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Los girasoles ciegos

España (2008) *

Duración: 98 Min.

Música: Lucio Godoy

Fotografía: Hans Burmann

Guión: Rafael Azcona y José Luis Cuerda (N.: Alberto Méndez)

Dirección: José Luis Cuerda

Intérpretes: Maribel Verdú (Elena López), Javier Cámara (Ricardo Mazo), Raúl Arévalo (Salvador), Roger Princep (Lorenzo Mazo), Irene Escolar (Elenita), Martín Rivas (Lalo Peciña), José Ángel Egido (Rector), Ricardo de Barreiro (Fernández).

Orense, 1940. Cada vez que Elena cierra la puerta de casa, echa la llave a sus secretos. Su marido, Ricardo, amenazado por una despiadada persecución ideológica, lleva años escondido en el piso donde conviven con sus hijos: Elenita y Lorenzo.

Ricardo tiene un pequeño cuarto habilitado tras un armario, y, cuando hay algún peligro de que alguien pueda saber de su existencia se esconde en él, aunque durante el resto del tiempo pueden hacer una vida normal en la casa cerrando las ventanas.

Para pagar el alquiler y la comida Elena trabaja como modista para una tienda de lencería, mientras su marido, antiguo profesor, traduce textos del alemán, pese a la repugnancia que le producen por su ideología nazi.

Lalo, el novio de Elena, es un poeta, también buscado por su ideología pese a su juventud, y por ello decide marcharse con su novia a Portugal, pese al avanzado estado de gestación de esta, que finalmente les impedirá seguir, debiendo instalarse en un cobertizo.

Salvador es un joven diácono desorientado que vuelve al seminario de Orense tras haber participado como soldado en la guerra por orden del rector, lo que provocó en él ciertas dudas que llevan al rector a retrasar su acceso al sacerdocio durante un año, enviándolo entretanto a dar clases en el colegio donde estudia Lorenzo.

Allí verá cada día a Elena, su madre, con la que se irá obsesionando poco a poco al creerla viuda y a la que procura ver siempre que puede haciéndose en ocasiones el encontradizo o proponiéndole reuniones con la excusa de hablar del futuro de Lorenzo, al que está dispuesto a ayudar consiguiéndole alguna beca.

Aprovechando su antiguo pasado como soldado, Salvador indaga en la vida de Elena acudiendo para ello a un antiguo compañero que trabaja en el registro. Accede así a su expediente, enterándose de ese modo de que tiene otra hija, huida con un poeta comunista, y de que sus hijos no están bautizados, estando ella casada sólo por lo civil, lo que él interpreta como algo impuesto por Ricardo, que ella tuvo que acatar, lo que hace que sienta aun más lástima y se proponga con más ahínco su salvación.

Entretanto Ricardo se siente cada vez peor y piensa que deben hacer lo mismo que su hija y Lalo. Marcharse de España, pues ya no soporta el vivir escondido, mientras a menudo acuden matones de la Falange a altas horas de la noche para molestar a su familia insultándoles y diciéndoles que tienen información de la muerte de su marido o de su hija.

Esta, por desgracia, aunque los matones lo ignoran es cierta. Elenita murió tras el parto, lo que hace a Lalo perder la cabeza, siendo abatido por la policía al intentar cruzar a Portugal con el cadáver de su bebé.

Ricardo lee la noticia en el periódico y se la oculta a su mujer poco antes de que aparezca en su casa de nuevo Salvador, el cual, sin poder contener por más tiempo sus instintos, abandonó el seminario.

Acude vestido de militar tras instalarse en una pensión. Está dispuesto a hacer a Elena suya creyéndola sola en su casa, a lo que ella se resiste, apareciendo entonces Ricardo y Lorenzo para librarla de las garras del sacerdote y provocando el desconcierto de este que reacciona gritando que avisen a la policía, que en la casa se esconde un rojo, momento en que Ricardo, cansado ya de todo decide suicidarse arrojándose por la ventana.

Calificación: 3