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Los duelistas
Los duelistas

The duellists (1977) * Gran Bretaña

Duración: 101 min.

Música: Howard Blake

Fotografía: Frank Tidy

Guion: Gerald Vaughan-Hughes (Novela: Joseph Conrad)

Dirección: Ridley Scott

Intérpretes: Keith Carradine (Armand d'Hubert), Harvey Keitel (Gabriel Feraud), Albert Finney (Joseph Fouché), Edward Fox (Agente Bonapartista), Cristina Raines (Adèle), Robert Stephens (General de Brigada Treillard), Tom Conti (Dr Jacquin), Diana Quick (Laura), Alun Armstrong (Teniente Lacourbe), Meg Wynn Owen (Leonie).

El que se bate en duelo exige una satisfacción. El honor es para él un apetito.

Estrasburgo 1800

Año de la subida al poder de Napoleón Bonaparte.

Una muchacha pastorea unas ocas cuando puede observar a lo lejos, en una llanura cercana, a dos hombres que se van a batir en duelo en una llanura cercana, viendo cómo uno de ellos, el teniente Gabriel Feraud atraviesa al otro.

El general de brigada Treillard aparece muy enfadado y envía al teniente Armand d'Hubert a comunicarle a Feraud su arresto tras haberse batido en duelo con el sobrino del Alcalde de Estrasburgo en una disputa de honor y haberlo herido gravemente.

Va a casa del teniente para darle el encargo, aunque su amante le dice que fue a ver a Madame Leonie.

Le comunica allí su arresto, lo que hace que Feraud se sienta ofendido, por habérselo comunicado en casa de una dama, por lo que una vez en su casa le exige una satisfacción, no queriendo dejarlo marchar, asegurándole D'Hubert que sus amenazas parecen las de un loco, exigiéndole el teniente que desenvaine la espada, diciendo él que lo hará cuando tenga otra oportunidad, pues ni siquiera tienen testigos, pidiéndole Feraud que lo sea a un viejo que estaba allí.

D`Hubert consigue herirlo en un brazo, aunque la amante de Feraud le impide que lo mate, al abalanzarse sobre él.

Le cuenta luego a su amigo, el Dr. Jacquin, que lo ve con la cara marcada por la mujer, lo ocurrido, siendo requerido por el general, que lamenta que sea un pendenciero y prescinde de sus servicios, arrestándolo y diciéndole que es un imbécil

Le devolverán la libertad para que se reincorpore a su puesto debido a la guerra.

Su amigo le cuenta que Feraud quiere matarlo, por lo que le pide que se aleje de ese hombre y confíe en Bonaparte, pues están en estado de guerra.

Augsburgo 1801

Tras seis meses de encarnizadas luchas hubo un intervalo de paz.

Feraud sigue con el brazo mal, pese a lo cual hace pulsos en sus ratos libres y apuesta, recibiendo la noticia de que está allí también D'Hubert.

Este se encuentra allí de pronto con Laura, una antigua amiga, a la que le cuenta que sigue soltero y se acuestan.

Estando acampados le llega un recado del teniente Feraud retándolo a un duelo.

Eligen un lugar alejado para evitar que se los prohíban.

Feraud consigue alcanzarlo en el pecho, por lo que debe atenderlo el doctor, pidiéndoles los testigos que haga las paces, aunque Feraud se niega a estrechar su mano.

Con las vendas cubriendo su herida y el orgullo malherido, es atendido por Laura, que le pregunta por qué no obligó a Feraud a darle la mano aunque se hubiera tenido que levantar para ello, diciendo él que estaba muy mal y que si lo hubiera hecho él habría aprovechado para atacarlo de nuevo.

Come con ella y con un amigo en un bar, diciéndole su amigo que ha crecido su fama como duelista y que con un duelo más se habrá creado una sólida reputación.

Ven entonces fuera, a Feraud afilando su sable y D'Hubert se oculta para que no lo vea, y decide afrontarlo, preparándose para ello.

Laura va a ver a Feraud, que saca su sable, pues no se fía de que quiera acabar con él y le dice que nadie comprende por qué se bate con Armand, diciéndole que cree que es solo un canalla sediento de sangre.

Viendo que Armand no parece querer olvidar sus duelos ni sentar cabeza, le dice que hay un militar licenciado, Martin, que trabaja en una fábrica en Ruan y le ha pedido matrimonio.

Comienza a practicar con un maestro de esgrima.

Por su parte Laura, dudosa de qué determinación tomar va a ver a una adivina que le dice que debe seguir el camino del instinto, preguntándose ella si tiene que dejar a los dos, aunque finalmente toma una decisión.

Cuando Armand llega a su casa ve que ella escribió con su pintalabios en su sable "Good bye".

Poco después vuelve a enfrentarse a Feraud con gran saña acabando ambos agotados y sangrando por las numerosas heridas hasta que no pueden más, siendo entonces separados.

Armand, muy maltrecho, cojeando y con un brazo en cabestrillo es recibido de nuevo por el general Treillard, que le pregunta por el incidente, negándose él a hablar mal de Feraud sin que esté él delante, por honor.

El general le dice que no permite más duelos en su regimiento y además sería una falta de disciplina, pues le han ascendido a capitán gracias a los favorables informes de su coronel, prohibiendo las normas del ejército que dos oficiales de distinto rango se batan.

Lübeck 1806

Cinco años después el mapa de Europa había cambiado mucho.

Armand acude a beber a una taberna con su amigo Gilles que le cuenta que está en la ciudad la Séptima de húsares y Feraud le busca y es también capitán y le aconseja hacerle frente cuanto antes, pues le seguirá hasta el final.

Pero él prefiere no enfrentarse, pues le van a nombrar segundo del Mariscal Bernadotte, por lo que le ascenderán a mayor en 15 días, y además le prometieron un permiso.

Pero no consigue escabullirse. Uno de los hombres del séptimo lo reconoce y acaba viéndole Feraud.

Coincide también en la ciudad con Laura, que le cuenta que su marido murió de tifus y ahora mendiga y se acuesta con quien puede y que dice que Martin, su marido, le dijo que se fuera con Armand, que la acogería de nuevo, aunque él le pide que regrese a Francia.

Ella le asegura que esta vez Feraud le matará.

Gilles le informa que esta vez piensan que el duelo sea a caballo, esperándolo todo el regimiento, pensando Gilles que no puede perder su reputación, asegurándole que las apuestas están igualadas pese a la fanfarronería de Feraud, aunque Armand le dice que no piensa prestarse a ese absurdo y que si Feraud quiere matarle, que lo haga.

Pero a pesar de esas reticencias, la mañana del duelo se presenta en el lugar convenido, donde hay una gran cantidad de militares, habiendo organizado incluso un desayuno.

Antes del enfrentamiento Armand se muestra nervioso, pese a lo cual en el primer encontronazo le hace un importante corte en la frente a Feraud, al que la sangre le impide ver, por lo que debe suspenderse el duelo.

Después de aquello Feraud fue destinado a España y D'Hubert siguió en el norte de Europa.

Seis años después los ejércitos del emperador se reorganizaron para el combate.

Rusia 1812

En medio de un intenso frío, y durante su retirada, las bajas por congelación son numerosas.

Y de pronto, y mientras tratan de calentarse delante de una hoguera, D'Hubert ve que frente a él está Feraud, que le reta pidiendo voluntarios para internarse en el bosque a buscar cosacos, aceptando D'Hubert, pese a su penoso estado debido al intenso frío.

Se plantan uno frente al otro con sus pistolas, pero entonces aparecen varios cosacos, debiendo unirse para acabar con ellos.

D'Hubert le dice entonces que la próxima vez será a pistola.

Tours 1814

Armand pasea ayudándose con un bastón y cojo con sus sobrinos, que le hablan del exilio de Napoleón en Elba y le preguntan si habló alguna vez con él, contando que una vez tuvo que entregarle un mensaje.

Armand, convaleciente por una herida en la pierna en casa de su hermana Leonie, le dice a esta que espera ser conocido como el general que vive con su hermana,

Pero ella le dice, tiene planes para él, pues desea que se case lo antes posible con la joven Adèle de Valmassique, heredera de las tierras del otro lado del río, pues sus padres murieron y les une una gran amistad con su tío, pareciendo él dispuesto a complacerla, por lo que va a visitar al tío de la muchacha, que se ofrece a hacerle unas botas, pues pese a su posición, no le gusta estar ocioso.

Cuando la familia Valmassique va a visitarlos, puede conocer a Adèle, con la que pasea y a la que empezará a ver más a menudo pese a que la herida de su pierna le impide ser tan ágil como le gustaría y le dice que sabe lo que se espera de ellos y piensa que puede salvarla de una vida triste y sin alicientes si la libra del compromiso, aunque luego se arrodilla ante ella y le pide que sea su esposa, lo que ella acepta.

Ante su hermana no se muestra muy convencido de la conveniencia del compromiso, que más parece un complot contra Adèle, que es todavía muy joven, indicándole su hermana que el amor es lo menos importante en las bodas, reconociendo Armand que él está muy enamorado.

Recibe unos días más tarde la visita de un coronel bonapartista, que le ofrece dirigir una brigada para el emperador, pues, le dice, se deben a él, lo que no le parece procedente, recordando el coronel que Feraud le acusó de no querer al emperador y que, de hecho, fue la defensa del honor del emperador lo que motivó que le retara a un duelo, aunque D'Hubert le dice que no fue por el honor del emperador, sino por Madame Leonie.

El coronel le transmite sus palabras a Feraud, que insiste en que D'Hubert no siente estima alguna por el emperador, y que cuando le vuelva a ver le probará que es verdad.

En menos de 100 días Napoleón fue vencido de nuevo.

Gracias a su negativa a unirse al ejército napoleónico, D'Hubert acaba como general, siendo llamado a París para servir al mariscal Saint-Cyr, de lo que presume el tío de Adèle durante la boda de ambos.

París 1816

Vuelve a encontrarse con el coronel que trató de reclutarlo para el ejército napoleónico que le dice que Feraud tenía razón al asegurar que era un tipo escurridizo y que le cuenta que a Feraud le arrestaron y comparecerá ante la comisión especial, por lo que cree que ya es hombre muerto.

D'Hubert decide ir a ver al Ministro Fouché para pedirle que saque de la lista de personas que ejecutarán a Feraud, pues, aunque es un ferviente defensor de Napoleón, él cree que no es peligroso para nadie, extrañándole a Fouché su petición, ya que no es ni pariente ni amigo, pese a lo cual acepta quitarle de la lista, indicándole que lo enviarán a vivir en provincias sometido a estrecha vigilancia policial.

d'Hubert le pide como último favor que mantenga su mediación en secreto, sobre todo para Feraud.

Esta acaba en efecto en la población de Vatan, sometido a estrecha vigilancia policial, donde un día se entera, a través de la prensa de que d'Hubert, de baja por enfermedad, va a hacerse cargo del mando de la Quinta Brigada de Caballería en Reims.

Entretanto, Adèle se queda embarazada.

Un día, mientras d'Hubert pasea, se encuentra con dos antiguos oficiales, también confinados y vigilados como Feraud, que escaparon para ir a verle, diciendo que el honor lo merece, por encima de todo.

Él les dice que con una sola palabra estarían muertos antes del amanecer, aunque ellos insisten en pedirle que nombre a sus amigos, asegurando D'Hubert que no tiene ningún amigo tan estúpido como para formar parte de esa farsa, ofreciéndose uno de ellos para serlo, citándolos finalmente él al día siguiente a la salida del sol allí mismo, eligiendo ellos que el duelo esta vez sea a pistola.

Se arman cada uno de ellos con dos pistolas, acordando limitar el duelo a dos disparos cada uno.

Caminan entre los restos de un castillo en ruinas situado en una zona boscosa tratando de sorprender cada uno de ellos a su oponente.

d'Hubert reflexiona mientras trata de sorprender a Feraud pensando que está perdido y que no es tan fanático para seguir con ese absurdo.

Es sorprendido por Feraud, que le dispara, cayendo d'Hubert del que Feraud solo ve sus pies inmóviles, por lo que se acerca cautamente para rematarlo, siendo sorprendido por d'Hubert, que no estaba muerto y que también le dispara, teniendo finalmente a Feraud a su merced, ya que este agotó sus dos disparos.

Cuando regresa al lugar donde quedaron los padrinos, le preguntan si está muerto.

Cuando regresa, ve que el tío de Adèle terminó sus botas, y ve a esta preocupada, diciéndole este que fue sin motivo.

Unos días más tarde, Feraud camina por el bosque bajo la lluvia, en esos paseos en que consumirá ya su vida.

Cuando le tenía a su merced, d'Hubert le dijo que se había sometido a su voluntad durante 15 años, pero que no volverá a hacer jamás lo que le pida, ya que, según las reglas del combate, su vida le pertenece, así que le declara muerto.

Hasta ese momento se sometió a su idea del honor y ahora debe someterse él a la suya.

Calificación: 3
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