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La seducción

The beguiled (2017) * USA

          También conocida como:
                    - "El seductor" (Hispanoamérica)

Duración: 91 min.

Música: Phoenix

Fotografía: Philippe Le Sourd

Guion: Sofia Coppola (Novela de Thomas Cullinan)

Dirección: Sofia Coppola

Intérpretes: Colin Farrell (Cabo John McBurney), Nicole Kidman (Martha Farnsworth), Kirsten Dunst (Edwina Morrow), Elle Fanning (Alicia), Oona Laurence (Amelia / "Amy"), Angourie Rice (Jane), Emma Howard (Emily), Addison Riecke (Marie).

1864. Virgina. Tercer año de la guerra de secesión.

Una joven, Amelia, camina por el bosque con su cesta tarareando una canción mientras recoge setas cuando de pronto se topa con un soldado del ejército de la Unión, cuya pierna sangra fuertemente.

El hombre le pregunta si está asustada, debiendo reconocer que sí, aunque entonces el hombre le dice que él también lo está.

La niña le dice que al otro lado del bosque está el internado Farnsworth para señoritas, al que pertenece, y donde solo hay 4 alumnas más, una maestra y la dueña del internado, la señorita Martha, pues los esclavos se fueron.

El soldado, que se presenta como Cabo John McBurney, le pide ayuda para poder llegar hasta allí, caminando apoyado en la muchacha.

Durante la marcha la chica le cuenta que casi todas las alumnas se fueron, pero que hay algunas que no tienen dónde ir. Ella, le dice, es de cerca de Atlanta y sus padres piensan que está mejor allí, lejos de la guerra.

Tres alumnas dan clase de francés mientras la titular del internado, la señorita Farnsworth cava en el jardín con otra niña cuando les alerta Amelia con la campana.

Ya sin fuerzas, el soldado cae a la puerta del internado, llegando las demás mujeres y niñas hasta él, ayudándolo a entrar en el colegio.

Las niñas parecen asustadas ante la presencia de un yanqui, indicando una de ellas que estos se dedican a violar a las mujeres, indicando otra que visto de cerca no tiene cara de yanqui.

La señorita Farnsworth ordena a Amelia que ate un trapo azul a la verja para que cuando pase la patrulla sepan que tienen un enemigo, aunque le hacen ver que no sería correcto como cristianas no atenderlo, pues si se lo llevan morirá, por lo que deciden esperar a que esté mejor para entregarlo.

Martha y Edwina se disponen a curarlo, observando que tiene una herida en la pierna, por lo que le sacan las esquirlas y le cosen la herida mientras las niñas se agolpan en la puerta tratando de escuchar algo.

Cuando las ven, la señorita Martha les dice que le entregarán a la patrulla y les pide que no merodeen por la sala de música, enviándolas a clase de costura con la señorita Edwina, mientras ella lava el cuerpo del soldado.

Este despierta cuando suena una campana insistentemente, tocada por una de las niñas, y que anuncia que se acerca la patrulla.

Martha baja para hablar con ellos, explicándole el capitán que llevan a varios prisioneros yanquis para que mueran en prisión, pidiéndole que extremen las precauciones, pues muchos yanquis desertaron y merodean por los bosques.

Martha le pide, si tienen, que le entregue algo de munición, pues ella tiene el revólver de su madre y dice, se sentiría más segura de poder usarlo.

Desde arriba las niñas observan que no denunció al intruso.

De regreso, Martha carga su revólver con las balas que le entregó el capitán.

Edwina sorprende a Amelia, "Amy", en la habitación con el cabo y la echa, pero al día siguiente, al amanecer Amelia vuelve a saludar al soldado, que ya parece recuperado.

Luego, en la cocina hablan mientras preparan la comida, observando Martha que Edwina se ha arreglado mejor, al igual que las demás alumnas.

El Cabo le dice estar muy agradecido a Martha por acogerlo y curarlo y dice no temer que lo entregue porque estaría peor muerto que prisionero.

Ella le recuerda que no es un huésped ni un invitado y que su presencia no es bienvenida.

Tiene que volver a echar a varias alumnas que deseaban entrar y les recuerda que tienen el acceso a la sala de música, donde se aloja el soldado, prohibido.

Pese a todo, otra de las niñas se cuela en la habitación y le entrega un libro de oraciones, observando Edwina cuando sale la pequeña que se ha puesto unos pendientes suyos, por lo que la regaña, arguyendo la niña que todas se han arreglado y que incluso ella se ha colocado un broche que no se ponía desde Navidad.

Edwina le lleva jabón y le indica que sus uñas parecen las de alguien que ha estado cavando con ellas señalando él que eso hizo para ocultarse de las balas, si bien luego huyó, algo que Edwina le dice, no es muy heroico, lo que él admite, pero diciéndole que fue inteligente y gracias a ello la ha conocido a ella, y aunque ella arguye que no sabe nada de ella, él le dice que conoce su nombre.

Ella le dice que espera que no se lleve una mala impresión de ella por lo que le contaran las niñas, pidiéndole él que le hable de ella.

Le cuenta que es de Richmond y viajó mucho por los negocios de su padre.

Él le dice que es muy bella y sabe que no congenia con las demás porque es un espíritu libre como él, y le asegura que no ha visto una belleza tan delicada como la suya y le pregunta por su mayor deseo, respondiendo ella que la lleven lejos de allí.

Por la noche, mientras la señorita Martha lee las escrituras, una de las niñas, Alicia, le pide permiso para ir al baño, aunque en realidad va a ver al cabo, al que besa mientras duerme.

Al día siguiente, durante la cena, Martha propone reflexionar sobre la presencia del Cabo entre ellos.

Alicia dice que eso le recuerda que hay algo más que las clases fuera, mientras otra niña dice que les recuerda que el enemigo está fuera, aunque comentan que es diferente a otros pues es un mercenario.

Edwina dice que es un soplo del aire exterior y que le parece muy comprensivo.

Martha propone pedirle que les acompañe en la oración antes de retirarse, yendo todos a la sala donde le ubicaron y donde Jane toca el piano, alabándola el cabo por ello.

Mientras cantan, alguien llama a la puerta con insistencia, saliendo la señorita Farnsworth a abrir, contándoles cuando regresa que se trataba de dos soldados a los que ofreció comida, comentándoles ellos que el ejército va a abandonar la zona y le ofrecen sus servicios.

Todo esto les lleva a volver a debatir si deben entregarlo o esperar, decidiendo esperar a que se le cure, aunque les dice que lo harán si todas están de acuerdo, dejándole marchar entonces, no habiendo ninguna que discrepe.

Envía luego a todas a dormir, preguntándole al cabo si le apetecería tomar un brandy con ella cuando acabe todo, hablando entonces ambos, asegurando él que admira su fortaleza para estar siempre atenta con las niñas, tras lo que le pregunta si tenía a alguien antes de la guerra, respondiendo ella que sí, diciéndole él que lo siente.

Él reconoce que fue un cobarde, pero que nadie sabe lo que es una batalla hasta que la ve desde dentro, contándole que aceptó 300 dólares por ocupar el lugar de otro, pues llegó de Dublín sin nada.

Poco a poco, McBurney mejora y comienza a andar, valiéndose de un bastón, aunque Martha le pide que no se fuerce más de lo que puede, valiéndose él de Amy en la que se apoya, diciéndole que le recuerda cuando se conocieron, saliendo con ella al jardín.

Al verlo, observa que este está muy descuidado, por lo que comienza a arreglar los rosales y a arrancar maleza y podar los árboles al día siguiente.

El cabo le dice a Amy que la considera su mejor amiga, pues fue la que le salvó, diciéndole las otras niñas que esperan que no les cuenta nada malo de ellas.

Mientras trabaja ve a Edwina observándolo desde una ventana.

Martha le dice que aprecia su deseo de estar activo pese a que le advirtió de que no trabajara, diciendo él que siente de vez en cuando aún algunas punzadas.

McBurney le pregunta si desea que se vaya, diciéndole ella que estará en condiciones de marcharse para finales de esa semana y que podrá encontrar columnas de sus tropas en el camino de Richmond.

Él le dice que les vendría bien un jardinero, pues hay aún mucho trabajo allí, diciéndole ella que no se puede tener todo lo que se desea.

Las chicas quieren hacerle la estancia agradable para que se quede y deciden proponer a Martha que lo invite a cenar con ellos.

Lo visita nuevamente Edwina, diciendo él que la ha echado de menos, diciendo ella que no desea que se vaya, diciendo él que no quiere irse, pues la ama y desde la primera vez que hablaron supo lo que sentía, aunque piensa que no le conviene a ella, que está cansado de la guerra y quiere ir al Oeste, tras lo que se besan, siendo interrumpidos por las niñas que van a decirle que la señorita Martha lo invitó a cenar con ellas.

Se arreglan todas para la ocasión con sus mejores galas, habiendo continuas risitas entre ellas durante la cena, reprochando a Edwina que ella lleve los hombros al aire, algo que las demás no pueden hacer, pidiéndole Martha que se ponga el chal, pues cree que no es lo más adecuado, aunque, señala, quizá como ella es de ciudad, está acostumbrada a otras cosas.

Él alaba la tarta de manzana, que Alicia presume de haber preparado, haciéndole ver Edwina que la hizo con su receta, indicando Amy que ella recogió las manzanas y que es también su postre favorito.

Luego Jane toca y él se dirige a Edwina para decirle que está deslumbrante y para pedirle permiso para visitarla esa noche.

Brinda luego con Martha, diciéndole que es la mujer más valiente que ha conocido.

Él les dice que acabará pronto la guerra, más pronto de lo que en el sur creen y que les vendría bien tener la ayuda de un hombre.

Luego rezan para terminar la velada, señalando Martha que la presencia de McBurney les ha enseñado que el enemigo como persona no es lo que creían.

Se despiden para pasar la noche, quedándose Martha a la puerta del cabo como esperando algo más de él, aunque ninguno de los dos da el paso.

Edwina saca un camisón que tenía primorosamente guardado y se acuesta a esperarle.

Edwina escucha ruidos en el cuarto de al lado y sale a llamar la atención a Alicia, descubriendo al cabo con esta en su cama.

Él trata de excusarse, pero Edwina lo rechaza, y durante la pelea ella lo empuja y cae rodando por las escaleras, escuchando todas las demás el ruido y saliendo para ver qué ocurre, observando Martha que se le ha vuelto a abrir la herida y se le rompió el hueso.

Alicia trata de excusarse diciendo que el cabo entró por sorpresa y no supo reaccionar hasta que entró la señorita Edwina.

Lo llevan a su cuarto, concluyendo Martha, tras ver la pierna que deben amputársela para evitar que se le gangrene, pues tal como se rompió no pueden hacer otra cosa, pidiéndole a Edwina, que no para de llorar, que le traiga la sierra y un libro de anatomía.

Por la mañana entierran la pierna del cabo.

Edwina permanece en su puerta esperando a que recupere el conocimiento, y cuando le escucha gritar, ya despierto entra, viendo cómo él pregunta qué le han hecho al ver su miembro amputado.

Edwina le dice que ha estado esperando durante varios días a que despertara, y le dice que lo siente, aunque el cabo le dice que si lo sintiera podría haberlo impedido, y cuando entra Martha la llama carnicera, a lo que aquella le dice que le salvó la vida, acusándola él de haberlo castigado por no haber ido a su habitación y diciéndole a Edwina que es peor que ella y que lo planearon juntas para tenerlo a su antojo.

Todas escuchan sus gritos llamándolas zorras vengativas, y asustadas, se preguntan qué hacer, proponiendo las niñas dejarlo ir, pues se acerca fuerzas de la Unión, aunque Martha teme que si lo hacen les hable de su huerto y de su vaca y los lleve hasta allí.

Alicia lo visita para decirle que trató de mitigar las sospechas de las profesoras y que estaba muy preocupada por él, aunque le dice que pronto estará fuerte, pidiéndole él que le consiga las llaves, mientras le tira del pelo, asegurándole ella que las tendrá, aunque lo que le consigue es el revólver de la señorita Farnsworth.

Al escuchar ruido en la escalera, John pregunta quién es, entrando Jane, a la que le pide que interceda por él ante las demás para que pueda quedarse y ellas vuelvan a hablarle y le digan que es bienvenido.

En el comedor, las mujeres hablan sobre lo que creen deberían hacer, pues desean que se vaya cuanto antes, pues le tienen miedo, asegurando Alicia que la amenazó, siendo Edwina la única que le defiende, y mientras hablan aparece de pronto él.

Martha le dice que se puede ir, diciendo él que lo hará cuando desee y que van a cambiar las cosas, diciéndoles a todas que Edwina le tiró por las escaleras y Martha le cortó la pierna porque no se acostó con ellas y tuvieron celos.

Amy, asustada de verle así, le pide que no grite, pues asusta a su tortuga, que él le tira, viendo que ahora todas le temen.

Cuando se retira, Martha le pide a Amy que simule ir a coger nueces y ate un trapo azul en la puerta, aunque el cabo la sorprende y lo quita., tras lo que persigue a la niña, saliendo Martha a su rescate, escuchándola cómo la interroga, preguntándole por qué ponía señales, amenazando a Martha cuando la ve, aunque para calmarlo ella le dice que aún le queda una botella de Bourbon.

Ante todas, le dice ahora a Amy que creía que eran amigos y les asegura que nunca pretendió hacerles daño y les dice que prefería estar muerto a estar tullido, pues ya no es un hombre. Se queja de que confió en ellas y le mutilaron, mostrando el revólver y asegurando que acabará con la que intente algo, disparando contra la lámpara, que cae asustándolas para mostrarles de lo que es capaz.

Edwina le sigue hasta su cuarto, colocando una vez en este, una pesada mesa frente a la puerta para que nadie pueda abrir, tras lo que va hacia el cabo, al que besa, y con el que acaba haciendo el amor en el suelo y de forma salvaje.

Entretanto el resto de las chicas y la señorita Farnsworth debaten qué hacer, descartando ella ir a pedir ayuda, pues no quiere dejarlas solas ni quiere recurrir a la brutalidad.

Amy recuerda que le encantan las setas, preguntándole Martha si ella iría a recogerlas, y le invitarán a una gran despedida.

Amelia sale en efecto a recoger las setas y celebran una nueva cena especial para la que todas se visten nuevamente de gala, bajando Edwina con el cabo, al que Martha le dice que organizaron esa cena para demostrarle que no hay resentimientos y para desearle que su partida sea tranquila.

Él les da la gracia de que perdonaran su arrebato y por esa cena, estando encantado de probar las setas de Amy, que él gentilmente pasa a Edwina, que, ignorante de los planes de las demás mujeres, acepta, hasta que le recuerdan que a ella no le gustan, debiendo reconocerlo, por lo que las rechaza.

John asegura que están deliciosas y que no se quedará mucho tiempo, pero que mientras esté tratará de compensarlas.

De pronto, Edwina empieza a notar raro a John, que afirma no poder respirar, mientras las demás permanecen impertérritas hablando de cosas banales, hasta que el cabo cae al suelo.

Al día siguiente Amy sale a colgar un trapo azul en la puerta, mientras sus compañeras tejen un sudario para el cabo, cuyo cuerpo llevan cuando terminan hasta la puerta, que contemplan desde dentro esperando que pase la patrulla.

Calificación: 3