.

Antes de partir, para la guerra John advierte a su esposa que Harley es un valioso aliado, pero un enemigo peligroso, y no les conviene enfadarlo.

Ante la reina, Abigail, ahora colaboradora de Sarah trata de llamar la atención de la reina fingiendo un ataque de tos, diciéndole a la reina que debió resfriarse cuando salió a recoger las hierbas para su pierna.

Practica el tiro con su prima, y, gracias a sus indicaciones consigue alcanzar a una paloma, indicando Sarah que hará de ella una asesina.

Ve luego al hombre con el que coincidió en el bosque, Samuel Masham, consiguiendo que se fije en ella, que le recuerda es solo una criada.

Harley logra hablar con la reina durante una fiesta, y le expresa el enfado desencadenado entre los campesinos, aunque la reina indica que Sarah cree que ganarán, apareciendo entonces esta para decirle que esos temas deben tratarse en el parlamento y no en una fiesta.

Comienza el baile donde Sarah elige como pareja a Masham y la reina parece disfrutar de ello hasta que de pronto muda su expresión y pide que paren el baile y que le suban a la habitación, diciéndole a Harley que está de acuerdo con él y que subir los impuestos fue desproporcionado y deben mantenerlos como estaban.

Cuando Sarah sube la encuentra enojada, por lo que se disculpa, aunque la reina la abofetea, aunque Sarah hace que se le pase el enfado empujando su silla de ruedas a toda velocidad hasta la biblioteca, no dándose cuenta de que Abigail está allí buscando un libro, pudiendo ver cómo Sarah se sienta sobre la reina, que introduce su mano en la boca, para luego, besarse apasionadamente, pidiéndole la reina que la folle.

Ve cómo siguen en la cama, donde se acuestan, saliendo Abigail sigilosamente.

Pero una vez fuera, se topa con Harley, que le acusa de haber robado el libro que lleva, aunque ella le dice que se lo prestó su señora.

La invita a tomar el té con él, contándole ella que ha pasado de ser una dama a ser una sirviente, aunque sigue siendo una dama en su corazón.

Él le indica lo importante que es hacer nuevos amigos, aunque ella lo considera una amenaza velada, bajo el pretexto de la cortesía.

Le pregunta qué trama Lady Marlborough, diciendo ella que ha sido buena con ella, pues la salvó y no quiere traicionar su confianza, insistiendo él en que necesita a alguien con oídos atentos y ojos abiertos, pues desea conocer lo que planean su señora, Godolphin y la reina, insistiendo ella en que no traicionará su confianza.

Él la empuja entonces por un pequeño desnivel y le pide que se lo piense.

Al día siguiente escucha cómo Sarah le indica a la reina que debe informar a Harley que cambió de opinión sobre los impuestos, pese a que esta no quiere ultrajar a los tories, respondiéndole Sarah que no pueden luchar a medias y que descubran su debilidad, tras lo que le indica que debe anunciar la subida en el parlamento.

Luego, mientras practican el tiro con pistola, Abigail le confiesa a Sarah la propuesta de Harley, al que le dijo que no traicionaría su confianza.

Pero Sarah no se fía y le dice que puede habérselo contado para que confíe más en ella y trabajar en ambos bandos, aunque Abigail le dice que es una persona de honor, asegurándole que están a salvo sus secretos, viendo cómo su prima le apunta y le dispara, aunque luego le dice que no puso los perdigones, aunque es fácil equivocarse y pensar que no la has cargado.

Un día, mientras repasan las cuentas, avisan a Sarah de que debe ir a ver a la reina, viendo cuando llega a su habitación que está encaramada a la ventana, amenazando con suicidarse, diciéndole Sarah que procure caer en las baldosas, pues la hierba atenúa el golpe, quejándose la reina de que no le importa, cogiéndola Sarah de sus ropajes y tirándola hacia atrás.

III. Menudo atuendo

Sarah acude al parlamento donde discuten sobre la subida de impuestos, dejando a Abigail al cuidado de la reina, que no entiende que le enviara a su criada, diciéndole Abigail que está en esa situación porque su familia cayó en desgracia, pero que tiene educación, pero que tiene formación y sabe francés y latín y es prima de Sarah.

Aunque la reina insiste en que solo la quiere a ella, Abigail alaba sus conejos, que ella dice, son sus niños, pidiéndoles que los saque y contándole que son 17, tantos como hijos perdió, viendo que la criada se emociona al contárselo, y luego juega con los conejos, ganándose a la reina, que indica que es el cumpleaños de uno de ellos y le dan tarta.

Por la noche va Masham a su habitación y le pregunta quién es, pues no es una criada común, indicando ella que cayó muy bajo.

Él trata de seducirla y ella parece responder, pero en vez de besarlo, le muerde.

Harley, que está detrás del intento de seducción recibe la noticia por Masham de que no triunfó, por lo que, le indica, debe intentarlo de otro modo.

IV. Un contratiempo menor

Abigail le habla a la reina de sus violaciones mientras la pasea. Ven entonces desde la ventana cómo un grupo de músicos ensaya en el patio. Pero la reina les ordena parar y les pide que se marchen, pues no quiere escucharlos y se retira como alocada, hasta acabar perdida en su propio palacio hasta que vuelve a aparecer Abigail.

Le dice que quizá deberían bailar para alegrarse, lo que la reina cree una burla, aunque ella le dice que le encantaría bailar con ella para que se alegre, haciéndolo en efecto, para diversión de la reina, que, aunque se cae, lo hace riendo.

Al día siguiente, mientras Abigail y Sarah vuelven a practicar el tiro, en el que la primera mejoró mucho, Sarah le dice que no volverá a cargarle con el cuidado de la reina, pese a que ella le dice que lo hace encantada.

Dispara a una paloma cuando pasa por encima de Sarah, que acaba ensangrentada.

Un lacayo aparece entonces de parte de la reina, aunque cuando Sarah se dispone a ir, el muchacho dice que a quien quiere ver es a Abigail.

Preparaba una carrera de langostas que luego se comerán, aunque ve que quien aparece es Sarah que le dice que sabe que ha llamado a Abigail para darle celos.

Abigail cuenta a Harley que la reina anunciará en el parlamento la subida de impuestos.

El día en que acude al parlamento, Harley pide la palabra antes de que hable la reina y pide a los parlamentarios un hurra para la reina por su decisión de no elevar el impuesto, porque lo contrario hubiera sido un desastre y hubiera provocado que corriera la sangre al rebelarse la gente del campo, ayudando su decisión a mantener a la nación unida.

La reina, al verse sorprendida no sabe qué hacer y simula desmayarse.

Masham sorprende a Abigail mientras leía en el campo y la asusta, recibiendo debido a ello una bofetada, pero no se rinde, corriendo ella y esquivándolo.

Cuando la alcanza, ella le pide que la bese antes, pero cuando lo hace, ella lo golpea en sus partes, aunque él la sigue persiguiendo y pelea hasta caer juntos, indicando ella que ha decidido que se casará con él.

Él dice que no puede casarse con una criada, pero sí disfrutarla.

La reina muestra su preocupación por haber hecho el ridículo, indicándole Sarah que fue una trampa, reconociendo la reina que no supo qué hacer, diciendo Sarah que fijarán otra fecha.

Cuando Anne llega a su habitación encuentra a Abigail durmiendo en su cama, desnuda. Le dice que Sarah le pidió que la esperara y al ver esa cama tan hermosa se dejó llevar.

Por la noche la reina la reclama para que le frote las piernas, aunque la muchacha no se detiene en estas y sube hasta su sexo.

Cuando Sarah entra más tarde en la habitación para contarle que recibió noticias de que su esposo se dispone para entrar pronto en combate, descubre a Abigail durmiendo junto a la reina, desnuda tras haberse acostado con ella.

Al día siguiente Abigail encuentra a Sarah en la biblioteca buscando un libro de poesía, y le comienza a tirar libros y le dice que es una mentirosilla a la que juzgó mal y la despide de sus servicios, enviándola de regreso a la cocina.

Abigail no se conforma, se golpea con el libro fuertemente hasta sangrar por la nariz y llora con fuerza hasta conseguir que la reina la escuche.

Sarah le cuenta a la reina que tuvo que despedir a Abigail por ladrona, pero la reina le dice que es su sirvienta y no está despedida y que la nombró dama de compañía, pidiéndole Sarah que la despida, aunque le responde que no lo hará, pues le gusta cuando le mete su lengua, viendo cómo se va con ella en su carroza.

V. ¿Y si me quedo dormida y me hundo?

La reina se da un baño en barro y le pregunta a Abigail qué sucederá si se queda dormida y se hunde, diciéndole ella que imagine que es chocolate caliente.

Llega entonces Sarah, que se mete en la bañera con la reina, con la que bromea haciéndose un bigote con el barro, seguida por la reina.

Luego, en la carroza, las tres, y con la reina dormida en el hombro de Sarah, esta le dice a Abigail que va a volver a la calle.

Luego, tras el paseo, le recuerda a la reina lo bien que se lo pasaban de pequeñas y, cuando Abigail le propone acostarla, Sarah le propone una copa de jerez, consiguiendo así que la reina despida por esa noche a Abigail.

Ya a solas, Sarah le pide a la reina que acabe con ese capricho, pues ya captó el mensaje, diciendo la reina que está disfrutando al ver cómo intenta conquistarla.

Abigail reflexiona junto a Masham sobre su situación, de la que culpa a su padre y piensa que debe conducirse de un modo que su moralidad quede satisfecha, aunque, si tiene que vender sus encantos a los soldados, la moralidad será muy poco importante.

Al día siguiente, cuando aparece Sarah, le prepara un té al que echa algo.

Escucha cómo le indica a la reina que anunciará la subida de impuestos en una semana.

La reina le pregunta a Abigail si el pueblo está enfadado, aunque Sarah le dice que al pueblo se le guía, pues su esposo necesita otro batallón y para eso hace falta dinero.

Tras la discusión, Sarah sale a cabalgar y a medio camino debe detenerse para vomitar. Pierde el conocimiento y es arrastrada por el caballo.

Entretanto Harley y otros cortesanos juegan a lanzar fruta a otro de ellos, desnudo. Abigail habla con él para decirle que le conseguirá una audiencia a cambio de un favor, advirtiéndole que, de lo contrario puede hablarle a la reina hasta conseguir que le odie.

El caballo de Sarah sigue avanzando y la arrastra hasta que la ve una prostituta con la que un hombre practicaba sexo.

VI. Detener la infección

Harley "coincide" con la reina mientras esta pasea por el jardín y le indica que Godolphin y Lady Marlborough no permiten que escuche a la oposición.

Le recuerda que la guerra les dejará maltrechos aunque ganen, y en ese momento están en una posición favorable, pero si pierden su próxima batalla, lo perderán todo y el pueblo odia la guerra y empieza a odiar a la reina, hablándole de las revueltas en Leeds.

Le habla de Abigail, tal como esta le pidió, diciendo que Masham quedó cautivado y desea casarse con ella, recordando la reina que es solo una criada, aunque Harley dice que quiere ayudarles.

La reina recibe la noticia de la desaparición de Sarah, pero no quiere que salgan a buscarla, pues cree que solo quiere fastidiarla, pues es una excelente jinete.

Esta despierta en la cama de un burdel y vuelve a vomitar.

Por la noche la reina despierta angustiada y pide que la lleven con Lady Marlborough, dando la orden de que la encuentren, partiendo varios jinetes, aun de noche, para buscarla.

La reina recibe a Godolphin y a Harley. Llevan dos semanas sin noticias del frente, por lo que el primero piensa que Marlborough debe estar en apuros y deben enviar una división en su ayuda, aunque Harley opina que deben esperar, pues sería muy costoso.

Abigail lo compara con una fiesta en la que, si va bien, no te necesitan y molestas, y si va mal no puedes arreglarlo y te arrepientes de haberte puesto tu mejor vestido.

A la reina le gusta la comparación y pide que tengan a punto a la división en la costa.

La reina le manifiesta por la noche su preocupación de que le ocurriera algo a Sarah, pues sin ella no es nada, pues es enfermiza y está cansada y todos la abandonan y mueren, aunque asegura que si no está muerta le cortará el cuello.

Le dice luego a Abigail que ella es buena y ha pensado en casarla con Masham. Y aunque ella le hace ver que es solo una criada pobre sin nada que ofrecer, y arruinaría la carrera de Masham, aunque reconoce que le gustaría ser una dama de nuevo.

La reina decide que deben hacerlo aprovechando que Sarah no está para evitar su furia, indicando que es su regalo y decide hacerlo de inmediato.

Celebran una ceremonia íntima ante la reina y ante Harley, favoreciéndole la reina con una importante cantidad, que dice harán pasar por deudas de juego, y les dice que residirán en el ala este, asegurando tras hacerlo que a veces es divertido ser reina.

Pero Abigail se muestra preocupada por Sarah, pues esperaba que enfermara solo unos días y ya debería estar recuperada, asegurando que le preocupa ahora que no está, más que cuando estaba, mientras masturba a su marido que lamenta estar así en su noche de bodas.

Recuperada, Sarah pretende irse, pero Mae, la dueña del prostíbulo, que ya vendió su caballo, espera poder prostituirla y sacar más dinero, ante lo que Sarah le ofrece una importante cantidad a cambio de que vayan a buscar a Godolphin.

Cuando este la encuentra, se extraña de su estado, contándole que Abigail la envenenó.

En palacio, Abigail asiste con el resto de las damas a una sesión de música y canto, cuando aparece Sarah, con su lamentable aspecto, aparentando que nada sucede.

Abigail se dirige a ella, observando Sarah que la criada se viste ahora como una dama, contándole ella que en su ausencia se ha perdido cosas, como su boda, diciéndole que no podía dejar que la destruyese, pues ella se lo enseñó y ahora ha ganado y está a salvo, por lo que no necesitan seguir luchando, y le dice que si la perdona, serán felices juntas.

Sarah la abofetea y Abigail le dice que se lo consentirá esa vez porque necesita liberar su ira.

Acude luego a la habitación de la reina a la que le muestra la gran cicatriz de su cara, y a la que le cuenta que salió a cabalgar y la atacaron unos bandidos.

Le pide tras ello que se deshaga de Abigail, aunque la reina le dice que no quiere, diciéndole Sarah que es una víbora, aunque la reina cree que está celosa.

Llegan el primer ministro y Harley para indicar que tienen noticias del frente. Que Marlborough está listo y los tienen acorralados y pide un destacamento para atacar la costa, indicando la reina que vaya a la fiesta la división que mandó tener lista.

Sarah le reprocha que ella no sabe manejar esas situaciones y ha permitido que Harley esté en su cabeza y Abigail en su cama y trata de volver a obtener sus favores en esta, aunque la reina la empuja, pues, dice, su cara le asusta.

VII. Dejad eso. Me gusta

Al día siguiente la despierta con media cara vendada.

Le cuenta que estuvo releyendo sus cartas en que le decía que ansiaba sus brazos y su cuerpo desnudo sobre el suyo y le dice que espera que no caigan en manos de Swift, que podría publicarlas en su periódico, lo que sería su ruina, amenazándole con usarlas si no sube los impuestos, cambia el gobierno como ella diga y se deshace de Abigail.

Arrepentida, Sarah quema las cartas, pero recibe entonces la orden de devolver las llaves y abandonar la corte ese mismo día, no queriendo la reina recibirla en audiencia.

Sarah acude a la habitación de la reina, y, desde detrás de la puerta le pide perdón, pues perdió los nervios, pero que quemó las cartas, pese a lo cual no le abre.

Le dice que se irá para siempre y no la querrá nadie, pues Abigail no la quiere, respondiéndole la reina que Abigail, al contrario que ella, no quiere nada de ella, recordándole Sarah que, aunque parecía no querer nada consiguió ser una dama con una renta de 2.000 al año, mientras que ella a veces le dice que parece un tejón porque no le va a mentir, y eso es amor.

Pero la reina se resiste y no le abre, indicando que tiene obligaciones que atender.

Acude tras ello al parlamento e indica que ha estado descontenta con el gobierno los últimos meses. Que Lord Godolphin perdió su confianza y por ello va a nombrar a Harley como nuevo primer ministro y que negociarán de inmediato la paz con Francia.

Sarah recoge sus cosas, aunque Abigail pide que se queden algunas que le gustan.

Sarah le dice que se cree realmente que ha ganado, diciendo Abigail que es así, aunque su prima le dice que jugaban a juegos muy diferentes.

Sarah debe abandonar el palacio, viendo cómo la observa la reina desde la ventana.

VIII. Soñé que os clavaba un cuchillo en el ojo

Abigail disfruta ahora de las cenas y fiestas de palacio, tonteando con otros hombres delante de su marido, acudiendo borracha a la llamada de la reina que le pide que le frote las piernas.

Anne no entiende bien los papeles que está leyendo, pero Abigail está tan borracha que no se encuentra bien y vomita sin poder ayudarle.

Sarah habla con Godolphin, que la informa que negociaron la paz con los franceses cediendo demasiado, teniendo previsto Marlborough su regreso en una semana, estando convencida Sarah de que Harley se las ingeniará para sustituirlo.

En efecto, en una recepción, Harley le indica a la reina que deben sustituir a Marlborough, ya que les hubiera metido en una guerra sangrienta que hubiera arruinado al país, aunque Godolphin le defiende como un héroe de guerra, indicando la reina que lo pensará.

Godolphin le cuenta todo a Sarah, y le dice que le habló de ella, aunque Sarah dice que hay heridas que no pueden cerrarse. Le sugirió que Sarah le escribiera, diciendo la reina que no podía impedirle hacerlo, aunque seguramente tirará su carta al fuego.

Pese a todo, Sarah le escribe la carta diciéndole que la echa de menos y que soñó que le clavaba un cuchillo en el ojo.

La reina espera con impaciencia la carta que no llega

Abigail le habla a la reina de las cuentas e indica que al estudiarlas vio grandes sumas de dinero desviadas a Marlborough que no se reflejan en los recibos de gastos, insinuando que Sarah desvió dinero hacia su marido, unos 7.000, asegurando la reina que Sarah no lo haría.

Abigail ve que su estrategia para poner a la reina en contra de Sarah no funciona y trata de ganársela preguntándole si sacan a los "niños" a pasear, pero le dice que necesita descansar, lamentando Abigail lo mal que le salió todo.

Pero cuando llega la carta de Sarah la lanza a la chimenea.

Viendo que no llega esa carta, la reina, enfadada dice que Marlborough está robando y que hay que arruinarlos y desterrarlos de Inglaterra, pues no son leales.

Godolphin trata de defenderlos, pero la reina le dice que serán inculpados.

Desde su ventana, Sarah, ve a un grupo de soldados que se dirigen a su casa y piensa con alivio que llegó su correo, aunque le sugiere a su marido que quizá deberían irse un tiempo de Inglaterra, sin saber que deben hacerlo por obligación.

Mientras la reina duerme, Abigail maltrata a uno de sus conejos, poniendo su pie encima, pero Anne la ve y descubre cómo es realmente, por lo que se levanta sin permitir que Abigail la toque, y luego la hace humillarse como cuando no era más que una criada y le pide que le frote la pierna, y, simulando que va a caerse, la agarra de los pelos, comprendiendo esta que la reina ha descubierto su juego.

Calificación: 3
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