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Lawrence de Arabia

Lawrence de Arabia (1962) * Gran Bretaña

Duración: 228 min.

Música: Maurice Jarre

Fotografía: Freddie Young

Guion: Robert Bolt y Michael Wilson

Dirección: David Lean

Intérpretes: Peter O'Toole (Thomas Edward Lawrence), Omar Sharif (Sherif Ali ibn el Kharish), Anthony Quinn (Auda ibu Tayi), Alec Guinness (Príncipe Feisal), Jack Hawkins (General Lord Edmund Allenby), Anthony Quayle (Coronel Harry Brighton), Claude Rains (Mr. Dryden), Arthur Kennedy (Jackson Bentley), Michel Ray (Farraj), John Dimech (Daud), Donald Wolfit (General Sir Donald Murray), José Ferrer (Bey turco).

Un hombre prepara y limpia su motocicleta, con la que parte a toda velocidad por carreteras estrechas hasta que de pronto se topa con unos ciclistas que vienen en dirección contraria, lo que le obliga a hacer una maniobra que acaba haciendo que su moto se salga de la carretera y tenga un accidente moral.

Terminado el funeral, el coronel Brighton observa con un sacerdote el busto de T. E. Lawrence (1888-1935), comentando que fue el hombre más extraordinario que conoció, preguntando el sacerdote si tanto como para estar allí, en la Catedral de San Pablo.

Un periodista trata de conseguir alguna declaración sobre el Coronel Lawrence, preguntándole al antiguo General Allenby, que, le dice, fue decisivo en la campaña de Oriente Medio, indicando este que quiere saber algo sobre él, indicando Allenby que no lo conoció también.

Le pregunta a otro de los asistentes, Bentley, periodista americano, que asegura que fue quien lo dio a conocer al mundo y comenta que era un poeta, un sabio y un poderoso guerrero, aunque, cuando el periodista se marcha, le comenta a otra persona que también era un gran exhibicionista.

Al escucharlo otro hombre le rebate ese comentario, asegurando que fue un gran hombre, aunque él solo pudo estrechar su mano en Damasco.

El General Murray, que precedió en el mando en Oriente Medio a Allenby comenta que ocupaba un puesto sin importancia en su destacamento del Cairo y no le conoció bien.

Entonces, en 1917, Lawrence era teniente y estaba trabajando como cartógrafo en el cuartel británico de El Cairo.

Se muestra interesado cuando lee en el periódico la noticia del ataque, por parte de tribus beduinas a la fortaleza turca de Medina.

En el despacho del general Murray, este habla con Dryden, del Departamento Árabe que le dice al general que Lawrence no les es muy útil en El Cairo, pero sí en Arabia, pues conoce muy bien la región y al Departamento Árabe le gustaría tener a uno de sus hombres presente allí para valorar la situación, aunque el general se resiste a considerarlo, ya que considera que es presuntuoso e indisciplinado y además cree que dedicar tiempo a los beduinos es perderlo, pues es un pueblo de ladrones de ganado.

Dryden le recuerda que atacaron Medina, señalando el General que los turcos los machacaron, y no la tomaron, pensando que son maniobras de distracción, ya que la verdadera guerra la hacen contra los alemanes, no contra los turcos.

Cuando llega Lawrence, el general le advierte que si se insubordina con él tendrá que arrestarle, pues pertenece a un tipo de personas que no soporta, aunque admite que puede estar equivocado.

Le explica que el Departamento para Arabia cree que puede serles útil allí y por ello se lo prestará por 6 semanas, aunque Dryden le indica que se trata de una expedición difícil, pues tiene que ir a Yenbo, coger un guía, localizar a los árabe y volver, y no le dará tiempo a hacerlo, indicando el general que puede alargarlo hasta 3 meses.

Dryden le explica luego que debe encontrar al Príncipe Feisal y averiguar sus intenciones respecto a Arabia, debiendo buscarlos en un radio de 500 kilómetros alrededor de Medina, pues son beduinos Hechemitas, capaces de recorrer 100 kilómetros de desierto en un día en sus camellos.

Lawrence le asegura que será divertido internarse en el horno del desierto.

Poco tiempo después Lawrence avanza por el desierto a lomos de un camello acompañado por Tafas, un beduino que le ofrece agua, asegurándole el teniente que beberá cuando lo haga él, pese a no ser beduino.

Cuando ve cómo Tafas observa su pistola, se la regala, aunque el hombre le pide que se la entregue cuando encuentren al príncipe, aunque él insiste en que la coja, ofreciéndole a cambio el beduino la comida bedú suya.

Pueden ver a lo lejos a un grupo de beduinos, advirtiéndole Tafas que desde allí hasta donde está Feisal es territorio Harith y él no lo es, viendo que Lawrence sabe que es Hachemita de los Beni Salem.

Tafas le enseña también cómo debe hacer correr al camello, y aunque lo hace salir demasiado deprisa y cae, el beduino le dice, que al día siguiente irá mejor.

Su siguiente parada será en un pozo Harith, el de Masturah, donde cogen agua, y desde donde les espera un día más de marcha hasta el campamento del príncipe.

Mientras descansan allí ven que se acerca un jinete, que no saben si es turco o beduino, corriendo su guía a por la pistola al ver que se trata de otro beduino que le dispara acabando con él.

Le pregunta al recién llegado por qué lo mató, indicando el hombre que el pozo es suyo, a lo que Lawrence le indica que él también bebió.

Le dice que su amigo era un Hachemita de los Beni Salem, diciéndole él que lo sabe, presentándose el hombre como Sherif Ali ibn El Kharish, diciéndole Lawrence que oyó hablar de él.

Le pregunta qué hacía allí el Hachemita, diciéndole que le llevaba a prestar ayuda al príncipe Feisal, preguntándole si le enviaron de El Cairo, indicando él que sí, contándole el beduino que él estudió en El Cairo y aprendió a leer y a escribir.

Lawrence se niega a decirle su nombre, porque, dice, su nombre es para sus amigos, y ningún amigo suyo es un asesino.

El hombre vuelve al camello y le dice que los Hachemitas no pueden beber de sus pozos y el muerto lo sabía.

Mientras se marcha, Lawrence le dice que mientras los árabes sigan luchando tribu contra tribu seguirán siendo un pueblo insignificante, bárbaro y cruel como él.

Pese a ello Sherif se ofrece a llevarlo ante Feisal, pues, le asegura que, aunque Wadi Safra está a solo un día de allí, él solo no lo encontrará y morirá, aunque él asegura que lo encontrará con su brújula.

Continúa por tanto su camino en solitario. Llega a una zona donde canta, viendo cómo hay un extraordinario eco hasta toparse con otro eco, el del coronel británico Harry Brighton, que lo llama y se acerca a él, diciéndole que le esperaba, pues ya sabía Feisal que iba a llegar alguien, preguntándose cómo se enteró, asegurándole que en 80 millas hay pocas cosas que Feisal no sepa.

Le cuenta que la situación es muy mala allí y los árabes desaparecen por docenas cada noche a manos de los turcos, que tienen obuses.

Y de pronto ven cómo se acercan varios biplanos turcos que empiezan a bombardear el campamento, quejándose Brighton de que Feisal no le hiciera caso y no se hubieran ido más hacia el sur, pues son incapaces de comprender la potencia de las armas modernas, viendo cómo lanzan bombas y les ametrallan desde el aire, aunque el príncipe les conmina m sable en mano, a seguir luchando, entre el caos.

El príncipe reconoce que debió haber hecho caso al británico y que deben intentar llegar a Yenbo, y le indica que su pueblo no está acostumbrado a los explosivos y máquinas, por lo que comienza el éxodo hacia el sur.

Mientras descansan por la noche en la tienda del príncipe y oran, llega Sheriff Alí, al que todos saludan, y al que le presentan a Lawrence.

Brighton insiste al príncipe en que deben ir hacia Yenbo, pues allí no pueden abastecerle, preguntando este si podrían hacerlo en Aqaba, indicando el coronel que si consiguen hacerse con la ciudad podrían abastecerlo, diciéndole el príncipe que los ingleses podrían hacerlo, aunque el Coronel le dice que la Armada tiene otra prioridad, la defensa del Canal de Suez, pero en Yenbo podrán abastecerlos, entregándoles un rifle para cada hombre, aunque el príncipe le dice que necesitan cañones y artillería como los de los turcos, aunque el coronel le indica que más que cañones, sus hombres necesitan adiestramiento.

Lawrence le indica que Yenbo está muy lejos de Damasco, por lo que no comparte la opinión del coronel Brighton.

El hecho de que Lawrence apoye al príncipe que indica que los ingleses van donde quieren porque tienen una armada, y no solo la disciplina que predica el coronel, hace que este se enfade con el teniente, que, recuerda al príncipe, no es su asesor militar.

Lawrence indica que el desierto es como un océano y los Bedú van donde quieren y atacan donde les parece. Así lucharon siempre y así es como deben seguir, pues si vuelven a Yenbo, las tropas árabes no serán más que otra unidad del ejército británico.

Feisal le indica al coronel que le responderá al día siguiente sobre sus planes, pidiéndole a Lawrence que se quede un poco más, y le pregunta si Brighton trata de poner a sus hombres bajo el mando de oficiales europeos, lo que el teniente le confirma.

El príncipe le indica que teme que los ingleses quieran quedarse con Arabia, diciéndole Lawrence que debe negarse, preguntándole Feisal si es leal a Inglaterra, diciéndole que es leal a Inglaterra y a Arabia a la vez y cree que deben volver a ser grandes como lo fueron siglos atrás, indicando el príncipe que por ello su padre declaró la guerra a los turcos, aunque cree que para volver a ser grandes necesitan a los ingleses o un milagro.

Tras la conversación, Lawrence no puede dormir y comienza a caminar por el desierto y a reflexionar, vigilado por dos jóvenes, Daud y Farraj, que se habían ofrecido a ser sus ayudantes, aunque él los rechazó.

Se sienta luego con ellos y dice una palabra. "Aqaba", para añadir, "por tierra".

Sherif le dice que es una locura, pues para llegar a Aqaba por tierra tendrían que cruzar el desierto de Nefud, que indica, no se puede cruzar, diciéndole Lawrence que él lo cruzará si le acompaña, asegurándole que si hay 50 hombres capaces de cruzar el Nefud, muchísimos más se unirían a ellos, pues los Howeitat viven allí, señalando Sherif que los Howeitat son bandidos y mercenarios que se venden a cualquiera, indicando Lawrence que son buenos guerreros, aunque Sherif le recuerda que los turcos tienen cañones, diciéndole Lawrence que los tienen apuntando al mar, y no hacia tierra y no pueden maniobrar con ellos y si llegan por tierra, los turcos no se lo esperan.

Sherif vuelve a decirle que está loco, aunque poco más tarde el príncipe le pregunta a dónde quiere ir con 50 de sus hombres, diciendo él que a obrar su milagro.

Le asigna, en efecto un grupo de hombres, viendo que Sherif, como súbdito, se lo contó, pero él no hizo lo mismo con Brighton.

Parten de madrugada, dando su bendición el príncipe para decir que van en su nombre.

Durante su primera parada, en un oasis, descubren a dos intrusos. Daud y Farraj, que los habían seguido hasta allí a distancia para que no los vieran, decidiendo Sherif azotarlos, aunque Lawrence le pide que no lo haga y los toma como criados pese a que Sherif le insiste en que son solo dos parias.

Llegan hasta el punto por el que pasa el ferrocarril, tras el que comienza el duro desierto, indicando Sherif que desde ese punto hasta el lado contrario no hay más agua que la que llevan y para los camellos ninguna, y si mueren los camellos, morirán ellos también, advirtiéndole que los camellos morirán en 20 días, indicando Lawrence que entonces no tienen tiempo que perder.

El camino empieza a hacerse duro y algunos hombres comienzan a desfallecer. El propio Lawrence, se duerme en el camello, debiendo despertarlo Ali, que cuando paran propone viajar por las noches y descansar durante las horas de más calor.

Pasarán por la zona más dura, el "Yunque del sol2, que deben atravesar pronto, sabiendo que tras él llegarán a los pozos.

Se dan cuenta de que el camello de Gasim no tiene jinete, indicando Lawrence que deben volver, aunque Sherif le dice que si lo hacen morirán con él, diciéndole otro hombre que llegó el momento de Gasim y que está escrito, asegurando él que no hay nada escrito y regresa, y, aunque le dicen que no llegará a Aqaba, asegura que lo hará.

Gasim, que camina tratando de llegar hacia ellos, debe tirar todo lo que le pesa, mientras el sol comienza a ser insoportable, por lo que cae desfallecido.

El resto de la expedición consigue llegar a los pozos, donde pueden beber y hacer que los camellos sacien su sed.

Daud, que se quedó a medio camino para esperar a Lawrence, y que también está a punto de dormirse avanza hacia el lugar por el que desapareció Lawrence al ver algo, saludando contento a Lawrence, que lleva a la grupa a Gasim.

Farraj otea el horizonte hasta ver aparecer a Lawrence y a Daud y, tras avisarlos a todos corre a darle agua a su amigo, mientras todos los que formaban parte de la expedición corren, admirados, a su encuentro.

También Ali está contento, se acerca a él y le entrega el agua para que beba, diciendo él que nada está escrito, llamándolo Ali, Al Lawrence.

Cuando despierta, Ali vuelve a llamarlo Al Lawrence, diciendo él que es solo Lawrence, preguntándole Ali si su padre es también solo Lawrence, diciendo él que su padre es Sir Thomas Chapman, una especie de Lord, diciéndole Ali que entonces él será Lord cuando su padre muera, diciendo él que no, pues su padre no se casó con su madre.

Ali le dice que entonces es libre de elegir su nombre, proponiéndole Al Lawrence.

Esa noche, cuando duerme, Ali lanza su uniforme a la hoguera y al día siguiente le viste con un traje de beduino, indicándole que es un traje de un Sherif de Beni Wejh, asegurando él que es un honor.

Contento de su nuevo aspecto, hace ondear su túnica separado del grupo y se mueve como si fuera un guerrero árabe, y ríe hasta que de pronto se ve sorprendido por un beduino que llega a caballo, y le pregunta pese a los ropajes:"¿Qué haces, inglés?", tras lo que le pregunta si va con esa jauría de perros que están bebiendo en su pozo, tras lo que dispara al aire para avisar.

Le dice que es Auda Abu Tayi, diciéndole él que oyó hablar de alguien con ese mismo nombre, pero que no necesitaba ayuda de nadie para defender sus pozos y que no negaría agua a hombres que salen del gran desierto.

El hombre ríe y le muestra su ayuda. Un niño que llega a caballo, que le identifica enseguida como un inglés que viste como un Sherif Harith Beni Weijh.

Auda le dice a su hijo que les están robando el agua, yendo el niño blandiendo su pistola hasta los hombres que acompañan a Lawrence, al que apunta.

Auda les indica que es el propietario del pozo, diciéndole Lawrence que podrían matarlos, pues ellos son 50 contra dos, respondiéndole Auda que eso originaría una lucha a muerte con los Howeitat, diciendo Lawrence que ni los generales del Cairo ni el mismo Sultán desean eso.

Ali explica que Lawrence es amigo del príncipe y le piden hospitalidad, invitándolos él a su campamento de verano y a cenar a Wadi Rumm.

Acuden, en efecto hasta el campamento, siendo rodeados por cientos de hombres a caballo, recibiendo una magnifica cena, durante la cual les hablan de su propósito de atacar Aqaba, diciéndole Auda que ellos no son siervos del príncipe, y que le place que estén los turcos en Aqaba.

Lawrence le dice que ellos no están allí por Feisal, sino por los árabes, preguntándole Auda qué tribu es esa, pues no la conoce, diciéndole Lawrence que una tribu de esclavos que sirven a los turcos.

Auda le dice que su tribu es la Howeitat, diciéndole Lawrence que sirven a los turcos y que quien recibe dinero es un siervo.

Auda se altera y le indica que lleva 23 heridas de batalla, que ha matado a 75 hombres y ha robado rebaños, y que, aunque los turcos le pagan con oro es pobre porque lo entrega todo a su pueblo.

Él les cuenta que los turcos les pagan cada mes 100 guineas de oro, y que ese no es el salario de un siervo, diciéndole Lawrence que son 150, y que es una minucia que ellos sacan de un cofre que tienen en Aqaba.

Les dice luego Lawrence a sus compañeros que Auda no irá con ellos por dinero, ni por Feisal ni por echar a los turcos, que irá solo porque le place, consiguiendo así comprometer a los Howeitat, con los que se dirigirá a Aqaba.

Acampan por la noche en un lugar desde el que pueden ver ya Aqaba, estando seguro Ali de que al día siguiente se apoderarán de ella si es cierto lo de los cañones.

Pero de pronto se escucha un disparo que perturba la concordia, pues uno de los Harith mata a un hombre de Auda, diciendo Lawrence que no ha ido allí para contemplar una lucha entre tribus, al decir Ali que ese es el final del sueño de Aqaba.

Auda se dispone a ejecutar al asesino, señalando que es la ley y que solo si acaban con el Harith, los suyos estarán satisfechos.

Lawrence le pregunta a Ali si los Harith quedarían satisfecho si los Howeitat no tocaran a uno de los suyos, respondiéndole este que sí, diciendo Lawrence que entonces será él quien cumpla esa ley ya que no pertenece a ninguna tribu.

Coge un arma para acabar con el homicida, dándose cuenta entonces de que se trata de Gasim, al que mata pese a haberse salvado antes la vida.

Cuando se lo explican a Auda, este concluye que estaba escrito y que debió haberlo dejado morir en el desierto.

Lawrence se muestra apesadumbrado, aunque Sherif le dice que no tiene que afligirse, que fue una ejecución y era justa y además él le dio la vida y se la quitó, aunque él lanza lejos la pistola, que un grupo nutrido de hombres corre a disputarse.

Al día siguiente llegan, en efecto a Aqaba, que consiguen conquistar, internándose en la población sin problemas gracias a que, tal como dijo Lawrence, tienen sus cañones en dirección al mar.

Por la noche, Lawrence pasea en su camello por la playa, viendo flotar en el agua una corona de flores, indicándole Ali, que se acerca, que el milagro tuvo lugar y que son guirnaldas para el vencedor, bajando Lawrence a recogerlas, asegurando que le fascina ese país.

Escuchan entonces disparos. Los que realiza Auda, que está muy enfadado, pues no ha conseguido encontrar oro en Aqaba, despreciando los billetes que encuentra.

Le pide a Ali que envíe un mensaje a Feisal en Yenbo, pidiéndole que se haga con muchos barcos y que mande al ejército árabe a Aqaba, diciendo que él se lo comunicará a los generales, yendo por el Sinaí junto a sus sirvientes, pues sabe que si no lo cuenta él, no lo creerán.

Pero Auda se dirige a él quejándose de que no haya oro, preguntándole Lawrence si fue a Aqaba solo por el oro, recordándole que les prometió oro y les engañó.

Lawrence le hace un recibo diciendo que la corona de Inglaterra le debe 5.000 guineas, asegurándole que en 10 días regresará con el oro y con armas.

Pero ni Ali ni Auda creen que pueda cruzar el Sinaí, diciendo él que Moisés lo hizo y les promete a Farraj y Daud que al día siguiente dormirán en una lujosa cama en El Cairo.

Avanzan hacia una enorme columna de polvo, como Moisés hacia Dios, perdiendo accidentalmente su brújula, aunque indica que llegarán si continúan hacia el Oeste, fijándose en la puesta de sol.

Avanzan con enormes dificultades entre un viento infernal, llegando a una zona de arenas movedizas, en la que uno de los muchachos, Daud. comienza a hundirse. Él le lanza su pañuelo para que se agarre a él y pueda salvarse, aunque nada puede hacer.

Continúan su camino. Lawrence va andando y Farraj en el camello, preguntándole el muchacho por qué va andando, si en el camello hay sitio para los dos, tras lo que continúan los dos a lomos del animal hasta que consiguen llegar a una población abandonada desde la que pueden ver, a lo lejos, un enorme barco, comprendiendo que llegaron al Canal de Suez.

Ven enfrente a un hombre en una moto y tratan de llamar su atención.

Consiguen llegar así en un camión militar a la ciudad y al cuartel general británico, acompañado por Farraj, al que lleva con él hasta el bar de oficiales pese a que tratan de impedir que entre el sirviente, pidiendo que les sirvan limonada.

Llega entonces el coronel Brighton que le pregunta qué hace allí, y le cuenta que tomaron Aqaba e hicieron prisionera a toda la guarnición turca.

Creen que no es posible, aunque él le asegura que lo hicieron, por lo que le llevarán a hablar con el general Allenby, que sustituyó a Murray.

Pide una habitación con una cama y sábanas para su sirviente, indicando que él tiene que afeitarse para ver al general, indicándole el coronel que también tendrá que ponerse unos pantalones.

Pero no lo hace. Acude con sus sucios ropajes árabes a ver al general, al que acompañan Dryden y Brighton, leyendo antes de escucharle el general su ficha, en donde indican que es un hombre indisciplinado y desordenado, pero con conocimientos en música y literatura y que habla varios idiomas.

Le pregunta quién le ordenó que tomara Aqaba, respondiendo que nadie, pero que era importante por ser la ruta turca hacia el canal, aunque el general le dice que ya no lo es, pues ahora pasan por Beersheva, aunque él le dice que tras ella podrán tomar Gaza y Jerusalén.

Le recuerdan que ha actuado sin órdenes, aunque él indica que un oficial debe utilizar su iniciativa, concluyendo el general diciéndole que le va a ascender a Comandante, diciendo Lawrence que no cree que sea buena idea, pidiéndole el general que regrese y prosiga su labor, aunque él le dice que no, pues mató a dos personas, uno de ellos un muchacho, y la ejecución no le gustó, porque disfrutó haciéndolo y le dice que no se considera capacitado para seguir.

Allenby pregunta a Dryden su opinión, indicando este que antes de saber lo que hizo, él habría pensado que era algo imposible, diciendo Brighton dice que deberían proponerle para una condecoración, pues fue una brillante acción de guerra.

Lawrence le dice al general que es inteligente, diciendo él que no, pero que cuando ve algo extraordinario sabe apreciarlo.

La noticia de su hazaña corre entre todos los soldados, llamando la atención por su atuendo con el que destaca ante todos, que lo admiran como un héroe cuando llega al bar de oficiales, donde Allenby comunica a sus compañeros su ascenso a comandante.

Le pregunta cómo van a expulsar a los turcos con solo 1.000 árabes, señalando él que dispone de esos hombres día y noche, teniendo cada uno de ellos un camello, en que pueden llevar cada uno una caja de explosivos, y un arma.

Con ellos, asegura, cruzarán Arabia de extremo a extremo rápidamente, atacando sus ferrocarriles, y mientras los reparan, atacará en otra parte, asegurando que en 13 semanas puede desatar el caos en Arabia, asegurando que piensa volver.

El general cree que también los verán los turcos y se retirarán, diciendo Lawrence que no lo harán, pues Arabia es parte de su imperio y si se retiran saben que no volverán e indica que quiere que Arabia sea para los árabes, y eso es lo que les ha dicho y creen, aunque sospechan que quizá quieran echar a los turcos para instalarse ellos, aunque él les dijo que es falso, pues no tienen ambiciones sobre Arabia.

Él pregunta si puede garantizarles que no tienen esas ambiciones, diciéndole el general que puede decírselo así

Le pide tras ello 5.000 armas, dinero en monedas e instructores y un par de carros blindados y artillería de campaña, además de 25.000 guineas.

El general le dice que le dará cuanto pueda, pues sabe que lo utilizará.

Luego el resto de las oficiales y soldados le dan la enhorabuena.

Pero cuando se retiran Dryden le indica al general que si les dan artillería les hará independientes.

J. E. Bentley, periodista del Chicago Courier llega a Arabia y ve un gran despliegue, pidiendo hablar con el príncipe, que le recibirá al explicarle que sus artículos se leen en toda América.

Le pregunta por Lawrence, que le dice, está con su ejército, aunque ignora dónde está en ese momento, indicando que la semana anterior estaba en Ghira.

Bentley le advierte sobre Allenby, pues, recuerda, también los estadounidenses fueron una colonia y por ello simpatizan con los pueblos que luchan por su libertad, aunque sabe que no le entregaron artillería, lo que les limita a objetivos pequeños.

Le explica que su ejército está formado por tribus a las que dirigen sus líderes, aunque todos aprecian a Lawrence.

Él desea conocerle, indicándole el príncipe que debe ir con una mula y evitar Malaal, donde están los turcos.

Le dice que le proporcionará un guía y una carta y le dará por escrito los datos y cifras.

Le explica que desde el inicio de la campaña tienen 37 heridos y 156 muertos, debiéndose la desproporción a que no dejan a los heridos graves para los turcos, los matan ellos mismos para que no caigan en manos de los turcos, pues para estos son rebeldes, no soldados, y no están protegidos por la Convención de Ginebra.

Ellos sin embargo si cumplen con la Convención y los tienen prisioneros hasta poder entregárselos a los británicos, preguntando el periodista si es así por influencia de Lawrence, del que oyó que odia la sangre, indicando Feisal que para Lawrence la misericordia es una pasión, mientras que para él son solo buenos modales.

Le pregunta luego cuál es la verdadera naturaleza de su interés por su pueblo y por el comandante Lawrence, diciendo él que está buscando un héroe, pues en su país hay mucha gente que cree llegado el momento de que su país apoye la guerra contra Alemania y Turquía y quiere mostrar el lado aventurero de esa guerra, asegurándole el príncipe que Lawrence es el hombre adecuado.

Bentley es testigo de una de las escaramuzas de los hombres de Lawrence contra uno de los trenes. Ve cómo provocan una explosión y luego disparan contra los turcos, para luego asaltar el tren haciéndose con todo cuanto de valor hay en él, mientras Lawrence camina por encima, aunque uno de los oficiales turcos que no había muerto le dispara y le hiere en el brazo, y, aunque le sigue disparando mientras Lawrence avanza hacia él, no vuelve a alcanzarlo, acabando Auda con él con su espada.

Bentley fotografía el asalto, pero Auda le quita la máquina cuando se entera de que lo fotografió a él, diciéndole Lawrence que cree que las fotos pueden dañar su virtud, aunque a Lawrence no le importa que lo fotografíe, para lo que se sube al techo del tren, mientras los soldados árabes le aclaman.

Pero Brighton se muestra enfadado y le indica a Ali que debe acabar ese pillaje, diciéndole este que es la costumbre, diciendo Brighton que el robo crea ladrones, diciendo Ali que no puede decirle eso a Auda, pues es su modo de cobrar.

Pero muchos de los hombres, tras conseguir su botín se marchan, por lo que su ejército va disminuyendo, quedándole ya menos de 200 hombres, aunque él cree que volverán.

Bentley vuelve a hablar con Ali, que le dice que ahora está estudiando política, preguntándole el hombre si van a implantar una democracia y si tendrán un parlamento en su país, indicando él que debe hacerle esa pregunta cuando tengan un país.

Lawrence le dice a Bentley que esa gente lo que espera es obtener su libertad y le asegura que la tendrán porque se la dará él.

Auda, que se había hecho con un paraguas roto durante el saqueo, algo exótico para ellos y que cambia a otro de sus hombres por un reloj de pared, aunque cuando ve que no funciona les dice que quiere encontrar algo honorable antes de que acabe el año.

Su siguiente objetivo es un tren que va cargado de caballos avanza, cuando de pronto son objeto de sabotaje, pudiendo así hacerse con los animales.

Auda se hace con un bonito ejemplar de color blanco e indica que tras eso se retirará ya a su casa, pues encontró lo que buscaba.

Brighton le dice que Lawrence continuará luchando ese invierno, diciéndole Auda que Lawrence se marchará también cuando obtenga lo que buscaba y él también, prefiriendo ignorar la acusación de desertor que le hace Brighton.

Este le pregunta a Lawrence qué piensa hacer, ahora con tan pocos hombres, diciéndole que ir al norte como quería Allenby, asegurando que llegará a Deraa.

Preparan su siguiente sabotaje, y esta vez Farraj sufre un accidente, al explotarle un detonador que llevaba, siendo tan graves sus heridas que debe ejecutarlo él mismo para evitar que caiga en manos de los turcos, pidiéndole que salude a Daud de su parte.

Aunque solo le quedan 20 hombres, decide ir al norte.

Allenby le dice a Brighton ve que les ha mentido y que ya no dispone de un ejército, aunque los turcos siguen temiéndole y ofrecen 20.000 Libras por él, y le pregunta a Brighton si cree que los guerreros volverán al año siguiente, diciendo él que podría ser, pues le consideran un profeta.

Pero Ali le indica a Lawrence que con un fracaso más se encontrará completamente solo y no entiende que no les pida cosas razonables, diciéndole él que si solo hubieran hecho lo razonable seguirían a las puertas de Yenbo y él no es un hombre cualquiera.

Les dice a sus escasos fieles que quiere entrar en Deraa, aunque, le dicen, allí tienen guarnición y no puede enfrentar a 20 hombres con 2.000, diciéndoles que si no quieren acompañarle irá solo, pues prometió a los generales ingleses que la rebelión árabe estaría en Deraa cuando ellos llegaran a Jerusalén, diciendo ellos que hay rumores de que les está engañando y que en realidad trabaja para los ingleses, lo que él rechaza, diciéndoles que esa misma tarde llevará la rebelión árabe hasta Deraa mientras los árabes discuten, preguntándole uno de los hombres si podrá pasar por árabe en una ciudad árabe, diciendo él que sí, si alguno le presta sus ropa sucia.

Acude a la ciudad con Ali para explorar, cruzándose con una patrulla de soldados turcos que lo detienen, haciendo que comparezca junto con varios detenidos más ante el gobernador de Deraa, que, tras examinarlos a todos, elige a Lawrence.

El Bey resalta que tiene ojos azules, por lo que le pregunta si es circasiano, lo que él afirma, y le cuenta que tiene 27 años, señalando el general que tiene una cara interesante, pues está rodeado de ganado y le cuenta que lleva ya tres años y medio en Deraa, lo que él ve como un castigo.

Le quita sus ropas y observa la herida de su brazo, preguntándole si es desertor, diciendo él que no lo es.

Se fija luego en su blanca piel, y cuando le toca y cree ver un rictus de placer en sus labios él le golpea en la entrepierna, siendo de inmediato retenido por los guardianes del hombre, ordenando el general que le azoten, tumbándolo sobre un banco y golpeándolo duramente con una vara, aunque él apenas se inmuta, viendo cómo lo mira, desde la puerta entreabierta, el Bey.

Ali lo espera fuera impaciente hasta que ve que lo lanzan a la calle, corriendo a auxiliarlo y llevándolo a la cueva donde están pasando los duros días del invierno.

Desmoralizado tras la humillación le dice a Ali que se va porque ha llegado al final de sus fuerzas, indicando este que también al final de la rebelión árabe.

Él dice que no es árabe y no puede hacer nada para cambiarlo y le confiesa que si le hubieran interrogado les habría dicho todo, quién era y dónde estaban ellos y se ha dado cuenta de que es un cualquiera, y por eso ha decidido volver con Allenby para pedirle un empleo que pueda hacer cualquiera.

Ali no quiere admitirlo y le pregunta qué pasa con los hombres que están allí por él y le pregunta si ya no le preocupan, diciéndole que los conduzca él, pues son de los suyos.

Regresa al Cairo, donde irá a visitar a Allenby, llevando un traje de soldado ingles prestado al no tener ya el suyo, observando al entrar a su despacho que está reunido con el príncipe Feisal, que se despide diciendo que seguro que el comandante quiere informarle sobre su pueblo y sus debilidades y la necesidad de conservarlos débiles en interés de los ingleses y de los franceses, diciéndole el general que el tratado del que habla no existe, diciendo Feisal que ha mentido con mucha gallardía, pero no de forma convincente, pues sabe que existe, preguntando Lawrence de qué tratado hablan, diciendo Feisal que Lawrence es más convincente porque es casi árabe.

Dryden le pregunta si de verdad no está enterado del tratado Sykes-Picot, asegurando él que no, no entendiendo el general en ese caso qué significa su carta, diciendo él que es solo su solicitud para ser trasladado de Arabia.

Le explican que dos funcionarios, uno francés y otro inglés firmaron un tratado por el que acordaban repartirse, tras la guerra, el imperio turco, incluida Arabia, aunque, indica, es un acuerdo, no un tratado.

Dryden le dice que ellos han mentido, pero que él lo sospechaba y ha dicho medias mentiras porque ya no sabe dónde está la verdad.

Él indica que como es un hombre vulgar quiere un puesto vulgar, diciéndole el general que es un oficial de servicio en guerra y le indica que va a iniciar la ofensiva contra Damasco en un mes y que él es una pieza clave de su ofensiva, asegurando él no querer formar parte de dicha ofensiva.

Tras la discusión, el general observa que tiene sangre en la espalda y le pide que le cuente qué le ha ocurrido.

Bentley regresa al Cairo y habla con Dryden y le indica que tiene prioridad para informar sobre Lawrence, pues le convirtió en un héroe con sus artículos, pidiéndole que le informe si tiene problemas, diciéndole Dryden que existe un choque de temperamentos entre un hombre que está medio loco y otro que no tiene escrúpulos.

Allenby, entretanto le dice a Lawrence que es el hombre más extraordinario que ha conocido y le dice que hay pocos hombres con un destino y es lamentable que quien lo tiene lo deje a un lado, asegurándole que le dará mucho dinero, preguntando Lawrence si le darán artillería, diciéndole el general que eso no puede hacerlo.

Lawrence les dice que no irán por dinero, sino porque les dará Damasco, y que llegará antes que ellos, pero que él pida a los políticos que quemen su acuerdo, y le dice que querrá mucho dinero, pero que los mejores no irán por dinero, sino por él.

Pagadas generosamente, las tribus jalean a Lawrence a su regreso, de nuevo vestido de árabe, siendo testigo de ello Bentley, que le indica a Ali que cree que Lawrence ya no es el mismo, diciéndole Ali que es el mismo hombre, pero más humilde.

Le cuenta que le pidió que reuniera a los Harith y les ofreció mucho dinero, que, indica, él no aceptó, pero otros muchos sí.

Pero sí ha cambiado. Los jefes de las tribus se sorprenden al verlo rodeado de hombres, que, indica, son su guardia personal, diciéndole Ali que todos ellos tienen puesto precio a su cabeza porque son asesinos y asegura que los jeques los ahorcarían y que además no saben nada de la rebelión árabe.

El General explica a sus compañeros que todo ha ido como esperaban y que la caballería cruzó Mazril y Deraa, aunque no saben por dónde van, por lo que pide a Brighton que acuda para poder informar sobre ellos, mientras que sus hombres atacarán por otro flanco, pidiéndole al encargado del ataque que los machaque.

Mientras los británicos avanzan, Brighton le asegura al general que Lawrence está crecido y que llegará a Damasco antes que ellos a no ser que les retenga una brigada turca que había frente a Mazril.

Camino de Damasco las tropas árabes pasan por una población que masacraron los turcos en su huida, observando que no dejaron a nadie con vida.

Ali ve la cara de indignación de Lawrence, y le pide que sigan hacia Damasco.

Pero uno de los hombres, Talaal, que era de ese pueblo se lanza hacia los turcos, que acaban fácilmente con él, decidiendo Lawrence lanzarse contra ellos, pidiendo que no hagan prisioneros, y aunque algunos turcos alzan sus brazos en señal de rendición, son inmisericordes, disparando él personalmente a muchos, incluso a alguno que se presenta ante él con los brazos en alto.

Tras la masacre, Ali busca a Lawrence, al que encuentra con un puñal ensangrentado.

Llega Bentley, que, al contemplar la masacre indica que es un espanto, diciéndole Ali que no debería sorprenderse, pues sabe que los árabes son un pueblo bárbaro y cruel.

Bentley maldice a Lawrence al que fotografía de nuevo para mostrar al bárbaro en que se ha convertido a los periódicos del mundo.

Cuando llega Allenby con sus hombres a Damasco, ve que lo esperan ya allí los árabes, indicándole sus hombres que Lawrence está detrás de todo eso, pues hay banderas árabes por todas partes. Que él y sus hombres llevan allí ya un día y una noche y ocuparon la ciudad e instalaron su cuartel general en el ayuntamiento y ocuparon todos los centros importantes en nombre del Consejo Nacional Árabe.

Brighton indica que deben echarlos de allí, aunque Dryden indica que eso supondría un levantamiento en masa.

Allenby decide no actuar. Indica que esperará a que dos días más tarde llegue Feisal, ordenando entretanto el acuartelamiento de las tropas.

En el Consejo Nacional, entretanto, todos discuten, pues los Howeitat, a cargo de los teléfonos, no consiguen que funcionen, diciendo Auda que no funcionan porque no hay electricidad, estando esta a cargo de los Harith.

Se declara además el incendio en un barrio de la ciudad, pero el agua no tiene fuerza y los bomberos no pueden apagarlo, indicando Lawrence que entonces la lleven en cubos, aunque, le dicen, los Ruala no quieren llevar agua.

Lawrence les hace ver que si acuden a los ingleses para solucionar sus problemas los británicos acabarán sustituyendo a los turcos.

Las discusiones son constantes, viendo Lawrence al salir que fuera hay una multitud esperando que atiendan sus peticiones.

En el cuartel, Brighton se muestra inquieto viendo el humo del incendio, aunque el general no quiere hacer nada, viendo entonces cómo se va la luz.

Son testigos de cómo, a partir de ese momento los soldados árabes comienzan a abandonar en masa la ciudad.

Quedan en el Consejo Solo Lawrence, Auda, Ali y pocos más, pidiéndole Auda que se vaya con él, asegurando Lawrence que espera no volver a ver el desierto nunca más, aunque Auda le asegura que volverá, pues para él no existe nada más que el desierto.

Auda se marcha, preguntándole a Ali si se marchará él también, diciéndole que se quedará allí para estudiar política, diciéndole Lawrence que es una ocupación muy baja, diciendo él que no se le ocurrió pensarlo cuando lo conoció.

Le dice luego que se ha esforzado mucho para darles Damasco, diciendo él que para eso fue, diciéndole Ali que representa mucho.

Cuando sale, le retiene Auda que le dice que quiere a Lawrence y por eso llora, diciendo él que no le quiere, le teme y se pelean de nuevo, diciendo Ali que no es Howeitat, diciéndole Auda que ve que aún no es político y que ser árabe va a ser más difícil de lo que se cree.

El coronel a cargo de la sanidad indica que debe tomar el mando de los hospitales, aunque el general le pide que no lo haga, que vaya a hablar con Lawrence, al que le indica que sus hombres tomaron el mando de los hospitales, pero se olvidaron del hospital militar turco donde hay 2000 heridos del que es responsable su Consejo Árabe.

Él acude a comprobarlo, viendo el hospital abarrotado, observando que ni siquiera disponen de agua.

Ve que llegan varias ambulancias británicas, indicando el oficial al mando al verlo que es indignante, riendo él, al que el oficial abofetea llamándolo sucio árabe.

Fracasado su sueño de unir al pueblo árabe, Lawrence vuelve, vestido de nuevo como cualquier oficial británico a ver a Allenby, que está con Feisal, ante el que le nombra. Coronel.

Feisal dice que Lawrence suspira por volver a su país, diciéndole que en Arabia ya no hay lugar para un guerrero, pues ahora firman acuerdos, afirmando al verle marchar que su deuda con él no tiene precio.

Feisal indica que les cede a los británicos teléfonos y electricidad, pero no la planta de agua, aunque aceptará su ayuda técnica, recordando que el Consejo Árabe tomó el poder en su nombre, diciéndole el general que no existe tal poder, mostrándole la portada del Chicago Daily Courier, donde habla de Lawrence de Arabia y de la gran gesta del ejército árabe al liberar Damasco, aunque, al mando de un oficial británico, diciendo Feisal que Lawrence es un arma de dos filos y que a los dos les vino bien librarse de él.

Camino del aeropuerto los adelanta una moto que levanta mucho polvo, diciéndole el conductor que regresan a casa, observando él el parabrisas sin entusiasmo.

Calificación: 3
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