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Legado en los huesos
Legado en los huesos

España / Alemania (2019) *

Duración: 119 min.

Música: Fernando Velázquez

Fotografía: Xavi Jiménez

Guion: Luiso Berdejo (Novela: Dolores Redondo)

Dirección: Fernando González Molina

Intérpretes: Marta Etura (Amaia Salazar), Carlos Librado "Nene" (Jonan Etxaide), Leonardo Sbaraglia (Magistrado Javier Markina), Francesc Orella (Fermín Montes), Imanol Arias (Padre Sarasola), Benn Northover (James), Itziar Aizpuru (Tía Engrasi), Susi Sánchez (Rosario), Patricia López Arnaiz (Rosaura Salazar), Alicia Sánchez (Elena Ochoa), Eduardo Rosa (Subinspector Goñi), Anjel Alkain (Iriarte), Ana Wagener (Fina Hidalgo), Pedro Casablanc (Comisario), Paco Tous (Dr. San Martín), Manolo Solo (Dr. Basterra), Elvira Mínguez (Flora Salazar), Colin McFarlane (Aloisius Dupree), Miquel Fernández (Juan Salazar), Álvaro Cervantes (Dr. Berasategui).

1611

El inquisidor Alonso de Salazar fue enviado a Navarra para verificar si eran ciertas las numerosas denuncias por brujería recibidas, pero tras meses de investigación comprobó que la gente de allí no estaba dispuesta a renunciar a sus creencias.

Tras un parto. Una muchacha se lleva a la niña recién nacida.

Fuera nieva y la muchacha se lleva a la criatura, escuchando los gritos de tres personas crucificadas en la lejanía y cuyas cruces arden.

Poco después, y junto a los huesos ya calcinados de los ejecutados, se topa con una patrulla inquisitorial que la registra, pudiendo observar que lleva en un saco, el esqueleto, también calcinado, del bebé.

Juzgado de Pamplona en la actualidad

La inspectora Amaia Salazar, cercano ya su parto, acude al juicio contra el padrastro de Johana Márquez, Jasón Medina.

Pero durante un receso, la avisan porque el hombre se ha suicidado en el baño, observando que lleva en un bolsillo un sobre a su nombre, donde está escrito: Tarttalo.

Se pone justo en ese momento de parto, debiendo ser llevada al hospital.

Cuatro meses después

En su incorporación, tras la baja maternal, debe acudir a la iglesia de San Juan de Arizkun, que fue profanada varias veces, dejando en la última ocasión el brazo del esqueleto de un bebé, aunque, ni Amaia ni Jonan, entienden el interés del Comisario por el caso, ya que las profanaciones son algo habitual.

Le presentan al Padre Sarasola, que dice que lo singular de ese caso es que hay un componente de odio hacia la Iglesia, pues dejaron huesos humanos.

El Comisario les explica que el Doctor Sarasola es un agregado del Vaticano para la defensa de la fe y un prelado del Opus Dei muy influyente en Roma, y, además, un psiquiatra prestigioso, habiendo sido él quien solicitó que se encargara ella del caso.

Jonan plantea, tras el examen de los restos, la posibilidad de que esté relacionado con la brujería y los agotes, un pueblo proscrito que siglos atrás se despreció en Baztán, estando los símbolos dejados, relacionados con las prácticas de brujería de aquellos, como el mairu-beso, el brazo del esqueleto de un recién nacido no bautizado, pues, se decía, poseía propiedades mágicas y protegía las casas de las familias que habían perdido un bebé.

Les pide el comisario que investiguen si ha habido nuevos feligreses en esa iglesia, mientras que ella se trasladará a Elizondo para dirigir la investigación.

Todos la felicitan, por su maternidad, comentando ella que, en contra de los pronósticos, finalmente tuvo un niño, llamado Ibai.

Ya en su casa, y mientras da el pecho al niño, le cuenta a James, su marido que debe regresar a Elizondo, y él deberá preparar su exposición desde allí.

Cárcel de Pamplona

Un preso grita el nombre de Amaia Salazar, insistiendo en que debe hablar con ella, pidiéndole a un funcionario de prisiones que le dé un sobre.

Acude con su equipo, y con la presencia del Magistrado Markina, a un descampado donde el preso, que estaba cumpliendo condena por el asesinato de su mujer, confesó el lugar en que la había enterrado, habiendo esperado a hacerlo a la reincorporación de Amaia, observando, cuando desentierran a la mujer, que le amputaron su brazo derecho, observando que tenía, también, un sobre a su nombre con la misma indicación de Tarttalo.

Llaman de inmediato a la cárcel de Pamplona, aunque cuando los funcionarios llegan a la celda del asesino observan que se ha suicidado.

Enseguida conectan ambos suicidios, ya que, en los dos casos, amputaron el brazo de las mujeres a las que habían asesinado, apareciendo el de Johana en la cueva de Arri Zahar junto con otros huesos.

Jonan les explica que Tarttalo era un Cíclope sanguinario devorador de cristianos

El Doctor San Martín, es el encargado de las autopsias tanto de la asesinada como del asesino, pidiéndole los policías que investigue si los cortes en el brazo se hicieron con el mismo instrumento, observando que aparentemente fue así, encontrando un diente de sierra en el brazo de la muerta que les servirá para identificar el arma.

Tras dar la toma a su hijo va a ver al Magistrado, que está cenando en un restaurante, para informarle que creen que los dos casos están conectados y desea investigar si hubo otras muertes, pues piensa que hubo un cómplice común, autorizando él la investigación, aunque pidiéndole discreción, ya que son casos cerrados.

Debe interrumpir la cena porque debe trasladarse a Elizondo, donde le espera otra toma, aunque cuando llega a casa de su tía Engrasi ve que por vez primera se ha tomado el biberón y no ha esperado la llegada de ella.

Su tía les dice que James le dijo que les convendría tener su propia casa allí, sugiriéndoles ella Juanitaenea, la casa de la abuela.

Al salir del funeral de Lucía Aguirre, se fija en las esquelas de los muertos, recibiendo la llamada de Jonan desde la cárcel de Logroño porque un funcionario de prisiones recuerda el caso de otro interno que se suicidó en la celda donde cumplía condena por el asesinato de su esposa, a la que mató a martillazos y le cortó el brazo, escribiendo antes de ahorcarse, en la pared, con sus excrementos, Tarttalo.

Amaia le pregunta de dónde era la mujer, señalando que de Berroeta, pidiendo ella que investiguen todos los casos de muertes y amputaciones y vean de dónde eran, ya que las dos últimas era del Baztán y desea ver si es casualidad o un patrón.

Visita a su hermana Rosaura en el obrador familiar, diciéndole que les va muy bien, y Flora no se entromete demasiado desde que se fue a vivir a Zarauz, ya que sale en un programa de televisión y escribe libros de recetas.

Van luego a ver la casa de la abuela, sorprendiéndole que Esteban, encargado del huerto no la saluda.

James se queda encantado con la casa sorprendiéndole a Amaia que hay una cuna, exactamente igual a la suya, que James decidió quedarse para Ibai tras acondicionarla.

Engrasi les dice que Esteban está mal porque su hijo no va a visitarlo y quizá no la saludó por miedo a quedarse sin el huerto, diciéndole James que podrá quedarse.

Amaia habla con Aloisius, pues cree que hay un cómplice que trata de establecer un vínculo con ella, aunque no sabe cómo juntar las piezas, pidiéndole aquel que mire Baztán desde otro punto de vista.

Decide regresar a la cueva Arri Zahar para volver a examinarla, regresando luego con su equipo, pudiendo ver gracias al luminol que escribieron sobre la pared Tarttalo, decidiendo que deben investigar los huesos que encontraron allí y cómo los amputaron.

Esa noche, su tía le dice que nota, leyendo el Tarot, una energía que fluye hacia ella, previendo energías oscuras que van a por ella, poderes que durante siglos vivieron en el valle y ahora la acompañan, unas para ayudarla y otras para herirla y confundirla, siendo algo peor que el mal, son maldiciones, que, le dice, ella misma alimenta hablando con Aloisius, pues es algo antinatural.

La despierta una llamada de su hermana Flora, que la lleva hasta el sanatorio mental de su madre, donde el Dr. Basterra le informa que la noche anterior, cuando el celador iba a ayudar a su madre a meterse en la cama, ella le clavó un objeto afilado en el bajo vientre y le provocó una gran hemorragia.

Fue inmovilizada y sedada, pero antes, con la sangre del herido escribió Tarttalo.

Llega al sanatorio el inspector Clemos para hacerse cargo de la investigación., observando que en una de los tubos de la cama, al sacar el tope, cae un montón de pastillas allí escondidas, tratando Basterra de excusarse asegurando que es imposible que su madre dejara de tomarse sus pastillas contra el Alzheimer y esquizofrenia, pues la normalidad no puede fingirse, examinando luego el bisturí que utilizó y que tampoco saben cómo llegó a ella, pues dice, la seguridad es total y que sus hermanos lo pueden corroborar, preguntando ella qué hermanos, pues no tiene ninguno, diciéndole Basterra que su madre autorizó las visitas de sus hijas, de su yerno Víctor y de su hijo Javier, que estuvo visitándola justamente el día anterior.

Pide que le lleven a la sala de seguridad para ver quién fingió ser hijo de Rosario, no entendiendo ese fallo de seguridad, diciendo sus hermanas, que llegan en ese momento, que deben llevarse a su madre a otro lugar, sugiriendo Flora la Clínica Universitaria, pues el padre Sarasola le dijo que, si lo hacen, ellos se ocuparán del traslado y del nuevo tratamiento.

Ella decide ir a ver a Sarasola y preguntarle por qué quiere llevarse a su madre, respondiéndole aquel que para apartarla de su camino e impedir que cumpla su destino, explicándole que el caso de su madre les interesa desde hace tiempo por un matiz que la diferencia de otros casos de personas con trastornos mentales, y en su caso es el mal, pues está estudiando su origen centrándose en el caso de personas despiadadas y crueles que disfrutan causando dolor.

Le dice que la psiquiatría moderna se centra en convencer a la gente de que el origen del mal radica en la falta de amor materno en la infancia, y ellos creen que eso no es así y que su madre se mezcló con lo que no debía, y que si no se suicidó, es porque le queda algo pendiente.

Le dice que estará a cargo de los mejores doctores del mundo, pidiendo Amaia que no permita que nadie, ni siquiera sus hermanas, la visiten, diciendo él que es su protocolo.

Aínsa, Huesca

Tras pedir permiso para que le dejen acceder a los huesos de la cueva a Markina, acude a Aínsa para que los analicen, observando al llegar, que les espera allí el propio Markina.

En sus laboratorios podrán ver, en solo unas horas, si el ADN de los huesos coincide con el de las víctimas

Mientras esperan, repasan los casos, conectado el caso de su madre con los otros asesinatos, pues cree, el inductor, es el mismo.

Jonan señala que la elección de la cueva indica que el inductor debe conocer la zona, debiendo, para crear un patrón de comportamiento, saber por qué las víctimas son mujeres del Baztán.

Montes acude a ver a las clarisas de Arizkun, que le señalan que hay un nuevo feligrés, Beñat de Zaldúa, que nunca comulga y tiene un blog en que siempre habla de las injusticias contra los agotes.

Viendo el blog, observan que en el mismo hablan de las pesquisas del inquisidor Salazar, al que llamaban el abogado de las brujas por crear un método para obtener testimonios fiables basados en hechos empíricamente probados.

Amaia se queda un momento dormida y tiene una pesadilla en que otra niña igual que ella que le dice que no deje que su madre se coma al bebé, como a ella.

La despierta Markina para indicarle que las muestras coinciden, por lo que podrán reabrir el caso.

Va por ello a ver al comisario, encontrándose con él al Doctor San Martín, que le informa tras el examen de los huesos aparecidos en Arizkun, vieron que el ADN del brazo del bebé que dejaron en la iglesia, coincide al 100% con el suyo, por lo que le preguntan si tuvo una hermana gemela, algo que ella niega, diciéndole San Martín, que además los huesos de la primera profanación tenían una coincidencia del 25%, por lo que también eran familiares suyos.

Detienen a Beñat, aún menor, al que Amaia interroga, que le cuenta que un hombre contactó con él por el blog y tras meses de contacto le propuso atacar a la iglesia, aunque, asegura, él no sabía nada lo de los huesos, llamando al hombre Cagot, un nombre agote típico y al que solo lo vio dos veces, aunque se parece físicamente a Montes, aunque más joven, faltándole tres dedos en la mano izquierda.

Se siente inquieta, y comienza a investigar, tratando de saber si hay alguna Salazar de su edad manca, sin encontrar nada, por lo que estudia viejos álbumes en los que aparece ella de bebé en la vieja cuna que ahora ocupa Ibai.

Le pregunta a su tía, que ignora que algo así ocurriera, aunque Amaia le dice que lleva años soñando con ella y que por eso había una cuna idéntica a la suya en Juanitaenea, planteándose la posibilidad de que continúe aún con vida, pues no hay certificados de fallecimiento.

Decide visitar a Fina Hidalgo, la hermana del médico que atendió a su madre en el parto, y que posee sus archivos, viendo tras el estudio de estos que, en efecto su madre tuvo a dos gemelas, encontrando también el certificado de defunción, viendo que la causa es la "muerte de cuna", como se llamaba el síndrome de muerte súbita, aunque Fina le explica que lo más probable es que naciera con alguna tara o retraso, pues en aquel tiempo, las familias mataban a los retrasados, como si se tratara de un aborto, y lo reflejaban oficialmente como muertes de cuna, diciéndole Amaia que no son abortos, sino asesinatos, llamándola hipócrita, para reconocer que ella misma colaboraba con las familias que no se atrevían a hacerlo.

Amaia acude al panteón familiar, donde encuentra la pequeña caja de un bebé, que abre, observando que está vacía.

Van a comer sus hermanas a casa de la tía, y les pregunta de qué se acuerdan de cuando nació ella, recordando que la cuidaban mucho porque su madre parecía superada y había perdido la amistad con la mujer que las cuidó a ellas, Elena Ochoa.

Interrumpe la cena una llamada, debiendo acudir a comisaría donde hay una mujer, Nuria Otaño con su hermana Ana, contándole que la primera disparó a su exmarido, Antonio Garrido, un hombre al que le faltan tres dedos.

Ana le explica, que cuando se casaron, Garrido la llevó a Murcia, la aisló en su casa y la encadenó a la pared hasta que ella consiguió escapar, lo denunció y lo encarcelaron.

Pero unos días atrás él salió de permiso y la llamó para decir que iba a ir a por ella. Por ello su hermana le compró una escopeta y le enseñó a disparar, y cuando él se presentó en su casa y le dijo que la iba a llevar al hospital, ella le disparó y le arrancó una oreja

Van a hablar con Sarasola y le comentan el caso, indicando que Garrido fue el profanador, habiéndolo reconocido Beñat.

Aprovecha para preguntarle al sacerdote cómo conoció el caso de su madre, explicándole que lo mencionó Basterra, sin dar nombres, en un congreso de psiquiatría.

Él le propone ver a su madre, diciéndole que puede hacerlo sin que pueda verla a ella, tras un cristal espía como el de las comisarías.

La ve sentada, cantando y acariciándose el pelo, aunque de pronto parece reparar en ella. Mira hacia el espejo y se dirige hacia ella y hace con su mano el mismo gesto que hace ella, y la ve reírse alocada, por lo que se marcha muy alterada, acusando a Sarasola es un perturbado y sin hacerle caso cuando él le dice que puede hablar con el Doctor Berasategui, que pasa junto a ellos, y que es quien lleva a su madre.

Comenta que fue un error trasladarla allí, pues no soporta a Sarasola, aunque sabe que tiene razón cuando habla de su madre.

Acude a ver a Elena Ochoa, la antigua amiga de su madre, observando que su casa está llena de todo tipo de imágenes religiosas y velas.

La mujer le cuenta que cuando ella nació, su madre y ella ya se habían distanciado.

Fueron muy amigas y hacían yoga y meditación y se reunían con un hombre, el maestro, en un caserío, donde hablaban de cosas esotéricas y del pasado de brujería del valle.

Empezaron a hacer sacrificios con animales con otro grupo de Lesaca y guardaban la sangre en botellas, aunque un día el maestro les dijo que el gran sacrificio debía hacerse como lo hacían antiguamente las brujas del valle.

Ella se asustó y trató de evitar que siguiera, abandonando el grupo, pero su madre la llamó traidora y poco después empezó a recibir cartas de amenazas con sangre, pelos y uñas de animales, apareciendo un día su hija con un montón de nueces.

Le pide que le dé un listado de los que participaban en aquello, pero ella dice que si sigue hablando la matarán a ella o a su familia, por lo que se niega.

A la salida llama a Aloisius para preguntarle si sabe si su hermana sigue viva, diciéndole este que si lo estuviera no soñaría con ella.

Al llegar a casa James le enseña la foto del esqueleto de un niño encontrado al excavar en la tierra que está junto a la casa, diciéndoles Engrasi que a los niños sin bautizar se les enterraba en un pequeño cementerio pegado a la casa.

Cuando nacieron ella y su hermana, les atendió en efecto el Doctor Hidalgo, y, cuando este se fue, se quedó para atenderlas, su hermana Fina.

De pronto, su padre escuchó ruidos, y, al ir a ver qué ocurría, encontró a su mujer intentando acabar con ella. Logró evitarlo, pero no pudo hacer nada ya por su hermana.

San Martín les informa que el bisturí usado por Rosario era del mismo set que el diente de sierra que encontraron, preguntándose si Tarttalo podría ser su madre, algo que Jonan no cree, pues encontraron huesos en la cueva cuando ella estaba ingresada, no pudiendo ser tampoco Garrido, pues estaba en la cárcel cuando asesinaron a Johana.

Amaia cree que el caso de Johana no encaja con los demás, pues, aunque vivía en el valle, no era de Baztán.

De regreso al pueblo encuentran la carretera cortada por el accidente de un camión cargado con troncos, por lo que se van andando hasta el pueblo, a pesar de la fuerte lluvia, que amenaza con inundarlo.

Jonan recuerda que Nuria Otaño dijo que su marido dijo que la iba a llevar al hospital, no que la iba a mandar al mismo, y recuerdan que allí hay un edificio, el hospital de peregrinos, que está abandonado, por lo que deciden visitarlo, observando desde lejos que hay alguien en él, sospechando que puede ser Garrido.

Encuentran al hombre allí, en efecto y lo persiguen por sus estancias, decidiendo cuando lo acorralan, lanzar su móvil al río, tras lo que sigue huyendo, hasta que, viendo que ya no puede seguir haciéndolo, se lanza por el hueco de la escalera, al vacío.

Tras el examen del viejo hospital, encuentran en él, el set quirúrgico al que pertenecían la sierra y el bisturí utilizados.

Van luego hasta el hospital donde atienden a Garrido, con fracturas múltiples, pero vivo.

A pesar de que es ya de noche y de que diluvia, va hasta la casa de su abuela a observar los restos del bebé enterrado.

Acude tras ello hasta el puente, donde la policía, a pesar del temporal, trabaja tratando de localizar el teléfono de Garrido, apareciendo también Markina para seguir el asunto.

Debe advertir a James que no podrá estar con él para la inauguración de su exposición.

Cuando Rosario acabó con la gemela de Amaia, salió para deshacerse del cadáver, entregándoselo a alguien en el cementerio.

Mientras van al hospital para entrevistar a Garrido, Jonan le cuenta que encontraron finalmente el móvil de este, que cae justamente en ese momento sobre su capó.

Les dicen que se lanzó tras recibir una llamada, en el teléfono fijo, que no desenchufaron debido a que estaba sedado.

La llama Montes para decirle que tras el análisis del móvil de Garrido, que había adquirido solo unos días antes, vieron que había llamado una vez a su cuñada y cerca de una veintena de veces al servicio de Psiquiatría de la Clínica Universitaria, donde está la madre de Amaia internada.

Ordena que investiguen si los asesinos estuvieron allí internados en algún momento.

Por otra parte, la llamada que recibió Garrido fue realizada desde un hotel al lado de la Clínica.

Le informan también que todos los asesinos recibieron terapia, siendo tutelados por la Clínica, estando todos los informes firmados por Sarasola.

Decide acudir a la clínica, intentando conseguir que Markina dicte orden de prisión contra él, algo a lo que se niega, ya que no tienen pruebas suficientes como para entrar en conflicto con la iglesia y con una clínica prestigiosa del Opus Dei.

Habla con Sarasola, que a sus preguntas le responde que la eligió por su sensibilidad y talento y que él no visitó a ninguna cárcel, aunque firma muchos documentos.

Ella le dice que a Garrido le llamaron desde allí para que se suicidara, aunque en aquel momento él, le dice, estaba en el arzobispado.

Ella solicita que le deje ver a su madre, diciéndole él que el aislamiento es crucial para su tratamiento, pese a lo cual, finalmente accede, aunque cuando llegan observan que no está en su cuarto, siendo informados de que la trasladaron por orden de Berasategui para hacerle un TAC, subiendo a la sala de estos, donde le dicen que lo anularon.

Sarasola les explica que Berasategui es un psiquiatra de su confianza, y que es quien le habló del caso de su madre.

Como no consiguen localizarle acuden al control de seguridad y examinan las cámaras, viendo cómo el doctor y Rosario salieron de la clínica, reconociendo Amaia en las imágenes al hombre que la visitaba haciéndose pasar por su hijo.

Llega el aviso entonces de que hay un celador asesinado en el almacén.

Amaia solicita toda la información de Berasategui y emiten una orden de búsqueda y captura, pidiendo Amaia que le permitan ver las grabaciones de las sesiones del doctor y la paciente, pese a las pegas que se le ponen, por ser confidenciales.

Montes acude con otros policías al piso de Berasategui, prácticamente vacío, aunque en el mismo guarda un congelador donde descubren varios brazos.

Ven una de las grabaciones de la consulta, en la que Berasategui le preguntan a Rosario si echa de menos a alguien y dice que a su hija Flora y a su Yerno, pues Amaia solo fue a verla una vez.

Pero a su vez, ella le pregunta al doctor si ha ido a Elizondo a ver a su padre.

Un policía va a ver a la madre de Johana, que reconoce a Berasategui porque iba a ver a su marido, extrañándole que alguien tan elegante lo visitara.

Llama a su tía y le pregunta por el apellido del hombre que lleva el huerto de Juanitaenea, diciéndole que es Yáñez, pero el de la madre era Berasategui.

Entretanto, en la grabación, ve cómo Rosario le dice al doctor que Flora le contó que Amaia estaba preñada de una niña, y que no ve el momento de conocerla, haciendo que, por un momento, Amaia sienta cierta ternura, aunque cuando Berasategui le pregunta qué hará cuando la conozca, le dice que comérsela.

Se da cuenta de que su idea es matar a Ibai, por lo que llama a Rosaura para que vaya a casa de su tía y trate de evitarlo.

Con el río desbordado, y el agua por la cintura, Rosaura y Juantxo consiguen llegar a casa de su tía, donde llega también un policía que sube antes que ellos y que descubre que el niño no está en su cuna, y que Engrasi está sin sentido.

Rosaura se lo cuenta a Amaia, que sufre un ataque de ansiedad, decidiendo ir hacia el bosque tratando de localizar a su hijo.

Perdidos en la oscuridad, tratan de encontrar la cueva, quedando Jonan, herido en un pie, atrás.

Consigue llegar a la cueva, donde ve que están Berasategui y su madre, observando cómo esta se dispone a acabar con Ibai, al que tienen dentro de un círculo, clavándole un cuchillo, momento en que ella les da el alto y dispara, viendo cómo Berasategui saca también un arma, por lo que debe dispararle, acabando herido en el tiroteo.

Pero su madre no lo deja, diciéndole Berasategui que no podrán pararlo, pues es algo mucho mayor que ellos, desde el suelo, herido.

Ella le pide a su madre que deje a su hijo, sorprendiéndose la mujer al escuchar que es un niño, lo que decide comprobar desnudándolo, preguntándole enfadada, dónde está su hija, pues Flora le dijo que era una niña.

Maldice, porque tenía que hacer una ofrenda y para ello debía ser una niña, como su hermana o como ella, asegurándole que todavía no ha acabado con ella.

Mientras aparta la pistola de Berasategui del alcance de este, su madre escapa, pudiendo ella rescatar a Ibai, aunque Berasategui le dice que nunca podrá pararlo.

Al día siguiente, la policía recorre los alrededores, tratando de encontrar a Rosario, aunque solo encuentran su abrigo, temiendo que el río se la llevara, aunque deben cancelar el operativo ante la falta de resultados y la fuerza de la riada.

Regresa al pueblo, donde todos se afanan en solucionar los efectos de las inundaciones de la noche anterior, encontrando a Rosaura y a Flora ayudando a limpiar la casa de la tía, que está en la cama con un brazo escayolado y la espalda muy mal.

Interrogan a Berasategui que alega que es una víctima más, que actuó amenazado por una enferma mental peligrosa, dándole las gracias a Amaia por haberlo salvado.

Ella le recuerda que acudía con documentación falsa a visitarla, diciendo el abogado que actuó así porque le apasionaba el caso de Rosario y que no había mala intención, por lo que le pondrán seis meses a lo sumo.

Ella le recuerda que fue él quien entregó a Rosario el bisturí con el que atacó al celador, aunque el abogado le dice que no podrán probar nada, ni siquiera que tuviera algo que ver con los pacientes que se suicidaron.

Jonan le dice que a través de Rosario supo dónde estaban enterrados los huesos de su familia, preguntándole Berasategui a Amaia si le gustó eso.

Ella le pregunta dónde está el cuerpo de su hermana, respondiendo él que no sabe a qué se refiere.

Pero Montes le dice que tras revisar la colección de brazos que tenía guardados, vieron que había uno, el de Johana, que está mordido, por lo que cuando lo analicen podrán comprobar si tiene marcas de sus dientes - aunque su abogado dice que tiene implantes - o si encuentran restos de su ADN, insistiendo él que su investigación no tiene capacidad para cambiar el destino.

Unos días más tarde Amaia, junto con su tía Engrasi, James, y sus hermanas, proceden al enterramiento en el lugar donde estaban enterrados los otros bebés, del brazo de su hermana.

Le dice luego a su tía que sabe que su madre no está muerta y que aparecerá de nuevo y que la encontrará.

Calificación: 2
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