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La odisea de los giles
La odisea de los giles

Argentina / España (2019) *

Duración: 116 min.

Música: Federico Jusid

Fotografía: Rodrigo Pulpeiro

Guion: Sebastián Borensztein y Eduardo Sacheri (Novela: Eduardo Sacheri)

Dirección: Sebastián Borensztein

Intérpretes: Ricardo Darín (Fermín Perlassi), Luis Brandoni (Antonio Fontana), Chino Darín (Rodrigo), Verónica Llinás (Lidia), Daniel Aráoz (Belaúnde), Carlos Belloso (Atanasio Medina), Rita Cortese (Carmen Lorgio), Andrés Parra (Fortunato Manzi), Marco Antonio Caponi (Hernán), Ale Gigena (Eladio Gómez), Guillermo Jacubowicz (José Gómez), Ailín Zaninovich (Florencia), Luciano Cazaux (Alvarado).

Según el diccionario, "gil" es una persona lenta a la que le falta viveza y picardía, aunque termina siendo sinónimo de trabajador, tipo honesto y persona que cumple las normas.

Hasta que un día se hartan de los abusos que sufren y dicen basta y hacen algo que nunca se hubiesen creído ser capaces de hacer.

Fermín, Lidia y Antonio Fontana observan "La Metódica", una fábrica de Alsina, su pueblo, que lleva 10 años abandonada, aunque Fontana no ve claro lo de reabrir un empresa que ya cerró, tratando de convencerlo Fermín y Lidia, su mujer de que pueden crear una cooperativa de pequeños productores que podrán tener allí su almacén para no verse obligado a vender a cualquier precio.

Antonio Fontana llegó al pueblo en el 84 como director del campamento de vialidad, aunque el dinero no llegó y su mujer se hartó y se fue con los niños.

Él se quedó y en los 90 cerraron el campamento y él puso un taller.

Fontana no ve el asunto, pues no saben cómo administrar un almacén, pero Lidia está entusiasmada y le dice que aprenderán y pueden darle trabajo a 20 o 30 personas y que peor no le puede ir y se pregunta qué más les puede pasar.

Argentina. Agosto de 2001

Un día, Fontana llegó con Rolo Belaúnde, el mejor mecánico del pueblo y que era el encargado de la estación, aunque el tren ya no paraba en el pueblo y que era un solterón empedernido y peronista acérrimo.

Fermín será el encargado de hablar con Deluca, el dueño del almacén, porque le admiraba, pues Fermín Perlassi fue futbolista y jugó en primera en dos clubes pequeños de Buenos Aires y marcó a Chacarita en su campo, por eso en Alsina le hicieron una estatua, ahora ya dejada y sin brillo.

Deluca, hijo del antiguo dueño les venderá la fábrica por 300.000 dólares, aunque tras conseguir que Fermín le cuente lo de su gol, consigue que les rebaje 30.000 dólares.

Fueron luego a tratar de convencer a la gente del pueblo para que tratara de formar parte de la cooperativa, como los hermanos Eladio y José Gómez, que eran honestos y trabajadores aunque poco espabilados. Habían trabajado en la metalurgia de Villagrán, y cuando cerró, intentaron montar una industria ganadera con dos cerdos, pero no se les daba bien y se comieron la mitad de su negocio, y que aportan los 12.000 dólares que les quedaban de las indemnizaciones.

Hablaron también con el Turco Safa que puso 11.000. La señora de Llanos, que tenía un vivero, 2.500, Cacheuta, dueño de la mercería, 3.000, Belaúnde 6.000, Fontana, 7.000, y Lidia y él 15.000.

Visitan a Medina, al que el ayuntamiento le dio dinero por mudarse, pues vive tan cerca del agua del lago que se le inunda y los bomberos deben ir a menudo a rescatarlo, aunque no se marchó. Se compró un utilitario de ocasión, juguetes, colchones y otras cosas, por lo que le quedaban 2.153 dólares con los que se apunta.

Fermín fue a hablar tras ello con la mayor empresaria de Alsina, Carmen Lorgio, que le habla de su hijo, pues está preocupada ya que desde que murió su padre le faltan ejemplos y ella no sabe cómo educarlo y se me te en todo tipo de líos y por eso le gustaría que trabajara con ellos, poniendo ella a cambio 100.000 dólares.

Decidieron que fuera la propia Carmen la que negociara con Deluca y consiguió cerrar en 250.000 dólares.

Con el dinero que ya tenían recaudado se fueron a Villagrán, la ciudad más importante de la zona para guardarlas en una caja de seguridad del banco, muy satisfechos.

Les llaman unos días después para estudiar la posibilidad de darles un crédito.

Alvarado, el gerente del banco, les dice a Perlassi y a Lidia que no cumplen los requisitos para obtener el crédito, aunque les propone una solución: meter el dinero de la caja de seguridad en su cuenta para que vean que es una persona con recursos y pide solo el 60% del dinero depositado.

Fermín señala que debe consultar con el resto de los cooperativistas, aunque Alvarado les dice que deben decidirse de inmediato, pues esa tarde en la central cierran el balance de créditos para ese año y si no entra ya, tendrán que esperar meses, pero si lo deposita, él llamará esa tarde a la central y el lunes tendrán el crédito aprobado.

Confían en Alvarado, que siempre fue su banquero, saliendo con el justificante del depósito, topándose en la puerta con un hombre con una cartera, que entra.

Un día después

Al día siguiente Fermín está regando cuando lo llama Lidia para que vea en la televisión el anuncio del llamado corralito, por lo que solo podrían sacar 250 pesos por semana.

Al escucharlo, Fermín se desmaya.

Habla con Fontana y le dice que teme que le culpen a él, pues ni siquiera llegó a contar lo sucedido, por lo que todos creen que el dinero sigue en la caja de seguridad, indicándole Fontana que se encargará él de hablar con la gente.

Decide ir al banco para hablar de su problema.

El Turco es el primero que aparece, recordando que el dinero se lo dio a él y se pone violento, ante lo que Lidia sale con un arma y le dice que hundieron a todo el país y él opta por pegarle a su marido y le recuerda que ellos pusieron también todos sus ahorros para tratar de evitar que el pueblo desaparezca.

En Villagrán ven cómo la gente se arremolinarse indignada, a la puerta del banco.

Unos días después pasó algo inesperado.

Les llamó Belaunde, estando con él y con Fontana, en el taller, Fernando, el empleado del banco que hizo el ingreso del dinero y es hijo de una prima de Belaunde.

Este les cuenta que Alvarado, el gerente del banco dejó pasar a Manzi nada más marcharse ellos, contándoles que Manzi es un abogado amigo del intendente.

Les cuenta que Alvarado le consiguió un crédito en pesos a Manzi, y convirtió ese crédito a dólares y se llevó todos los dólares que había en el banco, lo suyos y otros muchos.

Los Perlassi tratan de hablar con Alvarado, pero este sale corriendo del trabajo y les dice que todo se arreglará, y aunque él le pregunta cuánto le dio Manzi, acusándolo de saber lo que se avecinaba, viendo cómo el gerente se marcha a toda velocidad.

Mientras regresan a Alsina, Fermín piensa en que les robaron todo y destruyeron su sueño sin saber qué hacer, cuando de pronto ve cómo un coche comienza a adelantar y lo ve frente a él, que debe dar un volantazo para acabar volcando.

Rodrigo, hijo de Fermín y Lidia llega al hospital, donde encuentran a su padre lleno de tubos y en muy mal estado. Dándole el pésame Fontana y Belaúnde por su madre.

Cuando Fermín salió del hospital el país estaba destrozado. Era febrero y entretanto habían pasado cinco presidentes.

Rodrigo dejó la facultad y se quedó allí. Para superar su dolor necesitaban estar juntos.

Carmen, que estaba mejor que los demás pudo resistir, y aunque no los necesitaba, les dio trabajo a los hermanos Gómez.

Ese verano además no paro de llover, para desgracia de los Medina, que tuvieron que ser rescatados de nuevo.

Fontana siguió con su taller, pues con crisis o sin ella los neumáticos se pinchan y estaba seguro de que tarde o temprano Alvarado o Manzi pasarían por su taller y tenía preparada una barra de hierro.

Un año después

Un día Belaunde y Fontana van a la estación de servicio de Perlassi para contarle algo de lo que se enteraron gracias a Alicia, la mujer de José Gómez, enfermera en Villagrán.

Un día internaron a un tal Saldaña, con el que ella hablaba a veces, viendo un día, que estaba visitándolo un tipo, al que echó al saber que no era familiar.

Saldaña le contó que ese hombre, un tal Manzi, le daba trabajo, y, al tirarle de la lengua le explicó que el último trabajo que había hecho para él era en un campo de aquel en que hizo un agujero de tres metros por tres y por dos de profundidad, donde estaría la sala de máquinas del filtro de la piscina de la quinta que iba a construir, algo que consideran ridículo, por lo que creen que lo que está construyendo es una bóveda donde esconder su dinero.

Antonio se siente defraudado al ver la pasividad de Fermín, pues él se puso casi eufórico al saber la noticia y dice que ya le aguantaron el duelo, pero que no puede pensar que es el único que perdió a alguien en la vida, por lo que se marcha enfadado.

Cuando se quedan solos, Rodrigo le pregunta qué habría dicho su madre si en vez de morir ella le hubiera ocurrido a él, decidiendo tras escucharlo ir al taller de Fontana para decirle que está de acuerdo en que deben hacer algo.

Se reunieron todos menos Safa para la reunión destinada a tratar de recuperar lo que les pertenecía, invitándolos Fermín a abandonar si alguno se ve sin fuerzas.

Exponen el asunto e indican que si es cierta su suposición y consiguen hacerse con el botín, se llevarán solo su dinero, aunque Carmen indica que, si se da el caso, tendrán que actuar con rapidez y no pueden pararse a contar, por lo que se llevarán todo y donarán lo que no es suyo a una entidad de beneficencia, ya que el dinero no es de Manzi, pues es un delincuente.

Rodrigo se presenta en el despacho de Manzi, como enviado del vivero para cuidar las plantas, diciéndole Manzi que él no contrató a nadie, aunque Florencia, la secretaria, dice que se encarga ella, ante la que se presenta como Miguel y a la que le asegura que no les cobrará nada, tal como dijeron por teléfono.Es para que prueben el servicio para ver si les gusta.

Entretanto su padre y sus colaboradores van hasta el terreno de Manzi, rodeado de vacas, para despistar, y en el que se cuelan, hasta llegar al lugar donde está la bóveda, rodeada por una alambrada que Fermín cruza, para ver un portón de acero.

En ese momento Manzi recibe en su teléfono un aviso de alarma y sale corriendo hacia su finca, llamando Rodrigo para avisarlos mientras Manzi avanza como un loco, por lo que deben salir de la finca a toda prisa hacia el coche, debiendo regresar los Gómez a recoger la bolsa con las herramientas que se dejaron, llegando justo a tiempo para evitar que Manzi les vea, llegando Manzi, a toda velocidad a su bóveda, que abre, para comprobar que todo está correcto y que nada se movió allí.

Entretanto Rodrigo trata de atender las plantas aunque nada sabe del asunto, no sabiendo atender adecuadamente las preguntas de Florencia.

Vuelven a reunirse todos los cooperativistas, que deben reconocer que no llegaron a ninguna conclusión. Ni saben el tiempo que tardó Manzi en llegar, ni cómo se abre la puerta de la bóveda, hecha de acero macizo, indicando Hernán, el hijo de Carmen que deben buscar entre los papeles de Manzi la factura de la alarma, pues si saben de qué alarma se trata tendrán más posibilidades de desactivarla.

Otro día, mientras Rodrigo atiende las plantas ve que Manzi va al funeral de Alvarado y su familia, muertos debido a un escape de gas, contándole Florencia que también a su familia les afectó el corralito y ella no pudo ir a estudiar a la Plata como tenía previsto.

En un momento en que ella va al baño, él consigue ver la factura y el modelo.

Fermín se siente impactado por la noticia de la muerte de Alvarado, sobre todo por la mujer, que no tenía culpa.

Acuden Fermín y Hernán a Seoane, la empresa que instaló la alarma, que les explica las características de esta, con sensores infrarrojos de movimiento, sensores de presión, efecto mina y la necesidad de desactivarla antes de 120 segundos, indicándoles que cuando salta, envía una alerta al teléfono que digan.

Les indica que se alimenta con electricidad y, si esta se corta, con una batería con autonomía de 48 horas, y si la batería se descarga por debajo del 50% se dispara.

Entretanto Rodrigo va a ver a Florencia con una planta que destrozó y que tuvo que reponer la dueña del vivero y la invita a salir, aunque ella le dice que tiene novio.

Llegados a ese punto, ninguno sabe cómo actuar, hasta que un día recuerda la película "Cómo robar un millón" y les explica a todos que deben conseguir como en aquella película, que el propio Manzi desconecte la alarma, harto de escucharla, ya que le volverán loco haciéndola sonar una y otra vez, debiendo luego, cuando lo haga, provocar ellos un apagón general para que Manzi no lo asocie con la bóveda.

Se acercan a inspeccionar la zona para ver de dónde llega la electricidad que alimenta la bóveda, examinando cada poste, aunque para que no sospeche no pueden hacerlo en este, aportando Hernán, el hijo de Carmen un detector de metales con el que pueden seguir el recorrido de la línea y hacer un plano, buscando un lugar que crean seguro.

Fontana lamenta que si les sale bien Manzi no llegue a saber que se trata de un acto de justicia, sino de otro ladrón como él, aunque Fermín no cree que sea consciente de lo mala persona que es.

Estudian tras ello los transformadores para ver cuál es el que lleva la electricidad al pueblo, pero tienen un gran voltaje, por lo que es difícil cortarlo.

24 horas después

El coche de Manzi avanza a toda velocidad hacia su bóveda, por segunda vez, observándolo con unos prismáticos Fontana y Fermín, que ven cómo llega Seoane, el que le colocó la alarma, que no ve problema alguno en la alarma, viendo que tampoco hubo cortes de electricidad, no observando que falle nada.

Pero Manzi le dice que es el único que conoce la existencia de la alarma, y lo amenaza con la pistola, ante lo que Seoane le propone revisar toda la instalación gratuitamente.

Manzi, alocado, dispara al aire y pide perdón a Seoane, diciéndole que está padeciendo muchos nervios, para asombro de Fermín y Fontana.

Acuden a revisar la bajada en el poste, aunque no encuentran problema alguno, planteando Seoane que debe ser un problema con las bajadas y subidas de tensión, que hacen que el sensor de carga de la batería, que se resetea y hace saltar la alarma, por lo que le plantean llevarse el tablero a Buenos Aires para que lo vea un técnico, pero le dejaría dos semanas sin alarma, algo que ve impensable Manzi, indicándole que la otra opción sería apagar la batería.

Pese a ver que es peligroso y que está armado, deciden seguir, volviéndolo loco, repitiéndose los avisos de la alarma constantemente, incluso en medio de reuniones o despertándolo por la noche, yendo incluso en pijama, hasta que, después de muchos viajes, decide cortar la batería, tal como le aconsejó Seoane.

Fontana los lleva a él y a Rolo al antiguo campamento de vialidad, y les muestra una grúa y varias cajas de dinamita de cuando todo seguía funcionando.

Florencia interroga a Rodrigo, pues se dio cuenta de que desde que él llegó, su jefe no para de salir corriendo y no sabe nada de plantas, amenazando con decírselo todo a su jefe, que sale corriendo nuevamente, llamando él esta vez, delante de ella.

Le cuenta que Manzi estaba compinchado con Alvarado que, sabiendo lo que iba a ocurrir le dio un crédito con los dólares que había en el banco. Cientos de dólares, y entre ellos los de sus dos familias, y que ellos quieren recuperar, aunque ella le dice que no quiere saber nada.

Él le cuenta que lo perdieron todo, incluso a su madre en un accidente por culpa de ellos y quiere que salga adelante la cooperativa porque era el sueño de su madre y le confiesa que no se llama Miguel, sino Rodrigo.

Ese día, Manzi, camino a su bóveda ve que hay unos operarios junto a un poste de electricidad, informándole Fontana de que están reparando un transformador que falló.

Gracias a ello, ellos ya saben que desconectó la batería.

El grupo se reúne de nuevo y Rodrigo les cuenta lo que le pasó con Florencia, decidiendo Fermín que deben dejar el plan, pues perdió a su mujer y no quiere perder a su hijo, pese a que este cree que Florencia no contará nada.

Se anuncia la llegada de una tormenta para unos días más tarde, llegando el resto de sus compañeros decididos a llevar a cabo su plan, pese a que Fermín está convencido de que Manzi habrá vaciado la bóveda y que Rodrigo debería seguir en La Plata estudiando, pese a lo cual Rodrigo se desmarca y decide unirse a los demás.

Manzi está esa noche en una boda como invitado, acompañado por una joven.

Del campamento de vialidad se llevan todos los explosivos para evitar que quede alguna prueba, y la grúa, observando que llega en ese momento Fermín.

Belaúnde y Mendoza deben encargarse del transformador y comunicarlo por teléfono, o, si este falla, con una bengala, por lo que, cuando Fontana, que llevaba la grúa dice que lo suyo está ya listo, ellos se preparan para provocar una pequeña explosión, valiéndose de un coche teledirigido, pero este se desvía y no explota donde debía, decidiendo Rolo que no pueden perder esa oportunidad, por lo que hace que el coche, cargado de explosivos avance solo hacia los transformadores.

Fermín y los demás, que esperan nerviosos su señal, ven que esta llega en forma de una tremenda explosión que hace que se vaya la luz en todo el pueblo, incluida la fiesta en que está Manzi, que estaba en ese momento bailando la conga, y al que le suena el teléfono con el aviso de la alarma, aunque piensan que debió ser por un rayo, por lo que, aunque inquieto, no hace nada.

En la finca piensan que algo salió mal, pero deciden seguir.

Manzi llama a un conocido que le dice que no fue un rayo, sino una voladura provocada, estando toda la subestación destruida, por lo que sale hacia la bóveda.

Entretanto consiguen con el soplete abrir la trampilla y entrar, vaciando decenas de cajas de plástico, llenas de dólares, en dos bolsas de plástico, tras lo que prenden fuego al resto de papeles que quedan.

Cuando se preparan para marcharse ven que se acerca Manzi, aunque la fuerte lluvia no le deja ver bien, no pudiendo por ello ver la zanja que abrió Manzi en el camino con la grúa, y en la que acaba atrapado y sin poder avanzar.

Sale del coche y comienza a disparar, aunque sin consecuencias.

Se reúnen con Belaúnde y con Medina, a los que abrazan felices al observar que siguen vivos, tras lo que se separan, llevándose los Perlassi una de las bolsas de dinero y Hernán la otra.

Cuando Manzi llega a su zulo ve cómo de este solo sale fuego y llora desesperado mientras se revuelca en el barro.

Al día siguiente hablan con Carmen que les pregunta cuánto se llevó su hijo, calculando ellos que alrededor de dos millones de dólares, y, aunque Fermín trata de consolarla y le dice que a lo mejor se lo piensa bien y regresa, ella asegura que no lo hará.

En efecto, Hernán no volvió nunca.

La Metódica reabrió sus puertas el 14/09/2003, el día del cumpleaños de Lidia, y dio trabajo a 57 personas.

Todo lo que sobró lo donaron como habían decidido.

Fermín recuerda que les cambió la vida a todos, pues Rodrigo acabó con Florencia, dedicándose él a cuidar a su nieta.

Señala que el diccionario no dice que los giles aprenden a levantarse una y otra vez y a no bajar los brazos nunca.

Algún tiempo después apareció por el taller de Fontana Manzi para cambiar una rueda. Él le ofreció un mate habiéndose pasado antes la bombilla por sus partes.

Calificación: 3
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