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La vida secreta de las palabras

The secret life of words (2005) * España

Duración: 112 min.

Música: Varios

Fotografía: Jean-Claude Larrieu

Guión y Dirección: Isabel Coixet

Intérpretes: Sarah Polley (Hanna), Tim Robins (Josef), Sverre Ousdal (Dimitri), Javier Cámara (Simon), Danny Cunningham (Scott), Dean Lenox Kelly (Liam), Danel May (Martin), Emmanue Idowu (Abdul), Eddie Marsan (Victor), Steven Mackintosh (Dr. Sulitzer), Julie Christie (Inge).

Hanna, una muchacha sorda, es llamada al despacho del director de la fábrica de plásticos en que trabaja.

Después de 4 años trabajando de forma eficiente y sin faltar ni un solo día, su jefe le obliga a tomarse un mes de vacaciones debido a las quejas sindicales.

Su rutinaria vida se ve por ello alterada y decide aceptar el consejo de su jefe e irse de vacaciones, aunque se siente perdida en el hotel en que se hospeda, siendo su única distracción el punto de cruz, que una terminado tira a la basura.

Mientras come en el restaurante escucha cómo en la mesa de al lado un hombre habla por teléfono preguntándose de dónde sacará una enfermera para solo un par de semanas y con la rapidez con la que se la exigen.

Entonces ella se presenta ante él diciéndole que es enfermera, ofreciéndose a realizar un trabajo que requiere una importante capacidad de sacrificio, ya que debe realizarlo en una plataforma petrolífera aislada en medio del mar, donde sólo trabajan hombres y donde hay un ruido constante de las máquinas extractoras.

Su labor consistirá en atender a un paciente que sufre graves quemaduras debido a un accidente que se produjo cuando estalló una bolsa de gas, accidente en el que también murió un trabajador, siendo su misión la de cuidarlo hasta que el enfermo esté en condiciones de ser trasladado a un hospital.

Se trasladará hasta la plataforma en un helicóptero llevando el material pedido por el doctor que está a cargo del enfermo, que le explica que el herido, Josef, ingeniero de mantenimiento, además de las quemaduras de su cuerpo tiene varias fracturas, así como la quemadura de las córneas, por lo que perdió también temporalmente la visión.

Cuando llega se sorprende del silencio del lugar, por lo que le explican que la plataforma está inoperativa desde el accidente, habiendo en ella tan solo cinco personas, al mando de Dimitri, el encargado, un ruso solitario.

Además de él está Abdul, encargado de la limpieza, Martin, un ingeniero, que apenas se relaciona con sus compañeros de plataforma y que mata el tiempo jugando al baloncesto, y cuya misión es la de medir el impacto de las olas sobre la plataforma, una pareja de ingleses, Liam y Scott, encargados de la maquinaria, los cuales tienen a sus respectivas mujeres e hijos (tres el primero y dos el segundo) en Inglaterra, y que, en medio de la soledad de la plataforma acaban por hacerse amantes.

Ellos dos animan al resto del personal con sus imitaciones de artistas y protestan constantemente porque Simon, el cocinero español se dedica a hacer platos exóticos, demasiado elaborados para ellos, que le piden que les prepare hamburguesas o bistecs, a lo que él se niega, preparando cada día comidas de un país diferente, para lo que se ambienta poniendo música de ese país.

En medio de ese lugar Hanna no destaca demasiado por su silencio y su introversión, siendo Josef quien más trate de que ella le cuente algo de sí misma, obteniendo siempre el silencio de la muchacha, que ni siquiera le dice su nombre, por lo que él la llamará Cora, por una historia que le contaron sobre una enfermera con dicho nombre.

También Simon tratará de conocerla, con los mismos resultados, aunque en la comida de este descubre un placer hasta entonces ignorado, ya que en su sobriedad ella comía cada día lo mismo: arroz blanco, pollo y manzana.

Este detalle y el hecho de que es sorda es lo único que consigue saber Josef de ella, ya que le miente incluso sobre el color de su cabello que le cuenta que es pelirrojo.

Poco a poco Hanna se sentirá más cómoda en aquel lugar, charlando con el oceanógrafo e interesándose por su trabajo, descubriendo en él a una persona sensible y con ideales, que está dispuesto a luchar por evitar que se cierre la plataforma, tratando de que le permitan utilizarla para depurar las aguas contaminadas por la extracción del petróleo.

Acabará bajando a cenar con los demás y tendrá en Simon a su mejor amigo, ya que este no le pregunta nada sobre su vida y pasarán buenos ratos juntos en los columpios.

Escucha además una y otra vez el buzón de voz del móvil de Josef, donde una mujer le confiesa su amor y le dice que piensa en él cuando lee el libro "Cartas de amor de una monja portuguesa" que le regaló.

Habla también con Dimitri, que le cuenta que las heridas de Josef se produjeron al tratar de rescatar al hombre que murió, aunque, según le cuenta, aquel hombre no murió a consecuencia del accidente, sino que aprovechó este para suicidarse, si bien decidieron no decir nada sobre ello para que no sufriera la familia y por las indemnizaciones a esta.

Tras comprobar que Josef no mejora y que la fiebre no remite llama al médico y le dice que deben evacuarlo para que lo traten en un hospital.

Ella le pregunta por el libro del que habla su amiga por teléfono, confesándole él que se lo regaló a la esposa de su mejor amigo de la que se hizo amante, estando arrepentido de haberle creado esperanzas de que seguiría con ella.

Ella también se confiesa entonces ante él, abriéndose finalmente y contándole que estudió enfermería en Dubrovnik hasta que estalló la guerra en su país.

Entonces cerraron la facultad y tuvo que regresar a su casa junto a una compañera que se había convertido en su mejor amiga y que era más alegre y abierta que ella.

Detuvieron su coche a 2 kilómetros de la misma y las llevaron hasta un hotel. Estaban preocupadas porque el coche era prestado y temían que se lo robaran.

Pero no eran estas las intenciones de sus captores, que las retuvieron y las violaron, descubriendo con horror que la llegada de los soldados de la ONU no sirvió para que las liberaran, sino que estos también abusaron de ellas, siendo sometidas además a todo tipo de atrocidades, llegando a obligar a una mujer a matar a su propia hija, y cuando gritaban les decían que les darían más motivos para hacerlo, siendo esto lo que le ocurrió a su amiga, a la que le hicieron cientos de pequeños cortes por todo el cuerpo en los que le echaban sal, desangrándose lentamente, por lo que la agonía fue muy larga.

Llorando, Hanna se desnuda y deja que Josef acaricie sus tremendas cicatrices, dejando luego que él la consuele.

Finalmente Josef es evacuado, y, terminado su periodo de vacaciones, Hanna regresa a la fábrica para continuar con su rutinario trabajo.

Tras restablecerse, Josef viaja hasta Copenhague, donde habla con la psicóloga que atendió a Hanna cuando fue rescatada, tratando de averiguar más datos sobre ella, aunque la doctora le hace comprender que no debe saber sobre ella más que lo que ella desee contarle, comprendiendo algo del dolor sufrido por ella y por otros supervivientes que pese a haber sido víctimas del horror sienten vergüenza y culpabilidad por haber sobrevivido.

Finalmente se presenta un día a la salida del trabajo de ella llevándole su mochila, que se quedó entre sus pertenencias. Le cuenta entonces que la plataforma cerró y que la compañía les ofrece ir a Chile, aunque él espera la respuesta de ella a su oferta de compartir su vida con él.

Hanna, aunque le ama es reacia a aceptar. Le dice que teme ponerse a llorar y no parar nunca, a lo que él le contesta que aprenderá a nadar.

Finalmente se dejará querer por ese hombre, y, aunque no olvidará nunca lo ocurrido, tendrá una vida feliz junto a él, formando una familia.

Calificación: 4