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La punta del iceberg

La punta del iceberg

España (2015) *

Duración: 91 min.

Música: Antonio Hernández Ruiz

Fotografía: Juan Carlos Gómez

Guión: David Cánovas, José Amaro Carrillo, Alberto García Martín (Obra: Antonio Tabares.

Dirección: David Cánovas

Intérpretes: Maribel Verdú (Sofía Cuevas), Carmelo Gómez (Alejandro García), Fernando Cayo (Carlos Fresno), Bárbara Goenaga (Gabriela Benassar), Carlo D'Ursi (Enzo Martelli), Juan Fernández (Ángel Torres), Ginés García Millán (Marcelo Miralles), Jesús Castejón (Carmelo Luis), Álex García (Jaime Salas), Nieve de Medina (Susana Vergés), Zoe Berriatúa (Eduardo Rus), Fermín Fernández (Andrés Miró).

Marcelo Miralles se reúne con dos trabajadores de su equipo, preguntándole uno de ellos qué harán, respondiéndoles Marcelo que cumplir los plazos, diciéndole sus colaboradores que eso es imposible.

Tras la reunión llama a Ana, su mujer para decirle que no le espere para comer ni para cenar y se despide diciéndole que la quiere.

Unos segundos después, un grupo de personas corre hacia un coche cuya alarma suena insistentemente, viendo que sobre el mismo se ha precipitado desde la ventana de su despacho Marcelo.

Una ejecutiva de la misma empresa, Sofía Cuevas abronca a un empleado por haber recibido una llamada desde París para decirle que no han recibido los diseños.

Se reúne tras ello con Enzo Martelli, su jefe inmediato, viendo antes de entrar a su despacho en otro contiguo a una mujer, preguntándole a la secretaria por qué está allí Susana, respondiéndole ella que está allí porque la empresa está tratando de llegar a un acuerdo con ella para evitar ir a juicio.

Una vez con su jefe, este le dice que al día siguiente volverá a Tecnocentro, su antigua sede, para investigar el motivo de los tres últimos suicidios ocurridos en esta, debiendo además apretarle las clavijas a Fresno, el director de dicho centro.

Sofía arguye que ella no es de recursos humanos, diciéndole Enzo que el señor Torres quiere que lo haga ella ya que es su mejor analista, diciendo ella que ese es el problema, que es experta en balances y no se le dan bien las relaciones personales.

A la salida coincide en el ascensor con Susana y su abogado, aunque no sube con ellos.

Una vez en su casa y tras prepararlo todo para su viaje llama a su novio al que le deja un mensaje diciéndole que siente lo del otro día, que se debió a que estaba estresada, proponiéndole ir a cenar a un japonés cuando regrese al día siguiente del viaje.

Durante el viaje estudia los expedientes de los suicidas, Eduardo Rus, Andrés Miró y Marcelo Miralles.

Cuando llega a la sede y se presenta ante Carlos Fresno le dice que en la central están muy satisfechos con el rendimiento de los dos últimos años, pero la han enviado para investigar los suicidios, habiendo concertado entrevistas con los jefes de sección y los colaboradores más directos y querría hacerlo discretamente, aunque Fresno le dice que para eso es tarde, pues ella es el principal tema de conversación desde el día anterior.

Preguntado por sus impresiones, Fresno le dice que los suicidios se deben a un cúmulo de fatalidades, de problemas personales, depresión, crisis, miedo, etc.

Le habla de Marcelo, un ingeniero de 45 años que esperaba un hijo y trabajaba en el proyecto Iceberg, diciéndole él que este proyecto les sigue dando problemas, pues hay un fallo de fiabilidad en el prototipo y no encuentran la causa, por lo que llevan varias semanas de retraso.

Tras su suicidio varios de sus compañeros necesitaron ayuda psicológica uno de ellos fue un técnico informático, Andrés Miró con tres hijos, que se incorporó poco antes del suicidio al proyecto Iceberg.

Eduardo Rus se suicidó unos meses antes cortándose la yugular con un cúter pese a que iba a ser ascendido en breve.

Fresno señala que no es que la gente se suicide en su oficina, sino que se suicidan, y están por debajo de la media, recordándole que el suicidio es la segunda causa de muerte en el país, antes incluso que los accidentes.

Señala que el ritmo de producción es muy superior al resto de oficinas y asegura que ninguno de ellos se suicidó por problemas laborales y le pide que haga las averiguaciones que necesite, pero que no pretenda cargarle con esas muertes.

Sofía observa que tienen instaladas cámaras en todas las zonas comunes y en las salas de reuniones, explicándole la secretaria que Fresno graba sus reuniones con los jefes de departamento para evitar malos entendidos posteriores.

La llevan tras ello a la sala donde se instalará, donde, le dicen, no hay cámaras, recibiendo una llamada de Álvaro Granados, redactor del periódico local "El mañana" que sabe que está llevando a cabo una investigación interna sobre los suicidios, aunque no lo atiende.

La primera persona a la que recibe es Gabriela, que trabajaba en el equipo de Marcelo que le dice que el ritmo de trabajo es muy intenso y que se retrasó el proyecto Iceberg por fallos estructurales y él, que siempre había sido muy tranquilo empezó a perder los nervios y a echarles broncas por cosas sin importancia, llegando incluso a insultarlos, contándole que ella pidió el traslado porque que no quería acabar como Mariela, que tras incorporarse después de un embarazo vio cómo le hacían la vida imposible, no dejándole ordenador ni despacho, debiendo hacer funciones absurdas, reconociendo que nadie hizo nada por evitarlo.

LE pregunta si a Marcelo también le hicieron la vida imposible, lo que ella dice ignorar.

Sofía adivina que también ella se quedó embarazada, momento en que Gabriela se levanta y se marcha.

Baja a fumar y fuera se presenta Jaime Salas, al que iba a entrevistar a continuación, el cual le dice que están muy presionados, aunque él parece estar de acuerdo, recordándole que han sacado 7 modelos en un año cuando antes sacaban 4. Trabajan el doble con la mitad del personal, diciéndole que admira a Fresno.

De Rus le dice que era un tipo raro y con manías y no cree que lo fueran a ascender de verdad, pues no estaba a la altura de su cargo, pensando que a lo mejor le dijeron lo del ascenso para presionarlo más.

Jaime recibe una llamada y dice que debe irse, diciéndole ella que necesitaría un poco más de tiempo, preguntándole si cree que alguno de ellos iba al psicólogo o al psiquiatra, preguntando él irónicamente si a las 11 de la noche, insistiendo ella en hablar más tiempo con él, proponiéndole hacerlo a la hora de comer, diciendo él que cogerá algo en la máquina, quedando ella en la máquina con él, lo que llaman "Cancún".

Cuando regresa al despacho le está esperando un antiguo amigo y compañero, el sindicalista Alejandro García, al que creía en Alemania, aunque él indica que pidió el traslado un año antes, preguntándole él si sigue con el jardinero, debiendo apostillar ella que es botánico.

Alejandro le informa que la han instalado en el despacho de Miralles y le explica que este dejó a Gabriela embarazada y ella pidió el traslado, aunque luego renunció y rechazó sus consejos.

Le cuenta también que todos hacen de 12 a 15 horas diarias para poder llegar a los objetivos que fija Fresno, llegando el cansancio y el stress a niveles insoportables.

Ella piensa que eran profesionales cualificados y podrían haber ido a la competencia, aunque él le dice que todos ellos están ahogados por sus hipotecas, dejándole un dossier con todas las quejas por horarios excesivos, mobing, etc. y se pregunta cuántos suicidios más necesitan, diciendo que están recogiendo firmas para denunciarlo, pidiéndole que trate de mirar más allá y que recuerde los tiempos en que trabajaba allí, y en los que todavía tenía una vida y diseñaba y les plantaba cara a los directivos, ofreciéndose para ayudarla con el informe invitándola a cenar.

Ella le dice que pedirá que refuercen apoyo psicológico y reajustar horarios y grupos, aunque él le dice que el problema es el plan de Fresno, y le pide que solicite una reducción de prototipos por año.

Vemos a Miralles en ese mismo despacho, cuando, tras colgar a su mujer se dirige a la ventana y se sienta en el borde de la misma mientras suena su teléfono.

Sofía baja al bar donde se reencuentra con Carmelo Luis, el camarero, al que conoce de cuando trabajaba allí, que se alegra mucho de verla y le pregunta si sigue con el jardinero - botánico - apostilla ella, y le responde que cree que no, y que tampoco sigue diseñando.

Carmelo, que conoce a todo el mundo le cuenta que la madre de Miró se suicidó cuando este tenía 16 años con una escopeta.

De Gabriela le cuenta que no baja a desayunar, pues se lleva el desayuno de casa y sube a la azotea a tomarlo.

La propia Sofía sube hasta esta, donde encuentra en efecto a Gabriela a la que le recuerda que está prohibido subir hasta allí, aunque ella le dice que le gusta ir en los cambios de turno y que a Marcelo también le gustaba, aunque luego no tenía ya tiempo para nada y los últimos meses apenas dormía y tenía la mirada perdida como si ya llevara la muerte por dentro.

Reconoce que el hijo que esperaba era de Marcelo y que él lo sabía.

Cuando baja mira su móvil, pero sigue sin mensajes

Mira el expediente de Andrés Miró. Se refleja cómo este, tras tomar su café subió hasta su despacho y tras cerrar el ordenador se pegó un tiro.

A la hora de comer baja hasta la sala en que está la máquina de vénding, decorada en efecto con paneles que representan Cancún, y donde vuelve a ver a Jaime, enfadado porque le encargaron el proyecto Iceberg, debiendo hacerse cargo además de la parte del proyecto de Miró, dirigiendo su ira contra la máquina que se tragó el dinero, diciéndole que Andrés y él lo hubieran hecho muy bien juntos, pero ahora está solo, asegurando que Andrés no puso nunca una pega y que no tenía problemas personales, que su vida personal la tenía muy bien y no como Rus, pues la mujer de este, que era la jefa de diseño de la empresa estaba acostándose con Alejandro, el sindicalista mientras él se suicidaba, estando en ese momento de baja por depresión.

Muy enfadada va tras ello al despacho de Alejandro al que le dice que si no cree que la traición de su mujer no pudo influir en la decisión de Rus, diciéndole él que Rus se suicidó porque el cargo le venía muy grande, tras lo que trata de calmarla mostrándole algo que encontró en su casa de la última vez que estuvo, una flor diseñada por ella.

Le explica que conoció a la mujer de Rus en un curso de formación e ignoraba que estuviera casada, echándole ella en cara que no le importara cuando se enteró, respondiéndole él que tampoco ella es una santa, a lo que ella le replica que no se folla a los maridos de sus compañeros, recordándole él que, a cambio despidió a su cuñada, Susana, de la empresa.

Ella se defiende diciendo que no la echó, diciéndole él que no firmó el despido, pero fue ella la que firmó el informe en que señalaba que no dominaba idiomas y hablaba demasiado por teléfono con su marido e insultaba a su jefe, diciendo Sofía que no quería que la despidieran, solo que rindiera a su mismo nivel.

Concluye que puede que el centro no fuera determinante, pues tenían otros problemas.

Antes de marcharse le dice que es estúpida, pues estuvo a punto de quedarse antes de saber todo eso, insistiendo él en que él no mató a Rus mientras ella se marcha.

Al abrirse el ascensor vuelve a ver a Susana, aunque en realidad es otra mujer con un lejano parecido.

Entrevista tras ello a Víctor Santamaría, de recursos humanos, que le habla de Andrés, que era al que mejor conocía y del que dice era un tipo especial muy trabajador y generoso, aunque estaba muy estresado y el trabajo no le ayudó a superar sus problemas personales.

Otra entrevistada dice que casi todos hacen una media de 10 horas extras semanales, estando además al 100% durante toda la jornada.

Otro dice que tiene hipoteca y una familia con tres hijos y no quiere poner eso en riesgo por los tres suicidas.

Algunos la animan a que haga algo para evitar más muertes. Otros están conformes con tener trabajo y estar siempre al máximo.

De pronto entra el propio Marcelo Miralles que dice que ningún trabajo merece la pena que se dejen la piel en él porque te vendes demasiado barato y acabas vendiendo a los demás, como hizo ella con Susana Vergés, que debido a ello se toma un cóctel de pastillas cada día y está deprimida, pues carece de futuro laboral a sus 52 años y con sus dos hijos a punto de ir a la universidad, teniendo en cuenta que su marido - su hermano - ya estaba en el paro y no tiene futuro.

Abstraída pensando en ello no hace demasiado caso a su siguiente entrevistado, tras el que debe ir al servicio a vomitar.

En el baño y frente al espejo se le representa Rus clavándose un cúter en la garganta y salpicándola con su sangre.

A la salida Jaime le propone quedar un día fuera, aunque ella lo rechaza.

Encuentra luego en su puerta a Gabriela, que le entrega un pañuelo amarillo que dice posee dentro algo que puede servirle en su investigación y que le pide destruya una vez lo haya grabado.

Ve un pendrive lleno con carpetas con los nombres de todos los empleados, abriendo la de Marcelo Miralles, donde ve hay varias películas, abriendo una en la que ve al propio Miralles haciendo el amor con Gabriela y otro en el que se le ve tomando cocaína.

Tiene también un archivo de audio en el que se escucha cómo Fresno le dice que si no tiene el proyecto en una semana le echará y le dice además que si se le ocurre utilizar el material que le ha facilitado el "Bill Gates" le enviará a su esposa embarazada una grabación de él haciendo el amor en su despacho.

Llama a Gabriela y le pregunta quién es el famoso "Bill Gates" y esta le dice que es Andrés Miró, que es quien le facilitó a Marcelo el pendrive.

Le pregunta si también la chantajeó a ella, diciendo que le dijo que no le convenía quedarse embarazada, preguntándole Sofía por qué le hizo caso, diciendo ella que vea el resto de las carpetas.

Sofía llama a Enzo y le pregunta si permitió Fresno colocar cámaras, respondiéndole él que la colocación de cámaras en las zonas comunes es política de empresa y le dice que no es tan grave y en Italia están acostumbrados.

Empieza tras ello a escribir su informe, recibiendo mientras recoge una llamada de recepción, diciéndole que abajo hay una persona que desea verla, Álvaro Granados, el periodista que preguntó por ella esa mañana, pidiéndole que le diga que está reunida.

Al salir pasa junto a Gabriela, a la que le devuelve su pañuelo, yendo tras ello a despedirse de Fresno, que le pide un adelanto de su informe como responsable.

Sofía le dice que técnicamente no se puede establecer una relación causa efecto entre las condiciones de trabajo y los suicidios, y hacerlo sería precipitado e inconsistente, pero que no está a favor de sus métodos.

Él le asegura que la gente trabaja mejor bajo presión y que él también tiene problemas personales, pero se los deja en su casa cada mañana, porque sus jefes no le preguntan por los problemas de su hija, sino por la cuenta de resultados.

Ella le explica que hay una segunda parte de su informe en que refleja presiones psicológicas y prácticas abusivas, diciendo él que pende sobre todos el ERE y tienen que trabajar más horas para evitarlo.

Ella le sugiere una redistribución de tareas y de grupos de trabajo, un refuerzo de la atención psicológica y hacer un reajuste de horarios.

Le dice que sabe que se ejerció sobre Marcelo Miralles una presión insoportable, ante lo que él le dice que como ya sabe se acostaba con su secretaria, incumplía los plazos y le insultaba cada día.

Le pregunta por los otros dos y por qué se suicidaron en su lugar de trabajo, diciendo que no sabe por qué lo hicieron, pero que nadie les obligó a trabajar allí y podrían haberse marchado cuando lo hubieran deseado.

Le pregunta si habló alguna vez cara a cara con alguno de sus colaboradores o escuchó sus problemas como hizo ella ese día.

Fresno le pide que elimine la segunda parte de su informe antes de que se marche, diciéndole entonces que ha hablado con la central y le han dicho que le han subido el sueldo y le van a dar una buena bonificación por ese trabajo y tendrá un nuevo despacho, pero solo si hace lo que debe.

En el hall la recepcionista le entrega un sobre que dejó Jaime Salas para ella.

Ya en el coche ve que en el sobre hay una chocolatina de las de la máquina con la que se peleaba al mediodía y con una nota de Jaime con su teléfono.

Fresno, tras dejar el trabajo va al hospital donde está ingresada su hija.

Sofía llega a su casa y se sienta para tomar una copa de vino.

Al día siguiente se sienta ante el ordenador y borra la segunda parte de su informe, la referida a las críticas a los métodos de Fresno y mientras lo imprime recibe una llamada.

En la azotea, como cada mañana, Gabriela mira al vacío, con el pañuelo que le dejó el día anterior a Sofía al cuello, pañuelo que vuela por los aires tras lanzarse esta al vacío.

Tras colgar, Sofía rompe el informe y empieza a escribir de nuevo.

Acude tras ello a la oficina y espera a su jefe, el señor Torres, aunque entonces recibe una llamada de su secretaria diciéndole que este le pidió que le dejara los informes a ella por estar él reunido con el consejo de administración.

En vez de ello, tras colgar se presenta en la sala de reuniones, diciéndole Torres que sienten mucho lo ocurrido esa mañana, preguntándole si tiene el informe, que ella dice ha acabado de redactar, entregando una copia a cada uno de los consejeros.

Tras leerlo Torres le dice que puede irse diciéndole que ha hecho un buen trabajo, preguntando ella si ya está, ante lo que Torres le pregunta qué esperaba, mientras Enzo le recuerda que todo lo que ha escrito es confidencial.

Ella pregunta qué van a hacer al respecto, diciéndole Torres que quizá deban tomar alguna decisión, pero que no es sencillo, recordándole que es él quien toma las decisiones, diciéndole Torres que siempre hay alguien más arriba, concluyendo ella que no van a hacer nada, confirmándole Torres que tal como van las cuentas anuales no pueden hacer gran cosa.

Ella les recuerda que esa misma mañana se ha suicidado otra persona que llevaba 10 años trabajando para ellos y que es un cabrón, pues le ha dado carta blanca a Fresno y este lleva la factoría como una prisión extorsionando a los trabajadores asegurando que posee archivos que demuestran la extorsión a Miralles con una llamada que le hizo Fresno antes de que se quitase la vida, así como decenas de archivos de video que muestran todas las intimidades de sus trabajadores habiendo cámaras por todo el edificio como si de un gran hermano se tratase, diciéndole que sí está en su mano cambiar esas cosas.

Enzo trata de defender a su jefe no entendiendo la actitud de Sofía, que lo llama imbécil y le dice que él no pinta nada y que no está hablando con una becaria.

Le preguntan si tiene copia de esos archivos en algún otro lugar que no sea su portátil, respondiendo ella que no, tras lo que le preguntan qué quiere a cambio, respondiendo que desea que readmitan a Susana Vergés en el puesto de ella, pese a que le recuerdan que la despidió ella, asegurándole Torres que se va a arrepentir.

Cuando llega a su despacho ve cómo un empleado se lleva su portátil, diciéndole además que llame a recursos humanos, donde le dicen que Torres dio la orden de que la quiere fuera del edificio en menos de 15 minutos.

Visita a Susana en su casa y le dice que ha ido a pedirle perdón, explicándole esta que le han ofrecido su puesto, aunque no sabe qué hará, deseándole Sofía lo mejor antes de alejarse.

Ya en su casa vuelve a abrir el sobre que le dejó Jaime y llama al teléfono que le apuntó, aunque quien le contesta no es Jaime, sino Álvaro Granados, el periodista que le dice que Jaime Salas le dijo que le llamaría.

Ella saca su portátil, donde tiene la documentación que le proporcionó Gabriela y le dice que tiene algo para él que puede ser algo más que la punta del iceberg.

Calificación: 2