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La gran mentira
La gran mentira

The good liar (2019) * G.B. / USA / Alemania

          También conocida como:
                    - "El buen mentiroso" (Hispanoamérica)

Duración: 109 min.

Música: Carter Burwell

Fotografía: Tobias A. Schliessler

Guion: Jeffrey Hatcher (Novela: Nicholas Searle)

Dirección: Bill Condon

Intérpretes: Helen Mirren (Betty McLeish / Lili Schröeder), Ian McKellen (Roy Courtnay / Hans Taub), Russell Tovey (Stephen), Jim Carter (Vincent Halloran), Mark Lewis Jones (Bryn), Laurie Davidson (Hans Taub joven), Phil Dunster (Roy Courtnay), Lucian Msamati (Beni), Jóhannes Haukur Jóhannesson (Vlad).

Dos viudos de la tercera edad recurren a una web de contactos buscando compañía.

Ella dice que, aunque tenía un hijo, este murió en un accidente, contándole él que tiene un hijo, pero que no tiene trato con él, decidiendo quedar para cenar en un restaurante y conocerse.

Londres. 2009

Cuando llega al restaurante, ya está esperándolo Estelle, que, aunque en la web dijo que no bebía, tiene una copa.

Le cuenta que tiene un nieto, Stephen, que es su único familiar, contándole él que su único hijo vive en Australia.

Hablan tras ello de la aplicación por la que se conocieron, comentando ella que empareja a mentirosos con desesperados.

Él le dice entonces que detesta la deshonestidad y le confiesa que no se llama Brian, como dijo en la aplicación, sino Roy Courtnay, debiendo reconocer ella que tampoco se llama Estelle, sino Betty McLeish.

Tras la cena, Betty es recogida por su nieto, rechazando él su invitación y dice que irá andando, aunque en cuanto desaparecen ellos coge un taxi.

Este le lleva hasta un club de streap-tease, donde, en un reservado le esperan su asesor, Vincent, junto con otros dos hombres con los que van a hablar de negocios.

Tienen en perspectiva participar en un grupo de inversión junto con unos hombres de negocios rusos deseosos de hacer negocios en Inglaterra. Los rusos invertirán 800.000 Libras, y ellos deberán poner 200.000, a razón de 50.000 cada uno de ellos, asegurándoles que recuperarán lo invertido, multiplicado por cuatro.

Roy y Betty en su siguiente salida van al cine para ver "Malditos bastardos"

A la salida Betty le cuenta que fue profesora, viendo cómo de pronto a él le falla la rodilla y debe ayudarle a caminar.

Roy y Vincent se reúnen con sus compañeros de inversión, incluyendo ahora a los rusos, en un lujoso despacho donde les expone que el objetivo es comprar un terreno en el Caribe y revender luego el terreno por el doble de su precio, asegurándoles que en una semana recibirán las ganancias, explicándoles que las operaciones las harán a través de un teclado electrónico, transfiriendo su dinero a la cuenta conjunta.

Los rusos no parecen convencidos, pues invierten cuatro veces más, aunque, les dicen, también tendrán más beneficios.

Pero entonces uno de los británicos, Bryn bromea preguntándoles a los rusos cuánto se llevará Putin, levantándose de las negociaciones y marchándose.

Roy y Betty vuelven a verse, aunque el restaurante en que quedaron está cerrado, y además Roy casi no puede andar, por lo que decide invitarlo a cenar en su casa, llevándolo en el coche que se acaba de comprar, diciéndole que lo hizo al contado.

Observa que vive en una urbanización muy tranquila, pero sin personalidad alguna.

Tras la cena aparece Stephen, pidiéndole su abuela que lleve a Roy a su casa, acompañándolos ella, que observa que vive en un último piso sin ascensor, por lo que, dado el estado de su pierna ella decide invitarlo a ir a su casa hasta que mejore.

Lo instala en la habitación de invitados, observando él por la mañana un coche que parece estar vigilando la casa.

Stephen se muestra desconfiado. Piensa que su abuela va demasiado rápido.

Le revela luego a Roy que su abuela fue profesora en Oxford.

Al día siguiente Stephen lleva a Roy a la ciudad, hasta la zona de embarque del río Estigia, donde, dice, va a visitar a un amigo ingresado en el hospital

Entra en efecto en el hospital, aunque cuando Stephen se marcha, Roy sale sin problema alguno en sus piernas yendo deprisa a la nueva reunión con los inversores.

Bryn se excusa ante los soviéticos y les dice que, para disminuir su riesgo, decidieron aumentar su participación al doble, a 100.000 Libras cada uno.

Cerrado el negocio, uno de los rusos abraza a Bryn, que al devolverle el abrazo detecta que el ruso tiene un micrófono oculto.

Justo en ese momento escuchan cómo se acercan varios vehículos policiales, sufriendo Roy un infarto mientras que Bryn y el otro británico escapan corriendo.

Cuando lo hacen, Roy, Vincent y los rusos se felicitan por el éxito de su operación.

Poco después Stephen vuelve a recoger a Roy a la salida del hospital.

Una vez en casa le cuentan que el muchacho va a salir unos días de viaje, pues desea visitar la prisión de Spandau, donde estuvieron recluidos los criminales nazis

Durante la cena Stephen le pregunta si sirvió en el ejército, diciendo él que sí estuvo en la guerra, preguntándole Stephen si es de entonces su cicatriz del cuello, y, aunque él dice que prefiere no hablar de cómo se la hizo, acaba confesándoles que se la hizo afeitándose.

Cuando Stephen se marcha, Roy vuelve a fijarse en el coche que pasa por delante.

Al día siguiente le recoge Vincent, contándole que no aguanta la casa de Betty.

Le explica que los inversores piensan que ellos están detenidos y su dinero retenido.

Van hasta un restaurante ruso y entran en la cocina donde son recibidos por Vlad, el cocinero, que no es otro que el supuesto inversor ruso.

Vlad está molesto y pide que le den una parte del botín, no una comisión, algo que no están dispuestos a concederle, apareciendo otro ruso que le coge la mano y se la golpea sin misericordia con la maza de la carne, destrozándosela.

Tras ello regresa con Vincent a casa de Betty, explicándole a aquel que la viuda debe tener al menos medio millón y que es el momento de actuar, ya que no está el nieto.

Cuando llega Betty, Roy le presenta a Vincent como su asesor de inversiones, que, le explica, le está ayudando con su testamento y que le gustaría que le permitiera dejarle algo a ella, a lo que Betty se niega, pues hace muy poco tiempo que se conocen y le dice que se lo deje a su hijo, aunque le dice que no apureba el modo de vida de este.

Le preguntan sobre sus bienes su fondo y sus ahorros observando que posee un patrimonio de alrededor de 2.800.000 Libras.

Le proponen que invierta para poder duplicar su dinero en 5 años con sus inversiones, con las que además ayudan a los países subdesarrollados.

Vincent le propone que abra una cartera de inversiones conjunta con Roy. Pues combinando los bienes confunden a hacienda, prometiéndole ella estudiarlo.

Cuando Roy parece querer avanzar en su relación, Betty le dice que deben hacerse compañía nada más, aunque él dice que pasaron ya esa fase, algo para lo que ella no parece todavía dispuesta, diciéndole Roy que le ha cogido cariño, aunque nunca le gustó decir te quiero, ni siquiera a su mujer.

Ella le agradece que se haya sincerado con ella, aunque no llegó todavía el momento de decirle te quiero.

Esa noche Betty se levanta para ir a la nevera, dándose cuenta de que entró alguien en su jardín, asustándola con sus gritos, viendo que en, efecto, rompió una maceta.

Cuando al día siguiente Roy se lo cuenta a Vincent y se plantean posponerlo.

Más tarde, ya con Betty, Vincent le entrega a Roy un cheque de 20.000 Libras, los beneficios de su inversión, lo que le explican, sucede una o dos veces al año.

Llega entonces Stephen sin haber avisado de su regreso y que muestra su desacuerdo con la inversión, pues cree que no debe confiar su dinero a un intruso al que apenas conoce, aunque ella se siente ofendida y le pide disculpas por lo que dijo su nieto.

Para tratar de convencerla Roy le propone darle los beneficios que tenga a su nieto, aunque ella concluye que es mejor darle la mitad y utilizar la otra mitad para hacer juntos el viaje que ella siempre soñó en hacer con su difunto esposo.

Al día siguiente Betty le corta el pelo a Roy cuando de pronto cae al suelo y deben llamar a un médico, que le dice que ha sufrido otro microinfarto, algo que le ocurre a menudo, reconociendo ella no estar tomando la medicación que le recomendó, pues, le dice, no quiere vivir como si estuviera muerta, diciéndole el doctor que si no lo hace, no le da más de un año de vida.

Ya recuperada, salen a comprar un sombrero y un nuevo paraguas para él, que descubre a través del reflejo en el cristal a Bryn siguiéndolo.

Convence a Betty para que vaya a comprarse unos zapatos, quedando más tarde, aprovechando él ese rato para escabullirse y tratar de despistar a su perseguidor, entrando en la estación de metro de Charing Cross, donde es abordado por Bryn, que le dice que no entiende cómo no los pilló la policía en la primera reunión y esperaron a la segunda, tras lo que le exige que le devuelva sus 100.000 libras o le dirá a la vieja que le romperá algo más que una maceta.

Roy, viendo que se acerca el metro le clava un alfiler y luego, valiéndose de su paraguas lo lanza a la vía justo cuando entra el metro, que acaba con él, que antes desvió la cámara de seguridad con su paraguas y que huye del lugar regalándole su gabardina a un músico.

Cuando se reencuentra con Betty esta observa que lleva una nueva gabardina, pidiéndole él adelantar el viaje para el día siguiente.

Al día siguiente, y frente a la Puerta de Brandemburgo ella recuerda a Alasdair, su marido, que estuvo al final de la guerra allí y siempre quiso ir con ella.

Roy se lleva además la sorpresa de ver que también fue Stephen, que, tras disculparse por su anterior comportamiento, se ofrece a mostrarles Berlín, ya que ellos no lo conocen y él sí.

Para Roy la visita es demasiado intensa y tras haber recorrido los punto más importantes de la ciudad, incluyendo el Memorial del Holocausto y el Muro, está muy cansado, por lo que Betty le pide a Stephen que lo acompañe hasta el hotel para que descanse.

Ella se acerca a un viejo edificio al que entra con decisión.

Cuando regresa al hotel, Roy observa que tiene las manos con varias heridas, diciéndole ella que se cayó, pasándole él un pañuelo húmedo para curarla.

Cogen un taxi para ir a cenar, aunque Stephen les dice que antes quiere mostrarles un lugar que merece la pena, llevándolos hasta un viejo piso que no parece nada especial.

Le dice a Roy que debe encontrarlo algo cambiado, pues, dice accedió a su ficha y así pudo saber que fue teniente del ejército británico del Rin y que fue herido en Berlín en esa dirección tres años después de la guerra, habiendo un asesinato por medio.

El Teniente Courtnay estaba destinado a la Sección V, con sede en ese piso.

Roy le corrige diciéndole que la Sección V no tenía sede en Berlín, sino que era una sección de inteligencia con sede en Hanover, desde donde informaban a Londres, siendo su misión la de cazar Nazis.

Se enteraron de que había un hombre, Martin Geiger se escondía en Berlín, y buscándolo, llegó a la zona soviética acompañado por Hans Taub, su intérprete, que regresaba a su ciudad, aunque sin ningún entusiasmo, pues, asegura, los que vivían allí se tenían merecido lo que les pasó, no teniendo ningún familiar ya.

Para cazar a Geiger necesitaban la aprobación de los soviéticos e ir de paisano, yendo al piso donde vivía Geiger, que es el piso en que están.

Su plan era llegar al piso antes que Geiger, identificarse como policías alemanes y detenerlo, algo que en principio era un arresto rutinario en ese piso.

Él no hablaba alemán, señala, por lo que dejó que fuera su compañero Taub quien hablara con el compañero de piso de Geiger, viendo cómo durante un momento de despiste el hombre cogió un cuchillo que puso en su cuello, obligándole a dejar su pistola para evitar que le rebanara el cuello a Taub.

Cuando el alemán dejó a Taub para coger el arma él se abalanzó también sobre esta y lucharon por ella, consiguiéndola finalmente el nazi, que les disparó a ambos antes de escapar, muriendo su compañero Taub, y escapando Geiger.

Stephen le dice que no fue así. Que Geiger fue detenido dos semanas más tarde por los soviéticos y contó otra versión.

Dijo que quien murió realmente fue Roy Courtnay y Taub solo fue herido.

El hombre les cuenta que, cuando vio a Roy con la cara reventada, se le ocurrió hacerse pasar por él aprovechando que ambos carecían de familia.

Dado que él había dado clases de inglés desde los 14 años y siempre habían hablado del parecido físico entre ambos, decidió convertirse en inglés y abandonar el país que le había dado solo una vida de desgracias y pasar al bando de los ganadores. Se pasó a la zona británica con su uniforme y allí tomó un avión hacia Inglaterra.

Escribió con la máquina de Roy una carta a sus padres informándoles de su idea de cambiar de vida y empezar de cero y se cambió el nombre por el de Roy Manning hasta que sus padres murieron y reapareció con el apellido Courtnay.

Le pregunta tras ello a Stephen qué espera lograr, diciéndole este que justicia, pues no ha pagado por sus crímenes, a lo que Taub le replica que no era un nazi, sino un simple recluta que prestó servicios en ambos frentes, debiendo reconocer Stephen que no encontró nada sobre él ni en el registro de personal de los tribunales nazis, ni en el de los rusos.

Betty se enfrenta a su nieto. Le dice que se pasa la vida tratando de defenderla de todo tipo de peligros imaginarios y que ella puede tomar sus propias decisiones.

Stephen se marcha, diciéndole Betty a Roy que para ella es la única persona que le hace sentir que no está sola y que es mejor olvidarse de Venecia y París y regresar.

Una vez en su casa, le pide que llame a Vincent para abrir la cuenta conjunta.

Se reúne con Vincent en su casa mientras unos transportistas van llevándose los muebles, y le explica a su amigo que lo harán como siempre, que juntarán el dinero de ambos y luego dejará limpia la cuenta.

Vincent le sugiere que le deje algo a ella, pero él dice que no quiere depender a su edad de la sanidad pública y quiere irse a una playa a beber champán.

Al día siguiente Vincent acude a casa de Betty para abrir su cuenta conjunta en el Caribe, preguntándose ella si es bueno transferir todos sus fondos, y si no sería mejor dejarse un poco, diciéndole Vincent que, a mayor inversión, tendrá un mayor beneficio.

Como no la ve demasiado segura, Roy se adelanta y transfiere todos sus fondos, sorprendiendo a Betty que estos sean de 3,8 millones, haciendo que ella se confíe y transfiera todo sus fondos.

Deben tras ello crear una contraseña para que solo puedan acceder ellos a la cuenta, proponiendo ella, tras mirar un cuadro de la pared, escribir lirios.

Completada la operación ella sugiere brindar con champán, aunque Vincent pretexta tener que marcharse, no sin antes llamar al teléfono de Roy sin que le vea Betty.

La pareja brinda por el futuro con champán, haciendo Betty planes sobre las ganancias, con las que dice, podrían hacer un crucero o comprarse una multipropiedad en Mallorca.

Escucha entonces el supuesto mensaje que le llegó, aunque la llamada era de Vincent, diciendo que se trata de su hijo que está en Londres para una exposición de cocinas y que va a pasar la noche en Londres y quiere verle.

Ella se ofrece para llevarlo, pero él prefiere hacerlo en tren, preparando una bolsa con todo lo que tiene allí, diciéndole que pasará la noche en Londres.

Ella se ofrece a llevarlo, pues, dice, le encantaría conocer a su hijo, pero él dice que irá en tren, preparando la bolsa con su ropa y con la calculadora, pues, dice que si se le hace tarde pasará la noche en Londres.

Betty lo acompaña a la estación, aunque mientras esperan al tren él dice que cree que no irá, pues prefiere quedarse con ella y le dice que la quiere, aunque ella le pide que no trastoque sus planes por ella, por lo que decide subir al tren.

Pasará la noche en su viejo piso, casi vacío, bebiendo y escuchando música, pero cuando busca su teclado no lo encuentra, por lo que llama a Vincent, aunque lo tiene apagado.

Decide llamar al banco para pedir un nuevo teclado, y le dicen que le enviarán uno nuevo en un par de días, no quedándole más remedio que regresar a casa de Betty, sorprendiéndose al ver que está vacía y sin muebles.

Pero encuentra allí a Betty, a la que le cuenta que el vuelo de su hijo se retrasó.

Observa que ella tiene el teclado en su mano y le da al teclado.

Le pregunta dónde está todo y qué está haciendo, diciendo que mirando su cuenta conjunta y que, cada vez que él dice una mentira le da a un botón y cuando lo hace 50.000 libras de la cuenta conjunta pasan a otra de otro banco y con otra contraseña.

Cuando él dice que no sabe de qué le habla vuelve a darle al botón, y cuando dice que no tiene ni idea vuelve a apretarlo, volviendo a hacerlo cuando él le dice que es Roy.

Vuelve a preguntarle por su hijo y dice que lo llamó, dándole otra vez al botón, y cuando dice que le dejó un mensaje, lo hace de nuevo.

Ella le muestra su teclado y le dice que sabe que ha vuelto a por él porque creía que se lo había llevado a Londres.

Le pregunta si no ha empezado a atar cabos ya.

Ella le dice que Robert no le ha llamado porque no hay ningún Robert, y le dice que está perdiendo facultades y le dice que lo ha tenido ante sus narices todo el tiempo, mostrándole el cuadro de los lirios (lilies en inglés), y solo entonces se fija en ella detenidamente y pronuncia un nombre: Lili.

Ella recuerda su adolescencia, y que los viernes eran su día preferido de la semana, pues iba él, Hans Taub iba a darle clases de inglés.

Un día él llegó antes de que ella estuviera preparada, y, mientras la esperaba se fijo en sus hermanas, que estaban en el salón bailando a sus tres hermanas, proponiéndole al verlo que fuera él quien bailara con ella para hacerlo con un chico.

Pero mientras ensayaba el baile, su otra hermana se dio cuenta de que se estaba fijando en sus piernas, pues tenía la falda un poco subida.

Siguió bailando hasta que de pronto intentó besar a la chica y le manoseó el trasero, e incluso le rompió su vestido de lujo con rabia al ser rechazado.

Subió tras ello a darle la clase de inglés a Lili, que recuerda que lo idolatraba, e incluso guardaba como una reliquia un mechón de su cabello.

Le preguntó entonces si le gustaba. Y al ver su cara comprendió que, si se le había pasado por la cabeza, aunque le respondió que le tenía cariño, insistiendo ella en que si eso significaba que sentía algo por ella.

Le pidió entonces que se quedara quieta y cerrara los ojos.

Él entonces la besó, aunque no se conformó solo con eso y acabó violándola, como un premio de consolación por la humillación que había sufrido unos minutos antes y para vengarse, recordando que acabó muy rápido.

Entró entonces su madre para buscarlo, encontrando al bajar a las hermanas de Lili y a su padre esperándolo, y pidiéndole explicaciones, negando él haber intentado besar a la hermana de Lili, lo que él niega, diciendo que era ella la que quería que la besara y él se negó y al ver a Lili muy perturbada finalmente le dice que sus clases terminaron.

Dos días más tarde su padre fue detenido, acusado de traidor. Declarado culpable, lo ahorcaron y confiscaron su fábrica. Su madre no pudo superarlo y se suicidó.

Durante un tiempo las hermanas decidieron hospedar a gente en su casa para ganarse la vida, hasta que ya no pudieron pagarles.

Cerca del final de la guerra sus hermanas estaban en la cocina cuando explotó una bomba y acabó con ellas.

Dos semanas más tarde Hitler se suicidó y llegaron los rusos.

Él asegura que nunca quiso hacerle daño, preguntándole ella qué pensaba que sucedería cuando denunció a su padre, respondiéndole que era solo un niño y buscaba darles una lección, pero que no sabía que iba a llegar tan lejos.

Ella le dice que tenía 15 años y sabía perfectamente lo que hacía, volviendo ella a apretar el botón varias veces.

Él reconoce que se sintió humillado por sus hermanas y que su padre le agravió y quiso darles una lección.

Le dice tras ello que no había que llegar tan lejos, que podía haber hablado con él cuando le encontró, diciéndole Lily que está segura de que hablar con él no hubiera servido de nada, y por ello decidió estudiarlo con la ayuda de Stephen, que es un gran investigador y pudo seguir su estrategia criminal, pues incluso salió varias veces en el periódico como estafador.

Pudo conocerle así bien y convertirse en el prototipo de mujer como las que solía estafar.

Él le dice que se ha divertido, pero que no hay nada que le pueda asociar con Taub, preguntándole qué va a hacer ahora.

Ella le cuenta que, en Berlín, el día en que él se fue al hotel, ella regresó a la que fue su casa, ahora convertida en una organización benéfica infantil y, aunque creía que no encontraría lo que buscaba, rasgó la moqueta en lo que era su habitación, pinchándose las manos al hacerlo. Levantó tras ello unas tablas, encontrando así el guardapelo de plata en que ella guardaba su mechón, que pudo comparar con el pelo que le cortó.

Él trata de defenderse y le dice que podía haberse marchado para siempre, pero decidió regresar, diciéndole ella que lo hizo por el teclado, no por ella.

Le cuenta tras ello que sacó todo su dinero en cuanto se fue de la estación con la ayuda de Vincent, al que Stephen amenazó con denunciar por múltiples cargos por falsificación, fraude y extorsión antes de su viaje a Berlín.

Le confiesa que Stephen no es su nieto, aunque tiene muchos, uno de los cuales es el hombre del Audi al que él vio en varias ocasiones, preocupado por ella y que es la pareja de Stephen.

Lo montaron todo para que fuera perfecta. Que él conociera a una insulsa viuda en su insulsa casa. Una presa fácil.

Le cuenta también que sus infartos fueron falsos. Que con ellos trataban de ablandarlo para que metiera todo su dinero en esa cuenta.

Él le pregunta por qué hizo eso después de tantos años, respondiéndole ella que porque lleva 60 años encerrada en aquella habitación con él y solo podía liberarse enfrentándose a él.

Hans se arrodilla y le pide perdón, diciéndole ella que lo perdonó hace mucho tiempo, y que ya no existe para ella.

Hans le dice que lo que le dijo en la estación es cierto y que regresó porque la quiere.

Ella le devuelve su teclado, pues, le dice, lo va a necesitar, observando entonces él que le quedan solo 100.000 libras.

Ella se dispone a marcharse a su verdadera casa, aunque cuando va a salir ve a Hans obstruyéndole la salida, diciendo ella que fuera hay gente esperando que les avise, mostrándole Hans que no puede hacerlo porque tiene él su teléfono.

Él la coge, pero consigue zafarse clavándole una lima que saca del bolso, aunque él consigue atraparla de nuevo e intenta acabar con ella, aunque le muerde y consigue volver a escapar y lo golpea a él, recuperando su teléfono.

Entran entonces Vlad, con su mano vendada y el otro socio en la operación en que estafaron a él y a Bryn.

El hombre le reclama su dinero, diciéndole Hans que no lo tiene, diciéndole ella que miente y que tiene justamente lo que le debe.

Lili se aleja tras ello mientras escucha a su espalda cómo Hans se niega a devolver el dinero, acercándose Vlad y el hombre a él.

Una enfermera le explica a Vincent que Roy sufrió un ictus como consecuencia de la paliza, por lo que no puede hablar ni moverse, pero oye.

Le acerca un vaso con una pajita y le dice que finja que es champán.

Stephen le dice que se alegra de verla en su medio natural y que lamenta los errores que cometió en Berlín, que fueron por el cariño que le tiene.

Salen afuera, donde se está celebrando una fiesta con toda su extensa familia.

Ve a tres de sus nietas que se alejan hacia el río y, preocupada va hasta la orilla, viéndolas jugar en el agua, advirtiéndoles que tengan cuidado, pues es peligroso.

Calificación: 3
Te cuento la película