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Los siete samuráis

Shichinin no samurai (1954) * Japón

Duración: 207 Min.

Música: Fumio Hayasaka

Fotografía: Asakazu Nakai

Guion: Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto, Hideo Oguni

Dirección: Akira Kurosawa

Intérpretes: Takashi Shimura (Kambei Shimada), Toshiro Mifune (Kikuchiyo), Isao Kimura (Katsushiro Okamoto), Yoshio Tsuchiya (Rikichi), Keiko Tsushima (Shino), Kamatari Fujiwara (Manzo), Yoshio Inaba (Gor?bei Katayama), Daisuke Kat? (Shichir?ji), Seiji Miyaguchi (Ky?z?), Bokuzen Hidari (Yohei), Kokuten K?d? (Gisaku), Minoru Chiaki (Heihachi Hayashida), Yukiko Shimakazi (Esposa de Rikichi), Yoshio Kosugi (Mosuke), Shinpei Takagi (Bandido jefe).

Hacia 1570, Japón se encontraba sumido en guerras civiles, viéndose los campesinos acosados por crueles bandidos.

Un grupo de estos cabalga, y al llegar a un pueblo recuerda su líder que ya les robaron el arroz en el otoño y aun no cree que tengan nada, por lo que, señala, regresarán para cuando madure la cebada.

Sin saberlo, fueron escuchados por uno de los campesinos, que pudo camuflarse gracias a que llevaba a sus espaldas un haz de leña, por lo que se reúnen todos los convecinos que se lamentan de su mala suerte, pues están siendo sacudidos por impuestos, guerra, sequías, trabajos forzados y además los bandidos, preguntándose si es que Dios quiere que mueran de hambre.

Otros opinan que quejarse no sirve de nada y proponen ir a ver al magistrado, respondiendo otros que hasta que no les roben todo, el magistrado no reaccionará.

Uno de los campesinos, Rikichi, propone matarlos, algo que creen es imposible, pues pueden matarlos a todos, insistiendo Rikichi en que prefiere la muerte a vivir así.

Pero no creen que puedan hacer nada contra hombres armados, por lo que dice, otro, les recibirán pacíficamente y les rogarán que les dejen algo para no morir de hambre.

Finalmente, uno de los campesinos propone ir a ver al anciano Gisaku para que decida él, propuesta admitida por todos que van hasta el molino donde vive el anciano, que les señala que deben luchar pese a que algunos lo consideran temerario, indicando que deben contratar samuráis, recordando que muchos años atrás, cuando su pueblo fue saqueado y quemado, vio, mientras huía que el único pueblo que no quemaron fue el que contrató samuráis.

Se plantean que ningún samurái querría ser contratado solo por comida, diciendo el anciano que por ello deben buscar samuráis hambrientos.

Parten hacia la ciudad tres campesinos, Rikichi, Manzo y Yohei, que tratan de encontrar, de entre los samuráis que deambulan por la ciudad, a los más desfavorecidos, aunque sus primeros intentos son un fracaso, pues, aunque pobres se muestran ofendidos, lo que hace que alguno piense en volver ya que ellos no entienden de samuráis.

Ofrecen arroz para los samuráis, mientras que ellos comen mijo.

Llegan a pelearse entre ellos, pues Manzo propone negociar con los bandidos, algo que Rikichi rechaza, preguntándole a Manzo si piensa ofrecer a los bandidos a su hija Shino.

Más tarde, y mientras se lavan, llega un grupo de hombres, viendo cómo un samurái ya mayor, Kambei Shimada hace que le corten la coleta, pidiendo que le afeiten la cabeza.

Les cuentan a los campesinos que han descubierto a un ladrón en el granero que tiene con él, retenido a un niño y amenaza con acabar con él y por eso pidieron ayuda al samurái que está rapándose la cabeza y que ha pedido, un traje de monje.

De esa guisa, el samurái, con un plato de comida, se dirige al granero, y le dice al ladrón que es un monje y piensa que el niño tendrá hambre, por lo que les entrega comida para ambos, y cuando ve que el ladrón se entretiene en cogerla se lanza al interior del granero, saliendo poco después el ladrón herido, sacando el samurái al niño.

Los campesinos observan con admiración al samurái y empiezan a seguirlo como lo hacen otros dos jóvenes, uno de los cuales, Katsushiro Okamoto, le pide que lo acepte como discípulo.

Kambei le dice que es un ronin, un samurái libre, por lo que no tiene discípulos, aunque le propone hablar mientras caminan, pretendiendo así alejar al otro joven.

Mientras caminan, Kambei le explica que él es solo un samurái sin ninguna habilidad especial, pero con mucha experiencia en batallas, todas perdidas, pese a lo cual Katsushiro le dice que le seguirá, señalando Kambei que se lo prohíbe, pues no puede permitirse tener discípulos.

Uno de los campesinos, finalmente se decide a abordarlo.

Por la noche reflexiona con ellos, pensando que tres samuráis nada pueden contra 40 bandidos, pues la defensa es más difícil que el ataque, aunque les pregunta cosas sobre el pueblo, como si tras este hay colinas que puedan subir los caballos.

Les dice que necesitan un hombre en cada dirección y dos más de reserva, por lo que necesitan al menos 7 samuráis, y es difícil encontrar a 7 hombres de confianza cuando la recompensa es de solo tres comidas al día y escasa diversión, aunque ellos esperaban conseguir 4, que es lo que les dijo el anciano.

La gente con la que se alojan se ríe y brindan por no haber nacido campesinos, haciéndole ver al samurái que les ofrecen lo mejor que tienen, el arroz, mientras que ellos solo pueden alimentarse de mijo, pero el samurái indica que agradece su sacrificio.

En el pueblo ven que regresa Manzo, saliendo todos a recibirlo, y le preguntan por Rikichi y Yohei, contestando que siguen buscando samuráis para completar 7.

Van a contárselo a Gisaku, que dice que les dijo que contrataran 4 pese a que él pensaba que necesitarían 10, pero que si se lo hubiera dicho hubieran llevado a 15.

Manzo dice estar preocupado, pues las chicas del pueblo se volverán locas con los samuráis, diciéndole el anciano que no debe preocuparse por la barba cuando pueden cortarle la cabeza.

En la ciudad, Kambei trata de reclutar otros samuráis, entregándole una rama a Katsushiro y le pide que cuando llegue el samurái al que salen a buscar los campesinos, le pegue con todas sus fuerzas.

El muchacho se esconde para sorprenderlo, aunque el samurái no permite que lo golpee, pues es muy rápido y consigue deshacerse de él.

Kambei le dice que busca a hombres con talento y le pide perdón, señalando que habrá una guerra contra los bandidos, aunque no para ningún señor, sino para un pueblo de campesinos. Un trabajo por el que no pueden prometer paga ni recompensa, solo comida, señalando el samurái que su ambición es mayor y se niega.

El siguiente al que se dirigen, Gorobei Katayama ni siquiera entra y pide que no hagan bromas, pero indica que ve el reto interesante, pero sobre todo porque la personalidad de Kambei le fascina, más que por los campesinos.

Pero sufren un contratiempo, pues les roban el arroz pese a que Yohei dormía junto a él, planteándose Rikichi en ir a buscar más al pueblo, aunque no saben qué harán entretanto, viendo cómo se acerca Katsushiro y les da unas monedas.

Cuando Kambei regresa, trae a otro samurái, Shichiroji, al que daba por muerto, pero que, le cuenta, se escondió en una acequia, y que acepta de inmediato acompañarles pese a que Kambei le indica que pueden morir.

Sabiendo que buscan samuráis, un hombre les habla de uno que le pidió comida a cambio de cortar leña para él y al que va a ver Gorobei, que le pregunta si ha matado muchos enemigos y él indica que, como es imposible acabar con todos, sale corriendo, tras lo que le pregunta si le interesaría matar a 30 bandidos.

Entretanto, Kambei observa el entrenamiento de dos samuráis. Viendo que uno ataca mientras el otro permanece imperturbable, y cuando el que ataca asegura que ha habido empate, el otro, Kyuzo, le dice que si su espada fuera de verdad lo habría matado.

Ofendido, el otro samurái insiste en hacerlo con unas reales, tratando su oponente de disuadirlo, aunque cuando ve que el otro saca la espada decide enfrentarse a él, repitiéndose la misma escena, aunque en esta ocasión, en efecto muere el fanfarrón.

Kambei le propone ir con ellos, pero este, que parece solo interesado en perfeccionar sus habilidades, le dice que no.

Pero lo compensa Gorobei llevando a Heihachi Hayashida, un hombre que dice es muy bromista y ayudará a mantener la moral.

Por la noche piensan en que solo les faltan tres, aunque Katsushiro pide que le deje a él, diciéndole Kambei que es muy joven y debe entrenarse y convertirse en un señor de la guerra y le pide que regrese a casa al día siguiente, pidiendo Rikichi que lo lleve con ellos, lo que Hayashida, apoya, diciendo que, si lo tratan como un adulto, puede ser mejor que uno de ellos

Aparece entonces también Kyuzo, que se apunta a ir con ellos, disponiéndose a partir al día siguiente sin esperar al séptimo.

Aparece entonces uno de los mendigos que dice haber encontrado a un samurái muy fuerte, aunque estuvo bebiendo.

Katsushiro se prepara para golpearlo cuando entre, pero el mendigo les dice que está borracho, indicando Kambei que un buen samurái lo esquivaría y nunca se emborracharía mucho, golpeándolo Katsushiro, en efecto en la cabeza, y observando que es el otro joven samurái que seguía antes a Kambei y al que este despreció, y que está demasiado borracho y dolido por el golpe como para poder vengarse.

Le dice que le buscaba desde entonces, y que, aunque lleve harapos es un verdadero samurái que pertenece a una respetable familia, mostrándole sus credenciales, aunque según observa los demás, si estas fueran reales tendría solo 13 años, por lo que se burlan de él, que cae cansado y se duerme, riéndose todos de él.

Manzo ve a su hija lavándose el pelo y le pide que se lo corte y vista como un hombre, por temor a la llegada de los samuráis, persiguiéndola hasta conseguir hacerlo, haciendo que los demás tengan también miedo, ya que si él, que conoce a los samuráis hace eso con su hija, deben temerles.

Estos parten al día siguiente, y, aunque le pidieron al que se hace llamar Kikuchiyo, que es el nombre que figuraba en sus papeles, que no les siga, este va tras ellos y todos pueden observarle durante un descanso, viendo cómo pesca un pez.

La llegada al pueblo no es como esperaban, pues, en vez de ser recibidos con loas, todos se ocultan en sus casas, temerosos, sin hacer caso a Rikichi que se pregunta si es esa su hospitalidad, decidiendo ir a ver a Gisaku.

Este les dice que los campesinos son idiotas, pues siempre están preocupados por algo, lluvia, sequía o viento y les dice que están asustados, no pudiendo entender los samuráis por qué les temen.

Se escucha entonces el sonido que avisa de la llegada de los bandidos y entonces sí salen todos los del pueblo, corriendo, despavoridos, pidiéndoles calma los samuráis y preguntando por dónde llegan los bandidos, aunque enseguida descubren que quien hizo el aviso fue Kikuchiyo, que se burla de ellos por su miedo, por lo que deciden aceptarlo como el séptimo samurái.

Una vez instalados, empiezan a estudiar el terreno para ver por dónde creen que atacarán los bandidos y preparar mejor la defensa, decidiendo construir una empalizada, en la zona más comprometida, proponiendo inundar otra zona tras la cosecha para evitar que puedan llegar los caballos, debiendo destruir también un puente para que no puedan pasar y desalojar las casas del otro lado, entre las que está el molino de Gisaku, y además entrenarán a los campesinos para el ataque.

Van también a examinar el bosque, el lugar más peligroso, quedándose allí Katsushiro, que se tumba entre las flores, disfrutando del paisaje y respirando el olor de las flores, cuando de pronto se ve sorprendido por Shino, que se asusta al verlo, y, aunque se hace pasar por un chico, a él le extraña que lleve un ramo de flores, y que no esté entrenando como los demás.

Ella sale corriendo y él la persigue hasta que cae, y pelean, dominándola fácilmente, y descubriendo, al poner sus manos sobre el pecho, que es una muchacha.

Kikuchiyo, al ver que Manzo tiene una lanza de verdad, y no de bambú como los demás, decide investigar, viendo que en su casa tiene trajes y armas de un samurái vencido, asegurando que los campesinos no son santos. Que dicen no tener de nada, pero tienen comida escondida y matan a sus enemigos, y son así por culpa de los samuráis, que les robaban la comida, se llevaban a sus mujeres y les obligaban a hacer trabajos forzados.

Kambei comprende que Kikuchiyo es hijo de campesinos, por su forma de hablar.

De hecho, va a dormir al granero con Rikichi, al que regaña por haber dejado su casa a los samuráis y dormir él allí.

Cuando llueve se aburren ante tanta tranquilidad, lamentando Kikuchiyo que no haya mujeres, mientras Heihachi crea una bandera para ondear en la batalla.

Pero Katsushiro, sí sabe que hay mujeres y sale, viéndolo Kyuzo, que había salido a entrenar pese a la lluvia, cómo le lleva arroz a Shino tras ver lo mal que sabe el mijo, aunque ella prefiere dárselo a una anciana que lo necesita más.

Por Kyuzo, los demás samuráis se enteran de la historia de la anciana y van a visitarla. Esta, carente de familiares, pues los mataron los bandidos, dice querer morirse para salir de esa miseria.

Muchos días, los niños van a ver a los samuráis y estos les dan arroz.

Llegado el tiempo de la cosecha, les cuentan sus planes a los campesinos.

Deberán cosechar en grupos, y aunque algunos no quieren ceder sus casas para proteger a los que viven fuera, deben aceptarlo ante la amenaza de Kambei, que les asegura que si solo piensan en sí mismos acabarán destruidos.

Comienza la cosecha del trigo, sorprendiéndose Kikuchiyo al ver tantas mujeres que no había visto hasta entonces.

Les extraña la actitud de Rikichi, que parece atormentado por algo y cuando le sugieren que se case, se marcha, no entendiendo los samuráis su actitud, pensando que algo le tortura que no desea contar, no lográndolo tampoco Heihachi, pese a que trata de generarle confianza durante su guardia nocturna.

Terminada la cosecha, todos parecen contentos y empiezan a pensar que ya no irán los bandidos y que no eran necesarios los samuráis.

Shino y Katsushiro salen juntos al campo y ella lamenta ser una campesina y que él no se comporte como un hombre, escuchando entonces relinchar a un caballo, observando que se trata de varios bandidos, por lo que regresan corriendo al pueblo.

Piensan que fueron a explorar el terreno, y por ello los samuráis deciden esconderse y que no los vean, haciendo lo mismo los campesinos, observando cómo los ojeadores se sorprenden al ver la empalizada.

Por culpa de Kikuchiyo los descubren, por lo que deciden que no deben dejarlos regresar, yendo a buscarlos hasta el lugar donde dejaron los caballos Kyuzo, Kikuchiyo y Katsushiro, cuya misión es solo observar.

Ve cómo sus compañeros acaban con los bandidos, llevando preso al pueblo a uno de ellos, queriendo todos matarlo, y, aunque los samuráis tratan de evitarlo, aparece una anciana con una azada, pidiendo Gisaku que le permitan vengar la muerte de su hijo.

Saben, por su confesión que el fuerte de los bandidos es poco sólido, por lo que se plantean atacarlo para reducir el número y que no sean 40, aunque con miedo de perder a alguno de los suyos en el empeño, pese a que, señalan, entre tres pueden matar al menos a 10.

Kambei aprueba la propuesta, aprovechando que, con los caballos de los bandidos están a solo medio día del campamento de estos.

Acuden Kyuzo, Kikuchiyo y Heihachi, con Rikichi como guía, llegando al fuerte de los bandidos cuando estos aún duermen.

Propone Kikuchiyo prender fuego a la cabaña y acabar con ellos según vayan saliendo, aunque observando que dentro hay una mujer que se despierta y parece melancólica, y que los ve, pero no dice nada, ni siquiera cuando ve el fuego.

Cuando los bandidos lo ven empiezan a salir asustados y a medio vestir, dejando a las mujeres con vida y acabando con los primeros que salen.

Logrado su objetivo se esconden para observar, siendo la última en salir la mujer a la que vieron despierta, corriendo Rikichi a buscarla, desoyendo a sus compañeros, aunque la mujer, al verlo, entra de nuevo en la cabaña en llamas, para desesperación de Rikichi, que intenta entrar, debiendo impedírselo Heihachi, que al recogerlo cae herido por un disparo, debiendo recogerlo sus compañeros, que le dicen a Rikichi que ha sido por su culpa, debiendo él reconocer que se trataba de su mujer, secuestrada en la redada anterior y convertida por ello en concubina.

De regreso al pueblo deben enterrar a Heihachi, llorando Rikichi amargamente, como otros campesinos, frente a lo que Kikuchiyo coloca su bandera en la casa más alta, pudiendo ver desde allí cómo se acercan los bandidos, por lo que deben prepararse para la batalla.

Los bandidos se ven sorprendidos por la empalizada, y tratan de buscar otra entrada, contando Katsushiro que llevan 20 caballos hacia el norte y 13 hacia el sur y 3 fusiles.

Cuando observan el terreno inundado, envían a uno de ellos para ver su profundidad, siendo alcanzado por una flecha, por lo que huyen hacia el este.

Kambei y los suyos piensan que la batalla decisiva se librará en el norte, donde no pusieron una empalizada allí, señalando Kambei que un buen fuerte necesita una salida, y además hay que engañar al enemigo para que entre, pues no basta con defenderse.

Los familiares de Gisaku van a buscar al anciano al molino, ya que este se negó a abandonarlo indicando que deseaba morir allí.

Hacen salir también a los campesinos con sus lanzas y que griten para minar la moral del enemigo, mientras algunos hombres desmontan el puente para que no puedan cruzar por allí.

Kikuchiyo se burla de ellos y trata de provocarlos, viendo cómo quemaron ya las casas de las afueras, por lo que lloran de rabia, saliendo Kikuchiyo a rescatar al anciano y a la pareja con el niño que fueron a rescatarlo, aunque solo sale la mujer con el bebé, que le entrega a Kikuchiyo, que ve que a ella la atravesó una lanza, cargando Kambei con ella a sus espaldas, mientras Kikuchiyo, con el bebé en brazos recuerda que a él le pasó lo mismo que a ese bebé mientras llora.

Cae la noche y esperan vigilantes, atentos a cualquier ruido, acabando con varios bandidos que trataban de sorprenderlos.

Intentan atravesar la empalizada, cayendo algunos bandidos al tratar de hacerlo, cayendo también herido Manzo, aunque se ríen de él al ver que es una herida superficial.

Analizan luego el día, viendo que atacaron desde tres posiciones distintas y consiguieron huir con dificultad los que no murieron, previendo por dónde será el siguiente ataque, teniendo hogueras que les sirven para ver.

Crean un espantapájaros vestido de samurái que lleva Katsushiro y que asoman, viendo cómo le disparan, confirmando que están donde pensaban al acecho, lo que les sirve para confirmar que lanzarán su ataque por ese punto por la mañana.

Su plan es dejar pasar a varios, y tras ello cerrar el paso a los demás, acabando con ellos de uno en uno, aunque, como lo que les preocupa son los fusiles, por lo que Kyuzo decide salir para trata de quitarles al menos uno.

Los demás esperan expectantes el ataque, mientras empieza a amanecer entre la niebla, hasta que Katsushiro escucha pasos, aunque Kambei cree que es por el cansancio, pero poco después surge Kyuzo entre la niebla portando un fusil, tal como dijo y diciendo que acabó con dos, tras lo que se sienta a descansar, diciéndole Katsushiro que es genial y que lo admira.

Kyuzo duerme un rato, despertándole el galope de los caballos, poniendo en marcha su plan de dejar pasar al primero y luego cerrar sus líneas para que no entren más, acabando con el que entró.

En su siguiente ataque dejarán pasar a otros dos, que pronto se verán rodeados de campesinos con lanzas, acabando Kambei con uno de e ellos, y huyendo los demás, antes de replegarse.

El caballo de otro se encabrita hasta tirarlo y acaban también con él, aunque saben que no volverán a caer en la misma trampa.

Los campesinos parecen animados por el éxito, tras acabar con 4 más.

Kikuchiyo sale a explorar el bosque, descubriendo dónde se esconden los bandidos, a los que observa subido a un árbol, desde donde ve cómo varios de ellos tratan de escapar, siendo abatidos por sus propios compañeros.

Roba el casco a uno de ellos antes de regresar, siendo tomado por otro de los bandidos, que estaba vigilando, por uno de ellos, y cuando se da cuenta de que no lo es, es demasiado tarde, acabando Kikuchiyo con él, que le quita su fusil.

Regresa ufano al pueblo, esperando alabanzas, pero, por el contrario, Kambei le regaña por haber dejado su puesto, recordándole que en la guerra lo importante es el trabajo en equipo.

Regresan los bandidos, volviendo a pasar uno de ellos, pero impidiéndoles el paso a los demás, acabando con él las mujeres.

Pero en su siguiente ataque logran entrar varios, gracias a que uno de ellos es muy bueno con el arco y a que se emplean con mayor decisión.

El arquero acaba con varios campesinos, incluido Yohei, aunque finalmente consiguen derribar a uno y luego al otro, y acabar con ambos.

Escuchan tras ello varios disparos, uno de los cuales acaba con Gorobei, lo cual les deja desolados.

Por la noche hacen recuentos. Quedan ya solo 13 bandidos, aunque los últimos 7 les costaron caros y están ya muy cansados. Saben que ellos también lo estarán, y además están hambrientos y hay disensiones, por lo que atacarán decididos y desesperados.

Envían a todos a dormir, excepto a dos que dejarán vigilando, pudiendo quienes lo deseen, visitar de uno en uno a sus familias, pudiendo Manzo ir a ver a su hija.

Pero esta, ahora ya vestida como una mujer sale al encuentro de Katsushiro al que le muestra su miedo a morir y se recuestan juntos sobre la paja, por lo que su padre no logra encontrarla.

Cuando salen, tras acostarse, los descubre Manzo que abofetea a su hija, debiendo intervenir Kambei para calmarlo. Otro de los samuráis le dice que cuando se ve cerca la muerte consuelan los brazos de una mujer, pero él insiste en que han deshonrado a su única hija, diciéndole Rikichi que se quieren y es peor acabar en manos de los bandidos.

Kikuchiyo está entretanto desolado frente a la tumba de Gorobei.

Comienza entonces a llover y deben resguardarse de la lluvia.

Cuando amanece, Kambei dice que deben relajar la tensión, haciéndoles reír al decirle a Katsushiro que ahora que es ya un hombre hecho y derecho debe luchar con todas sus fuerzas.

Se preparan todos para el asalto final.

Cuando llegan los jinetes los dejan pasar, y salen tras ellos, mientras otros los esperan delante, entre ellos Kambei, que, armado con un arco abate a varios de ellos.

Los bandidos van cayendo uno a uno y deciden luego concentrarse e ir hacia el este.

El jefe de los bandidos se refugia en la cabaña de las mujeres, desde donde observa cómo van cayendo sus últimos hombres, acosados por los campesinos.

Mientras se dirigen hacia el este, una bala alcanza a Kyuzo.

Kikuchiyo se acerca a la cabaña en que se oculta el jefe de los bandidos, siendo también alcanzado por un disparo, pese a lo cual, y herido, entra en la cabaña y se enfrenta al asesino acabando con él, antes de caer también.

Pese a la victoria, Katsushiro llora amargamente, mientras Kambei indica que volvieron a sobrevivir.

Las campesinas, ahora felices, plantan el arroz al ritmo de la música, siendo observados por los tres samuráis supervivientes, observando Katsushiro especialmente a Shino.

Kambei concluye que han vuelto a perder. Que quienes ganaron fueron los campesinos, no ellos, mientras observa las tumbas de sus compañeros, coronadas con sus espadas.

Calificación: 4