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L'Atalante

L'Atalante (1934) * Francia

Duración: 82 min.

Música: Maurice Jaubert

Fotografía: Boris Kaufman, Louis Berger

Guion: Jean Vigo, Albert Riera, Jean Guinée

Dirección: Jean Vigo

Intérpretes: Michel Simon (Tío Jules), Dita Parlo (Juliette), Jean Dasté (Jean), Gilles Margaritis (Vendedor), Louis Lefebvre (Totó, el grumete), Raphaël Diligent (Raspoutine).

Suenan las campanas de un pequeño pueblo poco antes de que de la iglesia salga una pareja de recién casados, Jean y Juliette, seguidos por todos los asistentes.

Solo dos de ellos, el tío Jules y el joven Totó que salieron antes, corren hacia una barcaza, L'Atalante, atracada en el puerto.

La madre de la novia llora pensando que nunca había salido del pueblo y ahora la ha perdido para siempre, preguntándose los familiares de la muchacha si no podía haberse casado con alguien de allí, señalando que siempre quiso destacar y en el pueblo se aburría.

Jules y Totó reciben a los novios a bordo del barco, con música y bailando, aunque al hacerlo el joven tira sin querer las flores que le tenían preparadas a la novia, aunque luego consigue recuperarlas y se las entrega a la novia.

Su madre llora al ver que se va, despidiéndose los novios mientras se alejan en el barco.

La novia mira desde la proa, acercándose a ella el novio, cayendo ella, aunque los gatos de Jules la hacen levantarse, lanzándose algunos de ellos sobre el novio, Jean, el capitán de la barcaza, al que arañan, cuando va a recogerla.

Finalmente se la lleva en brazos hacia el camarote.

Por la mañana Jules y el grumete la despiertan cantando y tocando el acordeón, y cuando sale a cubierta la abraza y la besa Jean. poco antes de volver a atracar.

Jean se queja a Jules, pues una de sus gatas parió varios gatitos en su cama.

Juliette inspecciona su nuevo hogar, encontrando un armario lleno de ropa sucia, ya que, le dice Jean, lava toda una vez al año, pidiendo ella tanto la suya como la del resto de los marineros, aunque el tío Jules se resiste, diciendo que él ya se lo hacía antes de que ella fuera, aunque se la da, dice por respeto hacia ella.

Llega hasta el barco el chatarrero, Raspoutine, con un disco para Jules, y mientras este y el grumete van a recoger cosas ella y Jean bromean, contándole ella que si se mete la cabeza en el agua, se puede ver a la persona amada.

Jean mete su cabeza varias veces en el cubo, pero sin resultados.

Por la noche ella se despierta y ve que no está Jean, que está llevando el timón, mientras llueve, diciéndole Jules que se vaya con su mujer, la cual piensa en lo triste que estar así cada noche.

Él le pregunta si se aburre, mientras se prepara para tejer una prenda para él, que le dice que pronto se irán y podrá conocer sitios nuevos, diciendo ella que solo las riberas, y ella está deseando llegar a una gran ciudad.

Escucha en la radio hablar de París, y se pregunta cuándo podrán ver la ciudad.

En la radio parisina habla de la moda y señalan que se lleva el color violeta y por la noche, lamé, terciopelo y satén y las boinas levantadas del lado izquierdo.

El barco avanza entre la niebla, debiendo tocar la campana antes de atracar, sentándose ella en cubierta entre la niebla.

Ella cose a máquina y pide a Jules su colaboración para coger el dobladillo de una falda.

El tío Jules, muy borracho, no para de bromear, por lo que ella acaba pinchándole con la aguja, anunciándole poco después que llegaron a París.

Ella entra en el camarote del tío Jules, pudiendo observar la gran cantidad de cosas curiosas que este ha ido acumulando por todo el mundo, como marionetas, enormes abanicos, campanillas, encontrando incluso las manos de un amigo en formol.

Jules le muestra luego todos los tatuajes que cubren su cuerpo y toca para ella el acordeón, regañándola Jean cuando la encuentra allí, prohibiéndole volver a entrar, procediendo a romper, debido a sus celos, algunas de los platos de Jules, que no parece afectado, rompiendo él de hecho uno que quedó intacto.

Aprovechando su llegada al puerto, Jules hace que le corte el pelo un esquilador de perros.

Ella le dice a Jean que quiere que le saque para enseñarle la ciudad.

Pero se les adelanta Jules, que dice que va a ver al médico pese a que no está malo, no pudiendo ellos salir hasta que él vuelva, pues no quiere dejar el barco solo.

Pero el tío Jules va en realidad a ver a una adivina, pues que rompiera Jean el espejo cree que les dará mala suerte, y más tras ver que se rompió el collar que tiene como amuleto, aunque la mujer le dice que todo le va a ir bien según las cartas y su mano.

Jean sigue esperando, pero ella, que se cambió, le dice que ya no quiere salir.

Aprovechando que las cartas le eran favorables, Jules va a un bar, y roba el altavoz del fonógrafo para uno que tiene él que no funciona, y regresa con él al barco, muy borracho.

Jean se duerme, y cuando ella va a la cama, él dice que había soñado que le dejaba.

Jules arma mucho escándalo debido a la borrachera y lo despierta del todo, debiendo arrastrarlo hasta la cama debido a su estado, quejándose Jean de que cada vez que están en París ocurre lo mismo, por lo que propone marcharse cuanto antes, diciéndole a Juliette que volverán en otra ocasión y se lo enseñará, partiendo hacia Corbeil.

Para compensarla, la lleva en su siguiente parada hasta el Cuatro Naciones, un salón de baile, donde ven a un vendedor ambulante que es un charlatán que le muestra sus bonitos pañuelos y la saca a bailar, preguntándole si conoce París, afirmando que él le podría mostrar muchas cosas.

Los celos vuelven a hacer enfadar a Jean, que va a rescatar a su mujer de sus brazos y desprecia al vendedor, al que incluso golpea cuando trata de devolverle el pañuelo.

Pero, encaprichado con la mujer, el vendedor los sigue hasta el puerto, y cuando ve que Juliette se queda sola se acerca hasta el barco, ahora como hombre orquesta con el bombo y platillos en la espalda y con una trompeta, llamando así su atención.

Le devuelve su pañuelo y le dice que se va a París, proponiéndole que le acompañe, que la llevará en su bicicleta y estará de regreso enseguida y está convencido de que le encantará, pues es la ciudad de la luz.

Señala que va a raptarla si nadie se opone, pero en ese momento aparece Jean, que lo expulsa del barco.

Pero por la noche, ella recuerda las palabras del charlatán y cuando Jean va al cuarto no le permite que se acueste con ella.

Poco después se viste y se escapa del barco, y se acerca a la ciudad.

Cuando Jean vuelve a la habitación y ve que ella no está y que se llevó su ropa, le dice a Jules, despechado, que se marchan, y aunque él le dice que regresará, él no quiere que les encuentre cuando vuelva pese a que tenían previsto estar allí dos días y parten hacia Corbeil sin esperarla.

En la ciudad, Juliette disfruta mirando los escaparates de las joyerías, o los elegantes vestidos llamando todo su atención, como los muñecos articulados.

Cuando llegado el día regresa al muelle ve que L'Atalante no está allí ya.

Va por ello a la estación para coger el tren hasta Corbail, pero entonces un ladrón se acerca a ella y le roba el bolso, y, aunque todos salen tras él y consiguen alcanzarle, perdió el bolso, no pudiendo por ello ya regresar.

Trata de encontrar un trabajo, pero las colas para ello son largas.

Jean se muestra taciturno y triste, no haciendo demasiado caso a Jules cuando trata de jugar con él a las damas, consiguiendo ganarlo pese a la falta de concentración.

Mete luego su cabeza en un cubo de agua para ver si puede ver a su amor, sin éxito.

Entretanto, Jules consigue arreglar el fonógrafo, por lo que decide, con el grumete sacarlo a cubierta para que Jean pueda escuchar música y distraerse.

Pero no lo encuentran allí. Jean se lanzó al agua, pudiendo esta vez sí, mientras bucea, ver cómo se le aparece su amor, Juliette.

Sus marineros tratan de animarle poniéndole música.

Pero esa noche, cuando se acuestan, se echan de menos mutuamente y ambos sueñan que están acostado y haciendo el amor con el otro.

Llegan a "El Havre" y Jean es reclamado por el gerente de la compañía a la que pertenece el barco.

Le preguntan a Jules si su patrón se ocupa del trabajo, pues tienen informes que indican lo contrario, diciendo él que sí y que todo son chismes, y puede ver que el barco ha llegado hasta allí y lo llevó el patrón, pues ni él ni el chico tienen licencia de capitán.

Consigue así por esta vez que no le despidan.

Pero Jean sigue mal, pensando Jules que para que cambie su actitud necesita a la Jefa, por lo que, dice, irá él a buscarla y la traerá.

Sale en efecto a buscarla por la ciudad, pasando por varios hoteles.

Juliette entra en una tienda de discos, donde, pagando, se pueden escuchar las canciones preferidas, escuchando ella el último éxito, "La canción del marinero".

Allí es donde la sorprende Jules, que la carga al hombro y se la lleva sin hacer caso del revuelo que su actitud crea en los demás clientes.

Cuando Totó le cuenta a Jean que Jules salió a buscar a Juliette, cambia de actitud. Decide lavarse y afeitarse para estar presentable cuando vuelva.

Cuando Jules la lleva adentro y los deja solos, la espera Jean allí, por lo que se lanzan el uno en brazos de la otra y se abrazan contentos de volver a verse, volviendo la barcaza a navegar sin novedades.

Calificación: 3
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