Haz clic aquí para volver a la página de inicio




Bienvenido a mi página de cine

La Vía Láctea

La Voie Lactée (1968) * Francia / Italia

Duración: 95 Min.

Fotografía: Christian Matras

Guión: Luis Buñuel, Jean-Claude Carrière

Dirección: Luis Buñuel

Intérpretes: Paul Frankeur (Pierre), Laurent Terzieff (Jean), Alain Cuny (El hombre de la capa), Edith Scob (Virgen María), Bernard Verley (Jesús), Pierre Clément (Diablo), Julien Bertheau (Maître del Hotel), Michel Piccoli (Marqués de Sade), Georges Marchal (Jesuita), Jean Piat (Jansenista), Daniel Pilon (François), Claudio Brook (Obispo), Delphine Seyrig (Prostituta).

En el Siglo VII una estrella indicó a unos pastores el lugar en que estaba enterrado el cuerpo del Apóstol Santiago, lugar que pasó a llamarse "Campus Stellae" (Campo de la Estrella), más tarde Compostela, que a partir del Siglo XI se convirtió en lugar de peregrinaje de personas de toda Europa deseosas de venerar la tumba del Santo siguiendo la ruta marcada por la Vía Láctea, también llamada Camino de Santiago.

A finales del Siglo XVI, y durante las guerras de religión se interrumpieron las peregrinaciones, ocultando el obispo de Santiago los restos del Apóstol para preservarlos del pillaje, siendo descubiertos de nuevo, por casualidad en el Siglo XIX.

Dos mendigos, Pierre, un hombre de 59 años, y Jean, un joven, hacen autostop en una carretera secundaria camino de Fontainebleau, aunque nadie los recoge.

Aparece entonces en la carretera un hombre elegantemente vestido que lleva capa y sobrero, y al que le piden limosna.

El hombre le pregunta a Jean si tiene algo y él dice que no tiene ya nada, mientras Pierre asegura que le queda algo, diciéndoles el hombre que no dará nada al que no tiene nada, y al que tiene algo le dará mucho más, entregándole un billete, tras lo que les pregunta si son peregrinos y van a Santiago, a lo que responden afirmativamente, pidiéndoles el hombre que continúen su camino y que a la entrada de Compostela elijan a una prostituta y tengan hijos de la prostitución, debiendo llamar al primero "Tú no eres mi pueblo" y al segundo "Nada de Misericordia", lo mismo que Dios le dijo al profeta Oseas.

Se quedan atónitos ante lo sucedido, observando al girarse que el hombre de la capa va ahora acompañado de un enano que lleva una paloma a la que suelta antes de desaparecer esa Santísima Trinidad.

Se preguntan entonces por qué le dio dinero a Pierre, que ya tenía algo de dinero, concluyendo que quizá se debió a que su barba le infundió confianza, recordando que su madre le contaba una curiosa historia sobre Jesús.

Cuando este era joven, y mientras José trabajaba en la carpintería y María amasaba harina para hacer pan, Jesús se disponía a afeitarse, pidiéndole entonces su madre que no lo hiciera, pues la barba le sentaba muy bien.

Siguiendo su camino se encuentran con un niño sentado al borde de la carretera y con los estigmas de Cristo, y que no habla, aunque, cuando manifiestan junto a él su escepticismo respecto a la posibilidad de que pare algún coche, el niño se levanta y les para un lujoso coche conducido por un chófer que les dice que va a España, por lo que se siente afortunados, si bien la alegría les dura poco, pues cuando Jean dice "este coche no lo consigue ni Dios", el conductor para el coche y les obliga a bajar por haber tomado el nombre de Dios en vano.

En un bar un gendarme y un sacerdote entablan una conversación en la que el primero le plantea al segundo que los milagros pueden explicarse científicamente, a lo que el sacerdote le responde que la ciencia coincide con la religión.

Llegan los peregrinos al bar asistiendo al debate entre el gendarme y el sacerdote sobre el hecho de que el cuerpo de Cristo se pueda encontrar en la Hostia, aduciendo el sacerdote que es así y que no es un símbolo. El cuerpo de Cristo está en ella.

El dueño del bar interviene al afirmar que él así lo cree, y que piensa que el cuerpo de Cristo está en la Hostia, igual que la liebre está en el paté.

El cura, que rechaza tal interpretación, aunque poco después, y cuando el gendarme expulsa a los peregrinos del bar dice acabar de comprender que el dueño del bar tiene razón y que, en efecto el cuerpo de Cristo está en la Hostia como la liebre en el paté, y cuando el gendarme le hace ver que se contradice, el cura le lanza su café a la cara.

Aparece entonces una ambulancia que se lleva al cura al manicomio del que se había escapado.

Como ya es de noche, los peregrinos se paran a descansar y encienden una hoguera y charlan, cuando de pronto aparece un hombre con una cabra que les habla en latín.

Mientras ellos se disponen a dormir, el hombre se acerca a un grupo de personas que celebran una extraña ceremonia en el bosque, presidida por Prisciliano, obispo de Ávila, y que realizan también en latín, en la que el religioso afirma que el cuerpo es obra del demonio, pues algo tan indigno e impuro no pudo ser creado por Dios, no siendo el cuerpo más que la prisión del alma y para liberar a esta de su prisión debe separarse del cuerpo, al que deben humillar y despreciar, sometiéndolo a los placeres de la carne para que el alma purificada vuelva después de la muerte a su estancia celeste, celebrándose tras ello una orgía entre todos los asistentes a la ceremonia, procediendo el propio obispo, tras bendecir el pan y comulgar a irse con dos mujeres.

De pronto hay una tormenta que despierta a Pierre, del que Jean se burla al ver que se santigua, y, para demostrarle que no tiene razón al creer en Dios reta a este a demostrar su existencia cayendo entonces un rayo sobre un árbol que estaba justo en el lugar donde estaba él unos segundos antes.

Los dos mendigos llegan en tren a la estación de Tours, y comienzan a pedir limosna por la ciudad.

En un lujoso restaurante de la localidad el maître discute con dos camareros sobre la existencia de Dios.

Vemos entonces al Marqués de Sadeen un calabozo que le pide a Teresa que deje de creer en un Dios vengativo, no creyendo él en la existencia de Dios, pues asegura que si Dios existiera habría menos maldad en la tierra, señalándole la necesidad de renegar de todas las religiones y en especial del bárbaro cristianismo, afirmando Teresa pese a todo que Dios existe.

En el restaurante de Tours el maître sigue con sus discursos asegurando que los libertinos niegan a Dios para poder satisfacer sus bajas pasiones.

Hablan tras ello sobre la doble naturaleza humana y Divina de Jesús, poniéndoles el maître como ejemplo el propio diablo, que en ocasiones adopta la forma de lobo, sin por ello dejar de ser diablo

Se pregunta un camarero entonces por qué, si era un hombre como los demás lo representan siempre tan serio y solemne y no riendo o actuando como cualquier otra persona.

Vemos entonces a Jesús en Caná, donde disfruta y ríe con sus discípulos, hasta que su madre le comenta que se les ha acabado el vino a los novios, recriminándole él que le pida que actúe pese a que no ha llegado aun su hora, aunque a instancias de ella acaba pidiendo a los sirvientes que llenen las jarras de agua y la sirvan.

Todos los camareros del restaurante de Tours acaban reunidos en torno al maître escuchando sus explicaciones, hasta que llega una pareja para comer.

Llegan también los dos mendigos a los que el maître expulsa del restaurante.

Siguiendo su camino llegan a una fiesta campestres que celebra la Institución Lamartine, en Burdeos. Allí las familias comparten con estudiantes y profesores una agradable comida mientras esperan que los niños representen una obra escrita por el farmacéutico, siendo los dos peregrinos invitados a comer por una familia.

Sobre el escenario un grupo de niñas recita, como prólogo a la fiesta todo un rosario de herejías, siendo seguida cada una de ellas por el coro de las demás niñas que dicen quien las realice "será anatema".

Mientras las niñas recitan esto vemos a un grupo de anarquistas que fusilan al Papa.

El hombre que está al lado de Jean se pregunta qué fueron esos disparos y si hay un campo de tiro al lado, a lo que Jean le responde que ha sido él, que se estaba imaginando que fusilaban al Papa, a lo que el hombre le dice que eso no sucederá nunca.

Un tribunal inquisitorial condena a un fraile que se niega a abandonar sus erróneas creencias, pues indica que el purgatorio no se menciona en las escrituras y que los sacramentos de la confirmación y la extremaunción no fueron instituidos por Cristo, por lo que es anatema y lo condenan a morir.

Entre el resto de los asistentes hay un joven dominico que le plantea a sus superiores si quemar a los herejes es algo que no va contra la religión, pues cree que aquellos cuyos hermanos fueron quemados quemarán a otros, y así sucesivamente en una espiral sin fin al creerse todos ellos en posesión de la verdad.

Pero no podrá mantener sus convicciones ante sus superiores al ver que estos comienzan a mirarle como si fuera preciso enviarlo a él también al tormento.

Camino de Bayona a Pierre comienza a dolerle el pie, por lo que Jean se lo venda, tras lo cual vuelve a intentar parar un coche que pasa, y que no para, ante lo que Jean dice "ojalá tengas un reventón y te estrelles", observando que sucede al momento.

Al acercarse al coche observan que el conductor está muerto, por lo que Pierre se plantea ir a avisar a la policía, hablándoles entonces un hombre desde la parte trasera del coche al que hasta ese momento no habían visto, que les dice que no lo hagan, pues los retendrían y ellos deben seguir su camino.

El hombre les dice que subió cuando desearon que se estrellase, y cuando le preguntan quién es les dice que es un obrero que nunca descansa, pues allí son millones y millones, - en el infierno - poniéndoles en la radio una voz que dice que allí las lágrimas y el arrepentimiento no valen, las oraciones no se escuchan y las promesas para el futuro se rechazan, ni puede hacerse ya penitencia aunque asegura que en el juicio final Dios se apiadará de ellos.

Ven cómo el hombre desaparece y aparece cada vez en un sitio, no sabiendo que se trata del diablo, que le dice a Pierre que coja los zapatos del muerto, ya que a él no le sirven de nada.

Con ellos continúan su camino llegando a una iglesia a la que llega un grupo de monjas que cargan con una cruz, en la que más tarde clavan a una de ellas sin escuchar a un conde, benefactor de la orden, un jansenista que trata de disuadirlas de que lo hagan.

Los mendigos tratan de entrar en la iglesia, pero les impiden el paso.

Fuera, un jesuita les explica que el convento fue contaminado por los jansenistas y que se cometen sacrilegios cada día en la iglesia por parte de estos que son unos "convulsionarios" fanáticos.

Cuando finalmente se van todos y dejan a la monja clavada en la cruz, se acerca el jesuita al conde, al que reta a un duelo al que piden a los mendigos que acudan como testigos.

Comienzan un duelo a espadas mientras cada uno expone sus tesis, aprovechando los mendigos el duelo para comer mientras discuten entre ellos sobre el libre albedrío, ya que sostiene Jean, que si Dios lo sabe todo de antemano y entre dos posibles acciones, él decide optar por la mala, Dios ya lo sabía siendo por tanto él quien ha decidido por él.

Ven entonces cómo acabaron ya el duelo el jansenista y el jesuita y se van juntos.

Llegan finalmente a España, pasando por la playa de la Concha de San Sebastián, en su camino hacia Burgos.

Les paran por el camino dos estudiantes vestidos como en el siglo XVI, y que llevan capas y que les piden que lleven su borrico, que va cargado, hasta una posada cercana, donde ellos lo recogerán por la noche, dándoles una propina por hacerlo.

Tras ello los dos hombres se acercan al claustro de un convento en el que los jóvenes observan cómo es condenado a arder el cadáver de un antiguo obispo al que desenterraron tras aparecer, tiempo después de su muerte, un manuscrito herético.

El obispo que preside la ceremonia proclama el dogma de la Trinidad, momento en que uno de los jóvenes grita que "Dios es uno" y que no puede ser partido en tres partes y que el Espíritu Santo es tan solo un ángel.

El obispo ordena a los guardias que los detengan, aunque consiguen huir, encontrando mientras lo hacen, en el bosque, las ropas y las armas abandonadas de dos cazadores que se están bañando, y se las roban, vistiéndose con ellas, trasladándose de ese modo a la época actual.

Uno de ellos descubre en su bolsillo uno de los rosarios con los que según él, "los papistas rezan a la Virgen María", contra el que disparan.

Llegada la noche se detienen a descansar junto a un redil y fuman, surgiendo entonces frente a ellos una fuerte luz, en medio de la cual se les aparece la Virgen María que le entrega a uno de ellos el rosario al que antes dispararon.

El compañero trata de hacerle ver que era una alucinación debido al cansancio.

Entretanto en la "Venta del Llopo", están ya Pierrre y Jean, que deben identificarse ante dos guardias civiles que dicen que fueron avisados de que habían visto entrar allí a dos tipos "no muy católicos", llegando entonces los cazadores a los que les piden sus permisos de armas, que tienen en orden.

En la venta hay un sacerdote al que le cuentan que se les apareció la Virgen, sin que este le dé la más mínima importancia, pues dice que son abundantes los milagros marianos, contándoles él mismo uno de una monja que era ecónoma de un convento y que, a pesar de ser muy devota de la virgen fue seducida por un apuesto joven del que se enamoró, por lo que se escapó del convento dejando en el altar las llaves de la caja del dinero.

Tuvo 4 hijos, pero descontenta con su vida regresó al convento, observando que estaban aun las llaves de la caja donde las dejó, no mostrando el resto de las monjas sorpresa alguna al verla, pues la Virgen había tomado su apariencia y había realizado sus tareas durante ese tiempo.

Cuando se retiran a dormir el posadero lleva a cada uno de los cazadores a un cuarto, pese a que en ambos hay dos camas, tras lo que les aconseja que si esa noche llama alguien a sus puertas no abran ni aunque fuera él quien se lo pidiera.

Uno de ellos se encuentra mientras se desnuda con que en la cama de al lado se acuesta una mujer, aunque él no parece inmutarse.

Llaman tras ello a la puerta. El posadero le pide que le abra, pues le quiere hablar el sacerdote, que desea hablarse sobre la virginidad de María y el dogma de la asunción, aunque el cazador, tal como les habían recomendado se niega a abrir, por lo que el sacerdote debe hablarles desde el otro lado de la puerta, sentado en una silla.

Antes de irse llama a la puerta del otro cazador, que tampoco le abre.

Y de pronto, y mientras se marcha se le cae un sable que llevaba dentro de la sotana.

En la cama de al lado del segundo cazador un hombre dice: "Mi odio hacia la ciencia y mi horror hacia la tecnología me llevarán finalmente a la absurda creencia en Dios".

Los peregrinos aprovechan mientras todos duermen para robar un jamón y huir de la posada, aunque una vez fueras son sorprendidos por los guardias civiles, que descubren que se llevan el jamón, aunque cuando les dicen que lo han comprado les dejan marchar sin hacer ninguna comprobación.

Llegan finalmente a la entrada de Santiago, y les llama una prostituta desde un coche.

Le explican que van a la ciudad para mendigar, aunque ella les dice que no merece la pena que vayan, pues no hay casi nadie en la ciudad, puesto que se ha descubierto que quien está enterrado en Santiago no es el Apóstol sino el hereje Prisciliano que murió decapitado.

Deciden irse con ella, que le dice a Jean que quiere que le haga un hijo que le llamará "Tú no eres mi pueblo" y a Pierre otro que llamará "Se acabó la Misericordia".

Dos ciegos vagan por el bosque buscando a Jesucristo al que le piden misericordia, y este, al comprobar su fe les devuelve aunque les pide que no se lo cuenten a nadie, asegurándoles que no ha venido a la tierra a traer la paz, sino el cuchillo, tras lo que les dice que quien ame más a sus hijos que a él no es digno de él.

Continúan su camino y se encuentran con una zanja que a los antiguos ciegos les cuesta cruzar, fiándose más de sus bastones que de su vista.

Calificación: 3