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La fuga de Segovia
La fuga de Segovia

España (1981) *

Duración: 115 min.

Música: Xavier Laza, Amaia Zubiria

Fotografía: Xabier Aguirresarobe

Guión: Ángel Amigo, Imanol Uribe (Libro: Ángel Amigo)

Dirección: Imanol Uribe

Intérpretes: Xabier Elorriaga (Ion), Mario Pardo (José María Iturbe), Chema Muñoz, Ramón Balenziaga, Imanol Gaztelumendi, José Pedro Carrión, Álex Angulo, José Manuel Cervino (Jefe de funcionarios), Santiago Ramos (Funcionario), Virginia Mataix (Nerea Arbide), Ovidi Montllor (Oriol), Guillermo Montesinos, Fernando Vivanco, Ramón Barea (Aitor), Claudio Rodríguez (Director de la prisión), Klara Badiola (Maruja), Elene Lizarralde, Arantxa Urretavizcaya (Periodista).

Prisión Central de Segovia. Julio de 1975

En la televisión los presos ven la noticia de la muerte de un etarra y de varios miembros más heridos tras una persecución policial al detectarse la presencia del comando Madrid al que persiguieron hasta Chamartín donde dejaron el coche y huyeron a pie. Durante la persecución uno de ellos murió, comentando algunas fuentes que se suicidó y otras que murió tras ser detenido.

Los presos son reunidos en el patio, diciéndoles el director de la prisión de que han recibido una información de la existencia de un plan de fuga en la prisión, por lo que, como medida preventiva suspenden las visitas, permaneciendo cerradas durante el día duchas y comedor y aumentándose el número de recuentos durante el día, quedando incomunicados patios y galerías.

El jefe de los funcionarios guía a unos operarios hasta una pared que comienzan a derribar, observando que tras esa tapia, que da a una ducha hay, en efecto un agujero y varias armas.

Verano de 1977. En la Bahía de San Juan de Luz Ion, uno de los presos habla con una periodista a la que le cuenta la historia.

Le explica que trabajaron en el túnel 50 hombres durante 4 meses para conseguir que el túnel llegara al exterior, pero en el comando exterior había un infiltrado que desbarató la fuga, aunque aprovecharon parte del trabajo para iniciar otro agujero, aunque en este caso lo hicieron solo los de ETA Político-Militar, aprovechando parte del cemento, baldosas y otras cosas de entonces.

En aquellos momentos se celebraba el último proceso del franquismo en que fueron condenados a muerte varios etarras, motivo por el que los presos de la formación decidieron declarar una huelga de hambre indefinida para solicitar su libertad, la de sus compañeros y la libertad de Euzkadi,

Como represalia, enviaron a 11 de ellos al Puerto de Santa María y llegaron a amenazar con aplicarle al médico que protestó por el trato que les daban a los huelguistas con aplicarle le Ley Antiterrorista.

Estuvieron 3 meses aislados en celdas.

Al salir comenzaron a desarrollar su plan. Sabían que los funcionarios vigilaban las galerías, por lo que debían intentar hacer el túnel desde el retrete del patio para alcanzar el alcantarillado y desde allí la calle.

Fue entonces cuando durante una noche abrieron varias de las celdas para realizar el traslado de varios de los presos al Puerto de Santa María, llegando la noticia de los fusilamientos de Txiki, Otaegi y tres del FRAP.

Mientras algunos están en el comedor y otros juegan al frontón aprovechan el ruido de estos para poder picar sin ser escuchados en el servicio del patio

Con ventosas arrancan luego azulejos superpuestos para tapar el hueco hecho, pegando luego con cola estos azulejos. Luego los pegan en una placa que superponen cada vez que dejan el trabajo.

Crean una linterna con un tubo de pastillas para seguir sus trabajos.

Poco tiempo después uno de los reclusos, José María Iturbe se casa con Nerea Arbide en una ceremonia civil que certifica un juez ante unos pocos familiares.

Tras la ceremonia cachean a la pareja antes de dejarlos solos durante un rato.

De vuelta al comedor, todos le vitorean y aplauden, felicitándole y cantando para él, que les da las gracias y brinda.

Por otra parte la novia y los familiares comen en un restaurante, aunque aquí el ambiente es menos alegre y festivo.

Durante el invierno las cosas se complican, pues el frío es intenso, habiendo en el túnel cada vez más agua, que además está muy fría, por lo que deciden inutilizar todos los retretes de esa zona.

Consiguen colocar luz gracias a la anterior instalación, lo que facilita su trabajo.

Sacan bolsas de escombro entre las revistas y luego mezclan la tierra con los restos de comida para deshacerse de ella.

Empiezan entonces las noticias sobre la salud de Franco, esperándose su muerte.

Fuera hacen todo el ruido que pueden para evitar que se escuchen sus golpes, llegando pocos días después la noticia de la muerte de Franco, que celebran.

Se encontraron con su muerte, pero sin amnistía, con el túnel a medio derrumbar y temiendo que los trasladaran a Soria. Con esa amnistía salieron solo tres de los miembros de su célula, sacando uno de ellos los planos del túnel.

Fuera, el jefe de los funcionarios empieza a escuchar golpes rítmicos y empieza a tener sospechas, viendo que se trata de un preso que trata de arreglar una banqueta y gracias a ese ruido se ocultan los golpes de Iturbe. Este escucha también los pasos del funcionario y decide salir.

Las sospechas llevan al funcionario a hacer sonar el timbre para ordenar un recuento una hora antes de lo habitual, por lo que deben salir corriendo, observando tras el recuento que no falta nadie, no fijándose en que Iturbe oculta sus manos para que no se vea que las tiene manchadas de tierra.

Uno de ellos es convocado para su juicio, lo que le hace temer que se eche a perder la fuga, por lo que deciden que se finja enfermo, para lo que le dan un cóctel de pastillas.

Para comunicarse con el exterior escriben una nota con tinta invisible en un ejemplar de Moby Dick, que sacará la mujer de Aitor, uno de los presos, esperando poder huir antes de final de mes.

El túnel avanza y deben adentrarse por el alcantarillado entre el agua hasta llegar al final de este, cerrado con barrotes.

Firman todos tras ello un comunicado apoyando la campaña pro amnistía, comunicado que les es interceptado en el forro del pantalón de uno de ellos, negando todos que la firma sea real, aunque no pueden evitar que les encierren en celdas de castigo.

Euzkadi Norte. El grupo de apoyo exterior trata de encontrar un paso seguro para unas 30 personas por la zona del Espinal.

Mientras están incomunicados en las celdas de castigo envían a uno de los comunes también que observa que la taza de su servicio está atascada, por lo que avisa a los funcionarios, temiendo los etarras que eso deje al descubierto su plan, ya que fueron ellos los que lo clausuraron para evitar problemas.

Para solucionarlo Iturbe comienza a gritar como un loco, diciendo que se ahoga, y temiendo que se autolesione, dado que tiene antecedentes de claustrofobia, y tras un informe favorable del médico consiguen que le saquen de la celda de castigo y haga vida normal, pudiendo así volver a acceder al túnel quitando el tapón del servicio y haciendo que este vuelva a funcionar.

Tras 21 días en la celda, que asegura Ion fueron los más largos para ellos temiendo que descubrieran algo o que los trasladaran a Soria, vuelven al régimen normal.

En la estación de tren de Zumárraga espera el tren una mujer que viaja hasta Chamartín donde la recogen dos compañeros de la organización terrorista, temiendo ella de que les pillen con un material comprometido, aunque su compañera trata de calmarla y le dice que ahora en Madrid está bien, ya que logró hacer amigos.

Los presos realizan los últimos preparativos, pidiéndoles que coloquen en una bolsa ropa limpia, aunque fina para que no pese, pues la del túnel quedará inutilizable.

Piensan salir en grupos de 5, habiendo uno de ellos que botará un balón como señal de que no hay peligro.

5 de abril de 1976. En el mercado central de Legazpi dos etarras contratan el servicio de un transportista para que les lleve a Segovia, supuestamente a recoger unos muebles, aunque le dicen que antes deben recoger a un compañero de trabajo que quiere aprovechar el viaje para llevar unas piezas a Segovia, con el que quedaron en la carretera.

En prisión le comunican su plan a un miembro del FRAP, Oriol, que tiene una pena muy larga, indicándole que no habrá armas para todos y que van a hacerlo ese mismo día después de la comida.

Los del grupo de apoyo paran en efecto en la carretera para recoger a un compañero que les espera con varias bolsas, aunque antes de subir apuntan al conductor con un arma y le dicen que son de ETA y necesitan su camión, pidiéndole que no haga nada para evitar que le hagan daño, apareciendo tras ello en un coche con varios etarras más que suben a la cabina y conducirán el camión.

Entretanto en prisión consiguen que adelanten media hora la comida, teóricamente para evitar que se les enfríe, y durante ella Oriol cante delante de todos la canción del Rossinyol, uniéndose a él otros compañeros del FRAP, siendo aplaudidos por todos, que gritan Visca Catalunya.

En la parte de afuera del túnel los etarras llegados desde Madrid sierran los barrotes mientras dentro comienzan a salir en grupos de 5 los etarras y Oriol.

Van entrando los grupos según lo planeado, hasta llegar al alcantarillado, y cerca ya del final se secan y se cambian de ropa.

Uno de los presos que se queda dentro coloca de nuevo en el servicio los azulejos

Fuera, con los barrotes serrados corren todos hacia el camión.

Dentro, el resto de los presos juega en el patio como siempre, sin que nadie se percate de nada.

El camión sigue por una carretera secundaria hasta llegar a un punto donde les espera un camión más grade y con un compartimento oculto en el que irán escondidos.

El camión sale con ellos escoltado por un coche.

Les explican que el camión lleva leña, y esperan cruzar esa noche la muga. Pidiéndoles que si se paran no digan nada, pues se oye todo desde fuera, no pudiendo mear y si lo hacen deberán hacerlo en una bolsa, entregándoles 25.000 pesetas a cada uno.

En la cárcel el funcionario hace sonar el timbre para el recuento, y solo entonces se dan cuenta de que falta una treintena de personas.

El camión llega al lugar por el que deben atravesar hacia Francia, pero no encuentran en el punto esperado a la persona que debía ayudarlos, el mugalari, por lo que deciden marcharse, pues saben que no podrán estar allí mucho tiempo, y prefieren seguir a pie, pues están a solo 5 kilómetros de la frontera.

Entretanto en la radio informan de la fuga de unos 30 reclusos de la cárcel central de Segovia.

El mugalari se presenta a sus superiores y dice que se equivocó y se fue a Hendaya, siendo ya demasiado tarde.

Mientras se adentran en la montaña ven luces, comenzando de inmediato los disparos de la guardia civil, entablándose un fuerte tiroteo en el que caen varios de los etarras, por lo que deciden dar marcha atrás dividiéndose en grupos.

Amanece y se ven perdidos entre la niebla, ignorando dónde están.

Mientras avanzan, uno de los grupos es de nuevo interceptado por la guardia civil y se reanudan los tiroteos.

Cuatro de ellos, entre los que está Ion, consiguen llegar hasta una casa abandonada en la que se cuelan, volviendo a cerrar todo.

Otro grupo decide bajar al pueblo, abandonando las armas para evitar que les maten.

Los que se ocultaron en el chalet escuchan en la radio que los fugados se encuentran desperdigados por una amplia zona, buscándolos la guardia civil con la ayuda de perros adiestrados, habiéndose comenzado a registrar los posibles refugios y chalets de veraneo, escapándosele a uno de ellos un disparo.

El grupo que decidió bajar hasta el pueblo llama a una puerta, pero son sorprendidos y apresados por la guardia civil.

Los que se ocultaron en la casa ven cómo para un coche de la guardia civil que registra el entorno de la vivienda, aunque al no ver ningún indicio se marchan.

Iturbe, que se despistó del grupo detenido, llega a una casa y les pide algo para comer, saliendo corriendo de allí tras comer y cambiarse de ropa.

Otro grupo numeroso es sorprendido por la guardia civil que les pide que tiren las armas y levanten las manos, y aunque se rinden uno de los guardias dispara a Oriol, que debido a ello muere.

Iturbe continúa solo la fuga, ya con los zapatos rotos, cuando es avistado por la guardia civil que también lo detiene.

15 de abril. Semana Santa.

Los propietarios del chalet en que se ocultaron los etarras llegan para pasar las vacaciones, siendo sorprendidos por estos que los atan y amordazan aunque de forma leve para que puedan desatarse y les dejan 30.000 pesetas ya que se comieron todo lo que tenían, y se llevan su coche.

Los cuatro que consiguieron cruzar la frontera fueron confinados en la isla atlántica de Yeu de la que también consiguieron fugarse.

El resto de los fugados fueron puestos en libertad poco tiempo después gracias a la amnistía general.

Calificación: 3