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Las grietas de Jara
Las grietas de Jara

Blackthorn (2017) * Argentina / España

Duración: 94 min.

Música: Nicolás Sorín

Fotografía: Sol Lopatín

Guion: Nicolás Gil Lavedra, Emiliano Torres (Novela: Claudia Piñeiro)

Dirección: Nicolás Gil Lavedra

Intérpretes: Óscar Martínez (Nelson Jara), Joaquín Furriel (Pablo Simó), Soledad Villamil (Marta Horvarth), Sara Sálamo (Leonor), Santiago Segura (Mario Borla), Laura Novoa (Laura Simó), Zoe Hochbaum (Francisca).

Mientras la excavadora realiza su trabajo despejando el terreno, un vecino toma un café en su apartamento y sonríe.

Pablo Simó, arquitecto, sale hacia su trabajo, siendo observado por una joven.

Al llegar a la obra que están haciendo, una de sus jefas, Marta Horvarth, le pide que corrija algunas cosas de un cartel y, tras observar sus proyectos personales le dice que son bonitos, pero que nadie pondrá su dinero para construir edificios de diseño, protestando él y diciendo que seguirán haciendo los palacios de cartón que tanto gustan.

Cuando regresa a su casa y baja del metro el hombre del café le ve llegar.

Una vez en su casa saluda a su hija que se va con la bicicleta a casa de su amiga Anita, quejándose su mujer cuando entra de que lo haga con los zapatos de la obra, por lo que debe limpiar luego el suelo mientras ella le dice que podrían aprovechar que Francisca no está para hacer algo especial para comer, ya que además terminó de corregir los exámenes, diciéndole él que pida algo.

Cuando al día siguiente llega al estudio de arquitectura la chica que le observaba el día anterior le pregunta por Mario Borla, acompañándola a la oficina, donde ella le cuenta mientras lo esperan, que es fotógrafa y se mudó unos meses antes al barrio y que se llama Leonor.

Cuando llegan Marta y Mario, la chica les dice que está buscando a Nelson Jara, contestándole tras mirarse los tres nerviosos, que no les suena, diciendo ella que debe encontrarlo para hacer un trámite personal, que no puede realizar si no aparece, por lo que, ante la falta de respuestas se despide y se marcha.

Marta pregunta qué harán, diciendo Mario que nada, pues no tiene importancia, recordando que han tenido mucha suerte de que en los tres últimos años no apareciera nadie preguntando por él, aunque Marta no lo ve normal, pues no entiende por qué la chica ha podido pensar que tienen algo que ver con él.

Pablo recuerda que un día se presentó Jara en su oficina con su maletín, diciéndole Pablo que él se ocuparía de su tema como experto en excavaciones y derrumbes, y que ya no hablaría con Marta Horvarth.

Jara le muestra unas fotografías de la pared de su casa, donde apareció una grieta, preguntándole Pablo por su anchura, ya que, le dice, no es tan importante el largo de la grieta como su ancho.

Le recuerda que Borla ya le dijo que le iban a pagar el revoque de su pared, pero eso no satisface a Jara, pues, señala, la grieta pone en riesgo la estructura de su casa y apareció al día siguiente de que empezaran a excavar en el terreno cercano y conoce muy bien el código de edificación y en él se prevé que en las excavaciones queden asegurados los taludes y cortes verticales, excepto que tras un estudio de suelos indique que no es necesario el apuntalamiento y él comprobó que el ingeniero que firmó la obra no indicó que no fuera necesario y ellos trabajaron sin apuntalamiento y con cortes transversales mayores de los permitidos, teniéndolo todo fotografiado, asegurando que sus trabajos provocaron la grieta.

Pablo le pide un pequeño receso y sale, aprovechando Jara para mirar una factura de su mesa.

Borla y Marta siguen con el tema, tratando el primero de quitarle importancia a la visita de la muchacha, que no cree que vaya a regresar, y si lo hace, le dice, seguirán negando saber quién es.

Pablo observa entonces que Leonor se dejó su móvil y lo esconde en un cajón que tiene cerrado con llave y donde también tiene un martillo bajo un pañuelo.

En su casa, su mujer se queja porque vio a su hija haciendo pellas y con varios hombres, diciendo ella que uno era un profesor, y cuando se van a sentar a cenar, recibe una llamada de Marta, que le dice que está asustada.

Recuerda él de nuevo su charla con Jara, recordando que cuando regresó al despacho, el hombre le dijo que su grieta medía 2'28 centímetros.

Pablo insiste en que en su estudio no creen que la grieta sea por su obra, diciendo que él cree que sí, y le muestra una noticia de un diario donde se reflejaba una desgracia similar.

Finalmente, Pablo le pregunta qué quiere, diciéndole Jara que dinero que sirva para compensarle por las molestias originadas, aunque no pone una cifra sobre la mesa, le dice que él no va a decirla, que espera su oferta, pues puede haber riesgos para otros apartamentos y el que se calle tiene un precio, que espera que ellos pongan.

Sigue su conversación telefónica con Marta, que le pregunta si está asustado, recordando que Borla les dijo que no debían estarlo, viendo cómo llora, por lo que le pregunta dónde está, diciéndole ella que está junto a su portal, decidiendo él bajar, diciéndole a su mujer que tiene que llevarle unos documentos.

Una vez con Marta la ve muy preocupada preguntándose por qué ese chica fue a su estudio, algo que ve muy extraño, lo que les hace pensar que quizá es su hija y Jara le habló de lo de la grieta, asegurando Marta que no va a poder dormir, aunque Pablo trata de animarla diciéndole que se vaya tranquila a su casa, pues no pasará nada.

Cuando Marta se va, él saca el teléfono de Leonor y ve un mensaje en el mismo en que esta indica que lo perdió y recompensará a quien se lo devuelva.

Al día siguiente al llegar al despacho recibe a Borla, que se muestra también preocupado por la visita de la muchacha pese a que el día anterior parecía tranquilo, diciéndole que no lo está, pero que no quiso que Marta entrara en pánico, pues incluso le pidió cerrar el despacho unos días, contándole Pablo que a él le llamó, diciéndole Borla que a él también lo llamó, pero que no pudo casi atenderla porque estaba cenando.

Le dice que es muy raro que la chica fuera allí, pues nadie es cliente habitual de un estudio de arquitectura, por eso le pide que si la chica vuelve a aparecer averigüe de quién se trata, cómo llegó allí y qué busca y por qué apareció tras tres años.

Pablo va a esperar a su hija a la salida del colegio y le regaña por sus pellas y le pide que no vuelva a hacerlas y que no hable mal de su madre, preguntándole tras ello si lo ve muy mayor.

Queda con Leonor para devolverle el móvil en un museo, invitándole ella a un café.

Él le cuenta que lleva 20 años trabajando como arquitecto, pero que no puede hacer los edificios que le gustaría.

Le pregunta a ella si solucionó su trámite, contestándole que sí, tras lo que le pregunta si logró encontrar al tipo que buscaba, diciendo ella que no, pese a que lo buscó por todas partes. Comenta que pareció tragárselo la tierra.

Antes de marcharse le pide su número, diciéndole él que no tiene móvil, por lo que la llamará él, alcanzándole de nuevo el móvil, que le dice, se le olvidaba otra vez, asegurando ella que no se le olvidó.

En la cama se imagina haciendo el amor con Marta y luego con Leonor, aunque en realidad está acostado con su mujer, que se queja de su violencia.

Al día siguiente Mario y Marta lo llaman a su despacho y le preguntan qué está haciendo, pues encontraron en su despacho una nota de que lo había llamado la chica que estuvo en su despacho unos días atrás y le preguntan por qué preguntó por él, que asegura que sabe lo mismo que ellos, aunque le piden que no la llame, que espere a que vuelva a llamar ella, asegurando que todo es cada vez más raro.

Cuando sale de la reunión vuelve a recordar a Mario, diciéndole que no pensaba pagarle nada a Jara, que le arreglará la grieta, pero que no hará negocio con él.

Marta propone que le dé largas para que les dé tiempo a echar el hormigón, pues una vez echo eso nadie atenderá la denuncia, calculando que lo tendrán listo en 4 días.

Pablo redacta una nota diciéndole a Jara que el estudio está tratando su tema y en unos días le darán una respuesta y podrán firmar el acuerdo.

Le entrega la nota a su portero, que se la pasa a Jara por debajo de la puerta.

Al regresar a su casa ve ante su portal a Jara llamando repetidamente a su timbre y se esconde y coge el metro, viendo cómo se le cierra poco después a Jara en sus narices.

Pablo decide comprarse un móvil y llama a Leonor diciéndole que ya vio que lo llamó al estudio, diciendo ella que necesita su ayuda, pues necesita 5 frentes de los edificios más emblemáticos de la ciudad según él.

Él le dice que el gusto no es algo objetivo, preguntándole ella si va a ayudarle, diciéndole él que le hará una lista, pidiéndole ella que mejor la acompañe.

Le parece ver entonces a Jara al otro lado de la calle, algo que le pasa a menudo.

Cuando regresa a su casa encuentra a su mujer llorando, y cuando le pregunta qué le ocurre le dice que su hija es lesbiana porque la encontró besándose con Anita.

Pablo va a hablar con Francisca que se queja de que su madre se lo toma todo demasiado en serio, pues es cierto que besó a Anita, pero que eso no la convierte en nada, no estando segura de que le gusten las mujeres. Ana le pidió el beso y ella la besó por saber qué se sentía, pues ya besó a muchos hombres y quiere saber a quién desea besar el resto de su vida.

Francisca se queja de que su madre lo exagera todo. Si fuma un porro es una drogadicta, si coge una borrachera es una alcohólica y lo único que hizo fue besar a una amiga, diciéndole su padre que haga lo que desee, pues es su vida.

Los nervios se apoderan de Marta al observar que Jara se ha colado en las obras y lo fotografía todo, por lo que manda al capataz a echarlo, contándole a Pablo que desea que echen el hormigón al día siguiente, con lo que desaparecerá el pozo y Jara, lo que les tranquiliza.

Pero ese día, cuando regresa a su casa ve que Jara lo está esperando a la salida del metro, y cuando le pregunta qué hace allí dice que esperarle, pues el día que estuvo en la oficina vio una factura de gas y miró la dirección.

Entran a una cafetería y Jara le dice que gasta demasiado en gas, pero tras ello le dice que en su casa son tres, preguntando Pablo como sabe que son tres, preguntando si lo está espiando.

Jara le dice que recibió su nota, pero está molesto y preocupado porque cree que quieren engañarlo ya que hubo movimientos apresurados en la obra y con su nota han tratado de hacerle perder el tiempo para que lo ganaran sus jefes, y se queja de que en vez de defender a los suyos defienda a los peces grandes ilusionado con que llegará a ser lo que no será por más que se ponga de su lado.

Le pregunta antes de marcharse qué debería pasar para que no se hormigone al día siguiente, señalando Pablo que llueva, asegurándole Jara que entonces lloverá.

Elabora una lista para Leonor sobre los 5 edificios más emblemáticos, y le dice a su mujer que no tendrá tiempo para ir a la compra ni para ir al cine.

Acompaña a Leonor en su recorrido para fotografiar esos edificios que él eligió, como el Camerú, o el Barolo, en el que entran, y que, le dice, está inspirado en la Divina Comedia.

Terminado su recorrido ella le propone ir a su casa, viendo él que está junto al estudio, y luego, que es, de hecho, la casa de Nelson Jara.

Ella le pregunta, en el ascensor si siempre lo supo, respondiendo él que sí, mientras la besa con avidez, para luego hacer el amor en el suelo del salón.

Tras vestirse aparta una especie de cortina.

Recuerda una llamada a Mario, pues le llamó Marta porque había un problema en la obra y salen los dos hacia esta, viendo Pablo al llegar que Mario ya está allí con Marta.

Encuentra la obra inundada por una cañería, pidiéndole Marta que mire el pozo, donde ve que está Jara, muerto, contándole que se resbaló mientras discutía con Marta, proponiendo él llamar una ambulancia o a la policía.

Pero Mario le dice que entonces se demorará la construcción meses.

Le cuentan que se coló en la obra haciéndose amigo del sereno y lo encerró, aunque este llamó a Marta desde la caseta, viendo al llegar que había roto la tubería del agua y le pidió 30.000 dólares a Marta y además la quiso tocar.

Ella pudo zafarse, y él se resbaló y cayó, pero teme que la detengan.

Como saben que Jara no tiene familia, tienen más libertad de acción, proponiendo Mario hacerlo desaparecer en la propia obra, ya que fue un accidente y nadie irá a buscarlo, logrando convencer a Pablo de que están haciendo lo correcto, pues ellos tres son los únicos testigos, accediendo, ante la petición de Marta, a enterrarlo.

Mario y él lo colocan y luego lo cubre él de tierra, aunque antes se fija que tiene una herida en la frente.

Todo esto se le viene a la cabeza mientras observa, tras la cortina, la grieta, que Leonor le dijo arreglará cuando tenga dinero, dándose cuenta de que es superficial y de que fue hacha por el propio Jara a propósito para chantajearles.

Pablo le pregunta entonces si es la hija de Jara, respondiendo ella que no es ni hija ni pariente, preguntándole por qué está entonces viviendo en ese apartamento.

Ella le cuenta que trabaja con un abogado desde hace casi 5 años cuyo verdadero negocio era quedarse con apartamentos ajenos.

Aparecen a menudo casos en que un familiar se mete en una casa que tal vez tiene dueños, pero en la que ya no vive nadie y con el tiempo ni el juez los puede sacar.

Pablo le pregunta si Jara trabajaba para ellos, diciendo ella que no, pero que tienen un acuerdo con inmobiliarias y porteros, y, pasado el tiempo que dice la ley, el abogado las pone a su nombre y las vende.

Ella vio que la escritura de Jara estaba limpia. Jara no aparecía y decidió quedársela para ella. Espero dos años, y cuando iba a pasar el tercero empezó a pagar ella las deudas atrasadas y fue con un cerrajero y cambió la cerradura dos meses atrás.

Limpiando, apareció un cuaderno con notas en que hablaba de ellos y por eso trató de averiguar si sabían algo de él.

Le dice que, según ese cuaderno, Jara parecía obsesionado con él, que decide llevárselo y le dice que puede estar tranquila, pues Jara no volverá.

Mientras lee su cuaderno en el metro, le parece verlo de nuevo junto a él.

Recuerda que, tras enterrarlo, Borla le pidió que lo limpiara todo.

En el diario lee que Jara sabe que está casado y sabe el nombre de su mujer y su hija. Sabe que no es asociado pese a trabajar en el estudio desde hace más de 20 años, que viaja siempre en metro pese a que el recorrido es mayor que en autobús y que no tiene amantes, aunque siente una fuerte atracción por la arquitecta Horvarth.

Sabe también que se hace el duro, pero que no lo es y que está desconcertado y no sabe si estar de su lado, pero puede ser cobarde. Dice que va a ayudar, pero se siente presionado por su jefe. Reconoce que le cae bien y que esperaba que fuera su aliado ofreciéndole una parte de la recompensa, aunque finalmente no logró atraerlo a su lado.

En su casa, su mujer le dice que no logró dormir por el disgusto, echándole en cara que él no pierde su descanso nunca, asegurándole él que ha tenido muchas noches así, y no por algo menor, confesándole que tres años atrás enterraron a un hombre bajo los cimientos de una obra y todavía no sabe si el hombre seguía vivo o no, haciéndole ver que aquello sí fue duro y mucho más importante que la sexualidad de su hija.

Al día siguiente va a ver a Mario y le dice que quiere dejar de trabajar con él, haciéndole ver Mario que si luego quiere regresar tendrá un sueldo inferior.

Le pregunta por qué nunca lo hizo socio, diciéndole Mario que nunca se lo pidió, pero que puede hacerlo socio con un porcentaje simbólico, algo que ahora rechaza, pues, le dice, va a realizar sus propios proyectos en algo cercano a la profesión.

Le pide una indemnización, aunque Mario le dice que se está yendo él, que no lo está echando y no sería justo.

Pablo lo empuja entonces al vacío, aunque es solo una ensoñación que tiene mientras Mario le dice que se lo pensará.

Ve también a Marta a la que le cuenta que fue a despedirse, pues va a dedicarse a sus proyectos, deseándole ella suerte sin mostrar demasiado pesar.

Él le pregunta si piensa todavía en aquella noche, diciéndole ella que procura no hacerlo, diciéndole Pablo que él sí, todo el tiempo y que hay cosas que no entiende, diciéndole ella que no hay nada que entender, que se resbaló.

Mientras vuelve en el meto reflexiona sobre sí mismo. Ve que es una persona que no se ha atrevido a moverse de los lugares donde se siente cómodo, su trabajo, su familia, su vida sin música ni amigos ni amantes ni amor.

Sabe pocas cosas de sí mismo. Que tiene una hija a la que quiere y una mujer a la que no, que le gustaría levantar su propio proyecto, un edificio donde la gente admirara el arte y que probablemente no hará junto, y que enterró a un hombre y estuvo parado del lado donde no debería estar.

Ya en su casa saca una maleta del armario y le dice a su mujer que se va y que se quiere separar, recogiendo toda su ropa, pues no encuentra ningún motivo para seguir juntos.

Laura le dice que a esa edad no se puede ir así y le pregunta si tiene a otra, lo que él niega, asegurando Laura que no va a dejarlo, con muerto o sin muerto y que si se quiere separar se tendrá que ir él, señalando que es lo que está haciendo.

Alquila un apartamento y en él medita, mientras juega con el mechero de Jara, recordando de nuevo aquella noche.

Mientras lo recogía todo encontró un martillo manchado de sangre, lo que indica que Jara no se resbaló como le contaron, sino que fue golpeado con el martillo que él todavía conserva.

Envía una carta, simulando la letra de Jara, en la que pregunta les pregunta a Borla y a Marta qué pasaría si va a visitarles una tarde de esas, porque hubo un hecho fundamental que ellos ignoran, y es que cuando lo tiraron no había muerto y que consiguió salir antes de que volcaran su hormigón. Y que en unas tardes les visitará para llevarles sus saludos, acompañando su carta del martillo con el que se produjo el homicidio, carta que Marta y Mario leen asustados.

Y mientras Leonor cubre la grieta de su casa, Pablo, "observado" por Jara, comienza a hacer una grieta en la suya, que está junto a una obra.

Calificación: 2