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La novia
La novia

España / Alemania (2015) *

Duración: 96 min.

Música: Shigeru Umebayashi

Fotografía: Miguel Amoedo

Guión: Paula Ortiz y Javier García Arredondo (Basada "Bodas de sangre", de Federico García Lorca)

Dirección: Paula Ortiz

Intérpretes: Inma Cuesta (Novia), Asier Etxeandía (Novio), Álex García (Leonardo), Luisa Gavasa (Madre del Novio), Carlos Álvarez-Novoa (Padre de la Novia), Leticia Dolera (Marina), Consuelo Trujillo (Criada de la Novia), Ana Fernández (Vecina de la Madre), María Alfonsa Rosso (Mendiga), Manuela Vellés (Muchacha).

Una mujer con un vestido blanco ensangrentado permanece en el barro con la cara tapada por un pañuelo que se quita antes de levantarse.

Cuatro personas la esperan. Una mujer que canturrea sentada en una silla junto a su vecina que trata de calmarla, ante lo que la primera le pregunta si le parece que está loca, diciéndole que lo está por no haber gritado todo lo que su pecho necesita.

Cerca de ellas, también sentado y expectante está el padre de la chica, y de pie, la criada la mujer que anuncia que ya viene, levantándose todos al ver que esta se acerca, señalando la mujer que canturreaba la Suegra de la muchacha que tiene que contenerse para no acabar con ella, a lo que la nuera le replica que ha ido allí para que la maten pues se fue con el otro hombre, aunque le asegura que ella también se hubiera ido pues su hijo era un poquito de agua del que ella esperaba hijos, tierra y salud, pero el otro era un río oscuro lleno de ramas que acercaba a ella el rumor de los juncos y su canto. Que su hijo era su vida y ella lo quería, pero el abrazo del otro la arrastró como un golpe de mar y la hubiera arrastrado siempre.

Años antes la chica, entonces una adolescente camina descalza por el bosque, donde encuentra un pedazo de vidrio.

Poco después el que años después sería su novio la observa a ella y a un joven Leonardo escondidos entre los juncos, viendo cómo este le entrega un trozo de vidrio.

Luego juegan los tres, y aunque están juntos ella a quien mira es a Leonardo mientras se dan la mano.

Ya de mayor, la chica se despierta y se da un baño sin ser consciente de que mientras lo hace la está observando su novio, que la oye cantar y que se acerca finalmente a ella mientras se viste, para abrazarla.

Mientras tanto un jinete - Leonardo - se acerca hasta la casa de la chica y la escucha cantar, aunque antes de llegar hasta allí se da la vuelta y se marcha mientras en la casa la Novia baja la escalera perseguida por su novio hasta que se topan con la criada, que le muestra los manteles bordados que llegaron, debiendo él ir a buscar a su madre.

El jinete llega a su casa donde Marina, su mujer está con el bebé, quejándose de que a su caballo se le caen siempre las herraduras, preguntando ella si no será que lo usa mucho, diciendo él que apenas lo hace.

Pero ella le dice que le contaron las vecinas que lo vieron el día anterior al límite de los Llanos, señalando él que estuvo con los medidores del trigo.

Aparece su madre preguntando quién da esas carreras al caballo, que está con los ojos desorbitados, señalando Leonardo que él, diciéndole la madre que es suyo y puede hacer lo que desee con él como hombre que es.

Marina le cuenta que esa tarde es la pedida de mano de su prima.

La Novia baja al taller de vidrio de su padre, el cual le pregunta si está contenta y cuando se queda sola una vieja mendiga la felicita por su boda, preguntándole si no es feliz, tras lo cual le dice que le lleva un regalo y un consejo, entregándole dos cuchillos de vidrio, cuchillos que apenas caben en la mano, pero que penetran fríos entre las carnes, preguntándole la Novia quién es y qué hace allí, diciéndole que no se case si no lo ama, decidiendo la Novia echarla de su casa.

Recuerda de nuevo aquellos momentos de su adolescencia cuando, al regresar de divertirse con sus dos amigos, cogidos los tres de la mano, fueron testigos de la muerte del padre y del hermano del Novio a manos del padre de Leonardo.

Entretanto la madre del Novio habla con una vecina que le dice que quizá sus hijos estén mejor "dormidos", aunque ella le dice que está cada día peor, contándole que cuando mataron a su hijo empapó sus manos en su sangre y luego se las lamió porque era sangre suya, aunque la vecina le recuerda que a ella todavía le queda uno.

Llega entonces su hijo a recogerla, y mientras lo prepara todo su madre le pregunta a la vecina si conoce a la novia, respondiéndole la vecina que es una buena chica que vive sola con su padre allí lejos acostumbrada a la soledad, contándole que la madre de la muchacha era hermosa aunque nunca le gustó porque no quería a su marido.

La madre sabe que la chica tuvo ya un novio, diciéndole su vecina que fue cuando tenía solo 15 años y él ya lleva dos años casado con una prima de ella, contándole que el novio fue Leonardo, el de los Félix.

Esto último lo escucha su hijo que le dice a su madre que ella sabe que su novia es buena, respondiendo ella que lo sabe, y sabe que es trabajadora, pero que cada vez que la nombran siente como si le dieran una pedrada en la cabeza.

La vecina se despide pidiéndole a la madre que no se oponga a la felicidad de su hijo.

Este le dice a su madre que sabe que querrá a su novia, diciendo ella que todo es porque se queda sola, pues primero perdió a su padre, que le duró solo 3 años, luego su hermano y ahora se va él, aunque espera que le alegre la vida llevándole muchos nietos.

Leonardo observa desde su caballo cómo su antiguo amigo va con su madre a casa de la novia, donde llegan en la moto con sidecar tras cuatro horas de viaje y donde son recibidos por el padre de la novia con el que brindan, lamentando este que estén tan alejadas las viñas del novio de las tierras de la novia.

Acordado el matrimonio entre los padres, baja la novia a la que la madre del novio examina y da su visto bueno, asegurando la muchacha que cumplirá, tras lo cual le dan los regalos.

Luego, ya a solas, el novio le entrega unos pendientes de azófar muy antiguos que le entregó su madre y que ella se coloca y le dice que está deseando no tener que separarse de él y estar a solas con él, asegurando él que la abrazará durante 40 años seguidos, aunque mientras se abrazan ella ve a Leonardo cabalgando.

Mientras terminan de preparar su ajuar ella mira la luna llena quejándose de que no refresca ni al amanecer en esas fechas.

Se prueba la ropa interior que llevará el día de la boda, observando sus amigas que no parece del todo feliz, quitándose de hecho la ropa una vez en su habitación donde llora, volviendo a ver en el espejo a la mendiga que se le apareció antes mientras fuera estalla una fuerte tormenta.

Finalmente se celebra la boda entre la alegría de todos, hasta que al salir la madre del novio ve a Leonardo, que está allí con su mujer y su hijo, preguntándose qué hace allí, a lo que el padre de la novia le responde que es de la familia, diciéndole que es momento de olvidar, señalando ella que se aguanta, pero no perdona, recordándole su vecina que Leonardo no tiene culpa de nada.

Todos felicitan a los novios, fijándose entonces la novia en Leonardo, por lo que su expresión es de seriedad en la foto de los novios y familiares.

El propio novio abraza a Leonardo y le da las gracias, dirigiéndose este tras ello a la novia a la que le da la enhorabuena, preguntando ella a qué fue, respondiendo él que a ver su casamiento, recordando ella que también vio el suyo, diciéndole él que amarrado por ella, a lo que ella le dice que eso es mentira.

La criada se interpone entre ellos para evitar maledicencias, advirtiéndoles que esa charla no puede seguir, aunque él insiste en querer hablar con ella, que parece reacia aunque se oculta tras una tapia para que los invitados no los vean.

Allí él le pregunta quién ha sido para ella, respondiéndose él mismo que tenía un patrimonio escaso para ella, tras lo que le coge la mano y le dice que cada vez que pensaba de quién era la culpa encontraba una nueva.

Ella le dice que un hombre con su caballo puede mucho para estrechar a una mujer entre sus brazos en medio del desierto, pero que ella tiene orgullo y por eso se ha casado y piensa serle fiel a su marido.

Leonardo le asegura que el orgullo no le servirá de nada mientras estrecha su mano de nuevo, preguntándose de qué le ha servido a él el orgullo, diciéndole que las paredes no tapan.

Ella reconoce que cuando lo oye es como si se bebiera una botella de anís que la arrastra, aunque no llegan a besarse al aparecer la criada buscándoles tras haber preguntado la prima por su marido.

Pero Leonardo dice que les deje pues esa será la última vez que hable con ella, diciéndole que ambos se han casado y ya está todo hecho, antes de volver junto a su mujer a la que le pide que se vaya por el camino en el camión con los demás invitados que él volverá a caballo, asegurando Marina que no sabe lo que pasa, pero ella piensa y no quiere hacerlo, creyendo que ya está despachada, aunque le recuerda que tiene un hijo, y luego para sí asegura que viene otro.

Mientras tanto la criada trata de conseguir que la novia cambie la cara antes de volver con el novio e iniciar el camino de vuelta hasta la casa de ella, donde se hará el banquete, donde preparan los invitados un pasillo con farolillos, entre los que pasan los novios dándoles las gracias.

Con su criada y sus amigas la Novia se prepara para la cena, regalándole sus alfileres, entrando su prima Marina con su bebé a felicitarla.

Algunos juegan con las navajas que la madre del Novio maldice como todas las armas capaces de acabar con la vida de un hombre hermoso que puede ir a una viña y no regresar, debiendo su hijo reprenderla y hacer volver a la realidad, tras lo que baila con ella cuando empiezan a cantar.

Sale tras ello la novia cantando la Tarara, brindando finalmente la madre del novio y el padre de la novia, por ellos, que bailan entre ellos, bailando tras ello con los demás invitados aunque ella no para de mirar a Leonardo que parece estar cerrando un trato con su padre, fijándose también Marina en las miradas que le lanza ella a su marido.

Baila tras ello con su padre que le cuenta que ahora tendrán todas las tierras juntas, pues le compró a Leonardo una tierra que estaba entre las suyas, señalando que este quiere marcharse lejos con su mujer y su hijo.

Ella no parece estar bien y en un golpe de tos ve en su mano sangre y un trozo del cristal, bajando al taller de su padre donde de pronto parecen estallar todos los recipientes de cristal flotando los cristales alrededor de ella, clavándosele uno con forma de cuchillo en la tripa.

Escucha entonces de nuevo la voz de la mendiga que se le apareció antes, que le habla de la luna que deja un cuchillo abandonado en el aire. Tras ello la mendiga le pide que le dejen entrar, porque viene helada y desea calentarse.

Cuando un momento después entra el padre encuentra a la Novia asustada y llorando sola, pidiéndole que salga, pues la gente va a empezar a marcharse.

En una habitación apartada Marina amamanta a su hijo y se acerca Leonardo y le dice ella que no quiere más caras amargas ni más carreras al caballo, preguntándole si se acuerda de su boda.

Poco después los jóvenes vuelven a bailar en un rondo que acaba cada estrofa con un beso de las chicas al chico que está frente a ellas en ese momento.

Cuando acaba el baile, ella sigue sola, viéndose sola frente a Leonardo, que pasa junto a ella y se tocan la mano un segundo, tras lo que ella cae desmayada.

Se despierta en la cama junto con su criada que le dice que esa noche debe estar bien.

Lo mismo trata de inculcarle la madre al novio al que le pide que sea cariñoso con ella aunque la note arisca, pero demostrándole que es un hombre.

Cuando ya un poco borracho el novio sube a buscar a la novia a la habitación, encuentra su vestido, pero no a ella, que ha salido cabalgando en su caballo, por lo que baja y lo cuenta antes su madre, su suegro y el resto de invitados.

El padre se niega a creerlo, pero su consuegra le dice que su hija es planta de mala madre, aunque al ver a su hijo derrotado pregunta quién tiene un caballo, tras lo que coge a su hijo de los pelos y le pide que vaya detrás, aunque enseguida le dice lo contrario, que no vaya, pues esa gente mata pronto y bien, para luego decirle de nuevo que corra.

Este reacciona finalmente y pide a dos amigos que le acompañen mientras la madre les pide a todos que ayuden a su hijo afirmando que ha llegado de nuevo la hora de la sangre.

Se dirige tras ello a Marina a la que le dice que se vaya a su casa, donde le tocará envejecer sola y llorar.

La novia y Leonardo se besan mientras el novio y sus amigos los buscan en sus motos, y mientras su rabia y su desesperación aumenta los amantes hacen el amor apasionadamente en el bosque, donde les sorprende la madrugada desnudos, diciendo ella que volverá sola, pidiéndole a él que se marche, aunque él le dice que la llevará con él, diciendo ella que deberá ser a la fuerza, aunque reconoce que la arrastra hacia él y que no quiere pasar un instante sin él.

En el bosque, el Novio se queda sin gasolina en la moto y llora desconsolado cuando se le aparece a él la mendiga que le dice que no podrán escapar.

Él le pregunta si los vio pasar, respondiendo ella que saliendo de la colina, tras lo que le entrega el cuchillo de cristal, afirmando el Novio que su brazo es el brazo de su hermano y el de su padre.

Entretanto y en su casa Marina parece presentir la tragedia.

Leonardo le dice a ella que la llevará donde no les encuentren los hombres que los cercan y pueda mirarla antes de ser sorprendidos a medio vestir por el Novio, comenzando de inmediato una pelea en la que cada uno de ellos tiene un cuchillo de vidrio, interponiéndose ella para tratar de evitar la tragedia, aunque demasiado tarde, pues los dos pretendientes se clavan mutuamente los cuchillos y caen con ella en medio de ambos como cuando eran casi unos niños, llorando ella con la cara de Leonardo entre sus manos, viendo cómo muere ante ella, que llora amargamente mientras lo abraza con un grito desgarrador que parece escuchar su padre en su casa.

Llora también Marina ante la presentida muerte.

En su casa esperan su padre, su suegra y la vecina de esta cuando llega ella ensangrentada y con los dos hombres muertos sobre el caballo.

Ella se ofrece para que su suegra se vengue, aunque ella asegura que su muerte no le importa.

Empieza a rezar y le dice a su vecina que trata de calmarla que no quiere llantos, pues son solo lágrimas de los ojos y las suyas vendrán cuando estén solas y saldrán de las plantas de sus pies, de sus raíces.

La vecina le pide que vaya con ella a su casa, pero ella dice que no quiere ver a nadie.

La Novia le pide a su suegra que le deje llorar con ella, diciéndole esta que llore, pero en la puerta.

La novia besa el cadáver de Leonardo tras lo que se aleja hacia el desierto.

Calificación: 3