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La sombra de la ley
La sombra de la ley

España / Francia (2018) *

Duración: 126 min.

Música: Manuel Riveiro, Xavier Font

Fotografía: Josu Incháustegui

Guion: Patxi Amezcua

Dirección: Dani de la Torre

Intérpretes: Luis Tosar (Aníbal Uriarte), Michelle Jenner (Sara), Vicente Romero (Rediú), Manolo Solo (Barón), Paco Tous (Salvador Ortiz), Ernesto Alterio (Tísico), Jaime Lorente (León), Adriana Torrebejano (Lola Montaner), Pep Tosar (Comisario Verdaguer), José Manuel Poga (Mallorquín), Fredi Leis (Beltrán), William Miller (García Serrano)

Un tipo con un parche en un ojo provoca un incendio que obliga a un tren lleno de soldados a detenerse, recibiendo estos la orden de proteger la mercancía.

Pero surgen de entre un maizal un montón de hombres armados a los que no consiguen ver los soldados que caen, uno tras otro.

Tras el asalto al tren, de la empresa MZA la policía detiene a varios anarquistas.

Un hombre llega a la comisaría de Barcelona y pregunta por el comisario Verdaguer, pero está con el gobernador, por lo que se presenta al Inspector Jefe Rediú.

Ve cómo este y varios de sus compañeros están torturando al maquinista del tren para tratar de conseguir que confiese qué había en las cajas y dónde las escondieron, perdiendo el hombre finalmente la consciencia.

El recién llegado se presenta como Aníbal Uriarte, e indica que viene de la Brigada de Información de Madrid, quejándose Rediú de que le envían un solo hombre.

Acompaña a Rediú y a sus hombres a un descampado, donde continúan el interrogarlo a golpes, decidiendo a acabar con él, al no conseguir nada, aunque Rediú pide a Uriarte que lo haga, él, que no duda en dispararle a la cabeza al pobre desgraciado.

Le llevan tras ello al Edén, el mejor club de la ciudad, donde uno de los hombres de Rediú, el "Tísico" presume de haber estado con algunas de las señoritas, mientras en pista, un grupo de mujeres bailan, y a la finalización presentan a la estrella del local, Lola Montaner, que canta el número de la pulga para regocijo de la clientela.

El dueño del local, el "Barón" trata en ese momento con un hombre, que le pide una prórroga de tres meses para pagar sus deudas, dándole el Barón la alternativa, entre, quedarse con la ferretería, que el hombre heredó de su padre, o que le deje a su hija Laura, de 13 años, optando el hombre por esa solución.

Le cuentan a Uriarte que el dueño va contando que es hijo de un barón alemán.

Este, les manda a unas señoritas de forma gratuita, aunque Uriarte no la acepta y sale a fumar, pidiéndole fuego al Mallorquín, mano derecha del Barón, al que le dice que le habían dicho que Barcelona era un buen lugar para hacer negocios, diciéndole él que se lo pregunte a Rediú, a lo que le responde que prefiere prosperar por su cuenta.

Se instala en una pensión, recordando mientras fuma en su pipa, los ruidos de las ametralladoras y gritos durante la guerra, que le dejó buena parte de su piel quemada.

Por la mañana compra el periódico al salir, donde informan de la guerra de África.

Pasan frente a una manifestación donde una mujer arenga a un grupo de mujeres, exigiendo igualdad de derechos y salarios, ya que tienen las mismas obligaciones.

Pero la policía las rodea y las golpea con saña, deteniendo a algunas de ellas.

El comisario reúne a todos sus policías para informarles de que el tren de la MZA transportaba armas del ejército y que el gobernador, Martínez Anido. les exige la detención inmediata de los autores, asegurando que si no recuperan las armas en 72 horas sacará sus tropas a la calle.

Habla tras ello con Rediú, al que pregunta por el maquinista, quejándose de que le aplicaran la ley de fugas, pues son policías, no matones.

Llegan entonces los policías con las manifestantes detenidas, deteniendo Uriarte a un policía cuando iba a golpear con su porra a la líder del mitin.

Acuden a un almacén del barón, indicando el Mallorquín que ellos solo obedecen las órdenes de este, tras lo que se enzarzan en una pelea en la que los hombres del barón se muestran más diestros que los policías, aunque Uriarte muestra unas habilidades para la lucha que le llevan a conseguir deshacerse de ellos.

Rediú pide al Mallorquín que recuerde al barón que tenían un trato que no está cumpliendo. Tras lo que se llevan el dinero de la caja registradora.

Le preguntan a Uriarte dónde aprendió a luchar así, indicando él que en Marruecos.

El Barón rueda una película erótica lésbica con Lola Montaner y Laura, debiendo interrumpir la grabación por la llegada del Mallorquín que le informa de lo ocurrido.

Le dice a Lola que el concejal Folch quiere volver a verla, algo que a ella no le agrada porque cuando bebe se le va la mano, y le cuenta además que está embarazada del oficinista, que le ha pedido que se case con él y deje el Edén, recordándole el barón que es su estrella, aunque ella dice que se ha enamorado, recordándole él que era una corista de segunda a la que él convirtió en estrella invirtiendo su tiempo, su esfuerzo y su dinero, y que el Mallorquín hablará con el doctor y lo solucionará, aunque ella insiste en que no volverá a hacerlo, no escuchándole él, que le recuerda su cita con Folch.

Uriarte y Rediú con sus hombres acuden a la fábrica MZA, donde están en huelga.

Un trabajador manifiesta su deseo de volver a trabajar para poder alimentar a su familia, diciéndole León, un joven anarquista, que no puede hacerlo, diciéndole sin embargo Salvador, que el líder sindical que no se lo impedirán, aunque trata de convencerlo asegurándole que los patronos cederán, pues de lo contrario la fábrica quebrará.

Llega entonces, y entre los insultos de los huelguistas el dueño de la fábrica, Don Emilio.

Los policías se presentan para hablar con él en relación con el asalto al tren, pues creen que entre los que participaron en el asalto hay gente que trabaja para él, que les entrega un listado con el nombre de sus empleados anarquistas, aunque les asegura que estos ignoraban el cargamento del tren, que solo conocían él, su hombre de confianza y Guillem, su contable, que ese día no ha ido a la oficina.

Salvador es llamado por Don Emilio, que le ofrece una importante cantidad de dinero para solucionar el conflicto, diciendo el que este se resolverá cuando deje de obligarles a trabajar 10 horas y deje de hacer trabajar a los menores y aumente sus sueldos.

Don Emilio le dice que el país está en crisis y la producción ha bajado y los impuestos han subido, por lo que si les suben el salario la fábrica se arruinará, recordándole Salvador que la fábrica ganó millones durante la guerra y se hizo rico mientras ellos siguen siendo pobres.

Don Emilio le dice que si no vuelven al trabajo tomará medidas drásticas, diciéndole Salvador que ellos seguirán indefinidamente su huelga.

En comisaría liberan a las mujeres que asistían al mitin, preguntando Sara, la oradora, por Elisa, a la que no ven entre ellas, diciéndole la madre de otra de las detenidas que todo es culpa suya.

Cuando los policías van a buscar al contable de MZA para interrogarlo lo encuentran muerto en la calle, viendo que lo ahogaron con un alambre, encontrando en su cartera una fotografía de Lola.

Sara va a casa de Elisa, donde hay mucha gente en el velatorio, entre ellos su padre, Salvador y León, diciéndole a la madre de la muchacha que es culpa suya, pues ella la convenció, aunque la madre le dice que la culpa es de ellos, que la mataron, no suya y que no debe rendirse y debe seguir luchando.

León le dice que siente lo de Elisa, pero que ellos tienen armas y actuarán.

Don Emilio acude al Edén y habla con el Barón sobre Salvador Ortiz, indicándole que necesita una solución, que el Barón le dice le facilitará, pero no por el dinero prometido, sino por la posibilidad de ser admitido como socio del Liceo.

Interrumpe la conversación la llegada de los miembros de la Brigada de Información, que van a hablar con Lola a la que le dicen que piensan que fue su novio quien dio el soplo a los que asaltaron el tren de la MZA, por lo que le piden a ella los nombres de sus amigos anarquistas, amenazando el Tísico con quemarla con su cigarrillo, diciéndoles ella que hablen con Guillem, diciéndole el Tísico que Guillem ya no puede hablar, apareciendo entonces el Barón que exige que dejen a su estrella tranquila, amenazando con llamar de lo contrario al gobernador Martínez Anido.

Rediú le recuerda al Barón su trato. Él debía ocuparse del ajuste de cuentas y ellos de los bares y los comercios, aunque el Barón les dice que el trato expiró.

Los policías se lamentan de que cada mes recaudan menos, opinando el Tísico que deben deshacerse del Barón, aunque Rediú le cuenta con el respaldo del gobernador y el de la patronal y no pueden hacer nada sin meterse en un lío, salvo que, según apunta Uriarte, lo hagan pasar por un atentado anarquista.

Estalla entonces una bomba en el local en que se encuentran, tras lo que entran varios hombres que disparan contra ellos, siendo recogidos luego por un coche que conduce Sara, con el que huyen, dejando panfletos anarquistas.

Se dan cuenta de que las armas utilizadas son las del ejército.

León le dice a Sara que debería estar contenta por ser la primera chica que entra en un grupo de acción y le pide que se deshaga del coche.

Cuando ella llega a casa le espera su padre, Salvador, que le dice que estaba preocupado y le pide que no se acerque a León, aunque ella le recuerda que, tal como le enseñó él, los anarquistas no admiten órdenes ni autoridad, diciéndole su padre que las pistolas no traerán la revolución, sino el caos.

Ella le recuerda que mataron a Elisa, diciéndole él que matar a otros no servirá de nada, aunque ella piensa que los discursos y las huelgas no sirven de nada.

Uriarte acude solo a ver al Barón para proponerle un negocio, diciéndole que puede facilitarle información e incluso avisarle si al inspector Rediú le da por atentar contra él.

El Barón le dice que no suele confiar en gente que no conoce, a lo que le responde que no es preciso que confíe en él y que basta con que le pague cada vez que le haga un trabajo o le dé una información.

El Barón le dice que el Mallorquín se pondrá en contacto con él si le necesitan.

Salvador ve cómo León habla con los huelguistas para pedir acción y que no se limiten a protestar, pues se están muriendo y pasando hambre y que poco a poco se van rindiendo compañeros.

Salvador toma entonces la palabra para decirles que el patrón trató de sobornarlo, lo que significa que tiene miedo y que están en el buen camino, aunque su propia hija dice que ese es el camino donde les aplastan con sus caballos y les matan de hambre, a lo que su padre le responde que si utilizan la violencia tendrán la excusa que necesitan para destruirlos, diciéndole León que no cree ya en su camino, viendo cómo aparecen los esquiroles escoltados por la guardia civil.

El Tísico le dice a Uriarte que sabe que no es trigo limpio y que su jefe también se dará cuenta pronto.

El Barón da las gracias a Don Emilio tras conseguir ser admitido en el Liceo, donde el primero le presenta a algunos de sus miembros, a muchos de los cuales conoce por su negocio, informando a Don Emilio de que su problema se solucionará en breve.

Ve cómo el Gobernador aboga por sacar las tropas a la calle frente a la posición de Verdaguer, al que el gobernador informa que su tiempo se agota.

Rediú y Uriarte regresan a la fábrica, donde ven a varios de los hombres del Barón tratando de reventar la huelga.

Uriarte sale del coche y se mete en medio de la trifulca, sirviéndose de sus habilidades para la pelea, que no impiden que en algún momento sea también golpeado.

Sara, unida a los huelguistas golpea también con fuerza a los esquiroles hasta que uno de los hombres consigue dominarla y ataca luego con una navaja a Salvador, al que libra Uriarte de morir, enfrentándose al matón, aunque es Sara quien acaba con él, siendo la victoria es para los huelguistas.

Interrogan al hombre que trató de acabar con Salvador, informando Rediú al comisario de que confesó que trató de matar a Salvador Ortiz por orden del Barón.

Temen que si acaban con Ortiz los anarquistas, violentos se harán con el control, considerando Rediú que es el momento de detener al Barón, aunque el comisario indica que sería la palabra de un matón contra la de un empresario respetable.

Uriarte les indica que tratará de que Ortiz, en deuda con él, les ayude.

El comisario les permite que registren el Edén en busca de pruebas.

El Barón supervisa la coreografía de Lola y las vedettes, diciéndole a su estrella que cuanto antes aborte será mejor para todos, cuando llega el Mallorquín, que le informa de que su encargo no acabó como esperaba.

Recibe tras ello una llamada de Uriarte, que le advierte de lo que va a ocurrir.

Ve más tarde Uriarte que le persiguen, sorprendiendo a Sara, que le dice que quiere saber para quién trabaja, diciéndole él solo que volverán a intentar matar a su padre y que él podría ayudarle si él le ayuda a su vez, aunque ella le dice que su padre no es un chivato y que no se fía de los hombres que no tienen ideales, diciéndole Uriarte que tampoco puede fiarse de los que los tienen.

Entretanto Rediú y sus hombres llegan al Edén y le dicen al Barón que queda detenido por ordenar la muerte de Salvador Ortiz, aunque llega entonces una llamada, tras la que debe pedir su liberación, pues le informan que asesinaron al matón en comisaría.

Sara lleva a Uriarte hasta el local donde están los anarquistas para que hable con su padre, que piensa que ha ido para cobrarse el favor, diciéndole que necesita información sobre el asalto al tren de la MZA, respondiéndole Salvador que, aunque lo supiera no le daría esa información a un policía.

Uriarte le dice que a ninguno de los dos le interesa que acabe todo en una guerra.

Salvador asegura que quienes robaron las armas no fueron los anarquistas, aunque Uriarte le indica que el día anterior dos anarquistas les atacaron con armas del ejército, diciéndole que el hecho de que las tengan no significa que las robaran.

Cuando regresa a la pensión, encuentra allí al Mallorquín, que le dice que el Barón quiere verle y le pide que le acompañe.

Fuera los ven juntos, y desde un coche, Rediú y el Tísico, que había advertido a aquel.

Cuando llega, el Barón le da un sobre con su paga por el servicio prestado.

De regreso a la pensión compara el alambre con que el Mallorquín hizo un escorpión mientras le esperaba, y el alambre con que asesinaron a Guillem.

Al día siguiente se produce el atraco a un banco de un grupo anarquista formado por dos hombres y una mujer.

El Tísico apunta con su arma a Uriarte, tras sorprenderlo y lo lleva ante Rediú, que le pregunta si está en tratos con el Barón, diciendo él que sí y que gracias a ello ha descubierto que fue el Mallorquín quien mató al contable por orden del Barón y que fueron ellos quienes robaron las armas y se las vendieron a los anarquistas.

Reciben el aviso del atraco al Banco de Barcelona, preguntando uno de los atracadores por Aníbal Uriarte.

Cuando llegan al banco, les cuentan que abatieron a uno de los anarquistas y el otro huyó con el dinero, teniendo acorralado al tercero, que es una mujer que dice que no se entregará hasta que hable con Aníbal Uriarte.

Mientras se acerca le pide a la mujer que no complique más las cosas y que permita que se marchen los empleados del banco y que entregue el arma, lo que hace, siendo finalmente detenida.

Al hacerlo, el Tísico le dice que pueden hacerlo por las buenas o por las malas mientras le preguntan por su compinche y de dónde sacaron las armas, diciendo ella que no sabe nada, por lo que la abofetea hasta que interviene Aníbal, que le pide que les ayude para que él pueda ayudarla.

Martínez Anido recibe a los periodistas, que le hablan del desastre de Annual, que él niega, hablando de una pequeña incursión que el ejército repelerá.

Cuando le hablan del asalto al banco asegura que han de acabar con los anarquistas.

Salvador, enterado de la detención de su hija, pide que llamen a León.

Sara lleva a los policías hasta un edificio abandonado donde les dice, estaban las armas, pero donde no hay ya nada, lo que hace que se enfaden, abofeteándola de nuevo el Tísico, pues cree que les está entreteniendo para que su amigo pueda escapar, tras lo que la besa lascivamente mientras le pregunta por sus compinches, asegurando ella que no es una chivata.

El Tísico se dispone a violarla, momento en que ella se revuelve y lo golpea.

Rediú la apunta entonces con su arma y Aníbal le apunta a él a su vez y le pide que deje el arma. Se la quita y se lleva a Sara.

Desarma luego a los chóferes, y le pide a Beltrán, que es uno de ellos, que le entregue la libreta con todas las anotaciones de los negocios de Rediú.

Salvador va a ver a León al que recrimina lo ocurrido con su hija, aunque este le dice que fue decisión de ella.

Le pide luego que cesen en sus acciones, pues son sindicalistas, no asesinos, a lo que León le responde que el objetivo es la revolución y solo llegará si se arman y luchan.

Salvador le dice que el sindicato está creciendo y pronto llegará a los dos millones y así podrán cambiar las cosas, pero León le dice que no pueden esperar 10 años más, y cuando Salvador le dice que está con ellos o contra ellos, León le dice lo mismo.

Uriarte huye con Sara en uno de los coches, cuando ve que les persiguen con el otro y el Tísico les dispara con una ametralladora.

Hace que conduzca Sara mientras él dispara desde la parte trasera, alcanzando al Tísico, tras lo que se adentran en un campo de maíz y al salir del mismo el coche perseguidor acaba chocando contra un árbol y volcando.

Cuando paran, Aníbal observa que tiene una herida de bala en el costado.

Recuperado del accidente, Rediú recibe la noticia del comisario de que en Madrid no saben nada de Aníbal Uriarte, siendo falsos todos sus documentos, por lo que ordena su detención.

Rediú le dice a Beltrán que más les vale que Uriarte aparezca muerto, ya que lo sabe todo sobre ellos.

Sara le cuenta a Aníbal que sus padres la llevaban hasta esa playa, a la que no regresó desde la muerte de su madre durante la Semana Trágica por una explosión durante una asamblea, diciéndole Aníbal que le gusta la gente con ideales.

Lola llega al Edén, lleno ya, aunque le dice al Barón que no se encuentra bien y el médico le dijo que debería descansar unos días, recordando él que la anterior vez no descansó y no le pasó nada.

Ella se queja de que asesinaran a su novio, que era un buen hombre, dejándola finalmente él descansar ese día.

Rediú va a ver al Barón al que le pide que le entregue al Vasco, pues se está haciendo pasar por policía, pero no lo es y de lo contrario caerá con él, aunque el Barón le dice que él conoce a más gente poderosa y lo sabe todo de todo el mundo.

Salvador recibe a su hija, viendo que está a salvo, dejándoles un amigo un refugio donde vivir escondidos.

Sara le pide a Uriarte que se quede con ellos, pues también le buscan a él, diciéndole él que tiene asuntos pendientes, aunque antes de que se marche le convence para que le deje curarle la herida.

Mientras le ayuda, y al ver sus quemaduras, le pregunta qué le ocurrió, contándole él que en Marruecos, al principio de la guerra, los cabilas prendieron sus cabañas.

Le cuenta también que no tiene familia, insistiéndole en que se una a ellos para formar su propio grupo de acción, pues también es un trabajador, aunque él le dice que tiene que irse, tras lo que Sara lo abraza.

Sube al coche, del que de pronto, y desde la parte trasera, donde estaba escondido, sale el Mallorquín, que le trata de ahogar con un alambre, como a Guillem.

Consigue darle un cabezazo y librarse, comenzando una pelea entre ambos, tratando el Mallorquín de quitarle su pistola, peleando por ella, hasta que por fin se escucha un disparo, saliendo el Mallorquín del coche mientras cae dentro de aquel Uriarte, que sale de él para ver cómo cae el Mallorquín, con el que comparte un cigarrillo.

Le dice que sabe que él asesinó al contable para que no les delatase, diciéndole que lo hizo, pero para evitar que Lola dejara el Edén.

Le pregunta quién robó entonces las armas.

Uriarte va tras ello a casa del comisario Verdaguer, al que le cuenta que mató al Tísico porque trató de matarle y tuvo que defenderse y que aquel y Rediú extorsionan a comerciantes y asesinan a anarquistas, entregándole la libreta donde figura todo.

Le dice también que está a punto de localizar dónde están las armas, aunque necesita tiempo, asegurándole que es el único que puede ayudarle.

Lola, por su parte, llora desconsolada por la muerte de su prometido, mientras el Barón se preocupa por la ausencia del Mallorquín, llegando entonces Uriarte, al que le dice que Rediú le contó que no es policía, diciéndole Uriarte que va a necesitar su ayuda, pues el Mallorquín está muerto tras su intento de acabar con Salvador Ortiz.

Le cuenta luego, aparte a Lola, que fue el Barón quien ordenó la muerte de Guillem.

El Barón lleva a Uriarte hasta una nave, y le dice que si desea prosperar debe seguir con él, pudiendo ver al hombre del parche en el ojo que lideró el asalto al tren, con el que trata el Barón, viendo movimiento de cajas.

Salvador le dice a su hija que no cree que vuelva Uriarte, diciéndole ella que piensa volver a la ciudad, recordándole su padre que la busca la policía, diciendo ella que deben seguir luchando, diciéndole su padre que cuando las cosas se calmen.

Uriarte se reúne en una iglesia con un militar que le informa del suicidio del general Silvestre y de la captura del general Navarro, habiendo muerto más de 5.000 soldados, y habiendo otros 1.000 prisioneros

Le pregunta qué ha averiguado, informándole de que el gobernador Martínez Anido es el responsable del asalto al tren que hicieron con hombres disfrazados de anarquistas, estando en tratos con un mafioso local para que aumente la violencia y justificar la intervención militar, aunque si actúan con decisión, aún pueden controlar la situación.

El militar le indica la necesidad de desviar la atención de la opinión pública respecto del desastre de África.

Pero Uriarte, que lo llama ministro y le dice que si militares y anarquistas se enfrentan podría acabar en una guerra civil, aunque el militar le dice que cuando la situación sea insostenible darán un golpe de estado para restablecer el orden.

Uriarte le indica que morirán muchos inocentes, a lo que el ministro le responde que es un asunto de estado, quejándose Uriarte, que le indica que eso mismo le dijeron unos años antes cuando él les avisó del ataque y prefirieron no hacer nada para que la opinión pública viera que los rifeños eran unos salvajes y poder enviar más tropas, pidiéndole el ministro a Uriarte, al que llama capitán, que vigile su tono.

Le ordena tras ello que, terminada su misión, regrese a Madrid.

Verdaguer detiene a Beltrán por su cuaderno, confesando este el lugar en que enterraban a las víctimas de Rediú y sus hombres.

Este, descubiertos sus crímenes, se suicida.

La prensa se hace eco de la masacre sufrida por el ejército en Marruecos.

Salvador es sorprendido por León y por otro compañero que lo asesinan y cuando su hija corre al escuchar los disparos, solo puede ver a un coche alejándose y a su padre ya muerto.

En la estación, mientras espera al tren, Uriarte escucha a unas personas que comentan el asesinato de Ortiz.

Su entierro, al que acude su propio asesino, aparentemente compungido, reúne a un enorme número de sindicalistas, pidiéndole León a Sara que se dirija a todos.

Les dice que su padre pensaba que el diálogo era el camino, pero se equivocó y la paz que él quería ya no es posible, tras lo que León indica que su muerte no quedará impune y que llegó la hora de la revolución, gritando todos "Revolución".

Llega en ese momento Uriarte, que busca a Sara para decirle que lo siente mucho, pero que si usan las armas, el ejército tomará las calles y les matarán a todos.

Pero ella le dice que es tarde ya para las palabras, diciéndole él que quienes mataron a su padre quieren una guerra.

Va tras ello a comisaría, donde ve al llegar cómo se llevan el cadáver de Rediú.

Le dice al comisario que deben detener a García Serrano y al Barón por el asesinato de Ortiz para apaciguar los ánimos, aunque el Comisario le dice que no fueron ellos, pues lo hicieron con las mismas balas de los anarquistas que atracaron el banco.

Le informa luego de que las armas están en el Edén y que la venta se hará esa noche, por lo que deben actuar ya.

Mientras las bailarinas ejecutan su número, en la trastienda León y varios compañeros más negocian la compra de más armas con el Barón, que le pregunta si fueron ellos los que mataron a Ortiz para hacerse con el control del sindicato, ordenando tras ello a sus hombres que se deshagan de los sindicalistas, comenzando en ese momento un tiroteo.

Uriarte y el Comisario observan en su coche el movimiento, bajando secundados por decenas de policías, comenzando un tiroteo con los hombres del Barón para entrar.

Cuando el Comisario trata de detener al Barón comienza también en la sala un tiroteo.

En la trastienda, Sara y León se defienden, fijándose ella en la suela de León, manchada de la pintura que estaba utilizando su padre y le acusa de su asesinato, apuntándolo con su arma, aunque aparece otro compañero que la golpea y lo libera.

Los anarquistas tratan de huir también por el salón, disparando León a Don Emilio que era uno de los clientes.

En su despacho, el Barón recoge su dinero de la caja fuerte, siendo sorprendido por Lola, que lleva un arma, recordándole él todo lo que ha hecho por ella, que sin querer escucharlo le dispara y acaba con él, haciéndose con su dinero y huyendo con Laura, la hija del ferretero.

Confundido con los clientes que tratan de huir, empapados por la fuerte lluvia, va león, que consigue llegar hasta el coche, aunque antes de subir recibe un disparo de Uriarte, aunque cuando va a rematarlo su arma se encasquilla, siendo León quien le dispara a él, aunque cuando le va a asestar el tiro de gracia cae muerto por un disparo de Sara, que luego lo remata.

Oyen disparos cercanos y ella se marcha.

Uriarte vuelve a la estación dispuesto a regresar a Madrid, escuchándose a un niño que grita las noticias del fin de semana sangriento en Barcelona.

El 13 de septiembre de 1923 el Capitán General Primo de Rivera dio un golpe de Estado con el apoyo de la mayoría de las unidades militares, de la burguesía catalana y de los terratenientes andaluces, siendo nombrado el General Martínez Anido Ministro de la Gobernación.

Calificación: 3
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