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La guerra de los Rose
La guerra de los Rose

The war of the Roses (1989) * USA

Duración: 116 min.

Música: David Newman

Fotografía: Stephen H. Burum

Guión: Michael Leeson (N.: Warren Adler)

Dirección: Danny DeVito

Intérpretes: Michael Douglas (Oliver Rose), Kathleen Turner (Barbara Rose), Danny DeVito (Gavin D'Amato), Marianne Sägebrecht (Susan), Sean Astin (Josh), Heather Fairfield (Carolyn), G.D. Spradlin (Harry Thurmont), Peter Donat (Jason Larrabee), Dan Castellaneta (Cliente de Gavin).

El abogado Gavin D'Amato habla con un cliente interesado en interponer una demanda de divorcio insistiéndole en que piense si tiene alguna verdadera razón para querer divorciarse.

Le cuenta entonces mientras fuma que él llevaba 13 años sin fumar, y que guardó de hecho el último cigarrillo del último paquete en una caja especial estando seguro de que si nunca se fumaba ese cigarrillo no volvería a fumar, y así aguantó hasta que fue a verlo Barbara, y cuando se fue…

Le habla de Barbara y Oliver Rose, cuyos nombres no habrá oído porque cuenta que consiguió escamoteárselo a la prensa, pero que le contará a él una historia por si puede servirle.

La pareja se conoció el último día de la temporada de verano en Nantucket cuando ya los turistas abandonaban la isla en medio de una fuerte tormenta al acudir ambos a una subasta de objetos de arte, pujando ambos por una pequeña talla, un bajo relieve japonés de una diosa Shinto, por la que pujan ambos, aunque es ella quien se la lleva por 50 dólares, siendo abordada por Oliver que le dice que hizo una gran inversión, pues le asegura que la pieza vale 250 dólares, tal como vio en un libro antes.

Hablan mientras él la ayuda con su equipaje con el que se dirige al ferry, señalando ambos que están becados.

Ambos cogerán el ferry y acaban en la cama, pidiéndole él que no se disculpe por ser multiorgásmica, afirmando ella que no sabía que lo era, afirmando tras ella que si acaban casados será la historia más romántica de su vida, y si no, es una zorra, asegurándole él que le contarán esa historia a sus nietos.

Unos años más tarde la pareja tiene a los mellizos Josh y Carolyn, aunque siguen viviendo humildemente.

Una noche ella llega llevándoles caramelos a los niños y afirmando que ser camarera en Noche Buena es muy rentable, pidiéndole a Oliver que se prepare para salir todos juntos a disfrutar de la nieve, diciéndole una vez que están en la calle que los lleve a dar una vuelta en su coche, recordándole él que no tiene coche, mostrándole entonces ella un Morgan que ella le ha comprado y que él recibe con gran alegría, y afirmando que se siente más que feliz porque está casado con ella.

Gavin acude con una voluptuosa mujer a una cena que dan Barbara y Oliver a los miembros del despacho de abogados en el que Oliver trabaja, afirmando Gavin que Oliver tiene una cara que convence a los jurados, siendo ya un triunfador, observando Barbara cómo Elke, la novia de Gavin pasa su pie por el sexo de este pese a que la mesa es de cristal.

Oliver, que ha alcanzado ya un buen estatus en su bufete le pide a Barbara que cuente la historia de cómo consiguieron su preciosa cristalería de Bacarrá, aunque al ver que ella no va al grano acaba por contar él la historia.

Por la noche ella le echa en cara su falta de respeto al interrumpirla y su falsa risa de pelota con sus jefes.

Al haber mejorado su situación ella se fija en una casa cercana que le encanta y decide enviar una carta a su propietario asegurándole que le encanta esa casa y diciéndole que si alguna vez desea venderla ella está dispuesta a comprarla.

Y cuando se acerca para entregarle la carta le abre una mujer que le hace pasar, encontrándose de pronto en el funeral de la dueña de la casa, asegurándole la mujer que no sabe qué hacer con ese caserón y le pregunta si sabe de alguien interesado.

Poco después estrenan esa fantástica mansión a la que Barbara dedica los seis siguientes años, teniendo cada rincón su sello, tiempo en el que Oliver logró hacerse socio y sus hijos, antes obesos, adelgazaron, yendo todo sobre ruedas.

Pero terminado su trabajo en la casa ella se siente inquieta y decide dedicarse a hacer paté, consiguiendo venderlo, por lo que se compra un todo terreno que dice que pagará con su trabajo, asegurándole Oliver que tendrá que vender 300 kilos de paté, asegurando ella que lo hará.

Oliver decide contratar a una criada para que la ayude y ella pueda dedicarse a su nuevo negocio, aunque cuando entrevista a Susan, la candidata, ella le dice que no necesita una interna pues ella se ocupó siempre sola de la casa y ahora tiene menos trabajo ya que han admitido a sus hijos en Harvard, aunque acaba por contratarla.

Ella le pide su asesoramiento respecto de un contrato para una cena que va a dar, aunque él lo pospone y no le da la mayor importancia, postergándolo cuando recibe una importante llamada que espera se concrete en un importante contrato.

Cuando Oliver cuelga ella le dice que en ese momento él se adora a sí mismo por haber conseguido entrevistarse con ese hombre.

Pero durante el día en que se produce la reunión, y mientras charla con el hombre de negocios siente un fuerte dolor y debe ser hospitalizado, preguntando por su mujer.

Esta, que estaba tratando de la comida, recibe una llamada en la que le avisan de que su marido ha tenido un ataque al corazón y sale corriendo.

Pero tras ser examinado, los doctores descubren que lo que padece es una hernia de hiato que se le irritó, por lo que le dan el alta poco después, esperando inútilmente la llegada de Barbara, por lo que finalmente regresa en tres a su casa con Gavin, aunque una vez allí solo su perro sale a recibirlo.

Cuando finalmente llega Barbara a su casa él le reprocha que no fuera al hospital, diciendo ella que no fue al hospital porque sabía que estaba bien, ya que llamó y le dijeron que ya había pasado todo y no quiso molestarlo.

Él se siente mal por su desinterés y le muestra la nota que escribió cuando creía que iba a morir, aunque cuando se la da ella le dice que no entiende su letra.

Oliver le lee esa nota en la que le dice que todo lo que tiene y es, se lo debe a ella.

También sus hijos le echan en cara que no los avisara del problema de su padre, ante lo que ella les dice que no quiso preocuparlos sin motivo.

Pero una vez en la cama Barbara lo despierta y le dice que no fue al hospital porque sabía que estaba bien. Le cuenta luego que cuando la llamaron ella salió corriendo y estaba entrando en la autopista cuando de pronto tuvo el presentimiento de que había muerto y se asustó de pensar lo que sería vivir sola en esa casa y paró el coche, afirmando poco después que se asustó porque de pronto se sintió feliz de ser libre.

Ante dicha afirmación Oliver le dice que le debe una disculpa, encontrándose en vez de esta una petición de divorcio, asegurando él que no se divorcia, preguntándole en qué la ofendido, asegurando ella que en nada en concreto.

Le dice él entonces que debería ser él quien lo pidiera porque él estaba en el hospital y ella no fue y que se ha matado a trabajar y le debe una explicación lógica, ante lo que ella le dice que cuando lo ve y lo tiene delante le dan ganas de partirle la cara.

Él le reta entonces a que lo haga, acercando su cara, recibiendo una tremenda e inesperada bofetada, asegurando él que la próxima vez se la devolverá y que se busque un buen abogado, respondiendo ella que el mejor que su sueldo le permita.

Durante la reunión preliminar con sus abogados Barbara asegura que renuncia a su pensión y a los gananciales a cambio de quedarse con la casa y con su contenido, a lo que él se niega, mostrando el abogado de ella la carta que él escribió cuando creyó que iba a morir, y donde afirma que todo lo que tiene y lo que es se lo debe a ella, ante lo que él le dice que si es un concurso de ver quién ha caído más bajo ella ha ganado, y que quizá le habría dejado la casa, pero que tras eso jamás la tendrá.

Gavin le cuenta a su cliente que acaba de casarse pese a ser el mejor abogado en divorcios, pero que no volverá a cometer el error que cometió con Oliver.

Le aconsejó a este, basándose en un párrafo del Código Civil, que podría convivir en la misma casa que ella durante el proceso del divorcio y Oliver se instala en ella pese a las protestas de ella, montando de hecho toda la familia junto el árbol de Navidad, aunque poco después, y mientras Carolyn hace el amor con su novio en el coche observa que el árbol está ardiendo debido a un cortocircuito que su padre no arregló, avisando a todos, y consiguiendo Oliver apagarlo con el extintor, tras lo cual afirma orgulloso que gracias a que él estaba en casa esta no ardió completa.

En su siguiente reunión le ofrece a Barbara cerca de 500.000 dólares, aunque él se quedará la casa, afirmando que ella ha sacado más de conocerle a él que viceversa.

Como ella se niega al acuerdo dividen la casa en zonas, algunas de ellas comunes, aunque él se muestra feliz por haber conseguido más metros.

Una noche Susan llama a la habitación de Barbara para pedirle una pastilla para dormir para Oliver, negándose ella a dársela.

Oliver decide ir a una farmacia, para lo que saca su coche, y justo en ese momento Kitty, el gato de Barbara, que escapó de su habitación, y al que persigue el perro, pasa tras el coche y es atropellado.

A la mañana siguiente ella sale buscando su gato, al que busca todo el día, yendo finalmente hasta la sauna, donde está Oliver, al que le pregunta por su gato, respondiéndole él que ella lo mató por no querer darle la pastilla para dormir.

Ella, indignada clava la puerta de la sauna y le impide salir, mareándose él por el calor, pidiéndole cuando le abre que se vaya, pues la está volviendo loca.

Los socios de Oliver le piden que se tome unas vacaciones, aunque él afirma sentirse en forma, para, una vez en casa, serrar los tacones de los zapatos de Barbara.

Esta visita a Gavin, que le dice que ir allí es poco ético por lo que grabará su conversación, en la que ella le pide que aconseje a Oliver que se vaya, pues no consigue dormir y se despierta llorando, sugiriendo que le pagará, lo que él rechaza.

Ella se le insinúa entonces, aunque él la rechaza, diciendo ella que ya sabe dónde está si cambia de opinión, sacando Gavin tras su marcha aquel cigarrillo que había guardado tantos años.

Aunque conviven, se insultan cada vez que se cruzan en la escalera.

Pronto se despedirán de sus hijos cuando estos salen hacia la universidad, despidiendo también a Susan, a la que ya no necesitan.

Gavin le aconseja vender la casa y repartirse el dinero, ante lo que lo despide.

Barbara celebra una cena con sus clientes, para lo que prepara un magnífico menú, cuando aparece Oliver borracho y con un frac sucio, asegurando ante la concurrencia, y tras tirar un pañuelo sucio en el ponche que irá a la cocina a mearse en el pescado.

Al verlo haciéndolo ella le lanza un cazo saliendo tras ello fuera y lanzando su todoterreno contra el Morgan de él ante los atónitos invitados, acercándose él hasta el coche para evitar que lo arrolle, viendo cómo a pesar de estar junto al coche ella lanza su todoterreno a toda velocidad contra él, esquivándolo en el último momento.

Oliver entra entonces en el coche y trata de arrancarlo, aunque ella vuelve a poner su coche frente al Morgan y le pide que salga del coche, afirmando él que antes tendrá que matarlo, lanzándose ella contra él empujando el coche hasta que este acaba chocando contra un seto, pasando tras ello su todoterreno por encima del coche, que acaba destrozado, tras lo que Oliver asegura que las espadas están en alto.

Decide tras ello quemar algunas de las cosas de él, aunque ella no le da importancia alguna, decidiendo ella romper una vajilla de porcelana de Staffordshire, cogiendo él entonces una palanca y se lanza contra ella, que reacciona rompiendo otra figura, peleándose luego en las escaleras por otra que cogió, acabando por caerse ella por las escaleras, aunque gracias a sus habilidades gimnásticas no se hace mucho daño.

Tras esa noche ella le deja una nota citándolo para esa noche en el comedor, habiendo ella preparado una cena con velas incluidas, llevando él un buen vino.

Ella le dice gracias por el vino, aunque le dice que espera que no esté envenenado, mientras le da un canapé de paté a él que dice, "lo mismo digo".

Durante la velada dicen que se han pasado y que quiere vivir una vida normal, pidiéndole ella de nuevo que se vaya de la casa, afirmando él que, aunque le cueste creerlo, la sigue queriendo y deseando, ante lo que ella responde que lo que le cuesta creer es que ella no le quiera y que si no se va de esa casa no sabe hasta dónde puede llegar, afirmando él que una persona que hace un paté como el que está comiendo no puede ser mala, diciendo ella que eso depende de qué esté hecho el paté, dándole a entender que se está comiendo a Benny.

Furioso, Oliver se lanza hacia ella sin saber que el perro está fuera, cayendo por las escaleras.

Decide tapiar su zona de la casa y clavar todas las entradas para que no pueda huir sin saber que ella lo vigila desde el desván, tratando de hacer que caiga sobre él la enorme lámpara del recibidor.

Cuando la oye sube al desván donde decenas de cepos para ratones saltan sobre él, tratando ella de huir, aunque él consigue atraparla e inmovilizarla, comenzando tras ello a besarla mientras trata de convencerla de que ambos necesitan acostarse.

Ella comienza entonces a seguirle el juego, dejando él que le baje los pantalones, aunque cuando cree que le va a hacer una felación ella le muerde, empujándolo tras ello hasta hacerlo caer por el hueco de entrada al desván.

Llega entonces Susan a la casa, que no puede abrir pese a tener llaves, no pudiendo entrar tampoco por la ventana, por lo que trepa hasta entrar por otra superior, viendo la casa destrozada, estando a punto de recibir el impacto de algo lanzado por Olver que la confundió con Barbara.

Poco después Oliver debe desclavar la puerta para dejarla salir.

Él le dice que tiene una sorpresa, mostrándole la figurita que ella adquirió el día que se conocieron y le dice que si dice que la figurita es suya le cede todo lo demás que hay en la casa, afirmando entonces ella que es suyo, ante lo que Oliver la rompe con rabia.

Ella se enfada y lo llama bestia rompiendo a llorar, cooriendo él hacia ella para ver cómo está, cogiendo entonces ella la palanca con la que intenta golpearlo a él, perdiendo el equilibrio y acabando colgada de la lámpara.

Él le dice entonces que la ayudará a bajar a cambio de la casa, diciendo ella que no, pese a lo cual él insiste en ayudarla, acabando también él colgado.

Él decide balancearla hasta llegar a la escalera, confesándole ella que la aflojó para lanzársela encima.

Avisado por Susan, llega Gavin.

Él le confiesa entonces que pese a todo siempre lo ha querido. Y ella le dice lo sabe, aunque no le contesta cuando le pregunta si también ella lo ha querido.

Oyen entonces a Gavin, al que le piden que lleve una escalera, aunque mientras lo esperan la lámpara comienza a ceder hasta quedar suspendida de dos hilos, que poco después cederán también, cayendo la lámpara al vacío con ellos.

Cuando finalmente llegan Gavin y Susan con la escalera es ya demasiado tarde.

Oliver, que aun vive, posa su mano sobre el hombro de ella, que también viva, y en un último gesto coge la mano de él para apartarla.

Así los encuentran, ya muertos, Gavin y Susan.

Gavin se pregunta por la moraleja y él dice que divorcio civilizado es una expresión contradictoria y que él se ha vuelto tradicional.

Le aconseja a su cliente que sea generoso con su mujer para pasar el trago lo antes posible para poder rehacer su vida, o tratar de volver a reconciliarse con su mujer.

Él por su parte llama a la suya para decirle que ya va a casa y recordarle lo mucho que la quiere.

Calificación: 3