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Las bicicletas son para el verano
Las bicicletas son para el verano

España (1983) *

Duración: 103 Min.

Música: Francisco Guerrero

Fotografía: Miguel Ángel Trujillo

Guión: Lola Salvador Maldonado (Obra: Fernando Fernán-Gómez)

Dirección: Jaime Chávarri

Intérpretes: Agustín González (Luis), Amparo Soler Leal (Dolores), Victoria Abril (Manolita), Gabino Diego (Luisito), Alicia Hermida (Dª. Antonia), Marisa Paredes (Dª. Maria Luisa), Patricia Adriani (María), Carlos Tristancho (Julio), Aurora Redondo (Doña Marcela), Guillermo Marín (Don Simón), Miguel Rellán (Basilio), Emilio Gutiérrez Caba (Anselmo), Laura del Sol (Bailarina).

Tras la victoria en febrero de 1936 del Frente Popular y el golpe militar del 18 de julio, Madrid resistió durante 3 años el asedio de los nacionalista bajo el lema de "No pasarán".

Unos meses antes Luisito y su amigo Pablo jugaban por las calles de Madrid y se imaginaban una contienda entre tanques alemanes y franceses, jugando a dispararse entre ellos y a matarse, aunque no se imaginan una guerra de verdad en una ciudad, no pudiendo comprender dónde estarían las trincheras y no se imaginan tampoco contra quién podrían luchar imaginando que solo contra franceses o portugueses.

Cuando pasa Charito en bicicleta con sus amigas Luisito sale para hablar con ella.

Luego le dice a Pablo que lo más probable es que se vaya a pasar el verano a la Almunia con su primo Anselmo.

La madre de Luisito, Doña Dolores sale para comprar la comida, encontrándose con su vecina Doña Antonia, a la que le cuenta que antes los domingos hacían arroz con pollo, pero que ahora deben comer cocido, como siempre.

Doña Antonia envidia los balcones que Doña Dolores y su familia tienen a la calle, que se pueden permitir porque su marido trabaja en la empresa de licores, recordándole que le pida a su marido que trate de encontrarle un empleo a su hijo Julito, pues ella es viuda y su pensión es muy baja.

Luisito y Doña Dolores van hasta la parada del tranvía del que baja Manolita, la hija mayor que les cuenta que la dejan fija como profesora, aunque solo le darán 300 pesetas, con lo que podrán pagar a la criada y les quedará algo.

Van a tomarse una horchata, llegando entonces Luis, el padre de los muchachos, que se queja de que cada día hay asesinatos antes de decirles que no consiguió colocar al "memo" de Doña Antonia, Julito, un chico un poco retrasado, pero que Manolita les confiesa es su único pretendiente, contándoles a los miembros de la familia que le escribió una carta diciéndole que le gusta mucho.

Una mañana Luisito pedalea llevando a Charito en la bicicleta mientras le recita una poesía, diciéndole ella que es el que mejor escribe de quinto.

Le propone ir juntos al cine, aunque ella le dice que no la dejan ir sola con chicos, pero que irá con todo su grupo en bicicleta, aunque él le recuerda que no tiene bicicleta por haber suspendido - de hecho tiene que devolver la que tenía hasta unos minutos antes a un amigo - y no quiere alquilar una porque cree que son muy malas.

Tras dejarla va a buscar a su padre al trabajo para decirle que le parece injusto lo de la bicicleta, porque las bicicletas son para el verano.

Finalmente Julito consigue un puesto en un bazar gracias a Don Simón, aunque no parece contento, mostrándole el Cinegramas, donde sale Manolita que participa en un concurso para sacar artistas y al que se ha presentado a escondidas.

Doña Antonia va a celebrar el empleo de su hijo con una fiesta en la terraza de Doña Dolores, aunque Julio no puede soportar la noticia.

Entretanto Luisito trata de convencer a su padre de que los exámenes han sido políticos, preguntando su padre qué tiene que ver la física con la política.

Llega a la terraza Pedro, el hermano mayor de Julito, Pedro, comunicando el asesinato de Calvo Sotelo antes de ver a su hermano, triste por lo de Manolita.

Cuando llega a la fiesta Manolita y saluda a Julito este la manda a la mierda ante el desconcierto de esta.

Pero al día siguiente vuelven a encontrarse en la Cuesta de Moyano donde ella compra libros de teatro, y Julio se disculpa por lo de la noche anterior, asegurándole que ha reflexionado y ya no le importa que quiera ser artista mientras esté soltera, no entendiendo ella por qué necesita su permiso, recordándole él que son novios, lo que ella niega, diciendo Julito que le dio esperanzas, pues no le devolvió la carta ni cambió de cara.

Cuando Don Luis llega a casa encuentran a todos asustados por las noticias de la sublevación del ejército, señalando que aunque en la radio señalan que en la península no ha pasado nada, hay rumores de que ya varias provincias donde se han sublevado.

Llegan también Doña Antonia y Julio para escuchar la radio, preguntándole Julio a Manolita cuándo cree que podrá hablar con sus padres, diciéndole ella que cuando acabe lo del alzamiento ya hablará ella.

Don Luis les cuenta que había salido antes para comprarle la bicicleta a Luisito, aunque este le dice que ya no importa, pues se fueron ya los de la panda, diciéndole su padre que en cuanto acabe todo se la comprará.

Pedro, el hijo mayor de Doña Antonia sale por la noche para encontrarse con una prostituta.

Al día siguiente Doña Dolores revisa la comida que trajo María, la criada, comida que le encargó para 15 días que asegura es lo que durará todo, aunque ella cuenta que algunos salieron para la sierra como milicianos.

Mientras hablan Luisito trata de meterle mano a la criada por detrás.

Poco después Doña Dolores sube al desván donde encuentra un montón de novelas, preguntándole a su madre si es cierto que antes de casarse su padre escribía, recordando su madre que escribía poesías y algunas obras que no acababa, hasta que en un momento dado quemó todo lo escrito y las cosas le fueron mejor.

Los vecinos del edificio observan desde ventanas y escaleras cómo un grupo de milicianos lanza y destruye las esculturas religiosas del taller que otro de sus vecinos tenía abajo.

Un día aparece Doña Antonia en casa de sus vecinos contando que la guerra se ha acabado, pues el gobierno huyó a Valencia, corrigiéndola Don Luis que le dice que no huyeron, sino que se trasladaron, y que no solo no va a acabar, la guerra, sino que acaban de llegar las brigadas.

Y en efecto, en la calle los milicianos salen desfilando y cantan "A las barricadas" mientras aseguran que Madrid será la tumba del fascismo, estando entre ellos Manolita, que portando un clavel rojo se besa con uno de los milicianos.

Empiezan a aparecer trincheras por la ciudad mientras Manolita cuenta en su casa que se cerró la academia y perdió su trabajo, aunque ya tiene otro, pues fue al Sindicato de Espectáculos y consiguió el carnet de artista, asegurando que como la mayoría de las compañías están fuera es fácil encontrar trabajo en el sector.

Por la noche Don Luis y su mujer hablan del asunto. Él trata de racionalizarlo, pues él mismo escribía obras de teatro y de haberse estrenado tendrían que haberlas representado cómicos y que no está en contra de estos, asegurando que no puede querer que sean cómicas las hijas de los demás y no la suya, pese a lo cual se le nota cierto desagrado por la decisión de su hija.

Cuenta que recibieron noticias de que mataron a su jefe y a toda su familia, mientras en la radio cuentan que las grandes potencias acordaron la no intervención.

Le pide a su hijo que apague la luz y cierre las persianas, pues es peligroso, habiendo él entendido justamente lo contrario, que debían abrirlas para evitar a los "pacos", pero cuando su padre le explica que es lo contrario, y mientras se acerca a bajar la persiana alguien dispara contra su ventana por tener la luz encendida, estando a punto de alcanzar a Luis, lo cual les produce unos nervios tremendos.

Escuchan tras ello que comienza un bombardeo, alcanzando las bombas lanzadas uno de los edificios de enfrente.

Mientras sus padres duermen y Manolita ensaya su obra, Luisito se cuela en la habitación de María y se mete en su cama, donde ella lo masturba mientras a los lejos escuchan ruidos de ametralladoras.

Manolita ensaya en el teatro, acudiendo a verla sus padres, que se muestran felices de ver su actuación, contándoles luego durante el descanso que ha visto cómo por las noches Luisito va al cuarto de María y se acuesta con ella.

Refugiados en el metro debido al sonido de las sirenas que anuncian los bombardeos, Doña Dolores le pide a su marido que haga algo, pues lo de su hijo y la criada no puede seguir, señalando él que no puede contener las fuerzas de la naturaleza, y que, o le dejan irse de putas o dejan que hagan lo que quieran, aunque a Doña Dolores no le convence ninguna de estas opciones.

Finalmente se reúnen con ella, y, aprovechando que María había dicho en algún momento que extrañaba a su familia y que en el pueblo se come mejor, le piden que se marche, aunque como ven que ella no parece dispuesta a ello debe decirle Don Luis que saben que su hijo se mete en su cama y le dice que es mejor que regrese a su pueblo, pues Luis es todavía un niño y no es conveniente lo que hacen.

Luis va a ver a su hijo al desván y le dice que debería hacerse del Socorro Rojo y no estar leyendo a todas horas, y que, igual que antes se hizo de la Juventud Católica para poder jugar al fútbol y al billar, ahora debería apuntarse al Socorro Rojo.

Luis y su hijo hablan en un bar con María, ahora elegantemente vestida, y Basilio, encargado de abastos, gracias a lo cual no les falta la comida que Don Luis debe casi mendigar, sobre todo para su hijo.

En el bar se encuentran con Anselmo, un primo de Luis miliciano llegado de Valencia, donde en contraposición a Madrid no pasan penurias y apenas se notan las huellas de la guerra, el cual les explica que pronto acabará la guerra y llegará una estupenda paz sin patronos y donde impere el amor libre.

Luisito le escucha embobado mientras sobre la barra una miliciana baila y los clientes la aplauden, contándole Luisito a Anselmo que ahora trabaja en la bodega con su padre.

Doña Dolores se toma una copita de anís con sus vecinas Doña Antonia y la anciana Doña Marcela, estando Doña Antonia muy disgustada debido a que no termina de gustarle la novia de Pedrito, que vive en su casa, pese a que la muchacha es buena y atenta con ella y le ayuda con las tareas de la casa.

Para alegrarles Doña Antonia les da una buena noticia. Ha decidido divorciarse de su marido, Don Simón aprovechando las nuevas leyes, alegando incompatibilidad de caracteres, lo que hace que rían todas y brinden hasta acabar achispadas.

Algún tiempo después Manolita le cuenta a su madre que está embarazada de 4 meses, aunque le pide que no se lo diga a su padre, pues desea contárselo ella, diciéndole que el padre no es un cómico como creía ella, sino un capitán miliciano que murió en la sierra.

Les cuenta Doña Antonia, que llega muy disgustada que le llegó un anónimo en el que le decían que la novia de Pedrito es una mujer de la calle, diciéndole que su hijo se lo reconoció, pero que la quiere y sabe que ella también lo quiere a él, y la chica es buena con ella, consolándola Doña Dolores, que le dice que cuando acabe la guerra ya no habrá ese tipo de mujeres y nadie se quejará ni le importará.

Algún tiempo después, y durante uno de los habituales bombardeos de la ciudad algunos de los vecinos se encuentran en el sótano, aunque observan que ya no bajan todos los vecinos, porque la gente se acostumbra.

Doña Maria Luisa justifica los bombardeos por la necesidad de acabar con los que alborotan y los que acabaron con las figuras que hacía su marido, reconociendo muchos de los vecinos, incluido Don Simón, republicano de toda la vida, que en ocasiones escuchan la radio de los nacionales.

Para entonces Manolita tiene ya su hijo y Luisito sigue pensando en las chicas, por lo que aprovecha el momento de reclusión obligada para entregarle una poesía a Maluli, la hija de Doña Maria Luisa.

Esta, se acerca a Don Luis al que, pese a que sabe que es de izquierdas le dice que le dijeron que él tiene víveres, y ella y Maluli pasan mucha hambre.

Don Luis le dice que la gente habla demasiado, pero que la realidad es que él y toda su familia están, como todos, muertos de hambre, estando él también muy preocupado sobre todo por su hijo, dada su edad, reconociendo que dado que trabaja en la bodega y tiene vino a veces lo cambia por comida para que no se mueran de hambre.

Doña Maria Luisa le dice que si alguna vez reciben algo que se acuerde de Maluli, su hija, y que ella sabrá agradecérselo, asegurando Don Luis que le encantaría poder ayudarla y que ella no pudiera corresponderle después.

También Julito aprovecha la ocasión para acercarse a Manolita y declararse, haciéndole ver que si se casan su hijo tendrá un padre y además podrá seguir viviendo en casa de sus padres si lo desea, o en la suya, estando en todo caso junto a su familia.

Las explosiones suenan más cerca y Doña Maria Luisa comienza a rezar, siendo seguida por el resto de mujeres, viendo Don Luis cómo el propio Luisito reza con ellas.

Finalmente Manolita aceptó la propuesta de Julio, que pasó a ser uno más de la familia mientras continúa trabajando en el bazar.

Un día Don Luis y Doña Dolores reúnen a toda la familia, quejosos de que cada día llega menos comida a la mesa pese a que la ración que les entregan es siempre la misma, acusando de ello a Doña Antonia, ya que desde que Manolita se casó con Julio entra y sale constantemente de la casa, saliendo Manolita en su defensa, y señalando que ella también aporta su cartilla.

Luisito confiesa que algunos días al pasar por la cocina coge una cucharadita, debiendo contar Doña Dolores que ella al hacer la comida la prueba, decidiendo confesar entonces Manolita que la culpa es suya, pues cada día antes de comer se pasa por la cocina y toma varias cucharadas por el niño porque nota que está seca.

Finalmente Don Luis confiesa que de vez en cuando él comía también una cucharada, comprendiendo que seguramente Julio y su madre harán lo mismo.

Un día, mientras están en el refugio reciben una llamada en la que les cuentan que ha caído un obús en el bazar, habiendo muerto Julio.

Poco tiempo después llega la paz, aunque la única de la casa que parece contenta es doña Dolores, aunque no tanto como Doña Maria Luisa, cuyo marido logró huir a zona nacional tras refugiarse en una embazada y ahora podrá volver y le lloverán los encargos dada la cantidad de imágenes religiosas destruidas por los rojos, afirmando que hay mucha gente que se había apuntado a la Falange clandestina.

En su cama Don Luis y su mujer hablan, contándole él que han matado a la mayoría de su familia, dándose cuenta de que la paz no es lo que esperaba, y ella, que pensaban que eran los revolucionarios quienes hacían barbaridades se da cuenta de que también los nacionales son revolucionarios.

Le informa que les despidieron de la bodega por formar parte del sindicato que se incautó de la bodega.

El divorcio de Doña Marcela ya no es legal, debiendo volver a convivir con su marido.

Reciben entonces la visita de María, que les cuenta que durante la guerra no les faltó de nada gracias a Basilio, que como se portó bien con mucha gente y entregó los depósitos a los nacionales tiene un gran porvenir en el que ella ya no cuenta, por lo que les pregunta si la contratarían de nuevo, respondiéndole ellos que no pueden permitírselo, preguntándoles si les importaría que le pidiera trabajo a Doña María Luisa, pidiéndoles que ellos no le cuenten a esta que a su padre lo fusilaron los nacionales.

Reciben una visita de Pablo, que va a despedirse porque su familia se va a Barcelona por temas laborales, contándoles que, aunque era comunista, su padre se pasó a la Falange, llevándoles como despedida una botella de anís del Mono, que Don Luis reconoce es mucho mejor que el de su bodega, brindando con Pablo por su familia.

Un día, mientras van por la calle unos soldados se muestran groseros con Manolita, debiendo salir Luisito en su defensa, recibiendo una paliza.

Don Luis le dice a su hijo que a lo mejor le detienen porque están haciéndole con mucha gente y ellos se incautaron de la bodega, por lo que le pide que no se asuste, pues debe animar a su madre y a su hermana.

Le da tras ello un cigarrillo, pues cree que ya es un hombre, recordando lo contenta que estaba su madre porque llegaba la paz, sin darse cuenta de que no llegaba la paz, sino la victoria.

Le dice que habló con Doña Maria Luisa, a la que una vez le dio bacalao, y que le dijo que un amigo suyo podría buscarle trabajo de chico de los recados, lamentando no haberle comprado aquella bicicleta, reconociendo Luisito que solo quería la bicicleta para salir con una chica, diciéndole su padre que sabe Dios cuándo habrá otro verano.

Calificación: 3