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La mula

España (2012) *

Duración: 90 min.

Música: Óscar Navarro

Fotografía: Ashley Rowe

Guión: Mihael Radford, Juan Eslava Galán (N.: Juan Eslava Galán)

Dirección: Michael Radford

Intérpretes: Mario Casas (Juan Castro), María Valverde (Conchi), Secun de la Rosa (el Chato), Chiqui Maya (Antonio), Mingo Ruano (Amor), Ignacio Mateos (Jesús), Tavi García (Cárdenas), Eduardo Velasco (Barrionuevo), Pepa Rus (Pepi), Jesús Carroza (Churri), Luis Callejo (Troitiño), Daniel Grao (Cosme).

Un día Juan Castro, cabo acemilero del ejército nacional encuentra, mientras recoge setas para el teniente coronel de su compañía, en el frente de Peñarroya, una mula extraviada del ejército enemigo, y aprovechándose de su cargo la esconde entre el resto de las mulas de la compañía con la intención de quedársela al final de la guerra.

Juan, aunque es de Jaén y le correspondía estar en el ejército republicano se pasó al bando nacional, pues tanto él como su padre trabajaban las tierras de un marqués y él nunca se planteó otra forma de vida, estando resentido además por el hecho de que los republicanos detuvieran a su padre por tratar de oponerse a la toma de las tierras de su patrón.

Él será el encargado de enseñarle al alférez Zamora alagunas cosas básicas, y como le ayuda a refugiarse durante un bombardeo, le presta su uniforme para que acuda con él al baile de esa noche, donde ve a una muchacha, Conchi, de la que se queda de inmediato prendado, viendo en la buena calidad de su traje la madre de esta a un joven de buena posición, por lo que no le impide a su hija que tontee con él.

A partir de ese momento mantendrán una relación epistolar con ella, haciéndole llegar por su amigo desde la infancia y compañero de trincheras, el Chato unos pendientes comprados a un moro, un bonito detalle que Conchi y su madre valoran pese a que esta descubre restos de sangre en ellos, señal de que le fueron arrancados por las tropas moras a alguna mujer republicana.

El lugar donde compró los pendientes es un sitio en tierra de nadie donde republicanos y nacionales intercambian mercancías, pues unos tienen tabaco y los otros, papel de fumar, y donde se conceden una tregua.

Allí Juan vuelve a encontrarse con Benito, su mejor amigo, y novio de su hermana, el cual optó a la llegada de la república por librarse de las ataduras de los señoritos, y el cual trató de convencer, sin conseguirlo, a Juan para que hiciera lo mismo.

Benito le cuenta cómo están las cosas en el territorio del otro bando, y le habla de su hermana y le confirma que su padre continúa preso.

Juan le habla de Valentina, nombre que le puso a su mula. Le dice que cuando acabe la guerra tendrán ya algo de su propiedad y podrán tener juntos un futuro mejor.

Entretanto Juan estrecha su amistado con Zamora, el cual se da a la bebida y le confiesa su admiración por haber sido capaz de cambiarse de bando, pues eso es lo que a él le gustaría hacer, ya que su ideología es la de la izquierda y la libertad.

La madre de Conchi está contenta con Juan, pero trata de investigar si de verdad proviene de una buena familia, tal como presumió con su hija durante el baile y según hace ver su ropa, enterándose enseguida de su humilde concepción.

Conchi le escribe entonces una carga de desengaño en la que, indignada por la mentira decide romper su relación con él e informándole de su deseo de hacerse monja.

La llegada al frente del obispo castrense con la idea de bendecir a las tropas poco antes de entrar en combate, hace que traten de prepararle el mejor recibimiento, siendo elegida Valentina como montura para tan ilustre personaje, que, subido a la misma irá bendiciendo las armas y las tropas.

Todo transcurre perfectamente hasta que, asustada por el movimiento del hisopo Valentina sale corriendo con el obispo sobre ella.

Los republicanos que estaban al acecho esperando atacar aprovechan el incidente para comenzar su ofensiva.

Juan, obsesionado con no perder su mula corre tras ella atravesando las líneas enemigas, volviendo a encontrarse allí con Benito, ahora a bordo de un carro de combate.

Recuperada su mula, y de vuelta al cuartel es sorprendido por un grupo de nueve republicanos armados, los cuales deseosos de desertar, se entregan al cabo republicano pese a que este ni siquiera iba armado.

El suceso, que habría pasado sin pena ni gloria, llega a oídos de un periodista del ABC de Sevilla, que deseoso de poder contar una buena historia, reinventa la realidad haciendo que Juan parezca un héroe, cuya gesta ilustra el periódico, haciendo que se le conceda al muchacho una medalla, que le impondrá el mismísimo Franco.

La noticia se propaga de inmediato, y Conchi correrá a despedirse de él justo antes de su viaje, habiéndose olvidado de su ruptura y dispuesta a ser la novia de un héroe.

Franco no le impresionó debido a su altura y al tono de su voz, pero entre sus compañeros hay una gran expectación por ver su medalla.

La guerra va tocando a su fin y su medalla parece abrirle las puertas a su permanencia en el ejército, teniendo muchas probabilidades de realizar una gran carrera en el mismo, moviendo la madre de Conchi sus contactos para ello, aunque él lo que más desea es ser libre de nuevo, por lo que las rechaza una tras otra.

La guerra finalmente acaba para alegría de todos, menos de Juan, que ve cómo Conchi le dice que la vida que le ofrece le parece en absoluto atractiva, por lo que prefiere cortar su relación.

Y no solo perderá a la mujer amada, sino que se queda además sin Valentina cuando el oficial encargado de intendencia la incluye entre las demás mulas de la compañía, siendo destinada a Canarias.

Las tropas inician la retirada de sus posiciones, siendo testigos durante la misma de la cruel actuación de las tropas moras que van acabando con los prisioneros.

Y de pronto comprobará cómo entre los represaliados se encuentra Benito, al que Juan encuentra agonizando, decidiendo llevarlo a un hospital, aunque el sargento al mando del grupo no solo se niega a hacerlo, sino que dispara a Benito acabando con él para terminar con la desobediencia de su subordinado.

La llegada del teniente coronel evita que el conflicto llegue más lejos permitiendo a Juan que entierre al que iba a ser su cuñado.

Finalmente Juan debe resignarse a perder su mula, aunque le consuela que al menos ella podrá conocer el mar y no tendrá que trabajar para el marqués, que piensa que estará decidido a desquitarse de lo que le hicieron los rojos haciéndoles trabajar más por menos.

A punto de llegar a su pueblo con el Chato, se da cuenta de que, después de tantos sufrimientos llegan igual que se fueron. Ganaron la guerra, pero nada cambió para ellos, aunque, al menos - tal y como le recuerda el Chato -, él tiene la medalla.

Pero esta era por algo falso y Juan decide arrojarla a un pozo, librándose de esa mentira y volviendo como su amigo, pues no hizo más que este.

Calificación: 3